Los Personajes de este fic no me pertenecen. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.
Este fic no está hecho con fines de lucro sólo es por entretenimiento y diversión.
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Capítulo 7 : Link
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"A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto,
y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante"
Oscar Wilde.
…
Escuchó la puerta y la voz la distancia, supo que Zelda se había encontrado con alguien inesperado, no debía obviar eso pero no podía quitarle la vista a la espada.
Nuevamente brillaba de manera cálida y emitía sonidos alegres al tenerlo cerca, su cabeza se llenó de recuerdos como si de verdad toda su vida pasara ente sus ojos.
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3
Link y el periplo aciago
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Fue de madrugada cuando descubrió a las mariposas, tenía miedo, mucho miedo, no sabía cuánto había dormido pero todo el cuerpo le dolía, era como si algo muy dentro de si se hubiera muerto.
La luz verde le cegó la vista.
—No mueras…— conocía esa voz. Sintió escalofrió.— Maldita sea, Hylia…
Sintió que algo lo había cogido y de pronto se encontró en un paraje desolado. La diosa yacía a la distancia mirando de manera impasible hacia un sitio lejano.
—Do…¿Dónde estoy?
—Esta es la línea. El umbral que divide a la vida y la muerte.
Link empuñó las manos, evitaba temblar ante aquella presencia.
—No debes temerme. No a mí.
Dijo en voz monótona. Mas aun así Link lograba ver por debajo de esa mascara fría, sabía que estaba enojada y que de alguna manera él tenía algo que ver con eso.
—Eres un idiota, un día de estos, en alguna era, tu amor por Hylia terminara por destruirte.
— ¿Hylia?
—Ah, es verdad, tu lado mortal sólo la conoce como Zelda. Mira nada más, tu princesita que tanto te adora pero por poco y te mata.
—Mentira, Zelda jamás me haría daño.
—Pero lo hizo. Sabes bien que existe otro Link, ¿verdad?
Se quedó callado, lo sabía, el Link al que envidiaba pero que al mismo tiempo sabía que era él mismo.
—Zelda hizo un contrato con él. Básicamente es la razón de que estés en este sitio, el nexo que existía con la otra parte de tu alma está bloqueado.
— ¿Por qué?
—Lo llama… Kai, una magia antigua y pérdida que solamente trae aciago a quienes se topan con ella.
—Kai
—Es lo que te está matando. Lo siento, no puedo ayudarte, se fuerte por ti mismo. El gran mal se acerca, ruega al destino por que sea grato.
…
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Despertó de golpe sudando en frío, estaba oscuro, helaba, una chispa de calidez yacía a su lado; era Erlen, había estado en vigilia a su lado todo el tiempo.
Parpadeó enfocando la vista, las mariposas se desvanecían lentamente.
Sintió el abrazo cálido que le rodeaba la cabeza.
—Todo está bien. No pasa nada.
Unos pasos se escucharon en el pasillo, eran las botas de Khorring que tamborileaban ansiosas.
—No sabría decirte que tiene, parece simple debilidad, aliméntelo bien y denle descanso— dijo una voz anciana de manera bajita, seguramente era una de las curanderas de Ordon.
Finalmente el cazador también entró al cuarto, se sentó a su lado y sonrió al verlo despierto.
—No saldrás en algún tiempo— musitó— te diste una buena caída.
—Lo siento…
—Está bien, pero de no haber sido por tu yegua te abrías matado. Te salvo la vida— su labio temblaba y su voz se había quebrado, de pronto no supo como pero ya lo tenía abrazado de manera protectora, Link le devolvió el cariño y enterró la cabeza en el pecho de su padre.
Finalmente Erlen se levantó de su sitio, sentía que debía dejarlos a solas, se fue a prepararles algo para comer y regresó una hora más tarde cuando el sueño ya había vencido a su marido y solamente Link permanecía en vigilia.
— ¿Tienes hambre hijo?
—Sí, mucha…, mucha, no sé por qué.
—Has estado dos días inconsciente, creo que es normal.
— ¡Dos días!— clamó, estaba sorprendido aunque debido a la debilidad su voz sonó igual que un susurro.
Con cuidado Erlen le quitó a Khorring de encima, deslizó suavemente a su marido para que quedara en la orilla de la cama y después le pasó a Link su plato en una mesita. Comió despacio aunque la saciedad sólo le duro unos minutos, aún tenía esa horrible sensación de estarse vaciando por dentro.
Cerró los ojos, el viento aullaba y una leve briza nacida de las perdidas lluvias de invierno caía de manera suave haciendo que el vaho se pegara a los cristales de la ventana. Escuchó la raída respiración de su padre y de pronto también le dio mucho sueño, ¿Pero, que acaso no había dormido ya dos días?, preocupado pero sin fuerzas para reclamarle a su instinto, simplemente volvió a recostarse y se acurrucó junto al cuerpo que yacía junto él en la cama.
Y aunque Erlen sintió la necesidad de llamar al marido decidió que era mejor aquella noche durmieran juntos.
[***]
Le tomó algún tiempo volver a levantarse de la cama. Jamás lo habría hecho de no ser porque se sentía desesperado, no había visto a Epona ni a Ilia , y por si fuera poco había perdido completa conexión con Zelda. Eso lo tenía casi desquiciado, aunque no lo mostraba y parecía mantenerse firme en cierta convicción que había tomado desde que había salido de ese extraño letargo.
— ¿Ir a al castillo?
—Ay un castillo en la capital, ¿verdad?
—Sí.
—Quiero ir. Quiero verlo, ¿Cómo es?, ¿tiene murallas?, ¿o torres?
—Todos los catillos las tienen hijo. ¿Por qué quieres ver eso?
—Antes estaba en mis sueños…— musitó Link. Khorring lo miró extrañado y se rascó un poco la cabeza.
— ¿Quieres buscar al semejante?
—Si— pronunció de nuevo, su voz sonaba apagada.
—No creo que sea el de Hyrule, ni siquiera creo que exista, quizás tu cabeza lo reinterpretó de alguno de aquellos libros— espetó señalando a la pequeña biblioteca de la familia, sabía que Link adoraba leer y copiar los bocetos de los pocos que tenían ilustraciones.
—Quiero ir— repitió con firmeza.
Sin poder negárselo el padre asintió, no podía decirle que no a esa mirada suplicante.
—Pero no ahora.
— ¿Cuándo?
—Cuando estés mejor— musitó. Después de todo ya le había pegado varios sustos en la semana pues se había desmayado sin aviso alguno.
Entonces Link viró la mirada con melancolía y volvió a su cuarto. Triste y meditabundo se apostilló en el alfeizar de su ventana, hacía frío pero los niños de Ordon jugaban cerca de ahí sin preocupación alguna, se entretuvo en verlos hasta que de pronto sintió una palmadita en la cabeza, viró la vista y encontró a Talo a su lado.
— ¿Por qué estas triste?
—Ammm— musitó con desgana, con gusto le habría contado aunque dudaba que el niño lo entendiera.
—Sabes. Hace rato vi a Ilia, también tenía esa cara.
— ¿También?
—Le pregunte que le pasaba, pero estaba de humor horrible, creo que no quiere hablar con nadie, quizás por eso no viene.
—Ammm— volvió a repetir.
En eso momento otro pequeño se acercó a la escena, era Colin; hijo de Moy el único espadachín del pueblo.
—No lo tomes a mal, creo que será por eso que no viene.— dijo con una risita, Link lo miró fijamente sin entender el significado de aquellas palabras— Es por eso,— repitió— esta de un humor tan terrible que seguramente no quiere contagiártelo. Dice mi papa que es porque te quiere, así que prefiere quedarse un poco lejos.
—Yo también la quiero— rechistó.
— ¿Quieres que se lo diga?
Link negó con la cabeza.
— ¿Vamos a buscarla?— preguntó Talo con esa sonrisita maliciosa de travesura que casi siempre se cargaba.
Entonces Link levantó una ceja, miró a sus espaldas y por un momento pensó en escaparse, sabía que Khorring le diría que no si le pedía permiso, así que con mano diestra garabateó una nota y la dejó en su escritorio, poco tiempo después ya había saltado la ventana y tomado camino al bosque guiado por los niños.
Quizás fuera el destino…
Porque de no haber desobedecido habría perdido a su única hermana. Esa mañana recién se dio cuenta de las nubes negras que adornaban el por completo el cielo, cierto era que en el invierno todo solía verse grisáceo y pardo, pero aquella masa de oscuridad rayaba en lo ridículo, era como si una sempiterna tormenta se hubiera apoderado de todo el firmamento de Hyrule.
—Nunca había visto algo así— sus palabras rompieron el silencio, los chiquillos que le acompañaban no pudieron evitar alzar también la mirada.
— ¿Nunca?— Colin parecía un poco confundido.
—No pasa nada. Pero seguro que llueve. Aunque mi abuela solía decir que "las lluvias perdidas de invierno alzan la voz susurrando presagios"
—Que miedo Talo ¿Qué clase de presagios?- Preguntó el otro pequeño.
—No lo sé. No es que comprenda todo lo que los ancianos dicen.
Entonces soltó una risita, al parecer aquello no les preocupaba, pero a Link le había bajado un terrible escalofrió por la espalda.
[***]
"Fui a buscar a Ilia. Estoy bien, Talo y Colin van a acompañarme"…
Las manos el cazador arrugaron aquella nota, si quería ver a Ilia, entonces ¿Por qué simplemente no se lo había pedido?, bufó con cierto enojo, aunque a los pocos segundos aplacó sus emociones, no debía enojarse, no por esa tontería.
Salió de casa y se echó encima la capucha de piel de oso.
—Amor…— escuchó que Erlen lo llamaba, se viró despacio.
—Vuelvo pronto, voy por Link— fue lo único que dijo.
Pero antes de irse lo detuvo en el umbral de la puerta, extrañado Khorring miró como su mujer le ofrecía la espada que en antaño había pertenecido a su abuelo.
—No la necesito
—Por favor llévala, me duele el pecho tengo un mal presentimiento.
Asintió con la cabeza, la despidió con un beso y se ató la espada al cinto.
[***]
De pronto el bosque se veía muy oscuro, quizás eran las nubes pero Link habría jurado que un aura extraña rodeaba todo el sitio.
—Te encontré
— ¿Qué?
La extraña y siniestra voz había retumbado en su cabeza. Link miró a Talo y a Colin pero los niños parecían no haber escuchado esa voz extraña.
—Finalmente…. Finalmente… seré yo quien gane esta vez. Héroe
Sintió mucho miedo y se quedó paralizado era como si de pronto una sensación de maldad se apoderara de ese espacio.
—Voy a matarte. No puedes huir…—Habló. La advertencia se cimbró en la cabeza del joven hylian.
Mareado y aturdido Link se tambaleó hasta dar contra el tronco de un árbol, los niños que lo acompañaban corrieron a auxiliarlo.
— ¡Link que te pasa!
— ¿Te sientes mal?
—¿E..e..escucharon eso?— tartamudeó Link
— ¿Escuchar qué?
—Es él…. Es él— repitió en trance, con la mirada dilatada y perdida.
— ¿Él?, ¿Quién?— preguntó Talo, aunque ambos estaban muy confundidos, Link parecía estar atrapado en un trance de terror.
—El mal que duerme en el castillo, el diablillo malo, el diablillo malo…— musitó tratando de que la voz no se le fuera.
—Héroe. Voy a matarte— susurró de nuevo la advertencia
De pronto el bosque se oscureció realmente y una decena de ojos rojos y ambarinos aparecieron entre los matorrales, ambos niños dieron un gemido de susto y retrocedieron unos cuantos pasos, entonces se escucharon muchos jadeos siniestros como si con voz inhumana las creaturas que los acechaban soltaran trémulas risas.
— ¿Qué, Que, ¡Que son esos!?—Clamó Talo muy asustado.
No pudo preguntar otra cosa, de repente los lizalfos salieron de sus escondites y alzaron la voz en un siseo amenazante, Colin y Talo no supieron en que momento Link se levantó como resorte guiado por un instinto muy antiguo, tomó a los chicos de los brazos y se echó a correr en carrerilla adentrándose en la oscuridad del bosque, las creaturas los siguieron por un buen rato, pero muy dentro de sí Link supo que hacer y cómo actuar, arrastró los chicos por las partes estrechas en donde los enormes lagartos no cabían y las ramas bajas de los arboles entorpecían sus pasos.
De pronto todo volvió al silencio, habían corrido mucho y el corazón les galopaba como caballo desbocado, un árbol robusto les dio cobijo, Link alzó a los chicos y los echo hacia arriba para que se ocultaran en el follaje, no sabía si esos lagartos trepaban arboles pero no había ningún otro escondite que pudiera servirles. Estaba a punto de acompañarlos cuando escuchó un grito muy sonoro, una voz aguda que conocía de toda la vida.
—Ilia— apenas si pudo musitar su voz, el aliento se le había ido.
Miró a los chicos con un semblante angustiado.
—Escóndanse.
— ¡Que!
—Escóndanse.
— ¡Link no te vayas!
— ¡Nos vas a dejar solos!
—También tengo que salvar a Ilia— exclamó algo exasperado. Aunque de pronto su instinto de protección se sintió dividido y las piernas le temblaron al no poder tomar una decisión pronta.
—Tienes razón. Ve— finalmente Colín fue el que habló y fue la convicción de su mirada la que libero a Link para que pudiera emprender camino.
…
No muy lejos de ese sitio cierta chica se había encontrado con uno de los aterradores monstruos, el Lizalfos se relamió las encías, esa no era su presa pero tenía hambre y además la chica se había puesto justamente en su camino.
Con paso amenazante se acercó a Ilia y sacó la lengua bífida, algunas gotas de baba le escurrieron desde el hocico y cierto brillo apareció desde su dentadura afilada.
Aterrorizada como nunca antes la joven Ordoniana retrocedió hasta topar con un árbol, se le había acabado el camino, más allá de eso sólo había algunos riscos peligrosos, se quedó paralizada cuando vio que el Lizalfos le saltó encima.
— ¡No la toques!— rugió una voz conocida.
Link había salido de la nada y empujó a la creatura en pleno vuelo, ambos cayeron y rodaron por el piso, el Lizalfos se levantó casi de inmediato y soltó un rugido muy amenazante, durante una facción de segundo los ojos de Link y los de la bestia se entrelazaron.
—Ven por mí— susurró
Ilia se quedó sin aliento, nunca había visto en su amigo esa mirada, era como si de pronto estuviera viendo a otra persona.
Con el objetivo al frente, el Lizalfos olvido a su presa provincial, saltó encima del muchacho para matarlo de un solo golpe, pero Link rodó y esquivó al tiempo que cogía tierra del suelo y se la lanzaba a los ojos, ante eso el reptil chilló enfurecido y sacudió la cabeza tratando de quitarse aquello que lo lastimaba, cuando por fin pudo ver solamente lo hizo para volver a cerrar los ojos ya que Link le había lanzado una piedra directamente en el hocico.
Nuevamente chilló. Lo miró de manera enfurecida y se le echó encima preso de la rabia. Aprovechando eso Link huyo haciendo que el lagarto lo persiguiera, volteó hacia atrás y le dio una última mirada a su amiga, no sabía porque pero presentía que no volvería verla, al menos no como desde siempre había sido.
La próxima vez que sus ojos se encontraran él sería un hombre distinto. Link no lo sabía pero el destino le tenía preparada una travesía larga y sin retorno, desde su corazón volvió a repetirle "Te quiero", y con tristeza en la mirada le susurró "adiós" a su mejor amiga.
Bajo el espeso bosque, sorteó una rama caída vio venir la siguiente y la cogió con fuerza para después soltarla, la inercia hizo que la rama actuara como un látigo al volver por su camino y el lizalfos recibió una buena sacudida cuando fue golpeado por la madera.
Sus piernas lo llevaron hasta las cercanías de la fuente de Laotan pero para ese entonces ya no tenía fuerzas y se sentía muy mareado, aprovechando que le llevaba ventaja a su perseguidor se ocultó en la floresta cercana. Nuevamente se sentía extraño.
De pronto sintió que se caía como si hubiera dado un salto alto, era esa sensación de no ser él y al mismo tiempo serlo, de estar dentro del sueño, de cambiar roles con el otro Link que permanecía con la princesa, tocó el suelo a cuatro patas y se dio cuenta de que era lobo, Ordon había desaparecido, la oscuridad en el cielo aun reinaba Hyrule, pero en el paraje semi llano solamente se vislumbraba una carpa vieja y un castillo muy a lo lejos, alzó las orejas puntiagudas al escuchar las voces de Aragón y de Impa, y sus ojos se abrieron cuando a su nariz llegó el olor que reconocía como el de Zelda, quiso correr a abrazarla, a besarla, a gritarle lo mucho que la amaba y que la había extrañado, pero ahora había algo distinto; una extraña magia lo retenía como si a pesar de todo no tuviera control sobre aquel cuerpo etéreo.
Con la mirada perdida vio por el rabillo del ojo como un proyectil se le acercaba, era una flecha falsa, mas aun así cuando lo golpeó en el pecho sitio un dolor inconmensurable y soltó un chillido agudo en voz lobuna.
El golpe lo hizo volver a su sitio, había tenido la mala suerte de que pasara justo en ese momento; de que cuando ocurrió el cambio de conciencia el Lizalfos que lo perseguía lo hubiera descubierto, de pronto la flecha falsa se había convertido en las garras que le rasgaron el pecho de manera dolorosa.
Echó un grito ahogado y cayó con pesadez al suelo, el reptil le dio el golpe de gracia cuando le saltó encima y lo sofocó con el peso. Ahora sentía que las garras de las patas se le clavaban y que la fetidez del aliento de la bestia chocaba contra sus rostro, por un segundo vio la muerte segura. Pero de pronto el Lizalfos chilló cuando tres flechas se le clavaron al costado y en acto seguido una espada se le encajaba en el pecho, había estado tan obsesionado en matar al muchacho que no había visto ni olido a los dos hombres que se le acercan por las espaldas, cayó muerto al instante.
— ¡Link!
—Papá— musitó, nuevamente lo había salvado.
Khorring recuperó su espada del cuerpo del monstruo caído y después corrió al lado de su hijo, como mero instinto Link le echo los brazos al cuello y enterró la cabeza en su pecho tratando de encontrar refugio.
—Tranquilo te tengo. ¡Moy, vete a buscar a los niños!— le gritó a su compañero, de alguna manera cuando había salido a buscar a su propio hijo se había topado con el espadachín a medio camino, alguien más había avistado a los lagartos y la alerta había corrido rápido por todo el pueblo, no pasó mucho tiempo antes de que todos se refugiaran en sus casas pero los dos hombres sabían que los niños estaban en el bosque y habían ido a buscarlos.
—Ilia…— la voz de Link sonó casi extinguida.
—También trae a Ilia— pronunció.
Por un segundo Link perdió la conciencia, pero minutos más tarde volvió en si sólo para darse cuenta de que había llegado a su casa, Khorring lo había llevado a cuestas todo el camino, lo puso a salvo y regresó al bosque armado con su propio arco y flechas más resistentes. Erlen debió quedarse con el corazón encogido y el alma en vilo al saber que su marido iba a un lugar muy peligroso.
[***]
Aunque habían ahuyentado a los Lizalfos, Khorring y Moy no bastaban para mantener a las creaturas a raya, el alcalde mandó una misiva urgente al rey haciéndose valer de un halcón mensajero, la respuesta a su llamado llegó esa misma noche.
Se supo entonces que las cosas en Hyrule tampoco estaban bien, pero aun así el rey había mandado una cuadrilla de caballeros y soldados. Los hombres llegaron al siguiente día y mantuvieron a raya a los monstruos fuera de los límites del pueblo.
Las cosas se veían realmente feas, Ilia había entrado en crisis y su papá había tenido que dejarla encerrada en su cuarto, en cuanto a Link le demoró soló un par de días volver a levantarse, aunque el pecho le dolía y por alguna extraña razón sentía culpa por dentro como si hubiera hecho llorar a alguien que no precisamente era su madre.
Pensó en Zelda, le habría encantado volver a verla en otras circunstancias.
Varias noches atrás había tenido un sueño lindo en el que ambos habían estado conversando, jugueteando, dándose caricias atrevidas más allá de lo que nunca se habían permitido, había sido una noche hermosa y una vez más envidio el lugar que el otro Link ocupaba al lado de su princesa.
Una madrugada se escaseó la comida, los Lizalfos los tenían tan a raya así que las rutas de comercio se habían paralizado de golpe, los pocos mercaderes que quedaban se habían ahorrado para sí mismos su propia mercancía. El alba despuntaba cuando Erlen decidió probar suerte en el pueblo, Link dormía pero se levantó de golpe cuando la escucho salir por la puerta, miró por su ventana y la vio marcharse, y sin pensarlo demasiado fue a la sala de los tesoros de la familia y cogió el tahalí y la espada de su bisabuelo, nadie se dio cuenta de que había saltado por la ventana nuevamente, Khorring acompañaba a los protectores del pueblo desde hacía días así que no había vuelto a casa más que para asearse y comer un poco.
A la orilla de Ordon, de pronto Erlen sintió que alguien la tomaba de la mano de improviso, se sorprendió al encontrar a Link ahí a su lado.
—Link— canturreó con cariñó mientras le acariciaba el cabello, simplemente se había salido como había podido así que estaba completamente despeinado.
—Shhhh— shitó
Para ese entonces sus ojos parecían realmente diferentes, siempre alertas, siempre tensos, la fiereza del lobo pardo se reflejaba a través de su mirada aunque la esencia de la deidad de Twili estuviera en posesión de la otra pate de su espíritu.
—El mal que dormía en el castillo está cerca— susurró
Su madre lo miró con preocupación mientras sentía como el agarre de Link se volvía severo y férreo. Recorrieron el pueblo, consiguieron algunas zanahorias, el alcalde les regaló la mitad de una calabaza; de alguna forma Ilia había logrado decirle que había sido Link quien le había salvado la vida.
Ciertamente no era mucho, pero en casa tenían carne seca como reserva y Erlen creyó que con algunas hierbas podría hacer un guiso decente, lamentablemente no era algo que pudieran conseguir con rupias, se encaminaron a casa por un camino distinto tratando de no alejarse demasiado.
—Qué suerte, mira todavía hay romeros, ayúdame a recogerlos— dijo la hilandera.
De manera obediente Link hizo lo que se le pedía, la quietud el bosque se sentía pesada y se alarmó cuando los matorrales cercanos se movieron de improviso, tensó las manos y las llevó a la empuñadura de la espada, detrás de él Erlen parecía no haberlo notado, el joven hylian siguió en alerta temía que nuevamente aparecieran los lagartos y lastimaran a su familia.
Poco después volvió a los deberes, se preguntaba si aquello habría sido algún animalillo, probablemente, pero eso no explicaba esa terrible sensación que tenía en el pecho. Y justo cuando se iban alguien los descubrió vagabundeando y puso una mueca muy enojada, Khorring había vuelto a casa por el mismo camino y regañó a su mujer por estar lejos de la seguridad del hogar, no obstante el enfado se disipó de manera rápida, la amaba mucho y nunca podía estar demasiado tiempo enfadado con ella.
— ¿Qué haces con eso?— pregunto al ver a Link ataviado de esa manera, sabía que ni siquiera podía usar la espada así que no entendía porque se la había llevado puesta.
Caminaban juntos, Erlen un poco por detrás de ellos, Link nuevamente ensanchó los ojos.
—Para proteger a mamá— susurró
El padre soltó una risita, aunque se desvaneció al ver el semblante de su hijo, apresuró el paso y se posó delante de él mientras caminaba en reversa para hablarle frente a frente, pero Link no estaba poniendo atención a eso. Nuevamente sintió algo extraño y se detuvo de golpe sosteniéndose la cabeza.
Cerró los ojos y los volvió a abrir despacio, pero el mundo había cambiado, el bosque que vio era opaco y entre la inmensidad del follaje unas manchas rojas y violáceas se movían con sigilo.
—¡Esto es..!— gimió de la sorpresa, reconocía eso, lo había visto varias veces en sus sueños; esa era la manera en la que el lobo pardo veía el mundo cuando enfocaba sus sentidos, los colores de los olores eran visibles para aquella extraordinaria creatura.
Pero entonces…. Si aquello realmente era lo que creía que era, eso significaba que todas esas manchas rojas y violáceas pertenecían a seres que no precisamente eran animales. Tragó saliva en seco. Estaban rodeados y ni siquiera se había dado cuanta.
—Te has vuelto lento….Héroe— Murmuró la voz del diablillo en su cabeza.
…
Khorring no sabía porque Link se había detenido de golpe, pero arriba en los arboles comenzaron a sonar unas risillas siniestras.
Todo paso demasiado rápido, el siseo de la espada golpeó contra la masa de madera, el cazador apenas si se percató de lo que había ocurrido, una creatura horrible había salido desde la oscuridad de las copas de los árboles y había arremetido contras su hijo, afortunadamente el instinto que en aquellos instantes lo gobernaba lo había ayudado, se había defendido con la espada y después había dado un salto hacia atrás para esquivar el siguiente golpe.
El resto de los monstruos descendió desde su escondite y en menos de lo que se pensaba ya tenían rodeada a la familia.
Link volvió a levantar la espada y retrocedió unos cuantos pasos para quedar más cerca de su madre, jamás permitiría que la lastimaran, antes muerto. Miró al conjunto de monstruos con ojos retadores.
Los reconocía…., los recuerdos del otro Link parecían frescos en su memoria, una vez los había llamado "bokoblins"; seres de las sombras únicamente nacidos para atraer a la muerte.
Uno de ellos volvió a saltarle encima y nuevamente trató de repelerlo con el arma, quizás habría podido con él de no ser porque la debilidad que lo asaltaba en los últimos tiempos había vuelto a hacer de las suyas, de pronto se vio a si mismo luchando por su vida tratando de quitarse al agresor mientras ambos rodaban por el suelo boscoso, con un golpe de suerte Link logró patearle el estómago y lo empujó lejos de ese sitio, el bokoblin rodó unos cuantos metros hasta que finalmente tuvo la mala suerte de aterrizar en donde las raíces de los arboles le golpearon la cabeza, quedó noqueado y desmayado en el acto, Link aprovechó para pararse de un salto volver la vista hacia su familia, Khorring estaba rodeado pero se las había ingeniado para llegar hasta donde su mujer se encontraba.
Para mala fortuna Erlen se había asustado tanto que se había desmayado en el momento en el que vio como aquel monstruo se había llevado arrastrando a su hijo.
Las cosas se veían realmente feas. El cazador defendió a su familia con garras y dientes, pero espada palidecía por instantes ante tantos adversarios. Todo pareció terminar cuando un grito de agonía llenó el bosque, los ojos de Link se llenaron de horror cuando vio que el monstruo le había clavado el arma por el costado, lo atravesó de un lado a otro e inevitablemente, ante eso, el cazador cayó sin poder seguir luchando, Khorring se llevó una mano al lugar herido y con esfuerzo levantó la cabeza y clavó los ojos en su adversario, incluso entonces lo amenazó con la mirada aunque sabía que quizás todo estaba perdido, de pronto vio como aquella creatura alzaba el arma y la hacía descender para darle fin a aquello que había comenzado.
El cazador entrecerró los ojos…..
— ¡No!— una voz gruñó demasiado cerca.
Khorring estaba perdiendo la conciencia debido al dolor sofocante, pero aun así reconoció la silueta de su hijo, Link había parado el golpe de la espada del monstruo.
Forcejearon un buen rato hasta que sin más el bokoblin se obligó a retroceder.
—Me buscan a mí, ¡Me quieren a mí!... ¡Aquí estoy!— gritó con todas sus fuerzas llamando la atención de sus atacantes.
Y su voz fue como imán realmente potente, decenas de ojos se clavaron sobre su persona y de pronto la sed de sangre de las creaturas se despertó como verdadero instinto, lo que siguió después fue una verdadera barahúnda, los chillidos y gritos de los monstruos hicieron eco en el bosque; como un canto salvaje y alocado.
Link supo que había logrado su objetivo y se echó a correr asegurándose de que todas y cada una de esas horribles creaturas lo siguiera.
Y siguió corriendo, corriendo, corriendo, más allá de los límites de la región de Laotan. Pronto el bosque de Farone lo recibió entre las espesuras de sus follajes, los bokoblins aún le seguían el paso, la vista se le nublaba en cada tramo que recorría, nuevamente sentía que la vida le faltaba como si ya no tuviera energías para echar a andar el cuerpo.
Un gruñido de pronto lo ensordeció y lo asustó; eran los lizalfos, le habían cortado el paso y obligó a sus piernas a desviarse del camino.
—Qué decisión tan valiente…. Y tan ESTUPIDA. Ahora que te has quedado solo no habrá quien te salve.
— ¡Que quieres de mí!
—Solamente que estés muerto…. No puedo permitir que despiertes completamente y arruines mis planes… otra vez.
— ¿Despertar?
Estaba confundido, apartó los arbustos que le estorban pero de pronto se detuvo de golpe. El camino se le había acabado, había llegado al lugar en que el rio de los bosques cruzaba el reino entero de punta a punta; las caudalosas aguas del lago Hylia que se internaban en Farone tronando y rugiendo como bestia sobre el camino que desde hacía siglos se había erosionado formando un profundo deslave.
—Parece que no te enteras de nada— finalmente la voz dejó de sonar en su cabeza, se viró de golpe y vio a la pequeña sombra encaramada en una roca cercana.
—Maquivelo….— musitó con odio.
Lo odiaba… lo odiaba…, había visto a través de los ojos del otro Link como ese hombre de aspecto bajito y gran bigote hacia la vida de su princesa miserable.
—No sé cómo sabes mi nombre, pero me halagas. Es una lástima que nuestro encuentro sea tan corto, debo admitir que me das curiosidad— habló con su voz media chillona y esa risita que sacaba de quicio a cualquiera— te pareces más al chiquillo bobo del otro tiempo que al gran héroe de hace trecientos años.
Nuevamente Link le clavó la mirada, no entendía de que estaba hablando, tampoco le interesaba mucho saberlo, alzó la espada cuando sintió que decenas de ojos empezaba a relucir desde las profundidades del bosque; lo habían alcanzado.
—No obstante, no cometeré el mismo error dos veces, no volveré a subestimar esa cara inocente y boba. — gruñó en voz completamente distinta; era gutural y aterradora, de pronto sus rasgos faciales se volvieron algo grotescos.
Link retrocedió un paso antes de sentir como algo desconocido lo golpeaba de manera fuerte; había sido un lizalfos, se le había escabullido por la espalda y le había dado un latigazo con la cola. El pobre Link salió volando y rodó hasta terminar muy cerca del deslave del rio, escuchó como algo metálico se deslizaba por el suelo y con horror comprobó que la espada se le había soltado y deslizado hasta caerse más allá de los límites de tierra firme, lo siguiente que escuchó fue como su arma caía al agua y se perdía entre la caudalosa corriente.
Estaba perdido, no había forma de que evadiera la trampa que le había tendido el demonio, se levantó con porte trémulo mientras su visión se volvía cada vez más y más opaca.
—Mátenlo— sentencio el portador de "El Gran Mal"
Y lo último que vio fue como un bokoblin lo golpeaba con una enorme maza en la cabeza, se fue hacia atrás por la inercia y tuvo el mismo fin que su espada, las aguas del rio lo engulleron rápidamente, mientras desde lo alto el viejo demonio clamaba su victoria entre risotadas salvajes y alocadas..
"Gane"
"Gane"
"Lo he matado"
"Finalmente, lo he matado"
Quizás de verdad lo había creído. Cualquiera lo habría creído, pero una de las diosas creadoras no estaba dispuesta a permitir que se repitiera la misma historia dos veces.
[***]
—Link. Levanta
La voz sonó muy cerca de sus sentidos, sintió escalofrió, conocía muy bien esa esencia, al abrir los ojos vislumbró una luz verde y al lado de esta un enorme ser de luminiscencia dorada; tenía la apariencia de un simio con una larga cola de escorpión y en su regazo portaba un orbe que disipaba las tinieblas en las que había estado sumido el bosque.
Poco a poco se dio cuenta de que ese inmenso ser había sido quien lo había sacado del agua pues al poco tiempo le ofreció la espada que había perdido.
Con mucho esfuerzo el joven hylian se levantó y reclamó el tesoro que desde hacía generaciones había pertenecido a la familia Wolfang.
La Luz verde se movió de manera inquieta mientras Link retomaba fuerzas haciendo vanos intentos por retomar su paso y volver a casa.
— ¿Te vas?...
—Mi familia…— musitó sintiendo el corazón herido, el recuerdo de su padre asolaba su memoria, el momento en el que el bokoblin lo había herido y también en el que había caído al suelo gritando con agonía.
—Está bien. Pero ya no hay más tiempo. Finalmente…. despertó— habló la voz que salía desde la luz.
Link la miró fijamente. Estaba confundido, pero no tenía tiempo para aclarar sus dudas, estaba preocupado.
—Si de verdad quieres saber la verdad regresaras— sentenció moviéndose trémulamente, la luz se desvaneció al mismo tiempo que el gran espíritu de Farone que gobernaba aquellas tierras.
Link sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que volvieran a encontrarse, presentía que no sólo él estaba en peligro, debía volver y al mismo tiempo marcharse, alejarse de ese sitio a un lugar lejano en donde el Gran Mal no pudiera alcanzar Ordon ni a sus seres queridos.
Al atardecer de ese mismo día consiguió volver a casa, Moy le había interceptado a medio camino y lo había ayudado a caminar en el trecho que le quedaba, el espadachín de Ordon le contó que estaban muy preocupados porque horas antes Erlen había entrado en el pueblo gritando por ayuda de manera desesperada, habían encontrado a Khorring casi muerto y la mala noticia después de eso era que el hijo de la pareja estaba desaparecido.
Abrió la puerta de su casa y encontró a la muchedumbre de curanderas, una de ellas consolaba a la esposa del herido mientras que las otras recién terminaban sus trabajos de curaciones, el cazador llevaba unos cuantos minutos despierto y había tratado de zafarse de las mujeres alegando que debía salir a buscar a su hijo pues la última vez que lo había visto había salido corriendo con toda la jauría de bestias a sus espaldas.
—Estate quieto— lo regañó Moy antes de empujarlo y regresarlo a su cama.
— ¡Déjame!
—Cállate y escucha, Link regresó por su cuenta
— ¿Qué?
—Mira— añadió señalando a sus espaldas, ahí estaba el susodicho acunado en los brazos de su madre, finalmente Erlen había dejado de llorar después de horas mientras acariciaba la cabeza de "su retoño"
—Tu muchacho es más fuerte de lo que crees, creo que lo subestimaste— dijo el espadachín con una mueca burlesca.
Finalmente las curanderas pudieron tomar un respiro, aunque también debieron encargarse de la cabeza de Link, estaba sangrando mucho, intuyeron que se había descalabrado entre su alocada huida, aun así se sorprendieron de que con una herida tan profunda el muchacho no rechistara ni mostrara signos de dolencia; la verdad tras de eso era que la mente de Link no tenía tiempo para pensar en sus propios dolores.
Las palabras de la deidad rasgaban su cabeza sin darle descanso.
"Si quieres saber la verdad"….
Realmente, ¿Qué era lo que sabía?, jamás se había entendido a sí mismo, los recuerdos del otro Link eran sólo eso… recuerdos, fragmentos distantes y vagos sin explicaciones de trasfondo. Y esa sensación de vacío crecía como un agujero sin fondo mientras trascurrían las horas y el ocaso cedía mientras la eterna noche reclamaba su lugar quizás para siempre. Las penumbras en todo Hyrule se volvieron más tacitas y las pesadillas de otro tiempo lejano parecían volver a reescribirse sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo.
Estaba ya muy entrada la noche cuando entendió que las palabras de aquel ente divino no podían cuestionarse. Tomó aire, soltó un suspiro y se removió en la cama tratando de no despertar a Khorring, esa noche sin poder evitarlo había ido a buscarlo y había terminado durmiendo a su lado, el cazador lo había recibido entre sus brazos y se había quedado dormido abrazando al muchacho.
Con mucho cuidado Link se soltó de la seguridad del pecho de su padre, abandonó el lecho, le dedicó una mirada a Erlen quien dormía en una silla cercana, y sin hacer el menor ruido se encaminó a su habitación y volvió a escribir una nota.
Parecía una despedida.
De la sala recuperó la espada y el tahalí que había portado esa mañana, y del perchero cogió una de las capuchas del cazador; la más sencilla, una tela lisa color negro que le sirvió para ocultar el rostro. Dejó la nota en un lugar visible y con la destreza adquirida después de varias huidas salió por la ventana de su cuarto sin siquiera molestarse en cerrarla.
Horas más tarde el rugido del rio ya lo envolvía todo, había regresado al último lugar en el que había visto a la diosa, nuevamente la luz verde se hizo presente pero esta vez el espíritu de la luz no la acompañaba.
Finalmente la diosa del valor se materializó por completo, cruzó miradas con su protegido, ninguno supo cómo sentirse. Link la observó con más miedo que respeto, aunque después de todo su determinación seguía siendo inquebrantable; una cualidad que la diosa siempre había admirado en el mortal y que lo hacía merecedor del fragmento de Trifuerza que por derecho le correspondía. Era una lástima que el tesoro de las diosas no hubiera logrado reconocerlo debido a que le faltaba la parte más significativa de su alma.
Reinó el silencio… un mutismo perpetuo en el que cualquier palabra habría carecido de sentido de haberse hecho presente. Simplemente con la mirada la diosa reclamó su lugar de manera posesiva, y cuando finalmente habló su voz se sintió abrumadora como si cada susurro fuera una descarga eléctrica potente; habló de Link y habló de Hylia, de la historia de la diosa que había renunciado a su esencia divina para poder estar con el ser del que se había enamorado, la crónica de un sin fin de eras nacieron de sus palabras mientras relataba como en cada una de estas el alma de los elegidos renacía con un único propósito.
—Es su deber… y su destino— proclamó.
Link empuñó las manos, estaba asombrado pero también furioso, ¿Con que descaro se atrevía a decirle que sólo por una idea alocada lo había separado de esa manera de su princesa?, miró a la deidad con el desdén que le hubiera dedicado a un ser egoísta. Pero pronto su ira fue aplacada mientras recordaba como la otra parte de su alma, pese al sufrimiento, había cumplido con su cometido, había protegido a Zelda de la soledad que en otros tiempos jamás había podido apartar dado su condición de plebeyo, y además… tal y como Farore le había dicho, había logrado preparar a la princesa enseñándole la magia ancestral que necesitaría en un próximo futuro.
—Pero me temo que es peor. Siempre hay riegos en cualquier plan que trazas a futuro. Zelda corre peligro, si no haces algo morirá inevitablemente, y junto con ella toda la luz y la esperanza de esta tierra sagrada. El Gran Mal no se detendrá hasta engullirlo todo en tinieblas— proclamó levantando la vista al cielo. Las nubes negras que gobernaban el firmamento habían opacado a la luna y a las estrellas, no había luz visible que abogara por esperanza.
Link cerró los ojos sintiendo un dolor inmenso.
—Morirá— volvió a repetir la diosa haciendo énfasis en la palabra.
Pero no quería pensar en que podía perder al amor de su vida, era peor que todas las heridas que hasta entonces había recibido, incluso peor que ese sentimiento de que la vida se le escapaba en cada instante en el que El Kai seguía activo.
Bajo ese pensamiento se maldijo una y mil veces, no podía luchar y tampoco servía huir, la impotencia hizo que se mordiera el labio inferior hasta sangrarse.
La diosa lo miró con curiosidad sabiendo exactamente qué era lo que lo aquejaba.
—Todavía queda una esperanza— habló. El muchacho alzó la cabeza tras esas palabras— en las profundidades de este bosque duerme la creación de la diosa blanca, un arma ancestral que te pertenece. Si logras llevársela al otro Link puede que le sirva para defenderse. Tú no sabes pelear pero él sí, él no puede coger la espada pero tú sí.
—Pero si él mismo no puede sacarla, ni tocarla, ¿de qué servirá?
—Lo llevaremos a la línea, el lugar que reside entre los mundos, usare mi poder para llevar la pelea a ese sitio.
Era una buena idea, o más bien dicho parecía una buena idea…
—No sé si pueda lograrlo— musitó con voz apenas audible, le parecía que con cada segundo le quedaba cada vez menos tiempo.
La mirada divina de Farore le mostró que dentro de aquel cuerpo mortal la llama de su vida estaba prácticamente extinguida.
—Se te acabo la energía… pero incluso en este mundo mortal la mía es más que suficiente.
Estrechó una sonrisa y Link sintió un escalofrió.
—Yo lo hare, préstame tu cuerpo.
Lo sabía, estaba agonizando pero aun así sus instintos y los presentimientos innatos a estos permanecían activos, jamás se habría imaginado semejante propuesta y por segundos sintió miedo del futuro y travesía que le esperaba, no obstante su sentido de la lealtad reinó sobre el del raciocinio y su sed incansable por proteger a Zelda apaciguó los temores que en otro tiempo lo habrían hecho huir de ahí despavorido.
—Hecho— gruñó
— ¿No rechistas?, eso es una verdadera sorpresa.
—De aquí en adelante ya no importa lo que pase conmigo. Salva a Zelda.
—Sera un viaje peligroso.
—No importa.
—Es posible que no regreses
—No importa— volvió a repetir
— ¿Y si mueres?
—De cualquier manera moriré si no puedo salvarla.
—Incluso después de todo lo que te he dicho le sigues teniendo más lealtad a ella— reprochó con una sonrisa sarcástica.
—Yo la amo— fue lo único que dijo, y había un sentimiento desbordante en sus palabras, un amor tan intenso que ni siquiera la diosa habría podido negarlo. Era una verdadera arma de doble filo.
Farore le tendió la mano y con determinación Link también extendió la suya, una luz descomunal se hizo presente disipando cualquier rastro de tinieblas que rodeaba el lecho del rio.
Lo hecho hecho estaba, no había vuelta atrás ni resquicio de arrepentimiento.
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Continuara...
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Comentarios del Capitulo:
Yuju ¡Regrese!
xD, me apremiaria en disculparme por el retraso... pero saben que, no lo hare jajajajaja, aunque muchos quizas quieran matarme, pero les comento que fue un retraso bueno, al menos para quienes siguen esperando que actualice Camino a Hyrule.
bueno les cuento la buena noticia "Sali de mi estancamiento en aquella historia", asi que aproveche mientras la inspiracion me durara xDxDxDxD y durante casi un mes completo le dedicque casi la totalidad de horas de mi vida a ese fic. Posiblemente este volviendo cerca de diciembre ya con sus acomodos respectivos y con los extras totalmente terminados.
La otra razon de retraso es que como se dieron cuenta este capitulo esta igual de largo que los anteriores, tanto asi que me digne a partirlo en dos... no me mientan, yo se que les da flojera leer mis capis cuando pasan de los 30 folios ¬¬
jajajajaja.
posiblemente lo siguiente que publique sea contenido para la semana Zelink :)
aunque quien quite y quizas logre actualizar mi fic de Botw.
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Antes de retirarme:
A mis Hermanos de nacion quiero dedicarles unas cuantas palabras, mi apoyo y mis condolencias estan con ustedes, Mexico ha estado pasando por momentos terribles y mi corazon se aflije al saber que miles de familias sufren, no sólo por la ira de la naturaleza sino tambien por la ineptitud y la estupida actitud que han estado sacando a la luz nuestros gobernantes. Eso me da trsiteza... pero por sobre todo mucha rabia.
Espero en gracia que las cosas mejoren.Y que pese a que hoy estamos pasando por una epoca oscura, pronto nuestro valor subyuge a esas tienieblas que nos tienen aprionado. ¡Animo!, Mexico esta lleno de heroes y de gente valiente que esta dispuesta a levantarse sin importar que tan duro haya sido golpeada.
