Los personajes de Twilight no me pertenecen, y la historia tampoco, es de Cella Ella; solo me adjudico la traducción, la cual la hago con el respectivo permiso de la autora.

Hola, bienvenid s a ese nuevo capítulo, disfrútenlo.


Capítulo 14 — El viaje

Bella's POV

Pasé el resto de la tarde caminando de un lado para otro, esperando el momento en que Charlie regresara a casa. Miraba el reloj, segundo a segundo, a punto de tener un ataque de tanto esperar. Al fin, cuando el reloj marcó las 7:30 de la noche, oí el ruido de la patrulla de Charlie entrando en la acera, y sabía que era el momento de la confrontación final.

Tenía un discurso ensayado, en caso de que papá intentara no dejarme ir. Si Charlie se atrevía a impedir que fuera al viaje, iba a recurrir al chantaje.

Salté en el sofá apenas oí la voz de Charlie llamarme.

—Bells, estoy en casa.

—Estoy aquí, papá —dije, mirándolo atentamente.

¿Cómo estará mi papá? ¿Será que su día fue muy estresante? ¡Oh Dios Mío, por favor, que Charlie no esté de mal humor!

—¿Todo bien, Bells? —preguntó, quitándose el cinturón con el arma y las esposas.

—Humm… todo… b-bien —tartamudee, más nerviosa que nunca. Era ahora—. ¿Papá, será que… que… que…? —las palabras estaban reusándose a salir de mi boca.

Ah, mierda, era tan valiente, tan valiente para algunas cosas, ¿Por qué no podía tener valentía justamente ahora que más lo necesitaba?

—¿Algún problema, Bells? —Charlie preguntó mientras se encaminaba a la cocina.

—Sí, papá, digamos que es un problema. ¿Podemos charlar? —sisee, sentándome en una silla, muriendo del miedo de desmayarme.

—Claro, Bells. ¿Qué pasó? —Charlie se sentó en frente de mí y sabía que ahora no tenía manera de huir de esa charla. Maldecí bajito, maldiciendo a Edward hasta su décima generación. Él era el maestro en colocarme en situaciones embarazosas.

—Papá… es que…, bien, papá, es que los tíos de Edward… bien… —Pasé las manos por mi cabello, varias veces, casi arrancándome las hebras.

—¿Isabella, que estuviste haciendo? —Charlie me miró atentamente, su voz estaba cargada de preocupación.

¿Mi papá quién pensaba que era? Era verdad que no era un modelo de hija, pero creo que merecía un voto de confianza.

—¡No hice nada, papá! Carlisle y Esme me invitaron a ir con ellos y la familia a un viaje de dos semanas a California. ¿Puedo ir? —dije de una sola vez, con el temor de no conseguir pronunciar esas palabras.

Solté un largo suspiro mientras todo lo que oía era el cantar de los grillos en el jardín. Odiaba cuando Charlie se enmudecía de esa manera, el ambiente se asemejaba a una película de terror, era torturante.

—¿Papá? —llamé, mirando a Charlie de forma preocupada. Dios Mío, ¿Está respirando?

—Hum, ¿un viaje? ¿A un estado que queda a kilómetros de aquí? ¿Con tu novio adolecente lleno de hormonas alborotadas? Bien, que puedo decir: ¡NO! —Charlie ahora me miraba, su voz era firme y un poco áspera.

Sabía que esta conversa no sería fácil.

Respiré profundo, entrelazando las manos sobre la mesa, dispuesta a un enfrentamiento de palabras. Allá vamos.

—Bien, papá; creo que ya no soy ninguna niña para no saber la diferencia entre lo bueno y lo malo, ¿verdad? Sé muy bien cuidarme y usted lo sabe. Entonces, ¿por qué no me deja ir? En primer lugar no iré sola, tampoco iré solo con mi novio-adolecente-lleno-de-hormonas-alborotadas. Además de eso, ¿usted quién cree que soy? Por el amor de Dios, papá, ya estoy demasiado grande para saber cómo comportarme —sisee, ahora llena de valentía.

Tenía que ir a ese viaje de cualquier manera, no me atrevería a dejar a Edward solo en un lugar asoleado, lleno de pirañas en biquinis diminutos, contoneándosele. ¡Eso nunca!

—Bells… —Charlie intentó hablar pero lo interrumpí, no podía dejarlo contra argumentar.

—Mire, papá, sé que está preocupado por mí, sé que eso es normal, pero creo que debería confiar más en mí. Sé que siempre fui una hija rebelde y todo lo demás, pero nunca en la vida mi rebeldía fue usada para irrespetarlo. Quiero mucho ir a ese viaje, no voy a soportar pasar dos semanas encerrada en casa, sin tener nada que hacer. Entonces, se lo imploro, ¡déjeme ir! —dije rápidamente, lloriqueando, Charlie necesitaba ver cuán desesperada estaba. En el caso de que no funcionara, tendría que usar el plan B.

—Bien, Bella. —Charlie comenzó al ver que no diría nada más—. Creo que dijiste todo lo que tenías que decir, ¿verdad? Ahora es mi turno.

—Soy toda oídos, papá —sisee, jugando con mis dedos encima de la mesa de madera.

—Querida, en primer lugar, nunca dije que no confiaba en ti; por el contrario, siempre supe que eres una chica responsable, así, con toda y tu rebeldía nata. Pasa que no confío en él, en tu novio. Bells, soy un hombre y sé cómo es esa etapa en la que ustedes están viviendo. Tengo miedo de que pase algo entre ustedes que acarree problemas a futuro, ¿entiendes? —Charlie murmuró, visiblemente incómodo con la conversa, y yo, no lograba creer lo que oía. ¿Mi papá iba a comenzar a hablarme sobre sexo? No, no lo iba a soportar—. Bella, sé que tú y tu novio sienten una necesidad muy grande de estar juntos y sé que eso es casi insoportable, pero tienes que entender que no es así como funcionan correctamente las cosas, tiene que haber cierto límite, y creo que ese viaje con la familia de Edward sobrepasa ese límite.

—Papá, ¿usted tiene miedo de que tenga sexo con Edward? —pregunté, incapaz de contenerme.

Vi a Charlie sonrojarse de vergüenza y después encararme, demasiado serio.

—Sí, Bella, es eso; no quiero que hagas algo precipitado, lo cual cambiará tu vida totalmente. —Me miró y se dio cuenta que sonreía—. A no ser que ya te hayas precipitado…

Puta madre, ¿y ahora? ¿Quién te mandó a reírte, Bella? Ahora Charlie desconfía. ¿Qué le iba a decir? ¿La verdad? ¡NUNCA! Moriría de solo pensar en contarle que, desde hace algún tiempo, ya me acostaba con Edward.

Mi papá no iba a querer saber los detalles de mi vida sexual con mi novio.

Miente, Bella. Eso, ¡miente!

—N-no, papá. Nada de... precipitaciones —murmure, rezando para que Charlie creyera esa mierda. Era pésima para mentir.

Se quedó callado por unos 10 largos segundos y después siseó:

—Bien… Bells, sé que quieres mucho ir a ese viaje… —comenzó y sentí una pizca de esperanza brotar dentro de mí. OMG, ¿mi papá estaba cediendo? ¿Será que lo he conseguido?— No sé, querida... no estoy muy convencido. —Esas palabras fueron como un baño de agua fría para mis esperanzas.

No podía dejar que se escapara, tenía que atacar. Y ahora era el momento.

—Papá —sisee, tomando sus manos entre las mías—, por favor, deme una oportunidad de probarle que ya soy lo suficientemente grande para viajar sin usted. Si me deja ir a ese viaje, juro que cuando regrese hago lo que quiera, lavo hasta su patrulla si eso ayuda. Pero, por favor, déjeme ir. Mire —dije mientras sacaba una tarjeta que Edward me dio con los números de Carlisle—, Edward me pidió que le entregara esto. Son los números de teléfono del tío de él, del Dr. Cullen. Carlisle le pidió que lo llamara para que él mismo le explique cómo va a ser el viaje.

Charlie tomó la tarjeta y se quedó mirando al papel por un buen tiempo. ¿Será que eso lo convenció? ¿Será que iría a la asoleada playa al lado del chico más sexy del mundo?

—Está bien, Bells. Voy a llamar al Dr. Cullen ahora mismo y voy a conversar sobre ese asunto. ¿Podemos conversar más tarde? —Charlie preguntó, mirándome aún de forma seria, pero ya no tan reacio.

¡Yeeeees! Había logrado pasar por la parte más difícil. Ahora era pan comido, Charlie respetaba mucho a Carlisle y dudaba mucho que mi papá se fuera en contra de eso. Estaba con mis dos pies en California.

—Uhum. Papá, voy a mi cuarto, ¿está bien? —murmure, levantándome, no quería mostrarme demasiado eufórica.

—Bien —Charlie gruñó, un poco malhumorado.

Subí corriendo las escaleras, desesperada por hablar con Edward sobre la buena nueva. Apenas me tiré en la cama, tomando mi celular para llamar a Edward, Charlie entró a mi cuarto, rojo como un pimiento.

O-oh, ¡se avecina un gran problema!

—¿Cómo no me dices que el viaje es pasado mañana? —Charlie preguntó, mirándome con rabia.

Ops, pequeño detalle que omití.

—P-papá… —intenté defenderme, pero él no me dejó; intimidantemente me apuntó a la cara con su dedo.

—Mira, Isabella Marie Swan, solo irás a ese viaje porque el Dr. Cullen insistió mucho para que te dejara ir, pero escucha una cosa: apenas regreses vas a estar castigada por un mes, ¿oíste bien? ¡Será de la casa a la escuela, de la escuela a la casa! —decretó con un gruñido feroz.

Debería estar con miedo o hasta enojada, pero no logró importarme nada de eso. Solo una cosa estaba concreta: viajaría con Edward

OMG, pasaríamos dos semanas juntos. No lograba contener la euforia que me estaba sobrepasando.

—Ok, papá —murmuré, intentando parecer alterada.

—¡Ahora ve a arreglar tus cosas antes de que me arrepienta! —Charlie ordenó y después salió del cuarto, cerrando la puerta con fuerza.

Apenas mi papá salió salté en la cama como una loca, bailando encima del colchón, casi gritando de tanta felicidad.

Agarré mi celular y llamé a Edward. Apenas contestó, grité:

—Puedes irte preparando, querido mío, vas a tener que cumplir con lo que prometiste, porque voy contigo a California. —Me carcajee de felicidad mientras oía la risa de él desde el otro lado de la línea.

—¡Uau, cuánta emoción! Creo que nos vamos a divertir mucho en ese viaje —Edward comentó y sonreí, cínica.

—Puedes apostar a que sí, amor —afirmé mientras lo oía reírse bajito.

—Entonces prepara tus maletas, mi amor, quiero ropa provocativa y sensual —siseó y sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

—Solo tienes que esperar, Cullen.

—¿Shorts cortitos y blusas apretadas? —Edward preguntó y solté una carcajada alta, divirtiéndome con el rumbo de la conversa.

—Un poco menos de tela.

—¿Minúsculos biquinis?

—Menos.

Oí un suspiro del otro lado de la línea. Sabía que Edward había entendido lo que estaba queriendo insinuar.

—Loca —susurró y sonreí.

—Buenas noches, mi amor —sisee, queriendo colgar.

—Isabella Swan, eres una persona muy mala, ahora que me enciendes, ¿quieres colgar?

Me carcajee una vez más, adorando provocarlo.

—Sueña conmigo, Edward —murmuré, sabiendo que debía estar tan loco de deseo como yo lo estaba.

—Puedes asegurarlo, tendré sueños eróticos esta noche —completó y sonreí, excitada con esa charla.

—Prometo que serás recompensado.

—Lo sé —concordó y lo oí soltar aire de forma pesada—. Solo de imaginarte en biquini… Bella… aún me puedes matar con toda esa provocación. Bien, mejor me voy, necesito un baño frio. Buenas noches. —Edward murmuró apresurado, colgando el teléfono inmediatamente.

Sonreí, tirando mi celular a la cama, demasiado eufórica. El viaje prometía emociones fuertes y no veía el momento de empezar a vivirlas.

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Rayos, necesitaba hacer una lista de las cosas a las que le tenía miedo. ¡¿Dios Mío, cómo podía ser tan cobarde?! ¿En dónde estaba la Isabella Swan fuerte, que salía golpeando a quien se apareciera a perturbar su camino? ¿En dónde fue a parar esa chica, justamente cuando más necesitaba de ella?

En ese momento estaba más que necesitada de Bella despiadada, quería golpear la cara de Edward por estar haciendo eso conmigo. En pleno aeropuerto de Port Ángeles estábamos peleando, todo porque me negaba a entrar en el avión.

¡Sí, le tenía pánico a los aviones!

—Bella, por el amor de Dios, así vamos a perder nuestro vuelo. ¿Quieres parar con ese berrinche y hacerme el favor de entrar a la sala de abordaje? —Edward preguntó, cansado con nuestra pelea.

Al fondo había una multitud, mirándonos con curiosidad, probablemente hallando graciosa mi pataleta. Alice reía como una niña al verme tan nerviosa con el viaje.

¡Hago de todo para ir en auto, pero por favor, que ellos no me fuercen a entrar en esa cosa que se podría caer y nos mataríamos en cualquier momento! Pero parecía que nadie me tomaba en serio, no estaba bromeando cuando decía que no iba a entrar en ese avión.

—No, no voy Edward. Prefiero quedarme congelándome en Forks, pero por lo menos estoy en tierra firme. Nada va a hacerme entrar en ese aparato que puede caerse de un momento para otro —gruñí, enfurruñada, intentando liberarme de sus manos que apretaban mis muñecas con fuerza.

—¡No, Bella, tú vas conmigo a California! —Edward mandó, autoritario.

Él sabía cuánto odiaba ese tono que usaba, él no era mi dueño.

—¡Ya te dije que no voy! —grité enfurecida.

Miré a mí alrededor, sonrojándome de vergüenza al ver que las personas comenzaban a aglomerarse, esperando alguna señal de enfrentamiento. ¡Pero que le importaba a esa gente curiosa, por Dios!

—¡Bella, por todo lo sagrado, para de actuar como una niña, o te juro que te vas a arrepentir! —Edward siseó, enfurecido.

Lo miré altiva, queriendo desafiarlo.

—¿Y qué vas a hacer conmigo, Edward? ¿Me vas a halar del cabello y me vas a arrastrar dentro del avión? —lo encaré cínica.

—¡Edward, déjala! —Carlisle intervino, llamándole la atención a Edward.

Edward sonrió y me soltó al oír la reprensión de su tío. Masajee mis muñecas y tomé mi mochila, queriendo irme a casa, sin oportunidad para que ellos me hicieran ir por el aire. Nunca iba a entrar en un avión, tenía un trauma irracional con respecto a ese medio de transporte.

Ya me estaba dirigiendo a la salida del aeropuerto cuando sentí a dos fuertes manos arrastrarme de regreso, tomándome totalmente de sorpresa.

—No me rindo así, tan fácilmente, mi amor —Edward siseó en mi oído.

—¡Suéltame, bastardo, o te juro que te rompo la cara! —gruñí furiosa.

—Dudo que lo hagas, Bella —desafió, dejándome con aún más rabia.

—¡No juegues con el peligro, Edward! —murmuré feroz.

—¡Eres tú la que está jugando! Te voy avisando que si no entras en ese avión ahora, te juro que cuando regrese vas a estar con la cabeza más llena de ramas que un árbol (1) —Edward dijo, soltándome, haciéndome girar para encararlo.

La rabia subió por mi cuerpo y no pensé al actuar. Golpee la nariz de Edward con fuerza, haciendo que sangrara. Gimió de dolor, pero no se lanzó encima de mí.

—Anda, vámonos pronto, que podemos perder esa mierda de avión —sisee, tomando un pañuelo y entregándoselo, su nariz sangraba.

Todo el mundo me miraba admirado, solo Alice se reía descontroladamente.

Carlisle fue a atender a Edward, pero sabía que solo lo había golpeado para que le saliera sangre de su prefecta nariz. Sabía que me iba a arrepentir de mis actos, como siempre pasaba, pero por el momento, estaba bien así.

Edward me provocó y ahí tuvo su respuesta. ¡Muy bien merecido se lo tenía!

—¿Ve por qué amo a esa mujer, tía Esme? —Edward preguntó, de buen humor, mientras Carlisle le limpiaba su nariz sangrante.

—¡Cállate, Edward! —sisee nerviosa. Miré a Esme, temiendo que ella me reprendiera—. Discúlpame, Esme.

—Está bien, Bella; Edward te provocó —dijo gentilmente y sentí el peso de la culpa caer sobre mi espalda.

Ah, mierda, ahora le tenía que pedir disculpas, y sabía que un simple pedido de disculpas no lo resolvería.

Pero que mierda, ¿él necesitaba provocarme de la manera que me provocaba? ¡No, podía muy bien haberse quedado quieto y haberme dejado ir! ¡Ahora iba a quedarme con la mierda de un peso en la conciencia e iba a tener que implorar perdón!

¡Edward realmente era mi infierno personal!

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Edward's POV

—¿Te duele mucho? —Bella me miraba con atención, con la voz llena de remordimiento.

Ella siempre se quedaba así cuando hacia alguna cosa equivocada.

—No, Bella, ya no me duele —dije, mientras colocaba la bolsa de hielo en mi nariz, que estaba morada por culpa del golpe que me había llevado.

—Dis… dis… discúlpame… yo… —Bella intentaba disculparse, pero no lo lograba, parecía que perdía la voz apenas iba a comenzar su pedido de perdón.

—Está bien, Bella; no fue nada —murmuré, intentando parecer indiferente.

—¿Edward? —llamó un minuto después, mientras yo miraba por la ventana del avión, apreciando las nubes espesas del cielo.

—Dime, Bella —sisee sin mirarla.

—¿Cuánto tiempo vas a estar enojado conmigo? —preguntó, irritada con mi indiferencia.

Me voltee hacia ella, mirándola seriamente, sus ojos estaban amplios y se mordía el labio inferior en clara demostración de nerviosismo.

—Ya te dije que todo está bien, Bella. Ahora déjame tranquilo, por favor —gruñí y se puso roja.

Era bueno bromear con Bella de esa manera, realmente tenía un puño de muerte, casi me había arrancado la nariz. Sería apropiado tener una pequeña venganza antes de perdonarla.

—Por favor, Edward, no te hagas la víctima ahora, ¡fuiste tú quien me provocó! —Bella murmuró irritada.

—¿Y crees que haría eso, Bella? ¿Será que soy tan infantil, al punto de hacer una cosa de esas contigo? —la miré nuevamente, no me agradaba el rumbo que esa conversa estaba tomando.

Odiaba la desconfianza de Bella.

—Ya te dije que soy celosa. Aprende a aceptar mi defecto —reprendió, mirándome seria.

Solté un largo suspiro, quitando la bolsa de hielo de mi rostro, que estaba entumecido. Bella me miró por un buen tiempo, deteniéndose en mi nariz, su boca estaba torcida, como si quisiera decir alguna cosa que parecía habérsele atorado en la garganta.

En el momento siguiente me abrazó, su voz estaba llorosa.

—Ya, Edward, perdóname ¿sí? Sé que me equivoqué, pero odio pelear contigo. Sabes que te amo, ¿verdad? Y… —tocó mi nariz con extremada delicadeza, mirándome a los ojos—, perdóname por tu nariz, no quería dejarte así.

Sonreí levemente, abrazándola.

—Ya, Bella, está bien, sin problemas, pero sabes que esto no se va a quedar así, ¿verdad? —la miré y me di cuenta que ya se estaba sonrojando.

—¿Qué quieres esta vez? —preguntó, pasando las manos por mi cuello.

—Aún no lo pienso, pero prometo que voy a considerar una idea que nos beneficie a los dos —murmuré y Bella me besó lentamente el rostro.

—Gracias por la parte que me toca —susurró y pasé los dedos por sus labios rellenos.

—Siempre soy tan bueno contigo —sisee y sonrió, cínica.

—Con seguridad —afirmó irónica.

—No me desafíes, Swan, puedo ser muy malo contigo —amenacé, enrollando en mi dedo una mecha de su cabello.

—Lo dudo mucho —Bella ya besaba la curva de mi barbilla, lentamente.

—¿Apostamos? —pregunté y se apartó, sonriendo.

—Claro.

—Está bien, espera mis órdenes y pronto te digo el premio que me ganaré con la apuesta, ¿ok? —la miré y sonrió cínicamente.

—Eres quien manda, jefe.

—Descarada.

—Lo adoras.

—Realmente eres una perra, Swan —la provoqué y se carcajeó alto.

—Aún no ves nada, Cullen. —Se acercó a mí y me besó lentamente.

—Te espero en el baño, ahora —murmuré, queriendo levantarme.

—Me gusta lo que oigo. —En el momento que nos íbamos a levantar la aeromoza anunció que estábamos llegando.

—Una pena, Swan, realmente no tienes suerte —murmuré, regresando a sentarme.

—Quién sabe en el vuelo de regreso —Bella sonrió y me carcajee.

—Aprendiste a que te gustaran los aviones, ¿verdad? —susurré, con mi boca cerca de la de ella

—Estoy adorándolo —Bella murmuró y en seguida me besó, halando mi cuerpo al encuentro del suyo mientras nuestras lenguas bailaban lentamente, enroscadas la una en la otra.

Sí, la chica guapa y malvada solo tenía que esperar.

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Bella's POV

California. Calor infernal de 38 grados, sol, brisa del mar, personas vestidas nada más que con shorts y camisetas; viento, playa, diversión y... ¡Edward! ¿Qué más podría querer en esta vida? ¡Nada!

La casa de los Cullen quedaba en Santa Mónica, una ciudad linda, llena de tiendas, cafés y personas de todas las edades andando en patines, bicicletas, surfeando, tomando el sol, caminando y aprovechando la buena vida.

Bien, casa no era la denominación más apropiada para llamar a ese lugar, era más una mansión. La casa quedaba frente a la playa, además de que tenía una piscina en el pequeño jardín, la vista de aquel lugar era maravillosa.

Ya estaba adorando el viaje, el sol le hacía muy bien a mi cuerpo, ya estaba roja de tanta emoción, no veía la hora de ir al mar, sentir la sal y el calor en mi piel.

Apenas llegamos a la casa oí un ruido en el piso segundo. Edward me sostenía a su lado, sus manos envolvían mi cintura, el calor era fuerte, en parte por culpa del clima, pero era en gran medida por el toque de Edward.

—Qué bien que llegaron. Estaba pensando que iba a pasar estas semanas solo en esta casa demasiado grande —Emmet –el primo de Edward- bajó las escaleras, sonriéndonos.

Caramba, me había olvidado de cómo él era de grande e intimidante, pero era una personas muy alegre y de vivir en paz; era imposible no contagiarse con la alegría que irradiaba Emmett.

—¿Y entonces, pulguita? ¿No le vas a dar un abrazo a tu Grandulón? —Emmett sonrió, mirando a Alice, quién corrió al encuentro de él y se subió a su regazo, casi perdiéndose en los brazos demasiado grandes de su primo.

—¡Emm, te eché de menos! —Alice gritó, besando el rostro de su primo. Emmett sostenía a Alice como si ella fuese una muñeca.

—¿Y tú crees que yo no, pequeña? Caramba, la facultad nos absorbe, me hace falta la vida en Forks, me hacen falta nuestras salidas, la manera como nos gustaba fastidiar a Rose —Emmett murmuró e inmediatamente me sentí en alerta.

Si Emmett estaba ahí, entonces…

—Y hablando de ella, ¿dónde está Rose? —Alice preguntó, expresando mis pensamientos.

—Está arriba, probándose millones de ropas, necesitan ver la cantidad de maletas que trajo, tuvimos que pagar por el exceso de equipaje —Emmett siseó, colocando a Alice de vuelta en el suelo.

Era increíble como ella parecía una niña al lado de su primo demasiado grande.

—Emmett —Edward llamó y su primo grandulón lo encaró, y después bajó los ojos hasta mí. Sonrió, reconociéndome, haciéndome sonrojar—. Creo que te acuerdas de Bella Swan, la hija del Jefe de policía de Forks, ¿verdad?

Emmett sonreía alegremente y después siseó:

—Pero claro que recuerdo, cómo podría olvidarlo. Caramba, me reía mucho cuando llegabas a casa todo golpeado porque te habías llevado unos golpes de esa chica de ahí. Era divertido. ¡Chica, tienes una derecha increíble! Que Edward lo diga. —Ahora nos miraba sorprendido, observando la manera como estábamos, tan íntimos—. Espera un momento, ¿no me digan que ustedes dos…? —Emmett se carcajeó, haciéndome sonrojar aún más—. Hombre, eso es muy típico de ti, Edward, hacerte novio de la chica que pasó toda la vida golpeándote.

Bajé la cabeza, queriendo enterrarme.

—¡Emmett! Para con eso, mira cómo has dejado a Bella —Esme lo reprendió, pero él no lograba parar de reír.

—Sí, Emmett, Bella y yo somos novios. ¿Algún problema con eso? —Edward habló sin quitar las manos de mi cintura.

—Ningún problema, primo. Tienes buen gusto. —Emmett sonrió y me miró—. Con todo respeto, Bella, pero eres guapa. Y solo mira —siseó, acercándose a mí—, mantén a este tipo en la línea, si Edward te descuida, sácalo a golpes, ¿entendiste? —me guiño y sonreí más relajada. Emmett era imposible.

—La verdad, Emm, Bella ya le hizo eso hoy —Alice murmuró y sentí que me estaba sonrojando nuevamente—. ¿Ves el hematoma en el rostro de Edward?

Emmett se volteó hacia Edward, quien estaba mirando furioso a Alice. Sin contenerse, él explotó en una carcajada alta, dejando al rostro de Edward rojo de enojo.

—Uau, eso es a lo que yo llamo una chica. Bella, soy tu fan. Edward, eres un debilucho —murmuró mientras su cuerpo se doblaba por culpa de la crisis de risas.

Edward me soltó y se tiró encima de Emmett. Me llevé un susto con todo eso.

—Uy, estoy muriendo de miedo, Edward —Emmett provocaba mientras Edward y él se atacaban.

Dios Mío, ¿es que nadie iba a hacer nada para separarlos? Alice se carcajeaba en una esquina mientras Esme y Carlisle sonreían tranquilos. ¿Qué familia era esa? ¿A ellos les gustaba verlos luchar?

—¡Edward! —grité cuando lo vi tomando el cuello de Emmett, estrangulándolo. ¡Dios Mío, se podían herir!

Todos se voltearon hacia mí, confusos.

—¿Qué pasó, Bella? —Edward preguntó sin soltar el cuello de Emmett.

—Detente… detente con eso… no deberías… no deberías… pelear… pelear… así con tu primo —murmuré, aún asustada.

En el momento siguiente todos se carcajearon, dejándome roja de tanta vergüenza.

—Ellos no están peleando, Bella —Carlisle explicó, acercándose a mí—. Emmett y Edward siempre juegan de esa manera, es la forma que ellos tienen de darse la bienvenida el uno al otro.

Lo miré, admirada. ¿Su forma de bienvenida? ¿Desde cuándo un puño al otro era una forma de bienvenida? Y después creían que yo era la loca.

—Edward, definitivamente elegiste correctamente. Bella es graciosa —Emmett siseó, golpeando el brazo de Edward.

—No has visto nada, Emm. Necesitabas ver el escándalo que hizo para entrar al avión. Fue impagable —Edward murmuró y Emmett se carcajeó mientras yo buscaba un hoyo para enterrarme.

De pronto la charla se había girado hacia mí.

—¿Y fue por eso que quedaste con esa marca en la nariz? —Emmett preguntó, tirándose en el sofá de la cómoda y amplia sala.

—Sí, tuve que impedir que Bella saliera huyendo del aeropuerto. Fue por eso que me llevé un golpe de ella —Edward respondió, acercándose a mí. Yo lo miraba con rabia

—Corrección, le pegué porque él dijo que si no venía a este viaje me engañaría con todas las chicas posibles de California —gruñí enfurruñada.

—Bella, a cada minuto que pasa te admiro más, chica —Emmett siseó, riendo. Miró a Edward y dijo—: Escogiste novia correcta, primo. ¡Hombre, te jodiste! —Apuntó hacia Edward, cayendo nuevamente en una crisis de risotadas.

—¡Emmett, controla es lengua! —Esme lo reprendió una vez más.

—Perdón, tía.

—En vez de estar charlando, ¿por qué no ayudas a Alice a llevar las cosas arriba? Aún no puede hacer movimientos bruscos —Carlisle murmuró, dando un golpe en el hombro de su sobrino.

—Claro, tío —Emmett alzó las maletas de Alice mientras ella tomaba su neceser rosa—. ¿Tú también, pulguita? No cabe duda que eres hermana de Rose, se trajo su guarda ropa en las maletas. Hay que tener paciencia con ustedes —gruñó de buen humor mientras subía las escaleras.

—Cállate y no reclames, Emmett. Y cuidado con esa maleta de ahí, puedes quebrar mis perfumes—. Alice advirtió, siguiéndolo.

—Eres desesperante, pulga. Y aún quieres reclamar —Emmett provocaba a Alice, los dos ya estaban en medio de las escaleras— Y sabes que te amo, ¿lo sabes?

—Para de llamarme pulga, ¿está bien? Ya es bastante con Edward llamándome con esa mierda de apodo que inventó. Y sí, sé que me amas, también te amo, Emm. —Alice siseó, sonriéndole a su primo.

Y no pude dejar de sonreír ante esa escena. Realmente estaba comenzando a entender el significado de la palabra familia.


(1) Se refiere a que la engañará, le pondrá el cuerno.


Muito obrigada, Cella Ella :3


Bien, hasta aquí llego, por hoy. ¿Qué les pareció? Estos dos son un completo caso jaja nunca me imaginé que Bella le temiera a los aviones, ¿qué creen que pasará en California? Les comento que Jacob aparecerá ;)

Gracias por sus favoritos, alertas a la historia y como autora, es muy bonito eso… gracias por los reviews, son geniales, me divierto mucho leyendo lo que opinan :D es un grandioso pago.

Nos leemos pronto.

Beijos

Merce