CAPITULO XIV: ROSAS ROJAS
Helga y Phoebe seguían conversando y riendo, en la cafetería del centro…
-Helga, jamás había visto ese brillo que hay en tus ojos…me encanta
-Hay Phoebe, es que me siento…no sé…es algo que no puedo explicar – dijo la rubia, suspirando
-Estas enamorada, hasta los huesos jajaja
-Siiiii…cuando estoy con él, siento como si estuviera flotando por las nubes…no sé, me siento estúpida
-jajaja el amor nos hace estúpidos…
-Jajaja parece que si…
- Helga ya van a ser las ocho, creo que debemos irnos
-No…yo… – habló Helga
-¿No?...¿no qué?
-Es que, yo no iré, aun, a casa Phoebe – dijo la rubia, sonrojada
-¿Así?...y me puede decir señorita ¿a dónde se va? – preguntó Phoebe curiosa
-Pues, no lo sé, Arnold, no me lo quiso decir…solo dijo que vendría a recogerme – respondió Helga con una gran sonrisa en los labios
-¿De verdad?...¡que maravilloso!…¿pero, ya le dijiste, dónde estamos?
-Sí, lo llamé hace un rato y me dijo que estaba en camino
-Seguramente te tendrá preparado una sorpresa – dijo Phoebe, tratando de fingir, que no sabía nada
-Pues, no lo sé…yo creo que… – Helga, no pudo seguir hablando porque sintió que unas manos tapaban sus ojos… y escuchó esa voz, esa voz tan maravillosa, que le decía al oído:
-Hola ángel, ¿ya estas lista para irnos?
Helga, dio un salto de felicidad y abrazó al rubio, rodeando con sus brazos, el cuello de él y sin pedir permiso, le dio un beso en los labios…Arnold, recibió gustoso, las caricias de su rubia y correspondió a ese beso repentino
-Oigan, chicos, porsiacaso aún estoy aquí – dijo la oriental, sonriendo
-Discúlpame, Phoebe ¿Cómo estás? – saludo Arnold
-Pues estoy muy bien, de verlos a ustedes así…tan enamorados, así debieron estar siempre
-Gracias amiga – dijo la rubia, que aún seguía colgada del cuello de Arnold
-Chicos, sé que se aman mucho y todo, pero por favor tengan cuidado…Arnold, recuerda que aun eres "novio" de Lila…tienes que solucionar ese asunto primero – les aconsejó Phoebe
-Tienes razón, amiga…trataré de contenerme – habló la rubia, deshaciendo el abrazo
-Si Phoebe, te lo prometemos – dijo Arnold, levantando la mano derecha y sonriendo – ahora, si nos disculpas, tenemos que irnos
-¿A dónde iremos, amor?...
-Ya veras, lo sabrás, cuando lleguemos…Phoebe, gracias por todo
-No hay que agradecer, yo estoy feliz…y por favor, Arnold, cuídamela
-Lo haré, Phoebe, como a mi propia vida…porque ella lo es – dijo el rubio, mirando a su chica
Helga, estaba con una sonrisa de oreja a oreja, al escuchar lo que su amado dijo.
Los jóvenes partieron, dejando a una Phoebe, sola, pero sumamente feliz, por la felicidad de sus amigos.
Arnold iba manejando, su auto y Helga iba de copiloto, tratando de retocarse el maquillaje
-Amor, no necesitas usar maquillaje… tu eres hermosa
-Gracias, mi cabezón…ahora, ya me puedes decir a ¿dónde me llevaras?
-No desesperes, ya llegamos…
Helga, pudo observar que llegaron al edificio, en donde se encontraba el departamento de Arnold
-¿Qué hacemos aquí, Arnoldo?
-Ya lo verás…
Los rubios entraron al edificio y cuando llegaron a la puerta del departamento, Arnold dijo
-Antes, que entremos, déjame vendarte los ojos
-¿Qué?...pero, ¿para qué?
-Por favor, Helga, es una petición…¿sí?
-Aiish, está bien ¿cómo podría negarte algo?– dijo la rubia, sonriendo
Helga, ya vendada, se dejó guiar por Arnold y una vez dentro del departamento, sintió como las manos del joven liberaban sus ojos, entonces, ella empezó a ver lo que había y se quedó impresionada; ya que, Arnold había decorado la sala con pétalos de rosas rojas y una mesa en el centro que indicaba que habría una cena romántica
-Arnold, todo está hermoso – dijo Helga, con lágrimas en los ojos por la emoción que sentía
-Todo esto, es por ti, mi ángel…te amo
-Gracias…yo también te amo…y…¿tu cocinaste?
-Claro…bueno…recibí ayuda de mi madre, de Phoebe y… de tu madre
-¿Phoebe y Miriam?...o sea, ¿ellas lo sabían todo?
-Sí, pero eso no importa ahora…¿tienes hambre?
-Siiii, con Phoeebs, solo tomamos café…
-Entonces, siéntese, madame…en seguida le sirvo
Una vez que terminaron de cenar, Helga miro su reloj y dijo:
-Ya van a ser las diez, amor, llévame a mi casa…es tarde
-Esta es tu casa…además aún es temprano
-¿Qué? Estás loco cabezón, vámonos por favor
-Usted no se va a ir, señorita; además, tengo otra sorpresa…ven conmigo
Arnold tomó la mano de Helga y la llevó para su habitación, cuando la rubia entró, casi se cae de la impresión
-Arnold…wao…¿Qué es todo esto?
La habitación estaba decorada con globos rojos, que parecían como si estuvieran pegados al techo, en el piso habían pétalos de rosas rojas esparcidas al igual que en la cama, pero la diferencia era, que en el centro, del lecho, había una gran oso de peluche, como los que solía regalarle, el cabezón, hace años atrás…
-Quédate conmigo, Helga…permíteme amarte una vez más – le habló el rubio
La rubia, no podía pronunciar palabra, ya que la emoción se lo impedía y las lágrimas habían, ya, hecho su aparición, lo único que hizo, fue lanzarse a los brazos de su amado
-Quédate conmigo, Helga, pero, no solo por esta noche, sino para toda la vida…si me dejas, esta vez no lo soportaría
-No te dejaré, Arnold ¿Cómo podría hacerlo? Si tú eres mi vida, si la haría, yo moriría – dijo Helga, mirándolo a los ojos
Sin necesitar autorización, Arnold cargó en sus brazos a la rubia y la recostó sobre la cama, poco a poco se iban despojando de la ropa, que se había vuelto un estorbo, para ambos…el teléfono celular de la joven empezó a sonar, pero ellos, hicieron caso omiso, ya que estaban ocupados, uno, en el cuerpo del otro.
…
En casa de una pelirroja, dos jóvenes estaban reunidos, conversando
-¿No te contesta?
-No, Lila, es la quinta vez que le marco y nada…tú ¿ya le marcaste a tu noviecito?
-Sí, pero Arnold, tiene el celular apagado…yo sé que ellos están juntos – dijo la muchacha con mucha rabia
-¿A estas horas?...no, Helga no es así…quizá ya está dormida
-Por favor, Richard, no seas imbécil, tú mismo llamaste a su casa y te dijeron que aún no llegaba…Helga es una zorra
-Quizá, es tiempo de aceptar…que perdiste – dijo Richard
-¡Que!...¡jamás!...Arnold, es mío y no será de nadie más…nunca me daré por vencida
-Pero Lila, reacciona…ya no podemos hacer nada
-Eso es lo que tú crees…sé que puedo hacer algo más… y necesito tu ayuda…¿estás conmigo?
-No estoy seguro, pero, está bien…cuenta conmigo
….CONTINUARA…
Holaa…¿cómo están?...son la 1:10 am pero, no quería dormir sin actualizar algo, espero que les guste este nuevo capítulo…
Parece, que se avecinan problemas ¿no?…esperemos que Lila y Richard, no se salgan con la suya…aunque a veces, el amor no siempre sale triunfante :( … ya veremos qué pasa, no dejen de leer y comentar, ya que, eso me anima a seguir escribiendo…
Cuídense y les mando un abrazo a la distancia…
