AHHHH, SE QUE NO TENGO PERDON

LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO

Me tardé tanto, lo siento... es que me agarraron otras cosas, prioricé mis estudios de Olimpiadas de Biología sobre esto y lo pospuse demasiado.

No sé si alguien lo recuerda, pero una vez dije que si dejaba de actualizar cada semana, no me iban a volver a ver al año... y bueno, me empezó a suceder eso. Pero, logré remediarlo y dije "Que verga, hace dos semanas que el archivo sigue con dos mil palabras" me puse las pilas y lo terminé.

Espero que les guste, y lamento si parece que está medio hecho a las apuradas... espero que el próximo sea algo más decente.

Sin más, les dejaré leer.


Despertar de nuevo en la habitación treinta y siete fue una gloria.

Estiró sus brazos morenos, sintiendo el frío colarse por debajo de las sábanas. Un escalofrío le recorrió la espalda, incentivándolo a acurrucarse un poco más entre las mantas. Suspiró, cansado y calentito, siendo envuelto por la tibieza reconfortante de las colchas. Uno de sus ojos verdes se despegó al recordar la razón de su despertar.

Gruñó al escuchar la alarma de su celular —que había dejado lejos, para tener que levantarse a buscarlo—. Tratando de ignorar el irritante sonido. ¿No podría haber elegido un tono de pajarillos cantando? ¿Algo que fuera más agradable al despertar? No, tenía que ser ese insufrible sonido de un pitido chillón una y otra vez.

Había caído en su propia trampa. Sabía que le daría pereza levantarse, por ello lo dejaba lejos y con ese sonido estridente. Tendría que salirse de sus colchas para ir a apagar el aparato, que volvería a sonar dentro de cinco minutos.

Respiró hondo, y luego de contar hasta cinco, salió de la cama, corrió hasta el tocador (dónde yacía su Iphone6) y lo tomó rápidamente, volviendo a la cama y casi lanzándose sobre ella. Se cubrió hasta la nariz con las sábanas, tibias y suaves, desbloqueándolo y desactivando la alarma.

Suspiró, se había saboteado a sí mismo.

¿Qué le iba a hacer? Se acomodó un poco mejor entre su refugio y cerró los ojos, dormitando. Pero, un pequeño pensamiento en su mente no dejaba de molestarlo. Quería levantarse temprano y desayunar con los padres de Levi, como el día anterior. Acompañarlo hasta el trabajo, quedarse ahí en contra de su voluntad —porque sabía que aunque lo amenazara, no lo correría del local—, verlo pasearse tan lindamente por todo el lugar, limpiando y acomodando cámaras. Y luego, salir de ahí para llevárselo a cenar a algún lado.

Suspiró, entre enojado y adormilado. Quería eso, sí, pero a su vez la cama era demasiado tentadora.

Sonrió como idiota al imaginarse a Levi acurrucado junto a él bajo esas mismas colchas. Seguramente su francesito ahora estaba duchándose, luego soportando el frío del ambiente. Su piel, blanca, cremosa y lechosa, se pondría de gallina al estar en contacto con el aire frío. Louie seguramente se hallaba hecho bolita sobre la zona dónde antes su dueño dormía, aún tibia.

Tenía un debate. No sabía qué deseaba más: Estar con Levi allá, o que Levi estuviera con él ahí.

Suspiró, abriendo sus ojos. Se deslizó debajo del ambiente caliente y sofocante, no queriendo sacar sus manos para typear. Escribió un rápido mensaje. Quería que ese hombre se acordara con él, aunque fuera con enojo. Quería meterse en sus pensamientos.

Bueno, no solo en sus pensamientos, pensó.

Podría tomarle un significado romántico —cómo meterse en su corazón, por ejemplo—, pero ¿A quién engañaba? Todavía podía sentir las nubes del cielo de cuando compartieron esa pasional noche. Levi debajo suyo, su cuerpo totalmente a su merced. Jesús, comenzaba a babear y sentir presión en su bóxer de solo recordarlo. Menudo hombre más sexy que era ese maldito francés.

Dios, si se enterara de sus pensamientos…

"—Buenos días, Mon Cherí." —le escribió, sonriendo al ver las tildes azules luego de unos momentos. Salió del refugio, sintiendo alivio al conseguir aire frío en su cabeza. Vio con emoción que estaba escribiendo. Demonios, cómo podía alegrarle tan solo con eso.

"—No es horario para que osos como tú hayan salido de hibernación" sería una vil mentira si dijera que no sonrió como un estúpido enamorado. Carajo, estaba a sus pies.

Levi le tenía a sus lindos, blancos, acariciables y preciosos pies.

Haciéndole caso a su mensaje —con la ternura aún calentándole el pecho por el apodo que había usado cuando duerme—, se acurrucó, cerrando los ojos. Se empezaron a escuchar cosas abajo, estaba comenzando la actividad. Pero, el leve arrullo de las vibraciones de su celular al recibir mensajes, mas aquel reconfortante calor de la cama y el amor, se quedó dormido.

Y haciéndole gloria al apodo que le había puesto Levi, roncó y durmió a pata suelta.

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Un pequeño toquido le hizo volver levemente de su letargo. Luego de eso, el rechinido de la pesada puerta al ser abierta.

— ¿Extranjero? — sonrió al escuchar la voz de su francesito, estirándose gustoso en la cama mientras su rostro se llenaba de felicidad y paz. Luego de hacer un largo sonido de satisfacción al sentir sus huesos crujir, abrió uno de sus ojos, con sopor. Se sobresaltó cuando la luz invadió agresivamente sus pupilas. Con una queja, miró hacia sus espaldas y se encontró con las cortinas —azul rey de una tela pesada que servía para bloquear la luz, y una blanca de gasa con estampados de lirios—, corridas. Levi las sujetó con un pequeño aplique de hoja de roble, dejando las más finas cubriendo la ventana para que no se pudiera observar desde fuera.

—Oye. — se quejó, con la voz pastosa y pesada. Levi rió levemente (santo sonido de los dioses) negando un poco.

—Con esos mensajes, pensé que estarías despierto. — comentó, divertido. Se dirigió al moreno, que estaba aún bajo las calientes colchas. Palmeó uno de sus costados cariñosamente, animándolo. Eren solo sonrió como idiota—. Anda, titán. Levántate que te perderás el desayuno.

—Pero hace frío. — se quejó. Levi bufó.

—Eso ya lo sé, me vine caminando. — se sentó a un lado del cuerpo.

No importaba cuanto deseara no quererlo, sus intentos eran inútiles.

Ya estaba comenzando a rendirse.

—Que irresponsable que soy. — Eren bostezó, pasando un brazo por la cintura de Levi—. Dejé a mi lindo francesito venir caminando solo, con frio… debería haberte ido a buscar con mi cómoda camioneta calefaccionada.

—No. — Levi lo movió un poco, en juego—. Debías quedarte aquí y disfrutar de la cama. Estas cosas son comodísimas, papá solo compra los mejores colchones. —dijo, incluso, con algo de orgullo. Quizás no eran el hotel más cotizado de Carcassonne, pero definitivamente eran de calidad.

— ¿Entonces, que esperas? ¡Ven aquí! —Eren abrió las mantas, dejando ver su torso moreno. Un escalofrío le recorrió, demonios, si que afuera estaba helado. Levi le miró raro— ¡Anda, que me congelo las bolas!

—Vine aquí para despertarte, no para meterme en la cama contigo. — se abstuvo de usar palabras que pudieran ser malinterpretadas (tenía que atajarse no solo con Eren, sino también con su propia madre) Supo que de todas maneras había fallado cuando una sonrisa pícara nació en la cara de ese tipo.

— ¿Temes que terminemos haciendo algo más que charlar? —levantó sus cejas, sugestivo. Levi rodó los ojos—. Anda, prometo no hacer nada más que abrazarte románticamente y decirte frases cursis al oído.

—No, gracias. — Se dirigió a la puerta de la habitación—. Tengo que volver a la cafetería, más vale que te levantes.

— ¿Por qué? ¿Me extrañas allí abajo? Qué lindo. — Eren sonrió, tratando de molestarlo. Levi bufó, amagando a salir por la puerta— ¡Era broma, no te vayas! — estiró su brazo, dramático. Levi levantó una ceja, divertido—. Ven conmigo…

— ¿Si voy contigo, te levantarás? —cuestionó, acercándose un par de pasos hasta la cama. Eren sonrió ampliamente, levantando las colchas una vez más. Levi no podía negar que ese hueco tibio cerca del torso moreno de Eren se veía tentador. Si Louie estuviera allí, ya habría saltado a ese lugar.

—Diez minutos, lo prometo. — palmeó levemente el colchón. Levi suspiró, sacándose los borcegos y el delantal.

—Solo cinco.

Levi no tardó demasiado en acomodarse, moviéndose un poco y tratando de no quedar excesivamente cerca del alemán. No quería que unos cinco minutos terminaran siendo algo más que eso. Pero, como siempre, Eren se las arregló para acercarlo a sí desde la cintura, acomodándose gustosamente. El francés terminó con su rostro en las clavículas, cerca de esa piel color canela por la que le gustaría pasar los dedos.

Poco a poco, el sopor se fue apoderando de su mente. Sus ojos comenzaron a pesar, la respiración acompasada y tranquila del extranjero no ayudaba en demasiado. Se acurrucó un poco más junto a la tibieza que desprendía, suspirando con cansancio. La noche anterior se había desvelado averiguando sobre becas y financiaciones, haciendo que estar despierto fuera un esfuerzo.

Se reprendió mentalmente, no debería haberse metido en esa tibia cama y cubrirse con los acolchados. Debería haber sabido que iba a comenzar a ceder al sueño.

¿Pero, qué le iba a hacer? Por lo menos había satisfecho las ganas locas y tentadoras de acurrucarse en ese rincón calentito a un lado de Eren.

Siguió pensando, sintiendo los leves ronquidos de Eren cerca de su oreja. El oso a su lado se removió un poco más, haciéndole quedar más apretado a su calor. Afianzó al agarre que tenía en su cintura, acercándolos más. Él solo suspiró, apoyando su mentón sobre el pecho de Eren, aspirando el aroma de su cuello —masculino y tentador—, a su vez que cerraba los ojos.

Solo cinco minutos, se dijo. Solo se quedaría así cinco minutos y se levantaría a trabajar.

Pero, el sueño lo venció, y poco a poco fue cediendo hasta caer dormido acurrucado junto a Eren.

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Se despertó sobresaltado por los golpes en la puerta. Incorporándose, trató de reconocer el lugar dónde estaba. Un conocido y tibio agarre en su cintura le hizo volver a la realidad, girándose para encontrarse con Eren acurrucado contra él, completamente gustoso. Tomó con rapidez el celular del moreno sobre la mesa de luz. Una mezcla de enojo y alivio se apoderó de su ser cuando notó que solo habían pasado quince minutos. Enojado porque habían pasado más de cinco, pero aliviado porque se sentía descansado como por una hora.

— ¡Levi Ackerman, sé que estás en esa habitación, no me obligues a irrumpir en ella! —se sobresaltó cuando escuchó la voz de su madre detrás de la puerta. Masculló maldiciones por lo bajo, tratando de levantarse. Eren le tenía aferrado por la cintura.

—Suéltame, animal. — se removió, consiguiendo que el oso a su lado se quejara levemente. Abrió uno de esos ojos verdes, perdido, para luego enfocarse en él. Sonrió de manera boba.

—No entiendo como con solo verte en la mañana siento que mi día va a estar lleno de unicornios— fue su frase. Rodó los ojos.

—Eso no es por verme a mí, eso es porque debes aflojarle a la droga. —Eren rió, con la garganta seca y la voz ronca.

—Aspiré tu aroma por mucho tiempo, eso me genera efectos adversos. —Bufó, rodando los ojos. Seguía con eso—. ¿Por qué te quieres ir de mis brazos? — dijo, dramáticamente. Un par de portazos más fueron la respuesta—. Es tu mamá ¿Cierto?

—Suéltame. —demandó, quitándose las sábanas de encima. Eren se quejó, pero cuando iba a reprocharle y pedirle que se quedara un poco más entre las colchas, la puerta fue abierta.

— ¡Levi Ackerman! —Kuschel bramó, enojada. Se quedó callada al verlo medio enredado en las sábanas, con la ropa desarreglada y el pelo desordenado, junto a un moreno presuntamente desnudo. Ella solo cerró la boca, retrocediendo y cerrando la puerta.

— ¡Mamá, no es lo que parece!

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Eren desayunaba tranquilo y en silencio, sentado cómodamente en la mesa individual del ventanal. Estaba comiendo lentamente un croissant de jamón y queso, recién sacado del horno. Tenía un café con leche a su lado (con canela, crema y leche condensada. Si, liviano) que tomaba, como siempre, en los instantes justos y a la velocidad perfecta para que no se enfriara. Estaba bastante sumergido en su universo, escribiendo en su Macbook con bastante concentración.

Le daba rabia.

Hace un rato su madre había malentendido las cosas, cuando entró a la habitación y los vio juntos. Ella no comentó nada más, pero igual, se sentía incómodo. Quería solucionarlo, y un paso de eso era el tipo que estaba cómodo, ignorando y saliendo impune.

Pero, no podía hacer nada. A este punto, era tan forzada su inútil rabia contra ese extranjero, que ya ni sabía por qué se enojaba. Quería enojarse, obviamente. No podía dejar que ese mamarracho de viajero le pasara por encima y viniera con sus propuestas dignas de loquero. Pero, al parecer, el hijo de puta se había puesto en plan de no darle nada de material razonable para descargar su ira y frustración contra él.

Maldijo bajo, mirando enfurecido unos inocentes cupcakes de frambuesas.

—Me parece que estás un poco estresado, Mon cherí. — escuchó la voz de ese enfermo, girándose con brusquedad. Por fin. Se dedicó a mirarlo feo, pero solo consiguió sacarle una risa. Si, el maldito había reído ¡Tenía que asustarse, retractarse, disculparse! ¡Esa era la función de su mirada!

Pero no. A ese idiota todo parecía afectarle de manera distinta. Le dejaba en jaque, porque aquel hombre extravagante y de ojos verdes era una caja de sorpresas. Estaba lidiando con algo que nunca en su vida se le había puesto en frente. Un "algo" que en quince malditos días había cambiado todo.

— ¿Gustas pasar un rato conmigo? Si se me permite el honor. — Movió una de las lindas sillas vintage de una mesa cercana al lado suyo, luego palmeándola a la vez que le sonreía sin dejar de mirarlo con sus ojos verdes. Levi lo meditó— .Está bien, está bien. Te invitaré cualquier cosa que quieras de las vitrinas.

Sonrió, acercándose a dónde Eren estaba. Este rio.

—Iba a aceptar sin que me ofrecieras nada, pero ya que te mostraste tan amable. —dijo, con burla. Eren hizo un sonido de queja, bastante fingido, que le sacó otra risita. Su cintura fue envuelta por uno de esos brazos fuertes.

— ¿Debo tomar eso como un avance, lindura? —Besó su mejilla—. ¿Me permitiría colarme en su trabajo nuevamente?

—Lo harás sin que tenga opción ¿Cierto? — rezongó. Recibió una sonrisa.

—Obviamente.

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Eren estaba tranquilo en la banca. Afuera un efímero sol calentaba los rostros de las personas, aliviadas. Levi leía una revista mientras Isabel jugaba al solitario. Eren jugaba alguna porquería en internet, aburrido.

—Después de esto ¿A dónde quieres ir? — preguntó, rompiendo el silencio. Levi le miró, Isabel solo siguió con lo suyo.

—No lo sé. Será de noche. —Se encogió de hombros—. No hay mucho que se pueda hacer.

—Conozco muchas cosas que se pueden hacer de noche. —comentó con un tono sensual. Levi enrojeció un poco. Agradecía que Isabel no supiera inglés para escuchar las guarradas del tipo.

—Pero yo no quiero hacer ese tipo de cosas. —dictaminó. Eren se rió.

—Qué raro, siempre dicen que los franceses son los más sucios en la cama. —se inclinó sobre la barra, mirándolo a los ojos. Una sonrisita pícara se lucía en sus labios.

—Siempre dicen que los alemanes son los más fríos y aburridos. — acusó. A Eren se le expandió la sonrisa.

—Touché. — levantó las manos con rendición. Luego de unos minutos, miró a la pelirroja—. Hey, Isabel. —Pronunció con un marcado acento alemán. Ella giró con una sonrisa. Comenzaron a hablar, sintiéndose Levi excluido. Parecían negociar algo, ella termino por ceder, suspirando ante la sonrisa ganadora del moreno.

—Claro, hablen en alemán. Muy divertido. — murmuró, enojado, tomando su celular.

—Tú podías hablar en francés con ella. —Comentó—. De todas maneras, charlábamos para bien. Guarda tus cosas.

— ¿Perdona? — cuestiono, mirando como el alemán se levantaba, sacudiendo sus ropas y tomando su morral. Caminó hasta donde estaba la mochila de Levi.

—Persuadí a Isabel para que cubriera la tienda mientras nosotros vamos a caminar y almorzar por ahí. —Le tendió la mochila—. A cambio de un bote de helado de turrón, claro.

—No puedo irme, necesito el dinero. —se negó, extrañado.

— ¿Cuánto te pagarán? ¿Diez euros? ¿Doce? — preguntó—. Te los daré luego, junto a un besito. — le lanzó un beso en el aire. Levi desvió la vista, indeciso. Miro hacia afuera. El sol había salido luego de tantos días de frio, y no podía negar que era tentador. Le daban ganas de ir a la plaza principal a sentarse debajo de los pinos y abedules.

—Quizás...solo un rato. — accedió, encarándolo. Una gran sonrisa se instalo en el rostro de Eren—. Pero no todo el turno.

— ¡Vamos! — exclamó, queriendo llevárselo. Se detuvo al ver la camiseta blanca con el logotipo del local—. ¿No tienes algo más favorecedor a tu belleza?

—No es necesario cambiarme… — protestó. Isabel le dijo algo en francés—. Tengo una camisa negra.

— ¿Y qué esperas para cambiarte? — pregunto, apurado. Luego una de sus ya casi patentadas sonrisas pervertidas se asomó—. ¿Acaso deseas que yo te quite la ropa? — pasó sus manos por los hombros del más pequeño sugestivamente, haciéndole estremecer—. Sabes que no tengo ningún problema con ello.

— ¡Quítate! — se fue al vestuario del local, gruñendo al escuchar las risas de ambos alemanes.

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— ¿Vamos? — Eren le esperaba en la puerta del local. Asintió, chequeando tener su celular, billetera y llaves en el abrigo Introdujo sus manos en los bolsillos, queriendo resguardarse del frío.

— ¿Compraste el helado de Isabel? — cuestionó—. Ella va muy en serio con eso.

—Podemos ir ahora. — Eren le sonrió, sacando su mano derecha del calentito bolsillo a la fuerza. Entrelazo sus dedos morenos y calientes con los suyos.

Definitivamente, más calentito que el bolsillo.

Caminaron en silencio, Levi guiándolo por las calles limpias y adoquinadas. Llegaron a un lindo almacén, dónde había muchas cosas. Eren fue a buscar el helado, colocándolo en la canasta que Levi le facilitó. Buscó algunas galletas, papas y botanas para comer por ahí. Fue a la zona de refrigerados, tomando algunos paquetes de queso. Sintió los lindos brazos de su francesito.

—Compra Comté— le dijo desde detrás— camembert, Gruyere, Brie y roquefort.

— ¿Te gustan los quesos? —punto positivo si quería llevárselo por el mundo. El queso era parte de su dieta básica.

—Soy francés ¿No lo dices todo el tiempo? — cuestionó.

Eren vio un Neufchâtel, según sus conocimientos, recién terminado de añejar.

Sonrió, tomando los cien gramos con forma de corazón. Levi lo miró con una ceja arqueada.

—Antes de que salgas con una cursilería, mejor mételo en el canasto y ya. Es delicioso y está a punto. — El moreno sonrió, abrazándolo por la cintura. Caminaron juntos hasta donde había bolsas de pan—. Si vas a comprar pan, hazlo en una panadería. Hay una muy buena por aquí, que debería haber sacado sus saborizados con orégano del horno hace un minuto.

—Seguiré tus recomendaciones. — Besó su mejilla, dirigiendo su vista a la zona de embutidos—. ¡Leberwurst! — Exclamó, tomando un paquete del embutido—. Como amo esta cosa, Jesús.

Luego de terminar sus cosas, pagaron y Eren le tomó la mano. Aunque había sol, el viento fresco circulaba por las calles. Levi tironeaba su mano con suavidad para dirigirlo entre tienda y tienda, comprando cosas. Eren sonrió. Levi, al parecer, quería asesinar a su billetera con los productos más caros. En una caja de panadería llevaron algunas porciones de pastel (Levi le había dicho que también era estudio de mercado) que, aunque no se veían tan deliciosos como los de Kushel, definitivamente eran apetecibles.

— ¿Vamos al parque? —preguntó, guardando el pan casero en su mochila. Levi lo meditó—. ¿O quieres frutas?

—Claro. —tomó la caja con pasteles, y con la libre, su mano.

Eren sonrió. Estaba consiguiendo avances.

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Llegaron a la plaza, el sol brillaba agradablemente, entibiándoles el rostro.

Eren estaba nervioso. Era completamente extraño, normalmente era un pervertido que decía lo que se le venía a la mente para hacer enojar a su adorable francesito. Pero ahora debía calcular sus movimientos.

Debía conquistarlo.

Enamorarlo tanto como él lo estaba, llevárselo de ese lugar y esa rutina.

Apretó sus dedos en silencio. Era tan pequeña comparada con las suyas. Las miró atentamente.

Eran chiquitas. Sus dedos eran finos y sus uñas estaban completamente cortadas, de la manera perfecta. Solo un leve reborde blanco se asomaba. De todas maneras, seguían viéndose masculinas.

Definitivamente, encajaban perfectamente con las suyas.

Levi solo caminaba observando vidrieras. Frenaban de vez en cuando a observar, aunque estuviera todo cerrado. Observó atentamente una camisa color aguamarina, con el interior forrado. Era de origen italiano.

—Te quedaría bien. — le dijo Levi, con la voz baja. Eren lo miró, atento—. Quedaría bien con tus ojos y tono de piel.

— ¿Tú crees? — Sonrió, besando su mejilla—. No suelo usar camisas, es preferible la ropa cómoda y holgada para viajar ¿Me imaginas con eso en sabana Africana? — ambos rieron.

—Pero deberías tener ropa mejor que camisetas viejas y jeans en tu mochila. — Reprendió sin demasiada severidad—. Seguro las mujeres suspirarían donde fueras con esa camisa.

—Por ahora, mi objetivo es hacerte suspirar a ti. — coqueteó—. Y si usar ropa formal hará que suspires completamente enamorado de mi, mañana mismo me tendrás en un smoking con esa camisa. — Levi comenzó a buscar el camino a su zona favorita del lugar.

—No es necesario. —tocó con suavidad los troncos, sintiendo los pasos de Eren detrás. El sonido del cierre siendo abierto le indicó que estaba sacando su cámara.

— ¿Qué me ponga un smoking?

—Que lo hagas para hacerme suspirar. —soltó, sin más. Caminó entre los árboles distribuidos uniformemente. Era un pequeño bosquecillo plantado por el hombre.

— ¡Carajo! No digas cosas como esas de la nada.

— ¿Por qué? ¿Te hago sonrojar? —se burló, pero de respuesta lo abrazaron por detrás. Un "Mhm" se ahogó en su cuello—. Te creía más macho.

—No es poco macho sonrojarse si la persona que te gusta mucho y amas te dice ese tipo de cosas tan de repente. Menos si eres tan frío y sádico conmigo, ya me había acostumbrado.

Levi no supo que contestar ¿realmente se había puesto rojo? Sin quererlo una inevitable ternura creció adentro suyo.

— ¿Te gusto mucho? — preguntó, sentándose en la base de un pino. Miró a Eren, que seguía parado cubriendo su boca. Lanzó una risita al ver cómo un rojo progresivo avanzaba por su rostro.

—No le pediría a cualquiera que viniera conmigo a viajar por el mundo. —Levi rodó los ojos, palmeando a su lado—. Abre tus piernas.

— ¿Qué? ¿Qué mierda haces? — preguntó, exaltado, cuando Eren tomó sus tobillos y los separó con un aire juguetón.

—Wow, linda vista. — dijo cuando sus piernas estuvieron separadas. Cuando Levi iba a patearlo y castrarlo por hacer ese tipo de cosas en un espacio público, Eren se colocó entre ellas de espaldas, recostándose sobre su cuerpo. Soltó un suspiro relajado, acomodándose un poco más. Su cabeza terminó apoyada en el vientre del francés —cálido y lindo, además de mullido—, y echándola un poco más hacia atrás, se encontró con esos ojitos grises que tanto le enloquecían. Sonrió tontamente.

— ¿Es necesario tener tu nuca sobre mi pene?

—Completamente necesario. — afirmó.

—No puedes comer en ese ángulo. —Informó Levi—. Levántate un poco, titán. Que no soy una almohada.

—El esófago es tan avanzado y fuerte que puede deslizar comida aunque estemos boca abajo. — Comentó, hundiéndose aún más en el cálido estómago de su amado — ¿Eran pareja? ojalá que si—, el delicioso aroma a Levi lo inundó—. Así que solo tienes que darme de comer en la boca.

—En tus sueños. — tomó la mochila, abriéndola para buscar algunas papas. Abrió el bote de Pringles neutras, mirando adentro y aspirando el delicioso aroma. Tomó una y la masticó, sin dejar de mirar a los ojos del moreno.

—Por favor. — escuchó la plegaria, junto con una mirada de cachorro pateado—. Solo una vez.

—No. —fue su seca respuesta. Buscó entre las bolsas de la mochila la que contenía queso, tratando de decidirse cuál elegir. Terminó por abrir el paquete sellado al vacío de queso Camembert—. ¿Tienes algo para cortar? — como respuesta solo recibió la insistente mirada triste —"Esa que lo consigue todo" recordó—, rodó los ojos, rebuscando en los bolsillos de la mochila. Dio con una navaja suiza bastante bonita. Sacó el filo más grande y lo usó para cortar una barra de queso, que luego dejó en dados.

Comió uno, disfrutando la textura pastosa. Le dio otra mirada al moreno. Seguía con ese molesto rostro de niño regañado.

— ¿Quieres? —. Mirada insistente—. Me lo comeré todo yo solo.

—Pero yo lo compré—. Se quejó. Levi solo lo miró—. Dame de comer en la boca.

—Si quieres comer, levántate y hazlo como las personas civilizadas. — estaba comenzando a cansarse de esa mirada de cachorro pateado. Conectaron sus ojos, en una silenciosa batalla de miradas. Suspiró, cortando otro dado de queso. Lo acercó a la boca de Eren—. Abre.

— ¡Sí! — poco pudo contener la emoción que se filtró en su voz. Mordió el dado —cuidando de no tocar los dedos de Levi, sabía que estaba lo suficientemente cabreado como para enojarse si llegaba a hacerle algo—, y luego lo deslizó a su boca, masticando. Aprovechando lo cerca que estaba esa preciosa mano blanca, le dio un besito rápido antes de que se retirara—. Te amo.

—Lo que digas ¿Ahora eres un niño que necesitas que te den de comer en la boca? — Levi acomodó todas las cosas compradas sobre un buzo que ahora le servía de mantel. Haciéndose con la navaja, siguió preparando bocados, dándole al castaño de vez en cuando.

—No, solo soy un idiota completamente enamorado de ti que quiere un poco de mimos. —besó otra vez la mano cerca de sus labios. Levi solo chistó la lengua, en un sonido que al moreno se le hizo de lo más adorable.

— ¿Quieres que prepare unos Sándwiches?

—Claro que si, esas cosas no se preguntan. — indicó—. ¿A quién no le gusta que le preparen sándwiches?

Y mientras Levi reía adorablemente —a veces creía que era un sonido de los ángeles—, sólo pudo pensar que, era perfecto. Que le gustaran ese tipo de almuerzos, simples, a la pasada.

Definitivamente, se lo llevaría por el mundo.

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Se despertó suavemente.

Sus ojos pesaban, y encima tenía un sopor increíblemente placentero. Se removió un poco, notando que estaba rodeado por el aroma de su amado. Abrió el derecho, notando que a sus lados seguían esas lindas piernas envueltas en jeans negros

Sintió como una mano acariciaba su cabello lentamente, haciéndole sonreír como idiota. Se movió un poco, enfocando sus ojos en Levi. Estaba leyendo un libro tranquilamente, dejándole reposar sobre su vientre. No lo culpen, después de haberse llenado el estómago de unos sensacionales sándwiches cayó dormido siendo mimado por Levi.

—Buenos días, bella durmiente. — Dijo con sarcasmo, pasando sus dedos suavemente por los cabellos chocolate—. Te estaba platicando y de repente comenzaste a roncar.

—Lo siento. — rió un poco, incorporándose. Atrajo el rostro contrario a un beso suave—. Qué lindo eres. Soy bastante afortunado, dormí siendo velado por un ángel.

— ¿Otra vez con cursilerías? Mi dios.

—Levi ¿Me pasas mi Mac? — bostezó, le daban ganas de seguir durmiendo, pero ese ambiente de paz debía ser aprovechado. El aparato llegó a sus manos—. Gracias, ahora está bendecida por tus hermosas manos.

Un bufido frustrado fue su respuesta.

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—Carajo. — maldijo, redactando nuevamente el párrafo. Estaba terminando su informe sobre Etiopía, necesitaba dinero, pronto si quería mimar a su francesito como era debido. Las fotos eran espectaculares, había seleccionado tres que le habían encantado entre las cientas. Pero, a la hora de redactar sus experiencias, sus dedos se trababan y su mente trataba de recordar que cosas pasaron primero.

Gruñó frustrado, tratando de organizar sus ideas. Podría llenar el archivo de sus opiniones y experiencias, pero a la gente no le interesaba saber sus conexiones con los animales ¿Debería colocar las comidas típicas que recomendaba?

Suspiró, mirando hacia arriba en búsqueda de inspiración. Pero, en vez de encontrarse con las hojas del árbol, se hayo con el rostro de Levi. Su lindo, precioso y malhumorado Levi. Este tenía su ceño fruncido mientras seguía leyendo el libro tranquilamente.

Era injusto. Si él no podía concentrarse, entonces Levi tampoco lo haría.

Comenzó a molestarlo, picoteando su libro con un dedo. Inmediatamente, la mirada gris azulada se concentró en él.

— ¿Se puede saber que pretendes? — preguntó, volviendo su vista al libro.

Eren lo volvió a picar.

Con brusquedad, Levi volvió a levantar el libro para mirarlo con molestia.

— ¿Puedes parar?

—Préstame atención. — berrinchó como un niño pequeño. El francés solo lo miró con asco.

—Recién estábamos completamente tranquilos, yo leía mi libro y tú hacías cosas en tu computadora ¿Cuál es la razón para que comiences a joderme de nuevo? — se quejó, dejando el objeto a un lado. Eren sonrió, victorioso.

—Que necesito de tus besos. — Le lanzó un besito, guiñándole un ojo con diversión—. Seguro me inspiras. Anda, que consiga dinero depende de ti y un piquito.

— ¿Inspiración para qué? — evadió los labios del moreno, consiguiéndose un puchero y un beso en el cuello. Le dio una mirada a la computadora, notando el archivo de texto abierto—. ¿Escribiendo?

—Trato de redactar lo que pasé en Etiopía. —Contestó, suspirando y acurrucándose aún más contra el tibio tacto de su amor—. No entiendo por qué se me hace tan difícil. Tengo que esforzarme, sino no obtendré el dinero que necesito…

— ¿Qué es lo que te cuesta tanto? —A Levi le extrañaba. Eren, aunque fuera un idiota extranjero pervertido, seguía pareciendo alguien inteligente y capaz. No se le había pasado por la cabeza que le fuera dificultoso el escribir.

—No sé, todo. — La frustración se colaba en sus palabras—. Buscar las palabras correctas, tratar de no repetirlas, narrar de una manera que no parezca forzada pero tampoco simple. No colar demasiados detalles innecesarios, ser conciso pero interesante. Todo eso cuesta. —Cerró los ojos, aspirando el aroma del cuello de Levi. Este analizaba atentamente las palabras que el moreno había escrito.

—No está tan mal. — trató de consolarlo, posando su mano en los cabellos chocolate. Eren sonrió por el mimo, cerrando los ojos satisfecho.

¡Joder, podría estar así toda su vida!

—Quizás deberías buscar más sinónimos, aunque, cómo no sé qué pasaste en Etiopía, no sé cómo ayudarte. — dijo pensativo.

Entonces, recordó algo.

Recordó cómo los ojos de Eren brillaban cuando contaba sus anécdotas, las cosas que le habían gustado de los lugares que había visitado, las sensaciones que había experimentado o las emociones que había sentido al sacar fotos.

¿Por qué no podía plasmar esa emoción en palabras?

Quizás el moreno era alguien demasiado pasional. Eso debía ser, las sensaciones se desbordaban y no sabía por dónde empezar. Había vivido tantas cosas que se le debía hacer casi imposible relatarlo en palabras.

—Y si… —comenzó a decir, acariciando sus cabellos—. ¿Me cuentas lo que pasaste en Etiopía?

Inmediatamente los ojos verdes brillaron.

— ¿No te aburrirás porque te cuente mis cosas? — se incorporó, emocionado, dejando la Macbook encima de la mochila y girándose para verlo cara a cara. Levi cruzó sus piernas en posición de loto, colocando la computadora allí.

—No creo aburrirme, hiciste muchas cosas interesantes.

Eren, con la emoción desbordándole los poros, tomó su rostro de las mejillas y le dio un beso.

Luego, las horas pasaron escuchando los apasionantes relatos del castaño.

-x-

—… ¡Y te lo digo! La anciana que me dio esas sales relajantes era demasiado extraña. Tenía la ropa hecha jirones pero completamente limpia, de muchos colores. Además, leía el futuro. —recordó—. Me había dicho que iba a tener suerte, e iba a encontrar lo que tanto buscaba lejos mucho más cerca de lo que esperaba. — dijo, con confusión. Las palabras todavía no se le hacían demasiado claras en la mente. No sabía si era porque esa mujer no sabía hablar bien el inglés, o porque le había dicho cualquier cosa con tal de tener esos diez birres.

— ¿Y ella tuvo razón? — le preguntó, terminando de typear en la computadora. Levantó la vista, encontrándose con la gran sonrisa del tipo—. Con las cosas que te dijo.

—Bueno, la verdad no les encontré demasiado sentido. Pero, creo que con lo de la suerte tuvo razón. — sonrió de esa manera tan hermosa que tanto le molestaba a Levi. Este bufó, guardando el archivo. Giró la computadora, mostrándole al castaño el texto—. ¿Qué?

—Tus palabras, no las mías. — aclaró, mostrándole el producto. Todo lo que había relatado Eren lo había sintetizado, filtrado y escrito—. Supongo que servirá…

— ¡Dios, Levi! — Exclamó, de repente—. ¡Te amo! — Lo abrazó, llenándole de besos el rostro. Miró esos ojitos grises con motas azules, enmarcados por esas pestañas negras en el hermoso lienzo que era su piel blanca. La devoción creció dentro de él, pensando que haría cualquier cosa por esa persona.

¿Cómo Levi se le había hecho tan especial en tan poco tiempo?

—Si, si… me debes una por esto. —camufló la timidez en su ser con esas palabras, desviando la mirada.

No podía soportar la sensación de ver la devoción absoluta que tenía Eren por él.

Eren se recostó entre sus piernas nuevamente, guardando el archivo y yendo directamente a la web para subirlo. Comenzó a vagar por sus carpetas de fotos, eligiendo las que más le gustaban de aquel maravilloso lugar. Miró la hora, sorprendiéndose.

Eran más de las seis de la tarde.

No sabía si Levi se había percatado de ello, pero faltaba solo una hora para que saliera de su trabajo, supuestamente.

Luego de clickear el "enviar" debajo de su documento, suspiró, satisfecho. Miró al horizonte, notando como los colores poco a poco iban descendiendo. Los lilas derivaban a rosa, y de rosa a violeta, escondiéndose entre los edificios casi negros por las sombras.

—Oye, amor. —llamó, con sopor. Su cuerpo se hallaba relajado.

— ¿Mhm? — sonrió como idiota, encantado al notar cómo Levi había respondido sin peros a su llamado con tal apelativo amoroso.

— ¿Me das tu celular para sacar una foto? — su voz, pastosa, hizo que Levi soltara una pequeña risita.

— ¿Tan cansado, titán? — se burló, consiguiendo una sonrisita cansada en los labios del moreno.

De esas peligrosas. Esas que hacen querer besarle dejando de lado todas las trabas y pensamientos.

—Estar cerca de ti me hace bien. Me hace sentir relajado…

— ¿Para qué quieres mi celular? — le interrumpió antes de que siguiera con sus palabras melosas y extrañas.

No, Eren no podía sentir tales cosas en tan poco tiempo.

Estaba jugando. Estaba confundido. Él también lo estaba al creer que ese incómodo burbujeo en su estómago y ese calor en su rostro eran algo así parecido al amor. No, claro que no. Era un simple gusto.

—Porque quiero sacar una foto, ya te lo dije. — pilló una de las manos de Levi, acariciando sus dedos con ternura. La miró, y nuevamente no pudo evitar pensar lo lindas y pequeñas que eran comparadas con las suyas.

—Sácala con el tuyo. — trató de retirar su mano apresada. Eren la dejó ir con dolor.

—Está en mi trasero. — rió un poco, mirándolo a los ojos. Levi desvió la vista de su interesante libro para desafiar esos ojos verdes—. Mi cámara está en el morral que dejé en la camioneta, y realmente quiero sacar una foto.

— ¿Tanta es tu necesidad? — bufó, molesto.

—Si no saco esta foto moriré.

Las miradas continuaron por unos segundos.

—Está bien. —cedió, pasándole su Samsung galaxy. Eren le lanzó un besito, abriendo su cámara y enfocando el paisaje. Por suerte el celular de Levi tenía buena resolución, sino se hubiera golpeado la cabeza.

Odiaba tener una escena hermosa en frente y no poder retratarla de manera correcta.

Luego de sacar un par de fotos, con el sol pegándole en el rostro por su posición, miró de nuevo a su amor. Estaba concentrado en ese condenado libro, que parecía robarle la atención.

¡Él quería esa atención, joder!

Cuando iba a tomar medidas, una vibración en su mano le detuvo. Era el celular de Levi. La bolita de mensajes en facebook tenía un uno al lado.

Iba a pasárselo para que revisara, pero pudo reconocer la foto de perfil del remitente.

Era ese extraño rubio que había osado tocar la cintura de su francesito.

Con los celos bulléndole por la sangre y expandiéndose por todo su sistema, activó la cámara frontal y se levantó. Antes de que Levi pudiera reaccionar, se puso mejilla con mejilla luciendo una de sus mejores sonrisas.

—Sonríe. —indicó. Levi solo miró a la cámara. Acomodándose más cerca de Eren. Este sonrió aún más grande al notar cómo era correspondido. Sin pensarlo dos veces, tocó el botón táctil para sacar la foto—. Saliste hermoso, como siempre.

—Ajá, si claro. — no le prestó demasiada atención.

A Eren eso le vino como un guante.

Procurando no ser sospechoso y sin que Levi se diera cuenta, entró a la aplicación de facebook, tratando de contener sus ganas por abrir ese insolente mensaje de aquel rubio. Fue al perfil de Levi Ackerman tocando el deseado botón de "cambiar foto de perfil"

No podía aguantar más ver esa foto de su francesito junto aquel bribón.

Sabía de sobra que su amor la había puesto para alejarlo, para darle a entender implícitamente que dejara de joder, pero, joder. Era Eren Yaeger. El tipo más terco que ese francés fuera a conocer en su gloriosa vida rodeada de queso y vino.

La cambió por la que se habían sacado recién.

Esa era una foto mucho más bonita que la que tenía con aquel rubio. Seguro.

Quiso etiquetarse, pero al no tenerlo agregado, no pudo.

Sonrió. Bueno, una travesura más no hacía mal a nadie.

Abriendo el Messenger —ignorando nuevamente a aquel rubio—, fue a sus mensajes. Comenzó a escribir.

Se auto-envió una solicitud de amistad, sintiendo vibrar su celular en el bolsillo trasero del pantalón. Tratando de no llamar demasiado su atención, aceptó la anhelada solicitud de amistad. Aunque no fuera enviada por su francesito.

Bueno, era lo mismo.

Le envió un mensaje de respuesta. Luego volvió entrar al celular de Levi y se auto-etiquetó.

¿Debería ir hasta el final?

Ya con todo lo que había hecho, no creía que Levi tuviera manera de enojarse más. Así que, siguiendo sus impulsos celosos, envió una solicitud de relación.

Sonrió satisfecho al ver en su muro "Levi Ackerman y Eren Yaeger tienen una relación"

— ¿Qué tanto haces con mi celular? — casi da un saltito al escuchar la voz de Levi. A la velocidad de la luz, cerró facebook y bloqueó el dispositivo—. Mas te vale no haber hecho nada.

—No prometo nada. — sonrió, guiñándole un ojo. Levi lo tomó con sospechas, aún así, sin desbloquearlo para inspeccionar.

El sol se terminó de esconder. Ese halo de luz que los iluminaba agradablemente se disipó. Se acomodó tranquilamente, sintiendo el reconfortante calor de Levi contrastando el frío ambiente.

Una vibración en su mejilla le hizo levantarse. El de pelo negro introdujo su mano en el bolsillo de vientre de su sudadera, extrayendo su celular.

Eren sonrió, volviendo a acomodarse.

— ¿Qué mierda? — le escuchó maldecir—. ¿¡Qué carajo hiciste!?

—No sé de que hablas. — enfocó la mirada en esos ojitos grises, que leían con rabia algo en el celular. Se levantó, viendo lo que tanta rabia le generaba a su francesito.

Ah. Era ese rubio.

"¿Levi? ¿Qué es eso en tu perfil?" Erwin Smith.

"¿Estabas con otro tipo?"

"No me parece nada gracioso"

"¡Respóndeme!"

Levi bufó, cerrando la aplicación. Abrió su facebook, hallando un montón de notificaciones. Le era sospechoso.

Al abrirlas, se encontró con un montón de me gusta a distintas publicaciones. Frunciendo el ceño, abrió las de la foto de perfil.

Miró feo al moreno cuando vio la —adorable, debía admitirlo—, foto con Eren. Su madre, Hanji, Isabel, varios compañeros de secundaria y gente desconocida —que aparecía cómo "Amigos de Eren Yaeger"—, habían visto esa imagen.

—Somos una pareja adorable ¿cierto? — provocó el moreno, conteniendo la risa. Se sentó, alcanzando el olvidado empaque con porciones de pastel. Lo abrió.

—"Levi Ackerman y Eren Yaeger tienen una relación". —leyó en voz alta. Se dio el lujo de desviar su atención de la caja para mirar el rojo en el rostro de su amor—. Eren… —se quejó, con la voz temblorosa.

—Pero, si tú me lo pediste. — quiso evitar que la sonrisa pícara naciera en sus labios, más le fue imposible. Levi, adivinando entre líneas, se fue a los mensajes de facebook. Abrió sus ojitos grises con horror.

—"Eren, lo siento por no haberte respondido y por haber tratado de alejarte de mí poniendo fotos con rubios feos en mi perfil. Te amo, por favor, acepta mi solicitud de amistad, y te ruego que aceptes la solicitud de relación, así todos saben que estamos juntos". —leyó en voz alta, conteniendo su furia. Miró al moreno, y cuando iba a replicarle, este metió una fresa entre sus labios.

— ¿Ves? Tú mismo me lo pediste.

Luego de recibir algunos —muchos—, golpes de parte de su francesito, no pudo evitar reír en el suelo al verlo recoger todas las cosas con apuro y furia, lanzándolas dentro de su mochila.

Su felicidad le inflaba el pecho. Levi había berreado y gritado por sus travesuras, pero, después de todo, no cambió la foto de perfil ni deshizo el anuncio de que tenían su relación.

Así que, sonriendo como un idiota, la pequeña esperanza de que Levi fuera su novio semi-oficial le hizo sentir como si mariposas carnívoras devoraran sus intestinos.

Y luego, cenando tranquilamente en un restaurante algo elegante, no pudo dejar de mirar el hermoso perfil de su amado. Sereno, grácil, aristócrata.

Definitivamente, se llevaría a Levi por el mundo. Aunque tuviera que atarlo y ponerlo en una valija.


Ups, se me escapó un dudoso impulso psicópata al final (?) Mal, Eren. Mal -esconde su obsesión con los yanderes-

Bueno, no tengo demasiadas cosas que decir... el tiempo se me consume...

Estoy en una parte medio difícil del fanfic, ya que es la parte más... lenta de todo esto. Aunque, no desesperen, ya falta poco. Falta poco.

Creo que me voy a sentir vacía cuando termine esta cosa :'(

Mucho, mucho, muuucho amor a todas las personitas hermosas que dejaron review ¡Superamos los cien!

No tengo mucho más que decir.

Dejen review o mueran.

Patatapandicornio!