N/A: Como siempre, gracias por el apoyo!
Recibí algunos comentarios para los nombres de los personajes vía review y MP; hubo varias candidatas, pero dos fueron predominantes, así que decidí cambiar dos nombres y mantener el tercero que ya tenía (principalmente, porque el tercer personaje es importante a futuro y no coincide con lo que investigué de las otras sugerencias). Intenté investigar bastante sobre esos nombres para que fuesen lo más similar posible (ya que no las conocía).
Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.
XIV. Cambios
Hay días en que es más difícil levantarse. Hay días que simplemente prefieres no afrontar. Aquel lunes, era un día de esos para Rachel Berry.
Tenía que actuar normal, como si nada hubiese sucedido el día anterior... pero la verdad es que todo había cambiado. Y no para mejor, lo sabía.
Aquel domingo había marcando un antes y un después. Ahora estaba su vida antes y después de Quinn. Nada era igual para ella y eso afectaba directamente su relación con la rubia.
Por su parte, había comprobado que Quinn también estaba diferente. Las pocas veces que se habían cruzado hasta ese momento en los pasillos del colegio, había corroborado su temor: ya nada sería como antes. Quinn actuaba como si nada pasase de manera bastante creíble, pero apenas mantenía contacto visual con la morena. Esos pequeños momentos: las miradas cómplices, las sonrisas, ya no estaban.
Rachel no sabía cómo sentirse al respecto.
–¿Me dirás que pasó entre ustedes? –preguntó Santana apenas se sentó a su lado en aquella clase de álgebra que compartían.
–¿Entre quiénes? –Rachel sabía a quiénes se refería la latina, pero prefería pretender que no.
–Entre Q y tú –respondió rápidamente Santana–. Y no intentes decirme que nada pasó. Quizás puedan engañar al resto, pero Britt y yo sabemos que no están bien. A nosotras no pueden engañarnos.
–Si pasó algo o no, es un tema nuestro Santana. Entiendo que quieras saber y ayudar, pero no hay nada que pueda hacerse.
–Siempre se puede hacer algo. No seas como Q, Rachel –dijo Santana y la morena la miró fijamente. La latina no solía llamarla por su nombre, salvo cuando se trataba de algo importante–. Quinn se encierra en sí misma, segura de que sus fantasmas son ciertos y no siempre es así. No cometas los mismos errores.
–Gracias por el consejo, San –Rachel le regaló una sonrisa que dejaba mucho qué desear, pero era lo mejor que podía ofrecer en esos instantes–. Asumo que Britt está hablando con Quinn en estos momentos –agregó la morena, pues las rubias compartían clase. Santana asintió–. Y ojalá pudiese decirte que todo estará bien entre Quinn y yo, pero a veces debes pensar en ti misma, y en este momento, Quinn y yo estamos en distintos caminos que no parecen unirse, al menos no por ahora.
–Sé que probablemente no he sido la mejor persona contigo, hobbit –Rachel sonrío ante el uso del apodo–, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo. La rubia es algo obstinada y cerrada para ciertas cosas... sé que no se lo merece, pero ojalá le dieses tiempo y espacio.
–No intentes hacerte la dura, Santana. Tienes un punto blando con Quinn y lo sabes –dijo la morena sonriendo–. Le daré espacio y tiempo, pero no puedo asegurar que cuando ella logre poner en línea todos sus pensamientos, mis sentimientos sigan igual –confesó.
–Es bueno oírte decir que tienes sentimientos por ella. Está bien escuchar que una de las partes en Faberry al menos es honesta –explicó Santana y Rachel la miró intrigada por el apodo–. Cosas de Britt, ya sabes, ella insistió... está de moda eso de unir los nombres de las parejas, pero como Quinchel no suena bien, me incliné por sus apellidos –la morena asintió aún confusa–. En fin, por mucho que me duela ver a Q mal, creo que debes pensar en ti, Rachel. Piensa en ti y en tu felicidad. No antepongas a nadie.
–Gracias, Santana.
–¿Te sentarás con nosotras en el almuerzo? –preguntó la latina–. ¿O también las cosas cambiarán entre nosotras?
–No cambiará nada entre nosotras –aclaró Rachel–, pero no me sentaré con ustedes...
–Claro, primero dices una cosa y luego...
–¿Podrías dejarme terminar? –Rachel no esperó una respuesta de la latina que la miraba con el ceño fruncido y continuó hablando– No me sentaré junto a ustedes, porque tengo una reunión con unas chicas de primer año...
–¡Tú sí que no pierdes el tiempo, eh! –exclamó Santana y le guiñó un ojo.
–No digas estupideces, Santana. No tiene nada que ver con ese tipo de cosas –la latina arqueó una de sus cejas mostrando incredulidad–. El señor Schue conversó con unas chicas que quizás puedan interesarse en el Glee Club... bueno, al menos están interesadas en la música –precisó Rachel–. Y cuando lo mencionó en clases, ustedes básicamente lo ignoraron, así que me pidió ayuda a mí. Yo sé que no fui su primera opción, pero si esas chicas pueden cantar, creo que sería beneficioso para nosotros.
–¿Y por qué necesitamos más miembros? Creía que ya estábamos todos los necesarios –Santana hizo una pausa antes de mirar con una sonrisa malévola a Rachel–. Además, ¿qué pasa si alguna de esas chicas canta mejor que tú?
–Bueno, eso es básicamente imposible –dijo con seguridad Rachel mientras la latina negaba–, pero aunque eso, que repito considero imposible, sucediese, sería un incentivo para mí. Me vería en la obligación de mejorar. Y debo recordarte que nunca está demás tener más miembros, ya que los existentes tienen una inclinación por abandonar New Directions en los momentos más importantes y ponernos en problemas.
–Si lo pones de esa forma... –dijo Santana encogiéndose de hombros–. Suerte con esas chicas y si necesitas ayuda con ellas, cuenta con Britt y conmigo –agregó guiñando un ojo.
Minutos más tarde, cuando el profesor dio por iniciada su clase, tras media hora de retraso, Rachel no pudo concentrarse, pues sus pensamientos estaban centrados en su relación con Quinn y en cómo seguiría todo de ahora en adelante.
El trascurso de la mañana había sido una tortura. Fingir que todo estaba bien cuando su vida era un caos, había sido casi imposible. Luego, cuando Britt intentó hablar con ella sobre lo que sucedía con Rachel, casi le había gritado. Obviamente, su amiga desistió de su intento, no sin antes dedicarle una mirada lastimera. Decir que se sintió la peor persona del mundo sería un eufemismo.
Ahora, todo sería peor. Tocaba el almuerzo y las posibilidades no eran de su agrado. Si Rachel decidía sentarse junto a ellas como siempre y seguir actuando como si nada pasase, sería un auténtico castigo, pues Quinn se vería obligada a actuar de la misma manera, ignorando la falta de brillo en los ojos de la morena, ignorando la culpa que la apresaba desde la noche anterior; pero si decidía sentarse en otra mesa, todo entre ellas habría terminado y Quinn podía entender a Rachel, pero eso no lo hacía menos doloroso. Tener a medias a Rachel, era mejor que no tenerla en su vida.
–Emm... ¿y Rach? –preguntó a sus amigas al ver que los minutos trascurrían y la morena no se acercaba–. ¿Se va a sentar en otra mesa?
–¿Por qué mi sexy judía no se sentaría aquí? –preguntó Puck a espaldas de Quinn–. ¿Pasó algo?
–No, pero probablemente las hormonas de Q están vueltas locas, ya sabes... el embarazo y esas cosas... –excusó Santana–. La rubia se pone nerviosa cuando no tiene todo controlado y el hecho que el hobbit aún no haya hecho acto de presencia la tiene alterada, imagino –agregó la latina a un confundido Puck–. El punto es que no vendrá, porque en este momento está reunida con un grupo de chicas de primero.
–¿Rachel con un grupo de chicas? ¿Para qué? –preguntó Quinn ocultando su molestia.
–Quizás descubrió que las chicas somos más interesantes y comenzará a experimentar.
Puck pegó un grito de euforia y Quinn apretó los puños.
–¡San! –se quejó Britt.
–O tal vez está intentando que se unan al Glee Club –comentó la latina sin mirar a su novia.
–¿Y por qué haría eso? –preguntó Quinn.
–¿Y son lindas? –interrogó Puck al mismo tiempo.
De pronto, Quinn tuvo más interés en escuchar la respuesta de Santana a la pregunta de Puck.
–Schuester se lo pidió –respondió la latina mirando a la rubia ex porrista, para luego mirar al chico del mohicano–. No lo sé, espero que sí... Si no, para qué molestarnos...
Santana se sonrió con Britt y Puck, pero Quinn no se percató de aquello. Su mente voló hacia Rachel y el día anterior. ¿Sería posible que Rachel se fijara en otras chicas? Frannie le había comentado que a la morena no le interesaba un género en específico, ella se enamoraba de la persona. Pero, ¿podría dejar de interesarse en Quinn tan rápido? Esa pregunta carcomía los pensamientos de la rubia. Ella no estaba lista para afrontar lo que sentía, ni siquiera tras el maravilloso día que había pasado con Rachel, pero eso no significaba que quería que la morena se fijase en otras personas. Ella quería que Rachel la esperase. Ella necesitaba que Rachel la esperase.
Al sentir las lágrimas aglomerarse en sus ojos, se excusó con sus amigos argumentando que necesitaba ir al baño y rechazando la compañía de Santana y Brittany. Tuvo que apurar su paso y tranquilizarse mentalmente para no armar una escena en el pasillo, pero justo cuando estaba entrando al baño vio a la morena riendo junto a un grupo de chicas. Riendo de la misma forma que lo hacía con ella.
Pero esta vez ella no estaba a su lado, ni era la causa de sus sonrisas.
Rachel había ido a aquella reunión sin muchas expectativas. A muchas chicas les gustaba la música, eso no significaba que fuesen buenas cantando, ni que tuviesen algún tema en común con ella más que, bueno, la música. Por eso se había sorprendido al descubrir que aquellas chicas tenían sueños grandes como ella y estaban tan apasionadas por la música como cualquier integrante del Glee Club e incluso más que muchos de ellos.
La morena había pensado en que, tal vez, no tuviesen muchas ganas de hablar con ella, pues su historial de slushies la acompañaba, pero al ser de primer año, esas chicas ignoraban lo sucedido con anterioridad y sólo habían visto el bullying que había sufrido al comienzo, pero también habían apreciado el cambio sufrido los últimos meses, por lo que la recibieron con los brazos abiertos y con ansias de saber más y más.
–¿Y compiten con chicos de todo el país? –preguntó Taylor, la más alta del grupo.
–Sí. Bueno, primero hay una clasificación local, luego una regional y finalmente, están las nacionales –explicó la morena–. Este año obtuvimos un muy mal lugar, pero el próximo año, las nacionales serán nuestras.
–Pero, al formar parte del Glee Club, ¿podemos seguir teniendo nuestra banda? –ahora fue el turno Lauren, la chica de ojos verdes -que parecían cambiar de color dependiendo de la luz o la intensidad del momento-, y ascendencia latina, de preguntar.
–Claro, siempre que no lo hagan a nivel profesional.
–Entonces, me parece una gran idea –comentó Camila, la chica que parecía la más tímida del grupo y que según habían comentado, había nacido en Cuba y vivido en México unos años.
El resto de las chicas asintieron sonrientes y Rachel se regocijó, pues había conseguido a tres talentosas chicas. Sintió que Camila no dejaba de mirarla.
–¿Pasa algo? –preguntó confundida la morena. Camila en vez de responderle, dirigió su vista a Lauren.
–Bueno, hay algo que debería decirte... –murmuró Lauren–. Algo que tal vez provoque que yo no sea aceptada en el Glee Club.
Rachel la miró extraña y le pidió que se explicara.
–Jesse St. James es mi hermano –confesó la chica y Rachel no pudo ocultar su sorpresa–. Mi hermanastro, para ser más precisas –aclaró–. Mi mamá se casó con su papá hace dos años. Él mencionó que quizás eso podía ser un problema.
–¿Una St. James en el Glee Club? Wow eso sería un giro inesperado –comentó Rachel sonriendo–. ¿Y por qué no estudias en Carmel?
–Primero que todo, mi apellido no es St. James, aunque sí considero a Jesse mi hermano –explicó Lauren–. Carmel no fue opción desde que estas chicas me dijeron que estudiarían aquí. Jamás abandonaría a mis mejores amigas.
–La necesitamos –dijo Camila recibiendo un guiño de Lauren.
–Quizás el hecho que Jesse sea tu hermano genere resquemores en alguno de los chicos, pero tu talento es lo que importa. Además, yo sé que él está arrepentido de lo sucedido y que ha cambiado –Rachel le dedicó una sonrisa a la chica intentando transmitirle la misma seguridad que ella sentía.
–En caso que tus amigos no quieran aceptar a Lauren, ninguna de nosotras se unirá –advirtió Taylor con seguridad–. Somos todas o ninguna. No abandonamos a nadie.
–Esa actitud es muy apreciada en el Glee Club. Me gustaría presentarles a algunos de mis amigos y miembros de New Directions, ¿pueden después de clases?
Las tres chicas asintieron e intercambiaron sus números con Rachel para poder coordinar aquel encuentro. Luego, se despidieron, marchándose a sus respectivas clases.
El resto de sus clases transcurrieron con normalidad. Disfrutó de la clase de arte y no aprendió nada nuevo en la clase de español. Rachel cuestionaba la habilidad del señor Schue con aquel idioma tanto o más que sus decisiones de las canciones en el Glee Club.
–¿Entonces son guapas? –preguntó Puck mientras se dirigían al lugar del encuentro.
–Sí, son lindas y muy diferentes, pero lo más importante es que son talentosas, Noah –respondió la morena.
–Estás equivocada, hobbit. Lo más importante es que sean guapas –comentó Santana a sus espaldas.
–Espera a que Brittany escuche lo que dices –se rió el judío–. Aunque tienes razón aquello es lo más importante.
–Britt opinará lo mismo. Siempre es bueno tener chicas para mirar. A mí no me importa nada más. Estoy enamorada de mi novia.
–Enamorada, embobada, dominada y todas las cosas cursis que se nos puedan ocurrir –agregó Puck.
Rachel no pudo contener la risa y la latina los intentó matar con la mirada.
–Envidian que yo pueda estar con la chica que quiero y ustedes no –dijo a la defensiva Santana, arrepintiéndose al ver como Rachel bajaba la mirada.
–No me metas a mí en ese saco. Yo ni siquiera estoy enamorado de alguien. Aún no he conocido a ninguna chica que me mueva la tierra de esa forma –aclaró Puck.
–Sí, lo sé. Tú eres el que me produce más pena. Aún no has podido ni siquiera sentir lo que es enamorarse y eso es triste –rebatió la latina.
Rachel no estuvo muy de acuerdo con la afirmación de la latina. Si estar enamorado era lo que ella estaba viviendo con Quinn, no era algo agradable de sentir.
–Hola, Rach –escuchó a Lauren saludarla y levantó la vista dedicándole una sonrisa.
–Rachel –corrigió Santana–. Si le dices Rach, comenzarás con mal pie con Quinn –agregó aconsejando a la chica, para luego comenzar a observarla–. ¡Wow, eres realmente hermosa!
–¿Cómo es que nunca que habíamos visto? ¡Eres impresionante! –añadió el chico del mohicano.
–Gracias, creo –respondió Lauren algo confundida y nerviosa.
–No los escuches –dijo Rachel, tranquilizando a la chica–. ¿Y las otras chicas?
–Camila tenía que hablar con un profesor y Taylor decidió esperar con ella. Fui enviada a justificar el atraso –explicó Lauren sonriendo.
Rachel vio como Santana y Puck observaban la sonrisa de la chica y rió internamente. El par era demasiado obvio cuando de una chica se trataba.
–Hola chicos, disculpen nuestro retraso –saludó Britt antes de dejar un beso en los labios de Santana. Quinn estaba tras ella con una sonrisa incómoda–. ¿Ella es una de las chicas nuevas? Es hermosa, ojalá las demás también lo sean –agregó la chica de ojos celestes, provocando una gran sonrisa en Santana.
–Les dije –sentenció la latina.
Lauren estaba notoriamente sonrojada y parecía algo incómoda con tanto halago de personas que recién acababa de conocer.
–Quizás sea mejor que vaya por las chicas –la incomodidad de Lauren se hizo patente–. Rach, ¿hay problema con eso?
–Rachel –dijo molesta la rubia, hablando por primera vez–. Su nombre es Rachel.
Lauren la miró confundida para luego encontrar su mirada con Santana quien parecía querer decirle "te lo dije".
–Asumo que tú eres Quinn –dijo la chica algo avergonzada. La ex porrista sólo asintió.
–Sí, ella es Quinn –dijo Rachel–. Y ellos son Brittany, Santana y Noah o Puck –los presentó–. Kurt y Tina no pudieron venir porque debían trabajar en un proyecto, pero ya los presentaré –agregó sonriendo–. Y me puedes decir Rach, Lauren –aclaró mirando a Quinn–. Es un diminutivo que me agrada. Todos pueden decirme así.
–Yo prefiero hobbit –comentó Santana y Rachel rodó los ojos.
–Hola, ya estamos aquí –saludó Taylor con una risa nerviosa. Camila reiteró el saludo.
Tras las presentaciones correspondientes y los halagos hacia las recién llegadas de parte de Puck, Santana y Brittany, Camila se acercó a Lauren a murmurarle algo al oído. Rachel notó que la chica era bastante tímida cuando recién conocía a personas y su ancla era Lauren.
–Me alegro, Camz –dijo Lauren y Camila le dedicó una sonrisa, Taylor parecía acostumbrada a aquella forma de relacionarse de las chicas, porque las observaba sin inmutarse. Luego, Lauren se dirigió al resto de los chicos–. Si todo lo que nos dijo Rachel de ustedes y de New Directions es verdad, será genial formar parte del grupo. No insinúo que mienta, por cierto. Ella es realmente maravillosa, mi hermano tenía razón sobre Rachel –agregó sonriendo antes de entender su error.
–¿Tu hermano conoce a Rachel? –preguntó Puck sorprendido.
–Sí, bueno... –respondió Lauren nerviosa.
–¿Quién es tu hermano? –preguntó Quinn de manera intimidante. Al parecer sus días de HBIC no estaban olvidados.
–Jesse... Jesse St. James –susurró Lauren.
–¿¡Qué!? –exclamó Quinn alzando la voz y se dirigió a Rachel–. ¿Estás loca? ¿Piensas que vamos a permitir que la hermana de St. James entre?
–No es nada contra ti, chica –comentó Santana–. Lo siento, hobbit, pero yo estoy con Quinn en ésta –agregó, mientras Britt y Puck la respaldan asintiendo.
–Si Lolo no entra, estamos todas fuera –sentenció Taylor–. Somos las tres o ninguna.
–Fue un gusto conocerlas, entonces –dijo Quinn sarcástica.
–¿Puedes parar? –preguntó Rachel irritada a Quinn, quien sólo esquivó la mirada–. No quiero comenzar con el discurso de las segundas oportunidades nuevamente –agregó ahora mirando a todos sus amigos–. Las cosas con Jesse están bien y lo sucedido ya lo dejamos en el pasado –se interrumpió al ver como Puck negaba–. Además, el tema aquí son las chicas, no Jesse. No tenían ningún reparo antes de saber lo de Lauren y Jesse...
–Pero ese dato cambia las cosas –dijo Puck–. ¿Olvidaste cómo te utilizó? –preguntó el chico molesto–. ¡Yo no!... y entendiendo lo de las segundas oportunidades y que todo pueda estar bien entre ustedes, porque conozco lo grande que es tu corazón –agregó con sinceridad–, pero prefiero prevenir y mantener a su hermana alejada de nosotros, de ti, antes de exponerme a lo mismo. ¿Te imaginas si está utilizando esta vez a su hermana para hundirnos?
–Lauren no haría algo así –manifestó Camila indignada, sacando la voz por primera vez–. Y Jesse la quiere demasiado para utilizarla y exponerla de ese modo.
–Yo sé que mi hermano se comportó mal con Rachel, él mismo me lo contó... pero él ha cambiado. Ya no es ese chico –explicó Lauren con los ojos brillantes.
Rachel miró a sus amigos y se percató que Santana y Puck estaban dudando sus decisiones anteriores.
–Lo siento, pero ser una St. James te deja fuera del Glee Club –afirmó Quinn.
–¿Ahora tú tomas las decisiones, Quinn? –Rachel estaba molesta por la situación y molesta con la rubia por lo sucedido el día anterior–. Creo que deberíamos someterlo a votación durante el próximo ensayo, eso sería justo.
–Además, aclararles que Lauren no es St. James. Su mamá y el papá de Jesse se casaron hace un tiempo –dijo Taylor enojada–. Sin embargo, se quieren como hermanos. Y si eso es un problema para ustedes, está bien. Nosotras nos retiramos y punto.
–Esperen a que lo sometamos a votación, chicas –pidió Rachel.
–¿Y someter a Lauren a más comentarios como los de recién? –preguntó Camila.
–No, yo los mesuraré –aseguró la morena, tomó a Lauren de los hombros y la miró fijamente–. Sé que no es justo contigo, pero dame una oportunidad –Lauren asintió sonriendo–. ¿Ves? Eres mucho más linda cuando sonríes.
Rachel sentía una empatía distinta con Lauren, porque sabía que detrás de esa fuerte mirada había una chica sensible que cargaba la cruz de alguien más. Lauren era discriminada por cosas que no podía manejar. De cierta manera, Rachel había crecido sintiéndose así. Había recibido burlas y miradas por ser hija de una pareja homosexual. Ella se enorgullecía de sus padres y no había nada de malo en su amor, pero a veces, cuando las miradas eran muy pesadas y los murmullos eran casi gritos, deseaba que alguien entendiera que no había nada que ella pudiese hacer, ella no tenía la culpa de nada. Así como tampoco la tenían sus padres.
–Tú sí que no pierdes el tiempo, Berry –comentó amargada Quinn–. ¿Por qué no admites que quieres que la hermana de St. James entre al Glee Club, así tú puedes estar cerca de ella?
Lauren miró confundida a Rachel y la morena sólo negó.
–¿Qué? –preguntó Camila–. ¿Te gusta Lauren?
–No, Camila –pese a lo rotundo de la respuesta, Quinn miró a Rachel como si no le creyese.
–¿Y a ti, Laur? –Lauren miró a Camila confundida–. ¿Te gusta Rachel?
La morena frunció el ceño al escuchar aquella pregunta. Lauren se sonrojó ante la pregunta. No porque la respuesta fuese afirmativa, sino porque estaba avergonzada con la situación.
–¿Sí? Wow... –dijo Camila sin más y se alejó rápidamente.
–¿Qué? ¡No! –respondió Lauren saliendo de su mudez. Miró a Taylor angustiada, quien le asintió, por lo que salió corriendo tras Camila.
–Camila está enamorada de Lauren desde hace un tiempo, pero jamás se lo ha dicho y Lauren besa el suelo que Camila camina –explicó Taylor ante los rostros que la miraban interrogantes–. Quizás esto puede ayudar a que finalmente se digan lo que sienten.
–O tal vez arruinar todo entre ellas para siempre. ¡Bien hecho, Berry! –pronunció Quinn.
–¿Puedes parar? –preguntó Rachel, al parecer esa pregunta sería una constante ahora en su relación–. ¿Quieres que hablemos sobre lo que pasó ayer frente a todos? –alzó un poco la voz–. Somos amigas, ¿recuerdas? Así que detén tus planteos ridículos y tus frases mordaces. No vaya a ser que alguien pueda pensar otra cosa.
–Rach... –murmuró Quinn.
–Basta Quinn –sentenció Rachel–. Creo que esta pseudo reunión no tiene mucho sentido ya. Es mejor que cada uno se vaya a su hogar –agregó, para luego dirigirse a Taylor–. Si sabes algo de las chicas me avisas –la aludida asintió con una sonrisa.
Rachel se retiró del lugar y estaba a punto de subirse a su coche cuando la voz de Puck la paró.
–¿Me puedes explicar qué acaba de pasar?
–Nada, Noah. La situación se descontroló un poco, pero está todo bien.
–Rachel, te conozco y sé que algo pasó con la rubia. Su actitud, sus palabras, las tuyas... todo está mal y lo sabes –dijo Puck con el tono más delicado que encontró.
Rachel le intentó dedicar una sonrisa, para señalarle que todo estaba bien, pero su labio comenzó a temblar y sus ojos se llenaron de lágrimas. Puck la abrazó hasta que ella pudo controlarse. Luego le quitó las llaves y la hizo subir al asiento del copiloto.
–Te llevaré a casa –determinó Puck encendiendo el coche–. En el camino puedes contarme lo que pasó entre ustedes o qué es lo que cambió...
Ese era el problema, todo había cambiado.
