Buenos días chicas! Hoy tampoco tengo mucho tiempo, pero como ayer me enrollo a lo bestia, cuenta como dos… :P Solo decir que mil gracias por los comentarios! ^^ Que no paren, chicas! :) ¡Y espero que os guste! ^^
A leer!
(En la cámara) 4 de enero
Emma es consciente de que no puede pretender luchar contra años de traiciones y dolor de golpe. Pero también de que lo conseguirá poco a poco. La primera prueba de sus avances llega un par de días después. Un pequeño primer paso que ve la luz en forma de pregunta en el escenario donde más cómodas parecen encontrarse. A solas, cubiertas únicamente por una sábana, recuperando la respiración y lamiéndose los labios tras haberse lamido la una a la otra.
Emma se recupera sin prisas, notando sus pulsaciones regresar de su ritmo colérico a uno más pausado. Y junto a ella observa el rostro en calma de Regina, abriendo los ojos, con la mirada perdida más allá del techo de la celda. Sonríe. Se siente cómoda hablando con ella, besándose y, como va descubriendo, también cuando comparten el silencio. Es en pequeñas pausas como estas donde entiende la definición de poder compartirlo todo. Se acurruca junto a ella y deja que su mente vuelve libre, divagando en esta y otras tantas risueñas teorías. Al menos hasta que la voz de Regina tira de ella de vuelta a la tierra, igual que si se tratara de un globo de helio arrastrado de su cordel.
"Emma…"
Aterriza a su lado, pegada a su cuerpo, a centímetros de sus ojos. Regina sigue perdida en el techo del cuarto, y Emma se pierde en las curvas de su rostro. "Dime"
"¿Cómo funcionará el juicio?" pregunta sin apartar los ojos de las grietas y la pintura vieja de la celda. Es la primera vez que menciona el juicio, exceptuando aquella breve noche en la que Emma le indicó que tendría abogado quisiera o no. Desde entonces no ha habido más que breves menciones, nada reseñable o que implicara demasiado. La salvadora dio por supuesto que estaría incluido en una lista no reconocida de temas que Regina no quiere tratar y no pensaba obligarla. Aunque fuera años atrás, ella misma vivió el proceso que está sufriendo y las presiones sólo te hacen empeorar. Sabe por Archie que ya han presentado los papeles para formalizar su función como su letrado y que está buscando resquicios legales y argumentos para la defensa. Y por Snow que quedan solo doce días para el proceso. De hecho, los tacha en un calendario de la pared. Pero no ha oído nada más y nada directamente de boca de Regina. Hasta ahora. "Es decir, ¿qué proceso van a seguir...?"
Emma se mueve hasta colocarse de lado, junto a ella, apoyada en su mano y mirándola directamente: "¿Archie no te ha dado detalles?"
"¿Archie?" pregunta girándose hasta mirarla, elevando una ceja. Suelta una pequeña carcajada y regresa al techo. "Ese pobre grillo está tan acojonado que cada vez que hablamos intercala una palabra en cada diez tartamudeos. Me ha explicado la fecha, que está trabajando en el caso y que me preparará dentro de unos días. Pero me da miedo preguntarle algo y que se asfixie con tantos tartamudeos…"
"Eres malvada" bromea y aprovecha para acariciar su cuello con dos dedos. La piel se eriza allí donde pasea y Regina respira hondo, sólo disfrutando. Emma retoma su pregunta, nunca ha sacado el tema del juicio y le gusta abrir ese nuevo frente. "Será sencillo… Nada de jurados populares, no se podía garantizar su neutralidad. Sólo habrá juez"
"Oh, sí, porque tu madre seguramente sea el culmen de la neutralidad…"
"Era el mal menor" reconoce Emma con una sonrisa tranquila. A pesar de la emoción de su madre por el juicio, actuará con cabeza mientras nada altere su juicio, está segura. "Y al no haber acusación particular todo depende de la actuación del fiscal"
"¿Y ese será Gold, no?"
"Exacto…" Las dos coinciden en que no les convence sin tener que decirlo en voz alta.
"Y… ¿no hay acusación particular?" pregunta con curiosidad girando el rostro hacia ella.
"Pues no…" responde divertida. "¿Acaso esperabas que te hubiera denunciado yo?"
"No, claro, yo…" recula. Visto desde esa perspectiva suena ridículo… Pero en su cabeza no era tan obvio. Quizás porque la denuncia le parecía un castigo lógico. "¿Eso significa que me perdonas?" cuestiona girándose del todo y adoptando la misma postura de perfil que Emma.
Emma mueve la cabeza y niega. "Eso significa que te perdone hace muchísimos meses" resume con esa sinceridad cruda y simple que la desarma. "Y que yo no te he denunciado en ningún momento. No lo pensé nunca, ni siquiera cuando no recordaba. Mi madre me ignoró y fingió que todo estaba bien" suspira rascándose la frente con resignación, aunque agradece esta conversación y la posibilidad de explicarse. "Siguió adelante ella sola y por eso es el pueblo de Storybrooke contra Regina..."
Suelta una risita irónica. "Como siempre ha sido…"
Emma salta como un resorte, quejándose. "Eso no es cierto. Henry, Archie y yo formamos parte de ese pueblo también"
"Gracias…" susurra y esa segunda sonrisa no viene cargada de sarcasmo. "Así que toda la ciudad me denuncia por algo que la víctima ya me ha perdonado... Siempre tan coherentes"
"Creo que es por esas ironías por lo que no te tienen mucho cariño, entre otras cosas..."
"Entre otras cosas, sí" Se ríe con cierta malvada picardía. "¿Y sólo me juzgan por lo que te hice pasar a ti? ¿Ni siquiera por la maldición?"
"Por supuesto" se reafirma frotando despacio su nariz con la de Regina. "Te lo dije. Nada del pasado, solo lo que ha ocurrido aquí"
Sólo lo que ha ocurrido aquí…, repite en su cabeza y traga hondo. "¿Cómo fue?"
Emma eleva sus cejas, perdida. "¿El qué?"
"La maldición..." aclara serena y al mismo tiempo taciturna. "Soy incapaz de entender que me hayas perdonado. Sé lo que es, lo he visto antes, el sufrimiento, la agonía, la eternidad que nunca acaba…" enumera angustiándose ante la sola imagen de ese infierno. "¿Cómo has podido perdonármelo?" La pregunta suena igual que una acusación.
Emma recapitula, recolocando en su cabeza todas las respuestas que requiere esa duda. "Las primeras semanas te odie con todas mis fuerzas" admite con un suspiro "Pero ahí dentro te escuchaba, cada noche, solo a ti al principio y sólo a ratos. Pero te oía. Y cada noche te humanizabas más, te acercabas a mí e ibas dejando de lado la felicidad de haber acabado conmigo en favor de la culpabilidad y las ganas de recuperarme" Trata de arrullarla con su voz y su relato, pero Regina ignora los acompañamientos. Está pendiente únicamente de las palabras. "Antes de darme cuenta estaba enfadada pero ya no te odiaba. Vivía en un cuarto lleno de llamas por tu culpa pero también por la mía, por no haber creído a Henry. Y las dos estábamos sufriendo, diferente pero igual a la vez…"
"No era igual" espeta incómoda. "Yo no tenía que pelear con el fuego y la claustrofobia"
"¿Acaso este pueblo no es tu propia cárcel?" pregunta retórica Emma. Durante noches escuchó sus lamentos y muchos de ellos giraban en torno a esa ciudad tan hospitalaria para todos excepto ella. "Además, no siempre hubo fuego"
"¿Cómo?" pregunta girando el rostro. Acaba de romperle todos los esquemas y cada una de las ideas y suposiciones que formó en su cabeza sobre la maldición. El fuego era su mayor certeza sobre aquel mundo.
"¿Recuerdas mi quemadura?
El gesto de Regina se deforma con el recuerdo de aquella noche. Vuelve a sentir la preocupación de la que fue víctima y hasta su voz recupera ese toque de regañina. "Sí, me acuerdo… ¿Por qué no podías estarte quieta?"
"Tenía miedo de que hubieses desaparecido. Tanto tiempo sin verte, sin saber de ti... Creía que mi conexión con el mundo real se había roto y trate de escapar por la ventana"
"¿Sirvió?" Está tan sorprendida e intrigada por ese descubrimiento que ni siquiera repara en que su pregunta no tiene sentido.
"¿Tú qué crees?" cuestiona divertida elevando una ceja. "Por supuesto que no, me quemé y aparecí una vez más dentro de la sala. Terminé herida, con fiebre y delirando. Pero entonces apareciste tú. Preocupada, triste, muriéndote por salvarme y…"
"¡Ey!" exclama ofendida por la sola insinuación de que fue amable. "¡Tampoco tanto!" intenta defenderse.
Emma sonríe de medio lado. "No dormiste y estabas histérica, ¿tengo que recordarte que lo oía todo?" Regina abre la boca, pero no sale nada, tan solo se sonroja. Sabe cuándo retirarse de una batalla que está perdida. "Cuando localizaste la herida y me curaste, todo empezó a ir a mejor, y al día siguiente con tus cuidados intensivos y tu crema ignífuga termine por mejorar y caer en un sueño reparador. El primero de toda la maldición"
La cara de la prisionera es un poema. "¿Cómo pudo ocurrir?"
"No lo sé…" Y no hay respuesta más sincera que esa. Jamás llego a entenderlo. "Pero no me ocurrió nada, el fuego no me tocó. Al despertar todo se encontraba en calma y la habitación continuaba a oscuras. Pero no había llamas ni vigas cayendo ni nada. Solo el silencio y yo"
"¿Pero cómo?" insiste cada vez cargada con más preguntas y menos respuestas.
"Nunca lo averigüe…"
"Eso no había ocurrido antes"
"Lo sé"
"Y eso sucedió en…" Deja la mirada fija en el muro de la celda, haciendo cálculos. "…En septiembre. Así que estos últimos meses…"
"He estado encerrada pero tranquila" responde encogiéndose de hombros como puede desde su posición. "Escuchando todo y a todos. Durmiendo, contestándoos y esperando a que te decidieras a besarme…" añade moviendo sus cejas con un toque sugerente y burlón.
"¿Y nada de fuego...?"
"Nada" sonríe y puede ver algo de alivio en los ojos de Regina, aunque la culpabilidad continúe insistiendo.
"¿Y solo por eso me perdonaste?" recupera ese tono ofendido, que bordea la acusación. "¿Por qué ya no quemaba?" insiste enfadada y burlona, como si Emma estuviera provocándola con algo tan insultante como perdonarla.
"Eso ayudó... Pero no" responde tratando de cortar de raíz ese desánimo autodestructivo al que Regina parece adicta. "Fue por hablarme de ese mundo alternativo en el que tú y yo podíamos haber sido amigas y no contrincantes. Fue por escucharte desear que fuéramos un equipo sin ser consciente de que yo ya me consideraba del Team Regina desde hacía semanas. Fue por esa alcaldesa triste y apagada que permitía que la consolase aún sin escucharme. Por esa impresionante mujer orgullosa y altiva que fue capaz de todo, hasta de suplicar a Gold, por salvarme. Fue por abrirte a mí y dejar que me fuera enamorando de cada centímetro de tu ser"
Y ahí Emma sobrepasa el límite de lo tolerable. Justo ahí. Justo cuando saca de su acto más sucio el más bonito de los trasfondos. Cuando rescata de entre la mierda que es ella misma una pizca de belleza y la obliga a no sentirse el ser más despreciable del mundo. Justo cuando, después de hacerla sentir bien consigo misma por primera vez en no sabe cuánto tiempo, lo remata con una declaración. Tan directa como maravillosa. Y es justo ahí cuando se desborda por encima de sus defensas, de sus reparos, de cada maldita resistencia que su naturaleza trata de construir. Se ilumina su mirada y se inundad sus ojos y si no llega a llorar es porque se mantiene en silencio, mordiendo sus labios. Y repitiéndose una y otra vez Me ama, Emma me ama a mí…
Era una obviedad, ¿no? La salvó con un beso de amor verdadero, Emma permitió que la salvara. Pero darlo por hecho no la ha preparado para el impacto de escucharlo. Ni para la cruda realidad de asumirlo, de aceptar que es querida, que quizás se lo merece… Demasiado para su escasa experiencia en asuntos del corazón y la felicidad.
"¿Si el fuego ayudo? Por supuesto" continua Emma, ignorando totalmente la hecatombe que ha desencadenado su respuesta. "Pero la principal razón para perdonarte fue darme cuenta de que tú misma eras incapaz de perdonarte lo que me habías hecho. Y aún lo eres" deduce trazando su rostro con una delicadeza casi dañina, hasta enmarcar sus ojos. Acaricia las cejas oscuras, los ojos brillantes le devuelven una mirada húmeda y afectada.
"Todos estos meses, todo este tiempo presa..." tartamudea al borde de las lágrimas.
Emma se vuelca hacia ella, alarmada por la repentina humedad de su voz. Ha escuchado antes a Regina llorar, pero jamás fuera de la maldición. Se le encoge el corazón al ver esos ojos marrones de un color gris acuoso. "No ha sido el paraíso, lo reconozco, pero ¡eh! Se acabó, estoy aquí, contigo, estoy bien. Y mi psicólogo me va dado el alta; no traumas, no problemas" susurra sosteniendo su rostro con ambas manos. Acaricia sus mejillas, lenta, tratando de calmarla, y sonríe cariñosa. "Lo único que quiero es dejar todo atrás ya, que me dejéis dejarlo…" suplica sonriendo. "Mi madre, obsesionada con el juicio, y tú con no perdonarte. Lo malo ha terminado, disfrutemos de todo por lo que hemos luchado…"
"¿Eso es lo que crees?" cuestiona sorbiendo y manteniendo el dique que reprime sus lágrimas.
"Por supuesto" Sostiene su cara y acaricia sus labios, disfrutando cuando al fin sonríe. "Has luchado por mí como nadie había hecho antes, con uñas y dientes, ofreciendo todo lo que tenías…" murmura llena de orgullo. "Eres la mejor de las caballeras andantes"
La sonrisa de Regina crece, se contagia hasta sus ojos. Caballera andante… le encanta. "Pensaba que odiabas los cuentos…"
"Quizás…" ronronea terminando de tumbarse sobre ella. "Pero me gusta la parte de tener una salvadora para la salvadora…"
"Lo mismo digo" responde asaltando a besos esa sonrisa que vibra sobre su rostro.
Le siguen sonidos, palabras, movimientos bajo las sábanas de esos que espantan a Snow e irritan sus nervios hasta que grita. Una vez más el video suena con el quejido de los cabezales al pasar la imagen a toda velocidad, sin mirar ni respirar.
Entreabre un ojo en pequeños lapsos, observando con terror la pantalla, apenas un segundo en el que no distingue nada, nada, nada. Lo justo para saber que no debe detener aún la grabación. En uno de esos instantes cree advertir algo extraño. Que no le cuadra, que no le gusta.
Estira la mano y da al pause. La escena se detiene con Regina tumbada, mirando la puerta de la celda, junto a Emma, profundamente dormida. Snow se acerca al televisor, intrigada por eso que despierta su interés. A un par de metros de la pantalla lo vislumbra. La reja está entreabierta y la prisionera la observa con atención.
Va a escapar. A Snow no le cabe la menor duda.
Es consciente de que, antes o después, su hija se lo impedirá, al fin y al cabo está grabación corresponde a días atrás. Y Regina sigue encerrada en su comisaría. Pero eso no evita que frente a ella, en ese televisor, la Reina Malvada va a tratar de escapar.
Sonríe orgullosa de sí misma. Seguramente esta es la razón por la que Emma no ha hablado nunca de Regina. Y lo que es más probable, su hija, inevitablemente, habrá descubierto la farsa de Regina. Un engaño, eso es lo que fue, lo que siempre ha sido.
Se sienta en el suelo, victoriosa. Esto quiere verlo con atención.
Al darle al play, Regina vuelve a moverse. Está tumbada junto a Emma, y sólo tiene ojos para la verja. Está entreabierta. La salvadora siempre cierra tras ella, pero esta noche no ha tenido tiempo ni para encajarla antes de… darle cariñosamente las buenas noches a su prisionera. Y por culpa de ello, ahí está la puerta, abierta, balanceándose de forma sugerente y casi imperceptible con las corrientes de aire.
Mira sobre su hombro, donde choca la respiración de Emma. Está absolutamente dormida y tan en calma que da envidia. Regina apostaría a que no oiría nada, no sentiría nada, y vuelve a mirar a esa puerta sin cerrar.
Toma aire y se mueve lentamente, conteniendo la respiración. Muy despacio, apoyándose en su cadera y girando sin hacer ni un ruido ni perturbar las sábanas, el colchón, o a la bella durmiente.
Snow se relame. Podría incluso verlo a cámara lenta y disfrutarlo más.
Regina, frente a sus ojos, camina de puntillas, tapada pudorosamente con una camisa que ha utilizado a modo de manta. Mira atrás, hacia el cuerpo dormido, no hay testigos, y continúa avanzando.
Al llegar a la puerta, agarra la verja, en completo silencio, y la mueve sin dejar escapar un solo chirrido.
Snow abre los ojos, espantada. No, no, no… ¡no!
Regina no suelta la puerta hasta que no lo advierte. Un leve chasquido metálico, el del pestillo encajando en su cerradura. Puede que cerrar sea una estupidez, si apareciesen visitas no deseadas no tendría tiempo de esconder a Emma ni mucho menos de vestirse. Pero siente que eso es lo legal, lo seguro, y lo que convierte a esa celda en su rincón, sólo de ellas.
Da media vuelta, despacito, y al hacerlo se encuentra de frente con la imagen de Emma, relajada y suspirando, con la boca medio abierta, y un par de mechones resbalando en su frente. Cuesta no salir corriendo de vuelta a ese camastro y meterse en la cama, pegadita a su calor, a la suavidad de su piel, a ese espacio sólo suyo entre sus brazos, contra su pecho. Camina más rápido sin ser consciente y recupera su lugar, junto a ella, mirando su carita y conteniendo un gemido de deleite.
"¿No es irónico…?" musita bajito, más para sí que para la noche cerrada que las acompaña. "Se cumplieron las predicciones… James y Snow dieron a luz a esa poderosa arma que debía detenerme y acabar con la Malvada Reina. Eso se dijo que ocurriría y eso ha ocurrido. Pero el destino decidió ponerse gracioso..." susurra apartando los mechones rebeldes de su cara. "Yo, tus padres, todos... Esperábamos q si llegabas a hacerlo sería atravesándome con la punta de tu espada. Pero no. En su lugar fuiste un caballo de Troya, un aliado con aspecto de amenaza… Una salvadora que se dejó derrotar con un trozo de hojaldre solo para obligarme a ver que no podía vivir sin ella, que eras alguien más importarte de lo que lo había sido nadie. Para hacerme ver que te había dormido sólo para morirme por despertarte" canturrea al mismo ritmo que sigue el pecho de Emma. Ha descubierto algo gracias a la maldición, da menos miedo abrirse cuando los ojos de la salvadora permanecen cerrados y ella siente que nadie la escucha. "Naciste para pararme, pero sin espadas, sin magia, sin dolor… La única forma que nadie había intentado, la única que jamás ninguno podíamos imaginar. Con un beso…" sonríe, atolondrada, dejando que el sueño vuelva a ella y reprimiendo las ganas de acariciar su mejilla. Recupera su postura, dándose media vuelta y quedando de perfil, a su lado. Suspira, cerrando los ojos. "Eres todo un misterio de la naturaleza…"
"Y tú una maravilla…" sisea una voz adormilada contra su oído. Regina abre los ojos, espantada, con su espalda erizada. Ni siquiera se gira hacia Emma, sólo espera, muerta de la vergüenza. "No eres tan silenciosa como piensas…"
Coge aire, tapando su bochorno con un malhumor de perros. "Estabas vigilando que no escapara"
"No, sabía que no lo harías" murmura pasando el brazo sobre ella. La reina malvada, ofendida, suelta un sonidito indignado. Pero se deja abrazar en un acto magnánimo y desinteresado. "Porque me quieres…" canturrea contra su oreja. El cuerpo entre sus brazos se sacude tratando de escapar, mientras Regina gruñe.
"Suelta que tengo que matarte…"
"Anda, ven aquí…" sonríe Emma sin aflojar. "Que no vas a matarme, porque yo también te quiero" añade apretando un poco más, acompasando su respiración a la de Regina y besando su pelo.
"Hmmm… No te confíes…" bosteza con los ojos a media asta. Le gusta que… lo último que escuche antes… de caer rendida… sean las carcajadas de Emma… y un te quiero. Sí, le gusta…
Continuará…
