¿Qué tan raro es que te vaya tan bien con tu amor platónico? Es decir, pasar de ser un cero a la izquierda a ser uno de sus amigos.

Ese es el caso de Tweek, que pasó de acosarlo de lejos a hablar con él casi todos los días.

Después de la noche donde tuvieron su mágica cita, Tweek y Craig compartieron pequeños encuentros y pláticas triviales cuando se cruzaban en la escuela por el resto de la semana. Para Tweek, era un gran avance.

Si se imaginaba a sí mismo semanas atrás, nada de eso sería posible. Hasta pensaría que era una broma, pero ahora ahí estaba él, sentado en una de las primeras gradas cercanas al campo. Tweek se hubiese sentado en la misma grada de siempre, en lo más alto y lo más lejano que pudiese, pero Craig lo vio y le invitó a sentarse hasta abajo, casi en frente de él.

Ya no arriba como días anteriores, ahora a su altura y tan cerca de él, que no se sorprendería si en cualquier momento abría los ojos y se percataba que todo fue un dulce sueño.

Tweek juntó ambas manos para llevarlas hacia arriba en forma de puños en un momento de admiración al verlo batear. El golpe fue tan limpio y preciso, uno solo fue suficiente para que la pelota se alejara con velocidad.

Si no fuera porque las chicas gritaban más alto que él, su animación hubiese sido la protagonista.

Todo se veía tan distinto desde las gradas bajas. Claro que atraía más la atención al estar ahí, pero podía ver a Craig con más detalle.

El azabache sentía la mirada de Tweek clavada en él, pero al no saber que hacer si topaba su vista con la de él, decidió pasarlo por alto. Ya se había acostumbrado a ser mirado siempre, pero con Tweek era diferente; ese chico lo hacía sentir desnudo.

La tarde se basó en eso, en Tweek babeando por Craig, y en Craig sintiéndose acosado.

El entrenamiento acabó, y el pelinegro caminó hacia el nervioso chico que comenzó a temblar al verlo aproximarse, no pudo evitar fruncir el ceño.

Pero había algo que solo Tweek podía ver en ocasiones como esas. A pesar de parecer enojado, los ojos de Craig se dilataron notoriamente. Eso permitió que el rubio no se sintiera como un trozo de basura.

— ¿Sabes? Hoy iba a reunirme con Clyde, Token y Jimmy a comer en La Taco y me preguntaba si querías venir.

Ante eso, sus pies se impulsaron solos haciendo que se levante de las gradas, y al morirse de la vergüenza, decidió dar una respuesta negativa para no verse tan desesperado.

Pero cuando sus ojos se enfocaron en sus mejillas levemente sonrojadas, las palabras salieron solas de sus labios.

— ¡Si es contigo está bien!— En seguida se arrepintió de lo que dijo. Su cara se tornó roja y ante tal atrevimiento sujetó sus cabellos entre las manos con fuerza.— ¡Gah! ¡C-comer, yo amo comer, yo como de todo! ¡S-si es comer está bien! ¡N-no es como si quisiera comerte a ti... C-comer contigo!

Craig subió la mirada apenado por el comportamiento del rubio, además de que Clyde estaba lo suficientemente cerca y comenzó a reírse cuando sucedió aquel incidente.

— Hora de irnos—, Dijo entre risas sujetando con fuerza su estómago—. Cómeme Craig.

— ¡Jesucristo!— Entonces comenzó a tirar de su cabello hasta desprender algunas hebras.

El azabache a pesar de sentirse abochornado por aquella situación, tomó las manos del rubio para hacer que suelte sus cabellos. Pero la reacción que buscaba no ocurrió, y en cambio Tweek comenzó a tener un tic en su ojo izquierdo sintiendo que el aire comenzaba a faltarle y nuevamente, incendiándose ante el toque.

¡Era demasiada presión para él!

Se arrepentía tanto de haber dicho que si, o de haber ido a la escuela, incluso se arrepentía de haber nacido.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Clyde lo rodeó con su brazo mientras terminaba de reírse.

— ¿Entonces vienes?— Preguntó con una sonrisa.

A pesar de haber tenido un mal momento, cuando centro su atención en Craig, él seguía pendiente de su respuesta. Así que aceptó sin dudarlo más.

En seguida Craig volvió a respirar, como si hubiese contenido la respiración en todo el momento.

Clyde, Craig y Tweek comenzaron a caminar hasta el auto de Token, y una vez adentro, el rubio dejó de sentirse como el centro de atención.

El ambiente entre esos cuatro chicos era agradable y confortable. Se llevaban tan bien que cualquiera que se uniera al grupo se sentiría cómodo. Y Tweek que era una persona nerviosa y paranoica, podía confirmarlo.

Cuando llegaron, los cinco tomaron una mesa junto a la gran ventana de enfrente. Entre chistes y conversaciones amistosas la noche comenzó a transcurrir sin presiones. Eso hasta que Clyde se acercó al nuevo integrante y empezó a susurrar.

— Tweek, ¡Ayúdame con Bebe!

— Ugh, L-lo haré, hice la promesa...

— Pero necesito tu ayuda ahora—, chilló subiendo los hombros en busca de más privacidad.— He visto que últimamente pasa más tiempo con Kyle que con cualquier otra persona.

Tweek volteó los ojos sorprendido y sacó su teléfono celular.

— L-le preguntaré por él, ¿Eso te tendría más tranquilo?

Clyde asintió frenético. Tweek marcó a Bebe, y después de algunos segundos, la rubia le contestó con notoria alegría.

"¡Tweekie, que sorpresa tu llamada!", Sonó del otro lado del celular.

— Ho-hola Bebe, ¿Qué tal?

— ¿Qué te dice?— intervino impaciente el castaño.

"Todo bien, nada nuevo", aseguró. Más a Tweek no le bastó su respuesta.

— ¿Nada nuevo? Porque he escuchado... cosas.— Clyde se acercó más al celular queriendo escuchar la respuesta.

"¿Cosas? ¿Cómo qué cosas?"

— Kyle Broflovski.— Dijo sin más.

Bebe no tardó en reírse por lo que escuchó.

"¿Dónde estás? Tenemos que hablar de esto sin Clyde cerca", los dos chicos se miraron entre sí impresionados, "Si Clyde, sé que estás escuchando esto. Solo tú preguntarías por Kyle".

— Mierda—. Soltó el castaño.— ¡Solo contéstame si te gusta!

Bebe se estaba divirtiendo con la situación y Tweek se dio cuenta. Inmediatamente recordó todos los momentos vergonzosos que le hizo cruzar el muchacho a su lado y en busca de venganza, habló.

— La Taco.

Y Clyde golpeó a Tweek en la parte trasera de su cabeza.

"En cinco minutos estoy ahí", dijo la rubia antes de colgar.

— ¡Tweek, ¿Por qué me haces esto?!— Dramatizó el robusto. Y Tweek imitó la risa de Bebe, disfrutando de la situación.

— Ups, se me escapó. Celocito.

Y ante eso, Clyde sonrió entendiendo lo que Tweek estaba haciendo. Por eso mismo decidió seguirle el juego.

— Eso no es de hermanos, Cómeme Craig.

Ambos rieron por lo bajo, obteniendo la atención de los otros chicos, y captando especialmente la atención de Craig, que por primera vez veía a Tweek reírse con tanta tranquilidad.