I heard them calling in the distance
So I packed my things and ran
Far away from all the trouble
I had caused with my two hands
Alone we travelled on with nothing but a shadow
We fled, far away
Dain y su séquito llegaron al mes siguiente, un mes antes de la celebración de la gran gala. Thorin se alegró al ver a su primo, Dain siempre era perfecto para olvidarse un poco de todas sus responsabilidades. Esta vez no venía solo, le acompañaban dos enanos que Thorin no recordaba conocer. Thorin bajó de su trono para saludar a su primo y a su esposa y fue en ese momento cuando Balira le introdujo a los dos desconocidos.
Dagira y Dagril eran sobrinos de Balira, los cuales nunca habían estado en Erebor antes, y no tardaron en arrodillarse ante Thorin. Ambos hermanos habían heredado el mismo color de pelo que su tía, sin embargo Dagira era mucho más hermosa. Sus ropas eran elegantes pero no recargadas, algo que Thorin apreciaba. Su sonrisa era brillante y por su pose se veía que también era buena guerrera, aunque a la vista saltaba que eso era más por hobby que por necesidad. Dagril era diferente, era más mayor para empezar. Todo en él afianzaba su condición de guerrero, tenía una pequeña cicatriz en la cara que ayudaba a resaltar sus facciones, su tono de pelo era más rojizo que rubio, sin duda debido a alguno de sus progenitores, y Thorin pudo ver que la sonrisa de este no tenía nada que envidiar a la de su hermana.
Thorin les dio la bienvenida y quedó en hablar con ellos en la cena. Dain y su familia se fueron a los aposentos destinados para ellos y Thorin volvió a su trono, tenía más asuntos que atender. Sin embargo, no pudo evitar notar como Dagril se daba la vuelta antes de salir para mirarle una última vez.
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Bilbo estaba nervioso y Gandalf lo sabía. Quedaba un mes para que la gala se celebrase y todo estaba yendo demasiado bien. Este viaje no había sido como el anterior, lleno de peligros, durmiendo a la intemperie y escapando de orcos o criaturas que los querían devorar. No, este viaje era más como lo que Bilbo había tenido en mente cuando salió de su smial por primera vez.
Habían parando a descansar unos días en Rivendell, donde se había dado cuenta que Elrond le caía mucho mejor de lo que recordaba y pensaba no perder la relación con él. Habían parado en la casa de Beorn, que seguía tan hermosa como la última vez, y este le había vuelto a coger en brazos para darle miel, la cual estaba buenísima, no hay que malinterpretado a Bilbo, pero la podía haber comido igual de bien sentado en una silla. Ahora se encontraban dejando el reino de Thranduil, el cual había estado sorprendentemente amable y les había dejado estar unas cuantas noches para recobrar fuerzas. Bilbo no odiaba a los elfos, pero esa estancia le hizo comprender muchas cosas. Vio lo diferentes que podían llegar a ser, lo distintos que eran Elrond y Thranduil. Sin darse cuenta empezó a entender el odio que sentía Thorin por el rey elfo. A Bilbo Thranduil no le caía ni bien ni mal, no podía decir que se conociesen tanto como parar tener una opinión más formada, solo que éste había encarcelado a sus amigos y sí, no había ayudado a Thorin cuando su pueblo fue abatido por el dragón, ni le había dado alimento ni cobijo cuando había estado vagando por sus dominios, con todo su pueblo. Eso a Bilbo le dolía, no sabía porqué, pero le dolía que Thranduil no les hubiese ayudado. Pero a él no le había hecho nada. Thranduil había escuchado su idea de paz en la batalla y le había dejado hospedarse en sus dominios. Aún así Bilbo prefería a Elrond. El señor de Rivendell era mucho menos ostentoso, si es verdad que casi siempre con el ceño fruncido, pero mucho más cercano y amable. Bilbo no podía dejar de pensar que si Thorin dejase a un lado ese odio irracional que tenía hacia todos los elfos, podría encontrar en Elrond un amigo.
Bilbo dejó el reino de Thranduil no sin antes darle las gracias de nuevo por su hospitalidad. Cada día que pasaba quedaba menos para llegar, ya podía ver la montaña en la lejanía y sentir como le llamaba. Era extraño, la vez anterior cuando la miró sintió alivio al pensar que todo se acabaría, ahora era como si estuviese volviendo a un sitio amado, como esa sensación que tenía de pequeño cada vez que iba a la casa de la hermana de su madre, donde todo eran dulces y pequeñas aventuras. Era una sensación de hogar, y eso alegraba y entristecía a Bilbo al mismo tiempo.
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Dagril se había criado con historias de Erebor. Su madre había nacido y se había criado allí y él siempre había querido visitar esa majestuosa ciudad. Cuando se enteró de que el heredero de Durin tenía en mente reconquistar Erebor le pidió a su tío que le dejase unirse a él. Pero Dain no lo permitió. Dain pensaba que la misión de Thorin era suicida, y no pensaba poner a su pueblo en riesgo, sin embargo Dagril lo veía como algo necesario. Al crecer había aprendido todo lo que había podido sobre Erebor y cada día que pasaba sabía que no podía morirse sin visitarlo. Dain tampoco le dejó ir a la batalla cuando Thorin pidió ayuda, le dio la misión de quedarse en Zirinhanâdy protegerlo en caso de un ataque. Él obedeció a su señor, pero eso no quitaba que cada día que pasase notase cómo su cuerpo le pedía ir a esa montaña solitaria.
Dagril sabía que le dragón había causado estragos en Erebor, que no sería la gloria que fue antaño, mas no pudo evitar abrir la boca al entrar y ver el esplendor. Había enanos reconstruyendo, pero aún así estaba claro de donde venía la fama de ser el reino enano más hermoso de todos. Dagril miraba a todos lados mientras era conducido a la sala del trono. Nunca había visto a Thorin en persona, pero había oído rumores sobre él. Sabía que no era especialmente guapo, pero si que era inigualable como guerrero. Y debía ser inigualable también como líder si había conseguido reconquistar Erebor con solo doce enanos.
La sala del trono era inmensa, hermosa, basta, esplendorosa. Miró a Dagira y supo lo que pasaba por su mente. Ella no entendía porqué esta parte no estaba siendo reconstruida, porque no la habían devuelto su esplendor antes que ninguna otra. Sin embargo Dagril entendía porqué. Thorin estaba mandando un mensaje muy claro: mi pueblo antes que yo. Y Dagril supo en ese momento que Thorin era su rey. Dain podía ser su señor, pero Thorin era su rey.
Dagril sabía que había venido únicamente como excusa para que la presencia de Dagira no fuese tan obvia. Sabía que su tía quería casar a su hermana con Thorin, y sabía que aunque Dagira no había estado muy entusiasmada al principio, al poco tiempo se había dado cuenta de que sería perfecto. Dagira siempre había querido ser independiente, no obedecer a nadie, y ser reina de Erebor le ofrecía eso en una escala que nadie podría ofrecerle nunca. Dagril sabía que si su hermana se proponía enamorar a Thorin seguramente acabaría consiguiéndolo, y a él le parecía bien, así tendría una excusa para vivir en Erebor, como su madre hubiese querido. Sin embargo, todo cambió cuando vio a Thorin.
Lo primero que pensó al verlo fue "majestuoso". Era majestuoso de una manera tan natural, se movía de una forma tan elegante sin proponérselo, propia de alguien de alta cuna. Sus ropajes eran de la más alta calidad, pero no estaban sobrecargados con joyas ni adornos excesivos como los de su tío. Ahora comprendía porqué habían vestido a Dagira de aquella manera. Dagril notó cómo la barba de Thorin era corta, pero eso no le trasmitió fealdad, como había escuchado, sino aún más admiración. Thorin bajó a saludar a su tío y al hacerlo Dagril vio el color de los ojos de Thorin. Nunca había visto algo tan azul, era más hermoso que el más hermoso de los zafiros.
No supo muy bien qué se dijo, pero notó como Thorin le miraba y él se presentó con un "Thanu men" y una inclinación de cabeza. Su tío volvió a hablar y Dagril escuchó que se volverían a ver en la cena. Dagril no podía esperar, necesitaba volver a ver a Thorin, y por eso mismo no pudo evitar girarse una última vez antes de salir.
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'Al menos nuestros aposentos están acabados.' Dijo Dagira nada más se quedaron solos los dos. Les habían ubicado cerca del ala real del palacio, en unas habitaciones conjuntas. Dagril miró a su hermana con cara de reproche.
'Un dragón atacó este reino y vivió aquí durante décadas. ¿No crees que está bastante bien tendiendo en cuenta que hace solo dos años desde que echaron a la bestia?'
'Las habitaciones están bien, pero escucha lo que digo, si yo gobernase aquí, pondría prioridad en arreglar esa sala del trono. Un rey de verdad no recibe rodeado de escombros.'
'Un rey de verdad se preocupa antes por su pueblo que por él.' Y con eso Dagril se marchó, dejando a su hermana prepararse para la noche.
La sala donde iban a cenar era íntima, y Dagril lo agradeció. Balin y Dwalin se unieron a ellos, al igual que la hermana de Thorin y su hijo. Dagril tuvo ocasión de mirar un poco más de cerca al príncipe heredero, dado que se sentó a su lado. Era tan distinto a su tío y al mismo tiempo tan parecido. No hablaba mucho, pero se le veía inteligente, siempre diciendo algo apropiado en el momento justo. Hubo un comentario que dijo que provocó una pequeña sonrisa en su tío y Dagril no pudo evitar imaginar cómo sería verle sonreír libremente.
Su hermana estaba siendo perfecta, sabía cómo manejar la atención de la sala para ser ella el centro de interés en el momento adecuado y se notaba que se había estudiado de memoria todo lo que su tía le había dicho sobre el rey. Thorin parecía interesado en ella y eso era algo que molestaba a Dagril. Él quería hablar con el rey y saber más de su aventura y de su vida y de Erebor, pero no sabía cómo hacerlo sin sonar poco respetuoso. Sabía que él ahí no pintaba nada, y eso antes le había parecido bien, pues él solo quería visitar Erebor para ver con sus propios ojos las historias de su madre, pero había visto al rey en persona y ahora no podía pensar en otra cosa que en saber más de él.
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Al fin Thorin tenía un minuto de paz. Su primo era genial y su mujer un encanto, pero Balira y Dis en la misma habitación era demasiada energía junta. Demasiados temas de conversación que Thorin a veces no podía seguir. Y luego estaba Dagira, un encanto de chica, pero había algo en ella que no acababa de convencer a Thorin. Era como si se esforzase por agradar. Thorin podía comprender que estuviese nerviosa, pues era la primera vez que se conocían y técnicamente eran familia, aún así…
Thorin se giró para dejar su copa en la bandeja de un sirviente y le vio. Se habían movido a otra sala, donde Balira y Dis no paraban de hablar en un sofá y Dain estaba jugando a las cartas con Balin y Dwalin. Fili le había dado un minuto de paz al acercarse a Dagira e invitarla a jugar a las damas. Sin embargo, el sobrino de Balira estaba en una esquina, mirando el gran tapiz que colgaba de una de las paredes con mucho cuidado.
'Representa la llegada de Durin a Khazad-dûm.' Dijo Thorin situándose a su lado.
Dagril se giró y Thorin tuvo la ocasión de mirarle más de cerca. Era más mayor de lo que pensaba, unos veinte años mayor que su hermana. Su mirada era clara, sus ojos marrones amables pero a la vez intrigantes.
'Es un gran tapiz. Un trabajo exquisito.' Dijo Dagril volviéndose para mirar la obra.
'Es uno de los pocos que se salvaron del dragón. Mi antepasado, Thorin I, lo mandó hacer. Para recordar nuestros orígenes.'
Ambos estuvieron un rato en silencio mirando el tapiz y eso fue algo que Thorin agradeció. Hasta que Dagril habló sin dejar de mirar el tapiz.
'Yo pedí a mi tío que me dejase formar parte de tu compañía para reconquistar la montaña, pero no me dejó.'
Thorin le miró, sorprendido por la osadía de sus palabras. 'Un noble acto, pero has de entender a tu tío, era una misión suicida y no querría que le pasase nada a su sobrino. Ese es un sentimiento que puedo entender.'
'Comprendo su punto de vista, pero tenía derecho a ir.' Dagril se giró al decir esas palabras y Thorin le miró esperando una explicación. 'Mi madre se crió aquí. Era una de las damas de la reina cuando el rey Thror gobernaba la montaña. Cuando ella murió se fue a Zirinhanâdpara casarse con mi padre y se quedó allí, pero siempre nos contaba historias de este lugar, siempre hablaba de lo feliz que fue aquí y siempre he pensado que parte de mi pertenece a este sitio.'
Thorin no esperaba una respuesta así. La verdad es que nunca se había preocupado mucho de saber más sobre su familia política, pero estaba claro que algo más que ser parientes les unía. Thorin preguntó por la madre de Dagril y no tardó en saber de quién hablaba. La había conocido de niño, una enana de cabellos rojizos que siempre le daba un dulce cuando iba a ver a su abuela. No recordaba mucho de ella, pero si su sonrisa y el parecido que tenía con la de su hijo.
Estuvieron hablando un buen rato, tanto que un sirviente les rellenó las copas en dos ocasiones, y en ese rato Dagril le contó todo lo que su madre le había contado y Thorin corroboraba sus historias, añadiendo detalles de lo que se acordaba. Al cabo del rato Thorin le propuso enseñarle el ala de Joyería al día siguiente, en el cual sus padres se habían conocido -pues el hermano mayor de Balira había sido un famoso joyero- y Dagril sonrió, aceptando la invitación con mucho gusto.
No fue hasta más tarde, cuando Thorin se encontraba solo en su dormitorio, cuando se dio cuenta de lo bien que se lo había pasado y las ganas que tenía de enseñar la Joyería a Dagril.
Thanu men: mi rey
Zirinhanâd : Colinas de Hierro
