Reyes 14

En la soledad de su lujosa oficina, el rey de Sindria miraba el paisaje ofrecido desde esa distancia por su ventana su gesto era el descuidado natural sin embargo una ligera sonrisa satisfecha rompió todo aquello.

Los ojos dorados se transformaban en su propia calidez para tornarse calculadores era una postura dominante, una que expresaba lo bien que iban las cosas… ahora no pudiendo evitar el regodeo de saber que ya tenía a Zepar entre las líneas de Avalon.

¿Victoria? Por supuesto, hubiera preferido uno de los caballeros cercanos del rey Arturo… ¿pero cuando tendría otra oportunidad? Quizás nunca, aprovecharía su "accesibilidad" en enseñarle lo básico de djinn al mestizo del gran clan.

Maglor era un buen huésped.

-Entonces, falta menos- susurro para sí mismo, los dorados eran oro fundido ante la perspectiva que esto abría.

Mas al ver a lo lejos el punto del posible barco de Avalon, sintiendo una emoción dormida alentado por su "voz" no podía esperar para estar cercas de Arturo.

XXXXX

Días calurosos, como están acostumbrados en esa isla del sur, ropas ligeras eran vistas por las calles vivas de esa ciudad, gente platicando y negociando con el ánimo además de una actitud positiva.

Pero había rumores flotando entre la gente cotilla, ansiosos por el movimiento que lleva arrastrando días atrás para la posible fiesta que su rey está organizando en honor del visitante.

Era divertido un cambio en la rutina, era extraña las visitas de este calibre que le agregaba un sabor distinto para todos los entusiastas pobladores que se preparaban en sus mejores galas.

Claro que había ciertas excepciones, aquellas que parecen un vendaval vengativo a causa del trabajo extra que significaba en su rutina esta visita repentina, caminando dicho espécimen entre las calles con papeles en manos de un listado que solicito el rey.

Jafar murmuraba para sí mismo mientras sus ropas azotaban con el viento en una estola de su andar apresurado, evitando con experiencia y habilidad los obstáculos humanos hasta pasando por debajo de unas tablas que salieron en el camino.

El pobre sujeto no podía hacer nada más que estar a las expectativas, sin ver su camino tacho cada petición con un suspiro… se paró en seco en medio de un cruce de calles, cada testigo lo miro para desviar su atención ante el desplante "métanse en sus asuntos" tan sutil y cortes como su temperamento actual lo permitía.

Miro el cielo despejado, respiro el aire con un suspiro largo… golpeo levemente sus hombros para relajarse cambiando por completo su actitud -casi listo- silbo para si mismo con cierto orgullo de que todo apuntaba a estar listo.

Pero una vena de ira palpito en su frente visible de su cabello blanco, ¿era necesario todo eso? No sabía si golpear a su rey por las exageraciones en las preparaciones que estaban llevando a la locura a los pobres trabajadores del palacio.

Luego fulmino la lista donde flores exóticas estaban enumeradas, alimentos variados ¡hasta alfombras específicas para las habitaciones asignadas al rey visitante! -tenía que ser- gruño negando con amenaza por la actitud siempre casanova de su líder que quería impresionar a la dama en camino.

No esperaba que fuera el mismísimo rey el que respondería, cabe decir que Sinbad había estado sonriente desde entonces ante su logro, los ojos cansados del antes asesinos dieron un barrido a su hermoso reino.

Luego una sonrisa fantasma, desde el momento en que el señor Maedhros y Maglor se enteraron de dicha respuesta… había sido totalmente hostiles a su rey, no es que le gustara tal desplante… pero Sinbad se merecía cada vistazo de esos ojos exóticos en un odio profundo.

Esos sujetos no merecían ser utilizados, pero tampoco seria un obstáculo para los planes de Sinbad… aunque fuera trabajo extra, aunque tuviera que separar a cada servidor cuando chocaban entre ellos en los jardines principales, lidiar con sus generales preguntones a los cuales ignoraba… este era para un fin.

Un fin bastante inquietante.

Maedhros y Maglor, señores de Avalon llegaron en unas condiciones pésimas eso sin contar los tripulantes variados que algunos tuvieron que enterrar en sus tierras ante lo tarde de la ayuda.

-Pronto llegaran- Hinahoho se acercaba desde el fondo de aquella calle, dicha noticia emociono al entorno -¿era secreto?- pidió ante el desplante de su compañero.

-No, pero la sutileza- regaño con una negativa.

-¿Avisaras?- pidió el gran general.

Jafar negó -no es necesario, él ya lo debe saber a estas alturas- replico optando por despedirse para ir a prepararse el mismo para el comité de bienvenida.

Hinahoho no replico, el mismo sabía que su rey estaba tan ansioso que casi no se apartaba de la vista del mar, miro por encima de su hombro donde aquel punto pequeño pronto sería tan visible su silueta para señalarlos como la visita de Sindria.

Pensativo el antes asesino caminaba con la expresión serena, meditando si era momento de apurar a los pobres servidores del palacio que estarían en pánico… sobre todo por la alfombra recién conseguida para la habitación principal del rey Arturo.

Sonrió un poco, no es que le divirtiera la desgracia ajena… pero saberlo y a como estaba su agenda los últimos días, era una satisfacción bárbara saber que había alguien peor.

-Jafar- alguien le saco de sus pensamientos, deteniéndolo en seco en aquella transitada calle donde los movimientos eran apresurados, el rumor de la llegada esparcida con efectividad.

Sharrkan caminaba en su andar presuntuoso normal, el antes asesino tuvo una sospecha que solo creció con los ojos brillando traviesos, se guardó un suspiro sabiendo la decepción que se llevaría su compañero… otro granito de satisfacción al deshacer sueños… era un día malvado bien merecido.

-Sucede algo- cuestión con nervios al temple fingiendo demencia, por el contrario hasta remarco la lista solo para aparentar mejor.

Balanceándose en su propia altura, descansando su mano en su espada una sonrisa inocente -Bueno, he de suponer que vas a ser parte de la comitiva….- indico como quien no quiere la cosa -sé que estas muy ocupado…- agrego en falso desinterés -Yo como uno de…-

-No- fue tajante, de raíz cortando esas ilusiones de su colega espadachín cuya sonrisa se quedó congelada.

Ofendido Sharrkan apretó los labios al cerrar su boca de golpe -Pero…-

-no- su tono era sin ninguna intención de favorecer a nadie, más a ese cuyas finalidades eran tan claras como el agua.

Todos en la calle miraban susurrando el intercambio, después de todo eran solo rumores el género del rey de Arturo… unos que nadie tiene la intención de aclarar.

Un puchero, pasándose su mano por ese cabello nevado que saco algún suspiro de sus seguidoras presentes -Solo quiero ser parte de la comitiva- declaro, él tenía el derecho como general ¿Por qué fue sacado del grupo? Era como si fuera intencional.

Jafar era un gesto sin emoción, ojos vacíos de luz casi aburrido -se tus intenciones- declaro monótono.

Parpadeando un par de veces, una sonrisa arrogante -por supuesto que no- indico no muy verdadero, era una vil mentira dicha con descaro.

El antes asesino parecía sumergido en un mar de tedio sin piedad –Tengo suficiente con mantener a Sin en línea…- espeto sin emoción alguna, provocando a su compañero abrir la boca en sorpresa -no tengo el tiempo ni las ganas de tener que estar al pendiente de ti también-

Sharrkan tomo una postura diferente como si en verdad hubiera entendido algo, Jafar arqueo la ceja por tal notoriedad –bueno, si nuestro rey ya la tiene a la vista…-soltó un suspiro rendido, mirando el reino -tengo que hacerme a un lado- declaro con solemnidad.

Bueno aquí el segundo al mando negó con hastió -pero puedo ver- la voz juguetona del espadachín le hizo mirar de nuevo sin emociones -no creo que sea tan intensa como la reina de Artemyra-

Golpeándose la frente -no, no lo es- confirmo sin la intención de agregar nada, sería más satisfactorio ver a su amigo aprendiendo la lección de la manera difícil.

-¿Por qué sonríes?- Sharrkan arqueo una ceja incomodo, esas risas discretas de su colega eran el preludio de nada bueno a su integridad.

–Has lo que quieras-declaro en un desvió de la discusión, el moreno se removió un poco perturbado cuando el asesino dio media vuelta en su andar al palacio, tenía mejores cosas que hacer que perderlo en su amigo.

Suspiro un poco rendido ante las actitudes de las personas que lo rodean ¿es que no saben de conservación? Fue tan obvio ahí parada tan indemne en medio de la sala de Avalon siendo rodeada por cada hombre bajo su servicio, ojos esmeraldas sabios tan lejana… no era alguien interesada en cualquier avance que se le diera.

Sinbad fue una vergüenza durante aquella única reunión con su rey.

Un silbar llamo la atención del antes asesino, era algo que sus oídos agudos notaron para voltear de golpe al mar… sus ojos abriéndose ante otro detonar ahora más claro, ¡sus fronteras estaban siendo atacadas!

XXXXX

Imperio Kou….

La sala era silenciosa entre sombras de los estantes llenos de historia, el olor encerrado o papel no incomodaba a quien en medio de estas… en una mesa desordenada de diferentes reportes, alguien leia con diligencia ausente en su regio rostro.

Era silencioso, no incomodando la soledad Ren Kouen encontraba esto relajante mientras leía cada uno de esos documentos tratando de aprender de la historia lo más que se pudiera para evitar errores repitiéndose… sin embargo, en sus últimos años se ha topado con un gran problema.

No encontraba información verídica del Torán, tenía grandes rasgos y la mención de un único rey ¿posible? Quizás pero hasta ahí llegaba ¿Qué paso? No lo sabía siendo esta el motivante suficiente para tratar de llenar los huecos.

Ahora también se agregaba uno más, Avalon... cuya existencia parecía haberse elevado en los mares de forma repentina apareciendo ya con una estructura firme y creciendo entre las sombras.

Golpeo con fuerza la mesa, miro ese delgado libro el cual el mismo redacto con lo poco que recolecto en su visita… con palabras de Arturo de su fundación, sin embargo nada histórico, nada de valor de esas tierras que ahora son ese reino.

Entrecerró sus ojos, pero un desplante codicioso brillo intimidante… pues el imperio tendría la oportunidad de recibirlo y quizás bombardearlo más directamente en obtener información que lo dejara satisfecho por completo.

Siguió leyendo en silencio satisfecho de su solución, sus oídos captaron pasos acercándose pero los ignoro a favor del libro actual a ser devorado.

Ropas extravagantes combinando con su cabello largo colores carmesí cubierta por un sombrero verde, rasgos delicados hasta el punto de ser inocentes si no fuera por sus ojos severos -Kouen- llamo en un suspiro, el otro no volteaba pero sabía era escuchado -¿Por qué lo aceptaste?- pidió suavemente.

La inconformidad estaba en el aire del palacio, había susurros indignados entre la gente cuando era evidente que su hermano mayor Kouen era el que debía estar ejerciendo como emperador… no la bruja de Gyokuen.

El mayor solo paso la hoja de lectura, sin expresión alguna – Kouha…. Tengo mis motivos- aseguro secamente sin detenerse en sus propios quehaceres.

Un mohín infantil por parte del chico mientras levantaba sus pies para ser cruzados en la silla –pero tú tienes más derechos- se quejó nuevamente no dispuesto a abandonar el tema.

La imagen de ser denigrado, de que su gran hermano estuviera dando sus respetos a la actual emperatriz era indigno.

Los ojos del mayor leían fluidamente, por un momento Kouha pensó que no recibiría respuesta -aquí no importa quien tiene más derechos- advirtió en su tono regio -solo, déjalo pasar- dio un vistazo severo que obligo al otro a sentarse adecuadamente.

El menor se recargo en el escritorio, soltando un sonoro suspiro –si tú lo dices- aseguro cruzándose de brazos.

El silencio cayó como una manta entre los parientes, solo el pasar de las hojas de lectura de Kouen eran tan claros a consecuencia de esto.

-¿Cómo van las negociaciones?- pidió Kouen lanzando el libro terminado para recargarse en su silla.

Kouha torció su gesto insatisfecho -estaba en eso, cuando esto paso- señalo el entorno.

El primer príncipe parecía reflexivo -esos magos, son orgullosos- negó ante las negativas de aliarse, de ceder al imperio.

Riendo cual niño inocente -pero no es suficiente- declaro casi maniacamente -ellos no son nada ante nosotros- indico solemne -nadie puede- reflexivo un brillo poderoso en sus ojos -ahora contigo ¡sé que puedo ir a obligarlos a aceptarnos!-

Kouen negó, nada afectado por la alteración del pequeño -Tendremos visita- expreso monótono viendo entre su mesa cual sería el siguiente libro a leer.

El tercer príncipe inclino su cabeza -escuche algo- declaro tratando de aclarar su memoria, en algún punto de su estancia parecía que un rumor llego a sus servidores pero los ignoro.

-Estoy dispuesto a ser parte del comité de bienvenida- dijo sin ninguna emoción, el salto al otro extremo le provoco una mirada de advertencia.

Kouha se había puesto de pie, sus ojos eran totalmente de disgusto -no tienes que hacer ese trabajo- se quejó airadamente ¡nadie podía obligar a su gran hermano a ser denigrado de esa forma!

Kouen se recargo divertido -ni siquiera sabes quién… y ya estas saltando a conclusiones- regaño ajenamente.

-Nadie es tan importante- replico ácidamente el tercer príncipe, no podía ser que alguien tuviera el honor de ser recibido por su hermano.

-Es el rey de Avalon- ofreció con otro arqueo de ceja.

-Sigue sin ser importante- volvió a contradecir, ese pequeño reino que salió de la nada no era para ser considerado significativo, por lo cual no se molestó en aprender de este aunque supo su hermano mayor había ido de viaje.

-Para mí sí lo son….- corto el primer príncipe dejando caer sus manos encima del escritorio, sus ojos un desplante despiadado que acobardo al menor -ellos son importantes, Kouha… un reino tan pequeño, con su rey en desventaja ¿no te da curiosidad?- pidió sádicamente el otro afirmo energético -ver a alguien de su calibre, venir a la boca del lobo… ¿no merece de mi atención?- sonrió dientudamente.

Volteando a ver el piso nervioso, el tercero en la línea de Kou no podía contradecirlo… antes no estaba interesado en Avalon, pero al ver la intensidad de su pariente… ahora si tenía un pico de ansias por saber ¿Quién reinaba aquellas tierras para que su hermano reaccionara así?

XXXXX

La luz de un dia excelente para la gente de Magnostadt, en los patios de aquel colegio los estudiantes animados hablaban de diferentes temas en los cuales enfocarse, no había presión ni discordia excepto por uno de sus pasillos donde un ventanal iluminaba una escena.

Aladdin parecía congelado, clavado en sus pies para estar de manera erguida rígidamente mirando al individuo que se alzaba a unos pasos en una expresión neutra que lo llenaba de un aire misterioso.

Evitándolo tantos días, aun de alguna forma forjo una amistad con Titus cuyo temor al profesor Kiritsugu era algo en común… pero justo hoy, cuando Sphintus lo abandono (se quedó dormido) se topaba frente a frente sin ningún aliado contra el individuo en cuestión.

Estaba solo.

Mirando el entorno sin ser notado, pero el magi casi salto de su lugar ante el barrido para luego caer esos ojos oscuros en su persona nuevamente -debo decir, que has evitado exitosamente todo este tiempo… mocoso…- aclaro monótono, rompiendo el silencio -debes mejorar- dio una sonrisa torcida.

Tratando de actuar natural, el niño dio una expresión confundida -lo siento, profesor… debe estar equivocado- reflexiono -no lo estaba evitando-

Una ceja oscura arqueada con sorna -tú y el otro mocoso de Reim lo han estado haciendo- se inclinó interesado -si piensas mentir, debes mejorar- aconsejo pues era obvio que esos azules ojos inocentes lo evitaban en una mala actuación.

Atrapado Aladdin -llego tarde a mis clases- declaro rápidamente tratando de pasar más allá del adulto, pero este instalo su mano en su cabeza cuando pasó justo a su lado.

-Te mando ese rey de Sindria- pidió dando un vistazo de reojo, de alguna forma era una pregunta trampa, como si dependiendo de la respuesta no pasaría algún examen de confianza.

Pero el niño estaba en su expresión la seriedad -no, yo quise venir- indico fácilmente bajando la mirada atrapado, la mano al tacto era cálida en su cabeza pero también pesada… más esos ojos oscuros desde este Angulo -se siente solo- pidió sin fijarse que había soltado lo que pensaba.

Kiritsugu titubeo, esa mirada parecía vacilar una fracción de segundo para endurecerse -No te importa- espeto para encararlo -ahora mocoso, esa no es la cuestión ¿Qué quieres hacer en estas tierras?- indico en una postura más formal, distante y profesional.

Aladdin tuvo eso para mirarlo de otra manera -Y usted, tio Kiri- pregunto informal, el asesino no reacciono ante el diminutivo menos por el título otorgado -su reino esta de acuerdo con que usted este aquí- pidió.

Era una pregunta que el magi arrastro desde que lo vio aquel día, era ese rukh revoloteando gris en el entorno que no podía catalogarlo en ningún lado.

El de negro no vacilo solo rio por primera vez con un gesto verdadero -¿importa?- pidió ajeno, su rostro volviendo a la neutralidad -no hay tiempo que perder, mocoso- negó -tu como yo tenemos una misión-

Aladdin amplio sus ojos.

-Eres un magi, no como aquel bastardo cobarde de Yunnan- se acercó, casi imponiéndose con la soledad en los pasillos intimidándolo -no puedes ignorarlo, como tampoco nosotros- sonrió de medio lado con sus ojos tan intensos en una oscuridad que podía consumirlo, no necesitaba mas explicación para saber las verdaderas intenciones-así que… trabajaremos juntos- expreso, no era una pregunta.

-¿Eh?- estúpidamente contradijo el peli azul no solo por el dato de ¿Yunnan? Sino por la aparente orden.

-No puedo moverme sin levantar sospechas- expreso mirando hacia la ventana -es más fácil para un estudiante- dio un vistazo por lo alto de Aladdin que parecía estatua.

-Pero yo- como dar una negativa, el niño no lo sabía pero un desplante de muerte del adulto lo asilencio con sus palabras atoradas en la garganta.

-No te estoy preguntando- corto con desagrado Kiritsugu -¿o quieres que alguien sepa de ti… pequeño magi?- se inclinó en un aire secreto.

Un escalofrió pasando por la espalda del magi, Aladdin amplio su boca al sentir la amenaza en esos ¿divertidos? Ojos oscuros.

-A partir de ahora, serás mi estudiante favorito… mocoso- alardeo al erguirse con una postura aburrida, comenzando su andar al otro lado del pasillo tan casual e inocente.

Sin embargo Aladdin tardó en reaccionar, como un cuerpo sin vida fue a su siguiente clase para dejar caer su cabeza en el pupitre ¿en que se había metido?

-Paso algo, Aladdin- pidió Sphintus en la tarde, recibiendo el mejor desplante de "porque me dejaste solo"

XXXXXX

En la oscuridad de la gran falla, una caballa era iluminada de manera misteriosa en sencillez y paz… asomándose por una de sus ventanas sencillas, mirando al horizonte unos ojos cansados parecían tener un pico de preocupación.

-Alguien habla mal de mí- espeto desinteresado o hasta divertido, Yunnan no podía hacer nada desde esta distancia y tampoco le interesaba saber quién de todos sus conocidos era el responsable de tal escalofrió.

Morgiana a sus espaldas intentos ver lo que el rubio, pero fue infructuoso… el magi podía al tener una habilidad de predicción, volteando a encararla con una de sus sonrisas humildes.

Pronto el rostro sin edad del magi viajero parecía lleno de tristeza, una que la fanali no había visto en su estancia -¿sucede algo?- se acercaba con cuidado, no tanto al no tener el tacto para tratar temas delicados.

Esos ojos verdes amables parecían querer desbordarse, pero negó con solemnidad al irse a sentar en la solitaria mesa donde su sombrero peculiar descansaba… lo tomo un momento, era una intención de no saber qué hacer para volverlo a dejar en su lugar.

La pelirroja no mostraba algún efecto en su rostro, solo inclino su cabeza para irse a sentar enfrente del silencioso hombre, este le dedico un gesto cansado para recostarse encima de la mesa pensativa.

Un suspiro profundo casi aparentando desinflarse como un globo, Morgiana se preguntó si se tiraría al suelo de lo inestable que estaba recargado en el mueble -tengo una amiga…- rompió el silencio, su tono melodioso era aún más lamentable -yo, yo no quería que se expusiera a todo ese mundo…- rio un poco -pero es pequeña y terca…- la diversión momentánea se borró -además que no era mi decisión- apretó los labios.

Yunnan sentía que no merecía tales sentimientos, no cuando el solo advirtió y no demostró lo mucho que le afectaba dejar aquel reino que guio en ese nuevo mundo.

-Ella enfrentaría el mundo con o sin mi consentimiento…- expreso queriendo sacar su incomodidad -pero nunca demostré nada, solo abandone esas tierras y a mi rey-

Ante esto la fanali solo tuvo un pequeño ampliar de sus ojos ¿su rey?

-Tenía miedo que le pasara lo mismo que a todos mis candidatos- la amargura en su tono era notable -por lo cual, nunca le admití mi inclinación a ella… no cuando mi otro aspirante es inestable e impredecible- su tono era triste, sus ojos parecían dos esmeraldas opacas mientras aquella trenza en su espalda colgaba por la gravedad.

-Arréglalo- sin emoción Morgiana aconsejo, ahí como estatua sin sentimientos solo daba un vistazo al magi que alzo su vista sorprendida.

-No es fácil- inquirió para sentarse de manera adecuada, sus dedos delgados jugueteando con la orilla del sombrero verde sin enfocar a su invitada casi divertido-pero eso no me inquieta…- sus esmeraldas miraron a la fanali -es que salió de su encierro-

La chica no entendía nada de lo dicho, ni la necesidad de que supiera que ahí afuera estaba una reina que era candidato de este magi… pero tampoco era para consolar -¿es peligroso para ella?- pregunto no sabiendo cómo proceder.

La sorpresa lleno el rostro del rubio, una carcajada nació desde lo más profundo para salir en tonada llenando el particular silencio en torno a la pequeña morada -no, ella es la peligrosa- indico tan divertido aquella negatividad sofocada por la imagen de su rey como un cordero inocente.

La fanali solo arqueo la ceja por aquel arranque nada afectada -entonces no tiene nada de que preocuparse- aseguro confiada.

Parpadeando -Mi preocupación va más allá de su salida- sus dedos golpeando la madera, ausencia en sus ojos -sino, el interés que ha llamado sobre su persona…- enfrento a la confundida Fanali -ella podrá ser el mejor rey, pero es nueva en cuanto a las relaciones sociales- negó para ingresar a un silencio extenso.

-Déjela aprender- indico Morgiana con sinceridad sin molestarse en preguntar la identidad del candidato misterioso -no necesita ser cuidada, necesita experiencia- reflexiono sorprendiendo al rubio que le dedico su mejor sonrisa.

Yunnan ya había hablado de más como para decir que eso tampoco era su verdadera preocupación, mirando aquella ventana con el panorama oscuro excepto para él, veía como el flujo se movía hacia cierta dirección.

Dos singularidades en el mundo, ahora aproximándose a un encuentro donde una de ellas… la primera tejía el escenario necesario para influir a la segunda ¿era un cobarde? Quizás, al estar ahí en las profundidades dejando a merced de Sinbad a Arturia.

No es que la reina de Avalon fuera alguien fácil, sin embargo no estaba ahí para apoyarla… guiarla y en el mejor de los casos, aconsejarla… serle de ayuda… ser su amigo.

Pero no podía, no tenía el derecho y el miedo de sus antiguas experiencias lo congelaban obligándolo a sumergirse en esas profundidades de la gran falla.

Además que sentía cierto remordimiento por Sinbad.

XXXXXX

Maedhros había corrido desde su habitación cuando el rumor llego a este, sus heridas no eran prioridad y aunque todavía estaba lejos de estar en sus mejores condiciones no podía mantenerse al margen.

Aun cuando se topó a Maglor, este lejos de recomendarle su descanso lo apoyo en hacer su camino a los puertos de Sindria.

Había un mar de movimiento en las calles donde guardias desfilaban en su misma dirección, para los miembros del gran clan no había miramientos hasta que llegaron a donde todos se agrupaban con un barco siendo alistado en el momento.

El rey Sinbad en medio del grupo dando órdenes, sus generales afirmando con la seriedad necesaria mientras los ciudadanos airados en alerta ante un ataque descarado en sus propias fronteras.

Esto solo dejo de piedra a los escuchantes invitados.

Sharrkan parecía dar órdenes de manera exigente, junto con Spartos y Drakon de igual manera -QUE SUCEDE- gruño Maedhros haciéndose visible para todo el grupo que se congelo.

-Usted no debería- Yamuraiha fue asilenciada en un desplante de muerte que la hizo retroceder, no sin que el espadachín se interpusiera ofendido pero rápidamente ignorado.

-Dime lo que esta pasando- peligrosamente sugirió el menor de los hermanos.

Un suspiro avergonzado por parte de Sinbad, mientras delegaba las actividades a Jafar quien empezó a ladrar ordenes -lo lamento…- expreso en un tono de confort, poniéndose enfrente del señor de Avalon -una embarcación esperaba oculta en nuestras fronteras la llegada de su barco- dijo lo más general.

Para el propio rey de los mares era un insulto a su propia isla, no solo por atacar a su esperado invitado sino por haber merodeado con nefastas intenciones.

¿Cómo se enteraron? Avalon con su trabajo contra la esclavitud había labrado sus propios enemigos y esto solo lo ponía nervioso, el peli morado ahora sin embargo tenía un gran motivante ¿ofrecer su ayuda? Por supuesto quien sería si no fuera cortes con las damas.

Tales pensamientos no se demostraban en su rostro contorsionado de preocupación, los fanalis parecían estar a punto de tener un ataque de ira en esos momentos.

Maedhros parecía suspirar, aquella rabia sofocada para tomar una postura inflexible -nuestro rey está siendo atacado- resumió mirando aquel horizonte, apretando la mandíbula al sentirse responsable de la vulnerabilidad de su rey en esas tierras… desde este punto podía ver el intercambio de cañones.

El hermano menor tenia similares pensamientos, al no saber que también Kou lo solicito… ellos tenían la mentalidad que era su mayor culpa que su preciado rey saliera de sus seguras tierras, de solo imaginarla indefensa.

Desconociendo lo equivocado que estaban.

Sinbad alentaría a los integrantes de Avalon a ir a salvar a su rey, darles motivos de su desinterés y confianza… cuando todo parecía detenerse a sus espaldas, notando tal cambio miro por encima de su hombro para voltearse por completo sorprendido.

La frontera era superada por aquel barco noble con el escudo Pendragon, idemne con los barcos atacantes hundiéndose en los mares quizás para ser devorado por las bestias.

-Parece que los hemos subestimado- dijo acobardado el rey de los mares, pero en efecto… a pesar de las desventajas numéricas o la falta de armamento, parecía que superaron el obstáculo.

Nadie pudo contradecir tal comentario.

XXXXX

Fin del capitulo

Neah20 fuera