Hola... *sale de la oscuridad(?)*
Lo sé lo siento, se que me iré al infierno y no los culpo si me odian, pero me fui de casa desde el jueves y no lleve la laptop para escribir ya que estaría con unos parientes de por ahí (unos tíos abuelos que desconocen el internet :v) y pos ya saben el resto, llegué ayer a las 11 pero estaba muy cansada para escribir y lo deje para hoy.
Espero les guste y no me odien por si esto se vuelve a repetir *La abuchean y le tiran cosas* ay bueno, creo que solo somos yo y mis sentimientos ;n; Kuroko no Basket no me pertenece~
Adv: Aomine un poco fuera de sus cabales; mención de violación al final.
Celos
Aomine Daiki x Kagami Taiga
La sangre le hervía como si fuera agua caliente. Su ceño se mantenía fruncido, tanto, que sus cejas parecían estar a punto de juntarse. Sus labios se encontraban apretados, y dentro sus dientes estaban casi topando unos con otros a tal punto de rechinar. Su mirada transmitía furia, inconformidad, y sobre todo, celos.
Celos al ver que su adorado Kagami estaba siendo tocado por ese rey sin corona.
Y lo peor de todo era que el pelirrojo dejaba tocarse, así nada más. ¿Qué acaso Kagami no podía ver las dobles intenciones de ese sujeto? Ese castaño siempre, absolutamente siempre se encontraba tocando al diez cada vez que venía a Seirin.
Unas veces era en la espalda, otras en los hombros, algunas en el pecho, y para rematar le acariciaba el cabello. Y claro, lo único que Kagami hacía era reír levemente con un bello sonrojo en sus mejillas. Pero pobre de él que quisiera tocarlo, porque el pelirrojo se cabreaba hasta límites insospechados y le decía todos los insultos que se sabía.
- Buen trabajo Kagami – Y ahí estaba de nuevo, aquel idiota con sus sonrisas idiotas tocando a Kagami con sus idiotas manos. Como lo odiaba.
- Muchas gracias, Kiyoshi-senpai – Y como siempre, ahí estaba Kagami, dejando que aquel idiota le toqueteara. Estúpido Kagami que no se percata de nada.
- ¡OI! – El grito que salió de su boca fue casi de manera automática, sin su consentimiento, y en el momento en el que Kagami se giró para mirarlo se arrepintió de haber gritado sin nada en mente. A veces odiaba sus celos por hacerle pasar momentos vergonzosos.
- ¿Aomine? – Obviamente la duda en el rostro de Taiga era evidente. ¿Qué rayos hacia el moreno parado en la puerta del gimnasio de la preparatoria Seirin? Aunque considerando que lo había venido a buscar desde hace algunos días, no debía verse tan extrañado.
- Aomine-kun ¿Qué te trae por aquí? – Fue la respuesta del castaño acompañada de otra de sus sonrisas. Maldito imbécil, a él ni siquiera le habló.
- Vengo por Kagami – Contestó secamente, mientras parecía lanzar dagas gélidas por medio de la mirada. Mismas que el siete de Seirin no notó. Daiki se cabreó aun mas al no poder transmitirle al chico el odio que sentía.
- Es todo por hoy, pueden retirarse – Dijo Riko cuando notó la tensión que se formaba en el lugar, por lo que se apresuró en correr a todos. Nadie quería ver a Aomine Daiki enojado – Puedes irte Kagami-kun.
- Esta bien, hasta mañana entrenadora – Dijo el pelirrojo mientras iba por su maleta. Ni se molestó en cambiarse o ducharse, ya que seguramente Aomine venía por él para tener otro de sus uno contra uno. Entonces no tenía sentido arreglarse si volvería a sudar.
Kagami tomó sus cosas para ir camino a la puerta del gimnasio, en donde el moreno le esperaba apoyado de costado en el marco de la puerta. Una vez que los dos chicos se esfumaran de su campo de visión, Riko finalmente pudo suspirar, y dirigiéndose hacia Teppei le dijo con voz un poco nerviosa.
- Deberías alejarte de Kagami-kun.
- ¿Eh? ¿A qué te refieres Riko? – Contestó el despistado castaño. Aida suspiró antes de negar con la cabeza.
- Nada Teppei.
Después de que ambos ases salieron de la preparatoria Seirin, se dirigieron en camino a una de las canchas callejeras de por ahí. Curiosamente no había nadie, y tal vez era debido a que se encontraban en ese encuentro demasiado tarde. Y todo fue culpa de la entrenadora por hacer el entrenamiento muy exigente.
Kagami sacó de su maleta un balón de baloncesto, y no pasó mucho para que él y el cinco se pudieran en posiciones para comenzar el pequeño partido. Claro que en medio del juego a Aomine se le ocurrió la brillante idea de hablar.
- Kagami – Llamó el peliazul, ganándose la atención del diez – No quiero que tu senpai se te acerque, ni que tampoco te toque – Finalizó con el ceño fruncido.
- ¿Aomine de que hablas? – Preguntó confundido el pelirrojo.
- Hablo de que no quiero verte cerca de aquel idiota otra vez – Su voz estaba cargada de celos, y su rostro se había vuelto sombrío, tanto que a Taiga le recorrió una corriente eléctrica por la espalda – ¿Entendido?
- Tú no me ordenas… - Murmuró Kagami indignado.
Fue la respuesta del pelirrojo que logró cabrear tanto a Daiki que dejó el balón de lado y se fue contra el diez. Si bien Kagami no supo en qué momento pasó cuando ya estaba entre la reja de la cancha y el fuerte cuerpo del moreno. Este lo tenía apresado, y parecía que no iba a soltarlo.
- Kagami, te lo voy a repetir una vez más – Siseó el de orbes azul marino, su rostro relativamente cerca del contrario – Aléjate de ese estúpido.
- ¡AHOMINE! – Rugió el tigre, no contento con la forma en que era tratado. Intentó deshacerse del agarre pero fue inútil, Aomine tomó ambas muñecas y lo dejó inmovilizado.
- ¡Me escuchaste! – Gritó el moreno, dejando atónito al pelirrojo por el tono con el cual le había exigido. Taiga bajó la cabeza, y no dijo nada. El peliazul soltó un bufido, quedando aun más cabreado de ser posible – Bien, si no quieres hacerlo por las buenas, entonces será por las malas…
Entonces fue como si todo en el mudo se detuviera para Kagami en el momento en el que el moreno fue por su cuello, besando, lamiendo, chupando y mordiendo cada pedazo de carne que encontraba expuesta, probablemente dejando marcas a su paso. Definitivamente no se esperaba esto.
- A-Aomine…
- De ahora en adelante, el único que te tocará seré yo, y solo yo – Masculló Daiki con los labios aun pegados al cuello expuesto del diez – Y si para eso tengo que abusar de ti, entonces lo haré…
- ¡No por favor! – Suplicó el menor mientras sentía que las fuerzas se le desvanecían y los ojos se le aguaban; cada vez iba cediendo a las caricias que se le brindaban. Se sentía débil y sin poder hacer nada, y para su desgracia parecía ser que Aomine era mucho más fuerte que él.
- Esto es lo que me obligas a hacer Kagami – Murmuró el más alto mostrando una mirada lujuriosa hacia el chico, la cual temblaba como gelatina – Ahora atente a las consecuencias.
Y como el cazador que era, se abalanzó sobre su presa para devorarla sin importarle nada. Después de todo, ¿Acaso no es así como funciona la cadena alimenticia?
¿Qué tal estuvo?
Se que la mayoria de las veces hacen que Aomine tenga celos de Himuro, pero esta vez quise que los tenga de Teppei c':
Nos leemos el martes~ :'v
