Disclaimer: Ningún personaje, marca o editoriales que vean y reconozcan me pertenecen. No soy Stephanie Meyer y bla bla bla…
Aclaración con las edades para que nadie se confunda.
- Jasper: 26 - Edward: 25
- Emmet, Rosalie: 24 - Alice, Bella: 23
Capítulo catorce: Entre confusiones y apariencias
Una chaqueta de piel, unos tacones y unos lentes negros...María había llegado y no era precisamente para facilitarle la vida a su novio.
La estación de trenes de Nueva York estaba llena de gente. Celular y portafolio en mano de algunos mientras había otros con nada más que una guitarra y unos lentes de sol hippies.
Ciudad de contrastes, ciudad de drama, ciudad que nunca duerme: Eso es Nueva York.
-Al fin.- La voz de María observo el bullicio algo fastidiada y suspiro con alivio al encontrar la salida y montarse en un taxi. Levanto su celular y atino a encontrar el apellido que, según ella, pronto portaría.
Marco al menos tres veces, pero para su desgracia nadie contesto a su llamado.
Por esa razón precisamente estaba preocupada, Jasper estaba distante, seco…más de lo normal y eso la molestaba. Venía, no por extrañarlo, si no porque la idea de que Rosalie Hale arruinará su sueño de tener el mundo a sus pies tenía que parar.
-¿Su destino señorita?- El taxista la saco de su ensimismamiento.
-A la residencia Hale, en Manhattan.- María le proporciono un papel con los datos.- En el menor tiempo posible. Mi prometido me espera.
María, entre otras manías, sabía mentir y manipular sin ser descubierta. Fingía una vida de ensueño, provenía de una familia de abolengo a la cuál las jugarretas de la vida le arrebataron la fortuna. Desde entonces manipulaba a cualquiera que sospechara de la realidad. Pero no todos caían en su trampa, Rosalie Hale, por ejemplo tenía acceso a datos de su vida privada que ella ni siquiera imaginaba.
Cuidado cuando quieras sorprender a un Hale, porque tú puedes ser la sorprendida.
. . . .
Faldas escocesas, bolsas carísimas que hacían la labor de mochilas escolares, diademas de todos los tamaños, estilos y colores posibles, corbatas y mocasines italianos. Sí, este era el nuevo entorno de un muchacho genio con descendencia sencilla.
Un grupo de adolescentes millonarias lo observaban desde las escaleras mientras esperaba que Jacob le recogiera. Seth era toda una novedad en ese colegio: Tranquilo, sereno y no tenía vicios. Definitivamente algo a lo que ninguna de esas muchachitas estaba acostumbrada.
-¿Necesitas que te lleve?- Una joven con sonrisa perfecta, ojos azules y una cabellera rubia hasta el codo se le acerco.
-Vendrán por mí en cualquier minuto.- Seth se rascó la cabeza. Los hombres lo trataban peor que mal y resultaba que las mujeres eran amigables. Y bueno no tenía ningún problema porque todas eran guapas, y ella, incluso más que el resto. Amanda Sparks era casi una celebridad en Nueva York.
-Y… ¿dónde vives?- La sonrisa no se eliminaba de sus labios al observar de reojo a sus amigas chismeando.
-¿Disculpa?- Seth enarcó una ceja. Tal vez era demasiado amigable como para no sospechar.
-¿En que parte del Upper East vives?- La sonrisa de la rubia se convirtió en una mueca de confusión.
-¡Oh! No vivo en el Upper East Side.- Seth sonrió.- Vivo en Brooklyn.
-¿Brooklyn?- Y la mueca de confusión pasó de manera instantánea a una de desilusión.
-Exacto.- Seth hizo una mueca de satisfacción.- ¿Por qué?
-Nada en especial.- Un suspiro y el timbre de un celular.- Debo tomar la llamaba, adiós Ed.
-Seth.- Y la felicidad momentánea se fue tan súbitamente como llego. – De hecho es Seth.
Estar en una escuela así, cuando tus padres no derrochan dinero por todo Europa no era muy fácil y mucho menos para un adolescente promedio.
-Miss Sparks.- Seth a lo lejos observaba a Amanda subirse a una larga limosina negra. Reía de algo en el celular y le guiño un ojo cuando sus miradas se encontraron.
-Se nota que eres nuevo.- Una voz sarcástica habló a su costado.- Sparks ya tiene marido. Creo que está en tu salón, se llama Barhtolome Jhonson.
-¿Y tú eres?
-Bree.- Le extendió la mano y la agito con naturalidad.
-Bree ¿qué?- Seth tomó su mano a modo de saludo.
-Solo Bree.- La chica sonrió.
Los apellidos marcan a una persona y sobretodo deforman el trato que los demás te dan. Bree Strogoff, era millonaria…multimillonaria, pero más que eso era una idealista del amor verdadero y pensaba que lo había encontrado.
Seth la observó con detenimiento. Si bien no era tan perfecta como Amanda, era mucho más real y, estaba mucho menos desarrollada en todos los sentidos. Tenía el uniforme como se debía, el cabello negro y algo quebrado se encontraba por debajo de los codos y la tez muy blanca.
-¿Vendrán por ti?- Seth sabía que con la puntualidad de Jacob ofrecerse a llevarla no era una muy buena idea pero no tenía idea de que otra cosa podía hablar.
-Mi padrino, Edward, aunque parece que lo olvido.-Bree hizo una mueca.- Pero no voy a mi casa sino a unas tontas clases.
-No vayas.- Seth se dio por vencido y arrojo la mochila al piso.
-Debo de ir.- Bree suspiró con aburrimiento.- El sábado es mi Cotillón, y seguramente terminarán asignándome a alguien que baile fatal porque como no tengo pareja terminaré con algún perdedor. Así que al menos yo debo bailar bien para evitar un mayor ridículo social.
-Ya es bastante ridículo usar un vestido y bailar como si estuviésemos en otra época.- Seth hizo una mueca chistosa con la cara.
-Díselo a mi madre.-Bree bajo la mirada.
-¿Qué tan difícil es ese idiota baile?- Seth clavó su mirada en una confundida Bree.- Tú sabes, probablemente no tenga nada mejor que hacer el sábado y burlarme un poco de los feos vestidos que usarán no me haría mal.
-Probablemente.- Bree le sonrió con ternura.- Solo espero que no bailes muy mal.
-Tengo mis movimientos.- Seth le guiño un ojo.
-¿Seguro?- Bree se ruborizó un poco.- Ir conmigo no es…digo, no tengo la mejor reputación en la escuela. Estoy hasta el fondo de la escala social y…
-Desafortunadamente para ti, ya me invitaste.- Seth se inclinó, tomó la mano de Bree y la besó como si estuviesen a punto de comenzar un bailar.
-Gracias…-Bree se pauso a sí misma al no saber el nombre de su futura pareja.
-Seth. Solo Seth.- Seth rió.- Creo que nos olvidaron.
-El estudio no esta muy lejos.- Bree tomó aire. Era demasiado tímida como para hablar con tanta fluidez con un chico.- Podríamos ir juntos.
-¿En que calle está?- Seth inquirió.
Bree hizo una mueca.- En la quinta.
-Debemos tomar el subway.
-Estás demente.- Bree se cruzo de brazos.
-¿Miedo?- Seth soltó una carcajada.- Espera… ¿nunca has tomado el subway? Oh, veo que eres otra típica niña consentida.
-Ahm.- Bree frunció los labios. -Por supuesto que sí.
-Entonces vamos.- Seth la retó y extendió su mano para que Bree la tomará.
-Vamos.- Bree tomó la mano más nerviosa de lo que aparentaba.
. . . .
Las declaraciones severas siempre causan incomodidad y confusión. Es algo perfectamente natural. Pero si la persona que te provoca sentimientos encontrados te dice: Asesine a alguien. Pues simplemente logra enredarte más.
Edward iba de un lado a otro en el elevador del departamento de su hermano. Emmet siempre sabía que hacer cuando de trataba de mujeres.
Recontaba todo lo que había sucedido: Bella no tenía un hijo, Bella le coqueteó un poco y Bella le confesó que era una asesina. La última parte era lo que le estaba martillando la cabeza de a poco, como si se tratase de una tortura de la Inquisición en la que te perforan el cráneo gota tras gota.
Tocó tres veces y a la cuarta le abrieron, pero ver a Rosalie Hale con nada más que la camisa de su hermano encima no era lo que tenía planeado.
-¿Edward?- Emmet hizo una mueca de tremenda confusión.
Edward por su parte hizo una mueca de asco al ver que tan solo tenía puestos unos bóxers.- Buenas tardes.
-Yo los dejo.- Rosalie se giró y le hizo una mueca de reproche a Emmet para después irse algo contrariada.
-¿Podrías vestirte? Es algo importante.- Edward se paró en el umbral con la mirada severa posada sobre su hermano menor.
-Claro.- Emmet carraspeó algo mareado pero no se movió.
Edward entro al departamento cerrando la puerta tras de sí con una lentitud más allá de la necesaria.
-¿Y bien?- Emmet lo observó de arriba abajo sin saber porque demonios estaba ahí.- ¿Alguien esta herido? ¿En el hospital? ¡¿Alguien murió?
-Con un demonio.- Edward levantó un poco la voz.- ¡Vístete!
-Lo siento.- Emmet se rasco la cabeza.- Vuelvo en un minuto.
Encontrar que la peor enemiga de tu hermana duerme con tu hermano te pone en una fuerte y compleja encrucijada ya que les debes lealtad a los dos.
Edward se dejo caer con pesadez en el lujoso sillón de piel del departamento de su hermano.
La plática se desviaría un poco del tema a retomar las clausulas de: Somos hermanos mayores de Alice, debemos cuidarla, protegerla, partirle la cara a cualquier imbécil que se le acerque con malas intenciones o le rompa el corazón y… ¡Ah! No olvides que no deberías tener sexo con la mujer que la humillo internacionalmente en una revista.
-¿Edward?- Emmet apareció en la sala con un pantalón deportivo negro encima y una camisa blanca. Llevaba dos cervezas en la mano y se le notaba algo nervioso.
-Debería preguntarte eso.- Edward gruño por lo bajo. Tampoco quería que Rosalie se enterara de que su familia la detestaba. Aunque si era tan lista como el mundo decía, al menos debería imaginarlo.
-Yo…-Emmet se mojó los labios.- Te explicaré después.- Le extendió la cerveza y se sentó en el sillón frente a su hermano.
-Más te vale tener una explicación muy razonable.- Edward se cruzó de brazos de modo amenazante.- Por cierto, ¡la rubia está buenísima! no entra en explicación razonable.
Emmet rió.- ¿Estoy enamorado cuenta?
-Eres un imbécil.- Edward rodó los ojos.- Olvide especificar: Real y razonable. No me tomes el pelo Emmet, se quién eres.
-Muy bien.- Emmet tomó aire.- Real y razonablemente estoy enamorado.
Edward lo observó fijamente y poco a poco calló en la cuenta de que su hermano no le estaba tomando el pelo.
La miradita de felicidad que tenía no era producto de algo de una noche, o de una novia informal y cualquiera, no; su mirada estaba expresiva y llena de algo que hasta ese instante el desconocía. Por un instante sintió algo de envidia.
-Enamorado.- Edward repitió tranquilamente.
-Supongo.- Emmet sonrió.- Uno nunca puede estar seguro cuando se habla de mujeres. Pero Rosalie es especial.
Edward enarcó una ceja.- Y, si no es indiscreción ¿porqué elegiste a la mujer que tu hermanita odia más en todo este planeta?
-Cosas de la vida.- Emmet le dio un largo trago a su cerveza. No podía entrar en detalles sabiendo que Rosalie podría escuchar algo de la conversación.
Contarle que todo había empezado como un juego humillaría a Rosalie enormemente y si bien, se enteraría por él, quería hacerlo de otra manera. No por una plática con su hermano mayor.
La mirada verde de Edward seguía dura hacia Emmet.
-Dame una oportunidad y te explico todo.- Emmet sonrió algo forzado.
-Muy bien.- Edward tomo su cerveza y bebió.
-¿Qué haces aquí?- Emmet lo miraba curioso.- Tienes una cara fatal.
-Una persona no esta preparada para lo que vi.- Edward se excusó.
-¿Me convences a mí o a ti?- Emmet frunció los labios.- En serio, ¿qué sucede contigo?
-Bella sucede.- Edward respiro profundamente.
-Es linda, es amiga de Alice, no le eres indiferente y es algo torpe pero graciosa.- Emmet lo observó fijamente.- ¿El problema es ella o Tanya?
-Bella.- Edward repitió.
-¿Qué demonios?- Emmet hizo una mueca de confusión.- Explícate.
-Dormí con ella.- Edward declaró.
-Oh.- Emmet resulto impresionado. El serio de su hermano resultaba no ser tan serio después de todo.
-Y…
-¿Hay más?- Emmet soltó una carcajada.
La verdad duele, la verdad marea, la verdad confunde y sobretodo cuando se dice de manera clara y fuerte, la verdad se vuelve una dura y pesada realidad que ya no se puede negar.
-Y después pensé que tenía una hija pero era hija de su asistente, coqueteamos y me dijo que asesino a alguien.-Edward termino su oración y cerró los ojos. El dolor de cabeza se había intensificado.
-¿Entendí bien?- Emmet de un momento a otro se tornó serio.- ¿Asesino?
-Sí.- Edward lo observó buscando una respuesta.
-Puede que sea metafórico, tal vez le rompió el corazón a su ex y no quiere nada.- Emmet inclino un poco la cabeza.- O el hecho de que tú y tu novia salen en el New York Times al menos tres veces al mes influyó un poco y se siente inferior a Tanya.- Finalmente su expresión se relajo un poco más.- O es una verdadera asesina, con armas terroristas en su casa y víctimas en el sótano. Lo cuál no tiene mucha lógica que digamos.- Emmet sonrió un poco más tranquilo.
-No es metafórico.- Edward habló despacio. Recordando segundo tras segundo de cuando Bella le dijo 'Asesine a alguien'.- Le pregunte porque Alice era tan protectora con ella, qué escondía y de pronto me soltó eso. Sus ojos se hincharon, estaba a punto de llorar de eso estoy seguro.
-Es complicado.- Emmet bebió cerveza.- ¿No habrás escuchado mal?
-Edward, ¿te quedarás a cenar?- Rosalie apareció en la cocina muy bien arreglada.
Emmet se giro y le sonrió.- ¿Cómo demonios conseguiste ropa?
-Es tuya.- Rosalie se sentó en la barra de la cocina. Y le sonrió coquetamente.- Trabajo en una revista de modas ¿recuerdas? Me las se arreglar.
Edward se quedó callado. No porque no hubiese escuchado a Rosalie, o porque no le agradará mucho, si no porque su cabeza seguía ardiendo igual o peor que cuando había llegado al departamento de su hermano.
-Muy bien.- Rosalie se bajo de la barra de un salto y se encamino hacia Edward.- Se que no te agrado y por todo lo que has hecho pasar a Tanya tampoco me agradas, pero voy a salir con tu hermano así que podrías hacer el favor de al menos contestarme lo que te pregunte.
Emmet sonrió. Ese carácter, esa forma de caminar, incluso la forma de reprocharle algo a Edwrad, eso lo había enamorado de ella pero el problema era explicarle eso a su hermano.
Edward sacudió la cabeza.- ¿Qué le he hecho a Tanya?
Emmet rodó los ojos. El tono, la cara y la mirada de superioridad de Edward habían regresado, el pianista arrogante que a veces ni el mismo soportaba estaba frente a él.
-Dejarla plantada, no contestarle, humillarla…La pasa muy mal.- Rosalie enumero el montón de exageraciones que su mejor amiga le había contado.-Sin contar las veces que has querido terminar con ella.
-Soy el medio de Tanya de tener fama, ella es el medio de que no me hostiguen los periodistas cada que salgo con una amiga. Ella lo sabe.- Edward la miro retadoramente.- Entre ella y yo no hay nada más que un contrato no firmado.
-Eres un insensible.- Rosalie apretó los labios enojada.- Y ella no sabe de tu estúpido contrato imaginario, Edward.
-Te informó que es el mismo contrato que tenías con King y todos los novios que se te han conocido Hale.- Edward se levanto del sillón. Observó fijamente a Emmet.- Y de verdad deseo que seas la excepción porque es bien sabido que su madre salió con modelos, empresarios, periodistas y más cuando salía con su padre.
Dicen que las palabras pueden ser cuchillos que hacen heridas profundas, pero también pueden ser dagas que perforan una herida ya abierta.
Edward sintió la fría mano de Rosalie sobre su mejilla.
-Me voy de aquí.- Edward hizo a un lado a Rosalie.
Emmet estaba ya de pie en medio de la escena y no podía ponerse de lado de su hermano con los ojos de Rosalie húmedos, pero tampoco sabía porque ella, tan fuerte e insensible ante los ojos del mundo, estaba llorando.
Para cuando reaccionó Edward ya estaba en la puerta.- ¡Alice!
-No le diré nada.- Edward regresó la mirada aún más molesto. Emmet estaba traicionando a Alice por esa clase de escoria.
-No.- Emmet estaba algo pasamado por todo lo sucedido.- Quiero decir, si le preguntaste a Bella por Alice y reacciono así, ella debe saber algo.
Edward salió y azotó la puerta. Pero a pesar de todo, su hermano tenía razón.
. . . .
Negocios: La bolsa sube la bolsa baja, las monedas se devalúan, las acciones incrementan. Números, dinero, pero sobretodo estrés.
Jasper Hale se encontraba en su despacho haciendo llamadas, recibiendo empresarios e incrementando un dinero en el que ni siquiera el tenía interés. Pero lo habían educado para estar precisamente así.
Su celular se encontraba en el bolsillo de su abrigo negro colgado en el perchero de la esquina, con al menos doce llamadas perdidas de María, ocho mensajes de la misma, un mensaje de Rosalie y llamadas de otras personas.
Pero no tenía tiempo, a menos que se tratase de Alice quién le hablaba directamente a la oficina.
La línea de su asistente sonó. Jasper levanto el auricular visiblemente cansado.- Dime Emily.
-El señor Albert Hawk lo busca. ¿Quiere tomar la llamada?
-Está bien.- Jasper se sorprendió un poco. Era un viejo amigo que incluso había salido con Rose hace ya algunos años.
-¿Albert?- Jasper se dejo caer en su asiento.
-Jasper, perdón por molestarte pero no logro localizar a tu hermana.- Albert hablaba algo apresurado.
-No hay problema.- Jasper hizo una pequeña pausa y habló en un tonito sugestivo.- Así que aún frecuentas a Rosalie.
-No de esa manera.-Albert rió en la línea.- Resulta que está muy interesada en la cuenta que compartes con María y me pidió que la mantuviera informada, como bien ya sabes.
'Sí, claro que sabía'. Jasper rodó los ojos ante las artimañas de su hermana menor. –Sí, estaba enterado. ¿Qué sucede?
-Resulta que María movió su residencia a, pues, la casa de tus padres.- Albert habló algo nervioso.- Y tan solo quería informarle a Rose que fue hace exactamente veinticuatro horas y ya dio la confirmación.
-¿Hizo qué?- Jasper sintió que le habían echado agua fría encima.
-Movió su residencia en la información del banco.- Albert se escuchaba nervioso.- La confirmación de cambio salió de la línea de tu casa hace veinte minutos de la misma María.
-O sea que María esta en mi casa.- Jasper trago saliva.
-Al parecer sí.- Albert confirmo.
-Gracias, Albert.- Jasper trato de sonar más tranquilo de lo que en realidad estaba.- Yo le aviso a Rosalie. Hasta luego.
-Hasta luego, Jasper.- Albert sonaba algo ansioso.- Según tengo informado María también reviso las clausulas para un matrimonio mancomunado.
-Tengo que irme.- Jasper se levanto de un salto. María había llegado demasiado lejos. Sí estaban casi comprometidos pero aún no estaban casados.
Matrimonio no era uno de los planes de Jasper Hale por el momento y se iba a encargar de que la agenda de María se enterara de eso.
Salió de su despacho con el abrigo a medio abrochar.
-Emily, surgió una emergencia y tengo que salir.- Jasper palmeo el bolsillo de su abrigo y se encontró con las llamadas de María. Era un hecho, estaba en Nueva York.
-Muy bien, señor Hale.- Emily tomo su agenda.- Moveré la junta de consejo de hoy y ¿cancelo su cena con el embajador francés?
-Por favor.- Jasper sonrió.- Y gracias.
Cinco minutos después estaba en la parte trasera de su lujosa camioneta negra con el chofer lidiando con el tráfico.
No sabía porque pero lo único que quería escuchar era la voz de Alice. Le llamó y lo único que alcanzo a escuchar fue su voz grabada en la contestadora: 'Es Alice Cullen, sabes que hacer'
-Necesito hablar contigo. Te quiero.- Jasper cerró su celular y sonrió. Tal vez era tiempo de hacer algo estúpido ante la sociedad y ser feliz con su estupidez.
Su estupidez era dejar a una mujer educada con una fortuna palpable, un futuro prometedor, que muy seguramente sería una buena madre y a su padre le agradaba. Dejarla por una diseñadora menor con un futuro incierto, que tal vez no quería tener hijos por su trabajo, que su padre odiaría al igual que su hermana…Pero su vida era una farsa y lo único cierto es que lo que sentía por Alice era más fuerte que lo que sentía por María.
¿La prueba? Se había acostado con María un montón de veces y a Alice no la había besado una sola vez y por alguna desconocida razón quería estar con Alice.
Aunque le llevará tres años, ella fuera más infantil, más alocada, más atrevida, más caprichosa, más extravagante, más lenta, menos propia, menos decente, menos centrada y menos adecuada para él. A pesar de eso y mil contradicciones más, quería estar con Alice.
Ahora tan solo tenía dos problemas: Que María aceptará terminar y que Alice aceptará estar con él a pesar de todo.
. . . .
Feliz 2011 a todos.
Recuerden que son hermosos justo como son y no tienen que llenar las expectativas de nadie más que de ustedes. Valen muchísimo más de lo que algunas veces pueden o quieren ver. Y acerca de los propósitos, simplemente propónganse no dejar que nada ni nadie les quite la sonrisa de la cara.
Perdónenme los meses sin actualizar y saben que los reviews siempre son bien recibidos. Los quiero, Mariana.
GO
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