Disclaimer: Naruto no me pertenece, es creación de Masashi Kishimoto.


Nota: Universo Alterno. Dark Fic.


"Princesa Boca de Algodón"


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Acostada, protegida por un cubrecama delgadísimo, Sakura se pregunta si ella es demasiado asustadiza o si la noche estaba particularmente aterradora ese día: el silbido del viento que en lugar de arrullarla, no la deja dormir, y la lluvia que toca insistentemente su ventana como forastero en busca de refugio.

Se levanta de su cama sin mirar atrás, rumbo al dormitorio de sus padres, pero en el trayecto se da cuenta que la luz de la sala está encendida.

Su madre tejía, triste, y un largo entrecruzado de lana se extendía desde su regazo hasta sus pies desnudos.

—Mamá, ¿papá no va a venir a dormir hoy?

—No, cariño, está de viaje por trabajo.

Sakura no insiste como otras veces. Ella es más feliz cuando solo son su mamá y ella en aquella casa pequeña de cinco habitaciones; aun así odia verla en ese estado, porque muy en el fondo sabe que ella es su consuelo cuando su padre se ausenta.

No era odio lo que sentía por su padre, podía decir que había ciertas actitudes que le disgustaban de él como sus constantes ausencias, su mirada ida, su desinterés por sus triunfos y fracasos. Bailaba ballet, leía libros del grosor de su dedo índice y peinaba su cabello todos los días; pero nunca era suficiente, él solo le correspondía con miradas de amor vanas y ojos grises.

Lo detestaba cuando no lo veía entre los asistentes de su recital, pero volvía a amarlo cuando lo veía llegar apresurado y sentarse al lado de su madre.

No podía llamarle a eso odio.

Su madre deja el tejido sobre la mesa y la carga, caminando rumbo a su cuarto. Abre la ventana y quita la rama que golpea la ventana de su dormitorio. La luz de la luna perfila su hermoso rostro y Sakura, maravillada, asustada y un tanto adormilada, se da cuenta de una poderosa y cada vez más evidente verdad: cada vez la veía más lejana.

Cuando despierta, no está en su cuarto de techo estrecho; lo primero que observa son las gastadas calcomanías de estrellas pegadas en el techo blanco. La luz molesta sus ojos, y la sed se hace presente como una urgente necesidad.

—Bebe —ordena el hombre que sostiene un vaso frente a ella.

El hombre eleva y sostiene su cabeza, Sakura obedece y empieza a tragar rápidamente dejando el vaso vacío en cuatro segundos. Con la lengua humedecida se relame los labios los cuales están secos y agrietados como piedras.

Reconoce al hombre de traje negro, es su tío quien rodea la cama y regresa a ella acompañado de otro hombre con gafas. Sakura intenta mover sus piernas pero el dolor la hace chillar, quiere tallar sus muslos pero no logra mover sus brazos más que dos centímetros. No puede moverse.

El hombre de lentes retira la sábana que la cubre; el frío se cuela entre sus huesos y Sakura empieza a tiritar de terror y a sollozar cuando el hombre empieza a tocar sus muslos.

Madara se da cuenta de ello y antes que ella empiece a llorar, le quita el ungüento que el doctor estaba usando para desinflamar los moretones.

Se había excedido, lo sabía, ni siquiera se había dado cuenta cuando ella había quedado inconsciente por el golpe que su cabeza dio contra el borde de la cama. Él había continuado castigándola por su intento de querer alejarse de él.

El rostro de Sakura se tuerce en gestos de dolor y esfuerzo, es inútil, no puede mover sus brazos ni piernas y no lo hará con normalidad en algún tiempo; pero él no es ningún tirano, así que con una señal, le pide al doctor que le vuelva a inyectar el calmante.

Felizmente ella no podía ver cómo la aguja traspasaba su piel. Sakura sufría de tripanofobia.

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Minutos antes de que el sedante deje de hacer efecto en su cuerpo, Sakura tiene alucinaciones maravillosas: a veces es su mamá quien acaricia y peina su cabello hacia atrás o simplemente ve mariposas de colores que bailan sobre ella, dos veces vio la figura de su hermano Sasuke que la miraba tristemente (y eso era bello porque jamás le dedicó más que miradas de rencor y asco), y la última vez vio a su hermano, Itachi, sentado sobre su cama tomando su mano.

—Mira lo que compré. —Madara rompe aquella burbuja de sueño artificial con su imponente presencia y voz. —Te lo vas a poner cuando te recuperes.

Tiende sobre su cama un vestido de tafetán lila. Ese era el color favorito de Ino, a ella le hubiera encantado.

Sakura no le contesta, no le ha dirigido la palabra desde que había despertado luego de la golpiza. Le alivia el hecho de que él no la fuerce a hablar, realmente se había ensañado con ella, por eso no quería ver su cuerpo.

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Había sido una gran semana, la mejor en meses. Madara no la hería, la mayor parte del tiempo estaba sedada y tenía sueños tan bellos que a veces se forzaba a quedarse dormida. Lo único molesto era tener que soportar sus caricias en la cabeza, sus besos, que la limpie, que le cambie el pañal y que la alimente; Sakura se preguntaba cuánto duraría en ese estado de paz, cuándo estallaría.

Cuando el sedante se esfumaba por completo, su cuerpo dolía demasiado, en especial su espalda y piernas. Ni siquiera podía levantarse para mirar su estado porque el dolor físico era insoportable, aun así lo prefería mil veces a que le hiciera 'eso'.

La puerta de su habitación se abre y ella finge estar dormida. Su dormitorio se llena de olor a menta lo cual la alarma, no es tabaco ni albahaca.

—¿Sasuke…? —pronuncia a la vez que abre los ojos.

Con un gran esfuerzo logra pegar su mentón a su pecho para verlo.

—¿Qué te pasó?

Su mirada reacia e inexorable le dolía; ese no es el Sasuke de sus alucinaciones y no tenía por qué serlo, después de todo ese era el Sasuke que ella conocía, su enemigo silencioso.

—Yo… —pronuncia y, sin querer, logra ver su pierna hinchada y de color cerúleo. Sus ojos se humedecen pero logra contener las lágrimas —¿Itachi? ¿Cómo está? ¿Dónde…?

—Está internado en el hospital —responde, desviando la mirada—. Él está en estado de coma.

Sakura deja caer su cabeza sobre la almohada, de cansancio y por el shock. Una lágrima escapa de su ojo izquierdo e inunda el orificio de su oreja.

—¿Madara te dejó así?

Callada, no puede hacer más que lagrimear y apretar los labios, avergonzada de que su hermano descubra lo que ella estaba pasando e impotente por no saber qué destino tenía marcado su hermano mayor. El sonido de pisadas la alarma, sacándola de su aturdimiento.

—Sasuke, no te vayas, ¿dónde te estás quedando? —insiste con la voz quebrada, haciendo un insano esfuerzo por levantar un poco su cabeza y mirarlo— ¡Sasuke!

Sasuke le dirige una última mirada; la pobre ni siquiera puede levantar la cabeza y le grita al techo.

¿Debía hacerle caso a lo que Itachi le decía en sueños?

:_:

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N/A: Actualizaciones rápidas para comentarios rápidos (?)

Esto lo iba a subir ayer en la noche pero mi mamá se dio cuenta que mi cuarto estaba sucio aadbkjf había un plátano pudriéndose en una esquina ;-; tuve que limpiar.

Faltan 6 capítulos no puedo creerlo, espero escribir y publicar un nuevo capítulo el fin de semana.

Muchas, muchas gracias por los comentarios, se les quiere :B