Este capítulo es algo bastante variado, podríamos decir que hace las veces de "transición" entre infancia y adolescencia para Law y para Kid.
Parte XIV
Luffy estaba aburrido.
Era diciembre, la última semana antes de navidad, y ninguno de sus amigos había podido ir a jugar con él ese día. Kid y Law estaban encerrados en la habitación del orfanato, ambos terminando trabajos del colegio que debían entregar antes de que llegaran las vacaciones. Sanji estaba, como venía haciendo tres tardes a la semana desde hacía meses, ayudando en el restaurante de su abuelo, Zoro estaba entrenando con su padre en el dojo, Nami había ido con su hermana y su madre al campo de mandarinas de la segunda, Usopp estaba terminando una historia para un concurso del colegio y Ace ayudando a su madre en la floristería con los encargos de navidad.
Así que Luffy se había encontrado con la tarea de tener que entretenerse solo. Había pasado de intentarlo en el orfanato, donde los niños eran todos unos ñoños o los que quedaban del grupo de Lucci, aunque el propio Lucci hubiese cumplido los dieciocho años ese año y se hubiese marchado, y a Luffy no le apetecía pegarse con Kaku y Kalifa.
Ahora estaba en la calle, caminando entre escaparates y gente haciendo sus compras, buscando algo entretenido. Entonces, más adelante, reconoció a una persona y salió corriendo hacia allí.
-¡Eh, Makino!- Gritó, corriendo hacia la mujer. Makino esa semana se la había pedido libre y no trabajaba, así que Luffy pensó que a lo mejor podías convencerla para que lo invitase a un buffet.
-Vaya, hola Luffy –saludó ella, agachándose frente a él.
-¿Quién es tu amigo?- Preguntó un hombre en el que Luffy no había reparado, de pie junto a ella. Era pelirrojo, tenía tres cicatrices cruzándole el ojo izquierdo y llevaba un curioso sombrero de paja.
Era el primer día de las vacaciones de navidad y llovía a cántaros, pero ello no impedía que la gente saliera a la calle para hacer sus últimas compras, haciendo que moverse por el centro de Sabaody fuese casi una carrera de obstáculos.
Trafalgar Law maldijo por lo bajo una vez más, abriéndose paso a empujones y tratando de protegerse de la lluvia con una bolsa que había encontrado en un portal. Había pasado toda la tarde en la biblioteca, tan entretenido en su lectura que no se había dado cuenta de que comenzaba a llover, y cuando por fin había salido estaba diluviando. Por supuesto, él iba sin paraguas y ni siquiera llevaba una sudadera con capucha.
Alguien chocó contra él por detrás, tirándolo sobre un charco con el golpe.
-¡Mira por dónde vas, imbécil!- Gritó, aunque era incapaz de ver quién lo había golpeado.
Por supuesto, Law se había resfriado. Y no era un catarro normalito, con mocos y algo de tos, no, sino que el suyo había venido acompañado de una fiebre infernal y el maravilloso plus de no poder estar cinco minutos en pie sin acabar doblado por la cintura con un ataque de tos.
Así era cómo había acabado pasando la noche buena metido en la cama, con un paño húmedo en la frente, un colocón de medicamentos y Luffy sentado en una silla a su lado, contándole cosas de su nuevo amigo Shanks, el novio de Makino, para entretenerlo.
Los demás se habían pasado a verlo a lo largo del día y, por decisión de Luffy, habían acordado reunirse allí al día siguiente para abrir los regalos que tenían los unos para los otros. Desde luego, no había nadie capaz de utilizar el chantaje emocional mejor que el niño, encima sin darse ni cuenta, para que los adultos permitieran cosas que de normal no les dejarían hacer ni de coña.
-Shanks es un buscador de tesoros, ¿lo sabías?- Siguió hablando Luffy.
-Algo me has contado –respondió Law con la voz cascada.
-¿Sí? ¿A qué mola? Va por ahí buscando barcos hundidos, siguiendo mapas de tesoros y explorando ciudades perdidas. ¡De mayor yo también voy a ser buscador de tesoros, ya verás!- Declaró Luffy con una amplia sonrisa.
-Desde luego, así tendrás un montón de aventuras.
Luffy se rió.
-Sí, ¿verdad?
Esa noche, poco después de que Luffy hubiese salido corriendo al comedor al escuchar la campana, con la promesa de subirle algo para cenar, la puerta de la habitación se abrió de nuevo y, aunque no hubiese encendido la luz, Law no tuvo problemas para reconocer a Kid. Después de todo, con las gafas sosteniendo su pelo hacia arriba, Kid era una de las personas más fáciles de identificar que conocía.
También vio que llevaba una bolsa.
-¿Te has atrevido a ir de compras con los villancicos de las tiendas?- Preguntó Law, sin conseguir sonar tan burlón como pretendía.
Más que verlo, escuchó cómo Kid sacaba algo de la bolsa, entonces se acercó y lo dejó en la alojada, al lado de la cabeza de Law.
Curioso, el adolescente cogió el objeto, suave y peludo y, por su forma, un gorro. Con la poca luz que entraba del pasillo pudo ver que era blanco y tenía manchas oscuras.
-Es impermeable por dentro. Así al menos no te mojarás la cabeza la próxima vez que hagas el imbécil.
-Gracias Kid, solo tú podrías hacer sonar un detalle como un insulto.
-Cállate, gilipollas.
Aún así, Kid se sentó en la silla y Law no soltó el gorro.
Si había algo que Law odiaba de su cuerpo adolescente de quince años, eran las jodidas hormonas. Desde luego, ser más alto y tener más fuerza era genial, pero despertarse con una erección la mitad de las mañanas era un verdadero incordio. No había tardado en adoptar la costumbre de encerrarse en el baño nada más levantarse y darse una ducha, más veces fría que caliente, para deshacerse de ella. Podría masturbarse y ya, como hacían la mayoría de chicos de su edad, pero aquello era algo reservado para cuando estaba solo en la habitación.
La mayoría de chicos no compartían habitación con Eustass Kid y Monkey D. Luffy.
Si Kid lo pillaba, se descojonaría y se pasaría gastándole bromas al respecto el resto de su vida, por mucho que el cuerpo de Kid estuviese a punto de entrar en la misma etapa si no lo había hecho ya. Y Luffy… La idea de tener que explicarle al inocente y simple Luffy qué era la masturbación y, por extensión, el sexo, era la idea más perturbadora y terrorífica que a Law se le había pasado jamás por la cabeza. Y si a eso le añadía la heterosexualidad y la homosexualidad, ya…
Porque algo que Trafalgar Law había descubierto al poco de entrar en la pubertad era que, aunque podía apreciar la belleza y el atractivo de hombres y mujeres, a él lo atraían sexualmente los hombres. Era algo que había descubierto un par de años atrás cuando, curiosos por el misterioso mundo del sexo, sus amigos del colegio, Bepo, Shachi y Penguin, y él se habían hecho con una revista porno y se habían escondido en un rincón del edificio a mirarla. Mientras Penguin y Shachi hacían comentarios pervertidos sobre las chicas de las fotos y Bepo añadía algún comentario muy de vez en cuando, Law se encontró a sí mismo mirando a los compañeros masculinos que aparecían con ellas en algunas de las fotografías.
Las revistas que él mismo se había comprado estaban escondidas en uno de los cajones de su escritorio, entre un montón de libros y revistas relacionadas con medicina y con varios temas macabros que le revolverían el estómago a cualquiera antes de llegar a encontrarlas. Kid incluido.
Luffy estaba de pie sobre el suelo de madera de los muelles, mirando fijamente el barco que se alejaba lentamente de allí y apretando con fuerza el sombrero de paja que sostenía con ambas manos y tratando de contener las lágrimas.
A su lado, Makino le apoyó una mano en la cabeza.
-Venga, no llores.
-¿Tú no estás triste?- Preguntó el niño, con la voz temblorosa.
-Claro que estoy triste, pero él es así. Incapaz de alejarse del mar por mucho tiempo. Hacía dos años que no lo veía antes de esta visita –Respondió la joven, mirando al horizonte con una suave sonrisa.
Shanks se había ido. De nuevo a sus aventuras, con la tripulación que lo seguía siempre. Luffy había querido ir con él, pero Shanks se había reído y le había dicho que no se iba a llevar a un niño pequeño como él, y que fuera al colegio. Enfadado, Luffy había comenzado a gritar: diciendo que no quería ir al colegio, que él quería vivir aventuras, como le había prometido a Sabo, y enfadándose tanto que le dijo a Shanks que iba a vivir más aventuras que él, y que iba a encontrar tantos tesoros que se arrepentiría de no haberlo llevado con él.
Shanks había sonreído y, agachándose frente a él, le había puesto su sombrero de paja. Era un sombrero que, como le había contado meses atrás a Luffy, significaba mucho para él. Lo que le dijo al dárselo fue que se lo prestaba, y que se lo devolviera cuando cumpliese lo que acababa de decirle.
Luffy iba a cumplirlo, por supuesto. No porque estuviese enfadado, o porque quisiera hacer que Shanks se arrepintiera como le había dicho, sino porque Shanks era su amigo, y aquella era una razón más para cumplir su sueño.
Cuando fuese mayor, Luffy iba a zarpar a la aventura.
Continuará
Por si alguien se ha confundido un poco con el lío de las edades, aquí os dejo las tres principales tal como están al final del capítulo:
Law 15
Kid 12
Luffy 8
Recordad que Law le saca dos años y medio a Kid, así que a veces la diferencia es de tres y otras de dos.
