-¿Qué querías decirme? –clavó su mirada en la suya, sonriendo alegremente.
-Yo… yo… –se sonrojó, desviándola.
-¿Sí? –cuestionó.
-Yo… –volteó a verle– ¡Estoy enamorado de ti! ¡Por favor, sal conmigo!
Hubo unos segundos de silencio que a él le parecieron eternos. Una suave brisa movió algunos mechones castaños que escapaban de la coleta de la chica. Ella se llevó la mano a la cadera, sus ojos violetas se clavaron en él y dijo seriamente con voz fría:
-Lo siento…
Abrió la puerta corrediza del cuarto, entrando lentamente. Allí las demás le esperaban, sabiendo perfectamente lo que había ocurrido aún sin haber estado presentes. Se sentó en su lugar junto a la ventana y prontamente se vio rodeada de sus amigas, quienes sonrieron pícaramente.
-Lo hizo, ¿no es cierto? –le miró una azabache de corta cabellera.
-Se te confesó, ¿verdad, Katara? –fue el turno de una rubia.
-Hmmm… –asintió, mirando la ventana.
-¡Vaya, es el cuarto en el mes! –sonrió una chica de cabello ensortijado.
-Ahhh… –repitió ella, como si no hubiera nada más interesante.
-¿Y esta vez por qué lo rechazaste? –preguntó la azabache.
-¡Por lo mismo de siempre! –les miró, con voz aniñada y mejillas sonrojadas dijo– Realmente me frustra ver a chicos así, que se declaran sin conocer realmente a las personas.
-Bueno, bueno, Katara, no te puedes quejar, es que realmente eres muy guapa –sonrió la rubia.
Las demás voltearon a verla, observándola con detenimiento. El vestido amarillo del Ouran lucía muy bien en la joven de grandes curvas, cabello largo hasta la cintura de un precioso color chocolate y ojos grandes y lilas que brillaban cada vez que se emocionaba.
-Me gustaría conocer a un chico que fuera "diferente"… –comentó, mirando por la ventana– Un chico que no se fijara primeramente en la apariencia.
Por el vidrio observó el patio perfectamente cuidado, a la mitad del mismo un árbol frondoso se alzaba en todo su esplendor y, bajo él, una adolescente del mismo colegio parecía platicar con un chico alto a quien no podía verle el rostro por estar de espaldas a ella. La chica pareció contrariada, mirar al piso y luego salió corriendo como si se llevara una desilusión. El joven permaneció parado sin inmutarse y luego metió las manos en los bolsillos del pantalón, miró hacia el cielo, contemplándole un instante y fue justo en ese momento cuando se topó sin querer con la mirada lila de ella.
La chica, al sentir cómo le observaba no pudo sino sonrojarse y desviar la vista de regreso al salón. Sus amigas platicaban de otras cuestiones académicas sin prestar atención a lo ocurrido segundos atrás.
-Mori… senpai… –murmuró sin que le escucharan.
– AL DÍA SIGUIENTE –
-Tamaki-san, ¿cuál es su deporte favorito?
-Aquellos en donde la convivencia y el espíritu de equipo estén presentes –contestó con una sonrisa.
-¡Kyaaaaa!
Los corazones en el aire se podían apreciar a kilómetros de distancia, escuchándose aquellos grititos en toda la sala. Kyouya contemplaba las demás mesas donde se llevaban a cabo las representaciones, sin descuidar la suya propia, por eso es que notaba que algo iba mal. Haruhi llevaba ya un buen rato distraída, sin contestar apropiadamente a las preguntas de sus clientas. Sin embargo, comprendía que había algo más en todo ese asunto, pues la chica se la pasaba mirando hacia la mesa de los gemelos, donde sólo Kaoru prestaba atención a las chicas que les habían solicitado. En efecto, Hikaru parecía hallarse en otro lado, pues su mirada estaba distante y podría decirse que hasta lucía molesto y preocupado. Necesitaba encargarse de eso pronto…
-¡MORINOZUKA TAKASHI!
O quizás debería atender primero a las cinco chicas del club de kendo que acababan de entrar ruidosamente en la Tercera Sala de Música con shinai en mano. Las actividades pararon en ese momento, volviéndose todos los ojos sobre ellas.
-¿Qué sucede? –preguntó Tamaki.
-¡Morinozuka Takashi! –le señaló retadoramente quien parecía estar a cargo– ¡Nosotras, el Club femenino de kendo, te retamos a un duelo!
El grito se sorpresa no se hizo esperar, sin saber si se trataba de una broma muy pesada o realmente la chica pensaba llevar a cabo su desafío. Tranquilamente el azabache se enderezó de su asiento, donde unas adolescentes de tercero y Honey degustaban de unos pastelillos. El azabache fue hasta ellas y les contempló en silencio, haciéndoles dudar por un momento de su decisión. Tamaki dejó a sus clientas para interponerse en la pequeña batalla silenciosa que se estaba llevando a cabo entre una chica de corta cabellera azabache y Mori.
-Me parece que aquí hay un malentendido, bellas princesas. Estoy seguro de que ustedes no desean cumplir lo dicho –sonrió encantadoramente.
-Kodama Naomi, de la Sección 2B, subcapitana del Club femenino de kendo –se presentó la chica de corta cabellera.
-Otsuka Kaede, de la Sección 2B, miembro del Club femenino de kendo y tercera al mando –habló una chica de cabello ensortijado.
-Fujimoto Umiko, de la Sección 3A, miembro del Club femenino de kendo –se presentó una pelirroja de ojos azules.
-Royama Tamiko, de la Sección 1B, miembro del Club femenino de kendo –fue el turno de una castaña de ojos miel.
-Nakahara Sora, de la Sección 2B, miembro del Club femenino de kendo –finalizó una rubia.
-¡Nosotras, te desafiamos, Morinozuka Takashi! –hablaron a una voz.
El asombro de las clientas no se hizo esperar. Algunas miraban nerviosas al Host retado, esperando por su contestación, otras se hallaban tranquilas, pues sabían de sus grandes habilidades en el kendo, diciendo que no había qué temer.
-¿Podríamos al menos saber la causa por la cual desean llevar a cabo este duelo? –se ajustó las gafas Kyouya.
-¡Morinozuka Takashi ha insultado a nuestra Capitana! –les miró molesta Naomi– ¡No podemos permitir tal ofensa!
-¡Para limpiar su nombre, Morinozuka Takashi deberá presentarse en el Club femenino de kendo a las 5 de la tarde! –notificó Kaede.
-¡Te esperamos allí! –hablaron al mismo tiempo, marchando después de esto.
-Ahhh… Takashi no hizo nada malo, estoy seguro de ello… –comió Honey otra rebanada de pastel– Debe tratarse de una confusión; si hablas con ellas, todo se solucionará.
Mori quedó en silencio, contemplando la puerta por la cual salieran las chicas. Kyouya comenzó a vaciar la Sala al ver el revuelo que esa situación había causado, comenzando a especularse qué habría hecho el Host para molestar a la Capitana del Club de kendo.
-Honey-senpai tiene razón, estoy seguro de que todo se trata de una simple confusión… –dijo Tamaki al resto de los chicos.
-Por el carácter calmado que posee es realmente difícil de imaginar que provocara una disputa –se encogió de hombros Kaoru.
-Kyouya, ¿tú qué opinas? –le miró el rubio.
-Tampoco creo que Mori-senpai sea una persona conflictiva –restó importancia al asunto.
-Tal vez debería ir a hablar con la Capitana del Club de kendo y aclarar cualquier confusión presentada… –opinó Haruhi.
-¡Claro, claro! ¡El Host Club presentará sus disculpas! –elevó un puño al cielo Tamaki.
-Senpai, no creo que sea buena idea que vayamos todos… –le miró Haruhi de forma reprobatoria.
-¡De ninguna manera! ¡El Host Club es una familia! –carteles de fondo con el diálogo en rojo– ¡Y como tal es necesario que nos comportemos! ¡El problema de uno es el de todos! ¡Este duelo ha sido declarado a todo el Host Club!
-Realmente estás exagerando… –murmuró sin que le prestara atención.
-Tama-chan tiene razón… –apoyó la idea Honey– No podemos permitir que Takashi vaya solo.
-Nunca sugerí eso, Honey-senpai… –aclaró la chica.
-¡Entonces está decidido! ¡Iremos todos juntos! –les miró decidido el rubio.
Tamaki insistió en hacerlos usar un karategi sencillo para mostrar su respeto por el deporte en cuestión, con excepción de Mori, quien portaría su bogu. Kyouya no pudo sino suspirar ya que no tenía esos atuendos en la sección de Cosplay y hubo de rentarlos. Poco antes de la hora acordada, el Host Club se dirigía al salón donde practicaba el Club femenino de kendo. Grande fue su sorpresa al notar que ya allí se encontraba la mayoría de sus clientas.
-¡Tamaki-senpai, hemos venido a apoyarlos! –se acercaron unas muchachas con carteles diversos.
-Muchas gracias, princesas, sus ánimos son los que nos mantendrán de pie… –les miró encantadoramente el rubio– Aunque estoy seguro de que esta confusión se arreglará muy pronto.
Mientras el francés coqueteaba con las adolescentes reunidas, Haruhi se dirigió al de lentes, quien se encontraba anotando en su libreta negra sin perder la concentración.
-¿Ocurre algo, Kyouya-senpai?
-Haruhi… ¿sabes quién es la Capitana de este Club? –habló sin voltear a verla.
-A decir verdad, no… –se sinceró.
-Kanuzuki Katara: sección 2A del Ouran, aunque pidió su traslado al salón B para poder estar con sus amigas. Alumna ejemplar, altas calificaciones, tricampeona nacional de kendo en la división femenil. Heredera de las Empresas Kanuzuki, con sucursales en Seúl y Hong Kong.
Haruhi le miró sin comprender, eso no le decía nada. En el Instituto Privado Ouran se clasificaba a los alumnos de acuerdo a la importancia de su familia y las relaciones que poseía o, en otras palabras: cuánto repercutía en el bolsillo del resto. Sin embargo, como ella había crecido en un ambiente diferente, aún no sabía lo que eso significaba. Kyoya miró a Mori antes de continuar.
-El imperio Kanuzuki controla la segunda mayor empresa discográfica de todo Japón, además de que posee muy buenas relaciones con los Masayoshi, empresarios cinematográficos en Japón e Italia, principalmente. Sin embargo, desde generaciones atrás los Morinozuka y Kanuzuki han tenido gran rivalidad, enfrentándose constantemente en diversos campos, ya sean académico, financiero o deportivo. Actualmente el imperio Kanuzuki posee un único heredero: Kanuzuki Katara. El hecho de ser hija única y encima, mujer, complica las cosas para su familia. Los Morinozuka tienen dos hijos varones, próximos herederos de su fortuna; sin embargo, los padres de Katara murieron en un accidente, por lo que no hay nadie más que se haga cargo del Imperio creado. Al casarse, tomará el apellido de su esposo y, por ende, el suyo desaparecerá.
El monólogo de Kyouya planteaba un panorama más amplio de la situación. Aún cuando Haruhi no estuviera de acuerdo con esa rivalidad entre apellidos y empresas, podía tener al menos una idea de cómo se sentía la heredera. Indudablemente era mucho el peso que en ese momento estaba llevando y sus amigas sólo trataban de apoyarle, ese duelo era simbólico, sólo queriendo transmitir su apoyo a la familia Kanuzuki, sin importar que su apellido desapareciera.
Las cinco chicas se encontraban sentadas de manera respetuosa en el piso de madera al otro lado del salón, parándose cuando el reloj marcó las cinco en punto, todas ellas usaban la armadura tradicional de su deporte: el bogu. Naomi se dirigió directo a Mori con el arma a un costado y el men en la mano derecha.
-Ya que la ofensa ha sido contra nuestra Capitana, comprenderá que ha sido contra todo el Club, nos enfrentará una a una… –sonrió de medio lado– Sora será su primer contrincante, si le derrota, peleará contra Tamiko, Umiko y Kaede hasta llegar a mí. Si me vence, consideraremos que la ofensa ha sido retirada. Pero si no es así, deberá de limpiarla jurando completa fidelidad al apellido Kanuzuki.
El asombro no se hizo esperar. Las estudiantes del Ouran y miembros del Host Club apenas si podían procesar lo escuchado. Haruhi pensó en todo lo que esa apuesta significaba: perder a Honey. Mori y él eran inseparables, eso nadie podía dudarlo, aún cuando su familia ya no estuviera al servicio de la familia Haninozuka, toda su existencia le era consagrada a su primo, velando por él cada día. Recordó lo mal que se sintió cuando supo que el pequeño rubio tenía caries y se dijo que algo así simplemente no podría soportarlo. Estaba segura de que se negaría cuando oyó su respuesta:
-De acuerdo.
Mori se colocó el men en el rostro y esperó por Sora, quien llegó hasta él con paso sereno. La rubia se puso en posición y el duelo comenzó.
Llevaban ya varios minutos de desarrollo y todo apuntaba a que el azabache perdería, pues se notaba que no estaba concentrado. Honey abrazaba fuertemente a Usa-chan al comprender que algo iba mal, en cualquier otro torneo su primo habría derrotado a esa niña en sólo segundos, pero ahora mismo le estaba dando varios problemas. Sora le hizo caer y estaba a punto de asestar el golpe final cuando la puerta corrediza se abrió y por la misma entró una chica de larga cabellera castaña con dos pequeñas coletas al frente, mirada lila y grandes curvas, en ese momento usaba un karategi con una banda negra. El sonrojo en sus mejillas y su respiración agitada indicaban que había corrido, quedándose clavada en la puerta por unos segundos.
-Ca… pitana… –murmuró Sora, mirándola fijamente.
-De-Deténganse… –logró articular– Por favor…
La rubia no supo cómo reaccionar, pero la otra se acercó lentamente hasta ella, quitándole el arma. Extendió la mano para ayudar a Mori a enderezarse, aceptándola luego de unos segundos. El azabache se quitó el men, quedando frente a frente uno al otro, contemplándose en silencio; por fin, Katara se arrodilló y colocó la frente en el piso, diciendo:
-¡Por favor, perdone esta falta de respeto!
Las demás integrantes del Club al ver esta acción le imitaron, sintiéndose realmente apenadas al comprender que su Capitana debía disculparse por algo que ellas habían hecho.
-¡No sabía que esto iba a suceder! ¡Ha sido sólo un gran malentendido, por favor, perdone la ofensa!
Kyouya comprendió que necesitaban hablar a solas, por lo que pidió amablemente a las espectadoras que se retiraran, llevándose con él a Tamaki y al resto del Host Club, por su parte, las integrantes del Club de kendo también se excusaron. Cuando al fin se quedaron a solas, Katara invitó a Mori al patio para platicar, pues sentía que en ese sitio se ahogaba. Se sentaron en una banca cuando los primeros rayos del atardecer caían sobre ellos.
-No pensé que mis amigas malinterpretaran nuestro último encuentro… –comenzó.
– LA TARDE ANTERIOR –
Llevaba ya dos horas entrenando y parecía ser que su energía no se terminaba, puesto que continuaba tan concentrada como al inicio. El resto de las integrantes del Club le contemplaban admiradas, reposando en un extremo del salón mientras algunas tomaban agua y otras sólo disfrutaban del espectáculo ofrecido por su Capitana. Por fin, después de esa sesión agotadora, se acercó a ellas y les despidió alegremente, esperando verles al día siguiente después de clases. Se cambió en el espacio destinado al Club de kendo y fue hasta la entrada dispuesta a buscar sus zapatillas, los rayos del sol iluminaban el sitio en ese momento. Abrió su locker sólo para encontrar cuatro o cinco cartas de amor, suspirando ante esto, sin leerlas las tiró a la basura. Dio media vuelta para salir pero chocó de frente con otra persona.
-¡Lo siento! ¡No le vi! –se disculpó sonrojada, reverenciando.
No recibió contestación alguna por al menos un par de minutos, por lo que se atrevió a mirar frente a sí, topándose con un alto chico moreno que era el mismo de la mañana, no pudo sino turbarse al notar esto.
El muchacho simplemente le colocó la mano en la cabeza y sonrió levemente, yendo hasta un locker no muy distante, al abrirle una pequeña montaña de cartas perfumadas cayeron a sus pies, procediendo a recogerlas con el mayor cuidado posible. Katara fue hasta él, ayudándole en esta labor.
-Es realmente molesto, ¿no? Tantas cartas de personas desconocidas… –murmuró mientras recogía la sexta.
Le miró tranquilamente, un poco sorprendido por su comentario, sin que esto se reflejara en su rostro. La castaña terminó de juntar las cartas restantes y se las extendió.
-Deberían entender que no es agradable eso… –le dijo seriamente.
-¿Qué no es agradable? –preguntó, mirándole a los ojos.
-Bu-Bueno… –comenzó a tartamudear, sonrojándose– El declararse a alguien sin conocerle, dejándose llevar por el físico… eso no es agradable, ¿no lo cree así?
-¿Entonces te desagradan sus sentimientos? –volvió a inquirir, sentándose en el piso de madera.
-No me molestarían si fueran sinceros. Pero el hecho de decir que te quieren o que incluso te aman sin conocerte, eso lo hace superficial… –desvió la mirada.
-Es más superficial tirar sus sentimientos sin leerlos primero… Se necesita de mucho valor para escribirlos, lo mínimo que piden es una contestación –respondió, parándose y tomando las cartas que faltaban.
El muchacho se echó la mochila al hombro, sobre la tela logró leer el apellido que tantos problemas le había causado desde la niñez: Morinozuka. La castaña no logró moverse por unos minutos, quedándose clavada en el piso mientras se repetía una y otra vez los kanji leídos. Sin embargo, ella no era la única que presenció todo. Metros atrás, cinco sombras observaban en silencio, se miraron unas a otras y asintieron.
– PRESENTE –
-¡En verdad lo lamento! –volvió a disculparse, notoriamente sonrojada– Comprendo que lo dicho por usted en esa ocasión era cierto, no debería rechazarlos sin antes terminar de escucharlos, ni desechar sus cartas sin haberlas leído primero. Me he comportado como aquello que detesto.
-"Detestar" es una palabra fuerte… –murmuró– En esta vida hay muy pocas cosas detestables. Yo detesto tu ceño fruncido…
El azabache tomó una flor que crecía en el arbusto detrás de ellos y la cortó, colocándosela en el cabello. Katara se sonrojó repentinamente por la cercanía inesperada.
-Es mejor cuando la gente sonríe.
El chico se paró, dispuesto a retirarse. Katara también se levantó impulsada por un resorte, contemplando su espalda.
-¡MORINOZUKA TAKASHI! –le gritó, deteniéndole, esperando que volteara a verla– ¿Sabes quién soy?
-Katara, la Capitana del Club de kendo… –contestó calmadamente, como si fuera lo más obvio.
-Me… me refiero a mi familia… –volvió a inquirir.
-¿La familia Kanuzuki? –le miró fijamente– Sí, sé quién es, pero eso no me dice nada de ti. Si tuviera que conocerte, sería por tus acciones y pensamientos, no por tu apellido.
Sus propias palabras regresaron a su mente en ese momento: una persona que no juzgara por la apariencia. Mori-kun realmente era ese tipo de persona. Sin importar cuánto había repercutido ese apellido en el pasado, en su formación, en su deseo constante de superarse e incluso de derrotarlo, en ese momento todo parecía tomar otro rumbo. Ya no quería enfrentarse a unos kanji, ya no quería estar a la expectativa de los deseos de su abuela, la única familia que le quedaba en ese momento, ella haría que el apellido Kanuzuki adquiriera un nuevo significado para todo Japón, demostraría que no serían relegados al olvido.
A Haruhi no le sorprendió que días después de esa conversación Katara y Mori comieran juntos en la cafetería; en realidad, pensaba, el carácter calmado y sereno del segundo se complementaba con la alegría y entusiasmo de la primera, prueba de ello era el concurso de karaoke al que había invitado a participar a los Host y, como siempre, Tamaki aceptó por todos inmediatamente. En esos momentos se encontraban en la casa de la castaña (quien, por cierto, también había descubierto su secreto), escuchando una suave melodía interpretada por Kyouya. Al terminar su participación todos le aplaudieron, en especial su mejor amigo, quien no paraba de gritar entusiasmado.
-¿Quién sigue ahora? –preguntó Katara, micrófono en mano.
-Hikaru, Kaoru, deberían ir ustedes, estoy seguro de que nos divertiremos mucho –sonrió el rubio.
-Paso… –avisó Hikaru, saliendo por la puerta seguido de Kaoru.
-Sólo está un poco cansado… –justificó infantilmente King– En ese caso, creo que es mi turno.
Haruhi sabía que las cosas estaban empeorando. Ya se había cansado de las actitudes de esos dos, por lo que fue a buscarles, encontrándolos en el pasillo. Estaba a punto de pedir una explicación cuando escuchó algo que llamó su atención.
-¡Deberías cambiar ese rostro! ¡Los demás están muy preocupados por ti! –recriminó Kaoru.
-¡No pidas cosas que no puedo hacer! –gritó molesto el otro.
-Han pasado años de eso, ¿acaso no puedes dar vuelta a la hoja? Ni siquiera cuando esa sirvienta se marchó en la noche te deprimiste tanto, y tú mejor que yo recuerda sus palabras y lo mucho que nos dolieron.
-¡Sabes el porqué estoy así! ¡Mizuki jamás me confundió contigo! –se exaltó.
-¡¿Y qué hay de Haruhi?! ¡¿Acaso ella no cuenta?!
-¡Haruhi no es mi novia! ¡Nunca lo ha sido! ¡Mizuki, sí!
-¡Eso es pasado! ¡Ustedes terminaron, compréndelo de una vez! ¡Ella está comprometida con Kakeru! ¡No puedes cambiar eso!
-¡Ya lo sé! Es sólo que… es sólo que… –se recargó en la pared, dejándose caer lentamente.
-Hikaru… ¿tú… aún la amas? –se sentó a su lado, quebrándose su voz.
-Yo… –murmuró– No lo sé…
En ese momento fue como si algo se rompiera dentro de ella…
¡Por fin he terminado este capítulo! Luego de que mi lap estuviera secuestrada por mi familia con todos mis archivos dentro, hube de esperar pacientemente. La imagen que ilustra este capítulo es de la Segunda Temporada de Kami nomi zo Shiru Sekai, el personaje se llama Kasuga. Yo sé que querrán matarme luego de leer esto, pues parecía que finalmente las cosas iban mejorando entre esos dos. Se aceptan aplausos, tomatazos, críticas constructivas, reclamos y sugerencias, jeje. ¡No se olviden de comentar!
