Mil disculpas por la tardanza chicas, sé que no es excusa pero apenas tengo tiempo libre con la de cosas que tengo que hacer, estoy bastante ocupada; pero sabéis que siempre actualizaré, tarde un poco más o tarde menos, pero lo haré.
Nuevo capítulo de esta historia. Echaremos un vistazo de cómo son Rosalie, Esme y Bella juntas… Miedo me dan esas tres. Y de Jasper... Ejem, la cosa se pondrá calentita. Ya no digo nada más. Espero que lo disfruten.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.
CAPÍTULO 14
Bella POV
Aun no podía creer que estuviera vistiendo una túnica como las que llevaban las mujeres en la antigua Grecia. Era de un color vino oscuro, con unos finos cordones atados alrededor de mi cintura. Sin nada más debajo de ella. Era tan extraño… Pero me gustaba la sensación de la tela sobre mi piel, el roce de la textura contra la sensibilidad de mis pechos, como la caricia de un amante. Había sido necesario este cambio de estilo tras el episodio tormentoso con Jasper en nuestra tienda; la ropa de ambos había quedado algo inservible después de que mi consorte me declarara todo lo que había estado silenciando por tantos años.
Jasper había partido hacia la batalla en compañía de unos cuantos de sus hombres y respaldado por el dios de tierras del Este y sus soldados; me había dejado bajo el cuidado de Esme – en contra de mi deseo de ir a la guerra – y en estos momentos me encontraba sentaba sobre uno de los cómodos cojines que estaban repartidos por las alfombras acariciando la cabeza de Naasir. Mi pequeño gato había llegado de palacio y se había acercado a mí en busca de mimos. Rosalie lo miraba con desconfianza, ella decía que estos gatos grandes eran "terriblemente feroces incluso cuando dormían", apenas se había acercado a mí o a donde me encontraba sentada desde que mi tigris hizo acto de presencia.
Estar rodeada de estas dos brillantes mujeres y en compañía de mi gatito hacía que la angustia por Jasper paliara ligeramente. Aunque la opresión que atacaba a mi corazón no era capaz de mitigarse. Sabía que debía tener más confianza en la destreza de Jasper, lo sabía. ¡Por todo lo que más quería! ¡Él era un dios! ¡El mismísimo dios de la Guerra! Para él, una batalla de este calibre era un simple juego de niños.
-Relájate Bella, los hombres regresarán sanos y salvos. – La voz de Esme interrumpió mis pensamientos. – Ellos son los mejores guerreros en este lado de las puertas.
-¡Sin duda alguna! Mi Emmett sabe manejar su espada muy bien… Y no solo me refiero a la que usa en el campo de batalla. – Rosalie sonrió de manera pícara y yo me uní a sus risas.
-¡Rose! – El tono de Esme sonaba ligeramente reprobatorio, sin embargo, el brillo en sus ojos y la curva hacia arriba de la comisura de sus labios nos hacía saber que la broma de Rosalie era bien recibida.
-¿Qué? ¿Acaso vas a negar que nosotras no hablamos de estas cosas? ¡Dios de la Guerra! En la última Luna Roja bebiste tanto hidromiel que provocó que me dijeras todos aquellos detalles jugosos y sucios que tu querido Carlise hace… - Rose me miró y me guiñó un ojo. – Desde entonces mis ojos ven con otra perspectiva al rubio… Sobre todo cuando te besa con lengua. Esa lengua… Debería ser patrimonio universal. – Rosalie suspiró con ensoñación mientras batía rápidamente sus pestañas de manera inocente.
Ya no pude contenerme más, una estruendosa carcajada salió de mi pecho e hizo que Naasir levantara la cabeza asustado.
-¡Rosalie de Emmett! ¡Eres una desvergonzada! – Las mejillas de Esme brillaban furiosamente, creo que lo hacían incluso mucho más que las mías. – El hidromiel se me había subido a la cabeza y apenas recuerdo lo que dije. Y tú bebiste tanto o más que yo, ¿cómo puedes acordarte de esas cosas? – Rose se rio ante el tono bochornoso de Esme. – No es justo.
-Quizás… - No sabía si podía tomarme estas libertades pero no me importaba. – Es que la dejaste tan asombrada con las virtudes de Carlise que ella quiere lo mismo con Emmett. – Dije tímidamente. Nunca había tenido una conversación de este tipo con nadie, porque apenas tenía amigas con tanta confianza como para hacerlo.
-¡Bella! – Chilló indignada Esme. - ¿Tú también? ¿Pero qué voy a hacer con vosotras? – Esme alzó las manos a modo de plegaria mientras miraba hacia arriba como pidiendo paciencia. – No te dejes engañar Bella, Rosalie y Emmett son tanto o más peores que Carlise y yo. Una vez rompieron hasta la pared y aparecieron en el jardín de tulipanes. Me destrozaron todo el parterre con los escombros y sus cuerpos. – Dijo Esme mientras fruncía el ceño a la vez que se reía ante la cara avergonzada de Rosalie.
-Eso no fue queriendo… - Trató de defenderse ésta última.
-Claro que no lo fue, pero tu querido compañero siguió "manejando su espada" aun con la pared destrozada y en pleno jardín. Eso sí fue queriendo, querida.
Yo me reía a carcajadas en estos momentos. Imaginarme esa situación entre Rosalie y el serio guerrero que nos había encontrado a Esme y a mí en los límites del bosque no tenía precio. Ahora era Rose la que estaba sonrojada y Esme reía abiertamente. Naasir nos miraba de manera desconcertada respecto a nuestra charla. Mi pobre gato era un fiero inocente.
-¿Y por qué no dices nada de Bella? Apuesto a que ella y el Dios nos dan mil vueltas a las dos. – Rose me miraba con una expresión inocentemente traviesa, a la espera de alguna respuesta por mi parte. El guante estaba lanzado.
Mi respuesta fue sonrojarme y retorcer repetitivamente el cordón de mi vestido. – Jasper es… Un experto. – Suspiré al recordar que Jasper me aventajaba miles de años y a lo largo de su existencia había tenido a incontables mujeres, en cambio yo estaba comenzando a abrirme paso en el mundo del placer. – Es el dios de la Guerra Rose, ¿cómo crees que maneja su espada muchacha? – Pregunté sonriendo traviesamente. – Por no hablar de su don de lenguas. – Terminé de decir entre risas nerviosas.
Tanto Esme como Rosalie me miraron con los ojos abiertos de par en par. Sorprendidas por mi valentía de decir aquellas palabras.
-Eso… Eso… Ay Dios. Eso me deja totalmente descolocada y tremendamente… ¡Impaciente! ¡Quiero que regrese Emmett ya! – Rosalie se abanicó con sus manos teatralmente mientras me miraba y me sonreía con complicidad. – Gracias Bella, sabía que nuestro Sire era un buen amante pero ver lo satisfecha que tiene a su consorte lo hace ver un amante fabuloso. – Se rio. – Mira a Esme, aun no sale de su asombro.
Miré a Esme con preocupación, su cara seguía con una expresión de estupefacción. – ¿Esme? – Pregunté.
-Por eso estás usando otra ropa… El Sire ha tenido su ración de ti… - Esme dijo en voz baja con un tono de timidez a la par que de admiración. – Y tú… Tú también estás igual de hambrienta que él. – ¿Qué demonios? – Él tampoco tenía la misma camisa de antes cuando te dejó aquí. ¡Oh dios mío! ¡Es maravilloso! ¡Rosalie! Bella y el Dios son mucho peores que tú y Emmett. Mi pobre jardín de tulipanes… - Suspiró mientras meneaba la cabeza de un lado a otro.
Rose rompió a reír a carcajadas y cuando asimilé las palabras de Esme como una pequeña broma también me uní a sus risas. Me gustaba este ambiente alegre y relajado, era divertido sentirme así con estas dos mujeres. Sabía que en ellas podría encontrar a un gran apoyo.
El tiempo pasó singularmente rápido, no tanto como me hubiera gustado pero sí lo suficiente como para no sufrir un ataque de nervios a la espera del regreso de Jasper. Aunque Rosalie y Esme lo disimulaban muy bien, también estaban algo inquietas por la ausencia de sus compañeros. Ellas alegaban que ya estaban acostumbradas a ello pero que siempre les quedaría un resquicio de incertidumbre por su partida. Supongo que con el paso del tiempo yo actuaría de la misma manera.
Sin darnos cuenta, la noche cayó sobre los cielos acompañada de la oscuridad interrumpida de los estruendosos truenos. La segunda noche del Samhain llegaba a nosotros, haciéndonos conocedores de que las festividades estaban cercanas a finalizar y que esta guerra sin sentido pronto llegaría a su desenlace. Moría de ganas por ver a Jasper luchar, sin duda alguna él sería un magnífico guerrero… Deseaba que algún día pudiera estar a su lado en la batalla, aunque a él no le hiciera nada de gracia.
Rosalie intentaba que mi mente abandonara el ligero temblor subyacente por los truenos, ella nos contaba acerca de cómo era crecer en este lado de las puertas. La oscuridad siempre unida con la belleza lejana de la soledad y la incomprensión. Su infancia estaba llena de alegría y felicidad junto a su familia y cuando fue lo suficientemente mayor, Emmett se presentó a las puertas de su hogar y reclamó su mano y su alma como su compañera. Ella decía que su madre andaba perdidamente enamorada de su Emmett y que su padre siempre ansiaba tenerlos en casa para poder exigirles que tuvieran nietos. Todo lo que narraba era tan común, tan convencional… ¿acaso los dos lados de las puertas del Samhain no eran tan diferentes?
Los relámpagos continuaban su danzar en los cielos, tronando sin descanso. Apenas era capaz de escuchar algún sonido procedente del exterior, es por ello que cuando vi entrar al pequeño dragón dorado por las puertas de la tienda mi corazón golpeteó ferozmente en mi pecho.
-¡Amita! – Fafnir se lanzó hacia a mí y entrelazó todo su cuerpo dorado en el mío, dejando su cabeza reposar sobre mi hombro. Naasir gruñó en desacuerdo a la situación, el dragón lo había movido de su confortable sitio para ocupar mayormente su lugar. Le sonreí a modo de disculpa y toqueteé su cabeza mientras acariciaba el lomo de Fafnir. – La he echado de menos, ama. En cuanto la batalla ha terminado, he venido a verla.
-¿Estuviste en la lucha? – Le pregunté sorprendida por el dato. Creía que él se había quedado por el campamento como había hecho Naasir. - ¿Y dónde está Jasper?
-Oh sí, sí que estuve amita Bella. Yo soy el dragón del dios de la Guerra, mi deber y honor está en acompañarlo en cada confrontación. El amo Jasper acaba de llegar al campamento junto al resto de guerreros y se ha ido directamente a su tienda.
El disgusto afloró en mi interior, ¿ha llegado de la lucha y ni siquiera se ha dignado a venir a verme? Yo estaba aquí muerta de preocupación y a él no le importa ¡nada! Mis ojos se entrecerraron por la indignación y miré hacia Esme que me miraba con calma.
-¿Por qué se ha ido a su tienda Fafnir? Nosotras estábamos aquí con Bella esperando a su regreso, tanto el del Sire como el de nuestros compañeros. – Esme sonó tranquila, sin ningún signo de alteración. Ella no quería que volviera a enfadarme y tener un ataque de ira para terminar actuando inconscientemente.
-Emmett y Carlise se han quedado con el dios de la Destrucción para encargarse del traslado de los guerreros caídos. – Fafnir se movió de mi regazo y miró con tristeza a Esme. – Solo han sido tres de nuestros hombres y diez de los del dios Eleazar pero son guerreros caídos en batalla. Merecen una despedida honorífica. – La voz del dragón tembló con aflicción, era un ser aterrador pero a la vez tan sensible. Las dos caras de una misma moneda.
-Ellos serán recordados por siempre. – Dijo Rosalie seriamente de manera solemne.
-Lo serán. – Corroboré.
-¿Y el Sire? ¿Por qué no ha regresado aquí? – Demandó Esme de nuevo.
-El dios Jasper no ha venido a recoger a la amita Bella porque le daba vergüenza.
-¿Vergüenza? – Pregunté alucinada. ¿Jasper actuando de manera avergonzada? ¿Conmigo? – ¿Por qué?
-Él… - El pequeño dragón parecía nervioso. –El amo… Él no quería ser visto por la ama después de la batalla. Le daba vergüenza que lo viera cubierto de la sangre de los enemigos.
Y la pieza en mi mente hizo clic. Jasper no quería que lo viera en esa faceta, él no quería asustarme. El ligero enfado desapareció de mi sistema para dar paso a la ternura, ¿cómo iba a verlo con repulsión tras una pelea? Él era mi consorte, mi compañero. Siempre lo aceptaría en cualquiera de las circunstancias que nos encontráramos por el camino.
-Oh… Eso es… Dulce. – Dijo Rosalie sonriendo.
-El amo me ordenó que no mencionara nada… - Fafnir me miró fijamente, implorando silenciosamente que no dijera nada. – Pero no puedo negarle nada a la amita Bella.
Si un dragón pudiera sonrojarse estoy muy segura que en estos momentos Fafnir lo estaría. Sonreí con dulzura y acaricié su garganta, la cual comenzó a ronronear de gusto por mis atenciones. – Mi pequeño dragón dorado, tu secreto está a salvo conmigo y con ellas. Jasper no se enterará que nos lo dijiste.
-El amo es muy orgulloso, no quiere que nadie sepa que puede llegar a ser… Dulce. – Las dos mujeres y yo reímos ante el comentario. – Pero lo que él no sabe, es que los más allegados a él sabemos que con respecto a la amita el dios Jasper es un saquito de azúcar.
Todos en la tienda nos desternillamos por sus palabras. ¿Jasper un saco de azúcar? Nunca hubiera hecho esa analogía tan cursi respecto a mi compañero. Él se parece más al chocolate, dulce pero con un toque amargo que lo convierte en adictivo… Creo que estoy divagando un poco. O quizás mucho. Los nervios por ver a Jasper me están ganando terreno.
-Será mejor que vaya a verlo. – Anuncié mientras me levantaba de los cojines con Fafnir en mi regazo. Naasir se levantó también y se pegó a mi pierna izquierda. – Él no necesita mantenerse alejado de mí después de una contienda. Soy su consorte, yo voy a donde él esté.
Rosalie suspiró como una adolescente enamorada mientras me sonreía y Esme me miraba con orgullo. – El Sire no ha podido encontrar mejor compañera que tú, Bella. Eres merecedora de ser llamada Dama.
-Te acompañarán hasta la tienda Fafnir y tu tigris. Ellos serán los mejores guardaespaldas habidos y por haber. – Dijo Rosalie.
-¡Por supuesto! Yo llevaré a la amita Bella hasta el Amo. No le pasará nada en todo el trayecto. ¿Verdad gato grande? – Preguntó el dragón dorado a Naasir. La única respuesta por parte de este fue un grave gruñido, por lo visto no le había hecho gracia el apelativo por el que le llamó.
Fafnir me liberó por completo y empequeñeció un poco su tamaño. Nunca creo que sea capaz de acostumbrarme a esos cambios de envergadura del dragón. Él, Naasir y yo nos encaminamos hacia la salida, despidiéndonos temporalmente de mis dos amigas.
-Pásalo bien, Bella. Diviértete mucho con nuestro Dios. – Rose me guiñó un ojo y se rio cuando vio mis mejillas sonrojarse.
-¡Rosalie!- Esme la regañó como si fuera su madre. La relación de ellas dos era bastante divertida. – Bella, ya en serio, espero que te vaya muy bien con el Sire y no haya ningún problema. Si necesitas algo, estaremos a tu disposición. – Sonrió con cariño.
Sin detenerme a pensar mucho en mis actos, me moví a velocidad vampírica hacia Esme y envolví mis brazos por su cintura para darle un cálido abrazo. Me sentía querida y cuidada por ella y había surgido en lo más profundo de mi ser la necesidad de mostrarle mi afecto. La había pillado sorprendida, sus brazos tardaron un par de segundos en envolver mis hombros y acariciar mi espalda de manera maternal.
-Gracias. – Susurré contra su hombro.
-No tienes que darlas Bella, te mereces esto y más. – Me dijo al tiempo que me separaba de ella.
Me giré hacia Rose y le di a ella también otro abrazo, en las pocas horas que habíamos estado juntas ella me había parecido una persona excepcional y me había ayudado a sobrellevar la ansiedad de la batalla. – Gracias Rose.
-Es un honor estar a tu lado, Dama. – Rosalie acarició mi mejilla con sus dedos y me sonrió con cariño. – Deja suficientemente agotado al Sire como para que nosotras podamos tener nuestro tiempo de diversión con nuestros compañeros.
-Tranquila, lo haré. – Le dije entre risas.
Salí de la tienda acompañada de mi tigris y de Fafnir en dirección a Jasper. Yo solamente quería llegar a nuestra tienda para poder verle y tocarle como había hecho pocas horas atrás. Me sentía yo misma pero a la vez tan diferente a mí, ¿cómo podía ser capaz de dejarme llevar tanto por mis emociones? Yo siempre era tan racional, tan lógica… Pero con Jas todo eso quedaba borrado del mapa.
Cuando avisté a menos de veinte metros la tienda salí corriendo hacia ella, Naasir y el dragón dorado siguieron mi estela. Nada más llegar a la entrada, accedí al interior ignorando las palabras de Fafnir para que actuara de manera calmada. Cuando hube andado por ella hacia la zona más íntima de la tienda mi caminar paró en seco ante la visión que tenía justamente a poca distancia de mí. Jasper… Oh dios mío. Era la visión más atrayente que jamás había visto y a la vez la más… Contradictoria. Mi consorte se encontraba vistiendo únicamente unos pantalones negros de batalla, con una cinta de cuero trenzado colgada en su cuello en la que estaba el anillo que le había dado antes de la guerra y todo su pecho y brazos cubiertos de sangre. Podría considerarse un poco tétrico el verlo atractivo en un momento así, pero nada más importaba que su persona.
-Jasper… - Me atreví a decir con la voz ligeramente ronca por el deseo. Seguramente mis ojos se habían tornado completamente rojos; y mi garganta ardía por probar su decadente sangre.
-Bella… - Jasper tosió para intentar aclarar su garganta, su tono de voz también había sonado de manera áspera. - ¿Qué haces aquí? ¿No se te habrá ocurrido andar sola por el campamento cierto? – Indagó frunciendo el ceño.
-Vine acompañada de Fafnir y Naasir, ellos se quedaron afuera. ¿Y por qué vine? Porque mi lugar es donde estás tú. – Avancé hacia él con paso seguro, decidida a buscar el toque de su piel.
-Detente Isabella. – La voz autoritaria de Jasper hizo acto de presencia. Me detuve inmediatamente, esperando con la paciencia de un depredador a que su presa se relaje lo suficiente para avanzar un poco más. Mi consorte era un dios pero yo era un oscuro que no le tenía miedo.
-¿Por qué? ¿Por qué no quieres que me acerque a ti? ¿Es por la sangre? No me importa absolutamente nada que estés cubierto por ella. Tú eres mío Jasper. Siempre te aceptaré.
Traté de proseguir con mi avance pero justo cuando iba a llegar a la altura de la esplendorosa bañera Jasper se movió velozmente hacia el lado opuesto de la tienda.
-No vas a ceder, ¿cierto Isabella? – Volví a moverme y él hizo lo mismo, esto era como el juego del gato y el ratón. – Siempre has sido tan testaruda… - Su mano movió hacia atrás los mechones sueltos que se habían escapado de esa coleta alta improvisada que llevaba, dejando de nuevo al descubierto sus hermosos ojos azules, los cuales reflejaban la exasperación ante mi tozudez.
-Siempre has sabido eso de mí. – Di un paso más hacia él y como cabía de esperar Jasper se desplazó hacia el otro lado.
-No quiero manchar la pureza de tu piel con la sangre de nuestros enemigos. No quiero que nada más roce tu piel salvo mis dedos… Incluso odio saber que la tela de tu túnica acaricia tu piel más que yo… - Su ceño se frunció más cuando dijo estas últimas palabras, como si le disgustara decir en voz alta esa confesión. Apreté mis labios fuertemente en un intento en vano para paliar la sonrisa que produjo su revelación, mi Jasper era muy dulce incluso si él no quería confesar que estaba celoso de hasta mi ropa.
-Entonces déjame limpiar esa sangre de tu cuerpo. No quiero verla en ti si no me deja tocarte como deseo. – Di varios pasos hacia él y esta vez no se movió de su lugar.
De nuevo, uno de sus mechones cayó sobre su mejilla y sin poderme resistir, lo eché hacia atrás, colocándolo detrás de su oreja. Jasper me miraba fijamente, atento a mis movimientos y teniendo cuidado de que la sangre no manchara mi ropa. Sus ojos se habían oscurecido como el azul de la noche más cerrada, siendo un claro síntoma de que el deseo se iba apoderando de él a cada gesto que realizaba hacia su persona.
Mis manos viajaron hacia la cinturilla de sus pantalones, rozando ligeramente la porción de piel de sus caderas, tocando los huesos de la pelvis… Sentirlos bajo mis dedos me hacían desear lamerlos y ver cómo reaccionaba Jasper. ¿Me dejaría él probar esa experiencia de mi boca en él?
-Déjame bañarte consorte. – Fue mi petición.
Sus ojos se abrieron por la sorpresa de mi atrevimiento, estaba siendo demasiado atrevida y la expresión desconcertada de Jasper era la confirmación de que no esperaba para nada mi proposición.
-Isabella… Vas a ser mi muerte, mujer. – Sus manos agarraron mi rostro y tomó mis labios en un ansioso beso.
Mientras nuestras bocas se devoraban, mis manos desabrocharon los botones que cerraban sus pantalones y las hundí dentro acariciando sus caderas y terminando en su trasero, el cual apreté con deseo lo que provocó un grave gemido por parte de Jasper.
-Niña traviesa… - Sus labios rozaron los míos a cada palabra y luego ambos sonreímos ante la situación.
Jasper se apartó de mí; obligándome, a mi pesar, a alejar mis manos de su cuerpo. Él se rio un poco más ante la visión de mi cara entristecida y me dio una leve caricia desde mi mejilla hasta mi clavícula. Sus manos tomaron la cinturilla de su pantalón y cuando iba a deshacerse de ellos… Simplemente paró. ¿Pero qué demonios?
-Las esponjas y el jabón están en ese pequeño baúl negro de allá. ¿Podrías ir a por ellas, Bella? – Sus ojos de zafiro brillaban con picardía, mostrando diversión acerca de una broma privada suya de la cual yo no era partícipe.
Tramposo.
De manera renuente, me giré sobre mí y me dirigí hacia el baúl que Jasper me había indicado. Detrás de mí el susurro velado de la ropa cayendo al suelo así como del chapoteo del agua llegó a mis oídos. Volteé lo más rápido que pude pero mi maldito compañero había sido mucho más raudo que yo y se encontraba plácidamente descansando en la bañera con agua humeante.
-Eso no vale. – Dije de manera enojada. Jasper alzó su cabeza del borde de la bañera y abrió sus ojos para mirarme de forma entretenida.
-¿El qué Isabella? ¿El qué no vale? – Su voz grave estaba bañada de risa.
-Yo quería verte. – Dije al tiempo que agarraba la esponja y el jabón.
-Tendrás tiempo para ello, consorte. – Respondió simplemente Jasper mientras me encaminaba hacia un lado de la bañera.
Las posiciones habían cambiado como normalmente eran y ahora yo era la que miraba desde arriba a él. Su cuerpo estaba mojado por el agua hasta la mitad de su torso musculoso. La maldita capa fina de espuma que había en la superficie del agua no me dejaba ver más de su cuerpo desnudo y eso no era nada justo. Con un bufido exasperado me moví hasta detrás de Jasper y coloqué las cosas encima de la toalla que descansaba sobre una mesita de madera. Tomé el pequeño banco que iba a juego con la mesa y me senté en él.
Inmediatamente la atmósfera que nos rodeaba cambió. La risa y la diversión dieron paso a una clase de anticipación bastante… Placentera. Nerviosa, alcé mis manos y comencé a masajear los fuertes hombros de Jasper, la tensión de toda la batalla se palpaba en cada de uno de sus músculos. Un fuerte suspiro procedente de él me hizo saber que mi masaje era bienvenido así que procedí a seguir con él en su cuello y en sus brazos.
-Eso se siente muy bien, Bella. – El susurró de Jasper sonó grave, peligroso, atrayente…
Sintiéndome segura de mi misma con lo que estaba haciendo, decidí tomar el jabón y mojarlo para conseguir espuma en mis manos, luego lo volví a dejar sobre la esponja y me dirigí de cabeza a mi disfrute personal. Comencé lavando sus hombros y luego su pecho, la sangre adherida a su piel se fue desvaneciendo poco a poco y Jasper cada vez que mis manos se movían por la extensión de su pecho se relajaba y tensaba al mismo tiempo.
Jasper giró su rostro hacia un lado y me miró por encima del hombro, sus ojos me abrasaron completamente cuando vi la pasión en ellos. – Quiero verte Isabella. – Demandó. – Cámbiate de sitio. – Era una orden, no una petición.
Cambié mi lugar a un lado de la bañera. Jasper tenía sus brazos apoyados en los bordes de esta y mis manos mojadas acariciaron al que tenían más cerca. Su mano se cerró en un férreo puño, mostrando el control que estaba aplicando sobre sí mismo para no tocarme. Volví a mirar su rostro y entre sus labios habían emergido sus filosos colmillos. Mi respiración se entrecortó y mis propios colmillos crecieron en mi boca, ejerciendo una ligera presión en mi lengua. El calor de la lujuria anegó cada vena de mi cuerpo y las brasas del fuego abrasador que Jasper y yo creábamos cuando estábamos juntos volvieron a avivarse cual ave fénix.
Sintiéndome cada vez más atrevida, dejé que mis manos vagaran por su antebrazo, su hombro y su pecho, todo ello sin dejar de mirar en ningún momento a los ojos de mi compañero. Jasper giró su mano para agarrar fuertemente el borde de la bañera cuando mi mano izquierda abandonó a la otra para descender por su abdomen lentamente, siguiendo el reguero de bello rubio que se dirigía a su ombligo y más abajo. Mis dedos giraron alrededor de la hendidura redondeada y ambos contuvimos la respiración cuando mi mano audaz bajó más allá vientre. Su erección me estaba esperando ansiosa, al igual que yo por tocarla. Cuando agarré su pene erecto Jasper soltó un siseo ronco y su ceño se frunció.
-Isabella… Estás jugando con fuego…. – Me avisó, sin embargo, no hizo nada por detenerme.
Mordí mi labio con nerviosismo mientras que mi mano comenzó a acariciar su polla arriba y abajo, a un ritmo lento y certero. Los ojos de mi consorte me tenían completamente embrujada, eran lo más hermoso del mundo para contemplar; sobre todo en estos justos momentos, cuando yo le estoy dando placer con mi mano. De manera osada, toqué su glande con el pulgar para sentir como el presemen emergía de su interior… Quería probar su sabor, quería sentir la textura de su duro pene en mi boca mientras oía a Jasper gemir. Quería eso y mucho más.
A causa de estos pensamientos mis colmillos se hundieron levemente en mi labio, provocando que dos pequeñas gotas de sangre emanaran. La respuesta de Jasper ante esto fue inmediata. Se echó hacia a mí, agarrando mi nuca fuertemente y lamió mi labio con su experta lengua para hacerlas desaparecer. Yo gemí ante su acto y mi mano se movió más fuerte y más rápida sobre su polla. Él jadeó ante eso y tomó mis labios en un beso devastador.
Jasper agarró firmemente mi cabello y me obligó a echar mi cabeza hacia atrás de manera ruda. – Vas a hacerme perder el control Isabella. – Gruñó cuando mi mano lo apretó ligeramente y comencé a moverla más rápida.
-Eso es lo que más quiero Jasper. – Le susurré con la garganta seca contra sus labios.
-¡A la mierda todo! – Bramó.
Con un rugido que hizo que mi piel se erizara, Jasper quitó rápidamente mi mano de su gran miembro, se alzó cuan alto era en la bañera y me tomó por la cintura para meterme de lleno en la bañera. Mi cuerpo se pegó completamente al suyo mientras mi vestido se iba mojando poco a poco; mis manos agarraron su cabello duramente a la vez que nuestros labios volvían al encuentro de un beso descarnado.
Jasper me mantenía firmemente agarrada por la cintura con un brazo entretanto que su otra mano masajeaba tenazmente mi culo. Yo moví mis caderas en contra de su erección y en un acto que ninguno de los dos esperó me separé abruptamente de él, me puse de rodillas frente a él y tomé con mis manos a su miembro y sus testículos. Jasper gimió y me miro atentamente, a la espera de ver mi próximo movimiento. Bajo mi palma, él estaba tan caliente y duro, tan suave y terso.
Estaba segura que mis mejillas estaban completamente rojas, al igual que mis labios; que quizás me viera ridícula con el vestido totalmente mojado y mi cabello algo alborotado por las manos de Jasper, sin embargo, a él parecía no importarle y al contrario de lo que yo pensaba mi imagen lo excitaba más aún.
Tomando la poca valentía que me quedaba en mi cuerpo, volví a acariciarlo hasta que vi el brillo de la humedad asomando por la abertura de la uretra; recogí con él índice la lechosa gota de rocío masculino y me lo llevé a los labios, saboreándola. Mi otra mano acarició al mismo tiempo el interior de sus muslos para ascender de nuevo y masajear sus bolas.
Jasper era tan diferente a mí, tan distinto. Sus piernas velludas, su estómago, su torso, sus brazos… Todo su cuerpo era terso y duro. Y sus manos callosas, las cuales eran lo más increíble que mi piel podría llegar a sentir. Me hacía sentir tan pequeña, tan femenina, tan mujer. De cada poro de su piel bronceada emanaba su picante esencia varonil y atrayente, mezclada con el aroma del jabón.
-Quiero más. – Sentencié.
Y ese fue el único aviso que le di a Jasper antes de lamer su glande. Él creo que no fue capaz de responder; todo su cuerpo se colapsó ante el primer roce de mi lengua sobre su miembro. Mi boca se movió hacia un lado, para acariciar con mis labios la dureza de su sexo, pasé mi lengua por cada vena marcada en el delicioso falo de mi compañero. Lamí de abajo a arriba su polla, entreteniéndome con el glande mientras degustaba el sabor de las lágrimas de semen.
Sentí como mi propio cuerpo se humedecía más y más, cómo mis pezones se erguían con cada chupetón que le daba y como mi centro se contraía por el anhelo de sentir en mi interior a Jasper. Decidida a seguir con mi plan, envolví con mis labios la corona de su pene y lo succioné. Una de las manos de Jasper agarró mi cabeza mientras que la otra se apoyó sobre mi hombro. Comencé a moverme, haciendo que su miembro se desplazara dentro y fuera de mi boca.
-Isabella… - Jasper gimió mi nombre y mi cuerpo ardió más aun al escuchar el placer inundando su voz. – Tu boca es algo así como el paraíso y el infierno a la vez.
Mi única respuesta fue hundir más su pene en mi boca, hasta que sentí como su glande tocaba mi garganta. No podía abarcar todo su tamaño con mi boca, era demasiado grande y no quería que me dieran arcadas, así que tomé con mi mano el resto y la moví a la vez que mi boca se desplazaba por su falo.
-Basta Isabella. – Demandó Jasper, sin embargo yo hice oídos sordos a su petición y continué saboreándolo.
Las manos fuertes de Jasper agarraron mi cabeza y marcaron un ritmo que provocó que más de su esencia se derramara en mi paladar. Mi mano tomó de nuevo sus testículos y volvió a masajearlos a la vez que su polla se hundía en mi boca. Gemí entorno a su miembro, provocando que la vibración hiciera gruñir a Jasper.
-Mierda Isabella, basta. – Yo no lo paré. Seguí sin importarme nada más. Saber que podía darle tal placer a este hombre tan imponente me hacía sentirme poderosa. – Joder, detente. – Y justo entonces Jasper tiró de mi pelo fuertemente y salió de mi boca.
Me arrastró hacia arriba y se hizo dueño de mis labios, mi lengua salió a su encuentro haciendo que se probara a sí mismo. Sus manos se desplazaron por mis hombros para agarrar las tirantas de mi vestido y bajarlas de un tirón bruscamente. Mis pechos llenos se mostraron ante él, sus manos los sostuvieron como si fueran una ofrenda a los dioses y los amasó con pasión. Yo gemí ante ello y supe que ahora era cuando Jasper había perdido por completo el control.
Dejando abandonados mis senos, tomó el resto del vestido y tiró de él hacia abajo, haciendo que cayera pesadamente contra el agua. Ni siquiera me había dado cuenta de que aun seguíamos de pie dentro de la esplendorosa bañera.
-Ahora es mi turno, consorte. – Murmuró Jasper con una sonrisa perversamente decadente.
Sin darme tiempo a asimilar su declaración, me agarró de la cintura y nos sacó rápidamente de la bañera. Me llevó hasta las pieles de la improvisada cama y me giró, dejándome apoyada sobre mi estómago. ¿Qué era lo que tenía en mente?
Algo expectante por lo que estaba por venir, me quedé completamente quieta, a la espera de un nuevo movimiento por parte de él.
-¿Jasper qué…? – Comencé a preguntarle.
-Silencio. Tú has hecho lo que has querido y he sido más que paciente cuando has estado disfrutando de mi cuerpo. – Será mandón. – Ahora me toca a mí hacer lo que desee contigo, Isabella. – Esas palabras eran mi sentencia al placer arrollador que solo Jasper podía causar en mí. – Ponte apoyada sobre tus manos y rodillas. Ahora.
Esto era tan excitante y atrayente. Tan desinhibido y decadente. Me coloqué como mi consorte me "solicitó" y eché mi cabeza a un lado para mirar sobre mi hombro. Pero antes de poder ver nada Jasper me dio una palmada en mi trasero.
-¡Jasper! – Grité con sorpresa.
-Nada de mirar. Cierra los ojos y solo siente Isabella. – La voz de Jasper no dejaba pie a la rebelión.
Su mano descendió por mi piel y se encontró con mi centro, el cual ardía por tenerlo a él. Sus dedos acariciaron mi clítoris en círculos y yo gemí ante ello. Él sabía lo que me gustaba, lo que me hacía desearlo aún más y era tan insoportablemente hermoso…
-Tan mojada, tan caliente e impaciente por mí. Eres todo lo que quiero Bella. – Y antes de que pudiera decir nada, su mano abandonó mi calor y me penetró con su duro miembro.
Ambos gemimos ante la unión de nuestros cuerpos y fue como tocar el nirvana. Jasper se inclinó hacia delante, haciendo que su pecho se pegara a mi espalda mientras una mano se apoyaba junto a la mía y su otra mano acariciaba mi cadera para ir moviéndose hacia mi clítoris, al que empezó a masajear al mismo tiempo que su polla comenzó a moverse dentro y fuera de mí. Sus envites eran certeros y fuertes, mi centro se contraía entorno a él a cada empuje que daba.
-Eres mía Isabella y eso jamás nadie podrá cambiarlo. – Susurró contra mi oreja, su aliento bañando mi cuello y el frío de mi anillo acariciando mi hombro con cada movimiento de nuestros cuerpos.
No pude ni articular siquiera una sola palabra, solo pude gemir y sollozar por el placer que mi consorte me proporcionaba. Y me dejé llevar… El orgasmo me arrasó por completo sin ni siquiera dejarme preverlo. Cuando mi respiración volvió a tener un ritmo más o menos regular, Jasper comenzó a moverse más rudamente, saliendo casi por completo de mí para volver a hundirse de nuevo hasta lo más profundo. Sus embestidas eran duras, firmes, bien calculadas; para hacerme volver al límite del placer.
Y lo consiguió.
Mi húmedo interior se apretó contra la dureza de él, comprimiéndolo con tal fuerza que Jasper también se dejó llevar en un orgasmo tan arrollador que pude sentir como cada uno de los músculos de su cuerpo se tensó. Haciéndolo rugir de placer.
Con las últimas fuerzas que nos quedaban, Jasper se echó hacia a un lado llevándome con él. Rodeando mi cintura con uno de sus brazos mientras el otro me hacía de almohada. Yo temblaba y respiraba agitada, esto había sido tan increíblemente asombroso. Me giré en sus brazos y acaricié su mejilla. Deslumbrada por la belleza oscura y lejana de mi consorte.
-Mi hermosa consorte. – Dijo Jasper en un arrullo bajo, resguardado en la intimidad surgida entre dos amantes.
-Mi consorte, mi guerrero. – Mi amor. Esas dos palabras no dichas hicieron palpitar fuertemente mi corazón.
Porque no había otra realidad más que esa, él era mi amor.
¡Listo! ¿Qué tal fue? ¿Les gustó? Ha sido un poco más largo de lo normal para compensarlas por la tardanza. Espero que les haya gustado.
¿Qué os ha parecido la charla de las chicas? Pobre el jardín de tulipanes de Esme… Rose y Emmett son tremendos.
¿Y nuestros protagonistas? Pff… Son increíbles. Tal para cual. Adoro a este Jasper y esa Bella siendo valiente… ¡Me encanta este par!
Espero que lo hayan disfrutado y les gustase. Ya me dicen lo que opinan.
Agradecer a: lemita26, marieisahale, shamyx, carlabordon90, Suu Cullen, helenagonzalez26-athos, Roxy Sanchez, cintygise, coni, Cat-Crimson. Muchas gracias por comentar!
Gracias a todas las que dieron a favoritos y a seguir a la historia, y de nuevo siento no poder actualizar tanto como a muchas de vosotras les gustaría. Un beso.
