Les había advertido que actualizaría cada semana y esto lo escribí cuando debería estar haciendo tarea. ¡Pero lo he conseguido!
Historia: Papel y tinta
Título del capítulo: Tomar Richmond
Pareja: Clyde y Token
Canción: Monster de Paramore
Espero que esten listos para las preguntas de la trivia. Aquí esta la primera, les daré una pista sobre su respuesta. Está en cualquiera de los capítulos del Dip.
¿Qué es lo que Enriquetta siempre trae en la mano y que le desagrada a su hijo y a Pip?
También les pediré que me vayan diciendo que historia elegirían en caso de ganar.
South Park no es mío, es de Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo 13: "Tomar Richmond"
Raleigh, Carolina del norte, EUA. Agosto de 1800.
"Detendré al mundo entero de convertirse en un monstruo"
El vaso con whisky que sostenía John se cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos y regando el caro líquido que contenía en su interior. Vio a los ojos a su esclavo, quien alzó una ceja contento por su reacción. Donovan se dio cuenta entonces, eso tenía mucho sentido, si Clyde estaba enamorado de alguien más era más que obvio que se resistiría a casarse con Heidi. Recuperó la compostura lo más rápido que pudo y contestó.
–Dime quien es – ordenó acomodándose los lentes
La sonrisa en el rostro de Lenny se volvió ladina. Se alejó de él, irguiéndose. Donovan se giró en la silla donde estaba sentado para verlo.
– ¿estás sordo? Te ordeno que me lo digas
–Esto tiene un precio señor… ¿Qué me dará a cambio?
– ¿Qué te parece mantener tu vida? – dijo él sacando un arma de fuego que traía consigo siempre. Lenny retrocedió un poco, no saldría tan fácil de esto
–Si no quiere negociar conmigo creo que debería preguntarle a su hijo por qué no desea ser su heredero, usted podrá deducir el resto
Dicho eso Lenny salió de la habitación, tuvo suerte. La pistola de Donovan no tenía balas, de lo contrario una de ella ya estaría en su cabeza. Se quitó el pedazo de tela que servía de delantal y salió de la casa. Su verdadero objetivo era dañar a Token. La negociación con el amo solo fue un intento de obtener un botín extra. Walter dejó sus herramientas a un lado un segundo y vio salir a Lenny con una rara sonrisa. El tipo de mohín que indicaba que una maldad se había desatado. Se giró hacia Token, no había sido lo mismo desde la pelea la otra noche y dudaba que lo volviese a ser. Mudo solo hacía lo que podía, ver en silencio a uno y luego a otro, preguntándose por qué ese tipo de cosas sucedían. Así pasaba en la sociedad, en el mundo entero, estaba transformándose poco a poco en un monstruo y nadie trataba de detenerlo; y por cómo iban las cosas tal vez ni tratando se lograría detener la transformación.
John Donovan había encendido un abano y fumaba cual chimenea, tratando de decidir cuál sería el siguiente paso, tenía información a medias; pero nunca negociaría con un negro. Prefería morir antes. Miró el reloj, eran las cinco en punto, su hijo debía seguir encerrado en su habitación, apagó el abano y subió las enormes escaleras que había al frente de la casa. Estaba siguiendo el consejo del negro, que bajo lo hizo caer Clyde. Abrió la puerta sin tocar, haciendo que esta se golpeara en la pared. Judie escuchó el golpe y se acercó para cerciorarse de que todo estuviera bien.
– ¿por qué carajo no quieres ser mi heredero? – inquirió Donovan
–Papá ¿estás borracho? – preguntó Clyde al verlo entrar con las piernas temblando
– ¡Respóndeme! – ordenó levantando una silla y estrellándola en el piso
Judie trató de calmar a John, pero solo consiguió un golpe en la mejilla y sentir su rostro en el piso. Clyde salió de la cama donde estaba sentado y se acercó a la mujer en el suelo. Viendo a su padre con mucho odio acumulado.
– ¿Qué sucede contigo? – Dijo él harto de su actitud – no puedes seguir así papá… te harás daño ¡Nos harás daño!
Martha escuchó los gritos de la familia, pero ni se inmutó, al fin y al cabo no era su familia; todos los miembros ya debían estar en esa habitación. Incluida la hija de puta de Judie.
– ¡Que me respondas carajo! – dijo el tomándolo del cuello – ¿por qué te niegas a ser el heredero de la compañía Donovan?
Las lágrimas se acumularon en los ojos de Clyde, tanto por la actitud de su padre como por el aliento alcohólico que salió de su boca. Judie volvió a intervenir, intentando separar al padre y al hijo. John sacudía a Clyde una y otra vez, el castaño cerró los ojos dejando caer las pruebas de su infelicidad. Hasta que gritó con la voz quebrada.
– ¡Porque no quiero tener esclavos!
El grito lo escucharon hasta los siervos que trabajaban afuera en los campos, incluidos Mudo, Walter y Token. Convenciendo a este último de hacer cierta pregunta cuando se reuniera con su novio en la noche.
John soltó el cuello de su hijo y su mirada se perdió por completo. Judie tenía las manos en la boca y temblaba asustada.
–Yo no quiero tener ningún esclavo papá… no deberíamos tener ninguno… nadie debería, es algo inhumano
–Clyde – dijo Judie – ellos no son como nosotros, son menos que nosotros
– ¿en qué sentido? ¡Ellos no superan en miles de cosas!
John sonrió un poco y soltó una loca risa que estremeció a la mujer y al chico.
–Ya lo veo hijo… solo necesitas unas buenas lecciones… no te preocupes, mañana mismo empezaremos y aprenderás a ser despiadado
–Pero papá – trató de discutirle, pero el hombre salió corriendo de ahí
–Clyde, solo debes entender eso, ya verás como todo volverá a la normalidad
–No lo haré Judie, y llámame traidor si quieres
La mujer no lo dijo, pero era justamente el adjetivo en el que pensaba. Salió en silencio del cuarto, cerrando la puerta detrás de ella. Al bajar vio como el señor Donovan abría otra botella de whisky y le daba un trajo sin servirla siquiera en un vaso. Pensando cómo arreglar a su hijo. Soltó un largo suspiro. ¿De dónde habría sacado ese carácter Clyde? Era testarudo como su padre, era dulce y comprensivo como ella, pero ¿de dónde sacó eso de que los negros también son personas que debemos respetar? Tal vez ya se estaba volviendo un poco loco; eso sí que estaba en la familia. Nada más al ver a John en el piso de la sala, con la boca abierta y saliéndose un poco de whisky por esta. Solo esperaba que esas locas ideas no lo metieran en un lío más grande a Clyde. Judie se giró al sentir una mirada, topándose con los incriminadores ojos de Martha, desvió la mirada, nunca podía con ellos. Sabía que era una sirvienta, tal vez no era una esclava, pero valía menos que una señora de la alta sociedad como la señora Donovan.
Token POV
Entramos a la cabaña y nos sirvieron la porción del día, las inmundas sobras que todos ya comíamos con increíble facilidad. Walter no había vuelto a verme a los ojos desde ese día, pero ahora me veía fijamente, inculpándome de algo que ni siquiera había hecho… todavía…
–No cometas otro error – soltó de la nada – y te metiste en esto, no lo involucres más
–Como te dije antes Walter, eso no es asunto tuyo
– ¿quieres meterlo en más problemas de los que ya tiene? ¿Qué acaso no escuchaste su grito? – me dijo soltando el plato ya sin comida
Odiaba siempre que me hablaba así, como si fuera un estúpido niño que no sabe ni qué carajo pasa. Yo sé lo que hago y él no tiene porque meterse en mi vida y en la de Clyde. Terminé mi comida y salí de la cabaña. Los problemas con Walter aumentaban y ahora no tenía a Mudo para desahogarme, él estaba del lado del esclavo más débil. Sumándole la estúpida cara que Lenny había traído desde la mañana, mi día no podía estar más jodido. Me escapé y logré llegar al punto de reunión, aun era temprano, pero necesitaba estar cerca de algo que me recordara a Clyde. A la desdicha que vivía y a lo mucho que podía mejorar conmigo. Sí, tal vez yo no era el chico más perfecto del mundo, pero sabía defenderme, tenía los ojos todavía vivos y eso era justamente lo que atrajo a Clyde a mí. Ese comportamiento sin miedo a lo que fuera a pasar. ¿Qué si cometía un error? Peor erro sería no llevarlo conmigo. No fallaríamos, somos mayoría y ellos no se esperan una rebelión. Estamos en el mejor momento y la mejor época. Es ahora o nunca. Desde aquí podía ver la parte lateral de la mansión y la puerta por la que seguramente saldría mi amado Clyde. Así fue, lo vi salir de esa puerta y caminar con calma hacia mí, el sol se ponía y los contraste de luz y sombras de la casa le daban un aspecto épico. Sus ojos castaños resplandecían con más intensidad cada vez que parpadeaba y su sonrisa podría haberme engañado de no haber escuchado el grito que le soltó a su padre. No pude resistirme y le di un pequeño beso en los labios que lo tomó por sorpresa. Cuando me vio a los ojos su confianza y fortaleza se quebraron, me abrazó con fuera y soltó toda su amargura. Yo solo le abrazaba y acariciaba lentamente la cabeza, pasando mis dedos entre su suave y castaño cabello.
–Me gustaría tanto poder irme de aquí y jamás volver – me dio la pauta perfecta para hacer la pregunta que ensayé tantas veces
–Clyde – dije haciendo que me viera directo a los ojos – los esclavos nos vamos a sublevar, trataremos de tomar Richmond y acabaremos de una vez por todas con la esclavitud a la que nos dominaban… no iremos mañana en la noche, cuando todos duermen… ¿te gustaría ir conmigo?
Clyde al principio me miró sin saber que hacer o que decir, tenía miedo, lo vi en un pequeño pedazo de sus ojos. Le abracé con más fuerza y le insistí, sabía que no pelearía bien pensando que Clyde estaba aquí. Con su padre que era capaz de matarlo si no lograba ser un buen heredero. Luego me miró unos segundos, como convenciéndose de que hacía lo correcto.
–De acuerdo… confío en ti Token
Sellamos eso con un beso muy largo, un beso de los que te roban el aliento y te dejan las mejillas rojas y los pulmones sin un centímetro de aire. Besé también su frente y volví a abrazarle con más fuerza, quería que supiera que lo protegería y que nada le pasaría. Unos pájaros dieron un último canto y los grillos iniciaron su concierto nocturno. Las estrellas brillaban y el ambiente caluroso se calmaba con un ligero viento proveniente del sur. Esta sería mi época favorita a partir de ahora, la época en la que compartía estás maravillosas noches con Clyde Donovan. Mi amor verdadero, el único chico que deseaba besar, tocar, amar y sobre todo, vivir con él. Sin él mi vida estaría vacía como antes.
Fin Token POV
"Me llamas traidor, solo estoy recolectando a tus víctimas"
George se despertó sudando frío, un sueño terrible le asustó en la noche. Se levanto del pequeño catre que era su cama y se pasó las manos por el rostro. La luna estaba en lo más alto y alumbraba el gran jardín del amo. Los grillos cantaban impidiéndole seguir durmiendo. Miró por la pequeña ventana a la altura de su cuerpo sentando en el catre, vio pasar unas sombras y se asomó curioso, agachándose y terminando de rodillas. Era el amo Clyde y detrás de él iba el esclavo al que defendió meses atrás.
–Confío en ti Token – dijo Clyde antes de entrar a la mansión – pero eso no me quita el miedo de que fallen
–Tenemos que defendernos Clyde, no te pasará nada…
Token acarició lentamente la mejilla de Clyde. Se sentía más tranquilo con él a su lado cuando la pelea se acercara, no dudaría sin él mucho tiempo. Por eso lo invitó, pero no todos lo entendían, como Walter. Pero para Token tiene mucho sentido. Besó los delicados labios de Clyde tratando de inyectarle aquella confianza que el esclavo tenía. George se frotó los ojos, incrédulo de lo que había visto, trató de salir, pero al empujar la puerta esta no se abrió, tenía puesto un candado para que nadie irrumpiera. El ruido de la puerta los alertó, Clyde entró a la mansión y Token se perdió en el jardín en un abrir y cerrar de ojos. Cuando George finalmente pudo salir ya no había nadie afuera, haciéndole pensar que lo que sus ojos vieron fue un engaño. Pero no, él sabía que era real. Si el amo Donovan se enteraba de esto sin duda moriría, con una mezcla de vergüenza y terrible decepción. ¿Era George el indicado para informarle eso?
–Mierda – suspiró al verse metido en un dilema. Si hablaba corría el riesgo de que no le creyera, si no hablaba podía ser acusado de cómplice del amo y sería castigado
Decidió simplemente volver a la pequeña cabaña y dormir pensando que lo visto había sido un muy mal sueño.
La hora marcada llegó más rápido de lo que cualquiera de los dos hubiera pensado. George los vigiló un poco, pero no logró confirmar nada de lo que la noche anterior vio, llegando a la conclusión de que había sido un raro sueño. Lenny caminaba cual general frente a una fila de esclavos. Walter, Mudo y Token estaban entre los primeros en dichas filas y miraban sin creerle esa facha de líder.
–Ya vámonos – ordenó dando unos pasos al frente
–Aún no – le dijo Token – falta alguien
Lenny se regresó y le vio a los ojos. Todos también voltearon a verle confundidos, seguros de que no faltaba absolutamente nadie. Clyde terminaba de guardar sus cosas en una pequeña mochila, viendo por última vez su cuarto. Le daba la espalda a su padre, a su disque madre y a su eterna compañera Judie. Pero ellos nunca lo podrían hacer feliz y él nunca podría darles lo que tanto deseaban que lograra. Al principio camino por el jardín rumbo a la salida trasera, pero luego empezó a correr. Cuando sintió que las piernas empezaban a pararse negándose a irse de la cómoda vida que hasta ese día llevaba. Se dio prisa y llegó hasta donde estaban reunidos los esclavos, quienes al principio se creyeron descubiertos; pero luego notaron la mochila del amo, incrédulos.
–Los acompañaré – confirmó las sospechas de todos
Token se le acercó y lo unió al grupo, frente a las atónitas miradas de los demás y los ojos de Walter que maldecían a Token por haber invitado al amo, y a Clyde, por haber sido tan pendejo como para aceptar. Lenny sentía como la sangre le hervía, cambiaron sus planes pero al menos terminarían muy dañados. Hizo como si la unión de Clyde no le importara y dio inicio a que saliera, abrieron la puerta y recorrieron en la quietud de la noche la ciudad de Raleigh. Era un largo camino a Richmond, pero mientras Token estuviera junto con Clyde todo sería perfecto y maravilloso. Walter mientras tanto se sentía cómplice de un asesinato.
Judie buscaba frenéticamente por toda la casa. Cuando entró al cuarto de Clyde en la mañana no lo vio, lo dejó pasar, una hora dio a otra y otra. Empezaba a temblar y chocaba con las otras sirvientas al borde de un colapso nervioso. John terminaba de atarse el moño y salía del cuarto, bajó las escaleras, sorprendido por no encontrar a Clyde. Judie pasó frente a él.
–Judie… ¿Dónde está Clyde? Le dije claramente que quería verlo aquí a las ocho en punto
–No está… ¡No está! – gritó ella en una crisis nerviosa
– ¿Cómo que no está? Judie tranquilízate
La demás servidumbre se aproximó, curiosa de lo que ocurría. Incluso Martha se acercó. George entró corriendo a la casa.
–Señor Donovan… los esclavos, no están…
Las ideas se conectaron en la cabeza del señor Donovan. Era más claro que el agua, los esclavos habían secuestrado a su hijo Clyde. Al menos eso era lo que deseaba hubiera pasado, sería terrible que su hijo hubiera huido con toda la prole. De inmediato llamaron a las autoridades, enterándose que la mayoría de los esclavos de la ciudad habían desaparecido. Eso empezó a olerle mal. Judie tenía la mirada perdida, su hijo podía ser un raro, un débil, lo que sea; pero era su hijo y como toda madre, lo deseaba de vuelta. George sintió la enorme necesidad de contarle a su amo el descubrimiento de hace dos noches. Tal vez eso les daría una buena pista sobre los motivos por los que el amo Clyde fue "secuestrado" por los esclavos.
Token POV
Richmond, la capital del estado de Virginia. Virginia, la capital de la esclavitud, si tomas Richmond tomas el principal estado al que llegan esclavos. Su comercio se base en ellos. Por eso Gabriel Prosser quería tomar Richmond. Llegamos a sus alrededores en la noche. Clyde estaba exhausto de tanto caminar, como todos los demás que iban. No todos pelearíamos, algunos se quedarían en los alrededores para curar a los heridos y como refuerzos, entre ellos estaban Walter y Clyde. Los otros, como Mudo y yo iríamos a combatir al lado de los demás grupos que llegaban por montones. Atacaríamos por el sur y Prosser estaba establecido en una tienda frente al camino por el que atacaríamos. Lenny se alejó del grupo argumentando que tenía que avisarle a Gabriel su llegada, dudaba que ese idiota de verdad conociera a Prosser, una persona como Lenny nunca sería apreciado por el líder de los esclavos hartos de serlo.
–Token – dijo Clyde interrumpiendo mis pensamientos – ¿estás seguro de que triunfarán? Les dimos un día de alerta a los demás
–Debemos tener confianza Clyde – dije acariciando su mejilla
–Prométeme que te cuidarás… no quiero que mueras…
Le di una serena sonrisa y lo abracé sin importarme que me vieran los demás. Walter nos veía enojado. Se acercó a nosotros y dijo.
–No quiero seguir con problemas contigo Token, pero no debiste meterse con los Donovan; no descansarán hasta que su único heredero regresa a casa
Clyde se estremeció un poco. No consideramos ese hecho pero ya era demasiado tarde para pesar en eso. Acepté el intento de disculpa de Walter y dejé a mi amado castaño con él, dándole un rápido beso en los labios. Atacaríamos en la madrugada, con la noche de nuestro lado.
Fin Token POV
–Es muy peligroso lo que estamos por hacer – dijo Walter a Clyde
–Lo sé, pero son valientes al seguir sus ideales, valentía que durante todos estos años no he poseído, al menos no hasta que conocí a Token
Walter nunca antes había hablado con Clyde y quedó impresionado por sus pensamientos, comprendiendo el motivo del enamoramiento de Token. Le dio una palmada en la espalda, acercándolo a las pequeñas e improvisadas tiendas que había a sus espaldas. Clyde tenía mucho miedo, pero así es la libertad, siempre te da miedo al inicio.
George entraba a la sala de la mansión donde estaba John Donovan, bebiendo y fumando totalmente preocupado. Al ver a su capataz le ofreció una copa, que George rechazó educadamente. Se sentó delante de su amo, cuanto le encantaban esos finos sillones.
–De verdad no se qué hacer con Clyde ¿por qué no quiere ser mi heredero? ¿Por qué se ha ido con esos malditos esclavos?
–Señor… creo saber la razón – dijo George en actitud sumisa
John Donovan lo tomó del cuello y lo alzó con rudeza, viéndolo a los ojos.
– ¿lo sabes? ¡Dímelo carajo! – ordenó más furioso que nunca
–Señor… su hijo no es normal… no solo por lo de los esclavos
– ¿Qué insinúas? ¿Qué acaso piensas que mi hijo es marica? – dijo Donovan sin creer que la respuesta de su pregunta sería un rotundo "sí"
–Los vi hace dos noches señor, ese esclavo rebelde Token enamoró a su hijo; incluso ya planeaban algo de su huída
– ¿y por qué no lo dijiste? –lo estrelló contra la pared
–Sinceramente ¿me hubiera creído señor si no se hubiera escapado su hijo?
John soltó a su capataz y se sentó en la sala, con la mirada perdida, su hijo… su único hijo… ¿era? Judie entró a la sala corriendo.
–Lo tienen, tenemos que partir de inmediato a Richmond
"Ahora que no estás el mundo es nuestro"
Todos los esclavos que iban a combatir estaban dispuestos en varias hileras. Prosser los comandaba, la invasión iniciaría en unos minutos. Algunos traían armas de fuego peor la mayoría traía instrumentos del campo. Token tenía un hacha y Mudo un arma de fuego. Lenny estaba adelante, con actitud fanfarrona, aunque ni siquiera sabía cómo demonios se disparaba un rifle como ese.
– ¡Avancen! – gritó Prosser a todo pulmón
Los gritos de los oprimidos esclavos resonaron en la quietud de la noche, avanzaban muy rápido, listo para acabar con los malditos blancos que durante tantos años estuvieron reprimiéndolos. Token se sintió más vivo que nunca, esto no podía fallar, acabaría con todas las personas en esa ciudad así como todos ellos destruyeron sus vidas en un solo segundo, los separaron de su hogar y obligados a trabajar peor que los animales, alimentados con basura y siendo golpeados por cientos de látigos en sus espaldas, todo eso sin recibir la mínima compensación económica. La venganza sin duda era dulce, pero los empalagó tanto que no notaron que los estaban esperando porque fueron traicionados. Destellos en ese camino mataron cientos de personas. Token pudo esquivar una bala que podría haberle matado. Los gritos de dolor no se hicieron esperar, los blancos avanzaron y apresaron a los que estaban al inicio de la masa de esclavos, incluido Prosser. Lenny corrió hacia la masa central que era balaceada, una bala le hirió en un costado, cayendo al piso. Token buscó refugio detrás de lo que fuera. Una gran formación rocosa era perfecta, estaba por correr ahí cuando escuchó los gritos de Lenny pidiendo ayuda. Miró a la masa oscura que se retorcía de dolor luego a su posible refugio. Se regresó y le ayudó a Lenny a levantarse. Mudo también se acercó a ayudarles. Pronto los tres estaban totalmente resguardados. Los que no estaban heridos dejaron las armas y se entregaron prefiriendo la cárcel o una muerte en la horca que morir esa noche, desangrados.
–Token – dijo Lenny con pocas fuerzas – me ayudaste… ¿por qué?
–No soy tan malo como tú – argumentó el chico
Lenny empezó a ver una gran luz. Maldijo mil veces, pero supo que su hora llegó y nada podía hacer ni Mudo ni su enemigo.
–Token… perdóname… no quiero morir sin tu perdón
– ¿perdón por qué? – inquirió Token un poco enojado por haber arriesgado su vida por alguien que solo vivió un minutos más – ¿por cuál de todas las cosas?
–Le insinué a mi amo que tu y Clyde eran pareja, los vi una noche en el jardín. Deben de venir en camino, para recuperar a Clyde sabe que estará contigo… perdóname…
Token sintió un enorme odio hacia Lenny. Pero era incapaz de negarle algo a un hombre moribundo, le dijo.
–Te perdono Lenny
Una ligera sonrisa se formó en sus labios que cerró los ojos lentamente, para nunca jamás volverlos a abrir. Dejó el cuerpo de Lenny con Mudo y salió corriendo al pequeño campamento, aún podía llegar con Clyde y huir.
Los blancos atacaron también el campamento. Los que se negaban a ser arrestados eran asesinados. Clyde salió de la tienda, Walter le gritó que corriera, pero los blancos llegaron antes a él. El esclavo pensó en regresar, pero Clyde le dijo que no negando con la cabeza. Token le dijo que todo estaría bien, casi todos los sublevados estaban muertos o apresados y ahora lo tenían a él también.
–Este es blanco, debe ser el chico secuestrado
Ahora volvería con los Donovan, regresará a su vida normal mientras Token corría libre por ahí, llevándose sus besos y caricias con él. O tal vez estaba muerto, en todo caso le mintió, le dijo que todo estaría bien, que serían felices… que no regresaría nunca más con los Donovan. Token llegó al campamento devastado. Buscó frenéticamente, encontrándose solo el moño que usaba siempre Clyde en el cuello. Vio a Walter salir de entre la maleza… completamente solo.
–Traté de ayudarle… me ordenó que me fuera
Tal vez no estaban herido físicamente, pero su corazón dejó de latir. Oficialmente estaba muerto. Cayó al suelo, llorando amargamente. Los pocos que lograron escapar de los blancos se reunían con la esperanza de ver a alguien conocido. Token no fue el único que murió en vida esa noche. Varios más se le unieron, llorando por diferentes personas, hermanos, amigos… Mudo dejó el cuerpo de Lenny en el suelo con los demás cuerpos muertos en el campamento, ahí sería su lugar de descanso. No tenían tiempo de enterrarlos a todos, podían ser apresados también. Nunca antes Mudo sintió la necesidad de hablar, hasta que vio a su amigo Token en el suelo desconsolado, se sentía mal por no poder darle algunas palabras de aliento. Walter se ahorró el "te lo dije" no hacía falta, ya el dolor era el peor te lo dije de todo el planeta.
Fue ahí, bajo una noche tranquila que Token se dio cuenta del enorme monstruo que era la humanidad, monstruo al que ellos también estuvieron a punto de convertirse. Hicieron mal al tratar de pagar con la misma moneda. Y ahora estaba ahí, arrodillado en la tierra, con el moño de Clyde entre sus manos, llorando desconsolado; todo por tratar de convertirse en los monstruos que los tenían doblegados. Walter puso su mano en el hombro de Token, el chico de ojos vivos volteó.
–Debemos irnos Token, el sol está por salir
Mientras se ponía de pie supo lo que debía hacer, usó totalmente mal el espíritu vivo que admiraba Clyde, ahora sabía qué hacer. El día marcaría su inicio, se acercó a Mudo, seguido por Walter.
–Sigan si quieren, yo regresaré a Raleigh… no renunciaré a Clyde
Los dos esclavos se vieron entre sí. Pensando lo mismo.
– ¿no pensarás ir solo verdad? Es más que obvio que te acompañaremos
Una sonrisa se formó en los labios del chico, y se perdieron entre los bosques cercanos antes de que los rayos del sol los delataran y mostrara también la terrible escena del campamento. Esperando que no fuera demasiado tarde.
Clyde estaba sentado en la comisaría con la mirada perdida. Richmond ni se enteró de lo sucedido en uno de sus caminos hasta que los rumores empezaron a correr entre las señoras que iban al mercado. Ahora su familia venía para acá, seguramente su padre lo mataría. Pero lo que más le dolía era no poder besar los labios de Token una vez más, aunque eso también le enojaba. Cerró con fuerza los ojos, tratando de borrar la imagen del afroamericano, pero era simplemente imposible. Lo amaba… pero lo había traicionado, Judie se bajó del carro antes de que este se detuviera por completo, entró corriendo a la comisaría ignorando las órdenes de los oficiales que le decían que se detuviera. Vio a Clyde sentado en esa banca y lo abrazó con fuerza. Las lágrimas de una madre feliz de encontrar a su hijo bajaron por sus mejillas, mientras los oficiales se preguntaban ¿Qué la madre no es la otra?
–Oh Clyde, estaba tan preocupada por ti
El chico no respondió. Solo dejó caer unas lágrimas y correspondió el abrazo. Martha y John entraron con suma calma. George estaba detrás de ellos y los veía curioso de lo que Donovan le fuera a decir a su hijo. Judie se hizo a un lado y el padre del castaño se acercó, sus ojos no estaban furiosos, pero tampoco era como para calmarse. Tenía un carácter explosivo. Martha le dio una mirada de asco a Judie, si antes la odiaba, ahora mucho más, quedó como la madre de Clyde. Donovan se puso a cuclillas, quedando a la altura de su hijo. Clyde desvió la mirada, incapaz de encarar a su padre luego de su huída, estaba seguro de que sabía que había sido una huida, no un secuestro.
–Hijo, solo… espero que entiendas
Clyde apretó los puños, con lágrimas en los ojos levantó la mirada y de la forma más segura, clara y precisa que había usado en su vida dijo a todos los presentes, con el viento como eterno testigo así como cada uno de los objetos o personas ahí presentes.
–Sí… ahora entiendo…
Me encantó este cap en lo personal, sobre todo la canción que escogí.
El siguiente cap será el Style, también es uno de mis capítulos favoritos.
Nos leemos la próxima semana.
