Disclamer:Beyblade, aunque quisiera, no es mío, sino de Takao Aoki. Yo sólo hago esto como pasatiempo usando sus personajes sin ánimo de lucro.
Capítulo XIV: La Derrota
—Sí, claro —observó detenidamente Tyson a los Hiwatari, comentando finalmente con ironía—. Y más con el gran parecido que tienen entre ustedes…
—Lo mismo decía entre tú y Hiro —le expresó fríamente su capitán.
— ¡Vaya! —Rió Albert — ¡Cuántas veces nos lo han comentado!
—Espera, estoy dudando realmente que sean hermanos —miró el japonés a Albert, mientras le susurraba a Max—. Kai no ríe.
—Bueno, los hermanos son como los dedos de la mano, distintos, aunque hay sus excepciones, ¿cierto Kai?
—Hum, muy gracioso, Albert. Por cierto ¿qué haces aquí?
—Recibiste mi carta, donde te había mencionado que si no me asignaban investigaciones vendría a verte. Me da gusto que ya puedan manejar los HMS 2.0
— ¿Al, tú nos los enviaste? —preguntó Kenny
—Pensé que lo habías deducido hace tiempo.
— ¿Podrían explicarme cómo se conocen ustedes dos? —interrumpió Daichi
—Por Internet —contestaron ambos.
—Una verdadera casualidad —miró a Kenny—. Me interesé en un trabajo del Jefe hace dos años, pero nunca pensé que fuera tu compañero Kai. Hasta que nos reunimos un semestre después.
—Sí, en esa ocasión le pedí que me ayudara con Dizzara—sacó su beyblade y se lo mostró —. Gracias —se lo dio para que lo examinara.
—Vamos, no fue nada —le regresó su blade al japonés—. Además, será muy útil en esta época, para ayudarnos contra los entes errantes.
— ¿Qué? —Cuestionó Tyson — ¿Cómo lo sabes?
—Kai —miró a su hermano con el entrecejo fruncido—, pensé que ya se los habrías dicho.
—Eh… ¿sobre qué? —preguntó Max
—Con todo lo que nos ha pasado Albert, no ha encontrado la oportunidad de mencionárselo a los chicos —terció Rei.
—Respondiendo a tu pregunta Max, yo soy el guardián de Dragoonary Wizard.
— ¿Qué? —comentaron los demás al unísono.
—Espera eso no es posible, cómo… —dijo el dueño de Dragoon. Sin embargo, Albert lo interrumpió.
—Me gustaría platicarlo en otro lugar, no creo que el aeropuerto sea el mejor sitio para charlar —señaló con la mirada la salida—. Además, tengo que llevarlos a su trasporte. El señor D me dio esa oportunidad.
—Ya me preguntaba donde estaban esos monigotes con traje de pingüino —terció Daichi —. No creía que el señor D nos dejará estar libres por un minuto.
Acompañaron al chico hasta la salida en donde, efectivamente, encontraron un autobús con hombres de negro esperándolos. Subieron al vehículo. Los agentes se fueron hasta el fondo, mientras los chicos iban adelante. Hilary observaba al hermano de Kai, soltando un suspiro, en uno que otro momento. Tyson, quien estaba a su lado, se dio cuenta de eso, por lo que a cada rato chasqueaba la lengua en señal de reprobación.
— ¿Qué le ves a Hiwatari? —le expresó molesto — ¿Qué tiene él que no tenga yo?
—Eh… —lo evaluó, dándole una mirada despectiva y volvió a fijar su vista a Albert —. Si te lo digo, no terminaría nunca.
—Hum… —y no le digirió la palabra durante el transcurso del viaje.
Detrás de ellos estaban dos de sus amigos, riendo por lo bajo:
—Yo diría que está celoso —murmuró Daichi a Max.
—No te lo niego —él sonrió. Sabía que en el fondo ese par sentía algo mutuo, y no precisamente, el odio que supuestamente se declaraban.
Mientras por su lado, Albert platicaba amenamente con el Jefe sobre el proyecto del chico, el de los HSM. En los asientos de la derecha, estaban Kai y Rei. El ruso no prestaba atención a su hermano, sino observaba la ventana. Meditaba sobre lo sucedido en México, como también, si era necesario soltárselo al castaño.
—Veo que estás preocupado por algo —expresó Rei, al ver tan pensativo a su amigo.
—No es nada —respondió tajantemente.
—Está bien —cambió de tema —. Veo que tu hermano cumplió la promesa de venir a verte —observó a Manabu con extrañeza—. Jamás había visto al Jefe así. Bueno, quizás cuando fuimos al recorrido del centro de investigaciones donde trabaja la mamá de Max.
—Hum —miró a su hermano, esbozó una pequeña sonrisa—. Es raro ver a Albert hablando con tanta emoción.
—Supongo que le dirás lo de Isis, ¿cierto? —Rei había acertado en aquello que el ruso cavilaba hacía unos momentos. Finalmente, éste último le respondió:
—Tengo qué. Me gustaría saber qué es lo que piensa. Y además —se detuvo un momento, para proseguir—, si ha estado en contacto con mi hermana.
El joven oriental se abstuvo de preguntar más, así que el viaje transcurrió en total silencio para ambos. Llegaron al hotel. Los G-Revolution se registraron, mientras Albert los esperaba. Los siguió a sus habitaciones, donde hablaron en la "sala" de uno de los cuartos. El chico sacó de sus bolsillos una memoria USB, unas notas, algo arrugadas, pero aún legibles. Le pidió prestada la computadora del Jefe, con lo cual inició.
—Ahora, ¿podrías explicarnos como es que estás metido en este embrollo? —Interrogó el chico de la gorra.
—No sólo Dranzer ha estado bajo la protección de nuestra familia —respondió Albert—. El Mago y el Ángel también lo están. Sé que Kai no es muy comunicativo, para mencionarles que tenía dos hermanos.
—Espera, ¿además de ti el amargado tiene otro pariente? —Expresó Tyson, mirando expectante a su compañero.
—Ella es la guardiana de Angeligth —murmuró con fastidio.
—Ahora que recuerdo —terció Daichi—, Rei y Kai nombraron a…
—No creo que sea de importancia ahora, Daichi —interrumpió el chino, con nerviosismo.
—Escuchemos primero lo que Albert quiera mostrarnos —terció Kai, agradecido por la intervención de Rei.
—Me parece que ya les han explicado algo sobre la leyenda —miró brevemente a su hermano, para regresar su contemplación al ordenador. Insertó la memoria y comenzó a trabajar en la máquina—. Así que será más ágil esto. He encontrado algunos textos relacionados con esto en la Universidad, pero lo más curioso, es que algunos de estos datos, son originarios de Salem —en ese momento veían documentos escaneados en la pantalla—. Es un lugar lleno de historia de la magia, en especial por los juicios a brujas y herejes en el siglo XVII, antes de la Independencia de este país.
— ¿Tienes algunos datos sobre el Diario de Ginevra? —preguntó Kai
—Pocos —respondió, al mismo tiempo que abría en la computadora una carpeta nombrada AG—. Bueno, he descubierto que aparte de los guardianes, existen los centinelas, aquellos entes que ayudan a los espíritus sagrados. O al menos así los nombraba Ginevra Ravenwood. Se darán una grata sorpresa al saber los nombres de los integrantes de ambos grupos.
— ¿Eh? ¿Por qué? —cuestionó Tyson
—He estado investigando los árboles genealógicos de cada uno de los miembros de los alquimistas —al momento, veían el archivo con el título "Brown" —. Verán éste primero.
—No es posible… ¡chicos ese es el mío! —comentó con sorpresa Max
— ¿Cómo lo sabes? —interrogó Daichi
—Mi bisabuela se llamaba Arabella Brown —señaló al último nombre del árbol —. Ella se casó con un Tate.
—Brown… —susurró Kai
—Sé lo que estás pensando, hermano —expresó Albert —. En 1820, Daniel Brown fue el elegido de Draciel. Incluso creo que tengo una foto de él.
Mostró a los chicos una imagen amarillenta, la cual en la vista preliminar, mostró a un joven de veinticinco años junto a una chica de cabello oscuro, largo hasta la cintura, de la misma edad. Tenían una gran similitud con Mariam y con Max. Luego se saltó a otra, la de una boda de ambos, en la cual, increíble que pareciera, se encontraban los chicos ahí presentes, exceptuando…
—Sí, los Ravenwood no están y tampoco los Wong —mencionó Albert, como si les leyera el pensamiento—. Después de un incidente fatal que les ocurrió a Laos y a Inés al final de la lucha contra los entes, ni Mai, la prima del chico, ni Ginevra ni Karl, volvieron a frecuentarse con ellos —mencionó con un deje amargo —. Sin embargo, Holmes asistió a la boda.
—Pensé que era familiar de los Ravenwood —espetó Tyson —. Y aún más por el parecido que tiene contigo.
—Verás, Arthur era primo segundo de Ginevra y Karl. No estabas tan equivocado, Tyson. Sin embargo, él se marchó a Japón cuando terminó todo este embrollo de los entes sagrados, aunque desconozco si llegó a tener hijos.
—Es extraño que haya decidido irse a nuestro país —terció Kenny—. Nuestra cultura se conoce por tener una de las razas más homogénea del mundo, debido a que no se permitía la entrada de extranjeros.
—Tienes razón, Manabu. Pero desconozco sus motivos —volvió su mirada al monitor —. Continuando, en cambio Karl, se marchó con su hijo a Rusia. Y de ahí que nuestra madre tenga apellido inglés, aún siendo soviética. Ginevra por su parte, también se fue a Moscú, pero permaneció sólo un tiempo corto, con su hermano. No tuvo descendencia. Visitaba a Migail Uliánov, que más tarde su abadía llegó a manos de los Balkov —torció el gesto al mencionar dicho apellido.
— ¿De la familia de Boris? —preguntó Kai anonado.
—Sí —afirmó con desgana Albert—. Ambas familias eran socias, pero después de la Revolución Rusa, no se supo más de los Uliánov. Por eso, Balkov la tuvo, y después recibió las "donaciones" de nuestro "querido" abuelo —movió a la siguiente imagen, en donde mostraban a un pelirrojo muy conocido para ellos y a un hombre de treinta años, parecido a Spencer —. Miren, ellos son.
—Estoy seriamente pensado que podría ser…
—No es un fotomontaje, Granger —lo cortó fríamente Albert —. Si quieres te muestro mi bibliografía, un día que vayas conmigo a la Universidad. Bueno, eso es algo, no puedo mostrarles más, sin que Flamel suelte el Diario —observó el reloj de la computadora y añadió —. En fin, es algo tarde —cerró las imágenes y sacó su USB—. Los veré en el torneo, supongo —viró hacia Kai—. Toma —le entregó un papelito arrugado —nos veremos después —salió de la habitación con rapidez.
Kai revisó el objeto que le entregó su hermano, el cual rezaba: "Te espero en el techo del hotel, necesito hablar contigo de ciertos asuntos". Esperó a que sus compañeros se retiraran a sus dormitorios. No quería llamar demasiado la atención de los otros. Se dirigió de inmediato al lugar que Albert había fijado verlo. Lo encontró, observando el firmamento de la ciudad.
— ¿De qué querías hablarme?
—Verás, me he enterado sobre los problemas que has tenido en México.
—No sé de qué me estás hablando —mintió él.
—Supongo que conoces a Alexandra Flamel, y no me refiero, sólo de vista.
—Sí, es verdad —respondió.
—Yo la he tratado, también.
— ¿Qué? —eso llamó la atención de Kai —. ¿Cómo?
—Nos hemos frecuentado en varias ocasiones, desde que éramos niños.
— ¿La conociste en tu internado?
—Creo que eso no tiene importancia —indicó con leve nerviosismo—. Ella…
—Hum, apuesto que la chismosa de Flamel te informó lo que ocurrió en Pachuca.
—Diste en el blanco, Kai. Además, la muy chismosa está aquí —terció otra voz. Era Alex, vestida con un chal verde, un suéter negro y falda larga de color hoja seca.
— ¿También la citaste aquí? —le preguntó con enojo a su hermano.
—Tuve que hacerlo, pues necesito hablar con ambos sobre mis problemas que he tenido aquí.
— ¿Qué? —mencionaron al unísono.
—Hace unos días, uno de los encapuchados ha venido a ofrecerme que…
—Seas parte de su grupo, ¿no? —complementó Alex.
—Sí, pero como…
—Lo supuse, Albert. No me sorprende que ellos quieran incrementar su poder contigo y con tu bestia bit. "El poder del mago es grande, que necesita a alguien de mucha resistencia física y mental para dominarlo, de lo contrario, afectará a sus compañeros, causando terribles consecuencias", eso lo escribió Ginevra en su diario —la muchacha titubeó antes de continuar—. Una vez su primo perdió el control, y… bueno, perdieron a un centinela y a un guardián.
—Te prometo que eso no me pasará —le respondió Albert, con cierta pesadumbre.
—Por cierto, quería comentarte algo —expresó Kai a su hermano—. Al ver que estás al tanto de la situación, deseaba mencionarte acerca de Isis —al escuchar esto, la chica se incomodó un poco—. Ella tomó un gran riesgo en enfrentarse a los encapuchados —le contó todo sobre su enfrentamiento en el Huracán.
—Hum… —dirigió una mira fría a la muchacha—. Nunca creí que hiciera algo como eso. Alexandra ¿por qué no me informaste sobre eso?
—Vaya —ahora ella lo fulminaba con la mirada—. Es obvio, no quería preocuparte más de lo que ya estabas.
—Si claro, como si esta noticia no fuera de gran importancia para mí —le habló con sarcasmo—. Deseo hablar contigo a solas después, además no quiero que sigas en esto… —ella bufó ante el comentario.
— ¡Verás Hiwatari, si yo me meto en este asunto, es mi problema! —le dijo tajantemente, mientras lo observaba con cierto enojo.
— ¡Dejen de pelear! —Los detuvo Kai con tono iracundo—. ¡Albert no sé por qué le reclamas a Flamel sobre lo sucedido! y tú —miró a la joven—, ¡tampoco estoy seguro sobre tu participación en este problema, pero en cierto modo, mi hermano tiene razón sobre meter tu cuchara en este asunto!
— ¡Claro! ¡Tenías que ser su hermano! —exclamó colérica—. ¡Ya sabía que estarías de parte de él! ¡De todos modos, es mi dilema!
— ¡Mira, eres una entrometida que no debería meterse en conflictos ajenos!
— ¡Y eso a ti que te importa!
—Pienso que discutiendo no podemos llegar a un acuerdo —terció el castaño. Miró su reloj —. Es tarde, deberían irse a sus respectivos cuartos.
— ¡No tengo cinco años para que me ordenes qué hacer! —gritaron al unísono Alex y Kai, cosa que sorprendió al bicolor por la respuesta de la chica
—Kai soy tu hermano mayor, sé que es molesto —el aludido bufó ante la réplica de Albert. El castaño miró a la chica y agregó—. Alex, sabes que me preocupo por ti. Supongo que aún no te has recuperado de tu lesión.
—Hum, sólo fue un rasguño —le alegó, pero al ver su mirada inquisitiva, soltó un gruñido y se fue de ahí, cojeando.
—Esa niña no entiende —suspiró.
—Te veré luego —musitó el bicolor, que se disponía a partir de ahí también.
—Espera —lo detuvo su hermano—. No puedo traicionar a Alex, pero tengo que decirte una cosa.
— ¿Eh? —lo observó con extrañeza.
—Sólo quiero decirte que te fijes quién es en realidad Alexandra. Antes de que sea demasiado tarde, como para ella como para ti. Ella me hizo prometer que no te diría nada.
—Hum, no sé de qué…
—Sólo hazme caso, Kai.
El bicolor miró extrañado a su hermano, giró hacia la puerta y se fue de ese sitio. Por su parte el castaño se quedó un rato más observando el firmamento. La chica lo había sacado de sus casillas por primera vez. No podía saber cuan tan necia podía ser Alex. Se disponía a partir cuando la puerta que da a las escaleras, se cerró:
—No creí que fueras un idiota, Hiwatari —expresó una voz gélida —. Decirle a la molesta de Alexandra lo que te ha pasado —era una chica de veinte años, de tez y cabellera blanca, con un par de ojos grises, tan fríos y sin una chispa de vida, parada en la barda del techo. Vestía una túnica grisácea.
— ¿Qué es lo que quieres, Alba? —le enunció con enfado.
— ¡Vaya, hasta que sacas el carácter Hiwatari! —exclamó con sorna.
— ¿Qué es lo que quieres? —Repitió, apretando sus puños y mostrando furia en sus ojos.
—Ya sabes que es lo que quiero, mi querido Albert —se acercó a él, muy seductoramente, tomo su mentón y acercó peligrosamente su rostro al suyo—. Deja a la boba de tu hermana y a la fastidiosa de Alex, ¿o debería decir, Nicolle?
— ¡Déjame en paz! —exclamó con rabia, alejándose de ella—. Dime ¿por qué lo haría?
—Creo que la respuesta la sabes muy bien —sonrió con malicia—. Quizás porque tú no quieres que les pase algo grave a ellas, como también al atractivo de tu hermanito y a sus molestos amiguitos…
— ¡Vete, ya sabes lo que te contestaré! —se dirigió a la puerta, al ver que estaba sellada con energía oscura, sacó una lanza de la nada, se llenó de un aura de un azul púrpura y golpeó el portal, quitando el sello.
—Sé que quieres terminar con esta leyenda —él se detuvo, pero no giró a verla—. Si consigues lo que te pido, no habrá más pérdidas como las que Arthur hizo en vida —sin embargo, el chico no se inmutó, entró al edificio.
En ese momento, un campo de fuerza se activó, al mismo tiempo que la hizo retroceder del hotel. Con agilidad, saltó a la otra residencia.
—Pero ¿eso qué…? —dijo con cierta ironía al mirar hacia un punto fijo de la construcción —. ¡Ah, Flamel, debí saberlo! —Hizo una mueca de disgusto—. Veremos quién sale victoriosa de esto —después desapareció entre las sombras.
La chica de ojos azules la miraba desde un balcón, sonriendo ligeramente a modo de triunfo, con su arco en la mano. Ella resplandecía un aura blanca, que poco a poco se extinguía. La joven se veía un poco pálida y sentía un poco de cansancio, agregando que el tobillo izquierdo le empezó a doler aún más.
Al momento que ella retornaba a su alcoba, sus compañeras entraron a la habitación. Itzel le contaba un chiste a la mexicana, mientras ésta última reía con ganas. Pero, al ver a su capitana, se tranquilizó un poco, por si su comportamiento le pareciera inadecuado. Sin embargo, a Alexandra no le importó en absoluto, paso por su lado sin prestarles atención y salió del cuarto.
—No me regañó… ¡Es el fin del mundo! —exclamaba Itzel.
—Vamos, no exageres —le mencionó Gisela —. Ella tiene otras cosas más importantes en la cabeza que regañarte por una tontería.
—Se veía mal, supongo que realizó la barrera, para que esos no nos molesten.
— ¿Te refieres a los encapuchados?
—Pues a quien más, Gissie. Esos son un fastidio al querer destruirnos. En fin, mejor sigamos en nuestro rollo —y se puso a contarle sobre su vida, a parte algunos chistes más de su repertorio.
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A la mañana siguiente, Kai fue el primero en levantarse de sus compañeros. Decidió salir hacia el comedor del hotel. Hoy vestía una playera de color azabache, con un conjunto de pantalón y chamarra de mezclilla de tono azul grisáceo, además de unos zapatos tenis que hacían juego.
Al llegar ahí, se encontró con su hermano, que leía con vivo interés un libro de pasta naranja. Sin embargo no estaba solo: se hallaba en compañía de Mariam, (ahora luciendo un conjunto de falda corta verde con una blusa limón), y Tala, quien vestía un traje deportivo azul marino con algunos tonos naranja. Estaban platicando con él en susurros. Vio que de pronto Albert dejó su libro, no sin antes poner su separador en la página que se quedó. Miró al ruso pelirrojo con cierto escepticismo, sobre una cosa que le mencionó (lo cual no le era audible a Kai). Fue acercándose más al grupo…
—No teníamos opción, Al. Ella nos pidió que la ayudáramos —le explicó la chica.
—Pero pudo ser demasiado riesgoso para los cuatro.
—Lo sabemos —terció Tala con cierto desdén —. Pero conoces cuan tan necia es —de pronto su mirada se desvió hacia el bicolor—. Como Kai, por ejemplo —expresó una sonrisa cínica al ver a su amigo—. En fin, tengo que ver que Spencer no trate de matar a Andriév. Puede parecer un dulce angelito, pero a veces es todo un demonio ese niño —acto seguido se levantó de su asiento y se fue por donde había entrado el bicolor.
—Bueno Al, yo te dejo —mencionó la chica, también levantándose de su silla —. Kevin ha de estar discutiendo con Lee acerca del entrenamiento forzoso que nos ha querido implementar desde que llegamos a este país, así que creo que entre Mei, Mariah y yo podremos detenerlos. ¡Nos vemos! —acto seguido, ella salió por el mismo lado que Ivanov.
— ¡Éxito en tu juego de hoy! —Le expresó, después miró a su hermano —. Buenos días Kai, puedes tomar asiento.
— ¿Los conoces? —señaló con la vista el lugar a donde se fueron Mariam y Tala
—Si —retomó su lectura—. A Tala lo conocí aquella ocasión que fui a Rusia a ver tu juego contra los Demolition Boys, cuando…
—Ni me lo recuerdes —se sentó en la silla esquivando la mirada de su hermano y tocándose la mejilla izquierda—. Isis tiene la mano pesada cuando se enfada —expresó con amargura—. No cambies el tema ¿y a Mariam?
—Verás, a ella la acabo de conocer, venía con Tala. Es una chica muy agradable, y muy guapa, me atrevería a decir —retomó su lectura—. Por cierto, dentro de unas horas comenzarán los juegos de beyblade. Tengo que ir por mi laptop si quiero reunir información sobre los equipos.
—Supongo que con eso ayudarás a los PBB All Starz en el torneo…
— ¡Si, claro! —Rió con sarcasmo—. ¡Cómo Emily y yo somos tan buenos amigos, con gusto aceptaría mi ayuda! —expresó con ironía —. Siento decirte que no me llevo bien con ella, digamos que me ha considerado su rival. Además, ellos no son mi equipo favorito. La información que recolecto es para mis propios propósitos.
—Mmm, quizás entre esos planes es… ¿Favorecer a Flamel a ganar este torneo? —siseó, al mismo tiempo que vio que su hermano se ponía nervioso.
—Eh… bueno, no te niego que he ayudado a Alex en ciertas cosas, pero jamás le pondría todo en charola de plata, Kai. Mis intenciones son otras. Si lo hiciera, estaría dándote también (o más bien a Kenny) toda mi información, lo cual no se me haría justo para los otros equipos.
—Hum… —le dirigió una mirada de incredulidad a su hermano.
—Si quieres, no me creas —expresó con cierto desdén, a la vez que cerraba su libro—. En fin, debo irme. Supongo que empezarás a entrenar de una vez, así que no te quitaré el tiempo —dijo esto con aire divertido, mientras se levantaba de su asiento —. ¡Nos vemos después!
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La agitación por el juego de los White Tigers X contra el Batallón F, se podía sentir en las afueras del hotel. Sin embargo, en esta ocasión, Rei no se sentía con humor de presenciar el juego, aunque fueran sus amigos de la aldea quienes jugarían en esta ocasión. Esta vez lucía una camisa oriental de color rojo y adornos dorados, conjugado con un pantalón café oscuro. Seguía en el jardín del magnífico edificio grisáceo, buscando a los Dark Hunters, en especial, a Itzel. Esa chica lo había inquietado un poco. Sin embargo sólo halló a Alexandra, entrenando sola. Se acercó, pero antes que lo lograra, un beyblade de tonalidad oscura atacó al de ella. El neko-jin se escondió en un árbol
— ¿Qué rayos? —murmuró ella, alzó la vista, mirando a la persona que se le aproximaba —. Masefield ¿Qué quieres?
— ¡Vaya, mejora tu carácter, Alexandra!
— ¡No tienes el derecho de llamarme por mi nombre ni indicarme que hacer, déjame en paz! —le alegó con resentimiento.
—No lo haré —la interrumpió —. No sin antes de decirte un par de cosas —ella lo miró con frialdad —. Sobre comentarle la verdad a tu hermano —ella palideció ante esas palabras, tomando la huida como opción.
—No te incumbe mis asuntos, Masefield…
—Escúchame —la tomó del brazo, para evitar que se fuera, mientras que Rei tenía ganas de dejar su escondite—. Debes mencionarle la verdad.
—Nicolás está al tanto sobre lo que me pasó en México…
—No me refería a él —expresó—. Sino a tu otro hermano, acerca de tus planes.
— ¡Masefield deja de molestarme! —La chica evitó la mirada de Brooklyn — ¡Déjame irme!
— ¡No, debes entenderlo! ¡Si no lo haces, echarás todos los esfuerzos a la borda! —le indicó con preocupación —. Además, sé que Alexandra Flamel no es tu verdadero nombre —ella perdió el color que le sobraba—, y si no me equivoco, en el pasado fuiste Ginny.
—No sé… de… que hablas —le dio una bofetada, retiró con furia su brazo y se fue de ahí, despotricando contra él. Rei la siguió con mucho cuidado. Entraron al hotel. Ella se recargó en la pared, tapando sus ojos con su mano derecha, murmurando para sí misma.
—Eh, Alex, ¿puedo hablar contigo un momento? —se acercó con cautela el chino.
— ¡Kon, no me di cuenta que estabas aquí! —ella se sobresaltó al verlo—. Discúlpame pero ahora no me siento con el humor necesario para conversar —dijo molesta —. Supongo que oíste (y viste) mi "plática amena" con el entrometido de Masefield…
—Yo… este… —evitó la mirada inquisitiva de la joven, al mismo tiempo que sus mejilla tornaban un ligero tono rosado.
— ¡Me lo imaginé! —dejó escapar una sonrisa irónica—. Debo de irme a mi habitación
—Te acompaño —la muchacha lo vio con cara de pocos amigos, forzándolo a responder su motivo—. Necesito ver a Itzel.
—Pierdes el tiempo, Kon. Ella se fue con los demás al juego a ver a los WTX. Pensé que estarías apoyando a tus amigos de tu pueblo.
—No tenía ganas de ir —llegaron al ascensor, le dio a ella el paso—. He estado pensando en varias cosas, y bueno, no pensé que te encontraría. Por cierto ¿conocías a Brooklyn?
—No personalmente —contestó algo irritada—.Verás, no me cae bien desde que se dio a conocer en BEGA, además que se mete en asuntos que no le incumben —la puerta del elevador se abrió —. Bueno, yo bajo en este piso.
—Nuestro equipo también está alojado en esta planta —expresó él—. No pensé que estaban aquí —le mencionó al salir —. Escucha, yo… lamento haber oído tu conversación, y enterarme de ciertas cosas personales.
—No te preocupes por mí, el daño está hecho —suspiró—. Prefiero que no comentes a nadie sobre lo que oíste, ni siquiera a Kai —le sonrió levemente—. Será mejor que regreses con tu equipo, es probable que Hiwatari quiera que entrenen de una vez.
—No lo creo, Flamel —mencionó una voz fría detrás de ellos —. Por lo menos no por ahora.
—Hiwatari… —lo vio con frialdad —. En fin, los dejo. Tengo asuntos más importantes en que ocuparme.
La chica se alejó de los chicos, sin siquiera mirarlos. Kai no la dejó de observar con cierta expectación, hasta que ella dio vuelta a la izquierda y desapareció a la vista de los jóvenes. Luego dirigió su vista hacia su compañero con una ceja arqueada.
— ¿De qué hablaban?
—Sobre… —dudó en comentarle a su capitán —sobre… cosas sin importancia.
—Hum —no le creía del todo a su compañero —. Por cierto ¿por qué estabas con ella?
—He estado pensando sobre Luvia, y he sospechado acerca de Itzel, sólo eso. Sin embargo el resto de su equipo está en el juego.
—Ya se me hacía raro que te quedaras aquí y no fueras a apoyar a tus amigos —expresó con indiferencia.
—Por cierto ¿tú por qué te quedaste en el hotel? —le preguntó extrañado
—Como a ti, no me interesaba ir a ver el juego; sin embargo, estuve pensando en lo que ocurrió con mi hermano, mientras entrenaba en el patio. Vi a Albert, pero no lo encontré solo. Estaba con Mariam y con Tala, conversando sobre alguien, pero callaron cuando me vieron entrar.
— ¿Te imaginas de quién…?
—En absoluto. Últimamente Albert ha estado muy extraño. Ayer regañó a Flamel por la arriesgada maniobra de mi hermana.
—Pero Alex no pudo evitarlo, ella estaba lastimada, a menos… —tocó con sus manos su dije, luego lo observó —, a menos de que el collar que me entregó sea de Isis.
—Hum, puedes tener razón. No encuentro otra explicación lógica.
— ¡Kai! ¡Rei! —gritó una voz femenina detrás de ellos, interrumpiéndolos.
— ¡Ah, hola Hilary! —La saludó Rei — ¿Cómo les fue a los…?
—Perdieron, Rei —comentó con algo de tristeza —. Mariam ganó su encuentro contra Claudio, pero Mariah perdió contra Matilda y Lee contra Aarón. Es una lástima que no hayas ido a verlos.
—No te preocupes viejo, ellos dieron lo mejor de sí, dándonos una de las mejores beybatallas que he visto —expresó Tyson—. Aunque no me explicó por la ausencia de nuestro capitán —miró inquisitivamente a Kai.
—Hum, ese es asunto mío, Tyson —se volteó y dijo, sin verlo —. Dentro de tres horas nos veremos en el patio. Comenzaremos a entrenar, avísale a Daichi, a Max y a Kenny.
— ¡Ah, no es justo que te vengues de esa manera, Kai! —le gritó Tyson, mientras el ruso lo ignoraba, aunque esbozando una pequeña y maliciosa sonrisa en su rostro.
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Ya era casi media noche, y sin embargo, Hiwatari no podía conciliar el sueño. La pelea con Flamel lo había dejado abatido, pero seguía en sus asuntos. Aún enfrente de su laptop, Albert releía la información que tenía dentro de aquella máquina, además a lado de ésta se hallaba el mismo libro que Kai había hojeado en Japón. Había aprovechado ésa oportunidad que las circunstancias le dieron para regresar al país del Sol Naciente, que no dudó ni un instante en ir a la mansión cuando su hermano no estaba, tomando el volumen para analizarlo más a fondo. Decidió leer después, apagó su computadora y se retiró los lentes, para poderse tallar los ojos.
El chico decidió cambiarse, para ver si por fin conseguía dormirse, aunque a su pesar, no podía lograrlo.
—Tengo que saber qué rayos se traen entre manos aquellos sujetos… —pensó con preocupación —. Sin embargo, me preocupa que no le haya dicho nada de sus propósitos a Kai. Temo que tendré que seguir encubriéndola hasta que entre en razón de comentarle la verdad.
No durmió bien aquella noche. Empero, pesé al cansancio que lo agotaba, Albert decidió levantarse de su mullida cama esa mañana. Sintió de pronto un escalofrío. Su intuición le marcaba que algo malo sucedería ese día. Decidió arreglarse e ir abajo al restaurante, quizás con un poco de suerte, pudiera ver algún entrenamiento de los equipos que jugarían aquella noche. Desayunaba solo en la barra, hasta que alguien se sentó a su lado: una muchacha de cabello bicolor, lustrando una blusa blanca, falda y chaleco negros.
—Hola, Albert —expresó ella.
—Ah, hola Julia —comentó con un poco de desánimo.
—No te vez con buena pinta, Albert. ¿No pudiste dormir bien?
—No te preocupes por mí, estoy bien —ella lo miró con cierto reproche, causando en el ruso, un ligero sonrojo—. Ya te dije, no me pasa nada…
—Claro, y yo soy hermana de Alejandro Fernández —rió con sarcasmo—. Como si no te conociera. Algo te preocupa.
—De verás, no es nada —ella lo miró con escepticismo.
—Bueno, por esta ocasión te daré el beneficio de la duda —su semblante cambió por otro más amable—. Por cierto, ¿no te molestará que te acompañe, o sacarás el "lindo carácter" Hiwatari? —bromeó, sonriéndole de manera pícara.
—En absoluto —el respondió el gesto, aunque sus mejillas se coloraron un poco más. Con nerviosismo, le preguntó: — ¿Iras a ver el juego?
—Sí, si tú vas —le contestó, mientras pedía un expreso y una ensalada de frutas—. Mi equipo no asistirá, así que sería aburrido ir sola. Supongo que estarás ahí, tomando datos de todos los equipos —lo miró con picardía—. ¿Alguna idea para un nuevo modelo que nos haga sufrir?
—No por ahora —sonrió con malicia—. Veo que ya te mencionaron quienes diseñaron el HMS 2.0.
—Emily, le pregunté hace tiempo —sacó de su bolsillo su blade, dándoselo al joven.
— ¿Aún no lo manejas bien? —preguntó, mientras examinaba el objeto.
—Es una pesadilla ese beyblade, pero ya le voy tomando medida —expresó con cierto aire divertido—. Sabes, nunca debiste ir a ver a mi abuelo. Aunque es raro que te diera buenos consejos, con lo cascarrabias que es…
—Pero, si hubiera sido así tampoco te hubiera conocido —suspiró, mirando con cierto nerviosismo a la chica.
—Bueno, si lo pones así… —ella se sonrojó ante el comentario. Cambió de tema drásticamente—. Terminando de desayunar ¿te gustaría ir a pasear un rato conmigo por la ciudad?
— ¿Pero no tienes que…?
—No te preocupes. Siendo la capitana de mi equipo, puedo darme el privilegio de darles el día libre a mis compañeros —rió la muchacha —. Entonces ¿qué dices?
—Claro, será un placer.
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—Casi anochece, pero en los alrededores del puerto de Boston no hay tranquilidad, sino el ajetreo de la gente por ir al juego. Hoy, en el estadio, se enfrentan dos grandes equipos —decía Brad Best
—Cierto, viejo. La última vez en que se vieron cara a cara fue cuando los Blitzkrieg Boys fueron directamente a enfrentarse a Boris y a BEGA. Pero vayamos con nuestro chico, Jazzman, el mejor presentador para estos encuentros —comentaba A. J. Toper
— ¡Bienvenidos otra vez al Torneo Mundial de Beyblade! —Expresó Jazzman —Hoy ¡un duelo entre titanes, los Blitzkrieg Boys contra Los Justic Bladers!
Cuando entran al estadio ambos equipo se oyen la gran euforia, principalmente de sus fans, al ingresar al hemiciclo. Mientras tanto, los G-Revolution miran expectantes, (con Kenny enfocando con su webcam todo el juego, como de costumbre). Unas gradas más abajo se hallaban los Majestic, sin embargo, Rei tuvo interés de observar a Lavitz, quien conversaba con Oliver.
Casi no lo recordaba, puesto sólo la vieron una vez cuando su madre fue a visitar a sus parientes. Aunque por la alegría que su neko hablaba de su "primo" en sus cartas, puede decir que tiene una noción de cómo era.
— ¡Hola, Maxie! —interrumpió una pequeña niña al grupo —. ¿Puedo sentarme contigo?
— ¡Claro! —Argumentó el rubio — ¡chicos, ella es mi prima, Cassidy! Ella juega en los PBB A. S.
— ¡Así que ellos son tu equipo! —Exclamó emocionada —. ¡Son fantásticos!
—Vaya, Max me habló de ti —terció Tyson —es un gusto conocerte, Cassidy. Apuesto que jamás pensante que tu primo era el mejor amigo del Campeón Mundial de Beyblade…
—… Que fue derrotado esta vez por Kai —interrumpió Daichi
— ¡Daichi, pequeño mono, ya verás!
— ¡Qué divertidos son tus amigos, Maxie! —ella reía, mientras los dos japoneses peleaban entre sí.
Por fin entraban al campo los equipos, con una gran ovación por parte del público. En ese momento, apenas ingresaba Alexandra, acompañada de Mariam, Julia y Albert, seguidos por el resto de los Dark Hunters. La chica de cabellos albos tenía la rara sensación que algo anormal sucedería durante en el encuentro de esa noche, por lo que hubiese preferido ir sola al estadio. Albert decidió ir con ella, pese a sus reclamos. El castaño miraba expectante a los Dark Hunters, si hoy se presentaba la oportunidad, él ejecutaría su plan.
Comenzó el juego. Por parte de los antiguos miembros de BEGA, salía Ming-Ming en contra de Ian. Sin embargo, pese a la sorpresa de todos, la cantante se llevó la primera ronda. Flamel mira con cierto recelo el encuentro.
— ¡No puedo creer que ella le haya ganado a Ian!
— ¡Alexandra, no es justo! ¡Esa era mi frase!
—Cálmate, Itzel…
— ¡No la defiendas, José! —expresó con enfado. Miró a su capitana, mostrándole su lengua —eres mala… ¡ni siquiera me haces caso!
—No soy bruja para hacerlo, niña.
—Pues lo pareces.
— ¡Dejen de pelear! —terció Albert, quien escribía datos sobre el encuentro.
—Vaya, Itzel me recuerda a Joseph, mi hermano menor —aclaró la oriental a sus acompañantes, mientras una risita se asomaba en su rostro.
—Te comprendo, Mariam —sonrió la española—. Yo también tengo un hermano menor, Raúl. Ambos nos peleábamos de niños.
—Y hablando de pequeños —interrumpió Gisela, centrándolas en el juego —va a luchar Andriév contra Crousher, pobre…
—No te dejes guiar por el tamaño, Gissie. Ivanov puede llegar a ser tan bueno como Tala, si continúa preparándose —expresó Al, mientras el pelirrojo contrarrestaba el ataque de su rival. Crousher no se la estaba dejando fácil.
—No creí que el niño tuviera aptitudes —dijo Julia —. Pero después de mi batalla con ellos, cambio mi percepción —justo ahora el chaval miraba a su hermano, el cuál asintió. El beyblade del ruso lanzó una Fatal Blizzard, terminado su encuentro.
— ¡Y el ganador es el pequeño Andriév! —gritó Jazzman, desde la plataforma.
—Vaya que sorprende el chiquillo ruso, ¿eh Brad?
—Tienes toda la razón, A. J. Ahora, el mandamás de los soviéticos sube al plato.
— ¡Y por parte de los Justic Bladers, Garland!
— ¡Comencemos esto de una vez! ¡Tres, dos, uno, Let it Rip! —exclamó Jazzman
—Esto se pone bueno —comentó Itzel — ¡el Lobo pelirrojo debe ganar!
De pronto empezó a hacer un poco de frío. Alexandra estaba un poco inquieta. Albert la miró con expectación y le preguntó:
— ¿Te sucede algo?
—Eh, no… no es nada —sin embargo observaba hacia otro lado, buscando algo. Empezaba a levantarse, cuando Hiwatari la sujetó del brazo.
—No me mientas, Hermy, algo te pasa —ella lo miró con cierta angustia. Él guardó su computadora, se levantó de su asiento y suspiró —. ¿Qué quieres que haga?
—Iré con Kai —miró a su equipo, quienes tenían la vista puesta en ellos—. ¡Rápido, trata de sacar a los compañeros antes de que ocurra! —vio unas gradas un poco más abajo, hacia la derecha.
—Entiendo —después de todo, su intuición no estaba equivocada. Algo malo sucedería ahí.
— ¿Pasa algo malo, Albert? —cuestionó la hispana.
—Me temo que sí —dijo con voz ahogada —. Ustedes salgan con el resto del equipo Dark Hunters —se dirigió a las jóvenes beyluchadoras —Alex, serás mejor que te apresures. Sabes cómo es Kai.
—Albert, pase lo que pase, vete y no regreses por mí. Salgan lo antes posible —la chica se alejó de ahí.
—Mariam, dirige a los demás. Julia, será mejor que vayas con ellos.
—Albert…
—Tú sabes bien quien es en realidad Alex, y lo que es para mí —la miró a los ojos—. Y tampoco, quiero que te arriesgues.
— ¡Si piensas que te dejaré sólo, estás equivocado!
—Mariam, te la encargo —el chico se fue de ahí, siguiendo a la albina.
— ¡Albert! —Gritó la hispana, mientras la joven de pelo azul e Iztel, la sujetaban.
En ese momento, Alex caminaba entre las gradas lo más rápido que pudo, hasta llegar con los G-Revolution. Ellos se extrañaron de verla ahí, con una cara de preocupación y angustia. Miró con detenimiento al ruso y le dijo:
—Hiwatari, se que sonará raro, pero… ¡Te pido que salgan del estadio lo más antes posible!
Kai la miró con desconcierto. Pero antes de que el bicolor le preguntara que hacía en ese lugar, su hermano, quien había alcanzado a la muchacha, le mencionó:
— ¡Salgan de aquí, Kai!
— ¡Albert! —expresaron al unísono el ruso y la albina.
— ¡No debiste seguirme! —le gritó molesta.
— ¿Pero, qué demonios está…?
— ¡No hay tiempo, de explicártelo! —Respondió Alex —. ¡Salgan de aquí!
En ese momento se detuvo la batalla. La gente estaba desconcertada ante el comportamiento de los jugadores. Tala sintió que la temperatura descendía con gran rapidez, (sabía que él no podría haberlo hecho). En ese momento aparecieron en el hemiciclo Esfignix y Deimentour. Miró con desesperación a sus compañeros y les gritó:
— ¡Levántense! ¡Marchasen del estadio! ¡Rápido! —observó a su rival y le ordenó: —. ¡Garland, tú también vete!
En aquel instante, un beyblade negro envistió a Wolborg. Lo empujó hacia las orillas del estadio. Siebald estaba sorprendido por lo que le pasaba a su contrincante, cuando Brooklyn se dirigió a él. Observó la banca; el resto de su equipo ya había salido de ahí. La gente empezó a salir con dificultad de ahí, al ver las terribles bestias que rondaban por las gradas.
— ¡Garland, haz lo que Tala menciona, debes irte de aquí! —le gritó Masefield.
El frío se intensificaba aún más. Un segundo blade embistió al suyo. Miró a su compañero y entendió. Llamó a su beyblade, lo recogió e inmediatamente huyó de ahí.
— ¡Esos entes han llegado, pero jamás creí que lo harían con tantas personas presentes! —expresó Brooklyn. Sacó a Zeus, peleando junto al ruso.
— ¿Crees que vencerás, "hermano"? —dijo una helada voz a sus espalda.
—Rafael… —lo miró con frialdad.
—Vaya, vaya. ¡Así que tienes tus recuerdos intactos! —Soltó una carcajada. Y la intensificó aún más cuando lo estaba acorralando.
—Pero, ¿cómo…?
—Deberías recordar que nuestro poder aumenta en luna nueva, Masefield —le indicó Alba, quien peleaba contra Tala. Ella se jactó del ruso al ver que no podía contra su fuerza. — ¡Así que el lindo lobito no es más que un cachorro! ¡Ja!
— ¡Eso es lo que tú crees! —Vociferó a la joven—. ¡Wolborg, ahora usa tu Nova rouge! —Sin embargo ella lo contraatacó, alejándolo el beyblade del plato.
— ¡Dejen ir a las personas, ellos no tiene nada que ver! —les exigió Brooklyn, pero no terminó, puesto la joven invocó a su bestia bit: una banshee vestida de blanco y con el rostro cubierto. Ésta comenzó a cantar.
Apenas habían salido Hilary, Cassidy, Daichi y Kenny; cuando se escuchó el lamento de la Bestia bit. Alex jaló a Rei y a Kai hacia ella; mientras que Tyson hizo lo mismo con Max. Después todos se reunieron en un solo lugar. La muchacha realizó un escudo de azul níveo alrededor de ellos.
Rápidamente, alejándose de la seguridad de su fortaleza, llamó a Athena. La loba corría velozmente por las gradas, salvaguardando a la gente bajo una defensa similar a la de su ama, a la vez que las dormía. Alexandra cayó de rodillas, agotada por la maniobra. Del otro lado, Albert había hecho lo mismo, observando que en la coraza azul marino se hallaban Mariam, Julia y su equipo a salvo. El castaño también quedó exhausto, empero, le costaba mucho respirar.
En el campo, Brooklyn estaba bajo una esfera de hielo junto a Tala, creada por el ruso. El primero estaba herido, mientras el soviético había invocado a su Bestia bit de manera corpórea, la cual luchaba contra Deimentour y la banshee.
Sekhmet y Siria vieron una oportunidad de oro al percatarse que tanto Alex como Albert estaban debilitados. La egipcia fijó su mirada a la albina, yendo velozmente hacia ella.
— ¡Vaya, vaya, Flamel! —Rió con sorna—. ¡Viéndote ahora por lo que eres! ¡Una completa basura! —la atacó, provocando que la muchacha de cabello blanco quedará recostada en el suelo, dejándola indefensa ante su agresora.
— ¡Sekhmet! —la miró con odio cuando la tomó del cuello y comenzó a estrangularla.
— ¡Es tu fin, impostora! —la morena aplicó más fuerza —. ¡Al fin tendré el poder que debería estar en mis manos y no en las tuyas! ¡Nicolle debió dármelo en lugar que a ti, Ginevra!
Sin embargo, Sekhmet sintió una descarga eléctrica que la empujó lejos de Alexandra. Era Rei quién había salido del escudo, teniendo lanzador en mano. Fue hacia la muchacha de ojos azules y le dijo:
— ¿Estás bien? —la ayudó a levantarla.
—Sí… —contestó con dificultad —pero, no debiste hacerlo, ¡no debiste ayudarme!
— ¡Eres mi aliada, Alex! ¡No puedo permitir…!
No continuó porque Sekhmet los había atacado. Flamel pudo hacer a tiempo una débil defensa, que disminuyó los daños. El oriental invocó a Driger, mientras la africana llamaba a Esfignix. Ambos felinos se enfrascaron en una batalla.
—Wong, debí imaginarlo —argumentó la egipcia —. ¡Protegiendo a tu amada, a la falsa doble cara de Ginevra! —rió con amargura, mientras el chino se sorprendió del oír de nuevo ese nombre —. ¡Que se atreve a tomar la apariencia de Nicolle!
— ¡Cállate, Sekhmet! — rugió la aludida.
— ¿Ah, la verdad te duele, no Ginny? —Carcajeó.
— ¡Cállate! —repitió, pero esta vez arrojó un ataque certero a su enemiga, haciendo que chocase con la pared.
— ¡Este juego es de dos, Ravenwood! —exclamó energúmena la morena, lanzando un contraataque.
El oriental se interpuso a la agresión, deseando con todas sus fuerzas que hubiese algo con que detenerla, a la vez que cruzaba sus brazos a modo de defensa. Esperaba el impacto, pero éste sólo lo había retrocedido unos pasos hacia atrás, perdiendo el equilibrio y cayendo al lado de Flamel. Se dio cuenta que estaban rodeados de una esfera verde eléctrico. Había creando por primera vez, un escudo.
— ¡Rei, deja que me encargue de esto! —Exclamó ella, ayudándolo a levantarse.
— ¡Alex! —La miró preocupado — ¡Déjame ayudarte!
— ¡Es mi batalla! —Le gritó con desesperación—. ¡Vete!
Mientras tanto, Siria fue a enfrentarse contra Albert. Podía percibir la respiración agitada del muchacho, sin embargo no lo agredió de inmediato. Deseaba jugar un poco antes de acabar con él. El ruso se percató de la llegada de la joven, como también que su propio beyblade se hallaba muy lejos. Ella se retiró la capucha, dejando ver a una chica de veintiséis años, tez trigueña, cabello castaño largo, ojos negros.
—Vaya, vaya, arriesgando el pellejo, ¿eh Arthur? ¿O debería decirte, Albert?
— ¡Siria, déjate de estupideces! —respondió el castaño, respirando entrecortadamente.
Ella sólo hizo un ademán, provocando que una fría ráfaga inundara el lugar, a la vez que rodeara al castaño. Esto causó en él un ataque intenso de tos, disnea y dolor en su pecho. Ella invocó de nueva cuenta aire helado, tumbando al ruso al suelo. Sus lentes cayeron lejos de él, rompiéndose.
—Tanto en esta vida como en la anterior sigues con los mismo problemas, ¿cierto, Al? —una nueva onda de viento frío agredió al muchacho. Su tos acrecentó—. Sin la ayuda de tu Bestia bit, estás indefenso —sintió la joven de pronto un golpe en la espalda.
— ¡Toda la fuerza! —gritó una voz femenina. Un relámpago amarillo volvió a embestir a Siria —. ¡Déjenlo en paz! —era Julia, lanzando su beyblade. Había salido del escudo, que poco a poco desaparecía, al igual que el de Alex. Se acercó a Albert, buscando desesperadamente en los bolsillos del chico algún objeto.
— ¡No sabía que eras tan cobarde, mocosa Fernández! —la aludida le dirigió una miraba furtiva llena de furia, para seguir con su búsqueda — ¡Y tampoco que fueras tan estúpida para atacarme! ¡Ahora te enfrentaras a mí, verás las terribles consecuencias de tu impulso!
Un tornado se formó y se dirigía a ellos. La chica abrazó a Albert, tratando de protegerlo. Cerró los ojos esperando lo inevitable, cuando escuchó de repente el graznido de un ave y sintió una calidez en su entorno.
— ¡Espiral sobreviviente! —gritó Kai, quien había llegado a tiempo. Una espiral los rodeó, evadiendo el ataque de la oriental. Julia, al verse a salvo, siguió buscando frenéticamente.
— ¿Crees que me detendrás fácilmente con tu pajarraco, Karl? —mencionó de manera burlesca la castaña
— ¡Dragoon! —rugió otra voz, mientras hacía retroceder a Siria.
— ¡Tyson!
— ¡Viejo, yo me encargo! ¡Ve a ver a tu hermano!
El bicolor asintió a su compañero. Se fue inmediatamente con Julia y Albert. La muchacha sonrió triunfante.
— ¡Lo encontré! —Tenía en sus manos un inhalador. Lo colocó en la boca del castaño. Disparó cuando Albert aspiró—. ¿Estás mejor? —preguntó con zozobra Julia. Él asintió.
—Aplícale otra dosis —mencionó el bicolor. La chica lo hizo. Las respiraciones de Albert empezaban a normalizarse.
—Gracias… —dijo con dificultad. Empezó a incorporarse.
— ¡Aún no estás estable! —Sentenció el Hiwatari menor—. ¡Toma! —le entregó su beyblade.
— ¡No voy a resistir mucho! ¡Kai ven ayudarme! —Eludió Tyson —. ¡Dragoon, Tormenta Galaxy!
— ¿Creíste que un bebé como tú podría detenerme? ¡No me hagas reír!
— ¡Control de Gravedad! —un nuevo ataque la había agredido.
— ¡Max! —el nipón se alegraba de ver a su amigo.
— ¡Si creen que ustedes que me detendrán estás equivocados! —Exclamó enfadada — ¡Acabaré con esto y con este patético estadio! ¡Deathly Twister!
Al escuchar esto, Albert lanzó su beyblade e invocó una ráfaga de viento. Abrazó con fuerza a la española. El tornado envolvió a todos aquellos que poseyeran Bestia bit. El bicolor sintió una sacudida, como si algo lo succionara. Notó como una mano agarraba su brazo. Era su hermano, quien pudo sujetarlo a tiempo. Todo se tornó oscuro.
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Al abrir los ojos, Kai se percató que era un sitio amplio: Un bosque otoñal, lleno de luz, con varios senderos. Se dio cuenta que estaba cerca de su hermano, quien estaba siendo ayudado por la española. Sus compañeros apenas recobraban el conocimiento.
— Albert ¿qué pasó?
—Tuve que hacerlo —vio que estaba demacrado y volvía a respirar con dificultad—. No tenía opción.
—Nos enviaste a otra dimensión —terció Max —como lo hizo Itzel conmigo.
—Tiene razón —dijo Al con cierto cansancio, al encontrarse con la mirada confundida de Kai —pero, no sé a dónde envíe a Alex y los demás.
— ¿Qué pasó con los encapuchados? —cuestionó Tyson
—Tampoco sé en qué lugar de esta dimensión se encuentran.
—Espero que los demás se estén bien —mencionó Julia.
— ¡No debiste hacerlo! —le reprochó Kai —. ¡Ahora estás más débil que cuando te dio tu ataque!
—No me quedaba alternativa —lo miró con cierta frialdad — ¡esa gente hubiera muerto si hubiéramos seguido luchando ahí!
— ¡Te entiendo Albert, pero tu hermano tiene razón! —Le gritó Julia con desesperación — ¡Tú te arriesgaste demasiado! ¡Y no mediste las consecuencias! ¡Jamás lo creí de ti!
—Esperen un momento —interrumpió Tyson —Julia ¿Conocías al hermano de nuestro amargado?
—Odio admitirlo, pero tengo la misma pregunta que este mocoso —terció Kai, con cierto desdén. Miro a la española—. Digo, para que hubieras sabido que Albert es asmático y estuvieras empeñada en encontrar su inhalador —ella se sonrojó.
—Por mi investigación más reciente —concretó el joven —. Pablo Fernández, el mejor constructor de beyblades de Europa, es abuelo de Julia.
—Estuvo cuatro meses en España, buscando la manera de perfeccionar el modelo del Jefe —complementó la muchacha—. Me hice amiga de Al, desde entonces. No malinterpretes nada, Kai —expresó con nerviosismo. Se dirigió a Albert—. Bueno, será mejor que descanses.
— ¿Cómo saldremos de aquí? —preguntó Tyson
—Por ahora, mi hermano no podrá usar su energía. Será difícil escapar de aquí.
—Hay otro método —interrumpió el Hiwatari mayor —pero, debemos encontrar a Alex. Ella es la única que puede ayudarme.
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— ¡Maldito Albert, tan siquiera me hubiera avisado! —expresó con ira la joven de cabellos blancos. Ella estaba pálida, pero aún con fuerzas. Rei la miraba con zozobra, recordando lo que pasó antes de entrar a esta dimensión:
— ¡Vete de aquí, Rei! —le exigió nuevamente. El escudo del chino empezaba a desaparecer.
— ¡No lo haré! —le contradijo —. ¡Estás débil!
En aquel instante, Siria había vuelto atacar. Alex realizó otro escudo, pero no fue suficiente para detener la agresión. Rei realizó otra fortaleza a tiempo, aunque esta vez sintió un fuerte aventón que lo derribó al suelo. Se levantó, aunque con un poco de dificultad.
— ¡Ginevra, no seas tan cobarde! —le bramó Sekhmet, mientras la defensa se desvanecía —. ¿Acaso eres una damisela en desgracia que tenga que ser protegida por su "príncipe"?
— ¡Vete de aquí, Rei! —le repitió, molesta—. ¡Este es un asunto nuestro!
— ¿Te dejas dominar por tu orgullo? —Sin embargo no continuó hablando, debido a que la muchacha lo empujó, recibiendo totalmente el ataque de la egipcia — ¡Alex!
La aludida se levantaba lentamente. Estaba herida, quizás, no sólo físicamente. Le dirigió a Sekhmet una mirada de odio. Sacó una botella de tonalidad negra. Vació su contenido en el suelo, mientras el círculo de magia se formaba debajo de ella. Creó una barrera de la misma tonalidad del frasco.
— ¡Alex, espera! —pero al acercarse a la muralla, está le impidió ir con ella.
Sólo la pudo ver al otro lado, plumas blancas rodearon su mano, a la vez que aparecía su arco y carcaj. Se preparó, tensando el arma. Disparó, pero había fallado.
— ¡No eres digna de llevar esas flechas!
— ¡Y lo dices tú! ¡No me hagas reír, Sekhmet!
Ambas se enfrascaron en una nueva contienda, empero, la morena le llevaba una clara ventaja sobre Alexandra. El chino observó la escena, impotente al no poder hacer nada por ayudarla.
—Rei… —murmuró una voz femenina a su lado.
—Gisela —expresó con sorpresa al verla. Se percató entonces que el escudo que había puesto Alexandra a los chicos desaparecía lentamente.
— ¿Y Alex? —observó tras la barrera la pelea entre ambas chicas. Aterrorizada, agregó: — ¡Debemos ir a ayudarla!
—Pero, ¿cómo romperemos la defensa?
—Eso es fácil, Kot —expresó una tercera voz. Era Itzel—. Gisela, invoca a Quetzalli, por favor.
—De acuerdo —ella lanzó su blade, a la vez que el símbolo mágico apareció debajo de sus pies. El ave de jade se volvió corpórea.
— ¡Ve, Dalia! —la pequeña lanzó su blade. El hada apareció al lado del quetzal—. La barrera de Alex no es tan fuerte ahora. Si atacamos juntas, podemos derribarla.
—Está bien. ¡Dranzaria Quetzalli, usa tu Tormenta de Jade!
La barrera se fragmentó, dejando que ellos ingresaran al lugar en donde se suscitaba la pelea. La africana había atacado a Alex en aquel momento, empujándola a la pared. Rei corrió hacia ella. Las chicas se confrontaron con la egipcia.
— ¡Alex! —le gritó. La joven se levantaba con dificultad. Él la ayudó a incorporarse, mientras ella rodeo con sus brazos su cuello y recargaba su cabeza en el hombro del chico.
— ¡Dé… ja… me so… la! —le mencionó entrecortadamente.
— ¡No Alexandra! —le respondió—. ¡Deja tu orgullo a un lado! ¡Tú no debes…!
— ¿Morir? ¡Ja! —soltó una sonrisa sarcástica—. Mi deber es protegerlos, sin importar las consecuencias —lo miró a los ojos—. Y si he de sucumbir por ti, habré cumplido con mi misión.
—Ginevra… —dijo ese nombre sin pensarlo, mientras ella lo veía con asombro, a la vez que se separaba de él.
— ¿Están bien? —terció una voz masculina, era Tala. Estaba lleno de heridas, siendo más profundas en brazos y rostro.
—Espero que mejor que yo —expresó otra persona. Era Brooklyn, ayudado por Daniel. El pelirrojo estaba igual que el ruso, exceptuando por la lesión profunda de su pierna derecha—. Ivanov será mejor que tomes el relevo con Rei —el soviético formó su propia barrera alrededor de ellos.
—Mariam ha ido a auxiliar a nuestras compañeras —musitó José, quien estaba atrás de los demás—. Aunque Rafael ha hecho lo mismo con Sekhmet.
— ¿Cómo es que llegaron hasta aquí? —cuestionó Rei
—Si no hubiera sido por Zeus, mi "hermano" nos hubiera aniquilado —respondió Masefield—. Aunque ya no podré ser de gran ayuda ahora.
La barrera se rompió en ese instante. Las tres jóvenes se hallaban heridas, levantándose con dificultad. Alexandra, Rei y Tala fueron hacia ellas.
— ¡Qué débiles son! —Rió a carcajadas la africana—. Rafa, creo que es momento de limpiar el lugar.
Sin embargo una ráfaga cálida llenó el sitio, rodeando a los chicos, mientras a los encapuchados los alejaba de ellos. Rei sujetó con fuerza a la albina, mientras sentía como lo succionaba aquel viento.
—Sabes que no tenía otra opción —comentó Tala a Flamel, sacando al oriental de sus pensamientos—. Un poco más y lo hubieras hecho tú, ¿o me equivoco?
—El problema es que este sitio es tan grande —terció Mariam —. No sé cómo podremos encontrarlos…
— ¿Cómo está Brooklyn? —preguntó Gisela con cierta preocupación.
—No te preocupes por mí —respondió. En ese momento bufó por el dolor que causaba la opresión que Daniel aplicaba tratando de detener el sangrado con su sudadera.
—Hum, ya quisieras. No seas tan ególatra —Alex lo miró con desdén —. Sabes, aunque me cueste trabajo pedírtelo…
—Quieres que saque a los chicos de aquí, ¿no?
— ¡No vuelvas a ver dentro de mi mente, Masefield! —lo miró con un profundo odio.
— ¿Por qué él? —mencionó Itzel
—Es el único, a parte de mí, que puede regresar al mundo real —expresó molesta—. Desafortunadamente tú no podrías, debido a quien creó este lugar, pertenece al poder de la oscuridad. Irás con él —se dirigió a los chicos latinoamericanos—. Y esto también va para ustedes.
—Pero… ¡quiero ayudar! —soltó una rabieta la chiquilla
— ¡Nosotros también, Alex! —Dijeron los aludidos al unísono.
—No, ella tiene razón —cortó con dureza el ruso —. Deben volver.
—Aquí podrían salir heridos, o peor… —coadyuvó Mariam.
— ¡No es justo! —replicó la joven morena, mientras Brooklyn invocaba un torbellino negro.
—Debemos irnos —la tranquilizó José, tomándola de la mano—. Vamos, Itzel.
—Es mejor que te vayas —le expresó Rei —por tu seguridad. Te la encargo —se dirigió al moreno. La chica miró con asombro al chino. Sin embargo se limitó a decirle:
—Ok, Kot, pero si te pasa algo, a la Bruja le irá peor.
—Daniel, ayúdame, por favor —pidió Brooklyn. El chico ayudó a ponerse de pie. Se dirigió a quienes se iban a quedar—. Sólo cuídense, y recuerda lo que te dije antes, Alex.
—Ni me lo menciones. Váyanse ya.
—Deberías ir con ellos, Gisela —le sugirió Mariam.
—No, estaré con ustedes.
Los otros cruzaron el portal. Cada vez se hacía más pequeño, hasta que desapareció.
—Debemos buscar a los demás, antes que los encapuchados los encuentren o nos hallen a nosotros —expresó el pelinegro.
—Sí, tienes razón —ella se preparaba a lanzar su beyblade, cuando una mano en su hombro se posó. Era Tala.
—Espera Alex, yo lo haré —arrojó a Wolborg, mientras que en su pecho brillaba un dije de platino. El lobo se materializó y rápidamente, se internó en el bosque.
&.&.&.&.&.&.&.&.&.&.&
—Albert, ¿cómo es que pudiste hacer el escudo? —Cuestionó el bicolor, quedándose sólo con su hermano, mientras Julia realizaba una protección para el grupo—. ¿Has invocado correctamente a tu Bestia bit?
—Si te refieres al ritual, sólo he cumplido la primera fase. Necesito hacer la segunda etapa para disponer del poder completo de Dragonary Wizard.
— ¿Sabes si nuestra hermana ya lo realizó?
—La primera, sí. Es indispensable que nosotros llamemos a nuestras Bestias bit en un mismo tiempo. Recuerdas la ley del yang y el yin, ¿no?
—Equilibrio de los contrarios —lo miró con el entrecejo fruncido—. ¿Cuándo sucedió?
—Éramos niños, no sé si fue algo instintivo —suspiró—. Tú no estabas. El Abuelo te envió a ya-sabes-donde —comentó con cierta amargura.
—No me recuerdes ese sitio —dijo con enojo.
—Sabes, si hubiera sido yo quien fuese enviado ahí, no sé que habría hecho en tú lugar —en su rostro se dibujó una sonrisa irónica.
Kai lo miró detenidamente. Era raro que un Hiwatari mostrara algún sentimiento que mostrara a los demás cierta debilidad. Ahora, sin embargo, Albert lo hacía, o quizás porque era su hermano, dejaba entrever un poco de tristeza (¿o culpa?) en su mirada. El castaño sacudió su cabeza, intentando despejarse. La española se acercó a ellos, mirando al mayor de ellos. El bicolor se apartó de ahí, dejándolos solos.
De pronto llegó Wolborg ante ellos. Los chicos se sorprendieron de verlo ahí. Observó a cada uno de ellos y regresó por donde vino.
— ¡Están bien! —Expresó la joven ibérica—. ¡Los demás están bien!
— ¿Tala envió eso? —Inquirió el chico de la gorra — ¿Cómo?
—Por ser un centinela —respondió Albert—. Sin embargo, Ivanov tiene más experiencia de la que imaginaba.
Pasaron unos minutos, cuando regresó el lobo. Esta vez, se detuvo por un instante, retornando a la espesura del bosque.
— ¡Están cerca! —comentó Kai.
—Esperemos que todos los demás se encuentren con Tala —mencionó Albert.
Wolborg llegó otra vez, pero no sólo. Alex, Tala, Rei, Gisela y Mariam estaban tras de él. La joven albina se tranquilizó al verlos. El lobo desapareció, mientras el beyblade del ruso dejaba de brillar. Alex dirigió su vista a Albert y fue a su lado. La defensa de la española se debilitaba. Rei tomó el relevo. El dueño del fénix se acercó a él.
— ¿Cómo pudiste hacer una barrera? —preguntó Kai a su compañero.
—Bueno, sería difícil explicártelo —confesó el chino—. Sólo recuerdo haber deseado protegernos a Alex y a mí con gran intensidad.
—Cualquiera puede hacerla, Kai —terció la europea—. Si tienes a alguien quien salvaguardar, el escudo se forma como si fuera algo innato en ti.
— ¿Es por eso que tú también puedes hacerlo? —Le cuestionó—. ¿Quizás, sea por alguien de quién estés enamorada?
—Yo… este… tengo a más personas que amo, aparte de él —por primera vez desde que la conocía, la había visto nerviosa. Su rostro se enrojecía, así que prefirió irse de ahí.
—Ese fue un golpe bajo, Kai —le reprochó el oriental.
—Jamás le dije quien. Ella sólo pensó en esa persona. Aunque pudo ocultar su nombre, tengo cierta sospecha de quien se trata.
— ¿Me hostigarás con la misma pregunta? —arqueó una ceja Rei.
—Si no hubiera sido por Alexandra, tú no habrías sacado esa habilidad —el chino se sonrosó levemente—. Eres demasiado obvio, a veces. Ya me lo habías dicho cuando te cuestioné cual era la manera de crearla.
El ruso se retiró de ahí. Fue hacia donde se encontraba Alex y su hermano. Ella miraba al Hiwatari mayor con una mezcla de reproche y dulzura, algo que realmente le extrañó ver en la albina. Escuchó su conversación:
—Sabes Al, a veces pienso que eres un poco idiota, a pesar de lo listo que eres.
—Mira quien lo dice, Yuuko, alguien tan impulsiva como tú.
—Hum —se acercó a él. Le puso una mano en su hombro, mientras su dije tintineaba un poco—, no tienes remedio —una luz blanca rodeo a la joven. Luego, se concentró en su mano, para después llenar el cuerpo del chico. Ella se demacró más, sin embargo, él había recuperado un poco la fuerza.
—No debiste hacerlo, Yuuko.
— ¡Cállate, Cuatro ojos! —Mostró cierto aire divertido—. Ahora lo importante es salir de aquí.
— ¿Sabes cómo lograrlo? —interrogó Kai, cortando la conversación.
—Me alegra que estés bien —le mencionó, a la vez que le sonreía de manera sincera, desconcertándolo—. No sé que hubiera hecho si ambos estuvieran mal heridos, o peor…
— ¡Deja de jugar conmigo, Flamel! —La miró con frialdad—. Contesta mi pregunta.
—Hum, es obvio que lo sé —le explayó con enfado—. Pero, tampoco es la manera en que debas contestarme, Kai y más, si me preocupo por ti.
—No tienes porque hacerlo —dijo secamente—. No eres nadie para suplantar el lugar de mi madre.
—Eso lo sé —comentó fastidiada—. Pero eres un Guardián, y lamentablemente, yo debo estar al tanto de tu bienestar.
—Ahora que he recuperado un poco de fuerza —terció Albert—ambos podemos realizar un portal que nos llevará al mundo real —miró a los demás, percatándose de los ausentes—. Supongo que dejaste que Masefield se fuera primero con algunos, ¿o me equivoco?
—Estaba herido —concretó ella—. Además, si Daniel, Itzel y José se hubieran quedado, sería un gran problema.
—Le hubieras pedido a Gisela que se fuera con ellos —agregó el ruso menor—. Ella hubiera sido un mejor apoyo para ellos.
—Se negó a ir —explicó Alex—. Me hubiera gustado que ella y Rei se fueran. Después de todo, son Guardianes.
—En fin, tenemos que irnos de todos modos —indicó Albert, mientras se incorporaba—. Los otros podrían venir en cualquier momento.
—Es verdad, no estamos en las mejores condiciones.
—Yo no diría eso, Ginevra —expresó de pronto una voz gélida fuera de la protección. Todos se pusieron alerta al escucharla.
— ¡Canto Nocturno! —gritó una segunda voz. Aquella tétrica onda sonora se impactó sobre el escudo. Rei sintió de pronto un dolor, forzándolo a hincarse.
— ¡Albert, tenemos que abrir el portal de una vez! —ambos hicieron aparecer su lanza, arco y flechas, respectivamente. Dispararon a un punto en común, del cual surgió un remolino blanco con azabache.
— ¡Entren de una vez! —indicó Mariam. Tala auxilió al chino, puesto la fortaleza recibió un segundo impacto, rompiéndola. Alexandra, Gisela, Albert y Kai se enfrascaron en una batalla con los encapuchados.
— ¡Tala, debo quedarme! —dijo Rei con dificultad.
— ¡No bromees, Kon! —El ruso colocó el brazo izquierdo del oriental sobre sus hombros—. No tenemos las suficientes fuerzas para pelear.
— ¡Albert! —gritó con desesperación la hispana, al ver que el muchacho era agredido por Siria. Preparó su blade, pero una mano la sujetó.
— ¡No vayas! —Era Mariam—. Es peligroso que tú entres en la pelea y sólo detendrás a los otros.
— ¡Pero, Mariam, él está…! —trataba de zafarse de la joven de cabello azul, sin embargo, ésta última no se dejaba vencer por el ímpetu de la española.
—Es inútil, lo agobiarás más si terminas lastimada.
—Escucha a Mariam, Fernández —terció el ruso pelirrojo—. Tenemos que irnos los cuatro.
— ¡Déjame! —le gritaba a la Saint Shield, pero ésta la jaló con fuerza hasta en vórtice, en donde ambas entraron y desaparecieron.
—Nosotros también —y sin dar tiempo a los reclamos del chino, ambos ingresaron al portal.
Mientras tanto, la situación en el campo de batalla se había puesto fatal para los Guardianes y Centinela en contra de sus rivales. Gisela estaba acorralada por Rafael.
—Mi estimada Inés, es una pena que deba exterminarte con mis propias manos —dijo él con un aire de tristeza—. Pero es el precio de tu traición, al menos que desees reconsiderar ser de nuevo mi fiancée.
— ¡Mátame si es lo que quieres, pero no puedes decidir mi futuro! —Exclamó con fiereza—. ¡Ni en mi vida pasada, ni en ésta!
—Si ese es tu deseo… —una espada dorada con incrustaciones de rubí apareció en su mano.
— ¡Flecha de Fuego! —una saeta dio en la mano del pelirrojo, lo que provocó que soltará el arma.
— ¡Ah, Ravenwood! —Lo miró con desprecio—. ¿No entiendes que estos son problemas de pareja?
— ¡Tormenta de Jade! —exclamó la joven, mientras una ráfaga de viento apareció, empujando a su agresor contra la pared.
— ¡Debes irte! —expresó el ruso
—No lo creo, Ravenwood —Alba se había acercado a ellos.
— ¿Tú quien eres?
—Vaya, que descortés soy —rió sarcásticamente—. Alba Flamel, por supuesto. Para mí es fácil entrar aquí, mi hermano me enseñó antes de que falleciera —miró la cara de Kai llena de asombro—. No soy hermana de esa que usa mi apellido, si es lo que piensas, aunque —de la nada sacó un mazo—no tiene importancia lo que creas. Al fin y al cabo, los destruiré.
—No lo creo. ¡Dranzer!
—Yo tampoco, ¡Quetzalli! —vociferó la mexicana.
—Si creen que con sus patéticas bestias bit me detendrán, están equivocados —ella rió con sorna, mientras invocaba a su ente—. ¡Vamos, Deadly Bansharee, elimínalos!
En ese momento, Tyson y Max tenían dificultades con Siria. Ella sólo jugaba con ellos, lanzándoles ráfagas de viento. Los chicos estaban agotados por tratar de frenarla, sin embargo continuaban, a pesar de saber claramente su desventaja ante la árabe.
—Saben, esta es la batalla más aburrida que he tenido —expresó ella—. Pero, me fascina ver su cara de sufrimiento —ella rió, al observarlos detenidamente—. Es una lástima que el juego deba acabarse.
— ¡Eso es lo que tú crees, Siria! —Gritó con furia Tyson—. ¡No importa que seas más fuerte que nosotros! ¡Te detendremos de alguna forma!
— ¡Ja! ¿En serio, mocoso? —Ella invocó viento helado, el cual los aventó lejos de ella —Yo no lo creo —dijo, mientras un aura azul media noche la rodeaba— ¡Black Dragoon ataca! —Expresó Siria
— ¿Qué dijo? —preguntó estupefacto Tyson
—Lo mismo que oí, amigo… pero, ¿es posible? —respondió Max, mirando que el beyblade de la joven estaba deteniendo.
De repente una nube de humo negro se formó delante de ellos. De ésta emergió como una serpiente, un dragón azabache con las mismas facciones de el Dragoon de Tyson. Sin embargo, el ente se veía menos amigable, observándolos con furia, esperando las órdenes de su ama.
—Vaya que he dejado mudos a ustedes dos —comentó con burla, al notar que los chicos estaban paralizados—. Es hora de acabar con esto, ¡Tornado Fantasma!
— ¡Rose Storm! —un escudo verde hoja lleno de rosas rojas se creó enfrente de cada uno de ellos—. ¡Tyson! ¡Max! ¿Se encuentran bien?
— ¡Albert!—expresó el angloamericano, aliviado—. ¡Gracias!
— ¡Deben irse por favor! —la fortaleza empezaba a debilitarse—. ¡Me encargaré de Siria!
—Hiwatari, ¿sabías que ella…? —preguntó Tyson.
—De eso quería advertirte a Alex, pero por circunstancias sin importancia, ella y yo no llegamos a un acuerdo. Es mejor que huyan de aquí.
— ¡Viejo, no seas orgulloso como tu hermano! —Interrumpió Granger—. ¡No podemos dejarte solo!
—Tyson tiene razón —lo apoyó Max—. Somos Guardianes como tú, al fin de cuentas.
—Si ven que esto es grave, retírense —ellos asintieron.
—Si ya dejaron de tener tan conmovedora charla, ¿volvemos a jugar? —Era Siria, que se preparaba a atacar nuevamente — ¡Black Dragoon, huracán fantasma!
— ¡Dragoon!
— ¡Draciel!
— ¡Dragoonary Wizard!
Ella pudo detenerlos. Embistió a Tyson y a Albert lejos del estadounidense. Siria sólo se reía de ellos:
—Idiotas —ella se fijó en Max—. Terminaré con el más débil.
El dragón negro se dirigió a él, lanzando un tornado hacia su dirección. El joven no pudo detenerlo, haciendo que el muchacho fuese empujado a un árbol, causándole pérdida de la conciencia. El japonés se percató de esto, yendo al lugar donde yacía su amigo.
— ¡Max, vamos! —el de la gorra agarró el brazo de su amigo, pero el rubio no se inmutó.
—No se moverá, niñito, al menos por un tiempo —era Siria, con su ente a su lado—. Ahora Black Dragoon, haz lo tuyo —el beyblade se dirigía al del pecoso, sin embargo el japonés intervino el ataque. El rubio comenzaba a despertarse.
—Tyson… ¿qué paso?
— ¿Puedes levantarte? —El estadounidense asintió, mientras se incorporaba— ¡Max, entonces vete de una vez! —pero ese descuido le costó la derrota. Siria recogió el blade en sus manos.
—Nuestra primera presa —sonrió con malicia.
—No, ¡Dragoon!
—Tyson, Max deben irse —era Kai. Gisela lo seguía. Apenas se había librado de Alba gracias a Albert. Ahora el ruso trataba de pelear con las encapuchadas. La joven azteca traía a Draciel, regresándoselo a su dueño.
—Pero Kai…
—Vamos.
Los cuatro llegaron hacia el vórtice. Max entró de inmediato a insistencia de Granger, empero el último dudaba en irse de la batalla.
—Debes irte —le ordenó su capitán
—Pero Kai…
—Después lo recuperaremos —terció la chica azteca.
—No me refería a eso —expresó enojado—. ¡No puedo dejarlos solos!
— ¡Ahora ya no tienes a Dragoon! ¡Vete! —dijo fríamente el ruso.
— ¡Tampoco a él puedo dejarlo aquí!
—Granger, Kai tiene razón —se puso enfrente del japonés—. Lo siento —expresó, mientras lo empujaba al vórtice.
—Tú también vete, Olivares —le señaló Kai—. Rafael quiere acabar contigo y sería mejor que no estuvieras aquí.
—Kai… yo no… ¡yo no puedo dejarte así! —Explayó con enfado—. ¡Tu hermano y Alex están solos y tú no has invocado a Dranzer aún!
— ¡Vete! —Le ordenó, mientras la aventaba sin previo aviso. Ella desapareció en el tornado.
De repente éste empezó a empequeñecer. El ruso buscaba a su hermano y a Alexandra. Ambos trataban de seguir peleando con los cuatro encapuchados, aunque la diferencia de poder entre sus enemigos y ellos era grande. El muchacho de cabello bicolor sacó su beyblade, convocando a Dranzer, tratando de ayudarlos.
— ¿Qué crees que haces, Kai? —le dijo la chica. Ya había llamado a Athena, pero no podía hacer mucho.
— ¡Ella tiene razón, huye de aquí! —le reclamó Albert, a la vez que creó un escudo.
— ¡El portal se cierra, no los dejaré aquí! —les gritó. El castaño se sorprendió de escuchar aquella información. Miró a la muchacha y expresó:
—Alex, será mejor que te fueras con él.
— ¿Estás loco? —dijeron los otros al unísono
— ¡Váyanse! —les exigió, pero ambos jóvenes no se movieron. No tuvo opción que fortalecer su escudo.
— ¡No lo haré Albert!
— ¡Ni yo, déjate de tonterías…! —la calló, abrazándola—. Al, yo…
—Cuídate, no regreses por mí —la soltó—. Y Kai —le dio el mismo tipo de gesto, aunque más rápido se desligó de él —lo mismo va por ti —ellos no se querían ir, así que agregó —. Es una orden, ¡huyan!
Ambos no querían dejarlo, pero no había otra forma. El escudo se había roto en ese momento, pero no se detuvieron. Corrieron hacia el vórtice, o lo que quedaba de él. La joven miró al bicolor con melancolía, soltando por primera vez unas lágrimas. Se limpió, suspiró y expresó:
—Sabes Kai, esto es mi culpa —expresó con seriedad—. Si yo hubiera hecho lo correcto… —calló —siento no haberte dicho la verdad.
— ¿Sobre qué? —preguntó extrañado. Ella lo rodeo con sus brazos fuertemente, lo cual lo dejó asombrado—. Alexandra, ¿qué te sucede? —No la alejó de él, porque sentía una sensación familiar en su gesto, aunque dudaba en responderlo.
—Eso no tiene importancia —ella se separó de él, dejando sus manos sobre los hombros de él—. Nunca te lo volví a decir y no tuve el valor para enfrentarte, a pesar que Al me lo advirtió varias veces.
—No sé de que hablas —expresó él, pero evitando su mirada.
—Siempre te he querido, y siempre he estado a tu lado, aunque no lo supieras —Alexandra había tomado su rostro con dulzura, para verlo cara a cara. Ella sonreía con tristeza. El chico, por su parte, quedó sorprendido por la última frase.
— ¡Qué escena tan vomitiva, Ginny! —Enunció Sekhmet, con asco—. Si tu hermanito es demasiado lento para darse cuenta de tu mentira, no es mi problema —de sus manos surgió una guadaña negra.
— ¿Qué dijiste? —Kai miró entonces a la albina, la cual había hecho una protección.
— ¡Es mejor que te vayas! ¡Déjame aquí, Kai!
— ¡Estás equivocada, vendrás conmigo! —la jaló del brazo.
Se dirigieron al portal. De pronto Esfinix les bloqueó el paso. Kai llamó a Dranzer, al igual que Alex a Athena. La esfinge pudo contra los dos entes, esquivándolos. Decidió lanzarse sobre el chico. Flamel percibió las intenciones de la bestia, empujando al joven al tornado, recibiendo ella el daño. Lo último que vio el ruso fue a la muchacha atrapada por la esfinge, mientras sentía que algo lo succionaba a otro sitio.
Sin esperarlo cayó sobre un suelo de madera. Se incorporó del suelo dándose cuenta que se hallaba en un estudio. Si realmente pensaba quien era Alex… Esperaba estar en el error sobre sus especulaciones. No debía ser ella. Buscó el portal con desesperación, sin embargo, para su amarga sorpresa no lo encontró.
—Desapareció —dijo con pesadumbre una voz femenina a sus espaldas. Era Gisela—. Cuando tú saliste de él, se cerró por completo. Los demás se encuentran abajo, tratando de calmar a Julia y a Tyson.
Sintió que sus adentros se llenaban de plomo. Se derrumbó por completo, tanto mental, como físicamente. Quizás porque había la posibilidad de haber perdido a dos personas que significaban tanto para él. La chica se acercó con cautela, tocando su hombro, como señal de apoyo. A Gisela le dolía ver a un Kai abatido.
—Ellos se quedaron ahí —expresó con dolor—. No pudieron salir, y no sé si estén vivos aún.
—Kai… no sé qué decirte…
—Dranzer también se quedó ahí —la chica se sorprendió al oír eso. No sabía si lo empeoraba, pero se acercó aún más.
—Lo siento, lo siento mucho, Kai —impulsivamente, ella lo abrazó.
En realidad, ahora no le importaba que Gisela hubiera hecho ese gesto. Se sentía impotente ante la situación. No pudo ayudarlos, en nada. Quería llorar, gritar, o lo que fuera, pero no podía por el mismo dolor, que lo desgarraba por dentro.
De pronto, un estruendo se escuchó en la habitación, asustado a ambos jóvenes. Se separaron, observando que enfrente de ellos dos figuras se movían con dificultad. Eran los dos, tanto Albert como Alex, manchados de sangre, respirando entrecortadamente. Él se veía mejor que la chica, con heridas leves en su rostro y con el cabello desordenado. Ella tenía lesiones más profundas, en todo su cuerpo. Kai vislumbró su mano, la apretaba con fuerza. Ella no aguantó más, se desplomó en el piso.
— ¿Cómo…? —el bicolor preguntó. Ambos se acercaron a los recién llegados.
— ¡No importa ahora! ¡Cúrala, ella morirá! —Le expresó con pánico su hermano. Gisela fue a ayudarle.
— ¿Pero tú…? —le cuestionó, mientras tomaba entre sus brazos a la chica
— ¡Estoy bien! —gritó—. Me curó… la muy imbécil, pero no tenía… su talismán —dijo entrecortadamente—. Después… te explico—Gisela lo ayudó a sentarse—. Haz exactamente… lo que te diga: Dale la mitad de tu pócima de invocación… ¡se supone que la traes! ¡No preguntes…! ¡Sólo dásela!
El ruso la sacó de su bolsillo e inmediatamente destapó su botella. Abrió la boca de la chica y la hizo ingerir el brebaje hasta donde le indicó su hermano. Ella empezó a iluminarse de color rojo carmesí. Un viento cálido los rodeó a ambos, después, sintió una lluvia ligera sobre él. Se percató entonces que las heridas de Alex bajaban de gravedad, hasta desaparecer. Oía que respiraba con menos pausas.
—Kai, espero que puedas perdonarnos por esto —los miro con desasosiego—. Temí que esto pasara, se lo advertí…
— ¿De qué estás hablando? —le preguntó. Con la actitud de su hermano y ésta última oración, podría confirmar su sospecha.
Percató entonces que el cabello de Alexandra se oscurecía, exceptuando el frente. Éste era de un azul grisáceo. El resto se teñía de un añil marino. Su rostro, empezaba asemejarse al de ambos hermanos. La mexicana soltó un grito de sorpresa. El bicolor no podía creerlo, pero finalmente pudo comprobar quien creía quien era. La acercó a su pecho, abrazándola.
Era Isis.
Lechucería Hiwatari
¡Esto es lo peor que he hecho! (K: ¿en serio, hermana, eso de no actualizar este fic por DOS AÑOS COMPLETOS te parece poco?) No… T.T ¡siento a todos mis lectores dejar así, me muero de la vergüenza! (K: y para compensarlos escribiste 16 hojas, ¡Has roto tu récord, ya ni en Harry Potter y los Blade Breakers!) No sé si seguirán con este remedo de fic, por fin se descubre la identidad de Alex (que era demasiado obvio, supongo que lo habían descifrado). En fin los RR:
MaoAyanamipl: Ok, aquí de nueva cuenta, y tú siempre dándome tu apoyo (K: Es raro que no le exijas que DEBE continuar esta historia). Bueno a ambos los quiero (K: Gracias por el apoyo), pero eso de que Al tiene admiradoras entre mis amigas, es cierto. Puedes verlo en mi Blog, Isis Hiwatari's Feathers, un fanart que hice hace siglos. (K: Por eso mal dibujado) ¬.¬ eres de lo peor (K: no como tú, niña) Grrr…
Yozora no Tenshi: Mi estimada Tenshi, contigo me he de disculpar más. No sé si habrás llegado aquí, (K: lo dudo), pero no he podido responderte, ni siquiera en el foro. Me alegra que seas mi lectora, y espero una historia tuya con ansias.
En fin eso es todo, y Gomenasai por la tardanza.
