Capítulo 14. Cuando se perdió el corazón
-¡Draco!
Aquel grito enfurecido rasgó el silencio matutino, pudieron escucharlo claramente todos los habitantes de aquella ostentosa casa de campo y, probablemente, también los vecinos que vivían a un par de millas de la edificación rústica. Una persona abrió la puerta de la cocina de una patada, Roy dejó escapar una pequeña risa al ver a Harry cubierto de pies a cabeza de un verde resplandeciente, al parecer Draco había tenido la genial idea de poner un bote de pintura verde en la puerta de su habitación. Harry los miraba fijamente furioso pasando por cada una de esas personas que ni siquiera respiraban, mientras que el aludido no podía parar de reír.
-Te sienta bien el verde… -comentó entre carcajadas, el chico se puso de pie y puso la silla entre ellos al ver la intención del moreno de salir corriendo detrás de el, Roy tuvo que ponerse entre el rubio y Harry, mientras Sirius sujetaba al de ojos verdes para que no intentara matar a Draco-. Venga si no puede hacerme daño… Estamos fuera del colegio y aún somos menores…
-Tú mejor cállate… -sentenció el moreno interponiéndose definitivamente entre ellos-. Antes de que sea yo el que te mate…
-Todas las mañanas la misma historia, cuando no es Harry, es Draco y cuando no es Draco es Harry…
-se quejó Sirius viendo que su ahijado ya estaba un poco más calmado -. Por cierto, ayer la pintura era roja y Draco el pintado… os estáis repitiendo, a ver si variáis... A este paso os haré pintar la verja sin magia con toda la pintura que se está acumulando en el sótano.
-Eso ¡tú anímalos! –murmuró el coronel cruzándose de brazos, al cabo de unos segundos suspiró cansado de ir contracorriente -. ¿Y Alphonse? ¿Está despierto?
-Cuando me levante y fui a su habitación no estaba, pensé que estaría por aquí… -respondió el rubio poniendo sus manos en la cintura, no percatándose que el moreno pasaba por su lado y que un momento dado, le había puesto una mano pegajosa en la mejilla-. ¡Puaaaj! ¡Potter, eres un cerdo!
-Y ahí vamos otra vez…
Alphonse estaba en el exterior de la casa, aún no comprendía por qué el Coronel le había traído a aquel lugar, cuando su hermano mayor estaba secuestrado, pensaba en una solución sentado bajo aquel árbol, no era justo que él estuviera sano y salvo mientras que siempre era Edward el que terminaba herido, o secuestrado, o a lo mejor muerto por los demás, empezaba a temer que su hermano muriera, todo se había complicado y él comenzaba a estar cansado de ser el hermano menor protegido por el mayor, acarició la cabeza de un pequeño gato que había encontrado abandonado en uno de sus tantos paseos desde que llego allí, no percatándose que Roy se había acercado a él.
-Vas a pillar un resfriado… -comentó el moreno poniéndose en cuclillas y puso una mano en su hombro, el rubio giró la cabeza observando a Roy-. Vamos, tienes que comer algo…
-¿Por qué? –preguntó al aire con un hilo de voz el moreno observó a Alphonse confundido, que sin que el coronel lo esperara se abrazó a él dejando a aquel pequeño animal en el suelo, Roy correspondió el abrazo con ternura-. ¿Por qué mi hermano es el que sufre? ¿Por qué no puede ser yo por una vez?…
-Alphonse… -susurró rodeando su cuerpo con los brazos notando las suaves lágrimas mojando su camisa blanca, Roy se mostraba furioso, si eso era posible, con aquella máscara fría que ocultaba el auténtico carácter del altivo é a tu hermano de regreso, te lo juro…
En Hogwarts las cosas no estaban precisamente tan tranquilas. El espectáculo ofrecido por el director había pasado factura a los Weasley y a Hermione Granger, que junto con aquellos hermanos estaban siendo juzgados frente a Arthur y Molly Weasley porque los padres de la castaña estaban en una conferencia en el centro de Londres, no tenía a nadie que la defendiera.
-Vosotros decidisteis, por vuestra cuenta, atacarme sólo para que ese alquimista se fuera… -los acusó el director, el desprecio que destilaban las palabras de aquel mago, hicieron a los jóvenes mirarse entre sí confundidos-. Os creéis en el derecho de…
-¡¿Pero usted se ha escuchado?! –gritó la castaña explotando de rabia en ese momento, haciendo que el anciano director observara por encima de las gafas de media luna a la castaña-. Está juzgando a la ligera a unas personas que han aportado mucho al colegio, ¡al fin hemos estado en paz en un año entre las casas! Hemos trabajado entre nosotros sin apenas, pelearnos y aprendimos unas nuevas materias… ¡y usted les ha tratado como si fueran simples objetos!
-Señorita Granger, no debería de pensar que esas criaturas son como nosotros… -confirmó Albus que se levantó con semblante muy serio observando a aquellos niños, que de manera desafiante le observaban-. Quiere decir con ello, que se ve en el derecho de liberar a un posible atacante…
-¡Alphonse y Edward no eran atacantes! –espetó Ron poniéndose justo delante de la castaña sorprendiendo a todos, al pelirrojo le temblaban las manos al igual que las piernas ante la fría mirada del anciano, pero por nada del mundo dejaría que la castaña se defendiera sola-. Ellos son buenos amigos, nos han ayudado a entendernos y… y…
-A saber que la familia es lo primero… -se sumó Fred poniendo una mano en el hombro de Ron, mientras George se ponía delante del pelirrojo para observar a Albus directo a los ojos.
-A no dejar de lado a los amigos y ayudarlos en todo lo que podamos… -se unió el otro, los gemelos en ese momento, estaba en una postura defensiva y Molly que estaba presente no pudo más que acercarse a ellos y observar al director del colegio.
-Esos chicos de los que hablan mis hijos, tienen nombres y seguramente familia que estará muy preocupada por ellos, ¡Por Merlín Albus! Son niños… -musitó la mujer, el anciano parpadeó sinceramente sorprendido, magos y alquimistas habían sido enemigos desde los comienzos de la magia, no se esperaba una defensa tan férrea por parte de nadie por un par de hermanos huérfanos salidos de dios sabía donde.
-Está usted cometiendo exactamente el mismo error que Merlín… -lo advirtió Hermione entrecerrando los ojos con una madurez innegable-. Antes de que lo pregunte, sí hemos visto los aposentos de Salazar Slytherin y leído sus diarios…
-¿Y qué tiene que ver eso conmigo? –preguntó sentándose en su cómodo sillón con mucho cuidado, la conversación iba a ser muy larga, y parecía que hasta los miembros de la orden se volvían en su contra, incluso Alastor Moody, durante las últimas semanas, le miraba con una tenue mueca de desprecio que a cualquier otro le habría pasado desapercibida.
-Si nos va a expulsar hágalo lo ya. Pero lo que no toleraremos es estar en un centro educativo en el que se permite que la máxima autoridad permita tales atrocidades como utilizar a los niños para cumplir sus auténticos objetivos. ¡Y no se crea que no me he dado cuenta de que pretende lo mismo con Harry!
-Pero no le dejaremos no señor… -añadió Molly Weasley a las duras palabras de Hermione Granger para darle más peso argumental, todos se quedaron pensativos en ese momento, viendo que Dumbledore tenía una sed de poder comparable a la del mismísimo Lord Voldemort.
-Albus siento interrumpir… pero me envían del ministerio de magia… algo está pasando en el centro de Londres… -interrumpió Moody entrando al despacho del director, seguido de varios aurores-. Nos han pedido que vengas a…
-Ya ha empezado… -sentenció el anciano director, observando por la ventana-. Más os vale no acercaros a Londres, ya que parte de él va a desaparecer…
-¿¡Qué!? -la castaña tembló ante el fugaz pensamiento de perder a sus padres. No pudiendo creer al anciano director-. ¡Mis padres están en Londres!
-Demasiado tarde señorita Granger, ya deben haber muerto…
-Mi… mis pa.d. …
Hermione terminó cayendo al suelo conmocionada ante las palabras del anciano director de Hogwarts que, en algún momento pasado, había llegado admirar. Pero que en esos momentos, parecía en presencia de todos un auténtico sádico, asesino, que se había pasado la vida ocultando sus planes a todas aquellas personas que depositaron su confianza en él. Mientras la castaña terminaba desmayada entre los brazos de Ron que intentó ayudarla a levantarse, en otro lugar escondido para que los aurores no localizaran al señor tenebroso. Un joven era forzado a despertar, a pesar de todas las pociones que le habían obligado a tomar para el agudo dolor, Edward trató de sentarse en aquella cama mientras agachaba la cabeza, apretando los puños intentando contener su rabia al no poder hacer nada en contra de lo que estaba sucediendo.
-Ha comenzado… -escuchó la voz grave del profesor Severus Snape, que le acercó un pequeño cuenco con una nueva poción-. Trata de relajarte, si no, la poción no hará efecto…
-No pienso tomar nada preparado por ti… -se cruzó de brazos observando hacia otro lado que no fuera el moreno, éste simplemente suspiró y se sentó en la cama, susurrando un par de palabras al oído del rubio, obligándolo a tomar la susodicha poción.
-No te queda más que obedecer… -con un tenue susurro acarició su mejilla apartando un poco de aquel oscuro líquido que manchó la comisura del labio del menor-. Nunca me vas a perdonar, y lo sé… pero quiero que entiendas que lo he hecho por tu bien…
-Si fuera así, me dejarías ir, no me obligarías a matar a personas inocentes… -murmuró Edward, a pesar de lo que sus labios decían, el resto de su cuerpo permanecía dispuesto a cualquier orden que el adulto le diese-. O me matarías, no hagas que viva con una carga tan grande… porque no sé si, podré soportarla…
-Edward… -le abrazó contra su pecho, acariciando sus cabellos rubios-. Si no hago, lo que el lord pide, podrías morir… tranquilo, procuraré que no seas consciente cuando pase…
-no… me toque..s…
Severus apartó sus brazos observando el rostro del menor, este ni siquiera le observaba. Y era normal que el chico ni reaccionara, había estado tres días inconsciente desde lo sucedido, y no tenían ahora ni siquiera tiempo de hablar sobre ello. Sobre todo cuando veías a Envy aparecer a través de la puerta con los brazos cruzados.
-Es la hora… Hagane… más te vale que obedezca… -amenazó el homúnculo observando al profesor de pociones y éste caminó hasta el homúnculo, echándolo de la habitación y cerrando la puerta, caminó hasta la cama y retirando las sábanas, comenzó a vestir al muchacho con una túnica de mago plagada de símbolos alquímicos. Colocó una capa por encima de su cabeza y al observar a aquellos ojos vacíos, apretó los puños.
-Antes de nada, bésame… -le susurró al oído y el menor rodeó el cuello del profesor de pociones, dejándose embaucar por las órdenes del adulto. Snape separó al muchacho rubio y sujetándolo de la mano, lo guió fuera de la habitación caminando lentamente hasta aquella sala que habían preparado con el círculo alquímico que conectaba aquellas almas en pena, con la ciudad de Londres.
-Severus, gracias por traerlo… -concedió Voldemort y caminó hasta reunirse con su más fiel seguidor-. Será mejor que te alejes, ya todos huyeron…
-No, deseo quedarme…
-Si te quedas morirás junto con el chico… -aclaró tratando de infundir miedo, pero al observar el rostro de Snape suspiró entendiendo las ideas de aquel hombre-. Severus, darte cuenta de tus pecados y huir, no es la solución… y más, si has seguido las órdenes de ese anciano…
-Edward morirá pero no quiero que sienta la muerte de esas personas…
-Hablas como un hombre honrado y compasivo… En fin, no es tiempo de ejecuciones… Pongámonos en marcha –musitó encogiéndose de hombros y aproximándose al círculo que iban a activar, el señor tenebroso se puso en el mismo centro mientras que Snape quedó unos pasos más lejos del epicentro.
Se tomaron su tiempo en las comprobaciones pertinentes, antes de situar al muchacho ante el circulo alquímico. No había opción para que ocurriese un fallo, estaba todo calculado hasta el último trazo. Severus observó a Lord Voldemort y una vez terminadas, caminó hasta el rubio que estaba arrodillado ante el círculo alquímico, levantó su rostro observando a aquellos ojos dorados.
-Ahora, obedecerás mis palabras… no oirás, no verás, simplemente activarás el círculo alquímico… -ordenó vocalizando cada sílaba y cada palabra para que no hubiera ningún error, luego con un cuchillo ritual rasgó la mano del muchacho, y volvió a observar al niño por última vez-. Actívalo…
El pequeño palmeó la mano sangrante una contra la otra, y puso estas encima del gran círculo. Una luz brillante envolvió toda la sala y en el centro Voldemort comenzó a reír sabiendo que su deseo iba a ser satisfecho. El fin de Londres y del mundo muggle estaba comenzando. Y es así como se conoció la noticia de que más de la mitad de la ciudad de Londres, había desaparecido del mundo y con ella sus pobladores para siempre.
Fin.
Nota de autoras: Esta parte del fic, termina en este punto, gracias por atender a este fic que durante años hemos intentado llevar hasta el final, por eso decidimos hacer una segunda parte llamada El camino de los fundadores, espero que os guste y mi compañera y yo os esperamos en el otro fic.
