Resaca
—¡Déjame en paz!
—No me digas eso, ¡hablemos! Ya te dije mil veces que lo lamento.
La chica ignoró la última frase y cerró con brusquedad la puerta tras de sí, una vez que ingresó al apartamento. Sus padres venían haciendo todo lo posible por serenarla, sin éxito. Ella solía ser una persona tranquila, pero cuando se enfadaba… —como era el caso— ¡sálvese quien pueda!
—No puedes ofenderte por siempre —murmuró Taichi, ingresando a su antiguo hogar.
—Pruébame… —musitó Hikari, entre dientes, desde el sillón y con los brazos cruzados.
Los dueños de casa intercambiaron miradas y decidieron dejar a sus hijos a solas para que aclararan sus diferencias.
—Yo también estoy molesto, ¿sabes? Me dolió mucho que me lo ocultaras… —hizo saber él, acercándose con cautela.
—Te aseguro que a Koushirou le dolió más el golpe que le diste.
Taichi rodó los ojos, recostándose contra una pared. A su juicio, su accionar había sido más que justificable. ¿Cómo se atrevía ese pelirrojo pervertido a tocar a su hermanita?
—¡No hagas ese gesto! —chilló la castaña, incorporándose—. ¿Crees que lo que hiciste estuvo bien, no?
Taichi mantuvo su postura e infló las mejillas, cual niño pequeño.
—¡Lo sabía! Me pediste perdón, pero no te arrepientes. —Hikari se quitó las alas y la aureola de su disfraz de ángel y tomó una chaqueta.
—¿Adónde crees que vas? —Taichi no obtuvo respuesta; en su lugar, su hermana le pasó por al lado sin mirarlo y salió del apartamento.
—¡Y ni se te ocurra seguirme! —Se escuchó del exterior.
Hikari bajó las escaleras a toda prisa hasta llegar a la calle, donde su marcha apresurada continuó. ¡Estaba tan molesta! No podía entender a Taichi. ¿Cómo era posible su comportamiento? ¡Ella ya casi cumplía dieciocho! Y él simplemente no podía entenderlo… No quería.
Pronto llegó a destino, intentó recuperar el aliento antes de golpear la puerta.
—¿Hikari? ¿Qué haces aquí? —quiso saber Koushirou, sosteniendo una bolsa con hielo sobre sus labios.
—Vine a ver cómo estabas —informó, ingresando a la casa de su novio—. No puedo creer que Taichi te haya hecho esto —se lamentó, abrazándolo.
—No es tan grave… —justificó el pelirrojo, dejando la compresa sobre la mesa y correspondiendo el abrazo.
—Eres demasiado bueno, Kou…
Al escuchar esa frase, el joven la apartó.
—No deberías estar aquí, es muy tarde.
—¿Qué dices? Ya he venido a estas horas antes…
—Escucha. —Él se puso serio de golpe—. Creo que no deberíamos vernos hasta hablar con Taichi.
A Hikari se le revolvió el estómago.
—¿Qué? ¿Ya no quieres verme?
—¡Claro que sí! Pero… obviamente él no aprueba esto y no me sentiría cómodo viéndonos a sus espaldas.
—¿Es una broma, no? ¡Nos hemos visto a sus espaldas todo el tiempo! Incluso cuando fue a casa de improvisto te escondiste en mi guardarropas.
—Lo sé, lo sé… Pero ahora es diferente. Sigue siendo mi amigo y no puedo estar contigo sabiendo que él no lo quiere.
Hikari ladeó la cabeza frenéticamente. No podía creer lo que le estaba pasando.
—Lamento que te sientas así —espetó de manera entrecortada, intentando que las lágrimas no abandonaran a sus ojos—. Pero ¿sabes qué? Él nunca va a aceptar esto…
Koushirou la miró incrédulo.
—Adiós.
—¿Mimi? —Takeru repetía su nombre para asegurarse completamente que se trataba de ella.
—¿Puedo pasar? —preguntó la joven en un susurro casi imperceptible. Él asintió y se hizo a un lado para dejarle espacio. Mimi fue derecho al sillón, donde se dejó caer bruscamente, como si su cuerpo le pesara toneladas. Takeru encendió la lámpara de la cocina, pero ella le pidió oscuridad… Él obedeció y la única luz presente era la que provenía de la luna llena que lograba divisarse por el ventanal, acompañada por la melodía de pop local que salía de la radio.
Takeru se quedó estático hasta que Mimi golpeó el espacio libre del sillón, indicándole que se sentara a su lado. Él sirvió un vaso de agua y tomó una caja de pañuelos desechables. Ella se acabó el líquido de un solo trago y secó sus lágrimas con algunos de los pañuelos. Takeru se sentó en cámara lenta, al tiempo que pensaba qué decirle. Demasiadas preguntas recorrían su cerebro a gran velocidad igual que los automóviles en las autopistas.
—Lo siento. —Fue la primera frase que ocupó sus labios—. Perdón por humillarte delante de todos.
—No me humillaste… —musitó la joven, recostando su cabeza en el respaldo del sofá—. No estoy enfadada contigo, no estaría aquí si así fuera… Gracias.
—¿Eh? —Él no entendió.
—Gracias por ser el único en decirme la verdad, aunque fuera de esa forma. Fui tan ciega… ahora todo tiene sentido. Todo lo que no entendía… por qué Yamato a veces se comportaba extraño y por qué Sora se alejó de mí… Cielos, ¿también fue por esto que te fuiste del apartamento? —quiso saber Mimi, volteando la cabeza para mirarlo. Él hizo lo mismo y asintió—. Ya veo, ¿siempre lo supiste? —El cerró los ojos y asintió nuevamente.
—Lo siento —repitió.
—Te dije que no estoy molesta contigo, Yamato es tu hermano… lo entiendo.
—Debí decírtelo antes —se lamentó Takeru.
—No. Ellos debieron hacerlo. ¿Quieres saber algo gracioso? Cuando comenzaste con tu discurso, yo estaba terminando con Yamato.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Nunca sospeché lo que ocurría, pero, algo en mí lo sabía… que él no era para mí, por más esfuerzo que yo hiciera. Además… —Mimi interrumpió sus palabras para tocarse el vientre. Takeru pasó saliva y la tomó de las manos.
—No importa, yo te ayudaré con el bebé. Trabajaré el doble, te daré lo que necesites.
Ella dejó escapar algunas lágrimas más, apretó sus manos y…
—No estoy embarazada —aclaró. Takeru la observó con los ojos desbordados.
—¿Cómo? —tartamudeó.
—Que no lo estoy.
—Pero me dijiste que…
—No te llegué a responder, Miyako apareció y me llevó a bailar con ella.
—Ah, ¿y la cerveza sin alcohol?
—¿Alguna vez me has visto beber? No lo hago, ¿entonces fue por eso que me sacaste la botella?
—Sí, yo… no sé si estar alegre o triste.
—Yo estoy aliviada. No estoy lista para tener un hijo y obviamente Yamato no está preparado para ser padre. Te seré sincera, si el test hubiera sido positivo le iba a dar otra oportunidad… eso fue lo que pensé hasta antes de enterarme de todo lo otro, claro está.
—Mimi…
—Nunca lo perdonaré. Tampoco a ella —dijo temblorosa, observando su mano manchada de pintura blanca. En ese momento su celular sonó—. Es papá, le diré que estoy bien.
Mientras Mimi hablaba con su padre —sin especificarle su paradero, puesto que no quería que fuera a buscarla— Takeru observaba la luna, él también se sentía aliviado.
—Lo apagaré —anunció la muchacha—, no quiero hablar con nadie más.
—Estás hablando conmigo —le recordó él, sonriendo.
Ella dejó el teléfono a un lado y se acomodó en el asiento, cruzando las piernas.
—Luego que te fuiste… no recuerdo demasiado lo que ocurría a mi alrededor. Sé que me senté en algún lado y vi a mi padre, Jou y Shin ayudando a mi mamá. Sora se me acercó, pero no tengo idea de lo que me dijo y la golpeé —confesó, mirando la palma de su mano con restos de la pintura proveniente del maquillaje de la pelirroja.
—¿Y Yamato?
—Hubo un problema con Taichi y él y alguien más lo estaban sujetando —dijo, luego de meditarlo unos momentos.
—Maldición.
—¿Qué?
—Mientras estaba ebrio expuse la relación "secreta" de Hikari y Koushirou.
—Oh, es verdad… Taichi estaba rabioso, casi irreconocible. No estoy segura, pero creo que llegó a golpearlo.
Takeru se tomó la cabeza con ambas manos, acababa de recuperar su amistad con Hikari y ahora lo había arruinado todo. Mimi siguió hablando.
—Mientras pasaba todo eso yo también aproveché para escapar. —Takeru levantó la cabeza—. Tomé mi camioneta y apreté el acelerador. En un momento reconocí el parque en el que tú… me besaste… y quise verte, así que me estacioné y busqué tu apellido y número de puerta en el portero eléctrico. Una mujer iba saliendo y entré.
El rubio sonrió, entre todo el caos ella lo había elegido.
—En verdad necesitaba a mi mejor amigo más que nunca —expresó la castaña, llorando nuevamente y abrazándolo y en ese instante Takeru comprendió que así era como ella lo veía y que eso no iba a cambiar.
Koushirou se limpió los ojos mientras se incorporaba. Parecía que alguien iba a tirar la puerta abajo. Hikari sí que era obstinada, pensó.
—Ay, Hikari ya te dije que… —comenzó él, abriendo la puerta. Pero no era la joven quien se encontraba allí.
—Hola —dijo Taichi, esquivándole la mirada. Koushirou tambaleó y se echó hacia atrás, temiendo lo peor—. No te asustes, no vengo a hacerte nada —aseguró, el pelirrojo se llevó la mano a su herida—. Bueno, nada más… solo quiero hablar, sé que es muy tarde, pero no podía dormir, ¿puedo pasar? —Sin muchas opciones aparentes, Koushirou accedió. Taichi ingresó y tomó asiento en una de las sillas de la cocina.
—¿Quieres beber algo? —preguntó el dueño de casa, a pesar de las circunstancias seguía siendo un buen anfitrión.
—No, gracias. Iré al grano, Hikari llegó a casa llorando y sé que estuvo aquí. —Koushirou cerró los ojos con fuerza y asintió, preparándose para otro puñetazo—. Relájate, dije que no iba a hacerte nada. Solo quiero que ella sea feliz y veo que tú haces eso posible —habló relajado, Koushirou abrió los ojos despacio y se sentó frente a él—. Cuando Takeru terminó con ella, estaba destrozada y me partía el alma pensar que no volvería a verla sonreír. Pero no fue así, Hikari se veía tan contenta al poco tiempo y ahora comprendo que fue por ti y te lo agradezco.
—No tienes que hacerlo, yo en verdad la quiero.
—Lo sé y ella a ti también. No deseo interponerme entre ustedes, no quiero que ella me odie… —dijo en voz baja, conteniendo la emoción.
—Hikari nunca podría odiarte, Taichi. Solo está molesta porque… reaccionaste mal y fue precisamente por eso que no te lo contamos antes, ¿entiendes? —Taichi asintió, con la vista fija en el suelo—. Y para que te quedes tranquilo: no soy como Takeru, mis sentimientos por Hikari están más que claros.
Taichi se puso de pie y Koushirou volvió a asustarse, para su grata sorpresa, lo abrazó.
—Cuídala por mí, sé que ya no es una niña…
—Lo prometo.
—Takeru… —Mimi volvió a hablar luego de un largo período de permanecer callada—. No quiero seguir causándote molestias, pero, ¿puedo dormir aquí hoy?
—Claro que sí, ven, te puedes acostar en la cama de mi mamá.
—Gracias… —dijo ella tumbándose, sin utilizar el cobertor; la noche era demasiado calurosa—. ¿Te quedarás conmigo hasta que me duerma? —pidió con voz de súplica, no quería estar sola con un techo desconocido. Takeru dejó los pañuelos en la mesita de noche y se tendió a su lado.
—¿Puedo preguntarte algo? —preguntó, cortando el silencio; ya había apagado la radio.
—Está bien.
—El asunto de la comida… ¿qué hay con eso?
Mimi giró sobre sí misma para quedar frente a él.
—Es verdad, no te equivocaste. —Quiso sonar íntegra—. Comencé a comer de nuevo cuando creí lo del embarazo, aunque mi cuerpo rechazó todo lo que quería incorporarle; falta de costumbre, presumo.
—Pero no entiendo, sé que siempre te preocupó tu aspecto y no creo que eso esté mal, pero además estudias cocina y...
Ella exhaló profundamente, hacía demasiado tiempo que no hablaba del tema.
—Es verdad, siempre me he preocupado por lucir bien y estar a la moda. Eso no es secreto para nadie. Pero cuando llegué a Estados Unidos me fue imposible adaptarme.
Takeru la miró desconcertado. ¿Cómo era posible oír eso de una de las personas más extrovertidas que conocía?
—Allá todo es muy diferente y me sentí ajena, a pesar de encontrarme en la ciudad multicultural por excelencia. Ustedes no estaban. La comida rápida supo consolarme. Fue muy difícil parar, hasta que miré mi reflejo en el espejo y me di cuenta de lo que me estaba haciendo. No pude controlarlo y me fui al otro extremo. Dejé de comer; no soportaba los comentarios de todos mis conocidos susurrando "está más gorda" y tampoco el hecho de que mi preciada ropa no me entrara. Mis padres se preocuparon —sollozó—, fue por eso que volvimos a Japón y funcionó… por un tiempo.
—Hasta que comenzaste a estar con Yamato —concluyó Takeru.
—No fue su culpa… Compartir tiempo con ustedes y estudiar cocina me hizo muy bien, pero no me curó. No sé por qué sigo haciéndolo, sé que no estoy gorda pero ¡no puedo parar! —estalló, buscando consuelo en el rubio nuevamente. Takeru inhalaba con toda su fuerza, intentando no quebrarse también, ella le apretaba la espalda y lloraba y lloraba. Hasta que eventualmente el sueño los venció.
—¡Fui tan estúpida!
—Hija, por favor deja de torturarte —pidió Toshiko, acostada a su lado, mientras le acariciaba el brazo.
—Estoy tan arrepentida… y Mimi siquiera dejó que me acercara.
—Trata de entenderla, Sora, tienes que ponerte en sus zapatos; seguramente tú hubieras actuado igual.
—Nunca me va a perdonar, mamá… —se lamentó, hundiendo el rostro en la almohada.
—Tiempo al tiempo, querida. Te dejaré para que intentes descansar —dijo, dándole un beso y poniéndose de pie.
Sora se giró y observó el techo de su cuarto. Las lágrimas se negaban a abandonarla. Bajó la vista hasta sus manos y al resto de su cuerpo. Se sentía sumamente sucia y recordó la recomendación de su madre de asistir a un retiro espiritual. Lo necesitaba. Sentía asco de sí misma y tenía que armonizarse internamente para luego intentar enmendar su error.
Debió haber manejado directo a su apartamento, darse un baño, dormir y por la mañana ir a buscarla. Pero Yamato decidió hacer todo lo contrario. Luego de algunas horas estacionado frente a la casa de Mimi y cuando comprobó que las luces se apagaron, llegó a la conclusión de que la castaña no iba a aparecer por ahí. Puso las manos transpiradas sobre el volante y arrancó el auto, intentando pensar dónde podría estar. Tenía que verla, la ansiedad lo estaba carcomiendo. Olvidando sus buenos modales y sin importarle la hora, fue a cada lugar donde pensaba que podría estar Mimi y luego de recibir regaños por parte de los padres de Hikari y Miyako y también varios insultos de los vecinos, nuevamente se encontró en cero.
A punto de darse por vencido, un último lugar pasó por su mente y su pie se fundió con el acelerador. Pasó varios semáforos en rojo y carteles de "Pare". No tardó en llegar a destino y su rostro palideció al ver la camioneta de Mimi. Bajó de su vehículo y subió las escaleras del edificio estrepitosamente, hasta que se detuvo frente a una puerta y sacó un manojo de llaves. Con dificultad —dado al temblor de su mano— y al cabo de unos segundos, que sintió eternos, pudo abrirla. Recorrió el lugar con la mirada, pero no había rastro de su hermano o de su ex novia. Ingresó sin preocuparse por hacer ruido y comenzó a llamar a Mimi a gritos. La susodicha abrió los ojos lentamente, sintiéndose confundida y creyendo estar teniendo una pesadilla; Takeru también despertó.
—¿¡Qué mierda es esto!? —chilló Yamato, no dando crédito a lo que veía.
Mimi lo miró incrédula y luego observó a Takeru y notó la posición comprometedora en la que se encontraban: los dos… juntos… acostados y abrazados. Su primer instinto fue separarse, pero no lo hizo. ¡No estaba haciendo nada malo! ¿Por qué tenía que justificarse? Por su parte, Takeru se puso de pie.
—Debes irte —le dijo lo más sereno que pudo. Yamato comenzó a gritar nuevamente, descontrolado.
—No tienes derecho… —susurró Mimi incorporándose, llamando la atención de ambos—. ¡No tienes derecho a venir aquí y exigir explicaciones! No te debo nada, ¿me oyes? ¡No quiero verte! —exclamó con todas sus fuerzas y a continuación salió corriendo hacia el baño, donde se encerró.
—¿Ves? Mimi no quiere verte y te aseguro que yo tampoco. Vete —le pidió Takeru, alzando un poco la voz. Yamato frunció los labios y miró hacia donde la joven se había resguardado. Caminó hasta ahí, para hablarte… Tenía que decirle algo, ¡lo que fuera! Pero las palabras no le salieron. Takeru se puso a su lado y una vez más le pidió que se retirara. Un "lo siento" apenas audible escapó de los labios del rubio mayor y finalmente obedeció el pedido de la joven y de su hermano.
Tras cerrar la puerta, Takeru exhaló con pesadez y se revolvió el cabello. Esa visita imprevista e inoportuna a las tres de la mañana lo había alterado.
El llanto de Mimi no tardó en atravesar puertas y paredes, causando que Takeru se acercara al baño y le preguntara si necesitaba algo.
—¿Se ha ido? —Fue la respuesta que obtuvo.
—Sí… y tranquila que no volverá —aseguró Takeru.
Con temor, Mimi abrió la puerta. Él se acercó despacio y la tomó de la mano.
—Vamos a dormir —le musitó dulcemente.
La luz de un nuevo día había llegado y con ella, la obligación de tener que enfrentar la realidad. A Hikari le tomó un tiempo recapitular los hechos de la noche anterior. Uno de sus mayores temores se había hecho realidad: su relación con Koushirou había terminado y lo peor era que había sido por la injustificable reacción de su hermano. Se sentía triste, sí, pero sobre todo ¡furiosa! No, impotente; ese era el término que la describía a la perfección. Escuchar la voz del culpable del otro lado de la puerta no la reconfortó. ¿Y qué era ese sonido? ¿Acaso se estaba riendo? Hikari pateó la única sábana que la cubría y se puso de pie de un salto, dispuesta a enfrentar a Taichi.
Se quedó muda al ver la escena frente a sus ojos: Koushirou riendo junto a los padres de ella y a su hermano. ¿Qué rayos? ¿Estaría soñando?
—Oh Hikari, ya te levantaste —comentó Taichi, poniéndose de pie—. Ven a saludar.
La chica comenzó a balbucear y miraba en todas direcciones, desconcertada a más no poder. Retrocedió, al tiempo que Taichi se acercaba y sus piernas flaquearon, haciéndola caer. Koushirou se apresuró a ayudarla.
—¿Estás bien? —le preguntó, sonriendo.
—¿Qué está pasando aquí? —cuestionó ella, aún temerosa.
—Pasa que te quiero, boba —le hizo saber Taichi, cruzando los brazos.
—¿Qué? —Hikari seguía sin comprender.
—Que Taichi fue a hablar conmigo anoche. Está de acuerdo con lo nuestro y pensó que sería buena idea que hoy se lo contáramos a tus padres, si tú lo quieres claro…
—¿Qué? ¿En serio? —Hikari se puso de pie y abrazó a su hermano muy dulcemente, como no lo hacía en mucho tiempo—. Gracias, ¡gracias!
Taichi le dio un par de palmadas en la espalda, intentando no ponerse sentimental.
—Anda, vístete y ven a desayunar con nosotros.
Hikari asintió con los ojos llenos de lágrimas. No podía ser más feliz.
Al abrir los ojos, lo primero que notó Takeru fue que Mimi ya no se encontraba a su lado. Exaltado, se incorporó del golpe y logró verla a los pies de la cama, observando el suelo.
—¿Qué ocurre?
Ella se giró para mirarlo con los ojos rojos e hinchados, el cabello revuelto y la piel pálida.
—No quiero tocar el suelo —dijo con voz ronca. Takeru no comprendió—. Una vez que lo haga tendré que irme y volver a casa. Y hablar. No quiero.
—Iré contigo.
—Ya has hecho demasiado.
—Iré contigo —reiteró, acercándose.
—Necesito que mi papá vaya a buscar mis cosas a lo de Yamato. ¿Sabes a qué hora trabaja hoy? Así no se cruzan…
—Si quieres lo hago yo.
—No, Takeru. No quiero que hagas más nada por mí. Además, si te llegas a cruzar con Yamato a solas no sé qué podría pasar. Lo último que deseo es que sigan peleando y que pase a mayores.
Takeru agachó la cabeza; era cierto. Si bien la noche anterior se había contenido, no sabía por cuánto tiempo más iba a ser capaz de hacerlo.
—Me voy —anunció Mimi, apoyando los pies en el piso frío. Tomó sus cosas y fue al baño. Takeru esperó y cuando salió la acompañó hasta su camioneta. Mimi cerró la puerta y encendió el vehículo. Él permaneció inmóvil al lado de la ventana. Mimi hizo su mayor esfuerzo por dedicarle una sonrisa, una de esas que Takeru le había visto infinidad de veces y que probablemente era lo que más le gustaba de ella.
—Gracias de nuevo.
—Te llamaré, ¿sí?
—Cambiaré el número de celular —le hizo saber, mirando al frente—. Yo te llamo.
La camioneta se marchó. Takeru permaneció, no supo bien cuánto tiempo, de pie, viendo hacia la dirección en la cual el vehículo había desaparecido.
Yamato vació su tercera taza de café. Sus ojos azules adornados en la parte inferior por dos oscuras ojeras, observaban el recipiente gris sin contenido. Encendió otro cigarrillo. El cenicero junto a él, repleto de colillas, le hacía saber la disparatada cantidad de tubos de nicotina ingeridos en las últimas horas. No dormir tenía sus consecuencias. No poder dormir. La culpa, la angustia, la incertidumbre, el rechazo… eran demasiado fuertes como para no atormentarlo a cada segundo y, con el pasar de ellos, aquellos sentimientos ganaban presencia, se intensificaban más y más.
Necesitaba salir del reino donde los vicios parecían ser la única cosa que lo mantenía en sus cabales. Huir, como buen cobarde que había demostrado ser. Porque irónicamente aunque su cuerpo se encontrara intoxicado, él veía las cosas con más claridad que nunca: había cometido un error fatal e imperdonable. Por su egoísmo, había lastimado a su novia —ahora ex—, a su amiga y a su hermano. ¿Por qué había actuado de esa manera? En el momento no le había parecido tan terrible y ahora no podía entender cómo había sido capaz de cometer semejante aberración.
Una vibración proveniente de su pantalón lo hizo exaltarse. Sabía que no podía ser Mimi, la había llamado incontables veces toda la noche, pero su celular se encontraba apagado. Se detuvo en medio de la calle y observó el aparato, tenía un mensaje de texto de Takeru. Sin demasiadas ganas lo leyó con rapidez, su hermano le advertía que saliera del apartamento puesto que el papá de Mimi tenía pensado ir a buscar las pertenencias de la muchacha. "Qué gran noticia", pensó con sarcasmo. Lo bueno era que ya se encontraba afuera. Siguió caminando hasta llegar a la casa de la castaña, cruzó la calle y se sentó en el asfalto, a esperar. En algún momento Mimi tendría que aparecer y cuando lo hiciera, iba a tener que escucharlo.
Takeru suspiró con pesadez, cerrando la puerta de la oficina del gerente. Caminó arrastrando los pies hacia la máquina de café y exhaló con fuerza una vez más. Sabía que el hombre había estado en lo cierto en retarlo, ese día así como el anterior había estado tan distraído pensando en Mimi, que había descuidado por completo su empleo. Era la primera advertencia que recibía… otra más y seguramente lo despedirían, aunque él fuese hijo de Natsuko —quien llegaría de su viaje de negocios esa misma tarde—. Takeru se bebió el café hirviendo, con el objetivo que lo hiciera concentrarse. No era que el trabajo le importara demasiado, pero no quería que su madre quedara mal parada, así que debería esforzarse unas horas más hasta que su jornada laboral acabase por ese día. Para su fortuna, la misma terminó bastante rápido y sin ninguna otra llamada de atención por parte de su jefe.
Pronto, Takeru abandonó el edificio y probó llamar a Mimi una vez más, pero el teléfono de su casa, así como también su celular, le daban fuera de servicio. El rubio intentó entonces ver si la joven se encontraba trabajando en la tienda de ropa. No tuvo suerte. En la misma le informaron que la muchacha había llamado el lunes para avisar que no iría más, pero que aún no había aparecido para firmar su renuncia. Entonces, Takeru tuvo que meditar qué haría a continuación. No quería que ella sintiera que él la invadía o que era un pesado, pero no había sabido nada de ella durante dos días y eso lo estaba volviendo loco. Necesitaba saber que se encontraba bien, solo eso. Aunque ella se molestara, iría a verla.
Una vez frente a la residencia Tachikawa, llamó a la puerta con inseguridad. Yamato lo observó con recelo desde la vereda del frente. Takeru golpeó una vez más; nadie respondió.
—¡Hola! —Decidió probar suerte alzando la voz—. ¡Soy Takeru! —Esperó, pero nuevamente no ocurrió nada. Resignado, estaba por marcharse cuando la puerta se abrió despacio.
—Hola. —La madre de Mimi le saludó con voz ronca y lo invitó a pasar. El Takaishi tuvo que mirarla dos veces para poder reconocerla. Estaba triste, era la primera vez en su vida que veía a esa mujer con un semblante tan pesimista, se veía sumamente agotada y resignada.
—¿Está Mimi? —Él seguía dudando si había hecho lo correcto en ir hasta allí.
—Sí, pero no creo que puedas verla.
Takeru no comprendió el significado de esas palabras hasta que Satoe lo guió hasta la puerta del cuarto de su hija, frente a la cual se encontraba Keisuke, luciendo tan preocupado como su esposa, sosteniendo una bandeja en sus manos. La escena era casi escalofriante. Takeru temía preguntar, pero debía hacerlo.
—¿Qué ocurre?
—Mimi ha estado encerrada en su cuarto desde que llegó el domingo —explicó Satoe—. No nos habla y ni siquiera toma la comida que le dejamos en la puerta, solo bebe el agua… a veces —dijo, rompiendo en llanto.
Takeru la miró descreído y luego a Keisuke, quien asintió, abrazando a su señora.
—Por favor, intenta hablarle tú —pidió el dueño de casa—. A nosotros no nos escucha.
Takeru sintió el dolor de aquellos padres desesperados con solo mirarlos. Un gran peso se posó sobre sus hombros, ¿qué haría si Mimi tampoco le hacía caso a él? Con inseguridad se acercó a la puerta y tocó varias veces.
—Háblale —reiteró Keisuke.
—Mimi… soy Takeru —habló tembloroso—. ¿Estás bien? —Qué estupidez decir eso, ¡era obvio que no estaba bien!—. ¿Podrías abrir, por favor?
Nada.
—Mimi. —Siguió insistiendo—. Tus padres están muy preocupados y yo también, abre, solo queremos ayudarte.
Nada.
—Mimi, ¡abre la puerta! —comenzaba a desesperarse alzando la voz y golpeando más fuerte—. ¡Abre! ¡Mimi! ¡No tienes derecho a hacer esto! ¡Tus padres están destrozados! —chilló, a punto de quebrarse.
Aún nada.
—¡Mimi! —Golpeó la puerta con todas sus fuerzas y las lágrimas le comenzaron a caer—. No hagas esto, no vale la pena… no por Yamato, por favor… abre —soltó en un hilo de voz, dejándose caer al suelo. Unos pocos segundos después, sintieron el esperanzador sonido del seguro siendo destrabado. Takeru se puso de pie de un salto y abrió la puerta, los padres de Mimi se aproximaron corriendo, pero ninguno de los tres vio a nadie en la habitación.
¡Hola!
Vaya, catorce capítulos, ¡me resulta difícil de creer! Esto es, por lejos, lo más largo que he escrito y aún no termina (y tampoco sé cuantos capítulos le quedan, aunque presumo que dos).
En fin, ¿qué les pareció? Saben que todas las opiniones son más que bienvenidas. Muchas gracias a todos los que agregan a alertas o favoritos y también gracias por sus hermosos reviews del capítulo pasado a: Taishou, whoiserni, Vivi, Neko-Sandie, mag, Ivymon, asondomar, Shanness, Llun, Sybilla's song, Cami, Mor, MimatoxLove, Ellie77 y Allison Doolin. ¡Qué emoción! Nunca había recibido tantos y tan lindos. =)
¡Hasta el capítulo 15!
Gracias por leer. Cariños para todos.
PD: Ah, si a alguien le gusta el Taiora lo/a invito a que lea mi nuevo fic "No lo soñé".
