Analice mucho mi situación y de verdad... como una vez dijo mi gran ídola, amiga e iniciadora en esto de escribir yaoi... la fabulosa Aniel Ryou -... ya no soy la misma escritora de antes... por esa razón eh decidido cambiar el final de Forget y terminarlo en dos episodios más antes de que me vuelva loca y decida no hacerlo por falta de trama que complete la que ya tenia...
Name: Forget
Género: Romance
Parejas:
MiloxCamus
Capítulo 14: Greek Fire
Extras: Secuela de "Es cruel el amor", Lemon
-o- Greek Fire –o-
Aún tenía la mirada puesta en el griego, quien parecía haber extraviado en algún sitio de la copa de cristal, la lengua.
Los ojos de Camus repasaron su sensual figura, comiéndoselo con estos.
-"¿No vas a responderme?"- Le preguntó con una sonrisa picada. Milo giró en si mismo, bebiendo completamente el contenido alcohólico, con dificultad.
Lo amaba como a nadie, pero si las cosas no resultaban cual Hyoga las había planeado, sólo el acuariano saldría lastimado; una cosa que deseaba impedir
-"De acuerdo... puedo interpretar tu silencio..."- Su voz se escuchaba tan desilusionada, con los rastros de una emoción que el griego quería evitar por esa noche.
Sin que a su cerebro le diera oportunidad alguna de reaccionar, su mano derecha ya estaba asiendo al francés por abajo del codo. Las pupilas del onceavo custodio se enfocaron en la extremidad que era contorneada por sus dedos bronceados, calentando su piel, hormigueándole hasta que un calor subiera a sus mejillas
-"No te vayas"- Parecía ser una suplica, lo mismo le dijeron sus ojos. Camus le sonrió sin emitir otro sonido, al menos por unos cuantos minutos, puesto que enseguida conversaron de temas tan triviales, que al aguador en sus cinco sentidos, hubiera dejado perplejo
-"Te apuesto mi orgullo acuariano a que no pasa de Marzo..."- Su acento delataba un grado muy avanzado de ebriedad
-"Por Athena Camus, se acaban de casar, no creo que ellos piensen en tener hijos todavía"- Llevó la contraria el escorpión
-"¿Por qué no? Además, yo me muero por tener bebés que llevar sobre mi espalda"
-"Claro, y todos te dirán «el señor de los helados»..."- Soltó una carcajada, cubriéndose previamente la boca con una mano. El francés suspiró con un fulgor en sus orbes
-"Eres sexy hasta cuando te burlas de mi"
-"¿Cuántas burbujas crees que tenga el vaso?"- Cambió de tema ante su propio sonrojo
-"No lo sé... déjame contarlas... una... dos... tres..."- Milo le observó embelesado, en silencio, con una sonrisa pintada en su boca griega. Al pasar los segundos, su acompañante notó que por más que trataba de contar las burbujas, estas reventaban al llegar a la superficie –"Esto me da mas sueño que contar escorpiones antes de dormir"- Comentó con una risita el francés. El octavo guardián abrió los ojos, sorprendido...
¿Seria eso una revelación?
Antes de si quiera poder reaccionar, Camus se había prado detrás suyo, con las manos apoyadas sobre cada hueso del hombro, recargando una mejilla en la espalda
-"Me siento algo mareado... Me iré a dormir..."- Si bien recordaba el plan, Milo tendría que ofrecerse a llevarlo. Apretó un puño y se negó a acatar tal orden. –"¿Podrías ayudarme a llegar? No quiero pasar la noche en el jardín"- Los parpados imitaron a sus manos...
La siguiente decisión que fuese a tomar, sería crucial para el resto de su vida.
-"¿Milo?"
-"Perdoname..."- Respondió con la voz apagada, retirando de su cuerpo las extremidades del francés –"Vete solo, yo me quiero quedar"
-"De acuerdo... buenas noches..."- Respondió como si nada.
El escorpión percibió un desmayo por parte Acuario, antes de siquiera tratar de emprender una retirada. Rápidamente giró sobre si mismo, y le atrapó antes de que su cabeza golpeara el pasto
–"Camus... ¿Estás bien?.. Respóndeme..."- Para su sorpresa, el francés impulsó la cabeza hacia delante, rozando sus labios
-"Si me llevas, puedo regalarte otro"- Le incito con una sonrisa y un suave desliz por su pómulo por parte de una mano
-"Estas jugando con fuego..."- Dijo serio el escorpión, notando como esos pequeños roces le quitaban todo su autocontrol
-"¿De verdad?"- Preguntó solaz –"Me gusta el fuego... sobre todo el griego..."- Volvió con otro beso a tentar a Milo, quien hasta entonces, no había recibo tan mortíferas torturas. Aumentando la velocidad del contacto, el octavo guardián corroboró que la droga impuesta en las bebidas de las presas, en verdad si había surgido el efecto deseado
-"No... Yo te quiero, pero no de esta forma"- Con Camus mirándole de manera inquisitiva, le prestó auxilió para que juntos se pusieran en una sola pieza.
-"¿Qué quieres decir?"- Cuestionó con el entrecejo fruncido
-"Estas tomado, el verdadero santo de acuario, en su sano juicio, me recibiría con un golpe justo al rostro"- Quiso dar la vuelta y huir, pero el maestro de los hielos se le puso enfrente
-"Mira niño, esto no es un juego... Yo te..."- Entrecerró los ojos, desvaneciéndose delante del escorpión, quien ya no supo reaccionar
-"Camus basta ya. No estoy jugando..."- Trató de usar un tono serio, mas no lograba despertar al supuesto desmayado. Resopló derrotado. Pasó un brazo por detrás de sus rodillas y el otro en la espalda, llevándolo de aquella forma a su habitación, en el piso superior de la mansión.
… … … … …
El francés había vuelto en sí desde que entraron por el corredor, aunque no era capaz de ponerse en pie debido a su estado. Murmuraba frases in entendibles, o se reía de situaciones que no existían; y al griego ya le estaba preocupando...
¿Qué pasaría si lo dejaba solo en su cuarto, él decidía salir y se topaba con cualquier loco en la fiesta u otra de las presas?
Una carcajada resonó en el pasillo
-"Por Athena, cierra la boca"- Pidió en voz baja el escorpión, nuevamente con un tono serio que sólo aumentaba la risa del acuariano. Milo se apoyó en la puerta, soltando con cuidado las piernas de su compañero para abrir la cerradura y entrar juntos, instantes después.
-"Bonito cuarto"- Comentó el aguador observando con una fugaz vista su alrededor
-"Es tuyo y de..."- Dos carnosidades decidieron apropiarse de su boca, silenciándola, seguido por un posesivo agarre sobre su cuello. Y el roce era vehemente, desesperado, demandando emociones que el octavo guardián no quería sentir por esa noche. Trataba de quitarse los brazos arriba de sus hombros, obteniendo que Camus se adentrara más en su cavidad. Era como dar un paso hacia delante y dimitir dos más. –"¡Demonios!"- Exclamó el griego logrando detener por un agarre en los antebrazos, a su compañero
-"¿Qué pasa contigo?"- Cuestionó herido y molesto, soltándose bruscamente de su restricción. Milo caminó hacia la puerta, pasándole de largo –"¿Te vas?"- Fue él quien ahora le tomo por la extremidad
-"Me pediste que te trajera y ya lo hice, no tengo otra cosa por la cual quedarme"- Las orbes de ambos se cruzaron, se investigaron mutuamente...
-"Hablemos de nosotros ¿Te parece?"- El escorpión no supo si sonreír y dejar de temblar, o ponerse serio y acentuar su pavor a tocar el tema. Incapaz de gesticular oraciones o frases, hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Su acompañante le sonrió tomándole la mano y conduciéndolo hasta la cama donde lo hizo sentarse.
En espera del ansiado tema, Milo no se percató que detrás de ese gesto de labios franceses, se escondían otras intenciones.
–"Te amo..."- Dijo teniendo su rostro a la par, robándole otro beso que el griego si respondió de buena gana; pero Camus no se conformó con esa caricia, él quería más. Le obligo a recargarse con los brazos en la cama, mientras él se sentaba de piernas abiertas delante de él y le besaba con más pasión, desprendiéndole la camisa o al menos intentarlo; ya que al darse por enterado de sus intenciones, el escorpión rechazó el contacto
-"Dijiste que querías hablar"- Gruñó. El francés arremetió con sus labios, obteniendo otro rechazo
-"Y yo pensé que tú me querías"- Replicó con acento gélido
-"El que te ame no quiere decir que te pueda tomar cuando yo quiera..."- El onceavo custodio se separó de él, levantándose y dándole la espalda
-"Si me permites recordarlo, eso ya lo hiciste"- Milo no soportó sus palabras, mucho menos ese tono recriminatorio del que había hecho gala
-"¡Y ya te pedí perdón!"- Gritó girando a su acompañante por un fuerte agarre en los brazos, el cual pasó saliva sin más argumentos –"Camus..."- Tragó aire con dificultad; y una vez más, él fue causante de esa tristeza que embriagaba sus orbes. –"¿De qué forma te hago comprender que estoy muy arrepentido de lo que te dije?... T-te eh suplicado que me digas que no me odias, que me perdonas... que me amas sin que la sombra de ese pasado te pese... ¡Dioses, Camus!... ¡¿Qué más quieres de mi?"- Le sacudió con fuerza, tratando de despertarlo de aquél letargo al que parecía haber sucumbido; apresándolo con sus extremidades para posar la cabeza en su hombro.
Sabia que tenía razón, pero sólo quería una cosa por noche... una...
-"Dame lo que te pido"- Respondió con una modulación inmutable –"Quiero que sientas lo que es que jueguen contigo"
No podía creerlo. Cuando Milo se apartó de su compañero, en sus ojos se leía una expresión entre desconcierto y desilusión
¿Desde cuando al santo de acuario le satisfacía la venganza?
-"¿Eso es lo que quieres?"- Como respuesta, el francés desabrochó los primeros dos botones de su camisa. –"Bien"- El escorpión se quitó las manos del aguador y se dirigió hacia la puerta, aunque para sorpresa de este, sólo fue a ponerle el seguro. Regresó al lado de Camus y fue él quien inicio el contacto, esta vez haciendo uso de sus antiguos dotes como conquistador, hasta lograr que suspirara. –"Si estuvieras consiente de lo mucho que deseo sentirte como la última vez... no me pedirías esto..."- Susurró con éxtasis.
Con los bordes de su boca, apresó los del aguador, disfrutándolos en cada movimiento entre un juego infinito de caricias por parte de sus manos.
Los dedos del francés se apoderaron de cada botón, sacándolos del ojal uno a uno, desabrochando esa camisa que le privaba de la piel griega. Recibió la papila de su amante con la propia, permitiéndole indagar en su cavidad; escuchándose así mismo jadear y una fuerza superior que le mandaba a doblegar las piernas.
Milo percibió un par de manos acariciar sus pectorales y una línea de dientes morderle un labio, incitándole a retirar el pantalón del aguador que tan molesto le resultaba.
Recordó ser él quien tenía que actuar como la presa, por lo que se dejó hacer a antojo del francés.
Camus deslizó la camisa con sutileza, dejando los hombros griegos al descubierto para depositar besos fugaces, resbalando aún con sus dedos aquella prenda por los brazos, hasta que culminara en el piso. Trazó una línea invisible de partículas salivales pasando por la clavícula, el cuello y el oído, donde susurró frases en su dialecto que el escorpión no comprendió pero que si le incitaron.
La espalda del octavo guardián tocó el colchón de la cama, cuando el aguador lo arrojó sobre esta, pasando a besar cada rincón en su pecho: desde esas salientes sonrosadas que reaccionaban al contacto con su lengua, hasta el ombligo que se sumió con la intrusa dentro de él. Con sus manos francesas jaló un de los limites del cinturón, pasándolo por la hebilla hasta que el pantalón quedara flojo y pudiera desabotonar el broche que le impedía contacto con su hombría. Con ayuda de sus manos, la tela de mezclilla fluyó en dirección a sus pies, mientras sus pupilas se encargaban de buscar las del hombre bajo él.
Depositó un suave beso en la superficie de esa carnosidad, apreciando con el palmo un endurecimiento producto de sus caricias. Las glándulas dentro de su cavidad trabajaron hasta llenarla de sustancia y hacerle desear meter aquella pieza dentro de su boca. Percibió un ligero temblor en el escorpión, ansioso por esa emoción. Sitió sus labios en aquél miembro, apresándolo con la punta de estos, torturando a su amante con el cosquilleo que le nadaba en el vientre. Con la barbilla acarició ese pedazo de carne hasta que lo introdujo dentro de su boca, rozándolo con la punta de su lengua.
La respiración del griego se escuchó entrecortada, y sus dedos tuvieron que apresar las mantas entre ellos, sin más que hacer ante el placer. Su amante le escuchó disfrutar sus caricias, repetir su nombre y emitir sonidos que le provocaban mayor deseo. Camus finalizó la labor de desnudarse a sí mismo, sin descansar en la "tortura" realizada al de piel atezada. Tomó su propia masculinidad con una mano, al tiempo que la otra le ayudaba a apoyarse, masajeándola y darse más placer. Y aquella hombría entre sus labios y el juego de su lengua, culminó desbordando todo goce dentro de la boca francesa.
El sabor era amargo, pero al mismo tiempo dulce; ya que era esa esencia blanquecina y pegajosa le pertenecía a él, al único hombre que no importando cuantas veces su mente le dijera que había cicatrizado su corazón, este último siempre clamaba porque el suplicio de estar separados diera conclusión
Camus ascendió a su lado, previó a escupir a un lado la sustancia áspera que había recibido.
Los labios del escorpión le demandaron un roce, endulzando su paladar al contacto. En aquel momento el francés se desprendió del empalme y le dijo cerca al oído
-"Déjame ser tuyo como antes... quiero ser yo quien te tenga dentro y repita tu nombre con cansancio."- De cuerdo, aquella petición tenía lo mismo que él de santo
-"Pero..."- El aguador decidió no concederle el derecho de réplica, haciéndole que guardara sus palabras, en algún rincón de la boca.
La orden estaba dada, sólo hacia falta la voluntad de ejecutarla.
Milo resguardó sus orbes dejándose llevar por el fluido de emociones que le otorgan vida, perteneciendo la muestra efectiva que su adorado niño le ofrecía. Cambió de posición, siendo él quien gozó la dermis francesa con su lengua, obteniendo ser el dueño de cada respiro interrumpido. Con la maestría de sus manos cumplió el capricho de Camus, colocándose sobre su cuerpo desnudo, juntando pecho y espalda.
El onceavo guardián aspiró profundamente, situando sus codos sobre la almohada para apoyarse. El escorpión cubrió con la palma de su mano izquierda el dorso de la de su amante, implantando manualmente su hombría en la entrada ubicada entre dos voluptuosidades, que ya le esperaba con ansia. Formuló un gemido entre adolorido y placentero, percibiendo aquél intruso caliente, adentrarse con pausados y placidos movimientos. Cuando no sólo su sexo, si no también la dermis del escorpión tuvo roce con la parte trasera del aguador, Milo hizo una pauta para acomodar su brazo diestro delante del francés como si le abrazara, tocando con el final de sus dedos uno de sus pezones ubicados del lado derecho.
Prosiguió un vaivén de caderas, en reversa y frente, seguido por la proclamación del deseo con un nombre griego.
Cerró un ojo y apretó los dientes, dejando únicamente salir ese jadeo, producto del intruso en el final de su espalda.
Depositó un beso en el hombro que trataban de esconder perladas toxinas, arremetiendo contra ese cuerpo que ya era suyo, sintiendo como uno de sus dedos era apresado por otro par de identidad francesa.
Escondió el rostro entre la mata marina que tenía enfrente, apunto de liberar la excitación a través del papel que jugaba su hombría, los sonidos de su amante y el movimiento que ambos realizaban; Camus amortiguando su sed griega, Milo saciando su cuerpo de tacto francés.
La efímera la línea albina que a ambos contorneaba, era producto de cada gota de sudor que desprendían sus poros ante la agitación; y el juego de cuerdas vocales, una de tantas jugadas que tallaría en su mente, el recuerdo por una eternidad.
El escorpión suspiró con cansancio, soltando nuevamente aquella esencia en el interior de su amante, quien la recibió cerrando sus ojos y aminorando el agarre que él mismo había realizando en las partes del octavo guardián, que estuvieron al alcance de sus dedos.
Depositó suaves besos en las manos del griego, mientras este levantaba demás las caderas y salía, dejando sus últimas fuerzas en él.
Aún con los brazos de Milo ofreciéndole abrigo, el francés apoyó la cabeza en la musculatura de una extremidad, deslizando con sus manos cándidas, la otra bronceada, hasta dejarla sobre su cadera, con los dedos entrelazados.
Desplazando su cabeza por la almohada, recargándola en el hombro de su amante, contempló los rastros de su ardiente noche en las exhalaciones y aspiraciones aún entrecortadas, y mejillas matizadas, en el semblante ya relajado de SU Camus
-"Te amo..."- Endulzaron sus labios al oído francés
-"No tanto como yo"- Respondió con una sonrisa y un acento enervado.
De aquella forma, y al menos por esa noche, los estragos del pasado poco importaban en la penumbra de una habitación con una respiración calmada y el sonido de dos carnosidades plasmar una última muestra de afecto sobre el ser amado.
Continuará…
Aclaración: en el forget original esto si sucede... los cambios vendrán a partir del que sigue.
Por su lectura, gracias oxo
Besos a mi geme x (al final pensé en ella y en lo mucho k detesta el shakaxcamus xD... aunk aclaro de nuevo... k lo k pase entre camus y shaka si tenia k pasar)
p.d. me gustó T.T... es el primero lemon que no me arrepiento de escribir y un final k... bueno... me hubiera gustado sólo dejarle ahí o.o
pero no... aún faltan preguntas por responder y parejas k destrozar xD
aios o.o
