Capítulo XIV

Para cuando terminaron de tocar había tantas personas adentro del bar que apenas y podía moverme sobre mi propio eje. Adentro se sentía sofocado y olía a humanidad.

Lenny me había abandonado hacía unos veinte minutos cuando llegó un amigo de él y fueron a perderse al segundo piso. Por fortuna mi estatura me ayudaba a esconderme entre la multitud y no pasar desapercibida especialmente para el baterista rarito que desde que había subido al escenario no me quitaba los ojos de encima.

A mi lado izquierdo había un grupo de chicas de corsés color negro, botas con tacón hasta la rodilla y mini faldas que no dejaban mucho a la imaginación. Una de ellas llevaba tantos pierciengs en la cara que ni siquiera logré contarlos. Todas le gritaban piropos y halagos al rubio quien de tanto en tanto volteaba y les regalaba una sonrisa.

Cuando finalmente terminaron de tocar me giré dispuesta a irme con o sin Lenny pero el eco de una voz no sólo hizo callar a los clientes sino que me paralizó por unos segundos.

— ¡Kari, espera! —gritó TK. Al voltear lo vi platicando con otro chico de piel morena y cabello afro que vestía bermudas con palmeras y una camiseta blanca de botones. Parecía o bien que iría a la playa o que acababa de regresar de allá. Me detuve sin saber qué hacer y con un gesto de mano me pidió que me acercara.

¿Y ahora qué? —no era eso lo más vergonzoso sino que decenas o cientos de miradas estaban fijas sobre mí, muchas de ellas inspeccionándome de arriba abajo probablemente preguntándose quién era yo.

— ¿Me ayudas a guardar la batería? —preguntó él como si fuese lo más normal y sencillo del mundo. Fruncí el ceño y estuve a punto de responder cuando me tomó de la mano—. Ven —subimos al escenario y tras las cortinas había una puerta. Era una especie de camerino donde los músicos se preparaban antes de salir a escena. Había una sala de terciopelo rojo, un peinador de madera vieja, sillas de plástico regadas por doquier y varias guitarras recargadas en las paredes. Olía a humedad y sólo había una pequeña ventana que daba al callejón lateral.

— TK, yo no sé cómo desarmar una…

— Shhh… —el rubio se acercó a mí poniendo su dedo índice sobre mis labios. Pegó su frente a la mía. Transpiraba y su aroma combinado con el perfume alteraba mis hormonas. Acarició una de mis mejillas dispuesto a besarme pero me aparté de golpe.

— Espera.

— ¿Qué pasa? —sus grandes ojos azules me miraban asombrados.

— Es que no… yo… —suspiré—. No quiero, TK.

— ¿Por qué no? —se acercó nuevamente a paso lento. Nos miramos en silencio mientras mi mente buscaba armar una frase coherente para responder—. ¿Ya no te gusto? —negué con la cabeza.

— No es eso.

— ¿Entonces?

— Es que… —me mordí el labio—. Es que no hay química entre nosotros.

— ¿Química? ¿Cómo sabes eso? —me encogí de hombros—. Claro que hay química.

— No, TK. Y no es divertido estar con alguien con quien no tienes química porque… —en ese instante se acercó tomando mi rostro entre sus manos y me plantó un beso en los labios. Mi cuerpo se relajó al sentir cerca el calor del suyo y sentí que las piernas me iban a fallar. Nos miramos nuevamente sin decir palabra. Aún podía sentir su aliento en mis labios.

— Dime que eso no es química —no podía mentir con algo tan cierto. Él bajó lentamente sus manos a mi cintura encargándose de rozar cada tramo de piel a su paso y sin más lo abracé del cuello y volví a besarlo.

¡Al carajo la química! Yo quería besar a Takeru.

Fue empujándome hasta que caí al sillón. Su mano derecha subió por mis muslos hasta alcanzar mi entrepierna y se me escapó un gemido. Bajé las mías y tiré de su camiseta hacia arriba para quitársela. Pronto nuestra ropa fue a parar al piso y él se sentó. Subí cruzando mis piernas sobre las suyas y mordí su labio cuando me penetró. Comencé a moverme mientras sus labios devoraban mi cuello y sus manos se aferraban a mi cintura.

Aquella fue la primera vez que hice el amor en un bar.


¿Quién se resiste a unos ojos bonitos? Ayyy! :D