Falso matrimonio.

Capítulo 14: La gran jugada de Inuyasha

Decidido a hacerle la vida imposible a su ex esposa, Inuyasha también se aprestaba a volverse a España. Empezó a empacar sus cosas y luego se fue a dar un paseo antes de retirar los billetes del avión y volverse a España a buscar sus cosas e irse de la casa, pero pensó rápidamente que quien debía irse de la casa era Kagome, ya que la casa la había comprado Inuyasha y le pertenecía. Pensativo ideó un plan y entró a un locutorio, donde hizo una llamada telefónica y mandó un mail a las autoridades de España. Satisfecho con esto, prosiguió con su paseo.

Mientras tanto, Eri y Sango, planeaban juntas, cómo solucionar esto entre Kagome e Inuyasha y que ellos vuelvan a ser la feliz pareja que eran antes de divorciarse y que definitivamente no lo hagan. Ambas pensaban en renunciar a ser las abogadas de Kagome, puesto que aún merodeaban en sus mentes los chantajes de la exitosa cantante, pero no iban a dejarla sola y más sabiendo que Inuyasha cuenta con abogados como el hombre que Sango ama con locura y es Miroku y quien sabe con quién otros, lo que Eri no sabe, es que otro de los abogados que contrató Inuyasha y que ahora lo defiende a él, es uno de los que la ayudó con aquella empresa ferroviaria y es muy bueno en su trabajo, incluso está muy por encima de ella y jamás desearía tenerlo en contra. Pero si llega a saber que ese amigo suyo, va a defender a Inuyasha, se sentiría muy decepcionada y muy angustiada de saberlo.

-Sango, creo que el tema del departamento, no podremos hacer nada si está a nombre de Inuyasha-. Comentó Eri rascándose el mentón.

-Lo sé. Pero Inuyasha no puede ser tan cruel de dejarla en la calle hasta que ella pueda comprarse una casa nueva-. Dijo Sango acomodando unos papeles.

-Con esto que acaba de pasar, creo que no es raro que ello suceda. Inuyasha parece muy decidido a declararle la guerra a mi hermana-. Señaló Eri con preocupación.

-De ser así, yo no tendría problemas en darle hospedaje en mi casa hasta que tenga la suya-. Dijo Sango decidida.

-Sango, ese no es el punto, el asunto acá es que ellos dos se pidan una disculpa mutua y se arreglen. No quiero ver a mi hermana casada con ese estafador de Hojo Tendo y a Inuyasha casado con una yegua que le saque cuanta plata pueda-. Renegó Eri con fastidio.

-Es cierto lo que dices, pero ya sabes lo tercos que son ambos-. Refunfuñó Sango.

-En eso coincido, pero algo se nos va a ocurrir, mientras tanto, tenemos que pensar como harán su división de bienes, mientras sigan con este teatro que ya me tiene harta-. Rezongó Eri.

Mientras Sango y Eri hacían lo suyo, Inuyasha prosiguió con su pase, muy feliz por lo hecho y con su pasaje en mano. Entró en un restaurante a almorzar y pidió su comida, en cuanto encontró mesa. Casi repentinamente un niño se le acercó a su mesa.

-Disculpe, señor-. Dijo el niño.-¿No quiere comprarme unos carilinas?-.

Inuyasha miró al niño, estaba vestido muy harapiento, lucía unos jeans desgastados, unas zapatillas muy sucias, una camisa celeste con hojas blancas y una chaqueta sin mangas de color marrón claro. Tenía una mirada triste e inocente, sus ojos eran de un verde esmeralda y su cabello marrón casi anaranjado. Era pequeño y no debía tener más de 6 años cosa que a Inuyasha lo conmovió al verlo. Era raro en un hombre de carácter áspero, frío y demandante como él. Sin dudarlo le compró algunos y le dio unos 5 euros, el niño quedó agradecido, pero Inuyasha lo detuvo antes de que se fuera.

-¿Cómo te llamas pequeño?-. Preguntó el ambarino sonriente.

-Me llamo Shippo, señor-. Respondió el niño con vos tímida.

-Debes tener hambre. ¡Quieres comer algo?-. Preguntó amablemente Inuyasha.

-Me encantaría, hace 1 semana que no pruebo nada-. Dijo el niño agradecido.

Fue así, que Inuyasha le pidió una hamburguesa completa a Shippo y este la devoró toda, era evidente que aún le faltaban algunos modales para comer, pero a Inuyasha pareció no molestarle, de hecho elaboró una idea.

-¿Tienes padres?-. Preguntó el ambarino.

-No señor. Murieron cuando era muy pequeño y quedé huérfano. Luego el hogar donde vivo, me manda a pedir limosna y a trabajar en estas condiciones, pero siempre me quitan mis ahorritos porque dicen que soy muy chico para entender de dinero-. Expuso Shippo.

A Inuyasha se le encogió el alma al oír lo que dijo el niño. ¿Cómo era posible que haya gente tan inescrupulosa en este mundo? Inuyasha no aguantó más y le hizo una propuesta al niño.

-¿Te gustaría venirte a vivir conmigo?-. Le preguntó Inuyasha amablemente.

-¡¿Habla en serio?!-. Preguntó entusiasmado el niño.

-Claro que sí-. Respondió Inuyasha.

-Es lo mejor que me pudo pasar-. Sollozó Shippo.

-No llores y termina tu hamburguesa. Iremos a ese orfanato y te quitaré de ese mundo-. Dijo Inuyasha decidido.

Shippo no pudo estar más feliz de sabr que alguien lo adoptará como su nuevo padre. Más tarde, Inuyasha llamó a Eri y a Sango y ambas fueron al sitio indicado. Cuando fueron al sitio indicado por Inuyasha, vieron a este y a un niño a su lado y que el sitio indicado era un orfanato. Ambas bajaron del auto de Eri y entraron ni bien vieron a Inuyasha.

-¡Hola, Inuyasha!-. Saludó Sango.-¿Quién es el niño?-. Preguntó.

-Es Shippo, mi nuevo hijo-. Dijo Inuyasha con determinación.

Eri y Sango casi se caen de bruces, pero luego reaccionaron incrédulas.

-¡¿TU NUEVO QUÉ?!-. Gritó Eri.

-¿Estas sorda? Dije que este niño es mi nuevo hijo-. Aclaró Inuyasha en tono elevado.

-No me grites y no estoy sorda. Es que no podemos creer lo que oímos-. Lo regañó Eri.

-Créelo-. Dijo Inuyasha sonriendo confiadamente.

Con la explicación de Inuyasha dada, Eri y Sango, lograron que el orfanato, le ceda la custodia a Inuyasha y bajo un apercibimiento de que si no lo hacían, iban a denunciarlos a las autoridades, por sacarle plata a los chicos pobres que hospedaban en su casa y debido a ello, tuvieron que dejar de hacerlo y dejar que los niños tengan las limosnas que recolectan de la calle.

Más tarde y durante todo el día, Inuyasha hizo un buen uso de sus tarjetas de crédito y comprarle ropa nueva a Shippo y algunos juguetes. El niño quedó encantado con su nuevo padre. Eri y Sango, nunca vieron tan feliz a Inuyasha y llegaron a pensarse si esto no lo estará haciendo para enervar a Kagome, sabiendo ambas que ella tenía muchos deseos de ser madre.

-Esto me da mala espina, Eri-. Dijo Sango en tono bajo.

-Lo mismo pienso, pero no podemos ir en contra de la corriente-. Murmuró Eri.

Ambas, no se animaban a esgrimir comentario alguno de más.

De regreso a la mansión Saavedra, los abuelos de Kagome y Eri, se sorprendieron de sobremanera al ver al nuevo miembro de la familia de Inuyasha. Sango les explicó todo, mientras el niño subió a darse un buen baño, con los productos de limpieza y aseo personal que le compró Inuyasha y de paso mudarse de ropa y tirar esa haraposa y sucia a un camión sanitario.

Al rato, Shippo salió radiante y brilloso de su baño, realmente era otro y más verlo con su nuevo jean azul, su remera de manga corta de color amarillo limón y sus zapatillas blancas deportivas. El niño se abrazó a Inuyasha y todos sonrieron al ver la escena. Inuyasha debió sacar un pasaje más para llevarse a Shippo consigo, mientras Eri y Sango, lograron obtener un permiso de inmigraciones para el niño y empezar los tramites de una nueva documentación, pese a que el niño tenía las suyas de sus fallecidos padres, lo que no le dio problemas para abandonar el país inglés. Lo que iba a traer problemas, y de lo cual temían Eri y Sango, era que iba a decir Kagome cuando sepa que Inuyasha adoptó un niño.

En tanto, en España, una enfurecida Kagome, deberá pasar las noches en un hotel, hasta que su ex marido decida dejarla entrar a su departamento, puesto que cambió las cerraduras y gracias a Miroku, que fue contactado por Inuyasha, las autoridades vigilan su casa, impidiéndole acceder a la exitosa cantante. Kagome estaba tan furiosa que juró que ni bien vea a Inuyasha, iba a hacerlo puré en cuanto ni bien le salte a la yugular.

Al día siguiente y casi al atardecer, Inuyasha y Shippo, arribaron a España y fueron al departamento del peliblanco. Dejaron las valijas en el comedor, incluso las 2 nuevas que tuvo que comprar Inuyasha para traer la ropa de su nuevo huésped, y el niño se sorprendió al ver tanto lujo en ese departamento. Lo malo era que de un día esplendido y soleado en Londres, llegaron a un día lluvioso en Madrid.

Shippo recorrió su nueva casa, que iluminada se veía mucho mejor y más con ese día tan oscuro y nublado por la lluvia. Shippo entró a la habitación que el peliblanco comparte con su ex esposa Kagome y sintió curiosidad.

-¿Vives con una mujer?-. Preguntó Shippo.

-Sí-. Asintió el ambarino.-Pero no creo que se quede por mucho tiempo-. Agregó tristemente.

-¿Pasó algo entre tú y ella?-. Preguntó serio el niño.

-Eres muy pequeño para entenderlo, pero algún día, cuando seas grande, lo entenderás-. Dijo Inuyasha sentándose en el sofá y sentando a Shippo en su regazo.

Así, ambos se pusieron a mirar TV, mientras Una colérica Kagome, estaba reunida con su hermana y su amiga.

-¡No puedo creer que ese canalla, me impidió entrar en el departamento!-. Protestaba histérica la pelinegra.

-Es su casa, Kagome. No pudimos hacer nada si el departamento está a nombre de él-. La trataba de calmar Sango.

-Adujo que temía que lo dejaras fuera e hicieras lo mismo que él y te quedes con el departamento que le corresponde-. Alegó Eri.

-Mala idea no hubiera sido, después de lo que confesó y encima hacerme perder la herencia de mis abuelos-. Recalcó fastidiada la pelinegra.

-La culpa es tuya por haber hecho lo que hiciste y más que nada, es su casa y más con su nuevo miembro de la familia-. La regañó Sango y de paso advirtió.

-¿Qué miembro?-. Preguntó Kagome calmándose.

-Inuyasha adoptó a un niño huérfano en Londres y lo trajo a vivir con él-. Explicó Eri.

Con todo explicado por Eri y Sango, Kagome empacó todas sus cosas y abandonó el hotel rumbo al departamento que comparte con Inuyasha a cerciorarse de que lo que le dijeron Sango y Eri era cierto. Al llegar, subió al departamento, tocó el timbre y el ambarino abrió la puerta encontrándose de frente con su ex esposa, lucía un vestido entero de minifalda muy ajustada y tirantes y un sobretodo tipo impermeable y tacones negros. Levaba en sus manos un paraguas todo mojado, aparte de sus maletas también húmedas por la lluvia.

-Hola-. Saludó tibiamente la pelinegra.

-Hola-. Saludó escuetamente Inuyasha.

De repente la voz de un niño llamó la atención de Kagome. Esta se asomó y vio al niño. Inuyasha la invitó a pasar y que lo conozca. Kagome se quedó pasmada. El niño estaba dibujando con los lápices de colores que le regaló Inuyasha y el block de hojas.

-Hola-. Saludó el niño sonriéndole a Kagome.

-Hola, pequeño-. Saludó la exitosa cantante sonriéndole dulcemente.

-Kagome. Debemos hablar seriamente-. Dijo Inuyasha firmemente.- Shippo, quédate aquí mirando la TV y dibujando. Kagome y yo debemos hablar-.

-Claro papá-. Dijo el niño obedientemente.

A Kagome le sorprendió como ese niño le dijo papá a Inuyasha y con las ganas que tenía que alguien le dijera mamá a ella. Siguió a Inuyasha a la habitación y se encerraron a charlar. ¿Qué le dirá Inuyasha a Kagome sobre Shippo? ¿Le impondrá condiciones para que se quede?

Continuará

Hola a todos y todas:

Inuyasha hizo su jugada y ahora que tiene a un hijo adoptado, acaparó toda la atención de su ex esposa. Pero según Eri y Sango, Kagome quiere ser madre, pero,… ¿madre de un hijo adoptivo o propio de ella? ¿Qué acuerdo habrá entre Kagome e Inuyasha o no habrá acuerdo? Averígüenlo en el siguiente capítulo. Arrivederchi.

Guille (Knight Rider)