Capítulo XIV
Irasue miró de arriba a abajo a la menor de cabello blanco y al espíritu de la otra y al hacerlo torció el gesto mininamente.
–Veo… que mi hijo no estaba muy feliz con ustedes dos…
–Mi señora… –Se inclinó Kana.
La otra Yôkai no lo hizo, pues los seres del otro mundo ya se la llevaban ¿a dónde?… nadie deseaba saberlo.
La Inu Kami se recargó en el descansabrazos de su tronó y agitó la mano…
–Acércate, si vienes viva es porque algo debes tener, que interese a mi hijo o a InuYasha...
–Yo… si señora…
La menor subió y al hacerlo notó de reojo que otra figura venía por el camino del inframundo y por el modo en que vestía, sospechaba que era algo de Sesshōmaru-sama.
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Tomohisa esperó a que su lord se acercara, mas este esperó y es que Yû aterrizaba con Ah Un y necesitaba ayuda con su hermanitos.
Naraku se apresuró a llegar hasta sus hijos y tomó a los menores en brazos, mientras Sesshōmaru esperaba a que su primogénito bajara de su montura y se le uniera junto a su hermano.
El silencio por parte de los lobos del Yōrō-Zoku no fue tomado a mal por los recién llegados y Tomohisa no sintió temor, pues las historias que relató del Señor del Oeste y familia, habían dejado bien enterada a su gente de no ofender a ninguno de estos.
Sesshōmaru avanzó, a su vera; su hijo mayor, su pareja y hermano.
Tomohisa saludó y el Lord lo imitó. Kōga se unió al grupo colocándose a lado de su prometido.
Rin no sabía a donde mirar y es que a pesar de saber que ellos vendrían, aun así se había quedado paralizada.
El grupo avanzó con Tomohisa como anfitrión. Los kitsune saludaron y se unieron a la reunión.
Ayame miraba como el clan en pleno, seguía al grupo de invitados sin intervenir, solo viendo como estos conversaban entre ellos.
Cuando notó como Rin estaba alejada, casi buscando pasar sin ser vista.
–Rin… –llamó la loba pelirroja. La hanyō no se movió y la mayor se acercó hasta ella, notando lo que en manos de la niña aún se encontraba– ¿no era esto para ellos?
La niña siguió inmóvil. Ayame la tomó del brazo y la llevó con ella.
–Kōga-san…–llamó cuando estuvo con los invitados.
El lobo se giró a verla, por supuesto InuYasha también lo hizo y con él Yû, Shippō y de reojo Naraku –pendiente de que su cuñado no se molestara.
Ayame acercó a la niña que temblorosa no atinaba a hacer nada.
La loba sonrió y se dirigió a su mejor opción.
–InuYasha…-san, ella es Rin y deseaba conocerte…
El aludido vio a la menor y notó las orejitas entre la cabellera oscura.
En el grupo, no advirtieron como las conversaciones pararon y todos estaban pendiente de ellos. InuYasha se irguió orgulloso y se cruzó de brazos.
–Es lógico, soy genial –y sonrió chulesco, lo que hizo sonreír tímida a Rin también.
Kōga notó lo que la menor llevaba en las manos y preguntó:
–Eso es para…
La hanyō caminó tímida y extendió sus bracitos ofreciendo… varias coronas de flores… InuYasha se rascó una orejitas, mas tomó una y estaba por ponérsela, mas… no le quedaba.
Rin rió y negó…
–Pada bebés…
El hanyō de cabello plateado se giró y Naraku ya iba hacia ellos llevando a los dos pequeños.
InuYasha cargó a su sobrina y le puso la corona de flores. Yûko se rió divertida.
Yû al ver a su imouto reír, corrió y tomando la otra corona de las manos de la hanyō, fue y se la puso a Taisei que si bien hizo un puchero, no se quitó el adorno.
El primogénito sonrió hacia la hanyō –que era más pequeña que él– y dijo:
–Gracias.
Sesshōmaru pareció relajar su postura, después de presenciar todo lo sucedido y se concentró en la conversación; sin embargo y como bien opinó Tomohisa, deseaba dejarles descansar del viaje.
En lo que siguió de la noche, el orgullo en los ojos de Kōga no desapareció cada vez que veía a su prometido.
InuYasha actuó como su linaje y educación lo ameritaban y si bien algunos lobos lo miraban con curiosidad un poco malsana; el que este se comportara orgulloso y como todo un joven lord, dejó las malas intenciones de lado, no en vano se notaba cuando el de orejitas se movía, también se movía Tessaiga en su funda.
Ayame conversaba con Naraku cuando dirigía a este hasta las cabañas que habían acondicionado para su clan.
Rin iba con la loba pelirroja y miraba con alegría a Yûko que jugaba con la corona de flores mostrándosela a InuYasha. Taisei por su parte dormitaba en brazos de su papá sin nada que le interesara o llamara su atención.
Yû tomando seriamente su papel de futuro Señor del Este, estaba con su padre y los otros líderes.
Naraku miró a la hanyō pelinegra y comentó:
–¿Y ella de quien es hija?
Ayame miró en la misma dirección que el mayor y negó con un movimiento de cabeza.
–No lo sabemos, un día apareció cerca de la falda de la montaña y los vigilantes la trajeron a este lugar.
Rin supo que hablaban de ella y con algo de timidez, giró la cabeza y señaló al joven Rīdā del Ôkami que –junto con Sesshōmaru (Yû) y los otros líderes, seguían detrás de ellos aun conversando.
–Él….
InuYasha casi se desnucó al voltear de inmediato donde la niña señalaba y es que esa palabra solo significaba.
Entregó a Yûko a Misaki y con tranquilidad frente a su cuñado y Ayame, desenfundó a Tessaiga y estaba por caminar en dirección de Kōga que sintiendo el peligro, buscó la causa y solo vio a su prometido con ganas de… ¡¿Matarlo?!
Naraku balanceó a Taisei en un brazo y detuvo a InuYasha con el otro…
–¿Que pretendes, InuYasha?
El aludido respondió entre dientes.
–Matar a ese lobo infiel.
–¡¿Cómo?!
–Ese roñoso me fue infiel y hasta una hija tuvo y no solo eso, fue con una humana.
–¡Oh por Enma-sama! ¿De qué hablas?
Masculló Naraku. El hanyō de cabello plateado se acercó a Naraku y le susurró…
–Esa niña lo señaló.
–…
El mayor no supo cómo tomar lo dicho por el de orejitas y es que la palabra de la niña si los descolocó.
El lobo de ojos azules presintiendo que su novio estaba molesto, dejó con discreción a los lores y caminó hasta él.
Naraku y Misaki –los que estaban más cerca de InuYasha– vieron como el lobo no se amedrentaba a pesar de que el aura del hanyō no presagiaba nada bueno…
–¿Inu…? –preguntó indeciso Kōga.
–¡Roñoso… desgraciado! –masculló el aludido, sin levantar mucho la voz, sabedor que a su aniki no le agradaría que hiciera un espectáculo.
Kōga miró con asombro a su novio sin saber de qué iba esa actitud… bueno no con esa entonación poco cariñosa y si es que el lobo ya reconocía cuando su Inu hablaba en serio al decirle roñoso o roñosito.
InuYasha estaba por jalar a un lugar más discreto a Kōga y darle su merecido, cuando…
–Seguí a él… llegué ´qui.
Todos los reunidos ahí, observaron como la manita de Rin señalaba a Kōga y sonreía como si estuviese agradecida.
–Pero yo no he venido últimamente por este lugar... –comentó el de ojos azules sin saber que había estado por suceder.
La niña negó y suspiró con tristeza al recordar esos días nada buenos, viviendo entre los aldeanos.
–Hogar de humanos… Yo vi a ti y lobosh…
Kōga lo pensó un poco y es que con InuYasha guardando a Tessaiga y haciendo como que no había sucedido nada, el lobo ya se podía concentrar.
–… Solo visité una aldea… cuando buscaba un fragmento de la Shikon no Tama…
InuYasha suspiró y cargó de nuevo a su sobrina.
–Debió seguirlos en ese lugar.
Kōga gruñó divertido.
–Pues sí lo hizo debe ser fuerte; ese lugar no está cerca de aquí. A lo mejor se perdió.
El tema se dio por terminado.
El grupo siguió su camino y llegaron a las cabañas; donde los del Ichizoku Inu se acomodaron en una muy amplia y los del Ôkami se retiraron a otra.
Kōga no se metió a la cabaña en cambio se volvió a reunir con los líderes; sin embargo solo un momento, pues estos ya se dividían para ir a sus lugares de hospedaje.
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Yû se adelantó corriendo. Sesshōmaru se dirigió a la cabaña con paso lento y vio como la loba pelirroja ya se retiraba de esta, dejando a estos descansar.
El lord caminó pasando a lado de Ayame y de Rin, y al ver a esta última, se quedó parado observándola.
Ayame buscó angustiada con la mirada a Tomohisa para que les ayudara, sin embargo este no se encontraba cerca.
La pequeña hanyō tembló al sentir la fuerza espiritual de ese Inugami; sin embargo lo que ni ella ni Ayame esperaron, fue que el Dai-Yôkai posara una de sus manos sobre la cabeza de la menor en gesto de simpatía.
Poco después la retiró y con un movimiento de cabeza se despidió de las dos féminas.
El lord entró a la cabaña y esa dos, aún estaban inmóviles…
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InuYasha estaba acostado y estirado cual largo era, en unas pieles, con su sobrino recostado en su estómago y ya ambos dormían tranquilamente.
Yûko jugaba aun con su corona en brazos de su papá. Y Yû conversaba con Misaki que al ver entrar al lord se levantó. Más Sesshōmaru lo detuvo.
–Si ya tienes las guardas repartidas, descansa un poco.
–Lo haré mi señor…
El soldado ya salía, más el de luna en la frente, dijo.
–Hazlo aquí; esto es lo suficientemente grande.
–¿Señor…?
Naraku le mostró un lugar cerca de los dos bochan dormitando y el capitán ya no dijo más.
El Dai-Yôkai se acercó a InuYasha y levantó a Taisei que se removió molesto, pues el de orejitas al sentir que se lo quitaban, despertó sobresaltado…
–Aniki…
–Shhh duerman. –calmó Sesshōmaru a InuYasha y a Taisei.
Yû corrió con su tío y se acomodó con este, que de inmediato lo atrajo para abrazarlo protectoramente.
Mientras Taisei aun enfurruñado en brazos del Inugami...
–N'o pha…
Oh y es que lo flojito que tenía Taisei en realizar alguna acción que le proporcionara esfuerzo físico, no lo tenía para exigir y pedir sus deseos y ya medio balbuceaba sus órdenes.
–Solo te estoy trayendo con papá ¿no quieres?
El bebé ya no dijo más y al sentir el calor del cuerpo de su gestante, gimió contento y se durmió de nuevo.
Sesshōmaru –que había hecho intercambio con Naraku– paseaba a su hiperactiva hija que aun sonreía divertida.
–Una princesa que no duerme a sus horas, no podrá razonar sus decisiones sin que el cansancio la venza…
La pequeña se soltó a reír. Naraku miró cariñoso al gran Inugami que aun a sus hijos de pocos meses ya les daba lecciones de como gobernar.
Yûko no pareció interesada en gobernar, pero si en acompañar a su mellizo al país de los sueños y se recargó feliz en el hombro de su más grande ídolo y se durmió arrullada por el olor y la voz sedosa de este.
Misaki consideró que la familia noble tenía derecho a la intimidad y desde que se acostó, lo hizo a espaldas de estos. Por lo que Sesshōmaru pudo actuar un poco como en su hogar y a solas con sus seres queridos.
El olor de lobo en ese lugar no era extraño y por eso nadie de los Inu le dio importancia a este cerca de la cabaña.
Kōga se retiró en silencio de ahí y es que sin querer al ir a ver a su Inu por última vez, fue testigo de otra faceta de Sesshōmaru, una que sin pensarlo mucho, deseó imitar algún día con InuYasha; ellos siendo una pareja que con solo mirarse se comprendían... Si no había cachorros propios, ya habría uno que ellos decidieran hacer suyo.
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La mañana llegó y con ellos todos los invitados listos y en sus lugares para ver esa unión en la que el Gran Sabio fue el juez.
Kōga no se separó del hanyō de orejitas, pues según su opinión, esos lobos solo esperaban una oportunidad de caer sobre su inocente InuYasha; este por su parte no creía mucho de lo dicho por Kōga, pero no estaba en la labor de pelear con él.
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Ayame se notaba radiante y al verla, su abuelo supo que aquel enamoramiento por el joven Rīdā de ojos azules, solo habían sido niñerías.
Durante la ceremonia, Kōga rozó los dedos del hanyō y susurró.
–En unos meses tú y yo…
–Shhh sarnoso… –sin embargo InuYasha se sonrojó y sonrió un poco.
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Rin estaba de espectadora, sin embargo también lista para ayudar en lo que pudiese, durante la celebración.
Los alimentos fueron repartidos por entre los grandes señores y demás invitados.
Había varias mesas donde algunos yôkais se reunían con los conocidos.
Rin, atraída por los hanyō estaba muy cerca de donde ellos comían. Sesshōmaru vio a la niña y supo que los ojos de muchos lobos del Yōrō-Zoku estaban sobre ellos; por lo que al ver vacío su tazón de sake estiró la mano sosteniendo este en dirección de la pequeña hanyō que después de quedarse algunos segundos inmóvil, con pasos tímidos se acercó hasta el lord y tomó el tazón llevándolo orgullosa hasta los escanciadores servían el líquido.
Shippō y su padre notaron la acción, más la pasaron por alto para no avergonzar al lord con su beneplácito. Por su parte Kōga aprendió una nueva lección… Un Lord podía tener gestos nobles sin perder su orgullo.
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Rin esperó ansiosa a que sirvieran el recipiente, por lo que al sentir que era empujada para enviar a otro cachorro a dejar el tazón, se negó y corrió tras el impostor.
Sesshōmaru recibió su bebida sin poder hacer mucho, pues eso lo pondría en entredicho por lo que…
El zorro dorado y Kōga se miraron de reojo y ambos alzaron sus cuencos en dirección de la pequeña hanyō que estaba llorando silenciosamente a un lado del otro cachorro…
–Eh pequeña no llores y tráenos sake ¿sí? –dijo el kitsune.
Kōga no dijo mucho, más le sonrió de lado a Rin y entregó también su tazón.
Tomohisa vio todo el intercambio de acciones y ordenó.
–Que Rin se encargue de servir, y tú auxíliala Umi.*
El cachorro asintió y Rin se limpió las lágrimas y tomó los cuencos, ahora si con ayuda de Umi.
Las conversaciones fueron retomadas y poco tiempo después Naraku llamó a la pequeña Rin –ya que Umi estaba con su madre– y le dio un plato con comida y la sentó a su lado.
Yûko muy interesada en la otra única fémina, balbuceó conversando con esta que jugaba con ella sin dejar de comer.
Taisei en las piernas de su tío miró a Rin y al sentir esta la mirada del infante, se giró y lo llamó, mas este se giró orgulloso. Naraku negó al constatar que la herencia del carácter del Lord no se perdía…
–No te preocupes Rin, mi otouto, no es muy sociable. –dijo tranquilo Yû.
InuYasha comía lo que Kōga cortaba para él y es que con Taisei en brazos no tenía mucha movilidad, sin embargo le agradaba que su sobrino fuera muy apegado a él. Además ya no estaba a la defensiva, pues notaba que la loba pelirroja estaba más que prendada de su Inu particular.
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Con Sesshōmaru, este comentaba con el Rīdā Tomohisa, algo de lo que había sucedido en su castillo, si bien no dio muchos detalles, si advirtió…
–Por eso no hay que confiar en yôkais que aseguren ser parientes de nuestro clan.
–Comprendo. –dijo Tomohisa.
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La celebración siguió hasta esa noche, pero los invitados optaron por dejar el lugar, pues todo debía regresar a su hogar.
Kōga a vigilar lo que Ginta y Hakkaku aseguraban… que su casa ya estaba casi concluida y solo restaba los detalles.
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Naraku al despedirse de su antiguo compañero de armas le pidió a este…
–Podemos llevárnosla al castillo –Señaló a Rin.
–Oh… –Tomohisa vio a la pequeña que agitaba su manita para despedirse de ellos– No, ella es una hanyō, pero es una de lobos y no sería justo separarla de lo que podría ser su manada.
–La cuidarás –Y no fue pregunta sino afirmación de Naraku.
Tomohisa sonrió…
–Por supuesto.
El Taisho de cabello oscuro asintió y llevando a sus hijos menores hasta Ah Um, donde Yû ya los esperaba, se convirtió en perro y esperó la señal de avance.
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InuYasha y Kōga caminaron cuesta a abajo un poco, para poder decir adiós sin testigos.
Kōga besó al de cabello blanco, revisando que nadie los viera. InuYasha respondió y al separarse aseguró.
–No tardes roñosito, aunque si lo haces no me importara mucho...
–No tardare, mi orejitas de perro.
–¡No me llames así!
–Bueno.
Al escuchar que Sesshōmaru llamaba al menor, ambos regresaron veloces.
Los Kitsune y Ôkami acompañaron por tierra, un tramo a los Inu que corrían, y luego se separaron cuando Sesshōmaru –con InuYasha– y Yû –con Yûko y Taisei– se separaban en otra dirección.
El hanyō de orejitas se asomó por la orilla de Mokomoko y agitó la mano en dirección del Ôkami…
–No te vayas a caer, InuYasha…
Dijo Sesshōmaru a su hermanito, recordando que hacía años también lo había hecho…
Y se preguntó en que momento ese pequeño había crecido tanto como para casarse y alejarse de su lado…
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Los Kitsune se separaron poco después del Ôkami y Shippō aseguró que no se perdería por nada la boda de esos dos.
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Kōga –en cuanto llegó a su hogar–, subió a la planicie sobre la que el clan tenía sus cuevas y vio que la estructura ya había tomado forma y que era la de una casa muy cómoda de madera, pero no tan pequeña, pues contaba con algunas habitaciones más, por si a su cuñado se le ocurría visitarlos seguido…
–¿Cómo vamos?
Uno de los lobos constructores, se acercó al Rīdā y explicó.
–No tan veloces como quisiéramos.
–Ya veo.
–No es justificación Rīdā, más siendo que nunca antes habíamos construido un palacio…
–No ni de lejos quiero un palacio, eso nos llevaría años, es solo que quiero algo en el que mi pareja no se sienta fuera de lugar y que le recuerde a su hogar. Además ya terminaron la construcción, me toca a mí organizarlo por dentro. Muchas gracias.
Los Yôkai lobos casi suspiraron aliviados al saber que su trabajo estaba concluido y que los detalles los haría el mismo Rīdā…
–¡Ginta, Hakkaku!
Bueno por lo que vieron, no solo a este.
…
Muchas por esperar y por supuesto comentar.
Ying Fa Malfoy de Potter, Lunatica Drake Dark, Lady Star Firelight, kane-noona, Tasu Uraranich y gabycha.
