Ya regresé! Muchas gracias por sus comentarios! Me hacen feliz. No les he podido responder, pero lo haré en cuanto pueda.

No les quito más tiempo, a leer!

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Mikasa abrió los ojos cuando el sol apenas comenzaba a salir y asomar desde el mar. Pero mirar al cielo no fue lo primero que hizo, sino que sus ojos se fijaron en quien tenía al frente. Jean aun dormía, pero sabía que su liviano sueño se vería interrumpido dentro de poco.

Era costumbre que quien despertase primero, fuese quien despertara al resto, pero se dio un instante para quedarse mirando el plácido sueño de su compañero. Pero más llamó su atención que aun sus manos estaban unidas, tal como se durmieron la noche anterior. Había algo reconfortante en ello, como si él la hubiese acompañado y cuidado toda la noche. O así lo sentía. Ella solía ser quien cuidara de todos, o más bien de Eren y Armin. También había prometido cuidar de Jean, pero curiosamente, sentía que era todo lo contrario.

De pronto Jean se giró boca arriba y se llevó las manos a los ojos refregándolos, soltó un enorme bostezo y volteó hacia ella.

-Buenos días -dijo con voz adormilada.

-Buenos días -respondió Mikasa con un murmullo.

Lo vio incorporarse y salir de entre el saco de dormir. Se estiró nada elegantemente y comenzó a aplaudir.

-Arriba, escuadrón. Es un lindo día -había cierta malicia -Seguiremos recorriendo hasta el norte. Hausdorf irá conmigo por la costa. Sommerville, Betza y Mikasa buscarán la ruta hasta el muro María. Miller y Haller…

-¡Déjate de dar órdenes cuando el cerebro no funciona aun, crío! -gruñó Miller restregándose el pelo -No todos despertamos de tan buen humor -masculló.

-Así veo -respondió Jean.

Miller se sentó.

-Me debes una ronda y me la cobraré. ¡Qué descaro! Yo trabajando y tú estabas ahí en la playa manoseando a mi chin

Terminó la frase en la mano de Sommerville. Jean fingió desinterés en el comentario de Miller, pero se sintió descubierto y avergonzado. Ahora, el concepto de "manosear" era algo que Miller debería reconsiderar, cuando no hizo más que tomar a Mikasa de la mano. Pero cuando se trataba de su chinita todo era una hipérbole.

Por su parte Mikasa se acomodó la bufanda bien alta mientras ordenaba su saco de dormir. Haller y Hausdorf regresaban de su ronda, de cuidarles el sueño. Betza sacaba a Miller de una oreja del saco y lo reprendía que no era el momento de desatar su instinto paternal. Así comenzaba otra mañana y ruidoso desayuno.

Pronto cada cual estuvo listo para comenzar sus funciones.

-Toma -Jean entregó unas hojas a Sommerville de dentro de su carpeta -Toma las medidas que consideres necesarias. Al llegar al norte sigue línea recta hacia dar con el muro.

-¿Lo más duro para mí, Betza y Ackerman? -preguntó con un dejo de rebuzno.

-Son los mejores en largas distancias -se defendió de buen humor y palmoteó la espalda de su compañero -Deberían estar de regreso para el anochecer. De tardarse más, pasen la noche en la ciudad. Gijar, ¿no?

-Debería serlo -caviló el soldado -Nunca he estado allí. Pero como van las cosas deberíamos acostumbrarnos a esa ciudad, ¿no?

Jean asintió. Sommerville era un sujeto astuto y, en otra situación, sin duda hubiese sido quien tomara el liderazgo de ese escuadrón. Sabía lo que el fin del muro significaba y cómo desde ahora tendrían que prestar especial atención a la ciudad al norte de muro María.

-Ni una sola palabra hasta no tener órdenes de la comandante -advirtió Jean en tono calmo.

-Descuida -respondió Sommerville -Me imagino cómo va a estar con esta nueva noticia cuando lo sepa.

Guardó en su bolso los materiales y se lo cruzó por la espalda. Se subió a su caballo y le dio un par de palmadas amistosas en el cuello. Mikasa llegaba hasta ellos montada en su caballo y ajustando la cantimplora a su costado.

-¿Listo? -preguntó la chica a su compañero, quien asintió -¿Indicaciones? -ahora dirigió su vista a Jean.

-Solo tomar notas del camino interior hasta Gijar. El regreso a galope. Cualquier imprevisto, Sommerville sabrá como proceder -respondió Jean. Mikasa ladeó la cabeza, como si esperara algo más -Ten cuidado, ¿sí?

Hubiese querido contestar que siempre tenía cuidado y que más preocupado debería estar por Sommerville que por ella. Debería sentirse ofendida por la deferencia de Jean, porque usualmente eso ocurría cuando algo prestaba demasiado interés en su bienestar, asociándolo con que la calificaran bajamente en sus capacidades.

Pero solo puso sonreír levemente mientras Jean pasaba la mano por el cuello de su caballo ordenando distraídamente la crin oscura del animal.

-Procuraré que el trasero respingón de Sommerville regrese sano y salvo -bromeó al tiempo que posó su mano sobre la de Jean un segundo, una sutil caricia.

-No metas a mi trasero en problemas, Ackerman -escuchó a Sommerville a su lado, Mikasa retiró su mano de sobre la de su compañero -Listo, líder de escuadrón. Señorita -le sonrió a su compañera.

Betza se montó a su caballo y fue hasta sus otros compañeros de ruta.

-Buen viaje -los despidió Jean y los soldados se cuadraron.

Se alejaron por entre el tupido bosque mientras Jean podía ver que Sommerville chequeaba a su brújula.

-¿Comenzamos, Kirstein?

Hausdorf aparecía a su lado cargando los instrumentos. Jean asintió palmoteando la carpeta que llevaba bajo el brazo. Dejando atrás el campamento salieron a la costa. Pudo ver que Haller y Miller se perdían descorriendo el cuarto muro por el interior en sus caballos.

-Ehm… -carraspeó Hausdorf para cuando Jean abría la carpeta buscando sus anotaciones del día anterior -Antes que comencemos, muchacho. Quisiera hablar algo contigo.

Jean enarcó una ceja y se lo quedó mirando fijo. Hausdorf era un hombre mayor, no viejo, pero mayor. El ser el cartógrafo de la guardia estacionaria siempre lo mantuvo lejos de los conflictos y, por lo mismo, como muchos de la tropa era bastante mayor que los soldados que conformaban la Legión. A pesar de ello, hacía una buena dupla.

-¿Algún problema? -preguntó el muchacho -¿Hay algún error con el mapeo?

Hausdorf negó.

-Tu trabajo es excelente, chico -dijo con seguridad -Y hemos ido más rápido de lo que pensamos con Hange. No es de eso de lo que quiero hablar…

-¿Entonces?

Hausdorf parecía algo nervioso. Jean cerró la carpeta sonoramente.

-Verás, muchacho. La adolescencia es una etapa genial. Todo es intenso y uno cree que es el dueño del mundo. No hay mayores temores y crees que puedes enfrentar cualquier eventualidad.

-No creo que tus palabras sean muy pertinentes a este contexto -se burló Jean. En un mundo sin libertades y con un enemigo con Mare sobre ellos, sin temores y enfrentar cualquier eventualidad, era bastante irónico -Si llegas al punto…

Hausdorf soltó una risa algo nerviosa.

-Verás, yo no creo que sea quien deba hablarte de esto. ¿Cuántos años tienes ya?

-Dieciocho.

-Dieciocho, ya eres todo un hombre, ¿verdad? -volvió a reír nervioso -Seguro ya sabes de lo que hablo… -Jean se cruzó de brazos con algo de molestia -Bien -tomó aire -Betza cree… y Miller, Miller también cree que… -Jean frunció el ceño -¿Sabes de dónde vienen los bebés?

En lugar de continuar con su actitud molesta, Jean se volvió muy rojo.

-Sé que es un tema privado y que no me corresponde, pero… -retomó Hausdorf -Pero si tienes dudas… Porque asumo que lo básico lo sabes, seguro tu padre te habló de ello -Jean apenas asintió -Pero siempre asaltan dudas…

-Creo que sé lo que debo -balbuceó Jean rascándose la nuca -Pero, ¿sabes qué no sé? -preguntó y Hausdorf lo miró con ilusión -Por qué mierda no estamos trabajando y me estás dando la charla -exclamó molesto.

-Vale, vale. ¡Qué puto genio que te gastas, chico!

Jean volvió a abrir su carpeta y sacó un mapa de dentro. Hausdorf sacó unos instrumentos de su morral. No volvieron a tocar el tema.

En la ruta hacia el muro, Sommerville, Mikasa y Betza llegaban hasta el norte en la brújula. El varón dio algunas indicaciones a Betza, quien anotaba con gran expertise. Mikasa la observaba con curiosidad.

-Cuando llevas quince años con un cartógrafo algo aprendes -comentó la mujer con una sonrisa pícara -No es tan difícil.

-¿Quince años? -exclamó Sommerville -Odio cuando comienzas a remontar en el tiempo. Me haces sentir viejo -rio sacando otro instrumento y mirando hacia el cielo -Ya llevabas como cinco cuando llegué a las tropas estacionarias. ¿Cuándo me volví un anciano?

Betza le sacó la lengua en respuesta a la broma de ancianos. Betza ya estaba entrada en sus treinta, Sommerville aun no cambiaba de folio.

-Deberías aprender a mapear en lugar de estar contando años -lo reprendió Betza -¿Acaso no te das cuenta que tenemos dos cartógrafos hechos mierda?

-El dibujo no es lo mío. Tu esposo dejó de intentar enseñarme hace cinco años -se rio y miró a Mikasa -¿Qué tal eres dibujando Ackerman?

-Nunca lo he intentado -respondió la chica -Y no creo que éste sea el momento. Vengo como soporte frente a un ataque, no como artista.

-¿Ves? -dijo Sommerville a Betza -Yo soy el chico de los instrumentos, tú tomas notas y Ackerman nos cuida los culos -bromeó -Somos el equipo perfecto.

Guardó los instrumentos en su bolso y de bajo del caballo.

-Voy a mear.

Se perdió entre los árboles. Betza suspiró frente a la poca delicadeza de su compañero. ¿Podía ser que toda esa tropa de animales aun no entendiera que había señoritas entre sus filas? Miró a Mikasa, quien aun estaba con la mirada en sus apuntes.

-Sommerville no tiene decencia -comentó la mayor logrando que Mikasa sacara la vista de sus anotaciones y se alzara de hombros despreocupada -Pero asumo que estás acostumbrada.

-Normalmente mis compañeros tienen algo más de tacto -respondió con su voz calma -Pero no es algo que me perturbe -volvió la vista a los apuntes -¿Realmente no es difícil? -indicó a las notas.

-No, solo es saber los códigos -dijo Betza con simpleza -Manejar los instrumentos es más complejo. Se necesita experiencia. Sommerville y Haller son los mejores. Karl también -se sonrió dulce.

Mikasa la observó notando aquella mueca de preocupación en ella.

-Se recuperará.

Betza la miró sorprendida por sus palabras de confort, Ackerman no mostraba ese tipo de comportamiento normalmente, o no lo hacía hasta ahora.

-Es poco probable a esta altura -respondió con tristeza -He visto casos como el de Karl. Ya debería haber mejorado y está tal como en un comienzo. Fue una suerte encontrar a un chico como Kirstein. Es habilidoso y aprende rápido.

Mikasa asintió en silencio. Jean siempre había sido inteligente, aun cuando su gran boca y actitud lograran opacar aquello. Recordó las eternas conversaciones que tenía con Armin y la amistad que comenzaron a forjar cuando notaron que eran cerebralmente compatibles. Jean era hábil, en muchos aspectos. Eso siempre lograba sorprenderla, mentiría si dijera que no era así. Tal vez antes no se detuvo siquiera a notarlo.

Si tuviese que hacer un análisis de sus compañeros y sus capacidades, sin duda Jean era el soldado más completo de ellos, sin ser el mejor.

Era tan bueno para seguir órdenes como Connie, pero sí las cuestionaba, aun cuando las llevara a cabo. Era hábil como Sasha, un excelente cazador, iba a su objetivo directamente, pero no era tan certero como su amiga.

Tenía la agilidad mental como para resolver problemas y analizar las situaciones, tal como Armin, pero su mente no era fría. En eso se parecía a Eren, se tomaba a pecho cada misión y se volcaba apasionadamente en ellas, pero no era impulsivo. Sabía detenerse y pensar, aun cuando estuviese en caliente, como él mismo decía.

En batalla era ágil y tenía alto aguante. Si tuviese que rankearlo entre ellos seis, sin duda Jean estaría por debajo de ella. Por lo mismo solía ser su dupla cuando el capitán Levi estaba con otro compañero… o porque, simplemente, se sentía segura en que no daría un paso en falso.

-Ya, estoy -Sommerville volvía a subirse a su caballo -Retomemos, señoritas.

Sin duda la elección de la comandante en dejar a Jean a cargo de la misión no había sido azarosa. Había notado como lo había acercado a ella y solía mantenerlo a su lado, tanto en los entrenamientos con Armin y Eren, como en las reuniones. Hasta ahora no se había dado cuenta de ello. De las ausencias de Jean, de cómo pasaba poco tiempo con el resto de la tropa en entrenamientos, sino que estaba en otros asuntos. Tal como ella era llevada a entrenamientos específicos junto con el capitán Levi y otros avanzados muchachos reclutas.

Cada uno de ellos estaba siendo especializado en diversas áreas, preparándolos para la guerra que se avecinaba. Y, para cuando ello ocurriera, le gustaría estar junto a Jean, eso sin dudarlo.

-¿Escuchan eso? -preguntó Sommerville entusiasmado.

Ambas mujeres se lo quedaron mirando. ¡Agua correr!

-Creo que hemos dado con el otro extremo del río Jankar -continuó Sommerville dándole un golpe seco a los costados de su caballo.

El río Jankar, el que nacía en las montañas del muro María y corría hacia arriba cruzando Shinganshina, Trost, Utopía y Gijar.

-Al jefe le encantará esto -exclamó Sommerville cuando llegaron hasta el borde del río.

Se bajó del caballo y comenzó a tomar notas. Betza hizo lo propio y acercó a su caballo al río para que se refrescara. Mikasa la imitó.

-Norte menos 12 grados -dijo Sommerville y Betza anotó -Me temo, señoritas, que deberemos bordearlo hasta la ciudad.

Ambas mujeres asintieron. No había manera de cruzar un río tan grande. Deberían medir la distancia hasta el muro María y regresar, aun cuando no alcanzaran el norte.

Mikasa se sentó junto a Betza al borde del río. La vio dejar sus apuntes de lado y rellenar su cantimplora.

-Inténtalo -le dijo la mujer mirando a sus apuntes -Dibuja.

Mikasa bajó la vista a los papeles. Había aprendido a lo largo de su corta vida que era hábil en lo que se propusiera. Que tenía completo control sobre su cuerpo, que sus habilidades visuoespaciales sobrepasaban con creces las de sus compañeros. Que todo lo que quisiera hacer, podía hacerlo… a la perfección. Si tomaba ese papel y lápiz seguramente lo haría bien. Con dos personas que cartografiaran el tiempo se haría más corto, serían más eficientes y, sin dudar, podrían separar divisiones y terminar en tiempo record. Podrían volver a la costa…

Negó.

-Seguro apestaré -dijo poniéndose de pie -Cuando estén listos me avisan. Iré a mear.

Se perdió entre los árboles, dejando a sus compañeros sorprendidos.

Al cabo de unos minutos retomaron la marcha siguiendo río arriba. Por supuesto frente a ellos se abría un gran valle, rodeados de una amplia pradera. Sommerville tomaba mediciones, Betza las notas y Mikasa disfrutaba del paisaje. Pocas veces podía darse ese gusto, como las veces que, por estos días, se tomaba para guardar en ella las imágenes imponentes que Jean llevaba a dibujos de perfecta manera. Sin duda era un maravilloso don… y ella no era nadie para arrebatárselo.

Sommerville llevaba la delantera, cada cierto tiempo revisaba su brújula e indicaba a Betza tomar apuntes. Una fresca brisa los alcanzaba y el sol comenzaba a alejarse del alto cielo. Se detuvieron a almorzar.

-Ackerman -Betza alzaba la voz cuando Sommerville se perdía para ir a remojar los pies -Hay algo de lo que quiero hablarte.

Mikasa se la quedó mirando sorprendida mientras lavaba su plato en el borde del río.

-Verás… -la mujer parecía algo incómoda -Eres una muchacha muy bonita -Mikasa enarcó una ceja -Es normal que a tu edad los chicos te ronden… Los muchachos, bueno, los hombres en general…

-Ya hablamos esto, Betza -dijo Mikasa dejando su plato a un lado -Entiendo que creas que es mejor acompañarme en estas misiones, que no quieras dejarme sola, aun cuando Sommerville se nota un tipo decente -comentó suspicaz.

-No me refiero a eso… no exactamente -interrumpió la mayor -He notado… -estudió a la chica un instante -Que pasas mucho tiempo con Kirstein. Más tiempo del que dos colegas pasan juntos -agregó cuando notó que Mikasa iba a interrumpirla -Sé que son amigos desde hace un par de años. Pero… A veces, en estas situaciones, la camaradería puede confundirse.

-Lo mencionaste también -dijo Mikasa -Y creo haberte escuchado que si en alguien confiabas para estar a solas conmigo era en Jean.

-Sí, lo dije -aceptó la mujer guardando sus propios platos en su morral -Y está bien. Está bien si quieren pasar tiempo a solas, pasear por la playa, hablar de sus cosas. Es normal, tienes más confianza con él que con cualquiera de nosotros… -Mikasa enarcó una ceja y se cruzó de brazos denotando que urgiera en su monólogo -Bueno, al grano -tomó aire profundo -A veces un chico y una chica, puede ser una chica y otra chica… o dos chicos -Mikasa la miró de malas pulgas -Cuando dos personas se sienten bien juntos, a veces quieren hacer algunas cosas divertidas -se sonrió maternalmente -Acariciarse… besarse… y no es que esté mal, claro que no. Sino que…

-Betza -interrumpió Mikasa bastante seria -¿Intentas darme la charla?

La mujer se sobresaltó, iba a desdecirse cuando notó que la chica estaba demasiado seria.

-Tengo diecisiete años, no soy una niña -dijo Mikasa sacudiendo su plato en el aire para secarlo -Sé lo que tengo que saber.

Betza la miró fijamente.

-No, no lo sabes.

-Claro que sí. Un hombre y una mujer, desnudos o a medio desnudar, su eso dentro del aquello y ¡bam! viene un bebé -dijo guardando su plato -Créeme que nos lo dijeron en la academia, tuvimos una incómoda clase, al menos separaron chicos de chicas.

-Sí… muy informativo -comentó Betza viendo a Mikasa ponerse de pie bastante molesta -No hablaba de sexo… hablaba de amor -aclaró mientras Mikasa emprendía el rumbo para cargar su caballo. Se detuvo en seco -Quizás tengas dudas sobre cómo te sientes. A veces, es duro dar el paso… Reconocer que tu amigo es más que eso.

Mikasa no respondió, simplemente cargó el bolso en su caballo y comenzó a acariciarle la nariz, el animal se dejaba. Fingió revisarle las riendas mientras pasaba las manos por su crin.

-Solo quiero que sepas que si, en algún momento, te sientes incómoda o tienes dudas… Puedes hablar conmigo -retomó Betza -Estoy aquí para lo que necesites. Como colega o como amiga… o una hermana mayor si así lo prefieres. También estuve en tus zapatos.

Mikasa soltó un suspiro y se volteó hacia Betza.

-Hay algo que me gustaría saber -dijo con voz suave.

-Lo que quieras, cariño -respondió la mujer con dulzura.

-Verás, yo… -Mikasa se sonrió con malicia -Quisiera saber hasta cuándo Sommerville se retrasa solo para que darte tiempo -se subió al caballo de un brinco -Vamos a Gijar ahora o sacaré yo misma a Sommerville del agua -exclamó.

-¡Ya voy! -se escuchó desde el bajo -Que un hombre no pueda tener un tiempo de calidad con su corcel -refunfuñó trayendo a su caballo de las riendas.

Se subió de un brinco y tomó la delantera mientras pensaba en cuán inapropiada fue Betza en hablarle del tema a Ackerman. Todos sabían que la muchacha estaba completamente enamorada del chico Jaeger. Y aunque disfrutaba viendo los coqueteos infructíferos de Kirstein, sabía que la balanza jamás se inclinaría a favor de su líder de escuadrón. Las chicas como Ackerman jamás se fijarían en el eterno y fiel enamorado. Ellas estarían siempre tras ese muchacho que no les presta mayor atención como para traspasar la amistad, ni les presta menos como para descorazonarlas. Y en ese punto intermedio, Kirstein tenía todas las de perder. Él también había estado ahí… él lo sabía. Tipos como él, como Kirstein, dedicaban sus corazones y sus vidas a su trabajo, para que sus chicas pudiesen vivir la vida que soñaban con aquellos a quienes amaban. Y ellos, observarían desde lejos, conformándose que, de alguna manera, cuidaban que sus sueños se cumplieran… Así tuviesen que dar su vida para que ellas le dieran a otro el amor que ellos deseaban tener.

-A Gijar, compañeras. Según mis cálculos estamos a un par de horas. ¿Quién quiere dormir en una cama y darse una buena ducha? -levantó una mano en el aire -Porque yo sí.

Betza se sonrió al ver el inamovible buen humor de Sommerville. Volteó hacia Mikasa, quien estaba muy seria y pensativa, totalmente concentrada en el camino.

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La noche caía ya en el campamento y el lejano ruido de romper las olas llenaba el ambiente. Miller había tomado la primera ronda con Hausdorf en cuanto terminaron la cena. Haller se había metido en su saco de dormir y ya roncaba de buena gana. Jean estaba tendido a su lado, las manos cruzadas tras la nuca y la vista en las estrellas que se veían entre las copas de los árboles.

Confiaba en que todo había salido bien y que su tropa se encontraba durmiendo cómodamente en Gijar. Deben haber tomado una sopa caliente, algo de pan recién hecho y, si la cena estaba generosa, la sopa llevaría carne.

Recordó aquella salida a Quinta a almorzar, cuando con Mikasa dieron vueltas por el pueblo. Le hubiese gustado conocer Gijar con ella y, quizás, tomar la cena en algún lugar con ella. Recorrer las calles, comprar algo para sus amigos, hablar de lo que fuese mientras sostenía su mano. Su suave y cálida mano.

Extendió su brazo al frente y sus dedos cubrieron en el alto algunas estrellas.

-Buenas noches, Mikasa -murmuró cerrando la mano y guardándola bajo las tapas.

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-¿Segura que no quieres venir? -preguntó Betza a Mikasa al salir del comedor -Dicen que es un lugar muy agradable…

Mikasa negó suavemente. No estaba de ánimo para acompañar a sus colegas a aquel bar que les habían recomendado, aun cuando sabía que eran responsables y llegarían antes de medianoche. Pero ella no acostumbraba salir, no cuando no estaba con sus amigos. A Mikasa le gustaba la soledad y sus pensamientos eran sus mejores compañeros… aun cuando podían ser los peores, pero no hoy.

Ingresó en la habitación que le habían destinado junto con Betza. La ventana daba hacia el río y el ruido le recordó al mar. Una vez lista para dormir se sentó en el borde de la ventana.

'¿Podrías sentarte en un lugar que no sea potencialmente mortal?'

Se sonrió oculta en la penumbra. Usualmente sus últimos pensamientos antes de dormir iban hacia Eren y Armin. Recordaba algunos momentos felices de su infancia, otras veces cosas menos positivas. Pero esta noche sus pensamientos no estaban con ellos. Sino que pensaba en el campamento. ¿Cómo habrá estado la jornada? ¿Habrían descubierto algo interesante en su ausencia? ¿Qué habrían cenado? ¿Habrían cazado algún pajarraco o habrían pescado? Miller era bueno pescando. ¿Qué canción habría cantado hoy? Se rió de solo recordar algunas de ellas y cuan pícaro podía ser ese sujeto que con cariño la llamaba su chinita. ¿Cómo habrá estado Hausdorf de su brazo sin Betza?

Levantó su mano al cielo. ¿Cómo estaría Jean? ¿Le habría dado problemas su mano el día de hoy? No debió enviar a Betza con ellos, no era necesario. Sommerville era un hombre confiable, podían ir ambos sin Betza. Él la necesitaba más… Hausdorf y él la necesitaban más.

¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Estaría frente al mar como solía hacerlo todas las noches? ¿O estaría tratando de avanzar más de lo que debía forzando su mano y su vista? ¿Estaría bebiendo algo caliente? Miró a su mano extendida sobre ella.

Cerró su mano y la bajó dejándola sobre su regazo. Se quedó mirando a la lejanía de la ciudad por la ventana. Se levantó de su cómoda posición y se metió a la cama. Se arropó hasta arriba, como le gustaba y cerró los ojos.

-Buenas noches, Jean -murmuró rodeada de silencio y sin nadie que le respondiera más que la voz de su compañero en su imaginación.

'Buenas noches, Mikasa'

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Awww.

¿No aman como reaccionan igual cuando los vejetes de meten en sus temas? Jeje

Ya creo que deben estar con sus niveles de azúcar estables. Tal como nuestros protagonistas. A partir de ahora, todo puede pasar, ¿verdad?

Nos leemos pronto!