Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi.

Desde hace mucho tiempo quise escribir algo distinto, algo un poco más oscuro de lo que suelo escribir. Juzguen como me salió, pero eso sí, lean hasta el final si van a criticar.

Marionetas

Una sádica sonrisa se formó en su rostro, donde unas marcas púrpuras evidenciaban su terrible estado. La quietud del bosque era rota por sus gruñidos y olfateaba constantemente el aire, en busca de aquel maravilloso aroma que lo hacía perder la cordura. Aquél que aborrecía y adoraba a la vez, esa esencia que embotaba sus sentidos y que lo hacía querer más y más.

Sus pasos resonaban en la hierba húmeda y las bestias nocturnas huían de él, temerosas de ese monstruo de rojos ojos que destrozaba los árboles con su fuerza sobrehumana.

—Esconderte no servirá de nada—susurró el muchacho, con los blancos colmillos sobresaliendo de sus labios.

Irritado, estrelló sus puños contra un árbol y terminó de destrozarlo con sus garras. La espada en su cintura había quedado olvidada, pues presentía que no la necesitaría esa noche. Su instinto animal se encontraba a flor de piel, concentrado completamente en hallar la esencia que poco a poco había empezado a desaparecer.

Su sonrisa de suficiencia se transformó en una fiera mueca.

—¡Muéstrate de una maldita vez!—bramó, ahuyentando a un par de búhos—¡Este jueguito me tiene harto! ¡No tengo tiempo para estas estupideces!

El eco de sus gritos resonó por todo el bosque, mientras su deseo de sangre aumentaba con rapidez. Podría obtenerla de cualquier animal; pero eso no sería suficiente para saciar su sed. Necesitaba la sangre de ella. La necesitaba, la deseaba con toda su corrupta alma.

Repentinamente, los arbustos crujieron detrás de él, haciendo que volteara con rapidez y lo observara curioso. ¿Sería ella?

Un leve sollozo proveniente del lugar confirmó todas sus sospechas. Soltó una tenebrosa carcajada y se acercó lentamente, sintiéndose victorioso de, al fin, tenerla bajo su poder. Sumergió el brazo entre las hojas y sacó bruscamente a una pálida muchacha de ellos.

—Te encontré—le susurró burlón, apreciando cada uno de sus delicados rasgos.

—I…Inuyasha—musitó ella, totalmente temblorosa—No…por favor.

—Tus súplicas no servirán de nada, tonta.—dijo con voz gutural, apretando más su agarre, haciendo que la chica gritara y se retorciera por el corte de sus garras, filosas como navajas.

Con la otra mano, la sujetó de la barbilla y la obligó a mirarlo—Mírame—le dijo. Al ver como esquivaba su mirada, como si se tratara de una inmunda bestia, la paciencia se le agotó.

— ¡Qué me mires!—le gritó iracundo, haciendo que ella se encogiera ante su rudeza y obedeciera el mandato.

Cuando vio esos bellos ojos, cristalinos por las lagrimas y opacados por la tristeza y la decepción, algo se removió en el interior de Inuyasha. Su rostro e uniforme estaban cubiertos de tierra y se encontraba herida en varias partes de su cuerpo. No pudo apartar la mirada de ella, sintiéndose repentinamente culpable por el sufrimiento de esa chica.

— ¿No…no me reconoces?—preguntó Kagome en voz baja, sacando a Inuyasha del trance en que se había sumergido.

El muchacho endureció su mirada y sonrió cruelmente, al ver la mueca de dolor en su cara y al sentir su tibia sangre correr por sus manos.

—Soy Kagome, Inuyasha. ¿No me recuerdas?—preguntó de nuevo, mirándolo con esperanza.

El joven le acarició la mejilla y la observó fijamente a los ojos, donde su monstruosa cara se reflejaba. —Por supuesto—gruñó, riéndose internamente al percibir la repentina alegría en la chica. ¿Acaso creía qué, por el mero hecho de recordarla, le perdonaría la vida?

—Despídete…Kagome. —le susurró burlón, atrayéndola velozmente a su pecho. La pequeña y temblorosa figura se amoldó a su cuerpo a la perfección, dejándolo extasiado por unos instantes. Sujetó su rostro con ambas manos, dejando que sus manos cayeran sin vida a sus costados; sin realizar ningún esfuerzo por huir o lastimarlo.

Las lagrimas corrían por su rostro sin piedad, haciendo que él se regodeara ante su dolor. Le acarició el pálido cuello y enterró su rostro en él, llenándose de ese aroma a jazmín que lo volvía loco y que, finalmente, era solo suyo. Aprisionó su garganta con una mano y apretó suavemente con las zarpas, haciendo que hilillos de sangre surgieran de la misma. Se apartó un poco y crujió los nudillos, riendo deleitado por el aroma que se había incrementado. Estiró el brazo, con las garras preparadas…cuando una voz casi inaudible se escuchó.

Inuyasha…Inuyasha…Inuyasha- clamaba la voz—Despierta.

— ¡Noo!—gritó el hanyou sobresaltado, llevándose una mano al pecho descubierto y cubierto de sudor. Respirando agitadamente, paseó la mirada por la oscura habitación.

Los pequeños muebles estaban en su sitio, al igual que los extraños artefactos que ella traía de su mundo y el carcaj repleto de flechas. La noche estaba en relativa calma, a diferencia de la tormenta que se había desatado en su corazón.

Sus orbes doradas estaban opacadas, mientras miraba con horror a sus garras. Casi podía sentir la sangre y las lagrimas correr por sus manos.

— ¡Maldita sea!—masculló rabioso. Aquel sueño tan realista le había mostrado uno de sus más grandes temores, le había enseñado esa parte de su ser que temía nunca poder controlar. Aquella bestia sedienta de sangre, que asesinaba por el placer de ver a sus víctimas sufrir…aquella que era capaz de lastimar a Kagome.

—Inuyasha—escuchó un suspiro a su lado. Volteó y observó con ternura como su esposa lo buscaba entre las sabanas, aún adormilada.

De pronto, la imagen de una Kagome tirada en algún rincón del bosque, con cortes por todo su cuerpo y la vacía mirada vuelta al cielo; hicieron que sus ojos se humedecieran y su corazón se contrajera.

Enojado, se limpió los ojos con rudeza y estampó su puño contra el suelo de madera. Si seguía siendo tan débil, no podría protegerla. Estaba decidido, se fortalecería cada vez más y la protegería contra todo mal…incluso de sí mismo, si en algún momento se llegara a transformar.

Se acostó al lado de Kagome y la abrazó por la cintura, atrayéndola a su pecho. Ella se acurrucó contra él y una sonrisilla se formó en su rostro, haciendo que el corazón del hanyou se ablandara irremediablemente. Sólo con ella podía mostrarse débil, pensó con cariño.

—Moriría antes de hacerte daño—susurro en su oído, observándola dormir mientras la paz poco a poco volvía a llenar su alma.

N/A:

Bueno, ¿Qué les pareció?:)

Fue la primera idea que se me vino a la mente con el titulo. Si no la entienden, no se preocupen, me avisan y se las explico por MP.

Si ven OoC en Inuyasha, tiene una razón algo lógica. Al estar solo con Kag, puede abrirse sin problemas.:D