Juntos, como en los viejos tiempos, Dean y Castiel regresaron a la casa del cazador. Tenían muchas cosas de las que hablar y por lo que parecía, Castiel tenía que ponerlo al día sobre un par de cosas. Allí los esperaban Sam y Lindsay, siempre juntos desde hacía dos días. Carolina estaba sentada en el sofá y a sus dos lados dormían sus hijos.

Castiel miró a todos sorprendido.

"Por si no te diste cuenta hace diez años, formas parte de mi familia y todos te queremos ayudar." En silencio Sam asintió, aquello le recordaba a los viejos tiempos, antes de morir, antes de sacrificarse por toda la humanidad, cuando Dean, Castiel formaban un equipo, algo extraño pero un equipo al fin y al cabo.

Lindsay observó a Sam, parecía tan distinto al chico que había conocido en el hospital. Tal vez fuera cosa de aquella vida anterior, de la que apenas le había contado nada; pero la joven enfermera sabía que el chico escondía mucho más de lo que había contado. Esperaba que algún día se sintiera con fuerzas para decirle quien era y que había hecho como cazador, pues todavía no comprendía muy bien lo que ese término significaba.

Por su parte, Dean miró a Carolina. Su mujer había pasado por mucho durante los últimos días, incluso él todavía no se había hecho a la idea de tener un tercer hijo, pero para su mujer sin duda alguna había sido mucho peor; pues acababa de descubrir la verdadera identidad del hombre con el que se había casado y al que estaba segura de querer. Dean tan sólo esperaba que ella no le odiara por haberle ocultado todo aquello.

La pequeña Elisabeth se despertó bostezando. Abrió los ojos pardos y vio a Castiel delante de ella mirándola.

"Tío Cass." Dijo contenta, se levantó, se alejó de su madre y se lanzó a los brazos de ángel, frete a la sorpresa de sus padres y de Sam. "Que bien que has vuelto. Papá decía que igual no te encontraba." La niña se acurrucó entre los brazos del ángel y Castiel la levantó en el aire.

John también se despertó al escuchar la voz de su hermana y de la misma forma que lo había hecho la niña, dejó a su madre en el sofá y fue hasta Castiel. Rodeó con sus pequeños brazos la cintura del ángel.

"Cass, no es que me importe lo mucho que te quieren mis hijos, pero ¿podrías decirme porque motivo te conocen como si les hubieras estado contando un cuerpo para dormir todas las noches?" Preguntó Dean totalmente descolocado.

"El tío Cass viene todas las noches a vernos." Puntualizó John a su padre, como si aquella pregunta fuera la más obvia y sencilla de responder.

Dean miró a su amigo. hacía tiempo que no había sabido nada de Cass, casi desde que Sam había muerto y Dean se preguntó si sería cierto que el ángel hubiera estado vigilando el bienestar de sus hijos. Castiel sonrió, desconcertando todavía más a Dean, pues ese era un gesto que el antiguo cazador no veía muy habitualmente viniendo de su amigo; ahora realmente parecía un ser humano de verdad.

"Venga chicos, que tal si nos vamos a la cama, que ya es muy tarde para vosotros ya veis que Castiel está bien." Los dos niños le dieron un beso en la mejilla al ángel, con el mayor cariño posible y tras dar la mano a su madre, se marcharon a sus dormitorios.

Un momento antes, Carolina lanzó una furtiva y mirada a Dean, con una mezcla de sorpresa e incredulidad por lo que le habían contado sus hijos mientras esperaban la vuelta de Dean y Castiel.

- o -

"¿Conocíais a Castiel?"

La niña asintió, mientras comía el sándwich de pavo que le había preparado su madre para cenar.

"¿Tu no conocías al tío Cass?"

"¿Por qué tendría que conocerlo? Nunca ha venido a casa."

Los dos niños dieron sendos mordiscos a sus cenas, se miraron con sorpresa, pues no tenía ningún sentido lo que estaba diciendo su madre. Los dos conocían perfectamente a Castiel, no recordaban un solo día de su vida en el que su tío no había estado con ellos, no les hubiera dado las buenas noches o como en el caso de Elisabeth, no hubiera impedido que cayera de un árbol.

"El tío Cass siempre nos da las buenas noches, aunque nos dice que no os digamos nada, porque papá se pondría triste. No se porque dice eso, porque nos ha contado que son muy buenos amigos. Dice que le gustas mucho, que Dean hizo bien al casarse contigo. ¿Por qué ha dicho eso mamá?"

Elisabeth hablaba con tal naturalizad de Castiel, que a Carolina le hacía gracia. Para sus hijos era cierta la antigua frase, que decía que todos tenemos un ángel guardián, pues ellos lo habían tenido desde el momento en que habían nacido y sus propios padres nunca habían tenido ni la más remota idea.

"Castiel conoce a tu padre desde hace mucho más tiempo que yo y a veces pienso que lo conoce mejor que yo." Carolina suspiró, ahora que conocía la vida que había tenido Dean antes de conocerla a ella, se preguntaba si realmente conocía a su marido. "Pero no os preocupéis, estoy segura que Castiel siempre intentará hacer lo mejor para vuestro padre y para vosotros."

Besó en la frente a su hija y retiró los platos vacíos de los chicos.

"El tío Cass nos ha contado muchas historias. Sabe muchas leyendas, como nos dice él." John siempre perspicaz, hacía mucho que sospechaba que las historietas que les contaba el tío Castiel, eran más verídicas de lo que el ángel quería hacerles creer. "Seguro que papá también sabe muchas cosas interesantes, ojalá nos las cuente algún día."

"Seguro que os las contará. Pero decidme, ¿Qué es lo que sabéis del tío Castiel? Si es un secreto no hace falta que…

"¿El tío Cass es un ángel?"

Carolina se quedó parada de improviso al escuchar aquella pregunta por parte de su hijo. John era sincero siempre, cualquier duda, cualquier cosa que le rondara la cabeza o la pregunta más difícil la hacía sin dudar. Elisabeth por su parte, algo más reservada, prefería observar primero, intentar averiguar las cosas por si mismo y cuando por fin, agotada y sin conseguir nada, no consiguiera averiguar la respuesta, entonces se decidía a preguntar.

"Claro que es un ángel, ¿es que no has visto las alas? Aunque no son blancas como hemos visto en los libros. El tío Cass tiene las alas negras y son enormes." Dijo la niña ilusionada en sus palabras, alargando los brazos todo lo que pudo para simular lo que medían las alas.

Carolina se preguntó en ese momento si los niños habían escuchado hablar a los mayores durante aquellos días, pues por lo poco que conocía, pero estaba segura que el propio Castiel no les habría dicho así como así que era un ángel, pues sabía o al menos había supuesto que los niños no lo hubieran comprendido. Si ella no era capaz de entender lo que significaba tener a ángel como el mejor amigo de su marido, no creí que los niños lo fueran a comprender.

Pero los dos niños la miraron, sin entender porque los miraba con tanta sorpresa.

"¿Tu no sabías que el tío Cass era un ángel? A nosotros no los ha dicho, seguro que quería que lo descubriéramos solos, como si fuera una prueba."

Elisabeth, John y su madre fueron al salón y se sentaron en el sofá. Carolina no le quitaba la vista de encima a los niños, pues empezaba a pensar que no los conocía en realidad, igual que estaba descubriendo la verdadera vida de su marido.

"¿Crees que deberíamos decírselo, que ya sabemos que es un ángel?" John miró con ojos atentos y hambrientos, del mismo color verde intenso que su padre. "Seguro que se pone muy contento."

"¿Sabéis lo que os digo? ¿Por qué no dejáis que sea el propio Castiel el que os lo diga? Creo que le gustaría contaros toda su historia, pero será mejor dejar que lo haga él cuando esté preparado."

"¿Preparado?" Preguntó John al mismo tiempo que se acurrucaba contra su madre y bostezaba.

"El tío Cass va a volver ¿verdad?"

Elisabeth se mantuvo seria, esperando la respuesta de su madre. Quería a Castiel como sólo quería a su hermano y a sus padres, incluso ahora que acababa de descubrir que tenía un tío del que su padre tantas veces le había hablado y que resultaba ser vivo, todavía no había aprendido a quererlo de verdad. Le apreciaba y empezaba a ver que realmente se parecía a su padre, pero aún así era extraño verle con vida, aunque a su edad todavía no comprendía exactamente lo que vida y muerte significaba.

Dean se había encargado de eso, por nada del mundo quería que sus hijos tuvieran una vida como la suya. Siempre había tratado de evitar que sus hijos sufrieran y mucho menos quería que descubrieran lo que significaba la muerte antes de tiempo.

Por eso cuando había llegado el momento de hablarle sobre Sam, Dean había tenido mucho cuidado de no decirles como había muerto, aunque hubiera sido por salvar a toda la humanidad, aunque su sacrificio pudiera ser algo muy importante para el futuro de sus hijos.

Simplemente les había contado las aventuras que habían vivido, como si de cuentos de aventuras o miedo se tratara, nunca como algo real, nunca como algo por lo que sus hijos pudieran tener miedo realmente a la hora de irse a la cama, o por lo que quisieran tener un arma para protegerse por las noches.

Carolina y los niños eran lo más importante en su vida desde que había perdido a Sam y protegerlos, tanto de los peligros físicos, pero sobretodo de los peligros que no se podían ver, de la obligación de hacer algo, de estar predestinados a algo, como le había ocurrido a él o simplemente a acostarse con las luces encendidas porque algún monstruo fuera a por ellos.

Así, pese a lo que ahora podía pensar Sam, ahora que estaba vivo, el tío Sam, se había convertido en poco más que una leyenda, un cuento para los niños y menos una persona real y que había tenido una vida como la de su hermano. Se odiaba por eso, pero prefería mentir o no contar la verdad a los niños, antes que hacerles entrar en el mundo que él había crecido, sin haberlo deseado.

Por eso, Castiel era mucho más que un familiar para los niños, era alguien que los protegía, que los quería, a su manera, pues no era fácil conseguir que el ángel mostrara sus sentimientos y que estaba allí para ellos, tanto como sus padres. No había sido un shock saber que se trataba de un ser sobrenatural, de un ángel nada menos, simplemente era alguien con el que habían crecido.

"El tío Sam volverá." Dijo finalmente Carolina.

No había conseguido que los niños se fueran a la cama, pues estaban empeñados en ver regresar a Castiel. Se acomodaron cada uno a un lado de su madre y se quedaron dormidos, hasta que Dean y Castiel regresaron.

- o -

"¿Así que has estado viniendo a mi casa durante todos estos años y no me has dicho nada? ¿Poruqe has hecho eso Cass?" Dean, por mucho que lo intentaba, no conseguía comprender porque su amigo se había comportado así. ¿Por qué?"

"No te hubiera venido nada bien verme Dean. al fin y al cabo soy una de las razones por las que tu hermano murió. No fui capaz de salvarlo, soy un ángel y no pude hacer nada por evitar que se sacrificara."

Un ruido fuera de la casa, hizo que Dean no tuviera tiempo de protestar. Los dos, al mismo tiempo que Sam y Lindsay, miraron por la ventana, cuando un fuerte resplandor les cegó. De nuevo, un ruido atronador los descolocó, no podía ver nada y ahora los oídos les chillaban.

Castiel permaneció mirando, pues al fin y al cabo eso no le molestaba, vio entre la luz una sombra y vio que levantaba la mano hacia ellos. el ángel sabía lo que iba a ocurrir; miró a sus tres compañeros, no podía protegerlos a todos lo que estaba a punto de pasar.

Empujó a Dean al suelo justo cuando una bola de energía invisible era lanzada por la sombra hacia ellos. Sam y Lindsay fueron lanzados al fondo de la habitación, junto con decenas de cristales que salieron disparados contra ellos.