Respire hondo. ¿Debía contarle? ¿Qué debía hacer? ¿Qué era lo correcto? Más lágrimas salieron de mis ojos haciendo que él volviera a hacerme la misma pregunta.

— ¿Qué te ocurre Katara? —

Trague fuertemente.
Solo me abalancé a él con todas mis fuerzas y lo abrace. Apretando mis ojos y rogando que las lágrimas dejaran de salir.
Él correspondió mi abrazo.
Seguramente él creía que esto era algo simple, que ya se me pasaría. Que era algo estúpido por lo que lloraba –pero aun así el estaría conmigo, apoyándome- y se quedaría hasta que pasara.
Sí eso creía, estaba equivocado.
Muy equivocado.
Esto podría darle a la vida de ambos un giro de 360° grados. Y no para bien.
Y si hay algo de lo que estaba segura es de que… Ambos le tendremos bronca y… odio a nuestra madre.
Por no contarnos absolutamente nada. Por hacer de toda nuestra vida una jodida y estúpida mentira.

— S-sokka…— murmure en su oído, con mi cabeza en su hombro— Nos mintió…—.

— ¿Qué dices? ¿Qué te ocurre? Ven, siéntate y cuéntame. — me separo de él, y esbozo una media sonrisa. Yo asentí.

Me senté en el sillón y él se sentó a mi lado. Aun sentía lágrimas recorrer mi rostro.

— ¿Por qué lloras tanto, Katara? ¿De verdad es tan grave? Vamos, cuéntame. —

— ¡Nuestra madre, nos mintió toda la vida! ¡Ella…— Grité. Respire hondo— Nosotros…Sokka…no…somos…

— ¡Sokka, llegue! ¿Estás aquí? — gritó Aang, entrando a mi casa. Mi hermano le había dado las llaves hace un par de días por ser alguien de confianza.

Maldita sea, ¿justo ahora debía venir, justo ahora? Lo odio.

— Eh, Aang, aquí estoy— respondió mi hermano— ¿Puedes esperar dos segundos? Katara necesita contarme algo.

— Pues, claro. — sonrió.

— ¿Entonces, que pasa, Katara?

—Suspire— Nada grave, Sokka… luego te contaré, ¿sí? Iré a lavarme la cara. — salí corriendo "disimuladamente" de allí, fui hacía el baño, pocos segundos después estando allí sentí a mi hermano y a Aang entrar a su habitación, yo me dirigí a la mía y me encerré.

— Mierda. — murmure por lo bajo. Lágrimas y más lágrimas salieron de mis ojos. Odiaba a todo, a todos. Quería desaparecer en ese mismo instante.

Mi vida había cambiado por completo en tan solo una hora que fue más o menos lo que tardo Toph en contarme "la verdad".
Iba a morir en ese mismo instante.
Necesitaba desahogarme con alguien. Y Suki no era una opción, era demasiado chusma. La amo, eso es cierto… pero jamás la considere como mi mejor amiga. Solo una amiga, solo eso. ¿Ty Lee? Siempre que le conté algo sobre mí se le "escapo". No volvería a contarle nada más.
Hasta que lo vi allí. Lleno de polvo encima, con miles historias dentro. No era una persona, y era mucho más que un simple objeto. Es mi diario íntimo.
Podía escribir toda mi vida en él y nadie se enteraría. Era la única opción que tenía para desahogarme al menos un poco.

Querido Diario:
Vuelvo a escribirte luego de dos años, dos largos años. ¿Y sabes? Me alegra saber que estas aquí siempre para mí cuando te necesito. Aunque ahora, la palabra "alegre" es la que menos me describe.
Estoy triste, me siento sola, tengo todo y a la vez nada. Viví toda mi vida en una jodida mentira. Mi madre, esa persona a la cual consideraba la mejor persona que podía haber pisado la tierra, me mintió e hizo de mi vida una mierda. Nada de lo que viví fue real. Sonrisas falsas, ocultas tras una inmensa tristeza.
Y no, no siento lastima por ella, ni tengo intenciones de perdonarla. La odio. ¡Diablos! La verdad es que… no sé cómo sentirme.
Esto no me está ayudando. Necesito a alguien. Discúlpame, querido diario, pero te escribiré luego.
Katara, si es que así me llamo.

Bien, no me había ayudado escribir a mi diario. Necesitaba hablar con una persona. Que me diga algo. Que pueda consolarme. Que me ayude a salir de este infierno en el que no tengo idea si podré superar. Que me aconseje.
¿Pero quién? ¿Quién puede? Nadie. Simplemente nadie.


— Sokka, estas muy distraído— dijo Aang— ¿Qué te ocurre?

— Katara… ella se veía horrible. — bajo su mirada.

— Pues sí, así es ella. — rio a carcajadas y cuando noto la seriedad de su amigo paro.

— No estoy bromeando, Aang. Tenía los ojos muy hinchados… y aun podía sentir que estaba llorando. Estaba peor que otras veces.

— ¿Y tú como sabes que es peor que otras veces?

— La conozco, es mi hermana.

— Seguramente fue Jet, o se peleó con Suki. Nada grave seguramente, tranquilízate. — sonrió, y su amigo correspondió la sonrisa.

— Oye, Aang…— hizo una pausa y continuo— ¿Podrías hacerme un favor?

— Claro, ¿Qué?

— Habla con Katara.

— ¿Q-qué hable con quién?

— Katara. Vamos, habla con ella.

— ¿Por qué yo, Sokka? ¡Se supone que tú eres el hermano, y tú debes hablar con ella! ¡No yo!

— Por favor…— hizo cara de perrito mojado.

— No caeré esta vez…

— Vamos Aang…— la profundizo.

— Odio esa cara horriblemente tierna. — Suspiro— Bien, lo hare, idiota. Hablare con Katara. Con una condición…

— ¡Gracias, eres el mejor! — Gritó sonriente— ¿Qué condición?

— Me harás dos ensaladas de fruta.

— Pero Aang, yo no sé…

— ¿Quieres que hable con Katara, verdad?

— Argh, está bien. Idiota.

— Tú eres idiota.

— Tú.

Y así comenzaron su gran guerra de almohadas hasta el anochecer. Sokka fue a comprar provisiones…


— Katara, ábreme. — gritó y toco su puerta. No podía creer que estaba haciendo esto por Sokka.

— Katara, por favor… abre la puerta. — primer intento.

— Katara, ¡que abras la maldita puerta! — segundo intento.

— ¡Mujer, no me obligues a usar la fuerza bruta! — tercer intento.

— Bien, ¡tú me obligaste! — tiro la puerta de una patada.

La vio. Estaba durmiendo. Lentamente se acercó a ella y la observo en silencio. Parecía un ángel. Con su boca cerrada, era tan pero tan bonita. Podría mirarla toda una eternidad.
Hasta que noto que se había acercado muchísimo a ella.
Y paso lo peor.
Ella despertó.

— ¿C-c-c-c-cabeza de aire? ¿Q-q-q-qué haces aquí? ¡P-p-pervertido! — gritó y saco a Aang de una cachetada dejándolo tirado en el piso.

— ¿Pervertido? ¡Yo no soy el pervertido aquí! ¡Tú tienes la mente demasiado sucia!

— ¡Ah, con que no eres pervertido! Entonces explícame, ¿Qué carajo hacías en mi habitación a escasos centímetros de mi rostro?

— ¡F-fue un impulso!

— ¡Pues controla tus impulsos! — Se sonrojaron ambos— Y, un segundo… ¿Por qué mi puerta está rota?

— No me habrías y… tuve que usar mi fuerza bruta.

— ¡Claro! ¿Y ahora quien pagara una nueva puerta? ¿Tu "fuerza bruta" lo hará? — dijo sarcásticamente.

— Como sea… quiero hablar contigo, Katara. — dijo, poniéndose serio.

— ¿Qué quieres?

— ¿Por qué estas así?

— ¿Así como?

— Te ves muy triste. ¿Por qué? — dijo, sentándose a un lado de la morena.

— Prométeme que quedara entre nosotros todo lo que te cuente. Como hicimos la otra noche.

— Te lo prometo.

— Bien… aquí va…

— ¿Sokka no es tu hermano? ¿¡Qué diablos estas diciendo, mujer!? — dijo, algo triste. Aun no podía creer lo que Katara le había contado.

— Una parte de mí no quiere creerlo Aang, pero yo... estoy segura de que es verdad.

— No sé qué decirte…

— Ayúdame. — exploto en llanto, de nuevo.

— Tranquilízate, Katara…— la abrazo, a lo que esta se quedó algo paralizada por la acción— Te ayudare con lo que necesites.

— ¿Lo prometes? — salió de su estado de shock.

— Sí, es una promesa.

La castaña correspondió el abrazo. Se quedaron así por un par de segundos, hasta que ambos se apartaron al mismo tiempo con un leve sonrojo en sus mejillas, Aang salió de la habitación y fue a la de Sokka a esperarlo, Katara, por otra parte, ya no se sentía sola.


Sí, lo sé, está demasiado corto y tarde una eternidad en subirlo. Lo siento. Los exámenes me tienen hasta la medula, pero por suerte aprobé todos, menos el de biología, tsk, odio biología.
En fin, prometo que esta vez no tardare mucho en subirlo, de verdad. Trust me.
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