Capítulo 14
El reloj biológico de Sesshoumaru era algo que siempre iba a la hora, con muy pocas excepciones de retraso. Sabía que era probable que aún nadie estuviera despierto, pero de igual manera se levantó dirigiéndose al baño para poder tomar una ducha y vestirse. Cogiendo el bolso que había pasado a buscar al hotel antes de dirigirse a casa de su madre, sacó la muda de ropa limpia para cambiarla por la del día anterior. En pocos minutos estuvo listo para partir, por lo que saliendo del cuarto decidió hacer una pequeña visita matutina… a su madre. Cuando llegó a su puerta se debatió unos instantes antes de entrar o no a la habitación. No quería tocar porque, de estar durmiendo, simplemente se marcharía, por lo que cogió el picaporte y giró suavemente el mismo.
Irasue se encontraba sentada en su cama releyendo uno de sus libros favoritos de Kawabata. Esa mujer nunca tenía un cabello fuera de lugar, por muy temprano que fuera. Al verlo en el umbral de la puerta cogió un marcador de páginas y cerró el libro dejándolo sobre su mesita de noche, esperando a que su hijo diera el primer paso. Sesshoumaru dejó el bolso en la entrada y caminó por la habitación, rodeando la cama hasta quedar en el extremo que daba al balcón. Se sentó con suave elegancia, la misma que desprendía su madre y era tan natural en ellos. Mirando a la gran ventana pensó que había sido una mala idea, después de todo no sabía qué decirle.
-¿Todo bien? –preguntó su madre, a lo que él solo pudo asentir con la cabeza.
La verdad, con su madre era unas de las pocas personas con la cual nunca se sentía incómodo. No importaba el estado anímico en el que se encontrara, aun cuando ella lo estuviera regañando o estuvieran en medio de una disputa, siempre se sentía cómodo con su alteridad. Cuando volteo a verla pudo notar que el rostro de su madre era impasible como de costumbre, pero se mantenía suave y de cierta manera acogedor. No quería discutir. Esa era su forma de expresarlo, actuando con tranquilidad ante él, como si simplemente esperara a que le contara algo que ella ya sabía, como cuando era pequeño y tuvo que decirle que la habían llamado del colegio por haberse liado a golpes con un estudiante dos cursos mayor que él… y haberlo dejado sangrando.
-¿Cómo fue que conociste a mi padre? –la pregunta le extrañó tanto que no pudo evitar soltar una leve risa a la mujer, ante lo cual Sesshoumaru continuó serio.
-En el colegio. Un internado privado que estaba lleno de estudiantes hijos de papás. Puros snobs en su mayoría.
-¿Y cómo fue que terminaste con él?
-Una historia muy larga y antigua Sesshoumaru… ¿a qué viene todo esto? –él tensó un poco la mandíbula, frunciendo el ceño de paso.
-No sé… siento que no conozco de nada a mi padre, lo que me hace preguntarme qué le viste como para casarte y tener un hijo con él. A no se ser que yo haya sido el motivo de lo primero.
-Claro que no Sesshoumaru –Irsue dio vuelta los ojos como si fuera el comentario más tonto del mundo-. Tu viniste tiempo después y porque ambos lo queríamos. InuTaisho se moría por tener niños y a mí me agradaba la idea, por lo que no pasó mucho de nuestro boda para que te estuviera esperando.
-¿Entonces qué fue tan mal entre ustedes?
-Sesshoumaru, ¿de verdad quieres indagar en ello?, para serte sincera, nos amábamos mucho, eso es un hecho, pero simplemente no congeniábamos… supongo que dos alfas no pueden estar en la misma manada, nos parecíamos bastante –Sesshoumaru sonrió un poco ante ese comentario-. Pero si algo bueno hicimos juntos, eso fue a ti –su hijo la miró por un largo rato, ella esbozó un sonrisa sincera y su ojos se llenaron de ternura y amor por él.
-Ya lo sabes, ¿verdad? –ella sabía a lo que se refería.
-Creo que es evidente –dijo volviendo a impregnar de seriedad su rostro.
-Tu turno –su madre no quería responder, pero habían llegado a un acuerdo. Podía leer tan bien a su hijo que, en el fondo, sabía que esto no sería una sorpresa del todo para él.
-Sesshoumaru, padres no son los que engendran, no del todo. Padres son los que crían, aquellos que lo hacen con amor, con entrega, con responsabilidad, así como lo hizo InuTaisho con Kagome. Pero en estricto rigor… sí, InuTaisho no es su padre biológico –dijo con un dejo de ironía en sus últimas palabras-, ella solo es hija de Naomi, la cual lo tuvo con un hombre llamado Naraku Colbet. No conocí a la madre de Kagome, pero sé que pasó por una situación muy turbulenta con este hombre, donde sufrió muchos abusos y en la cual muy pronto se acabó el amor, si es que hubo. Pero no dudó en tenerla, por lo poco que me contó tu padre, podría decir que Kagome era lo más importante para ella, ¿para qué buena madre su hijo no lo sería?
-Naraku Colbet –repitió Sesshoumaru.
-No poseemos toda la información que quisiéramos sobre él, pero la que tenemos no deja de ser bastante. A mi parecer, es un hombre del que hay que tener cuidado –Irasue notó como una alarma saltó en el rostro el joven, como si se estuviera poniendo en modo protección.
-¿Lo conoces?, en persona digo.
-Sí –dijo tratando de evadir más preguntas de ese estilo. Sesshoumaru volvió a mirar hacia el balcón y adoptó esa postura tan antinaturalmente quieta, donde poco se podía percibir su respiración y solo notabas que no se había convertido en piedra por como parpadeaba-. ¿Qué es lo que guarda tu corazón hijo?, ¿qué pasa por tu cabeza?
-Estoy confundido mamá. Estoy realmente confundido, no sé bien cómo sentirme y las pocas certezas que tengo están dirigidas solo a lo que estoy sintiendo por Kagome… y eso me hace sentir… extraño –pero Irasue sabía que no era esa la palabra que quería decir.
-Todos nos volvemos un poco frágiles cuando estamos frente a quienes queremos, pero eso no nos hace débiles Sesshoumaru, por lo menos no debemos dejar que sea así. Ahora bien, si tienes dudas respecto a Kagome, si estás confundido…
-No tengo dudas respecto a ella. La quiero –no quiso decirle que realmente eso era quedarse corto, pero sentía que debía tantear un poco más el terreno antes de descubrirse por completo ante su madre- y en el fondo algo me hacía pensar que no estaba cometiendo un error del todo al sentirme atraído por ella. En el fondo, eso igual me perturba, porque se coló muy fácilmente dentro de mi cabeza y no la he podido sacar de ahí. Mientras más me esfuerzo en ello pareciera que peor fuera y no quiero seguir haciéndolo. Ya no tiene sentido intentarlo.
-¿Ella lo sabe? –Sesshoumaru bajó un poco su rostro, como buscando las palabras en un punto fijo en el suelo, lo que a Irasue le devolvió el recuerdo del niño que había sido hace tanto tiempo ya.
-Sí.
-Entonces te corresponde.
-Sí -Irasue suspiró. Eso complicaba las cosas, pero era de esperarse.
-Sessh, no eres un niño y hace mucho dejaste de hacer lo que te decía, pero esto no está bien.
-El que no me importe es un punto que ya ha quedado claro.
-Aún con ello es mi deber como madre decirlo. Ante los ojos del resto siguen siendo hermanos, no es una situación que puedas tomar así de ligera solo porque te entra en ganas hacer siempre lo que te plazca. Esto no se trata de ti específicamente, es Kagome la que está en medio.
-¿Ibas a decírmelo?
-Sí, por supuesto que sí. Pero aún ahora ha sido muy pronto. Hubiera preferido que la situación se encausara un poco más, pero los imprevistos surgen y ante eso solo me queda ir actuando conforme se van dando las cosas.
-Como con Miroku –sus miradas se cruzaron y Sesshoumaru vio un atisbo de decepción en los ojos de ella.
-¿Te ha contado? –el peliplateado negó con la cabeza.
-No de la forma en que piensas. Me he dado cuenta desde el día de lo de la biblioteca que algo se traían. Le he tenido que sonsacar la información a la fuerza, pero hasta último momento se ha mantenido leal a lo que te haya dicho. Simplemente no pudo evitar el comentario que le hice.
-Bueno, realmente estaba jugando el papel de daño colateral en todo esto. Pobrecillo. Era partidario de no ocultarte nada y se ha desvivido por ayudar, como siempre. De cierta forma es reconfortante poder quitarle este peso de encima.
-¿Cómo has conocido a Colbet?
-Sessh, vas de camino al trabajo. Porque mejor no esperas a que las chicas vuelvan a Nápoles y conversamos con más calma. Ahora que lo sabes, sería bueno que pudieras ver ciertos documentos que ha dejado tu padre con respecto al asunto, incluso sería bueno que viniera Miroku y charlemos los tres al respecto, así por lo menos no tendré que repetir la historia dos veces.
-Mamá, sé que eres una mujer de palabra, una muy leal por lo demás, pero no voy a permitir que te enzarces en un lío solo por querer honrar la memoria de mi padre. Para empezar, no es justo, no le debes nada, por el contrario. Es un tema delicado y lo comprendo, de hecho, ayudaremos en todo lo que sea necesario a Kagome. Si haremos algo por alguien en este momento, será por ella, pero de aquí en más seré yo quien tome las riendas del asunto, sobre todo si hay que tratar con el padre de Kagome. No quiero que te involucres con alguien a quien te refieres en los términos que hiciste.
-No invirtamos los papeles Sesshoumaru, yo soy tu madre y eso es parte de mi trabajo como tal. Pero descuida, que puedo arreglármelas bien por mí misma, no por nada te llevo más años.
-De igual modo, no dejaré que nada ni nadie te haga algo malo –Irasue se sobrecogió ante las palabras de su hijo. Siempre había sido muy protector con ella, siempre velando por su bienestar, incluso cuando era muy pequeño, lo cual le hizo sentir ganas de llorar.
-Ven aquí mi amor –Irasue extendió sus brazos sin moverse de donde estaba, pero Sesshoumaru hizo caso y se acercó a ella sumergiéndose en los brazos de la mujer, quedando recostado finalmente en su pecho.
Irasue se deleitó con el momento. Pocas veces podía tener a Sesshoumaru de esa manera tan reconfortante. Su cuerpo ya no era el de aquel niño al que dormía abrazada cuando este estaba enfermo, ahora era un hombre. Sin embargo se sentía igual que siempre, su cabello lacio y sedoso, unas cuantas tonalidades más oscuras que el de ella, una espalda ancha y atlética como el resto de su largo cuerpo, el cual desprendía ese calor al cual llamaba hogar. No podía ver bien su rostro en aquella posición, pero era algo que tenía tan bien detallado que la imagen tras sus párpados solo corroboraban el hecho de unas facciones perfectas en un rostro que siempre consideró el de un ángel.
Su niño. Su hombre. Su todo.
Demasiado pronto, para su gusto, Sesshoumaru se incorporó y besó una de sus mejillas, para posteriormente levantarse de la cama y cruzar la habitación. En el momento en que tomó su bolso del suelo y abrió la puerta Irasue lo volvió a llamar por su nombre, haciendo que la mirara de medio lado.
-Te amo hijo.
-Yo a ti mamá.
Si bien el vuelo de Kagome y Sango estaba previsto para la tarde, aun así era el último día hábil de la semana, lo cual significaba trabajo. Volviéndose por el pasillo para llegar al que lo llevaría hasta donde yacía la joven y su amiga, no aguantó las ganas y volvió a abrir una puerta.
Esta vez Kagome se mantenía bajo las mantas. Estaba en la misma posición en que la dejara unas cuantas horas atrás, por lo que no pudo ver su rostro. Subiendo sigilosamente a la cama, se aproximó al cuerpo de la joven, quien sin quererlo se despertó ante el leve movimiento. Dándose la vuelta se medio desperezó estirando los brazos, los cuales finalmente fueron a dar al cuello de Sesshoumaru. Una amplia sonrisa cubrió su rostro, la cual hizo brillar un poco sus ojos aun adormilados. Él acercó su boca y le dio un cálido beso de buenos días.
-¿Qué es esa ropa? –dijo algo enfurruñada la chica- ¿irás a trabajar?
-Hay personas que solemos hacerlo en días laborales Kagome.
-Nooo… -protestó ella tirándolo más sobre su cuerpo- hoy día es nuestro último día juntos, ¿no puedes quedarte?
-La verdad, no puedo, debo solucionar unos cuantos asuntos, pero para el almuerzo estaré aquí –Kagome buscó su boca y lo besó de esa forma tan suave y caliente que le gustaba, pausada, tomándose el tiempo para acariciar su lengua y tirar de sus labios-. Si sigues con eso llegaré tarde.
-No sé a qué te refieres –dijo mordisqueando suavemente su mentón y bajando a su cuello.
-Ese es tu plan, ¿no?, encerderme y hacer que me vaya en llamas al trabajo, con el peor dolor de…
-NOOO –dijo cubriendo su boca nuevamente, riendo junto a ella, haciendo con los dientes de ambos chocaran un poco. Kagome dio varios besos rápidos sobre los labios de Sesshoumaru, finalizando con uno más largo para después soltarlo-. Por cierto, ¿a qué hora te has escabullido?
-Pasada la una de la madrugada.
-Dios, no has dormido nada.
-Bueno, alguien me tuvo despierto y agitado hasta tarde.
-¿Ahora te quejas?
-No he dicho nada por el estilo –dijo dándole una palmada en el trasero que ahora se encontraba al aire. Le encantaba hacer eso, por lo que sin motivo alguno le dio una segunda.
-No demores, ¿sí?
-Volvería antes si me dejaras partir –lo cual era cierto. Kagome lo mantenía preso por la cinturilla de su pantalón. Hizo un leve puchero y lo dejó libre. Los ojos de Sesshoumaru se desviaron hasta el pronunciado escote de esta tela que se moría por romper para dejar libre sus pechos. Descendió hasta ellos y depositó un beso-. Te amo.
-Yo más.
Y sin muchas ganas salió del cuarto para poder por fin salir de casa.
Sango estaba peinando las hebras húmedas de su cabello cuando su móvil sonó, al ver el registro del número sonrió y contesto.
-Buenos días.
-Buen día, supongo que es una hora prudente para poder llamar.
-¿Si no lo fuera llamarías?
-Probablemente, sí. ¿Cómo van las cosas, todo bien?, ¿Sesshoumaru habló con Kagome?
-No lo sé, aún no salgo del cuarto.
-¿Ah sí?, ¿y qué llevas puesto? –Sango rio.
-Miroku…
-Entonces te seguiré imaginando con la polera que usaste en mi casa.
-¿Sesshoumaru te dijo que llamaría a Kagome?
-No, pero ayer al salir de la reunión cuando te llamé, me dijo que se iría de inmediato porque pasaría por casa de Irasue. Y no cambies el tema, estamos hablando de nosotros.
-Solo te preocupa saber que llevo o no encima.
-Como no preguntas, entonces te contaré: yo llevo una camisa de paño color azul petróleo que va a juego con mis ojos, al igual que mis pantalones Armani hecho a medida. Por otro lado, la corbata, chaqueta y mocasines son negros. ¿Quieres saber cómo es mi ropa interior?
-Supongo que te veré en la tarde, así que no necesitaré todos los detalles.
-¿Qué significa eso?, ¿harás unas inspección personalizada?, uuuy, pervertida. Me gusta.
-Bobo… pero lo digo en serio… no quiero irme sin verte.
-Iría aun cuando no quisieras quitarme la ropa, que creo es el caso. Llegaré con Sexymaru a eso del mediodía.
-¿Sabe siquiera que le dices así?
-No hay secretos entre nosotros, pero sabe que te prefiero a ti y no se pone celoso, no te preocupes.
-Estaremos esperando entonces.
Se despidieron brevemente y luego Sango continuó alistándose para bajar al primer piso. Antes de bajar tocó la puerta de Kagome quien le contestó enseguida. La chica parecía radiante, por lo visto Sesshoumaru sí había pasado por casa… daba igual, su amiga estaba contenta.
-Te ves animada hoy.
-¿Ah sí? –dijo sonriendo Kagome- pues no quiero seguir dando la lata. Quise cambiar la cara como para varias un poco.
-¿Alguna novedad? –preguntó suspicaz Sango.
-Mmmmm, bueno… Sesshoumaru vino anoche al final y se solucionó todo, así que estoy contenta por eso.
-Me alegro que las cosas vayan bien –le dijo dándole una sonrisa sincera a su amiga, la cual se acercó y la abrazó.
-Lo siento, por lo de los últimos días digo.
-Ya deja de repetir tanto eso boba. Viste que las cosas se solucionarían.
-Pues sí –Sango acarició el cabello de Kagome y luego se dio vuelta.
-Vamos, Irasue ya debe estar abajo.
Ambas salieron del dormitorio y bajaron al salón del primer piso donde, efectivamente, Irasue se encontraba sentada esperando a las demás comensales.
-Buenos días.
-Buen día –respondieron al unísono las jóvenes tomando asiento una a cada lado de la mujer.
-Último día ya –Takezo entró trayendo crepas recién hechas para luego salir y volver trayendo más cosas como zumo, frutas y algo de leche-. ¿Han pasado buena noche?
-Yo me he metido a la cama y me he dormido enseguida –dijo Sango vertiendo algo de leche a su café-. Ayer hablé con mi hermanito y me ha dicho que hoy llega a Nápoles, han comenzado sus vacaciones.
-Eso estupendo, ¿cómo le fue este año?
-Excelente, ha salido evaluado con distinción y algunos profesores lo han sugerido en algunos bufets en Alemania para comenzar a hacer su práctica, si sigue así pronto encontrará un buen trabajo, aunque claro, en la empresa tiene su puesto asegurado siempre que desee quedarse con nosotras.
-Pues acá igualmente tendrá un lugar si quiere comenzar a ampliar su currículum, ¿qué tal tú Kagome?
-Muy bien, gracias. Anoche se ha pasado Sesshoumaru y hablamos hasta entrada la madrugada… bueno, en algún punto me he quedado dormida y se pudo retirar a descansar un poco.
-Ese chico duerme considerablemente poco, no sé cómo lo hace, recuerdo cuando iba a la universidad y pasaba algún tiempo conmigo, desfilaba constantemente a la cocina a buscar café y volver a su cuarto… es un maníaco. ¿Han sabido algo de Inu?
-Hoy temprano escuché un audio que me ha hecho por What's App, creo que paseaba a Camulus por un parque, porque lo he oído ladrar y unas risitas de niños. Todo bien, está muy entusiasmado con que regrese, pero no ha querido soltar nada sobre la sorpresa.
-¿Sorpresa? –dijo Irasue curiosa-, ¿cómo así?
-Bueno, antes de nosotras venir a Japón, él viajó a Sidney y volvió a Nápoles hace unos días. Dijo que tenía una sorpresa, aunque por lo que llevamos conociendo a Inu… quizá qué quiere decir con eso –respondió Kagome.
-Porque por lo que manejamos, Inu está loco –sentenció Sango.
-¡Qué dices!, solo vive la vida al límite, es un osado –dijo con cierto orgullo Kagome.
-Pues espero que me estén contando, ya me han dejado intrigada a mí igual.
-¿Saben a qué hora viene Sessh y Miroku?
-He hablado con Miroku esta mañana, dijo que estarían por aquí a eso de mediodía.
-Así que te llama para darte los buenos días –Irasue movió ágilmente sus cejas de arriba abajo.
-La mayor parte del tiempo llama para hacer alguna clase de broma.
-Ya está bueno que le den nombre a lo suyo –Sango sonrió ruborizándose un poco y Kagome hizo algunos sonidos para avivar el comentario de la mujer.
-Por favor, todo a su tiempo.
-¿Entonces tiene posibilidades? –continuó Kagome.
-Kagome –dijo Sango tratando de llamarle la atención.
-Pues aunque no las tenga, ese chico se las creará –Irasue subió la fina taza de porcelana a sus labios-, yo solo digo.
-Ya va, supongo que con eso ya tienen una respuesta entonces.
-Les tengo una propuesta de qué hacer mientras llegan los chicos –ambas jóvenes la miraron instándola a que continuara. Kagome mordió una tostada mientras Sango untaba un poco de mermelada en la suya-. Tengo algunas fotos y grabaciones de cuando Sessh y Miroku eran pequeños en la biblioteca, ¿les gustaría verlas?
-¿En serio? –los ojos de Kagome brillaron, cuando se cruzaron con los de Sango, ambas sonrieron-, ¡eso sería genial!
-Está dicho entonces, lo bajaré todo para que podamos verlo aquí.
Continuaron desayunando tranquilamente hasta que todas hubieron acabado. Una vez listas las tres se levantaron de la mesa para lavarse los dientes antes de continuar y mientras Irasue iba a la biblioteca para comenzar a bajar algunas de las cosas, Kagome y Sango aprovecharon para coger algunos presentes que habían preparado para la mujer. Volviéndose a encontrar en el primer piso, Sango se ofreció para ayudar a ir por lo último junto a Irasue mientras Kagome medio ocultaba los regalos tras el sofá. Al volver se acomodaron las tres juntas en el amplio asiento, siempre dejando a Irasue en medio la cual abrió la primera caja.
Habían cientos de fotografías, algunas puestas en álbumes y otras tantas suelas envueltas en bolsas transparentes. Tomando un primer montoncito comenzó a apartar las que no iban al caso, como las de ella de niña o en el colegio, familiares, amigos, fiestas de la empresa, etc. De vez en cuando las jóvenes le quitaban algunas de las manos para admirar con curiosidad rastros de un pasado donde un rostro conocido para ambas, asomaba en varias ocasiones.
-¿Ese es InuTaisho? –Sango estaba sorprendida, al igual que Kagome. Un muy joven InuTaisho lucía nada más que una especie de hakama, solo que esta terminaba en un largo puño que le permitía usar unas especies de botas. Llevaba el cabello suelto y sostenía un bokken por detrás de su espalda. La foto hacía notar que no era consciente de haber sido captado por el lente de Irasue, lo cual le daba un aspecto bastante casual, pues parecía que hablaba con alguien que no salía en el retrato.
-Así es, en una práctica de kenjutsu. Tenía alrededor de 17 años ahí.
-Con el cabello así se parece bastante a Sesshoumaru –susurró Kagome.
-Bastante –replicó Sango-, los rasgos de Sesshoumaru son más finos, pero excepto eso, podrían ser la misma persona.
-Pues miren esta –Irasue rebuscó en otra bolsita y les mostró una de un joven haciendo flexiones colgado en la rama de un árbol. Si bien salía de perfil, Kagome reconoció de inmediato esos músculos tensándose en el aquel torso desnudo. El cabello atado en una coleta alta caía hasta las caderas del joven, el cual llevaba un chándal negro de algodón.
-Ese es Sesshoumaru –dijo con certeza la pelinegra.
-Pues sí. Pero todos siempre piensan que es otra fotografía de InuTaisho.
-Yo los veo iguales –dijo confusa Sango.
-Mira esta –esta vez habían dos pequeños sentados en el pasto comiendo trozos de sandía. Ambos tenían el cabello y resto del cuerpo húmedo, llevando solo unos bañadores. Reían ampliamente, tanto que sus ojos se cerraban en pequeñas líneas curvas sobre sus bronceadas mejillas. El cabello de Sesshoumaru caía suelto hasta su pecho y levantaba un pie como si quisiera cubrirse el rostro, mientras que Miroku, quien tenía el cabello algo más corto por los hombros y rodeaba con un brazo el cuello de su amigo.
-¡Dios, qué ternura! –Sango se apresuró a coger su móvil para poder escanearla con una aplicación especial.
-Es de la primera vez que pasaron un verano juntos. Ambos estaban contentísimos, pero teníamos que hacer todo un show para poder llevarlos a la cama.
-¡Mira esta Sango! –Kagome le acercó una donde aparecía un pre escolar Miroku. Esta vez llevaba el cabello muchísimo más corto y tenía un rostro de completo fastidio.
-¿Qué hay con esa cara?
-Estaba enojado porque su mamá lo había llevado al cumpleaños de una compañerita que no le agradaba. Ese día Sessho se había enfermado y no pudo ir, por lo que 'se aburrió una barbaridad', como él mismo nos hizo saber. Su padre le dijo que le sacaría una foto para que viera lo mal que se veía.
-Así que un atado de mañas desde pequeño –Sango sonrió-, es bueno saberlo.
-Sobre todo si luego tienen dos o tres como él, pero es una lindura, ¿a que sí? –dijo Irasue.
-¡Aww, mi corazón!… -Kagome cogió una foto como si se tratara de una joya preciosa, con mucho cuidado y casi la apretó junto a su pecho. Había un hermoso bebé con unos pequeños y lánguidos ojos ambarinos. Vestía un body de manga larga color verde oscuro, y su gran sonrisa sin dientes marcaban unos prematuros hoyuelos en sus regordetas mejillas.
-Míralo… -dijo melancólica- Tres meses. Era todo sonrisas en esa época, pero con él único que lograba marcar esos hoyuelos, era con InuTaisho. Le pedí a él que sacara la foto. Eran muy cercanos e InuTaisho fue el que más lo malcrió de bebé, siempre lo tenía en brazos. Cuando llegaba a casa lo iba a despertar a su cuna, tanto así, que Sesshoumaru comenzó a adaptar su sueño y pronto comenzó a despertar segundos antes que su padre entrara a casa.
-¿En serio eran así de cercanos? –los ojos de Kagome tenían una leve sombra de tristeza.
-Mucho. Cuando ya comenzó a hablar, Sesshoumaru se sentaba en la mesa y le preguntaba a su padre por las cosa del trabajo. InuTaisho, para cogerle el cabello, le hablaba con muchos términos técnicos y Sessho solo lo miraba con cara seria, fingiendo que entendía todo. Fueron buenos tiempos.
La mañana transcurrió rápida entre fotos y vídeos caseros, donde los mayores protagonistas fueron siempre Miroku y Sesshoumaru. Extractos de un partido de baloncesto, una competencia de quien saltaba más largo, otra vistiendo disfraces de animales para una presentación del colegio donde Sesshoumaru estaba evidentemente molesto, InuTaisho jugando con un bebé Sesshoumaru. Las chicas hicieron copias de todas las fotos que pudieron con sus móviles mientras Takezo ponía la mesa.
-Por cierto, te tenemos algunos presentes –Sango el hizo señas a Kagome, la cual se estiró y le acercó un paquete a la joven, para luego coger otro ella-. Esto no es solo por habernos acogido en casa, sino por todo el cariño que te tenemos –Sango le extendió una caja rectangular envuelta en un satinado papel dorado, sujeta por un enorme rosón de tela azul.
-Ay, Dios mío, chicas –cogiéndolo en sus manos, tiró de la fina cinta para poder levantar la tapa, al retirar el papel que protegía el contenido, reveló una hermosa bufanda Louis Vuitton y Pull & Bear en un suave blanco invierno, adornado por un entramado geométrico en rosa pastel-. Es preciosa, Sango, no debiste molestarte –la mujer la abrazó y se deleitó acariciando la fina pieza hecha en cachemir-, no puedo creer que me mimen de esta manera.
-Mi turno –esta vez Kagome le tendió una caja algo más cuadrada y pesada de color violeta, que al igual que la de Sango, poseía un gran rosón, pero esta de un satín anaranjado-. Espero también te guste- Irasue cogió por segunda vez un paquete de regalo, soltó el nudo y casi chilló de felicidad.
-¡Kagome!, ¡es divino! –Irasue comenzó a sacar algunas de las piezas de porcelana Meissen. El juego de té contaba en total ocho piezas, adornadas por bellas pinturas europeas rematadas con detalles dorados en el borde de cada una. Dejándolo con cuidado en la mesita de centro frente a ellas, cogió desprevenida a ambas chicas y las sujetó con fuerza, al mismo tiempo, junto a su pecho.
-Si hubiera tenido niñas, habría deseado que fueran como ustedes –en eso la puerta de la entrada se abrió y la voz de Miroku se escuchó estruendosa a lo lejos cortando el aire. Cuando ambos aparecieron en la sala Irasue se apresuró a soltar a las chicas. Acomodarse la ropa, el cabello y limpiar unas traviesas lágrimas, fue una sola cosa, pero en último momento, ambas jóvenes a su lado lo notaron y se preocuparon un poco, mientras que los recién llegados también se dieron cuenta que algo pasaba.
-¿Interrumpimos?... –Miroku miraba la imagen que transmitía la televisión, como si se le hiciera familiar las personas que aparecían proyectadas. Sesshoumaru, por su parte, observó las cajas repartidas cerca de las mujeres y a continuación a su madre, la cual se ponía de pie acercándose a los recién llegados. Abrazó a Miroku dándole dos besos, uno en cada mejilla, mientras Sesshoumaru no le quitaba la vista de encima. Cuando llegó hasta él, este se demoró más abrazándola, lo cual pasó desapercibido para Sango y Miroku, pero no para Kagome.
Irasue miró con ternura a su hijo, el cual le pasaba por algo más de una cabeza de altura. Sesshoumaru acarició su cabeza tiernamente y cogiendo su rostro con ambas manos le sonrió de la misma manera para finalmente depositar un beso en su frente. El corazón de Kagome rebosó de afecto por ambos, le emocionaba ver cómo para Sesshoumaru su madre era tan inmensamente importante y especial, tanto que se permitía demostrar su cariño en frente de todos. Comprendió que toda la vida habían sido, en su mayoría, solo ellos dos teniéndose el uno al otro, ambos remando en el mismo sentido, ambos preocupados y velando por el bienestar del otro. Sesshoumaru de esa manera se veía como un hijo, pero uno un poco más cercano a lo infantil, recibiendo las caricias y mimos de una madre que lo trataba con un amor infinito que la hacía ver aún más joven de lo que ya aparentaba ser. No pudo escucharlas, pero los vio cruzar un par de palabras que hizo asentir con la cabeza a Irasue, dándole el espacio a su hijo para que pudiera saludar al resto.
-Veo que mi madre las ha mantenido entretenidas –saludó con un beso a Sango y cuando llegó hasta Kagome hizo el mismo gesto, solo que completándolo con un abrazo.
-Sin embargo he sido yo la que se llenó de presentes –replicó Irasue indicando los regalos a los que Miroku echó una mirada.
-¿Y para mí no hay nada? –dijo el chico de la coleta mirando directamente a Sango.
-Más nos vale darte algo, o sino harás pataletas como ya nos ha mostrado Irasue –Kagome se puso de pie para poder estar más cerca de Sesshoumaru quien comenzó de inmediato a jugar con sus cabellos, apartándolos de su rostro, peinándolo sobre sus hombros y sintiendo la sedosidad entre su largos y delgados dedos.
-Eso no es cierto, recuerdo bastante bien la presentación de rebelión en la granja donde a Sesshoumaru tuvieron que ponerle el traje entre tres personas, sé que Irasue grabó el proceso.
-Sí, ya hemos visto ese –rio Kagome mirando a Sesshoumaru-, sin embargo, ambos se veían adorables.
-Mamá y su fascinación por guardar basura –resopló el aludido.
-Cuidado Sessho, estos son mis tesoros –el peliplateado contuvo las ganas de sacarle la lengua y simplemente dio vuelta los ojos- mejor ayúdenme a subir todo esto mientras llevo los regalos a mi cuarto.
Miroku y Sesshoumaru cogieron las cajas y de una sola vez llevaron todo. Cuando volvían al salón Miroku se desvió al cuarto de Sango dejando solo en el pasillo a su amigo, el cual no pudo sentirse más complacido de dirigirse hacia el de Kagome. Cuando abrió la puerta sin tocar, vio a esta juntando unos presentes sobre la cama, al girarse para verlo solo pudo sonreírle, pero ninguno de los dos dijo nada.
Las palabras como la violencia rompen el silencio. Irrumpen con estruendo en mi pequeño mundo…
Tomándose su tiempo para llegar hasta ella, Sesshoumaru avanzó, no sin antes trabar el seguro en la puerta.
Me resultan dolorosas, me taladran. ¿Puedes entenderlo?, oh, mi pequeña…
Por un momento sintió el arrebato de decirle que realmente no era su hermana, que podían seguir adelante con lo que tenían, que lo que sentía por ella crecía cada vez que la veía, confesándole que esto era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo. Cuando llegó hasta ella la abrazó con todas las ganas que estuvo guardando durante la mañana, deleitándose con su olor a rosas nocturnas bañadas de lluvia, enredando nuevamente sus dedos en esas ondas oscuras que le encantaban.
Todo lo que siempre quise, todo lo que siempre necesité, está aquí en mis brazos. Las palabras son muy inncesarias, solo pueden hacer daño…
Kagome tiró su cuello hacia atrás, permitiéndole perderse en lo profundo de esos ojos achocolatados. Aun cuando quedaban pocas horas para que partiera lejos de su lado, sentía una extraña sensación de felicidad, casi como de triunfo, aunque en ese momento hubiera dado casi cualquier cosa para poder compartirla con ella.
Las promesas se hacen para romperse. Los sentimientos son intensos, las palabras son triviales…
-No importa hacia donde te vayas Kagome, no podrás alejarte nunca de mí.
El placer permanece, también lo hace el dolor. Las palabras no tienen sentido y son fáciles de olvidar…
-Como si quisiera hacer algo así –Kagome se acercó a sus labios. Los de él, listos y dispuestos, se abrieron a su lengua, haciendo que bailaran cadenciosamente una junto a la otra, mientras ella aferraba sus cabellos platinos con firmeza, como si ese beso fuera una promesa.
Todo lo que siempre quise, todo lo que siempre necesité, está aquí en mis brazos. Las palabras son innecesarias, solo pueden hacer daño…
-Voy a estar para siempre contigo, pase lo que pase –le dijo él apartándose un poco de su boca, mirándola con esos ojos llenos de fuego dorado.
-Entonces nunca me apartes –y Sesshoumaru pensó que esas palabras eran una completa locura.
Todo lo que siempre quise, todo lo que siempre necesité, está aquí en mis brazos…
De pronto su vista bajó hasta el dije de medialuna que Kagome llevaba al cuello. Ella instantáneamente lo tocó con sus dedos, recibiendo una sonrisa de aprobación, las cuales marcaron esos dichosos hoyuelos que se le formaban a él desde que era un bebé… un bebé… ¿podría el hombre tener bebés tan hermoso como él?, ¿con sonrisas llenas de hoyuelos y almendrados ojos ambarinos en los cuáles reflejarse a sí mismo? Por descontado que podría ser, solo que no con ella.
Las palabras son inncesarias, solo pueden hacer daño...
-Prométeme que vendrás a mí pronto.
-Iré a por ti tan pronto, que no tendrás tiempo de echarme en falta.
-Te amo.
-Te amo a ti preciosa.
Él pensó en lo poco que faltaba para que en un futuro cercano pudieran decirse esas palabras sin tener que esconderse de los demás, en cómo sus vidas cambiarían, dando un giro de 180 grados en el caso de ella, pero poniéndose todo finalmente en su lugar porque él haría todo para que así fuera; pensando en cómo ya no importaría el tiempo ni el espacio que pudiera separarlos físicamente ya que sus vidas se entrelazarían con firmeza trenzándose en una hebra que sería imposible desatar.
Ella pensó que no importaban los impedimentos y obstáculos que pudieran presentárseles, los sortearía todos si tenía cerca a Sesshoumaru. No seguiría pensando con dolor en todas las cosas con las que de pronto fantaseaba en su cabeza, sino que disfrutaría la realidad a medias que vivía con él aunque fuera la quinta parte de lo que realmente deseara tener. Porque de momento solo ellos dos bastaban, porque improvisar era lo seguro, porque no era necesario darle nombres a la situación que vivían juntos. El sentimiento que experimentaban lograba cubrir días y días de ilimitada dicha y solo podía esperar por los siguientes que se avecinaban.
Disfruto del silencio.
-Miroku… –dijo la chica acorralada entre la pared y el cuerpo del chico- para, podrían llamar a la puerta.
El chico de la coleta, nada más al haber tenido acceso al dormitorio de huéspedes, se volvió una fuerza arrolladora que fue empujando, entre beso y beso a Sango contra la pared. Sus besos… sus besos sabían mejor de lo que recordaba. Si bien era él quién la mantenía atrapada entre la construcción y su cuerpo, era ella quien sujetaba con fuerza su cintura, estrujando el bordillo de su pantalón como si con ello contuviera las ganas de comenzar a quitarle la ropa.
-Dios, mírate –le dijo apartándose un poco, recorriendo desde su altura y cercanía el cuerpo de la muchacha. Sin un ápice de pudor la cogió de las caderas trenzándo las piernas de ella tras su espalda. Sango gimió levemente, pero Miroku ahogó el sonido con su boca-. Solo aférrate a mí un poco más, solo un poco más, te prometo que no haré nada indebido.
Sango no pudo sino cumplir la exigencia del moreno, apretando sus curvas sobre las de él. Sus labios eran fuego líquido que la derretían con cada suave lamida de su lengua. Pero Miroku cumplió su palabra y se dedicó a recorrer con suma consciencia todo el trayecto de la boca de ella a su cuello. Inconscientemente, Sango se frotó contra la pronunciada protuberancia que chocaba en junto a su centro, haciéndolo gruñir levemente a él, se aferró a sus hombros con fuerza para conseguir estabilidad y al mismo tiempo conseguirle mayor acceso a la cabeza de él.
-¿Tienes una idea de cuánto deseo estar dentro tuyo?
-Miroku –el suspiro ahogado de ella le dejó en claro que eso era algo mutuo.
-¿Sabes cómo de profundo podría entrar en ti de la forma en que estamos?
-M-Miroku, bájame… -Sango se removió solo creando más fricción entre sus cuerpos a lo que él gimió tratando de ocultarlo en su cabello. Cuando la dejó nuevamente en el suelo, ella pensó que se caería, sus piernas eran dos fideos remojados. Por un momento se sintió fuera de lugar, pensando en que quizás el chico se había enfadado con ella, mas, en cuanto sus miradas se cruzaron, él ya le estaba entregando una de sus pícaras sonrisas, esta vez con las mejillas sonrosadas.
-Lo siento, hueles demasiado bien para tu propia seguridad.
-Miroku…
-Creo que deberíamos bajar –el comenzó a apartarse, pero antes de que pudiera dar media vuelta y dirigirse a la puerta, ella lo cogió del brazo.
-Miroku, -el volteo a mirarla, tratando de aparentar su tradicional picardía, sin embargo sus ojos estaban teñidos por una sombra- no quiero que pienses que te detuve porque no quiera seguir adelante… bueno, lo quiero, pero… no aquí. No mal interpretes las cosas –el joven soltó un suspiro y le sonrió.
-Eso solo hace que todo se haga más real –le extendió una mano, la cual ella cogió enseguida-, vamos. Ya tendremos tiempo para ponernos al día.
-Espera –Sango volvió unos pasos al tocador, trastabillando a su paso, lo cual hizo reír a Miroku. Cogió unos paquetitos y se acercó nuevamente a él.
-Esto es para ti.
-¿En serio tenías algo para mí? –como si fuera un niño pequeño, cogió el paquete rasgando el papel como si fuera navidad, al abrirlo se encontró con un hermoso cinturón de cuero martillado color grafito dentro de su respectiva caja.
-He visto que te gusta Armani, es solo un recuerdo –Miroku se acercó y posando una mano en su rostro le dio un suave beso, nada parecido a los anteriores.
-Me encanta, lo usaré ahora mismo, muchas gracias.
Mientras salían del cuarto, Sango se soltó la coleta para volver a cogerse el cabello mientras él ya guardaba en la cajita el cinturón con el que había llegado y comenzaba a pasar por la cinturilla de su pantalón el nuevo, en eso Sesshoumaru y Kagome salieron también de la habitación encontrándoselos a mitad de camino y dándose miradas sospechosas entre ellos. Sango de inmediato tuvo una idea del cuadro que estaban formando y se sonrojó un poco, mientras Miroku, que estaba muy pendiente de no tirar el paquete mientras ajustaba la hebilla de hermoso adorno los miró como si no entendiera mucho.
-¿Qué estaban haciendo? –les preguntó Kagome, quien fingió una cara de sorpresa. Sesshoumaru miró a Sango y luego a su amigo, también fingiendo una cara de decepción.
-No tienes honor Miroku…
-¿Qué…? –en ese momento el joven de la coleta captó todo y, para sorpresa de todos, también se sonrojó comenzando a tartamudear-, n-no, oigan, no p-pueden ser así de pervertidos, yo no… Sango no… -Kagome, tratando de darles un respiro se dirigió a Sango.
-¿Le ha gustado el regalo?
-Vaya que así parece… -Miroku le dio un empujón a Sesshoumaru para que parase, ya se encontraban bajando las escaleras cuando Kagome le extendió otro regalo.
-Por cierto, esto también es para ti.
-Pero cuidado como intentas agradecérselo Miroku, te estoy mirando.
-Que ya Sesshoumaru –se volteo a Kagome y le sonrió con amabilidad- muchas gracias, ¿puedo abrirlo?
-Es tuyo –le instó la muchacha, mientras le entregaba a Sesshoumaru una pequeña cajita azul- y este para ti –le susurró enganchándose a su brazo. El aludido la miró interrogándola con la mirada, a lo que ella le respondió encogiéndose de hombros.
-¡Vaya!, ¿es nogal? –dijo Miroku observando los detalles de la pluma estilográfica que sostenía en sus manos-, es hermosa Kagome, me viene bastante bien.
-Supuse que era algo que ocuparías a menudo.
-Muchas gracias, ¿qué te han regalado a ti? –preguntó curioso a Sesshomaru, el cual había guardado la cajita en su bolsillo.
-Qué te importa –Sango se interpuso entre los dos y finalmente le entregó a Sesshoumaru el último regalo del día.
-También he traído algo para ti Sessh –le extendió el paquetito y este la miró, notando cierta incomodidad en ella, la cual trató de ignorar para que no fuera más evidente. Para evitar un poco la tensión del momento lo cogió y abrió enseguida.
-No debiste molestarte Sango –dijo apreciando el hermoso par de gemelos Hugo Boss con forma de trébol. Eran realmente bonitos y algo que lo tomaba por sorpresa, ya que de cierta manera sentía que Sango mantenía su distancia con él.
-Ya estaban demorando –Irasue quien los esperaba de pie junto a la mesa, les indicó una bandeja de plaqué en la cual se encontraban unas alargadas copas-. Vamos, es hora del brindis –cada uno cogió una copa al llegar-. Ha sido un lindo reencuentro y una muy agradable visita, creo que hablo por parte de todos cuando digo que es una pena que ya nos tengan que dejar, sí, sí, sobre todo por Miroku –este levantó un poco la copa y asintió con la cabeza-. Pero no hay reencuentros sin partidas, así es que espero que tengan un muy buen viaje, ya saben que esta siempre será su casa chicas.
Todos alzaron su copas y luego bebieron de ellas. El efervescente champagne animó la antesala del almuerzo y pronto todos estaban en sus lugares comiendo y haciendo bromas entre ellos. Irasue, siempre sentada a la cabeza, estudiaba las actitudes y rostros de los jóvenes. El eco de las risas era la mejor música de fondo, sin duda sería difícil volver a tener esa casa tan vacía.
La naturalidad con la que Miroku cogía la mano de Sango sobre la mesa era algo muy tierno de ver y una de las evidentes ventajas de ser zurdo. Esa sería una muy buena unión, pensaba la mujer quien no podía evitar sonreír. Por otra parte, como de costumbre Kagome y Sesshoumaru hablaban a susurros entre ratos. A esos dos nunca se les acababan lo temas de conversación. Pensando un poco en la conversación que mantuvieron en la mañana, era fácil notar cuán atraído se sentía Sesshoumaru por Kagome… y esta por él. Sin embargo, como era a su hijo al que conocía como la palma de su mano, notaba los matices imperceptibles que delataban en su rostro cómo la joven no era solo una persona más con la cual se llevara bien. Porque con Lin ciertamente no se marcaba constantemente al hablar ese pliegue en la comisura izquierda de su labio, como si tuviera una sonrisa de medio lado fija en su mejilla, así como tampoco sus cejas se volvían más expresivas cada vez que enfatizaba alguna idea. Era un tanto curioso, no había notado nunca ese gesto que hacía con la boca tampoco… Era como si con Kagome fuera otra persona. No, no otra, una versión mejorada de sí mismo.
La vida daba muchas vueltas, sin duda. Pero por una vez quería sentirse como un río y solo dejarse llevar por la corriente. El devenir era constante y, después de todo, el futuro algo incierto. Disfrutar ese momento y guardarlo en su corazón era todo lo que podía hacer de momento.
Mientras subían las maletas a los autos, se dividieron para ir Miroku con Sango y Sesshoumaru, Irasue y Kagome. Siguiéndose de cerca, ambos chicos emprendieron rumbo al aeropuerto, procurando no ir muy deprisa ya que iban bien de tiempo. Al llegar se encaminaron a hacer el check in para corroborar los billetes y esperar mientras abrían la puerta de embarque. En cuanto tuvieron oportunidad de estar relativamente fuera del alcance de los oídos de los demás, Sesshoumaru se dirigió sigilosamente a Kagome.
-Llámame apenas llegues, no importa la hora –decidido a mantenerse lo más lejos del cuerpo de la joven, guardó las manos en los bolsillos de su pantalón donde sintió el bulto de la pequeña cajita que le había dado Kagome.
-No has visto tu regalo –le susurró ella.
-¿Qué es?
-Pues ábrelo –Sesshoumaru no quería llamar la atención del resto, por lo que comenzó, con mucho disimulo, a abrir la cajita desde dentro de su bolsillo. Para cuando deshizo el nudo, la tapa se abrió fácilmente y sintió una pequeña estructura metálica moverse hacia fuera. Cuando por fin sacó su mano ya sabía de qué se trataba, pero desconocía dónde funcionaba. Sesshoumaru quedó viendo por un momento la ligera pero firme pieza dentada de cobre, tenía un aspecto cuidadosamente envejecido.
-¿Qué abre esta llave?
-Tendrás que viajar a Italia para ocuparla, pero es de una pequeña casa en Positano. Solíamos pasar algo de tiempo ahí, me encantaba, pero mis padres preferían otros lugares para vacacionar. Papá me la dio de regalo cuando cumplí los veinte, ya que ellos realmente no la ocupaban mucho. Por su puesto es una copia, pero quiero que la tengas ya que es muy importante para mí.
-Si fuera en este momento, ¿habría alguna posibilidad que estemos solo en esta casa? –Kagome sonrió.
-Esa es la idea.
La primera llamada a la puerta de embarque se escuchó desde los altavoces, pronto comenzaron la ronda de abrazos y besos. Irasue fue la primera en estrechar a las jovencitas, primero a Sango, luego a Kagome. No pudo evitar que sus ojos se cristalizaran un poco, pero se excusó diciendo que ella estaba mayor y que esas cosas la ponían un tanto sensible. Mientras hicieron un cruce donde Miroku se despidió de Kagome y Sesshoumaru de Sango.
-Ha sido fantástico tenerlas de visita, a amabas –dijo el de la coleta mirando de soslayo a la castaña-. Muchas gracias por el regalo y por favor… quiero que sepas que cualquier cosa que necesites, puedes contar conmigo –de pronto su semblante se hizo más serio y confundió un poco a Kagome-, soy realmente bueno en mi trabajo y… solo pienso que es un dato que nunca está de más.
-Gracias Miroku, espero nos veamos pronto y todo vaya bien entre ustedes y Sango.
-Espero lo mismo.
-Gracias por tomarte el tiempo de venir Sango, espero que todo vaya bien en Italia.
-Gracias a ustedes por lo acogedores que fueron. Espero que… todo vaya bien… sí, me gustaría que todo siguiera igual –la doble intención de esas palabras no pasó tan desapercibido para Sesshoumaru, el cual le brindo una sonrisa que realmente no le llegó a los ojos.
-Buen viaje –logró decir finalmente, para no terminar siendo un maldito grosero.
Cuando Sango se sumergió en los brazos de Miroku este la acunó de un lado a otro apoyando su mejilla en la coronilla de esta.
-Nena… te echaré de menos.
-Yo también –Sango pudo hacer un último movimiento cerca del cuello de este para oler su fina colonia y mantenerla en el recuerdo. Cuando sus ojos se cruzaron desde una altura asimétrica, Miroku se dedicó a actuar en vez de pensar y le dio un breve pero dulce beso sobre los labios.
-Llévalo contigo, ¿vale? –Sango sonrió y asintió con la cabeza. De pronto ya no se sentía incómoda por lo que hacían frente a los demás.
-Ni siquiera lo pienses –le dijo en un tono tierno de reproche a la joven que estaba a punto de llorar-, no practicamos la tristeza, recuerda eso.
-Sí, sí… todo está bien… -Sesshoumaru la abrazó, no como él quería, pero inundándola igualmente de amor. Besó su frente mientras buscaba la posición idónea para poder susurrarle al oído.
-Te amo Kagome. Eso no va a cambiar por nada del mundo. Te amo –aprovechando la proximidad, ella pudo hacer lo mismo.
-Te amo… te amo… solo a ti.
Cuando se apartaron, los demás trataron de pasar desapercibidos, aunque Sesshoumaru pudo notar claramente que tenían los ojos clavados en ellos. Como siempre, arregló algunos mechones del cabello de ella y beso ambas mejillas… vamos, eso no tenía nada del otro mundo.
Cogiendo sus bolsos de mano caminaron hacía la fila de embarque y pronto desaparecieron de la vista. Sesshoumaru escribió rápidamente un texto y pulsó enviar. Esto era solo el comienzo, no tuvo que expresarlo mayormente en palabras ya que fue su madre quien habló.
-Muchachos, tenemos que resolver algunos asuntos –en plena sincronía Miroku se acopló al comentario.
-Supongo que Sessh te llevará. Nos vemos de inmediato en tu casa.
Así los tres deshicieron el camino de vuelta y pasaron el resto de la tarde aclarando la situación que ahora se volvía prioridad, aun cuando la principal afectada marchaba rumbo a Italia.
Kagome iba a apagar su móvil cuando entró un mensaje de texto. Una sola palabra: bolso, el remitente, Sesshoumaru… por supuesto. Apagándolo, abrió su bolso de mano y encontró el mp4 Walkman azul que sabía era de él. De inmediato cogió los audífonos y encendió el pequeño reproductor. Recordó cómo este le había mencionado el hecho de hacerle una lista de reproducción con las canciones que le recordaban a ella, solo que no pensó que pasaría de un comentario más parecido a un pendiente por realizar en un futuro lejano a algo concreto para este momento.
La primera canción, indudablemente era él. Recordó vagamente cuando la noche del incidente en la fiesta de Irasue, él la había llevado hasta su Penthouse y cantado unas cuantas estrofas de muchas de sus canciones favoritas. Su voz era profunda, su entonación perfecta y la sensación de las palabras siendo susurradas desde sus labios directamente en su oído la hizo estremecerse de la mejor manera previo a entregarse al amor.
Era tan dulce. Muy a su manera, marcando una diferencia enorme a cualquier otra persona. Sesshoumaru era de esas personas de las cuales se refieren como seres 'poco afectivos'… hasta que encuentran en quién verter su cariño. Pero claro, nadie conocía a ese Sesshoumaru, por eso lo sentía y comparaba a un tesoro, el cual se rebelaba solo ante la mano que poseía la llave de sus sentimientos y esa, sin duda, era ella (y, tal vez, su madre).
Sonriendo, recostó su cabeza en el cómodo asiento de cuero. Cerró los ojos y la visión de un par de orbes lánguidas y doradas vino a ella. ¿Cómo podía sentir algo tan fuerte por alguien en tan poco tiempo?, el único consuelo a esa pregunta sin respuesta, era encontrarse en una situación recíproca.
-Resumiendo un poco la situación –dijo Irasue cruzando una de sus piernas a la altura de rodilla y cruzando sus manos sobre ellas-, ya sabemos que Naraku sabe el paradero de Kagome y que se encuentra en Italia probablemente. No me fío respecto al hecho que no pretenda tener un acercamiento a ella dentro de las próximas semanas, está muy decidido a hacerlo ya que estuvo esperando por mucho tiempo que las cosas se dieran, aunque quizá no de esta forma. Lo único que puedo pensar es que hay algún tipo de doble intención en todo esto, pero aun así hay muchas piezas que nos faltan para saber sobre dicha motivación. No se trata solo de hacerle saber a Kagome que es su hija, recordemos que en los papeles que ha dejado InuTaisho repite expresamente sobre las malas afiliaciones y negocios en los que se ha visto envuelto. La situación es esta –miró directamente a su hijo-, pienso que el verdadero objetivo son InuYasha y tú, Sesshoumaru. Este hombre detestaba a tu padre y de alguna forma, como ya no puede perjudicarlo directamente a él irá a por ustedes.
-Pero eso no tiene sentido –Miroku se encontraba recostado de espaldas frente a la chimenea de la biblioteca, la cual no estaba encendida-, no del todo. Es decir, qué puede lograr a través de Kagome como para perjudicarlos a ustedes.
-Para mí sí tiene sentido. No podemos corroborar aun el hecho de si se apareció a Kagome en la fiesta de la fundación, pero de ser así y haberse movido tan rápido, es porque se siente seguro respecto a lo que está haciendo, eso quiere decir que sabe lo que hace, porque lo ha estado planeando y tiene todo muy bien calculado. No se me haría extraño saber que está al corriente de todo lo que ha hecho Kagome en este tiempo, de la relación que tiene con InuYasha y conmigo, lo que por lo visto no le gusta. Pero si ha accedido con mamá a tomarse su tiempo mediante la condición que le impuso, no nos quedan muchas alternativas más que esperar a que haga su siguiente movimiento. Recién ahí podremos actuar con seguridad, porque sabremos a qué atenernos.
-Sí es así, esto es malo, porque estando ellas en Italia, sin ninguno de nosotros que somos los que sabemos de la situación, nos movemos a ciegas –Sesshoumaru miró a Miroku, sabía que tenía una idea.
-Qué es lo que sugieres –su amigo lo miró y luego a Irasue, sabía que ella sería la más reticente a aceptar el plan.
-Creo que debemos decirle a alguien que esté cerca de ella, alguien en quién podamos confiar y nos pueda mantener informados… la persona más cercana e idónea a mi parecer, es Sango. Si bien no le dije nada respecto a lo de Kana, es la que más próxima se encuentra a la situación y con la que tenemos más contacto. De otro modo, pienso en InuYasha, pero no sabemos cómo podría reaccionar, además que, supongo, se siente más cercano a serle fiel a Kagome ante esta situación. Sango podría comprender que es un tema delicado y que va más allá de la misma Kagome -Sesshoumaru miró a su madre, la cual fruncía los labios en una evidente mueca de desaprobación.
-La verdad, pienso que es una buena idea. Sango es una persona inteligente y nos podemos fiar de eso, creo que resultará mucho menos temperamental que InuYasha, aunque no descarto del todo ser a él al próximo que pongamos de sobre aviso.
-No lo sé… -dijo la mujer poco convencida.
-Tendremos que preparar un poco antes el terreno, no es como si se lo contemos ahora ya, pero debemos ponernos en marcha y aprovechar que tiene una buena relación con Miroku, sé que él podrá llevar bien el asunto.
-Sesshoumaru tiene razón Irasue, no podemos pasar por alto los planes que hicieron para año nuevo, lo cual ya se nos viene prácticamente encima. Creo que esa sería una buena oportunidad para poder conversarlo personalmente con Sango.
-Qué hay de la distancia que debe mantener Sesshoumaru. Tenemos claro que estará pendiente de si cumplo o no mi parte del acuerdo y si viajamos todos a Nápoles dentro de unas semanas, entonces él hará lo que le venga en ganas.
-Creo que eso es algo de lo que nos debemos olvidar, es obvio que no me voy a mantener al margen del asunto y con ello lejos de Kagome, sobre todo ahora que sé que la situación es diferente.
-Sí, pero creo que en esto Irasue también tiene razón. Sessho, estamos jugando bajos sus reglas y no contamos con el tiempo que deseamos para que la situación no nos estalle en la cara. Se supone que estamos de acuerdo en que queremos crear cierta protección en torno a Kagome. Si simplemente te apareces de la nada, nuestro tiempo se reduce considerablemente. Tienes que ser más razonable respecto a esto.
-Kagome no es tonta –el peliplateado estaba comenzando a enfurecerse-, qué se supone que le diré. No quiero mentirle más de lo necesario y ya teníamos planes para pasar las fiestas juntos. No puedo simplemente alejarme como si nada, se dará cuenta de mi cambio y esto es algo en lo que no voy a tranzar.
-Si no lo haces, entonces no tiene mucho sentido todo lo que estamos hablando. Para eso simplemente preparamos nuestro viaje y ¡kaboom!, que Kagome se entere de todo –le dijo mordazmente Miroku, lo que lo hizo ganarse una fría mirada por parte de su amigo.
-Que quede claro que no es algo en lo que no esté de acuerdo. Por mí bien si se entera ahora mismo, ¿no han pensado que eso nos facilitaría las cosas?, no me gusta la idea de estar subyugado a las reglas de un psicópata como su padre y si puedo liberarme de eso, entonces tendría la libertad que quiera para poder contrarrestar sus acciones de la manera que me plazca.
El silencio reinó por unos minutos en la habitación. Sesshoumaru estaba fúrico. Mañana mismo contrataría a un agente privado para recopilar toda la información que pueda respecto a Naraku Colbet. Si algo tenía claro era que él no se doblegaba ante nadie y que era él quien imponía reglas y órdenes a los demás. No se sentía ni un poco amedrentado por lo que pudiera hacerle este hombre, excepto si pensaba en dañar a su propia hija, lo cual no podría ser el caso, ya que se estaba esforzando mucho para tenerla a su lado.
Miroku se debatía en un estado de ánimo entre exasperado y huraño. Había algo que no cuadraba del todo y era frustrante para él estar demorando tanto en descubrirlo. A veces resultaba difícil trabajar al lado de Sesshoumaru, aunque siempre podía fiarse de su buen juicio e intuición a la hora de pensar ingeniosamente en la salida a un problema. La cosa era que prefería de cualquier manera estar del lado de él, porque en la posición contraria era muy poco probable conseguir éxito en lo que se propusieran, solo que no estaba totalmente de acuerdo respecto a las decisiones que pensaba tomar su amigo.
Irasue se encontraba abatida por el presentimiento que esto no se trataba de Kagome, sino de su hijo e InuYasha. Olía a venganza, una que se fraguaría contra los herederos del hombre que le había arrebatado no solo el amor de su mujer a Naraku, sino también el de su hija, y si tan solo se llegara a enterar del tipo de relación que esta estaba manteniendo con el hijo de su mayor enemigo, se temía lo peor para el de ella. Debía mantener lejos a Sesshoumaru del asunto. Lejos de Nápoles, lejos de Kagome. Comenzó a pensar en que quizá no podría actuar a la par de él y Miroku, tendría que crear alianzas con otras personas, lo que se debatía era con quiénes. Si ya habían pensado en meter en esto a Sango, entonces no podría contar con ella, lo cual la dejaba desprovista de su as bajo la manga. Lo definitivo era quien jugaba mejor sus cartas, debía lograr hacer que el control cambiara de manos de Colbet a ella para asegurar la situación.
-No irás a Nápoles Sesshoumaru.
-¿Disculpa? –respondió este en un tono teñido de indignación y rudeza.
-Estás a menos de dos metros de distancia y tengo una modulación perfecta –su modo defensivo se había encendido-. Qué tan seguro estás que no te salga el tiro por la culata Sesshoumaru, ¿acaso tienes algún indicio que Naraku no iría en contra de su propia hija?, ¿lo conoces?, ¿sabes algo al respecto?, si es así por favor dínoslo –le dijo en un tono de evidente ironía lo que hizo que el ácido temperamento de su hijo se elevara aún más-. Podría haber actuado mucho antes, esto es algo que sabía desde hace mucho tiempo, ¿no te das cuenta?, no me cabe duda el que todo estaba planeado y tú simplemente estás cayendo en su juego. Debemos hacer que se sienta seguro de la situación, que siga pensando que tiene el control de todo para luego cambiar los papeles, sino no tendremos esperanza ninguna de solucionar de forma favorable la situación.
-¿Qué es realmente lo que te preocupa? –los ojos de Sesshoumaru la taladraron. Era muy inteligente, lo había notado. La forma en como se estrechaban sus lánguidas orbes ambarinas, junto a ese ceño fruncido eran la exigencia personificada.
-Todo, me preocupa todo. No conocemos a este hombre, no sé a qué podemos atenernos, pero si InuTaisho fue capaz de cambiar de idea en la última instancia y pedirnos que le dijésemos a Kagome la verdad, es porque sabía que Naraku es peligroso. Si quería que lo supiera, es porque indudablemente la quería alejada de él y eso me hace pensar que temía que fuera capaz de hacerle daño a su propia hija.
-Debemos mantener la calma, no podemos crear fisuras entre nosotros –dijo Miroku al percatarse lo que se avecinaba entre madre e hijo. Estos se sentían más que cómodos inmersos en una batalla campal, pero aquello sería gastar energías en vano produciendo una tensión innecesaria entre ellos-. Pensemos con calma la situación, por favor. Tratemos de enfocarnos a crear una solución tentativa hoy para que estemos preparados según se vayan dando las cosas.
-Entonces pensemos aterrizadamente –Irasue no quitó su aguda mirada de Sesshoumaru.
-Bien, yo propongo que Sesshoumaru no se mueva de Japón por lo menos de momento. Sigamos con el plan de visitar a las chicas en Nápoles, para eso, viajaré antes de lo previsto a Italia, así tendré tiempo de preparar el terreno y hablar con Sango para que cuando llegue Irasue.
-Me parece una buena idea.
-No estoy de acuerdo.
-Sessho, solo será por la semana de año nuevo. Además, eso no es todo mi plan –Irasue ahora se concentró en Miroku, quien igualmente le devolvió la mirada-, creo que tendrás que mediar este asunto con Naraku, no es posible mantener a Kagome para siempre alejada de Sesshoumaru y eso no solo por parte de él –el aludido aguardó unos minutos procesando esa última parte. De ningún modo quería a su madre cerca de ese hombre, pero quizá había realmente una oportunidad de que cediera de alguna manera.
-Va a querer algo a cambio, eso es seguro, la cosa es qué –el peliplateado se levantó para acercarse a la ventana que daba hacia el antejardín de la casa de su madre-. Es demasiado arriesgado.
-Creo que es una buena idea, de hacerlo y podernos fiar de lo que nos propone Colbet… creo que no tengo inconvenientes es que puedas aproximarte a Kagome.
Sesshoumaru lo cogió. Era eso, Irasue lo estaba protegiendo de Naraku. Ahora entendía la reticencia de esta al no querer que se mueva fuera de Japón. Era fácil hilar esta idea con lo que había mencionado anteriormente. Pensando más racionalmente la situación, era lo mejor que tenían hasta el momento, solo sería aplazar el tiempo un poco más, de igual manera acabaría estando con Kagome al finalizar todo esto. Tratando de aparentar que la situación no le agradaba decidió dar su opinión al respecto tratando de crear un punto ciego en su madre.
-Está bien. Me quedaré, pero antes de finalizar enero ya estaré en Italia, dejaré en sus manos el cómo y probablemente también el cuándo. Pero si las cosas no resultan, entonces estaré antes de lo previsto en Nápoles.
-Creo que es justo –Miroku pareció más seguro de sí mismo ante la venía al plan por parte de su amigo. Podría lograr su cometido mientras más rápido de pusiera en movimiento.
-Cuándo viajarás –Sesshoumaru se dio media vuelta para confrontar a Miroku.
-No puedo hacerlo antes de la videoconferencia, hay asuntos que tengo que dejar finiquitados antes de viajar porque no podemos descuidar los temas de la empresa, estamos en fechas claves. Supongo que dentro de la subsiguiente semana, no necesito más que un par de días antes de que viaje Irasue.
-Podemos designar a alguien más si fuera el caso.
-No. Separemos las cosas Sesshoumaru, ninguno de los otros abogados de la empresa puede serte más eficiente que yo en este momento, son convenios que venimos trabajando hace mucho tiempo juntos y nos han dado más de un dolor de cabeza. Esto es tan importante como el asunto con Colbet. No lo dejaré en manos de nadie más –Miroku tenía razón, lo que hizo que Sesshoumaru se mordiera un tanto la lengua ante lo lógico de la situación. Su amigo tenía los pies bastante bien plantados en la tierra, por lo menos más que él, lo que igual lo hizo sentir cierto orgullo.
-Llevas mucha razón. ¿Estamos todos de acuerdo? –dijo mirando a su madre.
-Sí, eso creo.
-Bien, debo irme.
-Yo también.
Irasue los encaminó a ambos a la entrada de la casa. Abrazó a Miroku dándole gracias por todo lo que estaba haciendo y confiándole las carpetas con los documentos que le había hecho llegar Totosai durante todo este tiempo. Para cuando tuvo que dirigirse a Sesshoumaru, este tenía una expresión de pocos amigos en la cara, pero no dejó de recibir las muestras de cariño de su madre.
-Sessh, vamos a solucionar esto, lo haremos de tal forma que todos salgamos bien parados de esta –los dorados ojos de sus hijo se clavaron en ella.
-Lo sé, no hace falta que te pongas tan pesada –Irasue le dio una palmadita en el brazo y el casi esbozó una sonrisa.
-Vete, pero no te pierdas mucho –Sesshoumaru cruzó el umbral de la puerta, a medio camino de su auto Irasue lo llamó, haciendo que este la mirara.
-Te quiero.
-Yo igual mamá.
Ahora solo quedaba que las cosas fueran poniéndose en su lugar. Lo que había quedado claro era que no podían descuidar otros aspectos de su vida solo por el gran asunto que se venía cociendo respecto a la única e ilegítima heredera del clan Frossard. De cierta manera, todos querían que el asunto acabara lo antes posible, pero no arriesgando el bienestar y felicidad de ninguna persona a la cual se extendiera el alcance de la situación.
Actualización breve y flash. Ya huele a final, ¿no creen? No actualizaré hasta el próximo año, así que un beso y abrazo grande a todxs. Que pasen unas lindas fiestas.
Jú la Deppravada.-
