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"Tengo cerca de un millón de razones para marcharme pero solo necesito una buena para quedarme"

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Theodore Nott se movía deprisa por los pasadizos que tanto les había costado a él y a sus dos mejores amigos conocer. Eran un laberinto por donde los miraras pero ellos duraron allí abajo días, semanas y hasta años buscando la ruta acertada en caso de necesitarlos, como ahora. La mansión Riddle era antigua, muy antigua, se decía que era una de las casas del mismísimo Salazar, cosa que no les extrañaría puesto que el señor tenebroso era su heredero. La casa mantenía también una conexión directa con la mansión de los Gaunt, familia materna del Lord. Era la conexión que usaba Astoria en estos momentos. Siendo la más segura, era lo más acertado que ella se dirigiera por esa ruta hacia los calabozos.

Mientras corría con su varita en alto e iluminándole el camino, su mente trabaja a mil por minuto para idear una estrategia con la que sacaría a Hermione y Cygnus de allí, reuniéndose a la vez con Draco y su ex profesor de pociones. Solo tenían una hora, debían aprovecharla. Confiaba en la astucia de Astoria y si el hombre que la acompañaba era el único sobreviviente de todo un clan de pelirrojos, algo debía de tener también.

Ahora que lo pensaba, era bastante gracioso estar trabajando del lado de un Weasley. Si se lo hubiesen dicho en el colegio, probablemente vomitaría. No es que fuera clasista, ni purista de sangre, aunque las comadrejas eran familia de magos puros, si no que detestaba ese complejo de héroes y sacrificados que siempre los acompañaba, así como a Potter. La humildad, para él, venia de las personas que obraban bien en silencio, desde las sombras. No de aquellas que se vanagloriaban de sus actos "heroicos".

Mientras su mente divaga, por fin llegaba al final del pasadizo donde detrás, estarían las cocinas. Tocó la pared de ladrillos con la punta de su varita y murmuro la contraseña en latín. Contraseña que solo conocían Blaise, Draco y su persona. La sensación de vacío en su estomago lo golpeó con fuerza como cada vez que recordaba a su moreno amigo. Respiró hondo tres veces y le pidió a el italiano, donde quiera que estuviera y si es que existía algo mas allá de un avada, que lo ayudara a sacar a Hermione y su pequeño sobrino de allí con vida. "Quédate a mi lado Blaise" pidió en su cabeza tomando con firmeza su varita y saliendo al interior de la casa.

Las cocinas estaban solas, era lo que esperaba. Desde que Hermione había sido proclamada como la señora de la casa, los elfos tenían horarios de trabajos y ciertamente, las tres de la mañana no era uno. Sin bajar la guardia, atravesó la habitación con ansiedad. Hermione estaba justamente encima de él, dos pisos arriba. Por la hora y el día de la semana, sabia donde estaría cada quien. Si él tenía algo bueno pero irritable según Draco, era su manía de observar con detalles y exactitud las costumbres de los mortifagos que convivían con ellos en la mansión. Se fijaba a qué hora dormían, si les daba por un bocadillo nocturno, cuantas veces se levantaban al baño o si acostumbraban a dar vueltas antes de dormir. En las guardias, vigilaba a los mortios sin ser muy obvio, por donde pasaban, que puntos revisaban mas, cuales pasaban de largo, a cuales ni siquiera se acercaban y cuantas veces daban las rondas. A qué hora con minutos y segundos se rotaban, absolutamente todo. Justo cuando iba saliendo, un "plo" lo hizo girarse listo para hechizar a quien fuera.

-Polly- Saludó aún tenso el mago. Si bien era la elfina de Hermione, él no había llegado a ser la mano izquierda del Lord por ser confiado y creer en lealtades sin juramentos inquebrantables de por medio.

La elfina entrecerró los ojos desconfiada para luego abrirlos sorprendida y bajar su orejas en señal de sumisión –El señorito Theodore ha vuelto - chilló la elfina para luego taparse la boca con ambas manos y mirar asustada hacia todos lados.

El mortifago la imitó exasperado chequeando si alguien se acercaba o había movimiento pero nada. Parece que no había sido tan ruidosa. –Polly- la regañó molesto –No grites-

-Polly lo lamenta, no lo hizo intencional, Polly está feliz de verlo sano señorito- Comenzó gimoteando lista para llorar.

Theo se apresuró a acercársele –No, no llores Polly, está bien, no estoy molesto. También me alegra verte- Soltó deprisa. –Si me hicieras el favor de no decir que me viste, yo…-

-No diga mas señorito, Polly esperaba que viniera por la ama, Polly sabía que no abandonaría al amito y a mi señora- Le extendió su mano. –Polly lleva a la habitación del amito Cygnus, Polly no ser detectada con facilidad- Ofreció decidida. No le importaba que la descubrieran y torturaran. Ella no debía estar ahí, fue reasignada a otra mansión de mortifagos pero ella no podía dejar a su suerte a su ama Hermione, la única que había sido buena con ella. Iba todas las madrugadas a asegurarse de que estuviera bien y esta no era la excepción.

Theo asintió y tomó su mano apareciéndose al instante en la tan conocida habitación del pequeño de la casa. –Polly, ¿Hermione sigue en su habitación?- preguntó entre susurros para no despertar a Cygnus.

La elfina negó con ojos llorosos –Polly no sabe, Polly llegar como cada noche y no ver a la ama. Polly ver mucha sangre y Polly teme sea de la ama Hermione- reveló aguantando los sollozos para no ser regañada de nuevo.

El mago sintió su pulso acelerarse y su corazón casi queriéndosele salir del pecho. Tragó grueso y se obligó a calmarse. Él no le haría nada estando embarazada, ansiaba a ese bebé, quería otro niño para su legado, para que su magia se extendiera. Y si... ¿Y si ella sí se había atrevido a hacerle algo? O peor aún, ¿Y si la resistencia fue por ella?. –Sacaré a Cygnus de aquí y volveré por ella- decidió luego de meditar en calma unos segundos. –Si algo le pasó y está herida, no puedo preocuparme por los dos a la vez-

-Polly quedarse con el amito, Polly cuidarlo con su vida mientras llega el señorito de nuevo con la ama- Dijo la criatura dispuesta a ayudarlos.

Theo le sonrió agradecido –Muy bien- se acercó a la cama y tapó la boca del niño para evitar cualquier exaltación ruidosa. Enseguida Cygnus abrió los ojos exaltado y asustado sin visualizar muy bien la figura encima, puesto que estaba oscuro. Intentó buscar su varita a un lado de la cama pero se lo impidieron con un hechizo verbal mandándola lejos. Comenzó a moverse desesperado.

-Deberías dormir con tu varita en mano, no en la mesita de noche Cygnus- Regañó Nott aliviado de verlo aparentemente sin un solo rasguño.

El niño se detuvo como si lo hubiesen congelado al escuchar la voz y de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas. Era su tío Theo, había vuelto.

-No llores, lamento la tardanza- Murmuro incomodo por las lagrimas. La verdad, el se estaba controlando para no abrazarlo. Había temido tanto de que algo les hubiese pasado al ver a Astoria y oír su motivo de visita. –Voy a soltarte ¿De acuerdo? No vayas a hacer ruido- Pidió suavizando la presión al ver que el niño asentía. Cuando hubo retirado su mano, el pequeño se lanzó hacia él aferrándose a su cintura. Su mano se movió sola encerrándolos en un abrazo. –Shh, tranquilo Cygnus, ya estoy aquí- Tranquilizó con voz suave.

-Tío- susurró apegándose más a él. –No vuelvas a irte- pidió lloroso. –Por favor-

Theo negó –Vine para llevarlos conmigo Cyg, no me iré a ningún lado sin ustedes- prometió solemne.

El niño se tensó y bajó la cabeza –No es tan malo como seguro crees- comenzó hablando bajito –Me ha dejado verla y ya no se dicen cosas feas- retorcía sus manos nervioso. No era tonto, eso significaba que se irían de la mansión a escondidas. Que dejarían a su padre. No entendía mucho lo que estaba pasando pero no quería alejarse de su padre. No así.

-Cuando tu padre ya no esté molesto, volveremos ¿está bien?- Dijo pidiéndole a la elfina empacar ropa de Cygnus en un pequeño baúl.

Cygnus lo miró nervioso –Eso solo lo molestará más tío- aquello sonaba descabellado, irse de allí con su madre y hermanito o hermanita, solo aumentaría la molestia de su padre. –No es buena idea-

-No es tu decisión Cygnus, vendrán conmigo- Contestó el mortio haciendo pequeño el baúl y guardándolo en su túnica. –No es seguro aquí-

El niño lo miró de nuevo pero esta vez ofendido –Jamás nos haría daño- Dijo apretando sus puños. –Él…-

-Jamás digas algo con tanta convicción, la vida suele sorprenderte- Dijo con voz oscura recordando las palabras de la elfina.

–Amito Cygnus, debemos irnos- le habló la elfina que era como su nana. Estiró su mano para que el niño la tomara –El señorito Theo buscará a la ama y nos encontrará pronto-

Cygnus miró a su nana, luego a su tío y luego a la puerta. Mordió su labio, herencia de su madre cuando estaban indecisos. –No lo sé…-

Theodore se acercó a él arrodillándose a su altura –Cygnus, mírame- pidió con autoridad siendo obedecido al instante –Sé que amas a tú padre y no quieres dejarlo pero no está pasando por un buen momento y dice y hace cosas que lastiman a tu madre y a tu hermanita o hermanito. Eres el hombre de la casa cuando él no está ¿cierto?- el niño asintió –Y tu deber es cuidar de ellos cuando tú padre no está ¿no es así?- preguntó de nuevo recibiendo la misma respuesta –Bueno, ahora mismo, es como si no estuviera, porque su molestia lo hace ser otra persona, así que debes ser el hombre de la casa. ¿Puedes hacerlo?- sabia que le estaba poniendo un peso simbólico al niño encima pero debía motivarlo a irse de allí.

-Lo intentaré- prometió el pequeño dándose por vencido. Tomó la mano de la elfina y su varita en la otra mano libre.

-Bien, vámonos- Dijo Theo tomando la otra mano de la elfina y desapareciendo. A los segundos estaban en los límites de la mansión, los que daban con los bosques. –Polly, no lo pierdas de vista, ojos en él en todo momento- Dijo hablándole a la pequeña. –Si sientes a alguien que se acerca, vuelve a desaparecer, ve a Hogwarts, al bosque prohibido, yo los encontraré, lo prometo- dijo lo ultimo mirando al niño.

-Mi mamá…- comenzó tenso al sentir la despedida.

-Estaremos contigo pronto Cyg, no te preocupes- Lo abrazó –Cuídate- se separó de él y asintió a la elfina quien enseguida chasqueó los dedos haciéndolo desaparecer de nuevo a las cocinas de la Riddle Manor.

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-Ya le he dado dos viales padrino- Draco estaba sudoroso y agitado. No sabía mucho de medimagia pero no podía ser bueno que Hermione siguiera sangrando. Si algo le pasaba, si algo le pasaba a esa bebé… Merlín, jamás se perdonaría no poder hacer nada, de nuevo.

-Continua- Le ordenó el mortifago secándose el sudor y continuando con la transferencia de magia sanadora para la mujer que ya se había desmayado. Comenzaba a ver borroso y le temblaban las manos, no aguantaría mucho tiempo –Mi señor… le ruego recapacite en llamar a un sanador calificado para continuar…-

-¡No te atrevas a parar Severus!- Exclamó Riddle siseante mientras sus ojos se inyectaban del rojo sangre que tanto miedo provocaba en sus mortios. Sentía presencias a su alrededor. El indiscutible olor asqueroso de Greyback, Tadeus comiéndose las malditas uñas, la respiración ruidosa de Nott padre. Todos ahí estaban tentando su suerte. –¡Búsquenme al maldito inservible de Quincel!- gritó a la nada mirando aun el rostro pálido de su mujer. Enseguida sintió las desapariciones.

El corazón, aquel que a veces no daba señales de estar ahí, le latía tan rápido en esos momentos que creía ridículo pero posible que los dos hombres escucharan como iba. Hermione era la única cosa en este podrido mundo que lo mantenía atado a una pequeña y molesta parte humana que aun vivía dentro de él. No la podía perder. No era una opción que se fuera de su lado. –Sigue trabajando Severus- murmuró con voz ronca e igual de amenazante. ¿Acaso era su culpa? ¿Él la había llevado con sus actos, a este momento? A estar tirada en esa maldita cama viéndose tan indefensa, tan inútil, tan poco ella. Una voz en su cabeza le gritó un "si" que decidió ignorar. No era el momento de ponerse sentimentalista. –Le voy a perdonar la vida al que me traiga a un jodido sanador- dijo de nuevo a los que quedaban en el calabozo.

No tuvo que decirlo dos veces antes de sentir que estaba de nuevo solo con el Malfoy menor y su antigua mano derecha. -¿Cómo va?- decidió preguntar al ver que disminuía el concentrado de magia.

-No tengo suficiente magia para parar el sangrado mi Lord - reveló sincero con un gesto de dolor y pena. Odiaba no poder hacer más. Se tambaleó mareado y cayó al suelo siendo auxiliado enseguida por su ahijado.

-¡Padrino!- Exclamó Draco preocupado. Había abusado de su magia. Miró con ansiedad la entrada del calabozo. ¿Por qué nadie llegaba? Sus ojos se llenaron de agua que se negó a soltar. Ella era fuerte, su bebé también lo seria. Ellas podían. Una sensación de ser observado lo invadió y desvió su mirada a un lado de la camilla, el contrario en donde estaba el señor tenebroso. ¿Qué era eso? Conocía esa magia que lo estaba envolviendo. –Theo…- susurró abriendo los ojos a más no poder.

-¡Mi señor!- El sanador encargado del embarazo de Hermione por fin llegaba. Más asustado que despierto se arrodilló ante el Lord oscuro y repitió disculpas hasta el cansancio.

-¡¿QUÉ ESTAS ESPERANDO MALDITA SEA?! – Gritó tomándolo de la túnica y lanzándolo cerca de la camilla. -¡MUEVETE!-

Hermione estaba perdiendo demasiada sangre, su rostro pálido, sus labios morados y agrietados, esa imagen jamás se iría de él. Juró que pasara lo que pasara, jamás permitiría que se viera así de nuevo.

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Theodore llevaba específicamente 10 minutos en los calabozos. Llegar no había sido problemático, encontrarse con lo que se encontró, era otro tema. Realmente le estaba costando no revelarse e intentar ayudar en algo, en lo que fuera. Pero, ¿era esa una buena opción? No podía llevársela, no ahora, no así. Él odiaba admitirlo pero no podría ayudarla, no podría manejar eso, ella necesitaba la atención que le estaban otorgando allí. Riddle podría ser lo que fuera pero haría lo necesario para mantenerlos con vida. Desvió su mirada 5 segundos al sentir que su ex profesor se desvanecía en los brazos de su mejor amigo. Sentía la magia de Draco inquieta, perturbada, asustada, tanto como la de él. Se concentró y le envió una onda ligera de su magia, como una brisa. Era su manera de decirle que estaba allí, con ellos.

Lo vio mirar a su dirección sorprendido y asentir. Nadie estaba pendiente de él, así que ninguno de los presentes notó ese pequeño gesto. Volvió su atención a Hermione. Quiz llegaba apresurado dando órdenes a varios mortifagos que habían arribado con él. Dio dos pasos atrás y los dejó hacer. Miró como el Lord no se movía ni un centímetro del lado de la bruja, aferrándose a su mano.

El espacio era un caos, mortios, sirvientes, medimagos, todos se movían de aquí para allá, hablando en términos médicos, palabras que conocía muy poco. Viales iban y venían. Miró de nuevo a su mejor amigo y caminó hacia él. Se mantenía mirando en su dirección, como si de verdad pudiera verlo. Draco estaba sentado en el suelo sosteniendo a su ex profesor de pociones que parecía dormido o desmayado.

-Ellas pueden- Susurro el rubio a la nada para los demás pero en realidad, lo hacia a su mejor amigo. –Ellas pueden- dijo mas firme y limpiándose dos lagrimas traviesas. Una presencia se sintió a su lado. Theo estaba a su lado, acompañándolos.

Una mano se posó en el hombro del rubio y ambos guardaron silencio viendo hacia la camilla donde estaba debatiéndose la vida de dos seres importantes para ellos. Su familia.

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POV Hermione

Escuchaba vagamente los gritos de Tom, Draco, Severus. Todo eran gritos, imágenes borrosas y confusas. Sentía algo caliente bajar por mis piernas, deslizándose lentamente. Estaba aterrorizada pero no podía moverme.

Comencé a rezar, como los muggles acostumbraban. Le recé a Merlín, a Morgana, a Dios, a mis padres, a mis amigos. A cualquiera que tuviera una fuerza mayor para que no me quitaran a mi bebé. Prometí hacer todo diferente, prometí tener más cuidado, prometí cuidarme y cuidarla más. Prometí tantas cosas a cambio de salir de esto con mi hija sana. De repente, la poca luz que había se esfumó, todo se volvió borroso y dejé de escuchar a Tom gritando mi nombre. Pidiéndome ser fuerte. Y me vi sola, en la oscuridad total.

Era como un espacio gigante, como mirar el anochecer en una playa inmensa y no saber cuál es el cielo y cual el agua, en qué punto se une o en cual terminan. El desespero comenzó a apoderarse de mí con cada paso que daba. Me sentí tan pequeña, tan desprotegida, tan débil. Desee con todas mis fuerzas no estar sola, no estar rodeada de la nada, del olvido, de la oscuridad, de la incertidumbre… y entonces pasó.

Una luz, pequeña, titilante, acompañada de una más grande y brillante. Comencé a caminar hacia ellas, atraída, cegada, era como si me llamaran, como si me dijeran que me acercara, que no estaba sola ahí. Al llegar, las luces comenzaron a tomar forma. Era Blaise, Blaise Zabini era la luz más grande y feroz, era una de las luces que me estaba enseñando el camino.

-Blaise…- susurré anhelante tratando de tocarlo. Pero solo lo traspasé. -¿Qué haces aquí?- pregunte bajando mi mano de nuevo. Lo vi sonreír con pesar y mirar a su lado. Hacia la otra pequeña luz.

Seguí su mirada y la luz comenzó a tomar forma, una niña, pequeña, no más de dos años si calculaba bien. Sus cabellos eran castaños, ondulados, brillantes y hermosos. Sus ojos tan azules y profundos como el océano. Era perfecta, de rasgos casi angelicales. Un sentimiento me llenó el pecho cuando ella me miró con reconocimiento y sus ojos brillaron con amor para mí.

-¿Blaise?- Pregunté confundida aun viendo a la pequeña que sentía conocer de algún lado.

Yo estaba hasta hace unos segundos desangrándome. Tom me cargó y me llevó con Severus y Draco, porque mi profesor podría arreglarlo, él podría, Tom lo había prometido, él… Volví a mirar a la niña y jadee soltando un sollozo. Yo la conocía, yo sabía quién era. Llevé mi mano a mi pecho incapaz de contener el dolor creciente que me estaba impidiendo respirar y me eché a llorar desconsolada.

Caí al suelo de rodillas frente a ella murmurando disculpas, pidiéndole perdón entre miles de lágrimas que caían sin contención por mi rostro. Las palabras salían entrecortadas y torpes por mi garganta que ardía tanto, dolía tanto. Subí mi cabeza buscando sus ojos y la observé negar con una suave sonrisa marcada en sus labios. Ella inclinó su cabeza un poco y extendió su pequeña mano hacia mi. Aguanté la respiración esperando su toque y cuando lo hizo, cuando tocó mi mejilla, cientos de imágenes pasaron por mi mente inundándome de recuerdos. Cuando descubrí que estaba embarazada, gritando de emoción, diciéndoselo a Cygnus quien enseguida me abrazó feliz, armándome de valor para contarle a Tom, su pequeño pero significativo gesto al tocar mi vientre sintiendo su calor. Yo cantándole a mi pequeña barriguita mientras dormía a Cygnus también, yo viendo mis ecos mágicos, yo hablándole a mi vientre en el espejo, yo protegiéndolo con mis manos en cualquier torpe tropezón o caída. Yo enterándome por Harry que era niña. Tom tocando con suavidad mi vientre para asegurarse que todo estuviera bien con ella. Yo diciéndole que la amaba aun sin conocerla. Y de ultima, la más hermosa de todas, ambos dormidos en la cama con las manos entrelazadas sobre mi estomago.

Parpadeé soltando más lágrimas y volviendo a ellos. Lo entendía, lo captaba. Era su manera de decirme que no tenía nada que perdonar, que ella había sido amada. –Lo serás para toda la vida- le aseguré temiendo que las palabras no salieran de mi boca. La vi tomar la mano de Blaise, tan pura, tan brillante, tan inocente y llena de luz. En ese momento comprendí que no era de este mundo. Ella nos quedaba demasiado grande a los vivos, ella no pertenecía a un mundo corrompido por el odio, el poder y la avaricia, no, ella era de un lugar mágico, celestial, inalcanzable. Tan inmenso como el amor que la había creado. Escuché su suave risa, aquella que me acompañaría por el resto de mi vida. Me permití soltar una lágrima más, la que acompañaría su ida.

Blaise me guiño un ojo coqueto como solo él podía ser. Sonreí y le asentí hacia ella, pidiéndole que a donde sea que fueran, la cuidara. El italiano asintió con una sonrisa triste y movió su mano en son de despedida. Me levanté del lugar donde estaba hincada. La vi una vez más, grabando a fuego cada detalle de su rostro en la mente. Llevé mis manos a mi pecho sintiendo el calor que se extendía de ella hacia mí. –Los veré pronto- les dije en despedida. Ella se giró apurando a Blaise a lo que fuera que los estuviera esperando. El moreno enseguida le hizo caso negando divertido. Ya tenía a quien cuidar. Donde fuera que se estuvieran yendo, pensé, mientras los veía a alejarse, que no estarían lejos de mí, que siempre los llevaría en mi corazón. Para toda la vida.

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POV Narrador

Quiz dejó todo lo que hacía y se giró con pesar y temeroso hacia el Lord. –Lo lamento mucho, mi señor. Hice lo que pude. Era una niña- sus manos estaban completamente rojas y sostenía un pequeño bulto en una tela blanca machada por la sangre su señora.

Draco cerró sus ojos fuertemente conteniendo los sollozos que querían salir. Había perdido a su pequeña y aun no nacida, sobrina. Dos perdidas en tan poco tiempo. Temió porque Hermione no pudiera salir de esto, temió porque no encontraran la manera de sobrellevarlo.

-Ella…está..- murmuró el Lord viendo fijamente el pequeño bulto que hubiese sido su hija. Miles de cosas llenaban su mente en esos momentos, rabia, ira, decepción, dolor, tristeza. Se sentía abrumado pero aun necesitaba saber si su mujer estaba con vida. –Hermione, ¿ella?- Preguntó en voz baja, ido.

Draco enseguida subió la vista atento a lo que diría el medimago.

-La señora está muy débil, perdió mucha sangre pero lograra recuperarse. Solo es cuestión de tiempo- El medimago pidió con la manos que todos salieran de allí, debían darle privacidad a sus señores. –Está estable, por ahora- Sin embargo, el no se atrevió a moverse. Sabía que vendría un castigo por perder al bebé.

Para el asombro de todos, el Lord susurró un "largo" firme y claro. Lo dejó ir tomando en sus manos el pequeño bulto. Se acercó a Hermione y depositó un suave beso en su frente. –Draco, llévala a la enfermería. Que descanse- Le dio una mirada más a su mujer y se giró dispuesto a irse –Theodore estará de acuerdo en ayudarte- y diciendo aquello que tensó al rubio, se fue.

El rubio Malfoy se giró sorprendido hacia donde sentía la presencia de su amigo pero ya no estaba allí. -¿Theo?- llamó con voz ronca y triste. Acaso, ¿se había ido de nuevo?.

-Ella no se merecía esto- Se escuchó una voz invisible al lado de la camilla de la mujer.

-Ella no se merece nada de lo que le ha ocurrido- comentó el rubio acomodando a su desmayado padrino en el suelo para levitarlo en unos momentos junto a la castaña.

-Era una niña…- Susurró de vuelta la voz sin rostro.

Draco torció el gesto con dolor. Theo no había tenido tiempo de saberlo antes.

-¿Crees que… hay algo luego de aquí Draco?- Preguntó de nuevo, la voz.

El rubio sabía que se refería a la muerte. Si de verdad iban a algún lugar. –Hermione quiere creer que sí. Que Potter, sus padres, la gente que murió en la guerra, todos están en algún lugar-

La imagen del hombre comenzaba a visualizarse borrosa. El efecto del hechizo estaba acabando. Se encontraba acariciando los cabellos de la mujer con ternura. –Si hay algo… espero que sea lo suficientemente bueno para ella- dijo con dolor. –Y que Blaise esté a su lado-

-Seguro que si Theo- Dijo con la misma esperanza el Malfoy. –Vamos, llevémosla a la enfermería. Necesita recuperarse- Se encaminó hacia su padrino, dando por entendido que Theo la llevaría a ella.

-¿Nos ha dejado en libertad?- Preguntó el Nott mientras tomaba con delicadeza el cuerpo de su amiga bruja.

El rubio lo meditó unos segundos y luego suspiró –No lo sé- y se encaminaron a la salida de los calabozos. Justo cuando estaban por salir de las mazmorras, escucharon un jadeo de una mujer.

-¡Draco!- Exclamó la voz de una mujer escondida entre las sombras. Astoria Greengrass salía de su escondite bañada en lagrimas, con el maquillaje corrido –Lo siento tanto- y se abrazó a él como pudo por estar entre ellos el cuerpo de su ex profesor.

-Llegamos justo detrás de ti Nott pero todo era un caos y…- El pelirrojo, más conocido como el gemelo que sobrevivió, George Weasley, se escuchaba afectado, con ojos rojos y decaidos. Habían llegado justo a tiempo para vivir aquellos momentos tan horribles. No pudo seguir hablando sin sentir aquel nudo en la garganta.

-¿Weasley?- Preguntó Draco confundido pero decidió que la prioridad era Hermione, debía recuperarse en un sitio adecuado.

-¿Qué estás haciendo Malfoy?- Preguntó el pelirrojo confundido –El plan es sacarla de aquí, llevarla con nosotros. Debemos aprovechar que nadie esta pendiente de ustedes y que todo está conmocionado para….-

-No se irá de aquí- Dijo Theo comenzando a caminar luego de la improvisada reuion. –Astoria, te aconsejo de nuevo que vayas a casa y en cuanto a ti Weasley…- lo miró unos segundos. –Estaremos en contacto. Por ahora, será mejor que vuelvas a ser un fantasma- aconsejó.

-No me iré de aquí sin ella- Dijo determinado el pecoso –Hermione es lo único parecido a mi familia que me queda, no la dejaré aquí pudriéndose en soledad y malos tratos- Se posicionó delante del brujo que la mantenía en sus brazos impidiéndole el paso.

-¿Puedes pensar con la mente en frio un momento?- Dijo el brujo frunciendo el ceño. No estaba para lidiar con esas escenas de egoísmo en estos momentos -¿Crees que le hará mejor despertarse, enterarse de que perdió a su bebé y estar en un sitio desconocido, apartada y prácticamente cautiva? Por mucho que me moleste admitirlo, solo él podrá ayudarla con esto. Necesita estar aquí con él y su hijo- Soltó el hombre harto y siguiendo su camino.

-¡Tú te llevaste al niño!- Exclamó sin control el pelirrojo. Estaba muy molesto. No quería verla allí, no quería que estuviera a merced de ese monstruo que tanto dolor les había traído.

-Y yo lo volveré a traer- dijo Theo perdiéndose ya por los pasillos.

-¿Draco?- Preguntó la rubia indecisa de qué hacer. Si quedarse o irse. Presentía que no sería de gran ayuda allí.

-Ve a casa Astoria, iré en cuanto pueda- Y se fue siguiendo a su amigo. Debían estar juntos en esto. Los tres.

-¡Malditos mortifagos!- Soltó el Weasley malhumorado tocando lo que parecía otro translador. Se iría, pero ya que la había visto, volvería por ella. No la dejaría a su suerte. No importaba con quien estuviera, ni de quien fuera mujer, ella era su familia y los Weasleys no abandonaban a los suyos.

Astoria suspiró repasando mentalmente el día. Que horrible había sido. No quería ni imaginarse pasar por lo que le esperaba a la bruja al despertar. Pobre. Sacudió su cabeza y se dispuso a ir a Malfoy Manor. Alguien debía informarle a sus suegros.

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-¿Polly?- Llamó Cygnus ansioso –Ya ha pasado mucho tiempo. Mi tío ya debería estar aquí-

La elfina asintió nerviosa. ¿Qué hacer? ¿Debía esperar al joven Nott o irse con el amito? Cavia la posibilidad de que lo descubrieran y redoblaran la seguridad. Tal vez lo mejor era irse. –Vamos amo, ellos darán con nosotros, lo prometieron- Le extendió su mano al niño y el pequeño asintió indeciso viendo hacia la mansión.

-¿Y si no?- preguntó con temor.

-Lo harán, su madre no descansará hasta encontrarlo- Ella lo sacaría de allí. Ella se lo debía a la ama, lo mantendría a salvo. Decidida de que estaba haciendo lo correcto, chasqueo sus dedos libres y desapareció.

Al minuto, tal vez dos, Theodore Nott llegaba al lugar llamándolos bajito. Recorrió todo el terreno, estaba seguro de que era el sitio, allí los había dejado. "No" pensó alarmado. Se habían ido. Su respiración se hizo pesada y pateó una piedra cercana. Los elfos no tenían rastro mágico, no podía seguir o sentir su magia. ¿Cómo diablos daría con Cygnus ahora?

-¡Ahhhh!- soltó un grito de frustración que llevaba acumulado todo lo vivido esa noche. Debía encontrar a Cygnus, debía estar con su madre. La tenia que regresárselo a Hermione, sano y salvo.

Mientras caminaba de regreso dispuesto a pedirle ayuda a Draco, recordó, para su horror, que no solo ellos estarían buscándolo.

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Voy a ser sincera y confesaré que este capítulo ya estaba hecho y era totalmente distinto pero ayer, por primera vez, escuché Million Reason de Lady Gaga y la verdad, fue cuando pasó todo. La letra, la música, todo me lleno de una inspiración increíble y me senté inmediatamente a escribir, las palabras, salieron solas. Fue un momento muy melancólico y triste, quise plasmarlo aquí y bueno, espero que no lo odien. La verdad también se viene mucho drama para que nuestra bruja esté con un embarazo avanzado, sería muy complicado. La canción, personalmente, para mí, trata de perder la fé y buscar una razón para tenerla y seguir creyendo, en algo, en cualquier cosa. Hermione ha pasado por tantas cosas que ahora este será su reto, seguir creyendo en algo a lo cual aferrarse. Nos leemos pronto!