Los personajes no me pertenecen, sino a J.K.R., y muchos de los datos de sci-fi sobre Marte a Arthur C. Clarke, Carl Sagan, Kim Stanley Robinson, Robert Zubrin, Chris McKay, Thomas Gangale, Frans Blok. Tampoco me pertenecen los personajes de anime.

Para referencias al mapa de Marte que estoy usando visiten mi perfil. :)

Saludos a todos, este chap espero les guste tanto como me gustó escribirlo :)


La travesía.

Él se despertó en una total oscuridad, confundido y adolorido. No había ni un solo músculo o hueso de su cuerpo que no le doliera. Tampoco podía recordar qué había pasado y donde se encontraba. El dolor era demasiado. Cerró sus ojos y volvió a dormirse. Tiempo después, imposible para el calcular, se había vuelto a despertar. Aún le dolía el cuerpo, pero en comparación era menor que la primera vez que se despertó. ¿Estaba ciego? Llegó a la conclusión de que no estaba ciego. Simplemente estaba en un lugar muy oscuro. Tanteó la superficie en la que se encontraba. Era piedra, algo húmeda. Se arrastró poco a poco hasta que llegó a una pared, también de roca fría.

Con un increíble esfuerzo logró incorporarse. Ya había llegado a la conclusión de que no estaba muerto, tanto dolor solo era compatible con estar vivo. Aun su memoria estaba un poco borrosa, pero lo más urgente era encontrar agua. Estaba terriblemente sediento. Apenas podía ver el contorno de lo que creía era su mano, se tocó para comprobar que su mano estaba en el lugar al que miraba. Tanteó su cuerpo. Sin varita. Eso habría sido mucho pedir. Lo último que recordaba era un rayo de luz rojo. Suspiró. Lentamente se fue moviendo contra la pared tanteando. Estaba en una habitación pequeña y sin ventanas o decoraciones en las paredes. Tal vez algún calabozo por lo frías de las piedras.

Tenía hambre y sed. Necesitaba un baño y el dolor lo estaba matando. Después que había terminado de tantear las paredes se dedicó a ver si había algo entre ellas. Solo encontró algo parecido a un pedestal con el que tropezó y causó más dolor a su cansado cuerpo. Maldijo, pero su voz solo resonó en aquel cuarto vacío. Debía haber una manera de salir de ahí. Volvió a las paredes y esta vez notó que en una había una ligera hendidura rectangular cubierta de moho. Trató de empujar a ver si se abría, pero estaba extenuado. Volvió al suelo recostado contra el rectángulo y tras una siesta lo volvió a intentar. Con una varita todo hubiese sido más fácil. Cansado y enojado se separó de la pared maldiciendo.

Otra vez tropezó con el pedestal haciéndole caer pesadamente cuando sintió el leve desnivel en el que había caído su cabeza. Era tan leve que podría ser su imaginación pero debía intentarlo. Se paró justo encima y aunque no tenía varita dijo claramente: "Alohomora". Sus ojos quedaron cegados por la pequeña claridad que surgió de las hendiduras y el polvo llenó sus pulmones. Ahora podía ver perfectamente la puerta bordeada le luz y al tocarla esta se deslizó.

Apenas había dos hendiduras en la pared, demasiado altas como para él poder ver por ellas, pero lo suficiente para que entrara algo de luz. Eso quería decir que no estaba en una edificación subterránea. Estaba en lo que parecía una antesala a la habitación de la que había salido, donde sólo se veía el pedestal vacío. Extraño lugar aquel. En el otro lado de la antesala había otra puerta y en el medio nada. La otra puerta no parecía tener ningún tipo de seguridad. Había más ventanales en aquella sala, así que podía ver los cachivaches que ahí había. Pero nada de comida.

En un viejo escritorio con todo tipo de telarañas había un manuscrito en inglés y otros en un idioma que jamás había visto, ¿O tal vez si? Había algo ligeramente familiar en aquellos símbolos. Volvió al manuscrito en inglés. Parecían notas sacadas de alguna clase hacía demasiado tiempo. Cerca había un pergamino vacío y un frasco de tinta verde brillante. Él no supo que le llevó a tomar una pluma vieja y empolvada y mojarla en la tinta, que parecía extrañamente nueva. Escribió "necesito salir de aquí". ¿Por qué lo escribió? No tenía nada que perder.

Para su sorpresa en el pergamino aparecieron las siguientes instrucciones: "Tomad la tiza y hacer el pentagrama con los siguientes símbolos alrededor. Tomad un objeto del lugar a ir y procurar decir las siguientes palabras…" el resto estaba en aquellos símbolos. Escribió que significan los símbolos pero nada más apareció. No le quedó más de otra que tomar una tiza que encontró en el piso, dibujo el pentagrama en la antesala, donde había más espacio junto a los símbolos indicado, pero no tenía ningún objeto de lugar adonde quería ir. Decidiendo que donde fuera sería mejor que donde estaba, tomó lo primero que encontró volviendo al papel vio los símbolos. Se colocó en el centro del pentagrama y dijo lo que le vino a la mente al ver los símbolos para su sorpresa al parpadear se encontró en un desierto. Ahora sí que estaba perdido.

Era el tercer día desde su parición en aquel desierto de dunas rojas. Aun andaba con la pequeña vasija de barro que se había llevado al pentagrama. Estaba tirado en el suelo, no tenía fuerzas para más nada. Había intentado aparecer en otro sitio, pero su maltrecho cuerpo no tenía fuerza suficiente. Era como si existiera una barrera que no le dejaba salir de allí. Nunca le debía haber hecho caso a un papel que hablaba por sí solo. Estaba dándose por vencido, tirado en el suelo sin fuerzas para más, cuando una nube tapó el sol. No era una nube, era la sombra de algo. Giró su cabeza y arriba vio un extraño animal. ¿Un camello? Alguien envuelto en túnica le pasó una cantimplora con agua.

Se bebió toda el agua, pero aun estaba muy débil para levantarse. Ella, había algo en los ojos de aquella persona que le decía que era una mujer, tomó su varita y le montó en una parihuela. Él se dejó llevar, al menos ya no estaba perdido. Cuando volvió a abrir los ojos estaba en lo que parecía el interior de una tienda. Su cuerpo estaba cubierto en vendajes y con cataplasmas. Estaba recostado en lo que parecía ser una cama hecha de cojines. Más allá el par de ojos negros almendrados pertenecían a una chica morena (más bien trigueña) con una larga cabellera castaña oscura. Ella dijo algo, y al ver que él no entendía cambió a lo que parecía español. El negó con la cabeza y le pareció gracioso que ella ahora intentara hablar en tosco alemán. Definitivamente no la imaginaba alemana. El habló en inglés y ahora fue ella quien no lo entendió. Genial. Podía ver que era de noche afuera a través de la entrada de la tienda y le sorprendió que aunque ella era bruja, había visto su varita, usara una tienda tan poco equipada.

Cabían cómodamente los dos, pero no había otras comodidades que venían en las tiendas de acampar de los brujos. Todo parecía estar envuelto en telas de diferentes tonos de rojos y marrones, algo de verde y azul aquí y allá, hechas de una lana resistente. La tienda era cónica y en el centro había un fuego azul que mantenía la temperatura y no expedía humo. Él bien sabía que de día las temperaturas eran insoportables. Ella ahora tocaba una flauta, después de pasarle un plato con un guiso, lo más deliciosos que había comido en su vida. Después de comer, la música de la flauta y el constate ruido de los vientos en el exterior le llevaron al mágico mundo de los sueños.

Desde temprano en la mañana habían iniciado un viaje con dirección al norte. Él estaba montado en lo que en un principio había creído que era un camello, pero en realidad era una llama. Ella había hecho que un montón de túnicas le cubrieran como a ella y solo tenía sus ojos al descubierto. Era en realidad una buena idea. Así el terrible calor no les afectaba. Tras ellos un rebaño de ovejas les seguía. A media tarde llegaron a lo que parecía un campamento. Había niños de varias edad corriendo a recibirla y juntando a las ovejas con un rebaño más grande. En la entrada del campamento había un hombre alto, moreno y con todas las pinta de ser un alemán malvado. Ella se detuvo y la llama en la que él estaba también. El hombre dijo algo con un terrible acento. Ella le respondió y al parecer el hombre decidió dejar pasar al extraño.

En la tienda principal habían había una señora mayor, posiblemente de 100 años o más de tan arrugada que estaba y prácticamente desnuda. Decidió mirar a otra parte. Los niños estaban felices de ver a la chica. ¿Sería ella su madre y aquel su esposo? Esta tienda parecía más a las casas de campañas a la que estaba acostumbrado. Por fuera se veía igual a la de ella pero por dentro era espaciosa y tenia múltiples divisiones. Había un fuego central. Uno de los chicos le señaló donde estaba el baño e hizo señas de que apestaba antes de salir corriendo. Las túnicas le quedaban algo holgadas pero eso no le impidió ayudar a mover al ganado a un cerco y quedarse a ayudar a la chica en su turno de vigilancia. Era de noche ya y las estrellas se veían claramente en el cielo. No habían muchas nubes y en un momento estuvo seguro de que vio una sombra que podía ser un dragón, posiblemente por eso hacían vigilancia. ¿Dónde estaba?

Ellos hablaban una mezcla de un idioma extraño con español, alemán y "Nana", la abuela centenaria, hablaba otra lengua también. Era un caos lingüístico donde nadie sabía inglés. Estaban en oasis, pero sabía que todo era desierto a su alrededor de un color óxido y en el cielo habían una estrella azul… ¡Entonces estaba en Marte! Se golpeó la frente tan duro que ella fue a ver que le pasaba mientras él tenía una risa tonta en la cara. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Todos ahí hacían magia, inclusive los niños. Suspiró. ¿Cómo les hacía saber que debía volver a la Tierra? De seguro estaban preocupados por él. Sabía que habían pasado 5 días desde que apareció en el desierto. Pero antes de eso no tenía idea de cuánto tiempo había pasado.

Estaba amaneciendo y todos estaban reunidos para el desayuno. Así que decidió expresarse a ver si lograba que alguien le entendiera. "Necesito ir a ciudad Imperial" era el único lugar que conocía de Marte. Al parecer el jefe si le entendió aunque el efecto no fue lo que él esperaba. Estaba iracundo y tomó un buen rato antes de que la chica lo calmara. Mientras el jefe discutía airadamente con ella, uno de los chicos trajo un mapa y sentado junto a él le señaló donde se encontraban y donde estaba la ciudad Imperial. Estaban en un cráter si nombre con una ínfima masa de agua, en la región de Molas Quentes al noreste de un lago llamado Argyre. Tendría que moverse casi medio globo para llegar a ciudad Imperial.

La discusión llevaba unos 15 minutos cuando Nana dejó su pipa a un lado y dijo en una voz tajante un comando que al parecer significaba silencio, pues todos callaron. Ella dio un discurso en aquel idioma extraño de ella y con algo de protesta del Jefe se impuso. Le llamó y le mostró una bolsita con lo que el claramente reconoció como polvos flu. Estaba tan feliz que la abrazó a lo que sin aviso alguno ella le dio una bofetada. Los niños ahogaron una risa. Él la miró perplejo mientras la anciana centenaria le sonreía y mostraba los polvos. Él tomó un poco entre sus dedos. Fue al fuego central y dijo claramente al posarse sobre las llamas verdes: "Embajada inglesa en ciudad imperial", ya que recordaba haber visto chimeneas ahí. Mientras las llamas verdes le devoraban vio por última vez los ojos almendrados que decían adiós.

Él apareció en una de las prístinas chimeneas del edificio con miles de tubos de cristal, sucio y oliendo a ganado. Se tambaleó un poco al incorporarse y mientras al mismo tiempo visualizaba dos figuras frente a él. Era Atenea y el emperador.

- Te estábamos esperando Sirius Black – dijo ella.


¿Y qué les pareció?

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