Capítulo 14

Aquel ansiado momento

Entró al Gran Comedor. Buscó con la mirada a alguién entre la gente de su mesa. Pareció encontrarla. Se dirigió directamente hacia allí. Se sentó y dejó la cartera a un lado. Saludó con escaso entusiasmo a su compañera. Luego se sirvió un vaso de leche, cogió una tostada y le dio un bocado. Dejó la tostada de nuevo sobre el plato. Hincó un codó sobre la mesa y posó la cabeza sobre la mano como si le pesara. Suspiró.

Elisa no pareció haberse dado cuenta que Sirius estaba siguiendo cada uno de sus pasos. O almenos aquello era la impresión que le daba a Sirius. Que no podía quitarle los ojos de encima. No podía evitar estar pendiente de ella a todas horas, seguirla con la mirada cuando estaba a su alcance y pensando en qué estaría haciendo cuando no podía verla. Total, que no pensaba en otra cosa más que en ella. Y ella parecía no darse cuenta.

Ojalá pudiera decirle lo que sentía.


¿Por qué tardaba tanto¿Por qué le costaba tanto decirle algo¿Acaso disfrutaba viéndola sufrir¿O es que era demasiado considerado como para decirle que no era correspondida? Que no tenía nada que hacer. Y que le iba a romper el corazón si le decía algo.

Aquello no podía seguir así. Tenía que dejar de pensar en Sirius a todas horas. Empezaba a tener alucinaciones. Cada vez que levantaba la vista para encontrarle creía que la estaba mirando. Pero no era así. Y cada vez era más insoportable aquella situación. Era precisamente por eso que no quería decirle nada. Sabía que algo así ocurriría. Sabía que lo iba a pasar mal. Y aún así se lo contó. Estúpida. No podía creer que le estuviera pasando algo así. Tenía que pensar en otras cosas. Cosas más importantes. Como Oclumencia. Oclumencia era un tema interesante. Que por cierto también inteteresaba a Snape, pero… ¿qué más le daría a ella? No tenía ninguna importancia. En absoluto. Le interesaba porque le interesaba a ella… bueno, ella ya le había dejado claro que no le serviría de nada aquella estrategia. Almenos ella no se andaba con tapujos. Y hacía sufrir a la gente. ¿O sí¿Estaría sufriendo Snape por su culpa? No podía evitar plantearselo. Debería hacer algo. No era justo. ¿Pero por qué estaba pensando en aquel diablo de Slytherin? No merecía que perdiera el tiempo con él. Además¿qué clase de estrategia para olvidar a Sirius era esa en que se ponía a pensar en otra persona… energúmeno? No. Debía centrar sus pensamientos en cosas más importantes. Como sus estudios. Aquello sí era verdaderamente importante.

¿Qué estaría estudiando Sirius ahora?


-Es interesante lo que descubriste el otro día sobre Sirius y Elisa.

Lily miró con desconfianza a su compañero.

-¿Qué quieres, James?

-¿Crees que están verdaderamente enamorados? –le preguntó James, en tono serio.

-No soy la persona más indicada para decirlo, pero… diría que así es.

-Entonces es una lástima que no estén juntos.

-Supongo que sí.

-¿Crees que algún día tú sentirás un sentiento tan fuerte por alguien?

-James, estoy intentando leer.

-Contéstame, por favor.

-No lo sé, James, la vida da muchas vueltas.

-¿Eso crees de verdad?

-Sí, eso creo –contestó ella con impaciencia.

-¿Crees que ése alguien podría ser yo?

Lily suspiró algo más que harta de James.

-James, creo que deberían darte el record Guiness al tío más pesado del mundo. No creo que nadie aguantara tanto como tú.

-¿Y no crees que es una virtud, ser fiel a ti a pesar de haber sido miles de veces rechazado?

-La verdad, James.

-¿Sí?

-Nunca te he tomado en serio –dijo ella, cerrando el libro de golpe y marchándose a algún lugar donde James no pudiera incordiarla.


-Nunca me ha tomado en serio. Después de todos estos años.

-Ajá –asintió Sirius, sin prestar demasiada atención a su amigo.

-Sirius, no me estás escuchando.

-Ajá.

-Me encanta.

-¿Decías?

-¿Podrías, por un momento, dejar de devorarla con lo ojos y prestarme un mínimo de atención?

Sirius apartó durante unos segundos la mirada de Elisa.

-¿Hablabas de Lily?

-Sí.

-¿Quieres un consejo? Pasa de ella.

Entonces volvió a fijar los ojos sobre Elisa.

-No puedo hacer eso.

-Oh, sí, claro que puedes.

-No, no puedo. Me gusta demasiado.

-Mira, James, cuanto más pesado seas más te rechazará. Lo que quiere es que la dejes en paz. Entonces, cuando se dé cuenta de que no puede vivir sin ti, será cuando ocurra.

-¿El qué?

-Que dejes de darnos la paliza con el amor de tu vida.

-Tampoco es que tú lo lleves demasiado bien.

-¿A qué te refieres?

-Elisa.

-¿Qué pasa con Elisa?

-Estás pendiente a todas horas de ella, y sin embargo no haces nada.

-¿Nada¿Qué quieres que haga?

-Lo normal. Decirle que te gusta, que quieres que sea tu novia.

-Es que no quiero que sea mi novia.

-No entiendo.

-Pues eso. Que no podemos ser novios.


Era extraño. Estaba en la biblioteca. Y Snape aún no se había acercado a ella. Hacia un rato que le había visto cerca de la sección de Oclumencia. Pero nada. No venía a incordiarla. A ver si al final tendría que ir ella a buscarle. ¿En qué estaba pensando¡Vaya absurdo! Aquello de Sirius la estaba trastornando más de lo que creía. Increíble. Debía hacer algo. Debía hablar con él. Debía…

Sin saber porqué, Elisa sintió que un gélido escalofrío le travesaba la espalda. Se dio la vuelta y se encontró frente a ella a Bellatrix Lestrange. Que grima le causaba esa mujer, por Merlín.

-¿Estudiando los misterios de la Oclumencia, señorita White?

Sin saber muy bien porque, Elisa sabía que había cometido un terrible error al permitir a aquella mujer descubrir que estaba estudiando aquel arte.

-Es… un trabajo –mintió Elisa, tratando de arreglar el entuerto.

-¿Trabajo¿De qué exactamente?

-De defensa contra las arte oscuras.

-¿De verdad?

-Sí. La verdad es que hay muchos magos oscuros a los que les gusta meterse en la cabeza de la gente.

-¿Eso cree? Pues lleve cuidado, no vaya usted a aficionarse también.

Y con el mismo sigilo y silencio con el que había aparecido, desapareció.

No soportaba a aquella mujer.


-Hagamos un trato.

Sirius frunció el ceño. Se había perdido la mitad de la argumentación. Porque no tenía ni puñetera idea de qué le estaba hablando James. Habían bajado para que James hiciera unas cuantas monerías con la snitch y Sirius creía que si estaba concentrado con la snitch no podría hablar a la vez de Lily. Pero se equivocaba.

-¿Trato?

-Sí, mira, si yo dejo de hablar de Lily y paso de ella, tú hablarás con Elisa.

-¿Por qué te ha entrado la manía de que hable con Elisa?

-Porque estoy harto de hablar con un mente-ausente. Me gustaría que para variar me hicieras un poco más de caso.

-Tanto estar con Lily te ha afectado. Te estás volviendo chica por momentos…

-¡Haz el favor, Sirius!

-James, no puedes obligarme a hablar con Elisa.

-Sí puedo y lo haré.

-Vale, vale.

Sirius tomó el libro que tenía en la mano y siguió leyendo.

-Sirius.

-¿Qué?

-Ahora.

-¿Sabes? No me extraña que Lily no quiera salir contigo. Últimamente estás demasiado obsesionado con hacer las cosas correctamente.

-Vete a freír espárragos.

-Lo siento. No tengo con qué freírlos.

-Haz lo que quieras –contestó James, abatido.


Oclumencia es el arte de conocer el contenido de la mente de las personas.

Vaya manera más fina de decir que era la mejor manera de cotillear entre los pensamientos de las personas.

Elisa cerró con enojo el pesado libro que tenía entre sus manos. Aquello de Oclumencia era un asco. En los libros solamente salían definiciones y cosas así, pero nunca decían nada acerca de cómo aprender dicha magia.

Elisa se tumbó sobre el césped el jardín. Suspiró. Ya está. Se había acabado. El único modo de distraer sus pensamientos de Sirius se había acabado.

Una sombra le impidió poder observar el paisaje. Se reincorporó para ver de qué se trataba y se quedó sin habla.

-Creo que te debo una conestación –murmuró Sirius, sentándose a su lado.

Elisa tragó saliva con serias dificultades.

-Sí…

-Lo que me dijiste el otro día me… me dejó muy sorprendido.

Elisa frunció el ceño.

-¿No tenías la menor sospecha?

-Bueno sí, es que… supongo que sí, pero es una cosa de ésas que nunca crees que oirás decirlas en voz alta…

-Oh.

-Quería disculparme por haber tardado tanto en decirte algo, pero es que… tenía que considerar muchas cosas.

Elisa no comprendió a qué se refería. Pero empezaba a impacientarse.

-¿Qué quieres decir?

-Pues en primer lugar lo que me dijiste, luego está el descubrimiento de Lily y… lo de tu padre.

-¿Mi padre¿Qué tendrá el que ver con todo esto?

-No sé si te has dado cuenta, pero sigues estando en peligro. Tu padre es muy poderoso y creo que ya sabe demasiadas cosas sobre nosotros.

-¿Es que le tienes miedo?

Sirius pareció molesto por aquel cuestionamiento de su valentía.

-No tiene nada que ver con eso, Elisa. Estoy seguro que el sabe más cosas de las que dice acerca de nuestras familias. Sé que oculta algo y que puede perjudicarte.

-Bueno¿y qué? No me interesa lo que piense mi padre sobre nosotros, sino lo que piensas tú.

-Elisa, es más complicado de lo que tú crees…

-¿En serio? Pues yo lo veo de lo más sencillo: -murmuró ella, levántandose temblorosa de ira- lo que pasa es que te da miedo hacerme daño diciéndome lo que de verdad piensas y que por eso me estás contando todo eso de mi padre…

-¡No! –exlcamó Sirius, algo más alto de lo debido, levántandose a su vez y cogiéndole el brazo para que no se fuera- No digas eso ni por un momento.

Elisa frunció el ceño, desconcertada.

-¿Entonces…?

Sirius retuvo la mirada en el suelo durante unos segundos, reflexivo. Luego levantó los ojos hacia ella y sus miradas se cruzaron. Durante unos instantes, ambos se miraron fijamente a los ojos, sin darse cuenta de lo que les envolvía.

-Elisa, tú a mí también me gustas mucho –dijo Sirius, al fin.

Elisa no reaccionó. Había imaginado y esperado de tantos modos diferentes aquel momento que no supo cómo actuar, qué decir o hacer. Sin poder siquiera evitarlo, se le dibujó una ingenua sonrisa en los labios.

-¿En serio? –volvió a decir ella, pero aquella vez en un tono más suave y atolondrado.

-Pero lo nuestro no puede ser –susurró Sirius, soltándole suavemente el brazo a Elisa.

Desde luego, aquel momento no se parecía en nada al que ella tantas veces se había imaginado.

-Oye, Sirius, estás empezando a volverme loca…

-Tu padre nos vigila.

-¿Cómo?

-Mi prima, Bellatrix Lestrange, es su espía.

-¿Qué dices? No es posible… además¿cómo sabes tú que…?

-Me lo dijo tu padre, en tu sueño.

Elisa meneó la cabeza.

-No es posible.

-Pues así están las cosas. ¿Comprendes ahora lo que quería decirte?

Elisa se pasó la mano por el pelo. Tragó saliva.

-Pues no. Porque ya estoy harta¿sabes, Sirius? Estoy harta de que mi padre controle mi vida y que me amargue si no sigo sus designios. Estoy hasta las mismismas narices de reprimirme y de no decir lo que pienso o siento. Y no pienso aceptar, bajo ninguna circunstancia que tú y yo tengamos que… contener nuestros sentimientos por no sé qué amenaza de mi padre. ¿Entiendes? No quiero que vuelvas a decidir por los dos lo que será mejor o peor para ambos.

- Elisa…

-¿Qué? –conestó ella, algo agresiva.

-Comprendo perfectamente lo quieres decir –hizo una pausa, tratando de encontrar las palabras adecuadas-. Pero no podemos correr ése riesgo. Lo siento.

Sirius bajó la cabeza y pasó por el lado de Elisa sin mirarla.

-Nunca creí que serías un cobarde –siseó Elisa, volviéndose hacia Sirius, que le daba la espalda.

Elisa se sorprendió de que aquellas palabras salieran de su boca. Pero esperó a que Sirius hiciera algo.

Sirius tomó aire y los músculos se le tensaron. Para alguien como él, no había nada peor que ser acusado de cobarde. Elisa contuvo el aliento.

-Es por nuestro bien –murmuró Sirius entre dientes, sin darse la vuelta.

-Sigue intentando convencerte a tí mismo, porque lo que es a mí, no vas a conseguirlo. Y… –Elisa no podía decir que ella pudiera decir aquellas cosas, no se reconocía- seguiré pensando que eres un cobarde.

-No sigas, Elisa –dijo Sirius, con voz ronca.

-No necesito la compasión de nadie, Sirius. Si de verdad yo te gustara, lucharías por mí. No abandonarías por miedo a nuestras familias.

Sirius suspiró con exasperación.

-No me lo hagas más difícil, por favor.

Harta de no poder verle la cara, Elisa se puso delante de Sirius.

-¿Estás sufriendo? Pues yo también. Y sólo porque tú quieres.

-Yo no quiero… -Sirius se cortó, sintiéndose impotente-. Oh¿a quién quiero engañar?

A Elisa la cogió por sorpresa. Sirius se acercó a ella y la tomó de la cintura. Sus ojos volvieron a encontrarse y así estuvieron un largo rato. Hasta que, lentamente, dejándose llevar por el momento, se acercaron el uno al otro para poder sucumbir a aquel ansiado beso. Dulce, suave y tierno al principio. Poco a poco, mientras sus manos exploraban el cuerpo del otro, su beso fue volviéndose más intenso y apasionado.

Cuando hicieron una pausa para poder respirar, Sirius habló:

-No vuelvas a llamarme cobarde.

-Y tú no vuelvas a obligarme a ello.

Ambos sonrieron.

Y volvieron a besarse, perdiendo por completo la noción del tiempo.

Fin del capítulo

N.A. Bueno, bueno, bueno... la parecer estoy en racha. Creo que he batido un record en actualizar el fic. Ahora no tendré que hacer un resumen del capítulo¡Buf! Qué alivio. Bueno, eso amiguillos, que la historia no acaba aqui, porque si no¿qué sentido tendría el título del fic? Pues eso. Y ahora a contestar reviews ¡por fin!

Martha E. Black: No me dirás que el de hoy es menos emocionante y bueno¡ya tienes contestada la pregunta en cuanto a si acaban juntos!

Syringen: Me alegra que sigas leyendo y que me des señales de vida, como has podido comprobar, no he tardado mucho y pronto veremos ese LJ!

Laura: Ya ves que sigo escribiendo. Y tranquila, que la historia aún no se ha acabado. ¡Besos y buen verano!

Pues esto es todo amigos¡hasta luego!