Disclaimer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.
—¿Señoritas Jade West y Victoria Vega? —dijo un alto uniformado haciendo un gesto para que baje el vidrio.
—¿Sí? —respondió la conductora, abriendo apenas dos centímetros de su ventana.
—Necesito ver su licencia. —Al verse rodeada no intentó nada, bajó el visor y sacó sus documentos para entregárselos al oficial.
—Gracias, señorita… West. Soy el agente Patterson y acabo de recibir la orden de escoltarlas hasta la comandancia de la policía local.
—Disculpe oficial, pero nosotras tenemos órdenes de regresar a Los Ángeles.
—Lamentablemente tendrán que acompañarme, por favor bajen del auto.
—Lo siento, pero no lo haremos. Tenemos que volver a pedido de nuestros padres.
—¿Sus padres? —cuestionó con burla el hombre—. La señorita Vega está reportada como desaparecida por ellos mismo y usted señorita West, si no me equivoco, está siendo buscada por posible secuestro.
—¡¿Secuestro?! —respondió completamente ofuscada—. ¿A usted le parece que mi acompañante está siendo forzada a estar en este auto, atada de alguna manera?
—De todas formas, debemos llevarlas a la comandancia de policía. No podemos dejarlas ir.
Jade empezó a ponerse nerviosa con la situación y se aferró de la palanca de cambios para poner en marcha el auto y salir de ahí de alguna manera. Tori se percató de lo que planeaba hacer y la detuvo inmediatamente.
—No, Jade, solo bajemos del auto.
—¡Jamás! Estos tipos no saben lo que dicen —susurró virando el rostro a su derecha.
—Si no lo hacemos solo empeorarán las cosas, cualquier malentendido lo pueden aclarar tus papás y Nya. Escapar no es la solución ahora.
—Mira quién lo dice… —protestó la nerviosa chica—. Esto puede ser una trampa Tori, no podemos arriesgarnos.
—No hagan que tenga que repetírselo, ¡bajen inmediatamente del auto! —demandó el policía llevando las manos al estuche de su arma, todavía sin sacarla.
—Tranquila, todo saldrá bien, tenemos que bajar —dijo la morena y abrió la puerta de su lado para salir con las manos en alto.
Jade se apresuró a hacer lo mismo y, una vez afuera del vehículo, el oficial la tomó de la muñeca, dándole vuelta para presionarla sobre el coche.
—Haz lo que te pidan sin poner resistencia, estaremos bien —Insistió Tori, mientras era llevada del brazo por otro oficial a la patrulla que se encontraba detrás suyo.
—Señorita Jade West, queda bajo arresto por el presunto secuestro de Victoria Vega. Tiene el derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga o haga puede ser usada en su contra en un tribunal de la justicia. Tiene derecho a consultar con un abogado antes de hablar con la policía y que esté presente durante el interrogatorio, ahora o en el futuro. Si no puede pagar un abogado, el gobierno le asignará uno antes de iniciar cualquier interrogación, si así lo desea. Si decide responder a cualquier pregunta ahora, sin un abogado presente, usted todavía tiene derecho a dejar de contestar a cualquier momento hasta que hable con uno. ¿Entiende sus derechos como se los he explicado? —relataba el oficial mientras tomaba a la chica de las muñecas y le colocaba las esposas.
—Sí, entiendo —respondía con una expresión de dolor por como la estaban manejando.
—¿Está dispuesta a responder a mis preguntas sin un abogado presente? —añadió el policía, terminando de leerle sus derechos.
—No, quiero a mi representante, el señor Stephan West.
—En ese caso le advierto que hasta que se alcen los cargos en su contra o se realicen las debidas investigaciones, queda completamente bajo el cargo de la policía de Kingsburg —el joven agente abrió la puerta del automóvil y, bajando la cabeza de la chica con la mano para evitar que se golpee, la ayudó a entrar en la patrulla.
—¿Por que no nos llevan juntas? —preguntó Jade sorprendida por la separación, esto no olía nada bien.
—Porque a ella se la escolta como víctima y a usted como sospechosa. Son las reglas.
—Usted no sabe lo que está pasando, su padre quiere secuestrarla, no yo.
—Señorita West le recuerdo que usted aceptó sus derechos Miranda y que todo lo que está diciendo aun puede ser usado en su contra. Le recomiendo que espere a llegar a la estación y se encuentre con su abogado antes de continuar hablando.
Jade bufó con furia pues sabía que algo no cuadraba. Muchas cosas podían pasarle a Tori si caía en malas manos. Además, una acusación de secuestro era demasiado grave como para no preocuparse.
Mientras tanto, en la otra patrulla, Tori viajaba en el asiento trasero, imposibilitada de abrir la puerta y salir del auto.
—¿Podría decirme quién dio la orden de buscarnos?
—Mi sargento Brown, pero su desaparición fue notificada desde el día lunes —le contaba tranquilo—. Todos asumían que usted estaba en San Francisco; no fue hasta que un hombre mayor dio la pista de haberla visto esta mañana, que empezamos a buscar en los alrededores. —La morena sabía que el viejito del almacén hablaría con la policía, no le cabía duda. Era un hombre mayor que desconocía los detalles de la situación, seguramente pensó que le hacía un favor—. Tiene suerte que la encontramos. No se preocupe, pronto vendrán a retirarla sus padres.
—Ellos ya no tienen mi custodia, precisamente porque eran los que querían internarme en contra de mi voluntad.
—¿Internarla? ¿En un hospital?
—En un centro para curar la homosexualidad.
—Pero eso no se cura señorita y no hay nada de malo en ser gay. Mi hermano lo es y yo tengo muchísimo respecto por él.
—No todos piensan como usted. Mi papá me echó de casa al enterarse que soy lesbiana, no me dejó ni siquiera llevarme las cosas que no había pagado con mi dinero.
—Eso no es correcto, un padre debería siempre apoyar a sus hijos —empatizaba el joven oficial, regresando a verla por el espejo retrovisor.
—¿Entiende ahora? Mis padres quieren cambiarme, esa es la razón por la que huí de casa de mi tía, porque me avisaron de sus planes de secuestrarme. Esto es un malentendido, Jade vino para llevarme de regreso a Los Ángeles.
—Si es así, estoy seguro que Mi sargento podrá ayudarlas a ambas en la comisaría —respondió despreocupado mientras daba la curva a una calle secundaria poco habitada—. No se preocupe tanto, confié en que la ley la ayudará con esto señorita, ningún oficial de policía permitirá que la lleven a un lugar como esos.
—Mi papá es detective de la policía de Los Ángeles, así que discúlpeme si no confío en todos los oficiales.
—Mi sargento Brown es un buen hombre, recto y justo; créame, él las ayudará cuando lleguemos a la estación, ya falta poco.
Pero, por supuesto, eso nunca ocurrió. Unas cuantas cuadras más adelante, el patrullero fue detenido por dicho sargento en persona, quién exigió un cambio de automóvil. Él llevaría personalmente a la chica a la estación como favor a su gran amigo David Vega.
—Disculpe mi sargento, pero yo soy el oficial encargado de llevar a la señorita Vega, usted sabe que los cambios de patrulla, sin autorización de la central, están estrictamente prohibidos.
—¿Estás tratando de enseñarme la ley?
—No mi sargento, por supuesto que no —contestó el joven y se quedó callado antes de ser reprendido por su superior nuevamente.
—Sácala del auto.
El agente procedió a abrir la puerta y extenderle la mano sutilmente para ayudarla a salir. Ambos cruzaron una mirada preocupada.
—¡Vamos, que no tengo todo el día Anderson!, ¿o quieres que diga le diga al Comisario que eres un bueno para nada y te despida inmediatamente? Piensa en tus hijos —le dijo amenazándolo de muy mala forma.
—Lo siento —le susurró a la latina mientras veía como su superior la jalaba fuertemente del brazo, provocando unos gritos de dolor.
—¡Suélteme! —Intentó todas las formas de zafar el agarre del hombre de mediana edad, pero no lo logró; el apretón era tan duro que estaba segura que le había dejado una marca grande de tanto forcejeo.
—¡Tranquila!, te llevaré a la estación —mentía el oficial de alto rango para evitar preguntas de su compañero, pero el joven oficial ya se imaginaba que no cumpliría con lo que estaba diciendo. Jamás se hubiera imaginado esa actitud de su superior.
Brown cerró la puerta del automóvil después de empujarla adentro, bloqueando las salidas con el control para que su nueva rehén no pudiera escapar y, dando la vuelta para subir al asiento del conductor, dijo al novato:
—Regresa a la estación y espérame ahí —Creía haber convencido al muchacho, entró al vehículo y encendió el viejo motor, dejándolo nervioso y con dudas, en medio de la calle.
El joven no perdió más tiempo y se apresuró a la comisaría para informar de lo sucedido a su capitán, solo él sabría que hacer en este caso.
Pasaron más de diez minutos en que Tori no habló una palabra, trataba de memorizar por donde la estaba llevando, para poder encontrar la salida si lograba escapar.
—¿A dónde me lleva? —preguntó Tori una vez que ingresaron por una calle larga y desolada de un solo carril—. Exijo que me libere inmediatamente.
—Pequeña, tu padre solo quiere ayudarte, no pongas resistencia —respondía el hombre, completamente relajado.
—Él ya no tiene poder legal sobre mí. Esto es secuestro.
—¿Te das cuenta de que estás hablando con un oficial de policía?… Secuestro, ja, ja, ja —se mofaba irónicamente el hombre, disfrutando de la inocencia de su acompañante.
—¿Entonces usted puede hacer lo que se le de la gana porque tiene una insignia en el pantalón? —lo acusó, inmediatamente recibiendo una bofetada en la boca, que bordeaba en un duro golpe.
—¡¿Con quién crees que estás hablando?! —gritó el sargento mientras continuaba conduciendo y ella largaba lágrimas sin control—. Más te vale que te ubiques muñeca, porque tengo algo más en mis pantalones aparte de mi insignia y, por lo que escuché de tu padre, tal vez te hace falta un poco.
La latina permaneció en silencio, temblando asustada. Conocía muy bien a tipos como este, que violaban la ley por pertenecer de alguna forma a ella, porque se creían superiores de lo que debían resguardar. Nada los haría entrar en razón, era mejor callar.
—Cuando estés rehabilitada, me darás las gracias, volverás con tus padres y serás feliz complaciendo a algún hombre, como debe ser —decía el detestable hombre, Tori solo esperaba llegar a donde fuese que la estaba conduciendo y planear una forma de fugarse.
De vuelta en el estación de policía, Jade llegó junto con el oficial que la había puesto bajo arresto y fue procesada. Le abrieron su ficha policial, tomaron su fotografía y sus huellas digitales, le dieron un overol naranja y la encerraron en una celda temporal hasta que hicieran contacto con su abogado para aclarar los cargos.
Stephan, Nya y un oficial designado por la corte, viajaron inmediatamente después de recibir la llamada telefónica informándoles lo sucedido; sin embargo no les preocupaba la situación actual de Jade, eso podía resolverse con los papeles oficiales firmados por el juez en Los Ángeles, lo que más temían es lo que ya estaba sucediendo con Tori, que se la llevaran a escondidas a uno de estos centros de "rehabilitación" y que no pudieran encontrarla.
Había pasado ya casi una hora desde momento en que las detuvieron en ese parqueadero y pusieron a Jade bajo arresto; cuando de repente, el guardia de la celda se acercó y colocándole nuevamente las esposas, la llevó a uno de los cuartos de interrogación, para encontrarse con el detective encargado.
—Espera aquí —dijo el gorila, sentándola en el frío asiento de metal y ajustando las esposas a un tubo bajo el tablero de la mesa, para que no pudiera levantarse, y cerró la puerta al salir.
Era un cuarto gris, tal como en las películas o series de televisión, con un gran espejo en una de las paredes y una cámara en una de las esquinas. Esperó ahí por no menos de veinte minutos, al parecer había algún problema porque se escuchaba la exaltación fuera de aquella habitación.
Finalmente entró un hombre alto y rubio, vestido de un sencillo terno y una corbata delgada de tonos grises y negros. Tomó una silla y se sentó en frente suyo, dejando una carpeta con su expediente sobre la mesa.
—Jade, ¿cómo estás? Soy el detective Mills. —La saludó apurado y fue directo al grano—. Quería hacerte algunas preguntas con respecto a lo sucedido.
—No tengo que contestarle nada, pedí por mi abogado.
—Es cierto, pero estamos tratando de entender que es lo que pasó con tu amiga.
—Estoy segura que ella ya debió explicarles… —paró, entendiendo lo que acababa de escuchar. Fijó su vista en el hombre y captó una contracción nerviosa que le dejó saber lo que había sucedido—. ¡No! —exclamó empezando a desesperarse—. ¡No! Dígame que Tori está aquí, que llegó con ese estúpido oficial.
—Jade, las preguntas aquí, las hago yo…
—¡Son unos idiotas todos ustedes! —gritó queriendo dar un golpe con sus manos sobre la mesa, pero solo logró hacerse daño con las esposas—. ¡Ella debió haber llegado antes que yo, ha pasado ya más de una hora!
—Jade, tranquilízate.
—¡Sabía que algo así ocurriría, lo sabía! Por eso decidieron separarnos, la acusación de que yo la secuestré es un invento suyo. —Protestaba alzando la voz a su máxima expresión—. ¿Se da cuenta de lo que han hecho? Todos ustedes son cómplices de secuestro… ¡Ustedes, no yo!
—Mira, te creo, ¿está bien? —dijo el detective con una voz calmada, tratando de generar el mismo sentimiento en ella—. Nadie te acusó de secuestro más que el sargento Brown, quién cambió de ruta a Victoria en medio de su camino aquí.
—Déjeme salir, debo encontrarla —dijo desesperada.
—No puedo hacerlo, la acusación de secuestro sigue en pie. Por lo menos hasta que el mismo sargento Brown sea el que explique por qué decretó tu captura o tu abogado aclare la situación con un juez, no podemos dejarte ir.
—Hasta que eso suceda Tori puede estar muy lejos de aquí.
—Créeme, tú no podrás hacer más de lo que ya están haciendo más de treinta patrulleros —aseguró el detective—. Todos están buscándola y pronto darán con ella.
—Si no es que, por lo menos la mitad, siguen encubriendo a este tipo.
—Están advertidos de que cualquier complicidad o asociación con el sargento Brown, resultará en la dada de baja de sus funciones de manera inmediata —explicó el hombre—. Por favor, confía en la fuerza policial, estamos de tu lado.
—Ajá, por supuesto —bufó molesta—, por eso es que estoy yo tras las rejas y Tori desaparecida. Por su eficiente desempeño.
El detective bajó la miraba y respiró tratando de no perder la paciencia con los gritos y acusaciones de la chica que con justa razón reclamaba el paradero de su amiga. Así que trató de derivar atención nuevamente a la interrogación.
—¿Tienes una mínima idea de a que centro podrían haberla llevado? ¿Alguna vez escuchaste de alguien, no sé, de sus padres o su familia sobre lo que planeaban hacer?
—¿Cómo sabe usted sobre lo que tramaban sus padres? Yo no hablé con nadie y si Tori nunca llegó es obvio que tampoco lo mencionó.
—No directamente, pero conversó con el oficial que estaba trayéndola, justo antes de que el sargento Brown hiciera el cambio de vehículo —informó el investigador, intentando ponerla de su lado. De nada le servía alienarla, ya que si recordaba algo no querría decírselo y, en este caso, todo el departamento de policía de Kingsburg saldría mal parado—. El nos informó tan pronto como llegó a la estación y confirmamos el cambio de custodia de Victoria y las órdenes de tu padre de que viajaran a Los Ángeles.
—No entiendo por que no me ponen en libertad entonces.
—Ya te lo dije. Tu acusación sigue en pie y aunque sepamos los hechos. Únicamente podemos liberarte bajo la orden de un juez o del fiscal, una vez que hablen con tu abogado y esclarezcan la situación —insistía el hombre con toda la calma posible—. Lo lamento Jade, pero no puedo poner al departamento en más problemas, incumpliendo los procedimientos del caso. Ahora, ¿tienes idea de a dónde pudieron llevarla, recuerdas algún detalle, una pista?
—No… nunca supe, pero mi papá es especialista en casos de este tipo, estoy segura que él sabrá de varios centros.
—Está bien —dijo tomando la carpeta de la mesa y poniéndose en pie—. El guardia te llevara a la celda nuevamente, pero no te preocupes, te mantendré completamente informada hasta que llegue tu papá y puedas salir.
—Solo una cosa —dijo Jade llamando la atención del detective antes de que saliera por la puerta—. Encuentren a Tori… Yo… Yo no puedo volver a perderla.
—Estamos dando nuestro trescientos por ciento en esto. No lo dudes, la encontraremos.
Con esto el hombre se esfumo por el corredor y ella fue trasladada nuevamente a su lugar de espera. Si tan solo pudiera volver el tiempo, no lo perdería pidiéndole a Tori que sea su novia, o provocándola en antes de salir. Si no hubiera pasado la noche contemplándola, no habría estado tan agotada como para dormirse en la mañana y dejarla salir del Motel. Si tan solo hubiese presionado el acelerador y huido, en lugar de hacerle caso a Tori, ahora estarían juntas...
—¿Dónde estás, Tori? ¿Dónde?
Nota de autor:
¡Hola gente del mal! Yo aquí actualizando después de más de dos semanas. Lo sé, pero recuerden que empezamos el reto navideño VCC y yo, como organizadora con LittleRock17, creemos que debemos cumplir todos los retos y eso me ha quitado un poco de tiempo.
Finalmente estoy, de manera oficial, de vacaciones hasta el 2015. ¡Yeah!
Esto significa que podré darle tiempo a todas las historias que ya tengo iniciadas, como esta.
Ya tengo visualizado el resto del fic hasta el final y créanme que no se van a aburrir con lo que pasa, mucho drama y como es típico de mi también algo de comedia por ahí.
Sin embargo quiero informarles que no publicaré nada hasta el siguiente año, quiero tener muchos capítulos avanzados para poder cumplir con las fechas de publicación a tiempo y para poder también organizar bien mis ideas, sin presiones.
Gracias por tomarse el tiempo de leer, como siempre sus palabras son bienvenidas, pero si les da pereza (o como dicen por ahí "paja"), son bienvenidos a dejar una ":)" o ":(".
Felices fiestas, si no llegamos a leernos en el reto VCC. Que todo lo que deseen para el próximo año se les cumpla y que encuentren mucha paz en estas fiestas.
¡Saludos y adior!
