CAPITULO 14. Confusión.
– ¿Qué fue lo que dijiste?... ¿Acaso te refieres a Kagome?... ¿Kagome regresó de su época? – preguntó con falta de aire y el demonio la miró con atención y un poco divertido.
– Son patéticos los humanos, pensé que no querías que se enterara de tu miserable existencia – dijo el sin tacto alguno.
– Solo tenías que responder a mi pregunta – contestó Kikyo con enojo y resentimiento en cada palabra – ¡Contesta! – gritó.
Sesshomaru la miró con desagrado, ¿cómo se atrevía esa estúpida mujer a gritarle de esa manera? Entonces recordó que ya iban dos ocasiones en que lo ayudaba: primero a Rin y luego a él.
– Así es ella volvió, yo mismo la vi – pudo haber ignorado su pregunta por completo, pero no supo por qué contestó de inmediato.
Kikyo sintió como si sus piernas le fallaran al caminar, pero simplemente usó todas sus fuerzas para alejarse de ahí lo más rápido que pudo sin siquiera voltear a ver al demonio con quien hablaba. Él la miró hasta cierto punto con diversión y repetía en su mente una vez más "que patéticos son estos humanos" pensando en todo lo que esa mujer causaría ahora que había vuelto a la vida y que se había enterado de algo que la desconcertó.
– No es de mi importancia – dijo Sesshomaru para sí mismo.
La sacerdotisa se sintió muy confundida. Se suponía que el saber algo así no debería afectarle, ella estaba segura de lo que había decidido la última vez que vio a Inuyasha. Ella prefirió vivir en el anonimato para no confundir más al mitad demonio e incluso deseo que Kagome regresara a su lado, pero ¿ahora qué estaba pasando con ella? No podía retractarse de lo que ya había decidido entonces ¿por qué de repente se sintió tan mal? Sin darse cuenta de sus acciones ya estaba en camino a la aldea en donde nació.
Paró en seco para tratar de pensar las cosas, respiró profundamente para solventar la presión que sentía en el pecho – Esto… esto no está bien – dijo en voz alta y dio la vuelta de regreso hacia el caballo que había dejado del otro lado. Intentó pensar con claridad – Esta noticia no debería alterarme, con tanta facilidad… ¿Acaso debería ir? ¿Qué es lo que haré? Es mejor… es mejor ir para cerciorarme de la felicidad de Inuyasha y una vez que lo compruebe con mis propios ojos podré continuar… si eso será lo mejor. Midoriko perdóname, pero soy humana de nuevo… no puedo evitar sentir todo esto… una vez que lo vea seré capaz de olvidarlo – dijo la joven en voz alta tratando de convencerse a sí misma.
Volvió a la aldea para avisar que se ausentaría por un tiempo y emprendió un viaje de regreso a donde todo había comenzado.
Algo raro estaba sucediendo con su amado últimamente. Desde hacía un par de días él se comportaba extraño cuando estaba muy cerca de ella, cuando se acercaba para abrazarlo él respondía unos segundos y rápidamente buscaba una excusa para soltarla y salir huyendo, tampoco quería pasar con ella mucho tiempo a solas e incluso le había dicho al pequeño Shippou que no era necesario que pasara las noches con la anciana Kaede.
Esas actitudes estaban comenzando a preocupar a Kagome, se encontraba contrariada por el actuar de Inuyasha y de pronto se preguntó si algo malo había sucedido con los sentimientos que él tenía hacia ella. Entonces precisamente ese día en que el pequeño zorrito dejó la aldea para ir a su entrenamiento, ella decidió que era momento de aclarar las cosas con el ojidorado ahora que estarían solos.
Después de que se fue Shippou, ella estuvo con Sango entrenando en algunos trucos para poder defenderse de algún ataque inesperado mientras Inuyasha y Miroku se encargaban de eliminar a un demonio que se encontraba en una aldea cercana. La joven sacerdotisa aprovechó esos momentos a solas con su amiga para contarle a cerca de la extraña actitud del mitad demonio.
– Bueno creo que no es para tanto, es decir, tal vez solo sean nervios por estar los dos a solas… ya lo conoces no sabe cómo actuar y es muy tímido – le dijo Sango a Kagome con una sonrisa tranquila para evitar que siguiera muy preocupada.
– Bueno, pero es que… – quiso contestar la pelinegra.
– ¡Vamos no es nada! – su amiga exterminadora la interrumpió – hoy en la noche puedes hablar con él, aprovecha que estarán solos y ya verás que no tienes por qué preocuparte.
Sango tenía una leve idea de lo que pasaba con Inuyasha porque él y su esposo se tenían mucha confianza además de que Miroku no tenía secretos con ella, pero decidió no decir nada debido a que no quería avergonzar ni a su amiga ni al mitad demonio y trató de disimular su risa interna.
– Está bien, ya me sentiré más tranquila Sango, muchas gracias – dijo Kagome con una sonrisa y ambas continuaron con el entrenamiento.
***FLASHBACK***
Por la noche él se sentía más extraño que de costumbre. Sabía que sus actitudes no eran las más sensatas del mundo, pero no podía evitarlo no sabía cómo reaccionar ante las situaciones que se le venían presentando en los últimos días. Cuando la escuchaba decir su nombre sobre todo en un susurro los nervios se le crispaban, sentía una corriente helada recorrer su espina, la piel se le ponía de gallina. Lo peor era su aroma, cuando Inuyasha entraba a la cabaña sea que estuviera ella o no, podía sentir su delicioso olor dulce inundando cada rincón de su hogar.
Cada vez su situación se ponía peor, su cuerpo empezaba a traicionarlo y "esas" sensaciones que tenía de pronto se hacían notorias en su entrepierna. Sentía mucha vergüenza de sí mismo y sabía que si Kagome lo notaba se sentiría más avergonzado, peor aún si ella pensaba que era un pervertido como ese amigo idiota que afirmaba ser un monje. Por eso mientras su amada dormía Inuyasha pensaba en que tenía que hacer algo de inmediato antes de pasar un momento bochornoso, y como él no era precisamente experto en ese "tipo" de cosas prefirió preguntarle a alguien que tuviera experiencia en esa área.
A la mañana siguiente fue donde Miroku. Tenían que ir a encargarse de un demonio en una aldea cercana, así que aprovecharía el trayecto para exponer su problema. Ya en el camino seguía pensando en cómo comenzar con el tema sin que le diera mucha vergüenza, pero al no hallar algo que pudiera aminorar ese sentimiento, decidió soltarlo sin más porque aunque a él le diera vergüenza ese monje idiota era un pervertido y no tendría derecho a juzgarlo.
– Oye… Miroku – trató de comenzar.
– Dime –.
– No quiero que pienses mal de mí, pero… yo, verás… yo – comenzaba a ponerse nervioso y apenado – t-tengo un problema y siendo que tú eres un hombre tal vez me puedas ayudar – dijo aun nervioso.
– Vaya que eres observador, Sango puede confirmarte que soy todo un hombre – le dijo con un gesto orgulloso y alzando una ceja.
Inuyasha lo observo ofuscado y pensando en la palabra "idiota".
– Claro… verás, sucede que… – no sabía cómo decirlo eso de ser bueno con las palabras no era lo suyo.
– Inuyasha le estás dando muchas vueltas al asunto ¿vas a decirlo o no? Seguramente es algo con respecto a la señorita Kagome y siendo que esto no se lo estás diciendo a mi mujer la única opción que me queda es pensar que se trata de algo "íntimo" ¿no es así? – Miroku lo observó con detenimiento para ver su reacción y como su amigo no le contestó enseguida supuso que tenía razón – ese silencio confirma mis sospechas ¿ya estás listo para dar ese paso importante? ¡picarón! – dijo esto último mientras golpeaba con el codo a su amigo.
– ¡Miroku no seas idiota! – arremetió Inuyasha entre molesto y avergonzado – no creas que soy igual de pervertido que tú –.
– Si no es eso entonces ¿qué sucede? – contestó el monje un tanto ofendido.
– Escucha, mis sentidos se han comenzado a agudizar desde hace unos pocos días… – ya no podía darle más vueltas al asunto – tanto que todo lo que hace Kagome me… me "emociona" demasiado y sé que no debería porque no tiene mucho tiempo que regresó y no quiero que ella se asuste si lo descubre… porque… p-porque a veces es muy evidente – dijo con un ligero sonrojo en sus mejillas y un tono de pena en su voz – pero es algo involuntario no es que en verdad yo lo desee necesito saber cómo puedo evitar que este tipo de cosas pasen –.
Miroku reflexionó un momento y luego dijo con naturalidad – ¿Y por qué sería malo dejar que sucedan? Esperaste por mucho tiempo a la señorita Kagome, es obvio que ambos se aman, su relación va avanzando ¿por qué no dejar que las cosas tomen su curso? –.
Con esa respuesta de su amigo Inuyasha casi comenzaba a hiperventilar y no supo de dónde sacó el valor para contestar – No digas estupideces, yo no estoy seguro como funcionan esas cosas para un híbrido como yo, pero cada vez que ella hace alguna cosa o la miro por mucho tiempo, mis sentidos se agudizan demasiado empiezo sentir un calor en mi cuerpo y casi puedo sentir mi sangre correr por mis venas… – continuó con un tono más serio – me da miedo que mi parte de demonio me domine y termine haciéndole daño a Kagome –.
– Ya veo… – su amigo se quedó pensativo unos momentos – entonces exactamente en qué necesitas mi ayuda –.
Inuyasha miró hacia el suelo pensando en que decir y suspiró – Necesito poder controlarme sin tener que alejarme de Kagome… ella está empezando a darse cuenta que siempre trato de evitarla y no quisiera que piense cosas que no son pero…– levantó la cabeza y continuó con vergüenza – No puedo decirle la verdad... No quiero que piense que soy un pervertido como tu – dijo esa última frase con reproche.
Miroku lo observó entrecerrando los ojos ofendido y contestó – Bueno en realidad yo no sé mucho sobre cómo controlar los impulsos demoníacos… tal vez debas considerar preguntarle de esto a Sango…. –.
– ¡Idiota ¿acaso quieres que te mate?! ni se te ocurra involucrar a tu mujer! Suficiente vergüenza me causa decirte a ti– bramó molesto interrumpiendo a su amigo.
– Está bien no tienes por qué alterarte – contestó el monje con diversión y luego se puso un poco pensativo – lo único que se me ocurre para tu problema es que cuando esas sensaciones y sentimientos aparezcan puedes tratar de pensar en algo que te incomode, algo feo – concluyó.
– ¿Algo feo? – preguntó Inuyasha intrigado.
– Claro, ya sabes algún recuerdo o pensamiento que te impresione o te de miedo, algo como… ¡tu hermano! –.
– ¡¿Pensar en Sesshomaru?! ¿Te burlas de mí, desgraciado? – el mitad demonio ya estaba llegando a su límite de paciencia.
– Vamos tranquilo, solo fue una humilde sugerencia, igual podrías pensar en otras cosas como… – puso la mano en su barbilla en un gesto pensativo – cuando la señorita Kagome te grita abajo o algo así –.
– Pues eso es más coherente y tal vez pueda funcionar – respondió el ojidorado más convencido.
– Esa puede ser una solución temporal porque yo creo que lo más apropiado es que debes conocer más acerca de tu naturaleza demoniaca y lo más prudente sería que hablaras con alguien como el anciano Myoga… – Miroku ya hablaba con tono serio y un poco preocupado.
– Hace mucho tiempo que no sé nada de él y no tengo idea de dónde buscarlo –.
– Tienes razón tal vez deberías considerar hablar con tu hermano, ya que a él lo ves con más frecuencia –.
– ¿En serio sugieres que le pregunté algo así a Sesshomaru? ¡Jha! Sango al fin te dejó demente con tantos golpes… – dijo Inuyasha con tono sarcástico.
– No seas tonto – el monje lo golpeo con su báculo en la cabeza.
– ¡Maldición! – se quejó.
– Debes pensar que es por el bien de la señorita Kagome, no puedes ponerla en riesgo y es mejor que le preguntes a él – aseguró su amigo con mucha seguridad.
El ojidorado reflexionó en las palabras de su amigo y pensó que tenía razón, él debía hacer cualquier cosa por proteger a Kagome incluso si eso significaba hacer el ridículo delante de Sesshomaru.
– Lo pensaré – dijo el medio demonio suplicando en su interior que la pulga Myoga apareciera antes que su hermano.
Ciertamente Inuyasha creía que de todos sus tontos amigos Miroku además de degenerado era el más estúpido, pero ni él podía negar que tenía sus momentos de lucidez y que sus consejos siempre le ayudaban en momentos de crisis. Era un buen amigo y por eso le agradeció en sus adentros.
**FIN DEL FLASH BACK**
Luego de que Inuyasha y Miroku regresaran a la aldea, todos fueron a la cabaña de la anciana Kaede para cenar, lo cual sucedía casi a diario. Al principio a Kagome le preocupaba que pudieran verse aprovechados con la sacerdotisa, pero la realidad era que Kaede ya se había acostumbrado a la presencia de todos en su casa, sobre todo porque en esos tres años sin la joven, Inuyasha se la pasaba en su casa casi a toda hora aun después de tener su propia cabaña. Siempre se presentaba exigiendo comida o simplemente para recostarse en el suelo irrumpiendo con la tranquilidad de todos, parecía un intruso, pero en realidad a Kaede no le molestaba. Por el contrario, le dijo en alguna ocasión a Kagome que le agradaba ver su casa llena después de pasar tanto tiempo de su vida sola desde que Kikyo murió a manos de Naraku.
Después de la cena Kagome e Inuyasha se fueron hacia su cabaña. Una vez ahí el medio demonio comenzó a sentirse muy ansioso, sentía con mayor intensidad el dulce olor de su amada por toda la cabaña y eso le provocaba tener los nervios a flor de piel. Trató de buscar algún recuerdo desagradable en su mente como Miroku le había dicho, pero parecía no poder controlarlo.
– Inuyasha, hay algo que quiero preguntarte – la joven lo sacó de sus pensamientos y la piel se le puso de gallina.
– ¿Q-qué sucede? – dijo sin poder evitar arrastrar las palabras.
– Bueno… últimamente te he notado diferente justo como ahora… estás como nervioso y en ocasiones me parece que tratas de evitar tener contacto conmigo… ¿sucede algo malo? – preguntó ella algo intrigada y titubeante.
El medio demonio sintió un escalofrío recorrer su espalda. Para su desgracia Kagome ya se había dado cuenta de su actitud y no sabía qué hacer.
– ¡Jha! No seas tonta – trató de pensar rápido – yo solo… ¡ay no es nada! Solo que he tenido algunas pesadillas con cosas del pasado es todo – dijo un poco alterado y volteó la vista hacia un lado y miró de reojo a la joven para ver por su expresión si le había creído.
– ¿Es por eso que en las noches sales de la cabaña? – contestó ella con inquietud.
– S-si… pero es solo para despejar mi mente en serio no tienes por qué preocuparte – contestó él más tranquilo.
– ¿Y con qué sueñas? – preguntó la joven.
– Cosas del pasado, pero en serio no te preocupes más – dijo él con seriedad y tratando de tranquilizarse la acercó a él para darle un pequeño beso en los labios.
Kagome sonrió y con eso se sintió más tranquila y decidió creerle, aunque en el fondo aun había algo que la inquietaba.
– Bueno ahora date vuelta me cambiaré de ropa para dormir – dijo mientras buscaba su ropa.
Al escuchar esto a Inuyasha se le subió la sangre a la cabeza.
– M-mejor saldré de la cabaña – dijo con la voz entre cortada.
– No seas tonto no tardaré, es una suerte que haya dejado algunas de mis cosas cuando recolectábamos los fragmentos y que Kaede las guardara todo este tiempo – dijo Kagome mientras tomaba una pijama que había dejado ahí.
Inuyasha miraba a la pared a punto de salir corriendo de ahí, pero sabiendo que si lo hacía ese momento de tranquilidad que le dio a Kagome con sus palabras no habría servido de nada, así que trató de buscar algún recuerdo desagradable en su memoria. Él no podía observar a Kagome pero si sintió cuando ella comenzó a desvestirse ya que cuando su ropa resbalaba por su piel su olor se incrementaba por la habitación. "Maldita sea" dijo para sus adentros y trató desesperadamente de pensar en algo mientras su corazón palpitaba desesperadamente. De pronto no supo por qué Kikyo pasó por su mente. El recuerdo de la última vez que la vio fue lo que le tranquilizó los sentidos y que evitó que se lanzara encima de Kagome. Lo cierto es que pensar en eso lo desconcertó y hasta le pareció algo morboso, hacía mucho tiempo que ella no pasaba por su mente, pero si con eso lograba calmarse y nadie se enteraba no le veía problema.
– Listo – le dijo la joven indicando que ya había terminado de cambiarse de ropa.
Al mitad demonio le parecieron instantes eternos pero afortunadamente ya había pasado y se sintió más tranquilo. Después de eso se acomodaron para dormir y unos instantes después la pelinegra estaba dormida, pero él no. De nuevo esas sensaciones llegaron a invadirle y el recuerdo que había funcionado antes al parecer ya no lo hizo de nuevo. No lo podía evitar, estaba nervioso y la observó un momento, pero al mirar hacia abajo por la posición en que estaban lo único que podía observar era su pecho y entonces rápidamente volteó hacia arriba y trató a toda costa de sacar esa idea de su mente. Con anterioridad él ya la había visto desnuda en más de una ocasión, pero ahora la tenía tan cerca que de solo recordarlo quiso poder decirse así mismo un "abajo" para despejar su mente. Inuyasha trató de combatir con sus pensamientos, pero tuvo miedo de que su propio cuerpo lo fuera a traicionar y ella pensara que era un pervertido como Miroku.
De pronto sintió que fue suficiente. Se levantó tranquilamente como pudo para no despertar a Kagome quien dormía profundamente seguro por el cansancio de su entrenamiento. Decidió salir a tomar aire unos momentos y quiso ir a un lugar tranquilo para pensar, de pronto recordó que hacía mucho tiempo que no pensaba en Kikyo y decidió visitar su tumba. Una vez en ese lugar se quedó parado observando y tratando de recordar cuándo había sido la última vez que había estado ahí o recordado a aquella mujer que tanto amó. Le pareció que el amor que le tenía se había dado en otra vida, tanto que se sintió un poco avergonzado de no haberle dedicado parte de sus pensamientos desde hace tiempo. Lo cierto era que cuando no visitaba el pozo en ocasiones le gustaba ir a esa tumba a pensar un poco en su vida pues era un lugar bastante pacífico. De pronto un ruido lo sacó de sus pensamientos. Unos arbustos se movieron detrás de la tumba y cuando vio la razón casi cae muerto de la impresión y creyó alucinar.
– Inuyasha… – dijo una voz que él conocía a la perfección.
Esa voz que tantos anhelos le habían causado en el pasado en ese momento le causaron angustia en el pecho al creer que tal vez estaba soñando o se había vuelto loco… era ella, era Kikyo.
COMENTARIO: Un capítulo con extrañas emociones y más largo que los anteriores, parece que Kikyo ya llegó a alterar la paz ¿qué les pareció los consejos de Miroku? Ajajajja no sé de dónde me saqué esa situación, pero bueno ojalá les haya resultado cómica. Espero sus comentarios y que hayan disfrutado este capítulo. Seguramente mañana que es sábado o el domingo actualice con el capítulo 15 y como a partir de ahí es hasta donde tengo la histria ya bien escrita, los siquientes capítulos los actualizaré los días miércoles y jueves ya empezaré a ser constante esos días para que lo tengan en cuenta. ¡Muchas gracias por leer mi historia!
ATT. Tamina Bennet Stark.
