Lo siento por la espera, pero tengo bastante lío con la universidad. Espero que el capítulo les guste y les compense. Y tranquilos, no deja´re colgado el fic, sólo que tardaré algo más en actualizar.
Gracias a todos los que me leen. Un besazo enorme y gracias por los reviews!
hora, disfruten!
Capítulo 14: Chocolate
Jace caminaba por el pasillo del Instituto hacia la cocina después de darse una ducha y quitarse todo el tomate de encima. Aunque después de haberse refregado con la esponja y jabón unas cinco veces, sentía que aún olía a tomate. Pero lo raro era que, después de la vergonzosa estupidez que hizo por Clary de meterse en la bañera de macarrones sin cocer cubiertos de salsa, seguía teniendo una tonta sonrisa en la cara que lo delataba. Por primera vez en mucho tiempo estaba feliz y le importaba bien poco lo que fuera a pasar. Ahora sabía que quería aprovechar el tiempo con Clary, ya fuese mucho o fuese poco, quería estar con ella. Y el saber que, después del numerito del baño de esa noche, Clary también querría estar con él sin más tapujos ni restricciones, lo emocionaba sobremanera.
Entró en la cocina y observó en silencio cómo Clary metía en el horno una pizza precocinada.
"Hola" – saludó él para llamar su atención.
"Hola. ¿Ya te has quitado el tomate?" – preguntó ella burlona.
"Sip"
"Bien" – dijo ella dedicándole una amplia sonrisa.
"¿Preparas la cena?" – dijo él entrando a la cocina y poniéndose junto a ella.
"Si. He estado buscando a los demás, pero ninguno aparece"
"Lo sé. Isabelle está en casa de Simón y no vendrá hasta mañana. Y Alec se ha marchado hace un rato a cenar con Magnus"
"Oh. Bueno, pues entonces ¿con una pizza bastará?"
"Si… tampoco tengo mucha hambre"
"Bueno… pues esto estará en unos cinco minutos" – dijo ella cerrando el horno.
"¿Cinco minutos? ¿Y… qué podemos hacer en cinco minutos?" – preguntó él intentando provocarla.
"No lo sé. ¿Se te ocurre algo interesante?" – dijo ella acercándose, jugando a su mismo juego y provocándole también.
"Un par de cositas" – contestó Jace rodeándole la cintura con las manos y pegándola a su cuerpo.
"Pues dime alguna" – contestó Clary subiendo sus manos a su cuello, enterrando los dedos en su pelo húmedo.
Jace aprovechó el gesto y se pegó aún más a ella. Bajó a sus labios y se deleitó con su suavidad, probándolos poco a poco. Pero parecía que Clary no tenía mucha paciencia y apretó su boca aún más contra la de él, provocando que Jace soltase un gemido por el movimiento. Sus lenguas comenzaron moverse al compás, probándose el uno al otro. Disfrutando el uno del otro.
Alec llamó al timbre y Magnus le abrió casi al instante. Llevaba una simple camisa azulada, unos vaqueros y su pelo negro caía lacio hasta sus hombros. Alec adoraba ver así a Magnus, sin purpurinas ni ropas estrambóticas de colores chillones. Le gustaba el Magnus natural, sencillo… pero sobre todo le gustaba saber que sólo él sabía cómo era el Magnus natural, porque nunca se mostraba ante los demás sin sus trapitos. Sintió cómo le daba un vuelco al corazón y cuando miró a sus ojos, las terminaciones nerviosas de su cuerpo se desconectaron de su cerebro y avanzó hacia él, como impulsado por la magia de sus ojos gatunos. Ante la evidente sorpresa de Magnus, Alec llevó sus manos a su cuello y lo besó. El joven se dio cuenta que Magnus no esperaba para nada que hiciese aquello y cómo tardó en reaccionar al beso, pero cuando lo hizo, empezó a sentir las manos del brujo deslizándose por su espalda para acercarlo más a su cuerpo y su lengua rozando sutilmente sus labios, pidiéndole permiso para entrar. Alec abrió la boca y recibió a Magnus con mucho gusto, siguiendo el movimiento de su lengua mientras que deslizaba sus manos por la espalda del brujo hasta llegar a su trasero. Entonces Magnus dio un respingo y rompió el beso dejando a Alec desconcertado.
"Está bien, ¿quién eres tú y qué has hecho con mi Alexander?" – le preguntó Magnus con verdadero gesto de duda en la cara.
"¿Por qué dices eso?"
"¿Qué por qué? Desde que nos conocemos, esta es la primera vez que te me lanzas así, en mitad de la calle y, además… es la primera vez que me tocas así el culo" – contestó Magnus, palabras con las que consiguió que Alec se arrepintiese de su arrebato y notase cómo la sangre se le acumulaba en el rostro.
"¿Te… te molesta?" – preguntó Alec tímido, sin saber muy bien qué decir.
"¿Molestarme? ¡Pero si me encanta!" – gritó Magnus provocando que Alec riese.
"¿Entonces por qué te pones así?"
"Porque es la primera vez que te veo desinhibido de verdad sin mi ayuda… y me ha sorprendido"
"Bueno… será que Jace tiene razón"
"¿Qué es en lo que se supone que Jace tiene razón?" – preguntó Magnus curioso alzando una ceja.
"Que quizás tú me estás cambiando" – contestó Alec con una sonrisa y al ver que Magnus se la devolvía, se atrevió a besarlo de nuevo.
Esta vez Magnus sí que reaccionó al instante, arrastrando a Alec hasta dentro de su apartamento y cerrando la puerta con un chasquido de dedos. No dejó de besarlo ni por un segundo mientras Alec notaba cómo lo guiaba por el apartamento hasta llegar al salón. Escuchó a Presidente Miau maullar y abrió un poco los ojos separándose de los labios de Magnus.
"Mags… espera" – dijo entre beso y beso.
"¿Qué pasa cariño?" – preguntó Magnus con un ronroneo.
"Comamos primero. No vayamos tan rápido" – le pidió apartándose un poco.
"¿Rápido? Pero si has sido tú el que ha llegado pidiendo guerra"
"Lo sé… lo siento. Es sólo que…" – se paró en seco al darse cuenta de lo que iba a decir.
"¿Qué Alexander?" – preguntó Magnus en un susurro acercándose al oído de Alec.
"Pues que... es sólo que te echaba de menos" – dijo finalmente sin importarle quedar tan expuesto ante el brujo. Miró a sus ojos y vio cómo de nuevo Magnus se había sorprendido.
"Alexander… esta noche te has propuesto dejarme sin palabras, ¿no es así?"
"¿Por qué dices eso?" – preguntó Alec confuso.
"¡Por Lilith!" – dijo Magnus mientras lo estrechaba entre sus brazos – "Cuánto te quiero"
"Magnus…" – intentó hablar después de las palabras del brujo, pero ahora a él no le salían las palabras.
"Shuu, Está bien… no digas nada más. Si quieres que cenemos deja de decirme cosas así o no probarás bocado" – terminó Magnus guiándole un ojo mientras se separaba de él y se metía en la cocina.
En el Salón de los Acuerdos el ambiente era bastante tenso. Maryse se mantenía callada mientras todos debatían sobre qué era más importante para la Clave, si encontrar a Sebastian o si solucionar los problemas internos que se les habían presentado tras las últimas batallas. Maryse pensaba que todos estaban locos. Entendía las preocupaciones de la Clave, pero no entendía cómo podían seguir discutiendo si los subterráneos eran bienvenidos en el Salón de los Acuerdos después de todo lo que habían ayudado y no prestaban más atención a que Sebastian estuviese desaparecido y que todos sus hijos estuviesen solos en el mundo real. Escuchaba a Robert discutiendo con el resto sobre la importancia de establecer orden dentro de la Clave antes de de llevar a cabo ninguna operación para encontrar a Sebastian y los nervios de Maryse estaban cada vez peor. La situación con su marido no era la mejor y escucharle precisamente a él decir aquella sarta de sandeces la encendía aún más. No se había dado cuenta que tenía los nudillos blancos de tantos apretar los puños sobre la mesa hasta que Jocelyn puso una mano sobre su brazo. La miró sobresaltada.
"Tranquilízate Maryse" – le dijo Jocelyn en un susurro.
"No dice más que estupideces… todos ellos"
"Lo sé… pero ya hemos expuesto nuestra idea de dejar todo e ir a por Sebastian y la han rechazado. Si no hay consenso no podemos hacer nada y lo sabes mejor que yo"
"Pero es absurdo. Nuestros hijos están solos"
"¿Crees que no lo sé? ¿Qué no me siento igual que tú Maryse?"
"¿Entonces cómo puedes estar ahí sentada tan tranquila?"
"No estoy tranquila. Les arrancaría la cabeza a todos ahora mismo de no ser porque todavía tengo sentido común. Tienes razón, sólo hablan de estupideces que ahora mismo no son lo más importante… pero si nadie nos apoya estamos sin nada Maryse… no vale la pena ponernos así"
"Señoras" – interrumpió su charla la voz de un cazador – "¿Alguna idea que aportar a la Clave?"
"Nada que vayan a considerar" – contestó Maryse molesta.
"Estamos aquí para llegar a un consenso lo antes posible. Si aportan sus opiniones avanzaremos y antes podremos llegar a un acuerdo"
"Ya le he dicho que es algo que no querrán escuchar" – contestó Maryse de nuevo.
"Maryse" – la llamó Robert mirándola como si se estuviese comportando como una lunática.
"Está bien Robert" – habló el otro cazador haciéndole un gesto para que no se metiese en la conversación – "Maryse… me encantaría escucharlas a usted y a Jocelyn"
"Simplemente hablábamos de lo inútil que resulta todo esto" – intervino Jocelyn ante la mirada impaciente del resto en el salón.
"¿A qué te refieres Jocelyn?"
"A que estamos aquí perdiendo el tiempo hablando de subterráneos y cargos que ocupar cuando nuestros hijos están solos en las ciudades ante el peligro que supone Sebastian suelto por ahí"
"Ya hablamos de eso Jocelyn…"
"Y siguen siendo tan obstinados y estúpidos como entonces" – interrumpió Maryse.
"Está bien, parece que están un poco alteradas y preferiría que abandonasen el salón hasta que se relajen un poco" – dijo el cazador que había tomado la voz de mando en el salón.
"No tienes ni el derecho ni el poder de echarnos de aquí. Me parece bien que no quieran escucharnos, pero les aseguro que no pienso quedarme de brazos cruzados mientras mis hijos están solos en Nueva York y desprotegidos"
"Nuestros hijos son cazadores, sabrán defenderse si se diese el caso"
"No me cabe la menor duda de que mis hijos se defenderán, pero prefiero estar con ellos para combatir en lugar de estar aquí sentada escuchando tonterías que no nos llevan a ninguna parte"
"Maryse, por favor, entra en razón" – intervino de nuevo Robert.
"Robert… no" – contestó Maryse en tono cortante.
"Yo pienso igual que Maryse" – dijo Jocelyn – "Y si ella se marcha de Idris yo me iré con ella. También quiero proteger a mi hija"
"No lleguemos a los extremos, por favor" – dijo el cazador – "Si tanto quieren proteger a sus hijos, tráiganlos a Idris. Aquí estarán a salvo"
"Sería absurdo sacarles de su casa para traerlos aquí, donde Sebastian también puede entrar sin problemas… como ya hemos visto" – dijo Jocelyn cruzándose de brazos.
"Eso ya será decisión vuestra. Creo que es una buena solución a su preocupación por sus hijos. De hecho, los míos están aquí, en Idris. Pero les aseguro que no vamos a salir a por Sebastian sin tener antes solucionados los problemas de la Clave."
"Ya le había dicho que no querrían considerar de lo que estábamos hablando. Simplemente todo lo que se hace aquí es una pérdida de tiempo" – dijo Maryse con tono afligido, bajando la mirada hacia sus puños de nuevo apretados sobre la mesa, intentando tranquilizarse y no estallar en un grito de desesperación.
Clary se terminaba su último trozo de pizza cuando Jace ya llevaba un rato esperándola para comer el postre. Había sacado un trozo de bizcocho de chocolate que quedaba en el frigorífico y había preparado dos platos con nata por encima. Cuando dio el primer bocado, un pequeño gemido de satisfacción salió de su boca.
"¿Te gusta?" – preguntó Jace.
"Está riquísimo. Adoro el chocolate" – dijo ella chupándose la nata de los dedos.
"Ya veo" – contestó Jace sonriendo.
Terminaron el postre y cuando hubieron recogido la cocina se fueron hacia el salón para sentarse en el sofá. Clary puso sus piernas sobre las de Jace, quedando medio tumbada mientras él la miraba sonriendo. Empezaba a ponerse un poco nerviosa, pues hacía mucho que no veía a Jace tan relajado y sonriente y, aunque le encantaba verlo así, no dejaba de pensar que ahora las cosas eran diferentes. Volvían a estar juntos y, como siempre, empezaba a comerse la cabeza sobre lo que Jace esperaría de ella. Era inevitable.
"¿Estás bien?" – le preguntó él mientras acariciaba sus piernas.
"Si. ¿Por qué?"
"No lo sé. Estás como muy… pensativa"
"Si, estaba pensando"
"¿Puedo saber en qué?"
"En ti"
Clary vio cómo una gran sonrisa llegaba a la cara de Jace y lo sintió removerse bajo sus piernas, acomodándose de nuevo.
"¿En mí? ¿Por qué?"
"Porque estoy muy contenta de que estés bien. Pero sobre todo de que estés aquí conmigo"
"Yo también estoy contento. Bueno, no es esa la palaba. Sería mejor decir feliz"
"Jace Lightwood, ¿desde cuándo dices tú esas cosas?" – preguntó ella emocionada.
"Desde que te conozco a ti. Desde que sé que te quiero. Y desde que sé que moriría si no estoy a tu lado el resto de mi vida"
El corazón de Clary dio un vuelco en su pecho y notó cómo se le iba la respiración por unos segundos. Miraba a Jace entre confusa y emocionada y veía como su rostro se teñía de rojo por lo que acababa de decir. Pero aún así le seguía manteniendo la mirada, esperando una respuesta por parte de ella, alguna reacción. Pero Clary estaba como paralizada y por mucho que intentase hablar, las palabras no le salían de la boca. Notando cómo Jace empezaba a ponerse un poco nervioso, quitó las piernas de encima de él y se incorporó, poniéndose de rodillas en el sofá. Veía cómo Jace la miraba extrañado, sin saber tampoco qué hacer. Entonces Clary se acercó a él y llevó sus manos hasta sus mejillas, mirando sus ojos dorados cargados de dudas y emoción.
"Jace…"
Fue lo único que dijo antes de acercarse y besarlo con todas sus fuerzas. Notó cómo Jace se había sorprendido, pues tardó en reaccionar y acompañarla en el beso. Y mientras ella se perdía en sus suaves labios y su lengua caliente sobre la suya, sintió las manos de Jace rodeándole la cintura, pegándola más a él, provocando que su corazón se acelerase sin control. En un acto reflejo Clary se coloco sobre él a horcajadas y llevó sus manos hasta su cuello, enterrándolas después en su dorado pelo. Jace la abrazó aún más fuerte pegándola a su pecho, provocando que Clary sintiese el caliente cuerpo de Jace bajo el suyo. Ella se separó un poco para respirar, pero Jace siguió con sus besos por su mandíbula para después bajar por su cuello, haciendo que Clary echase la cabeza hacia atrás y comenzase a respirar con dificultad. Podía sentir los húmedos labios de Jace recorriendo su piel mientras deslizaba sus manos por su espalda, metiéndolas bajo la blusa. Cada roce hacía sentir a Clary como si miles de hormigas saliesen de las manos de Jace y comenzasen a recorrer su cuerpo de arriba a abajo, provocándole miles de sensaciones. Ella metió las suyas por el cuello de la camiseta de Jace, notando sus cicatrices bajo sus dedos. Entonces Jace se apartó de ella y la miró a los ojos, totalmente excitado. Volvió a acercarla y la besó despacio, con delicadeza, perdiendo un poco del ansia con la que se habían besado en un primer momento. Clary seguía sintiendo sus manos en su espalda, acariciándola con la yema de los dedos, haciéndola sentir escalofríos. Ella bajó las suyas acariciando el pecho de Jace sobre la camiseta hasta su duro abdomen, colándolas después por el borde de la camiseta, tocando por fin su piel con sus manos. Le subió la camiseta para tocar el máximo de piel que pudiese alcanzar, sin dejar de besarlo en ningún momento. Entonces Jace se incorporó un poco, moviéndola a ella sobre él, y se sacó la camiseta dejándola a un lado en el sofá. Miraba a Clary con los ojos brillantes. Ella pensó que nunca los había visto más dorados que en ese momento… realmente vivos… preciosos. Acarició su pecho ahora descubierto mientras Jace llevaba sus manos hasta los botones de la blusa de ella. El corazón de Clary latía apresurado mientras los botones se iban abriendo e iban dejando a la vista su piel.
Los nervios por lo que estaba pasando la tenían en un estado de tensión abrumador y llegó a pensar que no podría seguir, que hasta aquí es donde podría llegar con Jace… pero no, su amor por él y sus ganas de estar con él de cualquiera de las maneras existentes en el mundo le daban la fuerza suficiente para continuar con lo que estaba haciendo. Pero sabía que se tenía que relajarse un poco si no acabaría con calambres por todo el cuerpo de la tensión que contenía. Y al parecer Jace se dio cuenta de que algo no estaba bien.
"Hey, Clary" – la llamó poniendo sus manos sobre sus mejillas.
"Si" – contestó ella un poco sobresaltada.
"¿Estás bien?"
"Si… muy bien" – dijo en un hilo de voz.
"Podemos parar si quieres" – le dijo bajando sus manos hasta su cintura.
"¿Parar? ¿Por qué?" – preguntó ella extrañada.
"Clary… no tenemos que hacer esto ahora. Puedo esperarte el tiempo que necesites. Sabes que no me importa y que haré lo que sea por ti"
"Pero es que no quiero parar" – dijo ella mirándolo fijamente.
"Clary, estás muy nerviosa. No quiero obligarte a hacer nada que no quieras" – decía él mientras acariciaba sus costados con sus pulgares.
"Jace, quiero hacer esto… contigo" – dijo ella decidida – "Es sólo que… ya sabes que nunca he estado con nadie"
"Lo sé… y no podría ser más feliz por eso" – contestó él sonriendo, provocando que Clary sonriera con él.
"Idiota. Me refiero a que no sé qué hacer. Nunca he estado en una situación así… tan sólo he estado contigo y tú… pareces saber muy bien lo que haces…" – dijo bajando la mirada al pecho de Jace para no ver sus ojos cuando dijese aquello.
"No se trata de saber o no saber qué hacer Clary. Se trata de dejarse de llevar, de hacer lo que sientes" – dijo llevando una mano a su barbilla para levantarle la cabeza y que lo mirase a los ojos – "No hay unas normas que seguir… tienes que dejar de pensar y simplemente hacer lo que quieras"
"Jace…yo…"
"Escucha… cuando estás con quien quieres estar, todo lo demás se va de tu cabeza, desaparece. Y simplemente actúas según lo que sientas aquí" – le dijo poniendo una mano sobre el corazón de ella, notando Clary su mano caliente sobre su pecho.
"Lo sé… es sólo que, bueno, me pones nerviosa y me pongo a pensar en tonterías" – dijo con una sonrisa.
"¿Yo te pongo nerviosa?" – dijo Jace con una carcajada.
"Si. Pero no te rías. Es que todo esto me abruma un poco"
"Está bien…levanta" – le dijo dándole una palmada en el muslo.
Clary se puso de pie extrañada y cruzó los brazos para cerrar un poco su blusa abierta. Jace alcanzó su camiseta y le tendió la mano mirándola a los ojos.
"Ven conmigo"
"¿A dónde me llevas Jace?"
"Vamos a intentar relajarte un poco y, si después quieres seguir con esto, bien; si no, tranquila, tenemos todo el tiempo del mundo" – le dijo con una sonrisa.
Clary sintió una especie de clama dentro de su pecho ante las palabras de Jace. La cuidaba tanto que sabía que en la vida podría dejar de quererlo. Pero, a pesar de sus pensamientos, lo que dijo Jace la hizo pensar en todo por lo que habían pasado, los peligros y las separaciones. Y supo que no era cierto, que no tenían todo el tiempo de mundo.
Alec miraba a Magnus embobado mientras éste se chupaba el chocolate de sus finos y delgados dedos. Después de haber cenado, Magnus había hecho aparecer sobre la mesa dos platos repletos de fresas cubiertas de chocolate y helado de nata. Alec pensó que se ahogaría con su propia saliva al ver aquella delicia para el paladar ante él, pero, al mirar a Magnus, vio cómo éste cogía una fresa con la yema de sus dedos y se la llevaba a la boca, mordiendo delicadamente la punta y sacando la lengua para que no se le derramase el chocolate y el helado algo derretido. Ver aquello le hizo removerse en su asiento, ahogado por la sensación de ver a Magnus comiendo una simple fresa de la manera más sensual que Alec jamás pudo imaginar. No sabía que las fresas pudiesen llegar a ser tan eróticas. Reprimiendo las ganas de soltar un gemido por lo excitado que se sentía al ver a Magnus en aquella actitud, bajó la mirada hacia su propio plato, cogió una fresa y se la llevó a la boca. El rico sabor ácido de la fresa en contraste con el chocolate y el frescor de la nata le hizo soltar un gemido de placer y cerrar los ojos. Pero cuando los abrió, se dio cuenta de lo que había hecho al ver a Magnus mirándolo fijamente con una media sonrisa dibujada en sus labios. Alec notaba cómo se estaba poniendo colorado, así que dio otro mordisco a la fresa.
"¿Qué?" – preguntó con la boca llena.
"Me encantan esos gemidos" – dijo Magnus mientras cogía otra fresa.
"No he gemido" – contestó Alec frunciendo el ceño.
"Lo has hecho… aunque preferiría ser yo quien te estuviese haciendo gemir"
"¿Y quién dice que no eres tú?" – dijo Alec sin pensar y viendo cómo Magnus se quedaba tan pasmado como él mismo.
"¿Yo?" – preguntó Magnus sonriendo y alzando las cejas con gesto de incredulidad – "Ni si quiera te he tocado Alec"
"No hace falta" – dijo Alec en un susurro, bajando de nuevo la mirada a su plato y sintiendo la mayor vergüenza de su vida por lo que estaba diciendo. Pero ya no había marcha atrás.
Por un momento quiso que se lo tragase la tierra y, cuando por el rabillo del ojo vio cómo Magnus se levantaba y se sentaba en la silla junto a él, rozando su muslo con sus rodillas, el estado de nervios en el que se encontraba le tenía al borde del grito.
"Alec" – lo llamó el brujo – "Mírame"
Alec obedeció y levantó la cara para encontrarse con la mirada felina de Magnus. Lo veía sonreír, incluso con los ojos. Su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas y, aunque ya debería estar acostumbrado a estos momentos con Magnus y, aunque él ya había tomado alguna que otra vez la iniciativa con el brujo, no dejaba de ponerse nervioso y avergonzarse por cada palabra que dijese delante de él. Y que lo estuviese mirando de aquella manera, como si no hubiese nadie más en el mundo, no le ayudaba a relajarse.
Pero para su sorpresa Magnus no habló. Tenía una fresa cubierta de chocolate en la mano y se la ofrecía a Alec. Avanzó despacio, confuso pero intrigado, y mordió la fresa sin dejar de mirar a Magnus, su expresión complacida y sus brillantes ojos cargados de excitación. Un brillo que Alec ya conocía muy bien. Un poco de chocolate le quedó en la comisura de los labios y cogió una servilleta para limpiarse, pero Magnus sujetó su mano y se inclinó hacia él, mordiéndose el labio inferior y mirando los de Alec con deseo. Con su lengua limpió el chocolate de la boca de Alec y se retiró lamiéndose los suyos, provocando que Alec escuchase la sangre en sus oídos, aturdiéndole.
"Delicioso" – dijo el brujo sonriendo.
Entonces Alec, intentando relajarse un poco, cogió otra fresa para dársela a Magnus. Goteaba demasiado chocolate y empezaba a caerle por la mano, así que en un gesto instintivo lamió un poco de chocolate sobrante y notó cómo Magnus lo miraba mordiéndose de nuevo el labio. Llevó la fresa hasta los labios del brujo y éste mordió, goteándole también el chocolate por la barbilla, sacando la lengua para lamerlo y sin dejar de mirar nunca a los ojos de Alec. Imitando el gesto de Magnus, el cazador se inclinó hacia él y con su lengua y sus labios le quitó el chocolate de la barbilla. Cuando se retiró, Magnus lo miraba hambriento, pero no movía ni un músculo.
"Quítate la camiseta, Alec" – le dijo sorprendiéndolo.
"¿Qué?"
"La camiseta… por favor"
Alec obedeció y se sacó la camiseta por la cabeza, quedando su cuerpo marcado al descubierto. Magnus hundió uno de sus delgados dedos en el chocolate y comenzó a trazar las runas del pecho de Alec con él, mirando fijamente a lo que estaba haciendo, sin darse cuenta cómo Alec se mordía el labio. El cosquilleo que sentía Alec por todo su cuerpo era una sensación que nunca antes había experimentado. Los juegos de Magnus podían llevarlo a sentir cosas totalmente nuevas cada vez y eso lo excitaba aún más. En un arrebato de valentía, cogió la mano de Magnus e hizo que dejase lo que estaba haciendo. El brujo levantó la mirada extrañado, pero entonces Alec llevó el dedo de Magnus a su boca, lamiendo con su lengua el chocolate y chupando con sus labios mientras tenía los ojos cerrados. El sabor del chocolate mezclado con el de Magnus y con su olor era algo que en la vida podría describir. Era simplemente perfecto.
Abrió los ojos y se encontró con el rostro de Magnus muy cerca, mirándolo con gesto salvaje. Alec sabía lo que eso significaba. Había abierto la Caja de Pandora de Magnus y ya no habría manera de cerrarla, pero no le importaba. Él quería esto, era feliz con esto. Tener a Magnus mirándolo así era lo que siempre había querido y, ahora que lo tenía, no lo iba a desaprovechar.
Avanzó sin pensarlo y lo besó con furia, apasionado, introduciendo su lengua para enredarla con la del brujo y empezar ese baile que tanto le gustaba. Magnus se puso de pie sin despegar los labios de los de Alec y éste lo siguió. Con sus ásperas y fuertes manos, Alec comenzó a desabotonar la camisa de Magnus, metiéndolas después entre ella para acariciar sus costados, su pecho y su corazón. Alec tenía los ojos cerrados, disfrutando de la sensación del la suave piel de Magnus bajo sus dedos, pero notó cómo el brujo cogió algo y comenzó a moverlos por el salón. Sabía que los llevaba a la habitación. Abrió los ojos sólo para no caerse por el camino, pero nunca sin dejar de besarlo. Una vez en el cuarto de Magnus, vio que lo que había cogido era un plato de fresas. "Así que pretende seguir con el juego", pensó Alec nervioso. Pero ya no tenían sentido los nervios, así que algo más relajado, llevó sus manos a los pantalones de Magnus y los desabrochó con facilidad, ayudándole el brujo a quitárselos. Después hicieron lo mismo con los suyos, quedando ambos en ropa interior, la de Magnus mucho más colorida que la de Alec, por supuesto.
Magnus dio un pequeño empujón a Alec y éste cayó en la cama. El brujo se colocó sobre él con una pierna a cada lado y lo miraba mientras se lamía los labios. Bajó hasta su boca y lo besó, siguiendo después por su cuello hasta bajar a su pecho, probando las runas de chocolate que le había hecho estando en el salón. Alec sentía su lengua moviéndose de aquí para allá, deleitándose con el nuevo sabor de su cuerpo, mientras que las manos del brujo se paseaban por los costados de Alec. Sentía como empezaba a respirar con dificultad cuando Magnus llegó de nuevo a sus labios, probando ahora él el sabor del chocolate en su boca. Al separarlos lo miró a los ojos.
"Déjame a mí" – le dijo aún contra sus labios sintiendo cómo Magnus sonreía.
El brujo se quitó de encima de él y se tumbó a su lado boca arriba, esperando. Alec se incorporó y alcanzó una fresa, se giró hacia él y comenzó a pasarla por su pecho, dejando un rastro de chocolate y nata hasta donde debería estar su ombligo. Cuando no quedaba más chocolate, se llevó la fresa a la boca y se acercó a Magnus, quien lo miraba con verdadero gesto de sorpresa mezclado con diversión. El brujo mordió y Alec también, juntando sus labios, terminando con un beso. Alec imitó de nuevo a Magnus y bajó por su pecho, lamiendo el chocolate. Sintió los dedos de Magnus hundiéndose en su pelo, bajando después por su espalda, acariciándole con las uñas provocándole escalofríos. Y mientras lamía su pecho escuchó un gruñido, poco propio de Magnus, y notó cómo lo sujetaba con fuerza de los brazos y lo empujaba para quitárselo de encima, tirándolo sobre el colchón boca arriba y colocándose sobre él. Alec lo miró a los ojos y pudo ver la necesidad de tenerlo cerca… la misma necesidad que sentía él.
"Alec…" – dijo Magnus en un susurro antes de besarlo con impaciencia.
Mientras se perdían en el sabor uno en el del otro, Alec notó cómo Magnus le quitaba los calzoncillos y se quitaba los suyos también. Instintivamente, rodeó la cintura del brujo con sus piernas, gesto con el que le pedía más. Y Magnus lo entendió a la perfección.
"Oh, por el Ángel…" – susurraba Alec mientras sus sentido común se quedaba a un lado y disfrutaba de la locura que era estar con Magnus.
El brujo, al escucharlo, levantó la mirada y la unió con la de Alec. Y así se quedó, perdido en los ojos del cazador mientras le hacía el amor. Alec intentaba contener la respiración y no gemir, pero Magnus intensificó su ritmo y la tarea se le hizo difícil, sobre todo cuando el brujo le habló al oído.
"Alec… amor… gime para mí" – dijo mordiéndole después el lóbulo de la oreja. – "Hazlo como antes… me encanta oírte gemir"
"Magnus…" – dijo Alec para después comenzar a gemir sin poder evitarlo, perdido ya en el torbellino de sensaciones que había dentro de su cuerpo, revolucionándolo todo y robándole la cordura, sin dejarle pensar.
Cuando sintió que alcanzaba su orgasmo, se sujetó con fuerza a los brazos de Magnus, clavando los dedos en él y mirándolo fijamente, deleitándose con sus verdes ojos gatunos. Y cuando notó su liberación, arqueó su cuerpo, pegándose más al de Magnus, sintiendo cómo éste temblaba sobre él, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás. Apenas unos segundos después, Magnus se desplomaba sobre él juntando su frente con la de Alec, recuperando la respiración. Le dio un suave beso y salió de él, quitándose de encima y tumbándose boca arriba junto a Alec.
"Maravilloso" – dijo Magnus.
Alec, al escucharlo, giró la cabeza para mirarle y vio a Magnus exhausto, mirando al techo y respirando apresurado, intentando recuperarse. Tenía el pelo negro pegado en la nuca y la frente y su pecho perlado en sudor. Nunca lo había visto tan devastado después de haber hecho el amor y aquello le gusto. Sin poder evitarlo, sonrió. Magnus giró entonces su cabeza y lo miró, devolviéndole la sonrisa.
"¿Maravilloso?" – se atrevió a preguntar Alec.
"Ahá"
"Creí que sólo tú te considerabas maravilloso" – se burló.
"Te equivocas… yo soy magnífico Alec. Aunque también podría ser maravilloso" – le dijo guiñándole un ojo.
"Oh, entendido"
"Creo que debería calificar a las fresas con chocolate mi nuevo postre favorito" – dijo el brujo con diversión.
"Deberías. Estaban deliciosas" – le dijo Alec sonriendo.
"¿Eso qué significa, Alexander?" – preguntó Magnus, intrigado por si lo había dicho con doble sentido.
"Pues eso… que estaban deliciosas" – dijo encogiéndose de hombros.
"Ya…" – dijo Magnus soltando una carcajada.
"¿Qué?" – preguntó Alec notando cómo se ponía colorado.
"Te amo" – contestó Magnus sorprendiendo a Alec.
"Y… y yo" – le dijo Alec poniéndose de lado, acercándose tímido a él para besar sus labios.
"¿Y tú qué?" – preguntó Magnus con el ceño fruncido mientras lo abrazaba.
"Te amo, Magnus Bane" – dijo Alec contra sus labios.
"Lo sé"
