Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía

Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.

Muchas gracias mis queridas betas, Sarai y Yani, son las mejores!

Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook


Bella despertó con el corazón golpeando con fuerza contra sus costillas. ¿La causa? Los gritos aterradores que provenían de un lado de la cama.

—¡Cierra las jodidas cortinas! —Isabella se asustó ante el estruendo de una voz ronca, llevándose una mano al pecho, y cuando escuchó ruidos y muebles siendo desplazados de un lado a otro, parpadeó tratando de enfocarse—. ¡Cierra las putas cortinas!

El rugido de su voz, mezcla de agonía y furia la sacó de su ensueño y la envió disparada a la ventana, donde se apresuró a cerrar rápidamente las cortinas de la escasa luz mortecina que se colaba, y luego se apresuró a cerrar la otra ventana donde las cortinas ondeaban suavemente con el aire del exterior.

—También la puerta… por favor —susurró con esa voz ronca y agónica.

Bella corrió a cerrar la puerta, y entonces se quedaron en una oscuridad total, la joven estaba parcialmente perdida en su propia habitación mientras tanteaba por el lugar intentando volver a la cama sin pisar… a Edward. Se sentó torpemente y se quedó ahí, nerviosa escuchando únicamente la respiración laboriosa del vampiro y el latido de su propio corazón que rugía con fuerza en sus oídos.

—Gracias… yo… puta mierda —gimió—. El día finalmente ha avanzado, no me lo puedo creer, mierda, es… es increíble, de haberlo sabido yo… en fin, nunca me habría quedado.

La joven se mordisqueó el labio, todavía incapaz de organizar su mente, pensando seriamente en todos los sucesos del día anterior. Su cabeza daba vueltas con recuerdos o ¿fantasías? Para ella era la primera vez que lo conocía, aunque él alegaba conocerla por ya mucho tiempo, también le era desconocido su futuro y cómo diablos iba a salir de todo esto sana y salva…

—No… no voy hacerte daño —siseó.

—¿C-Cómo sabes que tengo miedo?

—Puedo olerlo —gruñó, al parecer reacomodándose en su lugar, el susurro de la ropa era todo lo que podía escuchar—. No te haré daño, te doy mi palabra.

«Tu palabra es lo único que tienes».

Bella jadeó recordándolo a él diciéndole esas palabras mientras… Cerró los ojos con fuerza, a estas alturas ya no sabía si eran recuerdos o solo producto de su imaginación, por lo que se llevó las palmas de las manos a la frente donde presionó, intentando serenarse. Pasó un tiempo incalculable en silencio mientras Bella esperaba cualquier cosa… que él la mordiera, que la forzara, que la intimidara o cualquier otra cosa escalofriante que los recuerdos traían para ella. Tenían que ser recuerdos, aunque para ser completamente honesta, a estas alturas ya no estaba segura de nada.

—Gracias por ayudarme —dijo Edward desde el rincón de la habitación en el que se encontraba, y que escuchara su voz como si se lo hubiera susurrado en el oído la puso nerviosa.

—En realidad no he hecho nada.

—No dejaste que el sol me quemara, salvaste mi vida.

—Yo… —se mordisqueó el labio—, ¿necesitas algo más para curarte?

—Mis ojos pronto volverán, se me quemaron las retinas con el resplandor.

—¿Se te quemaron? —Lo miró horrorizada—. Traeré un poco de agua.

—No es necesario, comenzarán a regenerarse en unos minutos…

Pero ella no lo escuchó, se fue dando tumbos por la habitación hasta que llegó a la puerta, la cual abrió con cuidado y se escabulló por el pasillo, el cual estaba ahora brillante por la luz matutina, dejándola ciega momentáneamente. Ahora estaba a salvo de él. El puro pensamiento la detuvo en sus pasos. ¿Por qué se le había ocurrido eso? Bueno, ciertamente, él no había hecho otra cosa más que decirle que era suya, y también él…

La castaña se ruborizó recordando cómo la había forzado, por así decirlo, a tener un orgasmo, recordó su enorme cuerpo sometiéndola de una manera que a cualquiera hubiera teniendo gritando y no… deshaciéndose en sus brazos. Bella se detuvo al llegar a la cocina, donde se tuvo que sentar. Los recuerdos de él arañando con los colmillos su cuello la sacudieron en un fuerte estremecimiento, provocando que se llevara una mano a la garganta.

Él… él podía matarla. Era oscuro, una criatura terrorífica que no solo la había asaltado en pesadillas de niña, sino que ahora también al ser adulta. Estaba convencida que Edward era malo. Alguien que tomaba sin pedir, que arrasaba con su presencia y que la reducía a nada. No estaba segura de cómo lo sabía, pero los recuerdos vagos y difusos que de pronto venían a ella, junto con lo que le dictaba el instinto, eran básicos: huir de él. La joven miró hacia el pasillo por el que había venido. Estaba segura de que ésta era su oportunidad para alejarse, aunque de alguna manera sabía que no sería para siempre, pero lo peor, por alguna razón la idea de alejarse de él de pronto le parecía inconcebible, tan solo imaginarse lejos de él, sin saber su paradero o no saber nada en lo absoluto, le provocó un dolor sordo que le hizo frotarse el pecho, como si se hubiera formado un hueco en su corazón.

Suspirando ante todos esos extraños sentimientos, se concentró en remojar un paño con agua y aceite de oliva, llenó una jarra también para conducirse a su habitación. Atribuyó todo aquello a la falta de sueño, y de nueva cuenta se le oprimió el pecho en cuanto se detuvo en la puerta de su alcoba, las alarmas sonando dentro de su cabeza, exigiéndole casi que se fuera de ahí, por eso se sorprendió diciendo:

—Voy a entrar, cúbrete.

Segundos después abrió la puerta, y entró cerrándola inmediatamente detrás de ella, quedando cegada hasta que sus ojos se acostumbraron parcialmente a la oscuridad.

Así que allí estaba, con un vampiro. Un mito del terror. Un ser de más de un metro con noventa de altura y ciento veinte kilos de peso, dotado con una dentadura similar a la de un pitbull. Caminó vacilante en su dirección, y cuando estuvo solo a unos pasos, volvió a dudar. Él estaba sentado, con las rodillas contra su pecho y las manos todavía cubriéndose el rostro. Vestía todo de negro, y el contraste con el lugar lo hacía lucir más escalofriante. Aun así se sentó frente a él, siguiendo esa voz que le decía que, de cualquier manera, no tenía escapatoria, al menos no ahora que había regresado a su lado.

—Ponte esto en el rostro, te aliviará el dolor, al menos eso espero. —Edward retiró las manos de su rostro, y aunque no había abierto los ojos, Isabella jadeó ante su belleza.

Tenía los pómulos altos y marcados, la mandíbula cuadrada y los labios delgados y finos formando una apretada línea, abundantes pestañas enmarcaban sus lastimados ojos. Era tan espectacular que resultaba atemorizante. Él estiró la mano sujetando el paño para luego ponerlo contra su rostro, soltando una exhalación de alivio en cuanto tocó la piel lastimada, y para su sorpresa, las quemaduras que también habían estropeado un poco sus manos y su cuello, comenzaron a sanar de inmediato, ahí, frente a sus propios ojos.

—E-Estás curándote muy rápido —balbuceó.

—Sí, el agua es vital en muchos sentidos —consintió con la voz ronca—. ¿También tiene aceite?

Y entonces abrió los ojos, orbes dorados y brillantes la sembraron en su sitio. Él aparentaba no haber recuperado la vista del todo, su mirada parecía difusa, pero aun así, fue lo suficientemente penetrante como para fijarla en su sitio, y cuando sintió que algo le rozaba el cuello, la ansiedad la dominó. Se echó hacia atrás bruscamente. Edward bajó la mano, sin inmutarse por el rechazo.

—Me tienes miedo.

—Lo siento.

—No lo sientas —sonrió, pero no fue una sonrisa feliz, era una mueca, cargada con desprecio—. Haces bien en no confiar en mí.

—¿Por qué no me mordiste anoche? Tuviste la oportunidad de hacerlo. —El vampiro se puso tenso, todo su enorme cuerpo volviéndose una masa sólida de músculos.

—¿Por qué iba a querer morderte?

—No… no lo sé… —Se mordisqueó el labio nerviosamente—. Me dio la impresión de que eso querías.

Bella no supo cómo lo sabía, pero podía sentir que el aire alrededor de ellos había subido algunos grados, incluso se revolvió nerviosa en su sitio, hasta que él dejó escapar un siseo.

—De hecho, eso es lo que más quiero en la vida, pero no voy… no voy hacerlo de nuevo. —Sacudió la cabeza, como si estuviera saliendo de algún trance—. Nunca más, no ahora que avanzó el día.

—No te entiendo…

—Lo único que tienes que entender es que de ahora en adelante, Bella, bajo ninguna circunstancia voy a morderte.

La castaña se mordisqueó el labio contemplando esos espectaculares ojos dorados, no sabía por qué, pero no podía creerle.


Hola, hola! lamento la tardanza chicas pero andaba de vacaciones. Acá les dejo ahora la historia en voz de Bella, el día ha avanzado, ¿cómo ven?
Muchas gracias a todas por comentar, ya saben mis chicas de siempre, las que se van uniendo, ¿y qué les va pareciendo a las fantasmitas? Un abrazo a todas.