Epílogo

SIETE meses más tarde, Rachel estaba en una habitación de la iglesia más antigua de Chantaine con un vestido de novia que tenía una cola tan larga que podría entrar en el libro Guinness. A ella le había aparecido exagerado, pero según Bridget, el pueblo de Chantaine quería un vestido fastuoso para la novia de su alteza. Rachel iba a intentar disfrutar del acontecimiento. Al fin y al cabo, Quinn y ella ya habían hecho los juramentos en una ceremonia privada entre los dos. Ese día era la ceremonia oficial y, como iba a ser princesa, tenía que acostumbrarse a los actos oficiales.

Aunque le costó reconocerse cuando se miró al espejo, Quinn lo compensaba todo. Llevaba un velo de encaje veneciano creado por costureras locales y el vestido también lo había diseñado una modista local en alza. El diseñador de las joyas también era de Chantaine y había creado unos pendientes de perlas y diamantes que complementaban la diadema centenaria.

—La gente sigue hablando de tu empeño en utilizar solo diseñadores de Chantaine para la boda. Podrías haber elegido los mejores del mundo —comentó Bridget con cierta pena.

—Creo que lo han hecho muy bien y no creí que fuese a armarse tanto revuelo por la decisión —replicó Rachel al pequeño grupo de mujeres que la acompañaba en la habitación.

—Una decisión muy apropiada —le aplaudió su tía Hildie—. ¿Por qué ir a otro país si en el tuyo pueden hacerlo muy bien? Además, está preciosa —añadió su tía secándose los ojos.

A Rachel se le encogió el corazón al ver la emoción de su tía. Hildie la había respaldado cuando nadie lo había hecho y había sido una gran influencia para conseguir confianza y triunfar. Se acercó a ella y le dio un abrazo.

—Gracias por todo lo que has hecho por mí. Sólo espero poder enorgullecerte.

Hildie la abrazó con fuerza y luego se apartó para sonarse la nariz.

—Siempre lo has hecho.

—Quería darte esto como algo prestado —le dijo Franny acercándose y dándole un pañuelo—. Fue de mi tatarabuela. Estoy feliz por ti y Quinn.

Espero que seáis tan felices como Zachary y yo.

—Gracias, Franny. La primera vez que conocí a tu hermana, no habría podido imaginarme que me enamoraría de ella.

—Todos nos alegramos de que pasara —intervino Andreina—. Es una persona distinta desde que viniste a Chantaine.

—Menos mal… —farfulló Bridget—. Ella es feliz, tú eres feliz, la niña es feliz. Ahora, si por fin puedo pasar un año en Italia…

—No depende de mí —replicó Rachel entre risas—. Quinn y tú tendréis que negociarlo.

Llamaron a la puerta y Bridget fue corriendo a entreabrirla. Desde que la arrollaron, Bridget protegía mucho a Rachel.

—¡Ah, eres tú! Espera un segundo —Bridget volvió a cerrar la puerta—. Es el regalo de Quinn.

—¿Un regalo de boda? —preguntó Rachel—. Ya me ha regalado un potro.

—Este regalo es un poco distinto —dijo Bridget abriendo la puerta otra vez.

Un hombre bastante alto entró y Rachel se sintió dominada por una oleada de sensaciones. Por primera vez en quince años, estaba mirando a su hermano Jessy. Se debatía contra la incredulidad mientras asimilaba lo que veía. Era mayor y más ancho que el adolescente delgado que recordaba. Sus ojos tenían algunas arrugas, pero el amor que captó en ellos era el de siempre. Fue corriendo hasta él y le rodeó el cuello con los brazos.

—Jessy, has venido. ¡No puedo creérmelo! ¿Cómo te ha encontrado?

—Digamos que tu futura esposa es bastante… perseverante. Cuando me marché, te escribí varias cartas, pero como no recibí respuesta, pensé que no querías saber nada de mí. —No recibí ninguna carta —replicó Rachel con un nudo en la garganta. —Me lo supuse cuando Quinn me encontró. Pero no he venido a pasarme el día de tu boda hablando de mí. He venido porque quería estar en uno de los días más importantes de tu vida. Ya me he perdido bastantes.

—Estoy feliz de que hayas venido. Tendremos ocasión de hablar, ¿verdad?

—Hoy, no, pero ya he prometido volver cuando hayáis terminado la luna de miel. Estás preciosa por dentro y por fuera, Rachie. No podría estar más orgulloso de ti. Ahora, voy a salir.

Rachel le dio un beso en la mejilla y se quedó mirando la puerta con lágrimas en los ojos.

—Voy a casarme con la mujer más increíble del mundo. Se dio la vuelta para mirar a las demás mujeres y todas estaban sollozando o secándose los ojos.

—Basta —dijo Bridget—. Tengo que repasarte el maquillaje. La acicalaron y la abrazaron y, de repente, las mujeres se marcharon y se quedó sola y nerviosa. Algunas veces seguía sin creerse lo que había pasado. Quinn la había animado para que adaptara el papel de princesa a su personalidad. Iba a ser un toma y daca, como el complicado vestido que llevaba ese día, pero ya había empezado a querer al pueblo de Chantaine y ayudar a que fuese feliz no le importaba tanto como le importó una vez.

Volvieron a llamar a la puerta y el corazón le dio un vuelco.

—¿Quién es? —preguntó ella acercándose.

Se abrió la puerta y la maestra de ceremonias asintió con la cabeza. —Sois la novia más hermosa que he visto en mi vida. ¿Estáis preparada?

—Sí.

Siguió a la mujer hasta la entrada de la iglesia y una orquesta empezó a tocar como señal para que empezara a avanzar por el pasillo. Dio unos pasos y enseguida encontró a Quinn con la mirada. Sabía que la gente estaba mirándola con detenimiento y los nervios podían pasarle una mala jugada. Mirar a Quinn le daba valor. Recorrió todo el pasillo hasta que ella le tomó las manos y la saludó con un beso.

—¿Qué tal está hoy la luz de mi vida? —susurró ella.

—Feliz y emocionada, Su Altitud.

—A partir de hoy, cuando seas la princesa soberana, voy a decirte lo mismo. Te amo, futura Altitud.

Fin…


BUENO HASTA AQUÍ CON ESTA HISTORIA LA VERDAD GRACIAS A TODOS POR DEJAR SUS COMENTARIOS

TRATARE DE ACTUALIZAR LO MAS PRONTO POSIBLE MI OTRO Finc "MUNDOS PARALELOS", PERO AHORA ESTOY UN POCO BLOQUEADA….

NOS LEEMOS PRONTO