Disclaimer: Los personajes de DBZ no me pertenecen, sino a su creador Akira Toriyama.
EL PROBLEMA
Capítulo #14: Renacer
—¡Muy bien, Videl! Ya casi lo logras.
El muchacho alentaba animado a su compañera, mientras veía cómo la ráfaga de viento se volvía más potente bajo sus pies
Ya habían pasado algunos días desde que Gohan y Videl habían puesto en confrontación sus verdades. Él, sintiéndose aliviado por saber que la chica había quitado de su mente la idea que lo dejaba como asesino, había dejado en el olvido sin rencores la acusación de Videl; ella, decidió partir desde cero su relación con Gohan, y para ello, utilizó como excusa que él debería seguir entrenándola como lo había hecho con anterioridad.
—No creas que he olvidado que no me has enseñado a volar por los cielos.
—¿Qué?
El primogénito de Gokú se mostró desconcertado ante las palabras de Videl. Momentos antes estaba pidiéndole disculpas, y ahora mientras se preparaba para regresar a su casa, parecía querer retomar las riendas.
—Desde mañana vendré a tu casa para que me enseñes a volar, no acepto un no como respuesta.
—Pero…
—Nada de peros, tú me prometiste que me enseñarías a volar. Debes cumplir al menos que quieras que todos se enteren que puedes volar.
Gohan pestañeó repetidas veces, no lograba comprender a la muchacha. Solo podía dar una explicación lógica a su comportamiento: era mujer, y las mujeres eran un misterio sin resolver para él. Sin embargo, un gesto, un simple ademán lo cambiaría todo.
Volteó hacia él sonriendo de medio lado con determinación. Para Videl, el hecho de haber admitido su error, no significaba que de un momento a otro se transformaría en la afabilidad hecha ser humano, al menos no con Gohan. Es por eso que recurría a aquella rudeza adquirida, a su escudo para no sentirse vulnerable.
Gohan entendió aquel gesto como una forma de reconciliación entre ambos. Correspondió con amabilidad su sonrisa y la vio partir.
Ahora estaba allí entrenando. Él, animando a su compañera; y ella, demostrando su capacidad y tenacidad que ahora la tenían en sus primeros diez centímetros de distancia del suelo.
—¿Viste eso, Videl? Es fantástico, ya lograste alejarte del suelo. Solo con un poco más de entrenamiento podrás volar sin problemas.
La hija de Míster Satán se sentó en el césped mientras bebía agua de una botella que tenía junto a ella.
—¿Cuánto tiempo crees que tarde todo eso? —cuestionó suspicaz restándole importancia a la animosidad de Gohan.
—Eso dependerá de cuánto tiempo le dediques al entrenamiento. Pero ahora que ya puedes elevarte, a decir verdad, no creo que sea mucho.
—Bueno, entonces continuemos.
De ese modo avanzó la mañana. Videl de forma progresiva logró distanciarse cada vez más del suelo. Y su confianza en que pronto estaría volando igual o incluso mejor que Gohan por los cielos, también aumentaba a cada instante.
Pero a la vez que su técnica mejoraba sus energías se agotaban. Es por eso que sus deseos por un descanso cobraban mayor constancia.
Y ahí estaban ahora, ambos sentados sobre la hierba, alumbrados por el sol que desde las alturas entregaba no solo su luz, sino también su calor que comenzaba a volverse sofocante.
—Un descanso te hará bien. Si bien aún no puedes volar, me ha sorprendido mucho tu avance —el muchacho seguía alentando a su compañera.
Ella solo sonrió débilmente entre jadeos.
—Tengo una duda —pronunció pensativo ahora el muchacho —¿Cómo fue lograste dominar esos ataques de energía que utilizaste aquella vez? Eso no te lo enseñé yo —inquirió curioso.
La muchacha sonrió de medio lado, sintiéndose orgullosa. Aparentemente había logrado sorprender a Gohan con aquel descubrimiento.
—¿Por qué? ¿Acaso quieres que te lo enseñe a cambio de enseñarme a volar por los cielos? —pronunció mordaz— Esa es mi técnica secreta, no te la enseñaré —añadió interesante.
—No, no es que quiera que me la enseñes, es solo que…
—¿No me digas que ya la conocías? —gruñó exaltada— ¿Y no pretendías enseñarme eso también? ¡Dime, Gohan! —reclamó.
—No, no conocía esa técnica —mintió nervioso —Solo quería saber cómo lo lograste.
—Eso no es algo que te interese —contestó indiferente, mientras recordaba cómo había descubierto azarosamente aquel ataque.
Cada encuentro con Gohan habían hecho menos reprimibles sus deseos de abalanzarse sobre él y gritarle a la cara todo lo que sabía. Fue por eso que decidió entrenar en solitario. Al menos hasta poder controlar su ki.
No podía hacerlo en la mansión de su padre; deseaba mantener sus prácticas en secreto hasta que ya dominara del todo la técnica. De tal manera, junto con la alborada, sobrevoló la ciudad en su nave. En cuanto encontró un terreno aislado de la urbanidad, aterrizó para continuar con su entrenamiento en solitario, pues no regresaría a Montañas Paos sin antes haber visto su ki entre sus manos.
Ya liberada del peso de la presencia del semi saiyajin, Videl sintió que podría concentrarse en su entrenamiento. El día anterior había adquirido las instrucciones de lo que debía hacer para lograr dominar su ki. De tal manera, ahora solo debería insistir hasta conseguirlo.
Estuvo allí todo el día intentándolo. Lo más que lograba ver era un resplandor en sus manos que se apagaba al instante. Sus esfuerzos parecían vanos, ya comenzaba a impacientarse. Mientras sus energías se agotaban, su irritación iba en aumento. Irritación que pronto la haría estallar.
—¡No! —prorrumpió mientras separaba sus manos, que antes próximas una a la otra buscaban dejar a la vista su propio ki.
El arrebato hizo que su poder emanara violentamente desde una de sus manos, yendo a parar sobre una roca, la cual se destrozó en medio de una explosión.
Videl observó atónita la escena. Ella había hecho estallar una roca con su energía interior. Renovó sus ánimos por continuar.
—Está bien. De todos modos te aconsejo que no la utilices para atacar a las personas, es muy peligroso y podrías matar a alguien —ella sonrió burlesca.
—Claro que eso no pasará, tú estás vivo ¿no?
—Sí, pero puede ser que alguien más no tenga mi misma suerte.
Ella solo guardó silencio.
—Esta niña sí que es terca. Debo hacerle entender que no puede ir lanzando energía a quién se le antoje o podría tener graves consecuencias —reflexionó preocupado.
—¿Videl? ¿Qué estás haciendo aquí? —el curioso susurro infantil llamó la atención de la pareja.
—Goten —habló su hermano mayor.
—Pensé que ya no eran amigos. Hermano ¿ya le perdonaste que te haya golpeado?
—¿Le contaste eso, Gohan? —recriminó la ojiazul.
—¡No! Fue Goten quien lo supo porque estábamos entrenando justamente antes de que eso ocurriera.
—Entonces ya son amigos de nuevo —insistió el pequeño.
—Sí, Videl es una amiga —confirmó Gohan— Ella es hermana de Mei y …
—¿Es hermana de Mei? ¿Es eso cierto? —inquirió sorprendida la pequeña réplica de Gokú.
Videl solo asintió sonriendo amable.
—¡Yo la quería mucho! ¡Siempre jugaba conmigo y Gohan! Era muy amable conmigo —expresó feliz —Me dio mucha pena cuando supe que se murió —añadió cabizbajo —¡Pero ahora estás tú aquí! ¿Vas a jugar conmigo? —inquirió entusiasta.
—Bueno, yo …
—¡Dime que sí!
Gohan advirtió que Videl se sentía incómoda ante las peticiones de su hermano. Era cierto que Meiko y Videl compartían un vínculo sanguíneo, pero no era motivo suficiente para que ellas tuvieran el mismo comportamiento. Es más, sus diferencias estaban a la vista.
—Goten ¿a qué viniste? —inquirió el mayor de los Son para desviar la atención de su hermano.
—Mi mamá me dijo que te buscara porque es hora de comer.
—Es cierto, ya es hora de almorzar —reflexionó en voz alta, Gohan —Entonces vamos. Videl, tú también vendrás con nosotros.
—Está bien.
[…]
—Gohan, que bueno que llegaste, la comida ya está servida —expresó la madre del muchacho con amabilidad mientras terminaba de depositar jugo en uno de los vasos que descansaban sobre la mesa.
—Mira mamá, tenemos una visita —irrumpió el menor de los Son.
La mujer volteó curiosa en dirección de los muchachos; sin embargo su expresión despistada se tornó repentinamente grave al ver junto a ellos a la muchacha.
—Gohan ¿quién es esta niña? —interrogó con desconfianza.
—Mamá, ella es Videl; mi compañera de clase a la que le estoy enseñando a volar.
—Entonces ella es la niña que te golpeó —concluyó furiosa.
—Señora yo…
—¡No mamá…! —intervino espantado Gohan.
—¡Por qué le hiciste eso a mi hijo! ¿Acaso pretendías matarlo? —recriminó furibunda.
—Mamá, tienes que escucharme —expresó atolondrado Gohan.
—Y tú no la defiendas —prorrumpió ahora la mujer a su hijo— Si ella se atrevió a hacerte daño no merecerá compasión —añadió ahora mientras se ponía en posición de combate.
—Mamá, por favor, no lo hagas —Gohan no podía más que vacilar ubicándose entre ambas mujeres.
Por una parte, sabía que la furia de su madre no se vería aminorada hasta haber hecho justicia por su hijo; y por otra, advertía la imposibilidad de Videl de hacerle frente a la mujer por el sentimiento de culpa que ya arrastraba. Es por eso que debía hacer algo. ¿Pero qué?
—¡No mamá! —la voz infantil de Goten detuvo el actuar de la mujer —No le hagas daño —añadió abrazando una pierna de la joven. Ambas mujeres observaron perplejos al infante.
—¿Qué? Goten, ¿tú también la vas a defender? Pero fuiste tú quien me dijo que ella había peleado con Gohan.
—Me equivoqué, mamá. Ella no lo hizo.
—¿Y cómo puedes estar tan seguro de eso?
—Ella es hermana de Mei, no lo haría —aseguró inocente el infante. Videl observó conmocionada al pequeño.
— ¿Qué? ¿Ella es hija de la maestra de Gohan? …
—Así es, madre —confirmó, Gohan.
—Mucho gusto, señora —saludó intimidada la ojiazul.
Nada sabía en cuanto a la información que poseía Milk respecto a la confusión que tenía a su hijo como protagonista. Pero su exaltación al tener en frente a la agresora de Gohan, le daba una idea muy clara de cómo se comportaría si supiera que ella acusaba al muchacho de asesino.
Lo que siguió, fueron segundos cargados de silencio en los que la viuda de Gokú examinaba inquisitivamente a la muchacha. Primero su expresión revelaba curiosidad; claro, casi olvidaba que la maestra de Gohan alguna vez le comentó que tenía una hija más. Pero era evidente que no prestaría mayor interés a esa información, pues la dueña de sus inquietudes siempre fue Meiko, la niña que pretendía quitarle a su querido hijo Gohan. Además, aunque se hubiese encontrado a Videl en algún lugar, jamás la habría reconocido como hija de la mujer, pues sus facciones no tenían similitud alguna con las de ella, al contrario de lo que ocurría con Meiko.
Por otra parte, desde que se enteró de la muerte de la muchacha, la maestra de Gohan jamás regresó a realizarle clases particulares al muchacho. Milk creyó que una vez que la mujer se acostumbrara a vivir con el dolor de la pérdida regresaría, pero eso jamás ocurrió. La viuda de Gokú sabía muy bien qué era perder a un ser amado, por eso confió en que la mujer sobrellevaría la eterna ausencia de su hija, pero se equivocaba, la mujer de Míster Satán no era tan fuerte.
—Tu madre ¿cómo está tu madre? Hace muchos años que no sé de ella —preguntó repentinamente la mujer.
—¡Mamá! — intentó en vano, Gohan, advertir a su madre lo desafortunado de aquella pregunta.
—Está bien —intervino la ojiazul dirigiéndose a su compañero— Ella está muerta.
—¿Cómo? ¿Muerta? ¿Pero cómo es posible eso?
—No logró superar la muerta de Meiko, se enfermó y al poco tiempo nos dejó.
—Es una pena, lo siento mucho—manifestó la mujer.
Segundos más tarde, recordó que la comida esta sobre la mesa, entonces decidió dejar de lado las hostilidades hacia la muchacha. Si era violenta, seguramente eso era culpa de la ausencia de su madre, y por eso había actuado así con Gohan. Claro, el solo pensar en cómo sería la vida de sus hijos sin ella le producía escalofríos, con Gokú como guía de vida, Gohan y Goten serían unos rebeldes, eso era innegable. Y por eso podía entenderlo la situación de la chica.
La muchacha se desplazaba dichosa por el aire, sintiendo con plenitud como el viento empujaba sus cabellos hacia atrás y la adrenalina de la velocidad a la que se desplazaba. Aquella sensación de completa libertad era algo novedoso que parecía activar del todo su ser. Una sonrisa jovial surcó de lado a lado su rostro. Gohan a la distancia observaba asombrado a la muchacha, jamás creyó que ella fuera poseedora de una expresión tan arrojada y capaz de entregarse al momento. Hasta aquel entonces, la desconfianza y la astuta contención la habían caracterizado. En los labios del joven se dibujó una sonrisa serena, podía confiar en que Videl saldría adelante y dejaría atrás la hostilidad que había dominado su carácter.
Minutos más tarde, la joven aterrizó junto a Gohan. En medio de jadeos secó el sudor de su frente con el dorso de su mano, ante la mirada entusiasta del mayor de los Son.
—¡Así se hace, Videl! ¡Ya puedes volar por los cielos a tu voluntad, te felicito! —congratuló honesto.
La muchacha correspondió en una sonrisa tímida por el halago de su compañero que al parecer se había llevado una gran sorpresa con su capacidad.
—En tan solo unos días lograste dominar la técnica del vuelo a la perfección. Me dejaste realmente sorprendido. Ya no será necesario que te enseñe nada más.
—¿Lo dices en serio?
—Por supuesto, ya puedes volar sin problemas. Solo debes practicar para mejorar la resistencia, pero para eso no me necesitas.
—Qué alivio —pronunció en medio de un suspiro— Porque a partir de la próxima semana comenzará el periodo de exámenes, así que comenzaba a preocuparme por el poco tiempo del que dispondría si necesitaba seguir viniendo a entrenar a tu casa— comentó mientras se sentaba sobre el césped.
—¿Qué dices? ¿Período de exámenes? ¿Es verdad eso? — inquirió el semisaiyan en un susurro agónico.
—¿Qué esperabas, Gohan? Te ausentaste mucho tiempo a la escuela, era normal que esto ocurriera—expresó casual.
—Tienes razón, creo que es hora de regresar a la preparatoria—musitó meditativo.
—Más te vale que regreses pronto, para que puedas ponerte al tanto de las materias.
—Sí, mañana regresaré—respondió con determinación.
—Si quieres puedo ayudarte—propuso mientras se ponía de pie.
—¿Qué? ¿Quieres ayudarme? —masculló curioso.
—Claro que sí. Tú me enseñaste a volar por los cielos y no quiero quedar en deuda contigo. Así que te exijo que me permitas ayudarte a estudiar para los exámenes.
Aquello más bien sonaba a una sentencia muy bien sustentada en el brillo intenso de sus ojos azules que reflejaban agradecimiento y sentido del honor. Aquello no fue difícil de ser discernido por Gohan, que al ver la mano extendida de la pelinegra, acompañada de un ¿trato hecho?; estrechó correspondiendo.
—Trato hecho.
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO HAYA SIDO DE SU AGRADO.
N/A: Hola! Paso para disculparme por la tan extensa demora (al menos para lo que estábamos acostumbrados a esperar de este fanfic), pero tuve una avalancha de evaluaciones que no me permitieron ni pensar en avanzar, pero ya me hice un tiempo y aquí está lo que prometí. Saludos y muchas gracias por la paciencia c:
Mis agradecimientos especiales a Vanessa NekoChan, Usuario865, Guest, Majo24, Guest, ScarDreamer, Guest, aira240302 y a Fabiola.H.J por sus comentarios c:
