Hola a todos, aquí está el siguiente capítulo del fic para su agazajo, espero, y pues bueno, a los lectores del fic que me han seguido a travez de todo, aquí les digo que ya tengo lectora Beta (se llama Rodven) así que si ven algún error ortográfico, me dicen para hablar con ella.
En fin, aquí tienen otro capítulo.
Chao chao.
Mike Jr y su complejo de caperucita Roja
Mike sabía que no darle una respuesta rápida a Tanya y a sus hermanas con respecto a pertenecer a su clan iba a venir a morderle en el trasero tarde o temprano.
Y ese día llegó.
El rubio regresó una tarde a casa después de haber dado un paseo y jugar todo el día con Sam, para poder tomar un respiro de la presencia tan fuerte que tenía Kida a su alrededor.
El vampiro, luego de la primera noche, había anunciado que deseaba quedarse un poco más y, de ser posible, seguir contratando "sus servicios" lo que de verdad, de verdad le hacía sentir incómodo, y luego de llegar a un trato, en el que se incluían una fuerte suma de dinero para el retiro de Mike, muy graciosa Kate, y la promesa de que el vampiro oriental no volvería a comer humanos mientras estuviera viviendo en la casa ni dañaría a algún miembro del clan, se le permitió vivir con ellos.
Claro que las pláticas para llegar al acuerdo fueron mucho más largas e incomodas, pero no merecía la pena volver a mencionarlas o pensar en ellas. Y como el vampiro oriental ayudaba en los entrenamientos del neonato de maneras muy particulares y parecía que intentaba no ser una molestia, el rubio intentaba no quejarse demasiado e irse de la casa cuando su presencia seria e incómoda lo agobiaba demasiado.
Sea como sea, el día en que llegó a casa y abrió la puerta para encontrar a todos los vampiros sentados en la sala con todo el aire de formalidad, lo primero que pensó fue que Kida había roto su palabra como secretamente había estado esperando, pero cuando buscó sus ojos, estos le devolvieron la mirada tan fríos y rosas como cuando se había ido esa mañana.
–Mike, tenemos que hablar –comenzó Tanya con esa frase que no precedía nada bueno.
El rubio se colocó sobre uno de los sillones vacíos y paseo la mirada por los rostros de los vampiros presentes. Irina fue la única que desvió los ojos y eso le bastó para comprobar sus sospechas de que esto no podía ser nada bueno.
–Carlisle llamó esta mañana –comenzó la cabeza del clan–, parece que Victoria a creado un ejército de neonatos para llevar a cabo su venganza y nos pide ayuda para eliminarlos.
No era la primera vez que escuchaba de algún vampiro que creaba un puñado de neonatos para llevar a cabo su cometido. De hecho, Jasper le había contado la historia de cómo él había sido creado para formar parte de uno, pero saber que su familia estaba a punto de ser aplastado por uno, no era algo que pudiera soportar mucho tiempo.
El rubio se levantó de su asiento, dispuesto a largarse en ese mismo instante.
–Siéntate Mike –ordenó autoritariamente Eleazar.
Y luego de que se hubo replegado en el sillón una vez más, la pelirroja continuó.
–Hemos decidido no ayudarles.
–¡¿Qué?
¿Tanya se había vuelto loca? Después de todas esas veces en las que aseguró que el clan de los Cullen eran como su familia y todo eso. Volvió a revisar los rostros de los vampiros y esta vez Kate y Eleazar también desviaron la mirada. Kida, que no tenía nada que ver en el asunto, permanecía imperturbable.
Mike estaba por comenzar a gritar o simplemente levantarse e irse de ahí. Edward tenía razón, eran una familia de traidores.
–Irina todavía desea venganza contra los hombres lobo –continuó hablando Tanya como si la rubia no estuviera ahí o no tuviera boca–, y a cambio de ayudar a los Cullen, le pedimos que nos permitiera atacar a los licántropos.
La confesión fue toda una sorpresa. ¿Irina todavía odiaba a los hombres lobo por lo de Laurent, aún después de tanto tiempo? Además, pensó que ya habían llegado a un acuerdo. Sam y su familia solo habían hecho lo que se esperaba de ellos.
–Pero yo pensé…
–Sé lo que pensaste –interrumpió Irina por primera vez y su tono de voz sonaba amargo–. Pero no tienes idea del odio que me consume cada vez que pienso en ellos. Los quiero muertos Mike… lo siento, pero los quiero muertos.
El rubio le iba a contestar un par de cosas, pero sabía que Irina era inflexible, y si había mantenido esa decisión hasta ahora, no había nada que él pudiera hacer. Así que se levantó de su asiento dispuesto a irse.
–No dejaremos que te marches tú sólo –Kate se levantó de su lugar al igual que Eleazar y Carmen, aunque la última parecía hacerlo obligada–. Le prometimos a Carlisle que no lo haríamos.
¡Traidores! Su mente rugió mientras buscaba una ruta de escape. Irina y Tanya no se habían levantado de su lugar, pero eso no importaba si decidían darle caza en cualquier momento. Intentó razonar y miles de ideas surgieron en su mente a una velocidad que no lo harían para un ser humano normal.
Si ya habían tomado la decisión y habían decidido no dejarlo marchar, entonces, ¿para qué comentarlo siguiera? Seguramente ya esperaban esa reacción de su parte. A menos que pensaran que podía convencer a Irina de alguna manera y le estaban dando la oportunidad de hacerlo.
Relajó su postura y volteó a ver a la rubia una vez más, intentando decidir que aproximación hacer.
–Esto no tiene mucha coherencia –dijo mientras volteaba a ver a Tanya para no parecer tan obvio en su intento–, si los Cullen son en verdad parte de su familia, como me han dicho todo este tiempo, no deberían estar haciendo esto.
Tanya apretó la mandíbula tan fuerte, que su rostro se deformó un poco y luego de un momento se obligó a decir.
–Los Cullen pertenecen a otro clan –su voz perdió cualquier inflexión–. Irina pertenece al nuestro y no puedo seguir ignorando su petición de venganza por alguien que es de… –hizo una pausa, como sopesando si debía decirlo o no– fuera.
Y entonces todo tuvo sentido.
-¡Son unos TRAIDORES! –explotó sin poder detenerse- NO PUEDO CREER QUE ME ESTÉN PIDIENDO ESTO.
El rubio se preguntó si todos los vampiros eran así. Sólo un atado de manipuladores que hacían todo a su conveniencia.
Tanya le estaba diciendo, lo suficientemente claro como para que él lo entendiera, que apoyarían a los Cullen si Mike decidía quedarse y formar parte de su clan. Sabía que debió de haber dado una negativa antes, pero no se podía obligar a hacerlo y ahora las cartas quedaban al descubierto. Seguramente ya sabían que se iba a negar y habían estado esperando una oportunidad como esa.
Respiró dos veces de manera rápida y decidió que podía aceptar esa condición si eso significaba que Carlisle, Esme, Emmett, Jasper, Rosalie, Alice y Edward estarían bien.
Abrió la boca para decir, "Pues sí, acepto pero vámonos ya" y descubrió que no podía hacerlo.
No podía porque eso significaba que ya no vería a Edward jugar con Bob, o que ya no podría regresar a casa como parte de la familia y su licencia y pasaporte sería todo lo que tendría como "Mike Cullen".
–Me voy de aquí –dijo antes de dar media vuelta e intentar buscar una ruta de escape.
Si tenía alguna duda de la veracidad de las palabras de Kate, esta quedó destruida cuando la siguiente cosa que supo fue que la rubia se había lanzado hacía él.
Giró sobre sus pasos pensando, "A la chingada, voy a ir a rescatar a Edward aunque tenga que cargarme a esta vieja" y entonces pasó lo que menos esperaba.
Vio dos borrones pasar frente a él y un golpe seco al que le siguió un gruñido fuerte y cuando dirigió los ojos al frente y enfocó, se encontró con la espalda de Kida, que estaba haciendo el papel de una barrera entre él y el resto de los vampiros.
Kate gruñó amenazadoramente y el resto de su clan se agazapó en posición de batalla.
–Creo que dijo que quería marcharse de aquí –dijo el vampiro oriental con el tono de voz más tranquilo que hubiera usado hasta entonces, por una vez, parecía estar en su ambiente.
Kida había participado con ellos en algunas lecciones de lucha de Mike. Su estilo de pelea era… impresionante. Le había enseñado un par de movimientos que daban resultados estupendos, aunque se notara que solo eran las bases de un estilo de pelea muy superior y el rubio calculaba, que si Kida peleaba con toda la familia podría sacar adelante la batalla durante un par de minutos cuando menos. Aunque de todas maneras perdería. ¿Sería eso suficiente para escapar?
Los vampiros se agazaparon aún más y Mike devanó los sesos en su cabeza para buscar una solución. ¿Qué haría Carlisle en ésta situación? Seguramente intentaría y lograría sacar todo el problema adelante a base de buena voluntad y una plática tranquilizadora. Y viendo que no tenía muchas oportunidades, habló.
–Esto está mal –suavizó su tono–, ustedes no pueden mantenerme aquí por la fuerza. Tendrían que desmembrarme y esperar hasta que todo el problema pasara.
Tanya desvió la mirada y Kida volvió a hablar.
–Creo que ese es el plan.
¡¿Pero qué se habían creído? Era imposible que pensaran que de esa manera se uniría a su clan. Seguramente Tanya tenía más cabeza que eso.
Miró una vez más a los vampiros y se sorprendió cuando solo Carmen y Tanya parecieron dar muestras de arrepentimiento. No esperaba que Eleazar lo traicionara, no esperaba que Kate lo traicionara y ciertamente nunca pensó que acabaría en una situación en donde Kida, con su fría actitud y su aura aplastante, sería la única persona razonable en la habitación.
–Si creen que les voy a perdonar esto –advirtió en un tono de voz seco–, están muy equivocados.
Carmen mordió su labio y, luego de un momento, estiró la mano y tomó el hombro de su esposo, que se quedó perdido durante un segundo sin saber cómo reaccionar y luego apretó la boca en una línea y se detuvo.
–Deténganse todos –susurró Tanya.
Mike no esperó a nada más y tocó el hombro de Kida para que lo siguiera antes de salir corriendo a máxima velocidad por el lobby, tomar las llaves de su Cadillac que estaban en un gancho en la pared y salir disparado. Subió al carro, encendió el motor, que fue todo el tiempo que necesito el vampiro oriental para trepar por la puerta del copiloto y arrancó a toda velocidad
–¡Espera Mike! –gritó alguien pero no se detuvo.
Solo miró por el espejo en una ocasión, para ver si lo seguían y lo que vio fue a Kate, parada a cinco metros de la puerta en medio del camino que ya había recorrido y viendo en su dirección con todo el arrepentimiento del mundo.
El viaje de regreso fue rápido, no paró de manejar y solo hacía paradas para poner gasolina con el dinero que tenía encima que era más que suficiente.
Al principio solo pensó en escapar, apagó su celular porque éste comenzó a sonar a unos cuantos kilómetros de la casa de Denali con el número de Tanya parpadeando y una canción de chelo interpretada por la misma, de todas formas Alice seguramente predeciría su llegada y ya hasta sabría cual era la situación.
Luego comenzó a pensar en lo que había dejado atrás. El pasaporte y la licencia la tenía en el Cadillac, junto a una pequeña colección de CDs que tenía música de piano que Edward le había regalado cuando todavía vivía con él. El resto de los discos los tenía en su cuarto en Denali, con una montaña de ropa, los pantalones de su pijama de Silvestre a la que le tenía tanto cariño, el reloj de plástico barato que le compró su papá, el cual no usaba por miedo a romper, y la playera que le regaló su Mamá el día de su último cumpleaños, que por cierto era horrible, pero ahora todo se le veía bien y le gustaba usarla de vez en cuando.
El resto no importaba, excepto tal vez el pez gato importado que le había regalado Kida a la semana de conocerlo junto con un acuario de metro y medio de largo y casi un metro de altura totalmente equipado, pero la verdad no le tenía mucho cariño al animal y estaba seguro que Carmen lo cuidaría.
Pero sobre todo, como una hora después de haber partido cuando ya estaba totalmente seguro que no lo seguían y se permitió relajarse, estaba esa vocecita en el fondo de su mente llena de felicidad porque al fin podría regresar a casa, aunque fuera por poco tiempo y si lograba sobrevivir al ataque de los neonatos.
Podría ver a Rosalie y Emmett pelear en medio de ese extraño ritual de apareamiento que tenían y que culminaba siempre con besos apasionados que harían enrojecer a cualquier humano, podría ver a Jasper seguir sin darse cuenta al miembro más feliz de la casa o divertirse con Esme limpiando o cocinando para beneficencias o dejar que Alice lo vistiera o escuchar atentamente una historia de Carlisle antes de ir a la cama o ver a Edward… que nunca llamaba y siempre parecía dispuesto a ofenderlo a tal punto que le era imposible odiarlo.
A Edward que lo volvía loco con un solo beso o una caricia o un "te quiero".
A Edward que nunca lo amó tan fuerte como él había terminado amándolo y sólo lo quería como a un hermano o su perro.
–Mike –llamó Kida a su lado y fue lo primero que dijo desde que comenzaron todo el trayecto, el vampiro sacó un paquete de su bolsillo como por arte de magia–, sé que tal vez no sea el mejor momento, pero te quería regalar algo.
Kida siempre le regalaba cosas cada dos por tres, siempre con su tono de voz sin acento y siempre con esa mirada fría que le mandaba escalofríos a la espalda. Intentaba no pensar mucho en ellos, aunque a veces fueran cosas sorprendentes, como ese dulce tan extraño que consiguió de quien sabía dónde y que no era desagradable para su paladar, pero tampoco sabía o le provocaba el placer de la sangre.
Le hacían sentir como si se estuviera vendiendo, aunque el pelinegro siempre se las arreglaba para asegurarle que solo eran una pequeña muestra de su aprecio por las horas de sueño y a veces procuraba regalarle algo al resto de las hermanas, como si quisiera guardar las apariencias.
Intentó sonreír, porque de todas formas el misterioso vampiro lo había ayudado a escapar cuando más lo necesitaba y no sabía que hubiera sido de él si no se hubiera presentado a ayudarlo. Tal vez hasta estaría dispuesto en pedazos por el resto de la casa en bolsas de basura, esperando a que Carlisle llamara para decirle que ya todo había pasado o hasta que pudieran investigar qué fue de todo el asunto y lo pudieran volver a pegar como una artesanía de dresde.
–Gracias Kida –dijo mientras extendía la mano y tomaba el paquete para verlo mejor, era una caja azul ligeramente más grande que su puño y atada con un moño de un tono más claro.
–Permíteme ayudarte –pidió fríamente antes de tomar el paquete con suavidad y abrirlo con dos movimientos bien controlados.
Dentro, envuelto en un trozo de papel blanco, estaba un brazalete de un metal oscuro, circular, con dos centímetros de ancho y que parecía hecho de una sola pieza con un relieve en oro de patrones cúbicos, los márgenes del brazalete también eran cuadrados y dejaban ver lo grueso que en realidad era, a Mike le recordó ligeramente a un grillete de prisión.
–Está hecho de una aleación de titanio –explicó el vampiro mientras presionaba un mecanismo oculto en un borde de la pulsera y ésta se habría en tres partes en donde el relieve ocultaba la existencia de las juntas–, bastante resistente, aunque sería preferible que no lo pusieras mucho a prueba.
Mike tendió su mano, intentando parecer agradecido, y lo estaba, solo que no por el regalo, y cuando la pulsera se cerró repentinamente sobre su muñeca al dejar de presionar el botón del borde, el rubio pensó que era aún más parecido a un grillete. Con una mirada al frente, memorizó el camino y luego bajó los ojos hasta el brazalete.
Era hermoso, se veía bien sobre su muñeca y además tenía el espacio justo para que se pudiera mover en los primeros seis centímetros de su brazo. O por lo menos eso se repitió mientras le sonreía un poco.
–Gracias Kida –repitió–, por lo de allá atrás y por tomarte las molestias de conseguir todas estas cosas.
El pelinegro sonrió y por primera vez parecía que lo hacía en serio, pero su mirada, que se hizo cálida por un segundo, volvió a mostrar sus ojos fríos y casi totalmente dorados en poco tiempo.
-Es un placer Mike –dijo con su voz de siempre.
Estaba amaneciendo cuando faltaba una hora de camino para llegar a Forks, es decir, veinte minutos a la velocidad a la que iba, no que importara la hora porque en Forks siempre estaba nublado como en ese momento, Mike reencendió su celular y no se sorprendió cuando éste comenzó a sonar inmediatamente con el número de Carlisle parpadeando en él.
–¿Bueno, Carlisle? –contestó mientras se llevaba el teléfono a la oreja, sin disminuir su velocidad.
–Mike, es un alivio que estés bien –la voz del jefe de la familia Cullen se escuchaba jovial pero guardaba cierto tono de reprobación–. Escucha, no entres a Forks, toma una desviación en la autopista que lleva directamente a la reservación y luego toma el camino que no está pavimentado y que lleva a la playa, ¿sabes cuál es?
El rubio asintió al tiempo que decía.
-Sí, sé cuál es –luego se hizo una pausa y se apresuró a agregar–. Carlisle, lo siento.
La risa de la única figura paterna que le quedaba se escuchó sobre el sonido de la carretera.
–No Mike, lamentó que haya dejado que esto pasara, debí haber sabido que dejarte con el clan de Denali no era…
–No. No es eso Carlisle, fue mi culpa. Si hubiera sido más honesto, las cosas no habrían llegado a tal extremo.
Se escuchó un suspiro por la línea.
–Ay, Mike…
–Llego ahí en diez minutos –dijo antes de colgar.
El carro pareció ir más lento a pesar de que la aguja del velocímetro subió un par de marcas en el tablero y mientras pensaba en disculparse con su familia por no haber seguido las órdenes del doctor o en regañarlos por haberle intentado dejar fuera, seguramente terminaría haciendo un poco de ambas, llegó a la primera desviación que lo llevaba a "La Push" y luego de otros cuatro minutos de camino llegó a la siguiente bifurcación de la carretera que lo llevaba a la playa que quedaba apenas en las afueras del territorio de la reservación.
Kida se tensó repentinamente a su lado y cuando estaba por preguntarle cuál era la razón de su comportamiento, el olor de Sam, tal como lo recordaba y otros tantos licántropos asaltó su nariz como un golpe pútrido de las alcantarillas.
Su mente comenzó a sopesar todas y cada una de las posibilidades que tenía a su alcance. Seguramente Sam quería verlo, ya que había regresado, aunque también se le ocurrió la posibilidad lejana y absurda de que los Cullen se habían hartado de su comportamiento y habían decidido dejar que los lobos se encargaran de él.
Carlisle nunca haría eso, ni tampoco Edward, y Emmett parecía dispuesto a arrancarse un brazo de ser necesario para protegerlo. Así que desechó esa posibilidad por el basurero de "ideas rubias" como había decidido denominarle a todas las idioteces que se le ocurrían, incluyendo el nombre del basurero porque, por Dios, los rubios no eran tontos, aún después de todas las tonterías que había hecho, y pisó el acelerador del carro aún más antes de dar la última vuelta en el camino.
Ahí, al lado de la playa que casi nunca se visitaba porque la vista no era superior ni tenía ninguna cosa particularmente digna de mencionarse, estaban distribuidos ocho lobos enormes cuya magnitud variaba de osos gigantes o carros wolsvagen a "pequeños" ponis que no podían compararse a ningún lobo normal aún con esteroides.
El espectáculo le hubiera aterrado, pero entre los lobos también estaban distribuidos Carlisle, Esme y los demás, y no lo pensó siquiera dos veces cuando siguió avanzando con el Cadillac hasta estar bien cerca del grupo y frenar con un movimiento digno de película antes de abrir la puerta y lanzarse sobre el Cullen más cercano.
–¡Alice! –exclamó mientras la apretaba lo más que podía sin miedo a lastimarla– ¡Los extrañé mucho!
La chica rió un segundo en el abrazo antes de pasar también envolverlo en sus finos brazos.
–También te extrañamos mucho –replicó.
–¡Oye, oye! –Emmett se dejó escuchar con su tono aniñado y caótico– ¿Por qué a mí nunca me abrazas primero? Me haces sentir como un platillo de pasta en medio de un buffet.
El rubio se separó de la pelinegra y corrió a abrazar a su hermano, que lo levantó al vuelo como si fuera una pequeña piltrafa.
–Eres una pasta muy fina –rió ante la expresión dolida del moreno y lo apretó aún más, buscando refugio en su cuello y aspirando el olor de casa que tanto había extrañado.
Luego se soltó del agarre con un movimiento rápido y comenzó a correr hacía Jasper y Rosalie que también se encontraban a un par de metros de él. Le echó los brazos al otro rubio y lo apretó sin decirle nada, seguro que siendo un empata sabría interpretar sus emociones y se echó sobre Rosalie que fingió estar enojada un minuto antes de devolver el abrazo de mala gana.
Y hubiera continuado con toda la familia, pero cuando la soltó, el olor de los lobos le recordó que ese tal vez no era un lugar del todo seguro y la presencia de Kida, a su espalda, llamó su atención junto con los gruñidos que había estado escuchando en todo momento.
–Pareces demasiado feliz para estar en un lugar así, Miky.
El rubio reconocería esa voz en medio de un estadio lleno de personas gritando y giró la cabeza lentamente para ver a Sam.
Sam había crecido, y mucho.
Ahora el Quileute era mucho más alto de lo que ya era la última vez que lo había visto, un recordatorio de que él estaría atrapado en un cuerpo apenas en desarrollo, y su rostro moreno tenía la mirada de alguien que ha recolectado experiencia a lo largo de su vida. Traía puesto solo un pantalón de mezclilla viejo y percudido e iba descalzo. Además, se había cortado el cabello y ahora parecía más bien un jugador de Futbol americano con esteroides. Tenía músculos en los músculos y aún así no se veía exagerado.
–Hola Sam –saludó con su voz de muñeco. Perdiendo todo el sentimiento que tenía antes.
Se quedaron viendo fijamente, ignorando el sonido de los otros lobos que había alrededor.
No era para nada como Mike se lo había imaginado. Varías veces había pensado que la próxima vez que vería al Quileute se obligaría a sonreír y entonces Sam sonreiría un poco y, de alguna manera, sabría que todo estaba en el pasado. Pero le aterraba la idea de sonreír y descubrir esa mirada fría que sabía poner Sam o que dijera alguna cosa de sus padres o que mencionara algo que lo lastimara intencionalmente y entonces perdería la razón y le contestaría algo horrible y si tenía suerte y salía con vida, nunca volvería a verlo ni a pedirle perdón.
–Te hemos echado de menos Mike.
Carlisle interrumpió sus pensamientos y cuando volteó a verlo y lo descubrió a él y Esme mirándolo como a un hijo que no se ha visto en mucho tiempo, no pudo evitar hacer un intento por echarse a correr antes de recordar la situación en la que estaba y detenerse.
El doctor sonrió aún más fraternalmente, extendió los brazos un poco y eso fue todo lo que necesito el rubio para desplazarse los últimos metros que quedaban en un segundo y abrazar a sus dos padres putativos al mismo tiempo. Que bueno era estar en casa.
–¡Ah, por favor! Ellos no son tus padres, ¿a quién crees que engañas Chupasangre?
Eso rompió su buen humor tan rápido como manejaba, que era mucho. Acomodó sus facciones para no dejar ver lo enojado que estaba y volteo a sus espaldas para ver al dueño de esa voz tan varonil y a la vez tan poco madura.
Y una vez más, su humor dio un giro de ciento ochenta grados. Por Dios, si ese hombre era como uno de esos modelos de ropa interior que vez solamente en las pasarelas de modelaje de Calvin Klein.
Una parte de su cerebro le decía que ese hijo de puta le había arruinado un buen momento de reunión familiar.
La otra parte de su cerebro solamente atinaba a decir…
¿Qué?
Y le sucedió algo que no había pasado desde hacía mucho tiempo cuando Edward y él estaban en la cima de esa montaña en Alaska.
Mike Junior quiso salir a decir "Hola". Todos, saluden a Mike Junior.
Bajó la mirada al suelo intentando no recortar al chico cuando lo hacía, pero no ayudó el comprobar, aunque fuera de pasada, que el chico estaba como una paleta de caramelo macizo, y las comparaciones mentales no ayudaban a nada. Observó de reojo sobre sus pantalones para comprobar que no fuera tan obvio su problema y dijo lo primero que se le vino a la mente y que pudiera utilizarse como respuesta.
–Tienes razón, no son mis padres, no sé en qué estaba pensando.
Por instinto, buscó el olor del chico entre todos los horribles aromas de los hombres lobo y llegó a la conclusión de que el suyo, era una mezcla de bosque muy parecida a la de Sam, humano y a la vez lobo. Que le provocaba hambre y a la vez el instinto de defenderse a como diera lugar.
Los lobos comenzaron a gruñir más fuerte mientras que algunos se detenían y parecían taladrarlo con la mirada.
'Por favor', pensó, 'Que no vean la base de operaciones de Mike Junior' y al mismo tiempo intentaba pensar en algo horrible, como gatitos muertos o una película japonesa que había visto y no tenía trama alguna.
–¿Estás intentando provocarnos lástima?
El rubio subió la mirada sin pensarlo y tuvo que apretar las mandíbulas y contar hasta mil en menos de diez segundos para calmarse. Su rostro reflejó sorpresa.
–¿Eh?
–Pues no va a funcionar niño –continuó el modelo de la siguiente portada de la revista Men´s Health–. Sam no va a dejar pasar de largo otra falta.
No sabía de qué estaba hablando, pero si seguía diciéndolo con ese tono de voz, terminaría saltándole encima. Se obligó a despegar sus ojos de él y su cuerpo.
–Lo siento –dijo sin estar seguro si eso era lo que deseaba escuchar–, no volverá a pasar –Luego buscó con la mirada al último miembro de la familia y preguntó–. ¿Dónde está Edward?
Tal vez no había sido lo suficientemente cuidadoso, porque todos parecían verlo como si le hubiera salido otra cabeza durante un momento, incluso los lobos se detuvieron en sus gruñidos un segundo.
Luego uno de los lobos hizo un sonido muy extraño, entre un ladrido y un gemido y ese sonido fue repetido por la mayoría de los lobos en poco tiempo y cuando Mike observó los rostros confundidos de Sam y el Dios Quileute, supo que se estaban riendo, muy probablemente de él. Después de todo, cuando los licántropos estaban en su forma de lobo, compartían pensamientos... pero…
Mike Junior ya se había aplacado un poco, así que no podían saberlo, ¿verdad?
Jasper comenzó a reír abiertamente. Y un escalofrío de terror recorrió su espalda al tiempo que una voz en su cabeza comenzaba a decir "Tock, tock, hola, Jasper… ¿tu hermano empata?"
Apretó los dientes y agradeció al cielo no poder enrojecer.
–¿Edward? –repitió fingiendo una calma que no tenía.
–Llegará en un par de minutos Mike –explicó Alice con una sonrisa conocedora. 'Pequeña sabelotodo' regañó en su mente a la chica, pero la pelinegra puso una mirada un tanto preocupada y agregó–, Bella llegará con él.
Bella. El icono de sus desgracias y de la única chica de la que no podía decir o pensar nada malo porque cabeza de nabo lo odiaría.
Bella, la chica que olía mejor que el humano promedio, aunque para él todos los humanos olían bien, y el solo pensar en su sangre provocaba que su garganta se cerrara con ganas. Aclaró su mente y se obligó a pensar en otras cosas. El olor de los hombres lobo ayudaba en algunos aspectos y en otros era realmente asfixiante. Era como un rollito primavera envuelto en una hoja de coliflor cocida o una enchilada recubierta con jarabe para la tos.
Comenzó a respirar una vez más, con calma y sin saber cuándo se había detenido.
–¿Es eso algún problema, Miky? –Sam intentaba parecer amenazador sin conseguirlo del todo.
El rubio negó un par de veces y en ese momento, el volvo de Edward apareció por el mismo camino por el que él había entrado. El carro se detuvo a un metro de distancia y cuando la puerta del conductor se abrió y la brisa le trajo el aroma, apretó los puños ligeramente.
Podía hacerlo, sí podía.
Ya había soportado el olor humano de los asistentes en las gasolineras.
La chica se acercó a ellos lentamente, o al paso normal de un humano, mientras el chico A, cuyo nombre no sabía pero esperaba aprender muy pronto de muchas maneras diferentes, y otros dos lobos se colocaban frente a él, para evitar un ataque si se daba el caso.
Al fin, cuando la castaña estaba a cinco metros de distancia y el olor estaba siendo mucho, Mike levantó la mano.
–Por favor –pidió lo suficientemente fuerte como para que lo oyera–, detente.
Bella se detuvo y saludó.
–Hola Mike, es bueno verte de cerca al fin.
El rubio contestó su sonrisa con una de las suyas que su papá le había prometido que derretían el corazón de las niñas bonitas. Enseñando los dientes en un gesto un tanto aniñado.
–Hola Bella, es bueno verte –luego se detuvo y cayó en cuenta de algo, frunció el seño–. ¡Eso no es justo! Eres más alta que yo.
Era cierto, la chica le sacaba fácil unos dos centímetros de estatura. Que horror, ni siquiera era alta. Bella rió y le sacó la lengua juguetonamente.
–Eres un enano –dijo.
Y parecía que lo estaba llevando todo muy bien, hasta que Edward interrumpió con un grito exagerado.
–¡Jacob, ni se te ocurra perro! –dijo mientras miraba al chico A con una expresión iracunda. '¿Así que el modelo de ropa interior se llamaba Jacob? Genial'– ¿QUÉ? –volvió a gritar Edward pero esta vez mirando a Mike.
Jacob giró los ojos sin darse cuenta que la última parte no estaba dirigida hacía él y tomó la mano de Bella mientras el vampiro castaño seguía viendo a Mike dividido entre la ira o la… ira solamente, ya no había espacio para la incredulidad.
–Vamos Bella, si son tan buenos amigos, ¿por qué no te acercas un poco más? –dijo al tiempo que estiraba su mano suavemente y una sonrisa sexy y perversa se extendía por su rostro.
Mike tomó un paso atrás al tiempo que Kida, que se había quedado callado como era su costumbre, daba un paso al frente y se colocaba como una barrera entre él y el licántropo.
–Mejor que no –pidió Mike.
Y la sonrisa tan linda y enloquecedora se hizo aún más grande.
–No te preocupes Miky –reafirmó su voz de terciopelo mientras usaba el sobrenombre que Sam y Edward utilizaban, seguramente lo había escuchado infinidad de veces por parte del primero–, si pierdes el control, prometo que tu muerte será rápida y sin dolor –Kida se colocó al frente y gruñó de una manera muy amenazadora, pero Jacob ¿Tendría un segundo nombre? Solo lo miró con burla y continuó–. ¿Y qué hace aquí éste Chale?
Nunca, pero nunca de los nuncas, llames a un vampiro oriental de la mafia Japonesa "Chale", o chino, ya que estamos en estas.
Mikey ya se imaginaba el cadáver ensangrentado de Jacob, varado en la playa mientras él maldecía a los cuatro vientos por la pérdida trágica de una de las grandes maravillas naturales del mundo.
Afortunadamente, Edward rescató la situación en ese momento cuando salió del trance en el que estaba y con una rapidez que daba miedo, separó la mano de Bella de la de Jacob, y Mike le hubiera agradecido, de no ser porque lo hizo dándole un golpea a la mano del moreno que seguramente le rompió varios dedos.
–TE PROHÍBO –comenzó con un tono amenazador del infierno– ¡Que vuelvas a tocar a MÍ novia! –Luego, como si le hubieran puesto carbón vivo bajo las suelas de los zapatos, comenzó a sisear con una voz peligrosa–. Pon mucha atención perro. Si veo que te acercas a Bella o a Miky de nuevo, te cortaré el pene y haré que te lo tragues.
Jacob dio un paso atrás, algo que seguramente no era muy común por la expresión sorprendida de Bella, o tal vez estaba acostumbrada a pensar en Edward como un caballero montado en un caballo blanco y no como el demonio vampiro psicótico, paranoico, bipolar y con tendencias sádicas que era.
Seguramente alguno de los lobos había captado de qué iba todo al asunto y lo había transmitido al resto de la manada porque muchos volvían a tener un ataque de risa y los dos guardaespaldas de Jake estaban intentando gruñir sin conseguirlo del todo.
Al final, uno de ellos, el de color chocolate, logró ladrar con suficiente amenaza de fondo al tiempo que habría las fauces de manera muy imponente. Edward dio un paso atrás mientras jalaba a Bella contra su pecho y luego miró al rubio con una mirada que decía…
–Ya te enterarás de mí, Miky –okey, olviden la mirada, Edward era siempre muy directo.
–SILENCIO
Inmediatamente todas las burlas se detuvieron con excepción de Jasper que tardó medio minuto más en detener el único ataque de histeria que le había visto.
–Lo siento –dijo cuando se aplacó y prontamente colocó su rostro de "yo soy muy serio"
Edward también pareció calmarse, lo que era muy bueno considerando que ahora no era el momento de tener una pelea con los licántropos si Victoria y su ejército de neonatos atacaban. Se preguntó qué pensaría el castaño cuando se enterara que Mikey Junior quería hacer un nuevo amigo.
Edward gruñó.
–Por mucho que esta conversación sea entretenida –pidió Carlisle para evitar que otra pelea se desatara–, tenemos asuntos que arreglar.
Al fin, el silencio se hizo en la playa y solo se escuchó el ruido de las olas al romper en la arena. Sam limpió su garganta para llamar la atención de todos.
–La manada ha decidido luchar en la pelea contra estos vampiros que mencionas, Carlisle –El rostro de Mike y de algunos vampiros se iluminó por eso, y el doctor sonrió complacido–. Pero la condición para que Miky se quede sigue siendo la misma.
'¿Qué condición?' Pensó el rubio mientras miraba los rostros apretados de su familia. Parecían que ya tenían pensando mucho tiempo eso, y Alice, la pequeña sabelotodo, estaba más preocupada que nunca.
-¿Y tengo tu palabra, Sam? –preguntó después de una pausa el doctor con un rostro serio y una voz calculadora–. ¿No le va a pasar nada?
¿Por qué habría de pasarle algo? Eso sonaba a una especie de prueba.
Sam asintió y pronunció terminante.
–Sí, Carlisle, si el chico no ataca a otro humano, no le pasará nada.
El doctor le hizo una señal a Mike y ambos se separaron del grupo un par de pasos, de todas maneras escucharían lo que iban a decir.
–Debido al contrato que hicimos con los hombres lobo para tu liberación –comenzó a explicar Carlisle–, me vi obligado a reportar tu repentino regreso y explicar el porqué de ésta reacción –Mike asintió–. Los hombres lobo ayudarán en la pelea contra los neonatos de Victoria, como ya escuchaste, pero Sam no está convencido que estés listo aún para convivir cerca de los humanos, por lo que ha pedido que por el tiempo que te quedes aquí, estés bajo vigilancia permanente.
El rubio mordió su labio, indeciso entre decir lo que pensaba o no, pero al final, decidió ser sincero.
–Ya no puedo regresar a Denali Carlisle –apretó los puños–. ¿Crees que me pueda quedar?
El doctor sonrió compasivamente y colocó una mano sobre su hombro en señal de apoyo.
–No pensamos quedarnos mucho tiempo Mike. Los humanos comenzarán a sospechar de nosotros y debemos buscar una nueva localización. Nos quedaremos unos meses más, y luego nos marcharemos a una localización en donde no existan tantos humanos. No dejaré que pases más tiempo sin la familia.
Un alivio profundo recorrió su cuerpo y sintió como si le quitaran cientos de kilos de peso de encima. Atrapó la mano de Carlisle entre las suyas y luego de pensar "Que diablos" abrazó al doctor una vez más.
–Los he extrañado mucho Carlisle –dijo sin despegarse de él y ocultando el rostro en la ropa del doctor–, no tienes idea de cuánto alivio me da estar otra vez aquí.
El otro vampiro acarició su cabello un momento y luego habló con voz queda.
–Nosotros también te hemos echado de menos Mike –se separó de él para poder ver su rostro–, y lamento tener que pedirte esto, pero Sam no piensa que nosotros seamos los que debamos vigilarte –el rubio lo miró sin entender un segundo–. Lo que Sam quiere es que estés vigilado por los suyos, en su territorio.
¿Sam quería tenerlo en su casa, cómo un vulgar reo?
–Pero no puedo estar cerca de personas –explicó apresuradamente y sintiéndose como un niño perdido–, soporto durante un momento, pero si vivo bajo el mismo techo que un humano…
Carlisle apretó los labios y fue Sam el que habló esta vez, con un tono de voz ligeramente apenado.
–No dije que estarías en una casa –¿Qué quería decir?–. La manada te mantendrá vigilado en un claro del bosque hasta que encontremos una mejor localización o decidamos que hacer contigo –debió de haber algo en la expresión de su rostro porque el Quileute agregó con el rostro ligeramente mortificado–. Podrás recibir visitas y asistirás a las reuniones de entrenamiento que tendremos con tu familia por las tardes y noches.
¿Entonces iba a vivir rodeado de lobos que podían descuartizarlo en cualquier momento como si estuviera hecho de parafina?
–Solo será por un tiempo Mike –agregó Carlisle mientras el resto de los Cullen lo miraban arrepentidos–. Esme ya está buscando una nueva localización para cuando todo esto termine.
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