Advertencia: No sé si cuente como advertencia pero sé que no a muchos agrada este orden así que por si acaso lo aviso. Antonio pasivo en este capítulo.
#14 – Confusión (2)
¿Qué… qué acaba de pasar? ¿Por qué Lovino me ha besado? No es que me esté quejando ni nada por el estilo, pe-pero… Ha sido muy repentino. A ver, pensemos. Mientras estábamos tomando algo con Feliciano él estaba bastante callado pero no parecía serio ni nada, más bien parecía pensar. Sí, creía que estaba pensando en su historia por lo que no quise molestarle. Bien, hasta ahí todo bien. Durante el trayecto de vuelta a casa él seguía callado pese a que yo intentaba hablar con él. ¿Será que le he molestado? No… No creo que sea eso. Bueno, quizá sí. Pero ese no es el punto. Una vez fuera de esa monstruosa cosa, ¿coche? Como sea. Una vez fuera de eso él ha parecido mucho más molesto de la nada y he intentado averiguar qué le pasaba para ayudarle. Sin embargo cuando ha estado tan cerca de mí... ¡Me ha besado! ¡Sí, lo ha hecho! ¡Me ha besado y ha huido! Espera, debería ir tras él en vez de estar aquí pensando sobre lo que ha pasado.
Antonio no pudo evitar sonreír de oreja a oreja pese a que podría jurar que sus mejillas estaban igual de sonrojadas que las del menor antes de salir corriendo. Aquello le había tomado de improviso, pese a que quería seguirle y preguntar, o quizá simplemente continuar con aquel beso, sus piernas parecían negarse a moverse. Seguía cual estatua en el mismo lugar hasta que sintió algo caer sobre su nariz.
—¿Uh?
Movió una mano para limpiar lo que fuera y rápidamente miró hacia arriba; nubes negras como el mismo carbón. Tardó en reaccionar, demasiado. Al sentir como la lluvia empezaba a caer con tan solo una o dos gotas de aviso dejó escapar un pequeño grito de sorpresa y trató de correr lo más rápido posible al interior de la casa, mas cuando estaba a tan solo un paso de cubrirse de la lluvia las piernas dejaron de reaccionar a sus órdenes y cayó cuan largo era.
—Argh, mierda – se quejó ante el impacto.
No era necesario que mirara, sabía que se había mojado lo suficiente para que su cola reapareciera. Se arrastró hasta el interior y cerró la puerta de un coletazo, ya estaba a buen recaudo, ahora sólo debía secarse para poder recuperar las piernas y así buscar al italiano. Se deshizo de la camiseta mojada y la tiró a un lado, seguir con ropa húmeda no iba a ayudarle a secarse rápido.
Un momento. Si él me ha besado es que siente algo, ¿verdad? ¡¿Verdad?! Entonces, ¡yo estaba equivocado! Oh, por Dios. ¿Cómo pude confundirme tanto? En serio, yo creía que él no quería ser ni siquiera mi amigo y, ¡BAM! Bueno, sé que las cosas son diferentes en los humanos, pero… ¿eso significa que somos pareja? Joder, joder. Mis mejillas están ardiendo ante la sola idea. ¿Y si no le ha gustado el beso? Nunca he tenido pareja por lo que ha sido el primero.
Al llegar a su habitación recogió uno de los calzoncillos que Lovino le había comprado, eso sería mejor que nada. Se secó la cola con las sábanas que pudo tironear fuera de la cama hasta conseguir aquel destello que cambió la cola por las piernas.
—¡Por fin! – exclamó poniéndose en pie.
Mientras se vestía únicamente con la ropa interior, pudo escuchar pasos en el piso de arriba por lo que dedujo que Lovino estaría ahí. No obstante, el hecho de poder escuchar los pasos le sorprendió ya que era la primera vez, ¿estaría Lovino golpeando el suelo o algo? A paso lento subió las escaleras para encontrarse a un italiano balbuceando incoherencias, dando círculos prácticamente a zancadas con un rostro notablemente sonrojado. Rio por lo bajito para no llamar su atención, quería acercarse sin que el otro volviera a salir corriendo.
—¿Qué estás haciendo, Lovi? – cuestionó el tritón, paralizando al menor.
—Chi-chigiaa… ¡¿Qué mierdas estás haciendo aquí?!
Bien parecía que el menor seguía igual, o más aún, de molesto que momentos antes del beso. Inclinó la cabeza a un lado mientras se acercaba a él, extendiendo una mano hacia el menor, mas no lo sostuvo o hizo el gesto de agarrarle. En silencio, Lovino observó aquella mano extendida sin comprender qué quería el otro.
—Dame la mano – espetó Antonio sonriendo. – Quiero mostrarte algo.
—¿El qué?
—Tú dame la mano. No te va a doler ni nada. – Sonrió de forma infantil.
Pese a dudar en ello, Lovino tomó su mano. El tritón tironeó ligeramente de él, dando un paso hacia adelante para acortar la distancia. Lentamente dirigió la mano del menor sobre su propio pecho, mostrándole cuan fuerte y rápido latía su corazón. El ítalo no comprendía qué quería mostrarle con aquello. Abrió los labios para decir algo, cuestionar qué quería decirle, sin embargo el estrepitoso sonar de un trueno acompañado por la oscuridad de la habitación al irse la luz provocaron no solo que el menor cerrara nuevamente la boca, sino que se apegara por completo al mayor por inercia. Lentamente, el mayor soltó su mano para abrazarle contra sí.
—¿Miedo a los truenos? – cuestionó con suavidad, aunque para el menor había sonado a burla.
—¡O-obvio que no! ¡¿Quién te crees que soy?! – Se removió para deshacerse del agarre, él no tenía miedo. No. Para nada.
—¡Aw! ¡Pero todos tenemos miedos! – Soltó al menor, no quería incomodarle más de lo que ya parecía estar.
No dijo nada, tan solo corrió a encerrarse en el baño. Antonio creyó que dándole un poco de espacio el menor aclararía su mente, que quizá había actuado por impulso… O quizá no le había gustado. Suspiró pesadamente antes de regresar sus pasos hacia su habitación.
Desde ese momento, cada vez que Antonio se acercaba menos de dos metros a Lovino, éste salía corriendo, se alejaba de él, o simplemente le ignoraba. Aquel trato empezaba a dolerle al tritón, ¿por qué le había besado si luego iba a evadirle? Antonio trataba de hablar con él, sin embargo el italiano se excusaba con tener algo importante que hacer. Empezaba a cansarse de aquello y el tiempo corría en su contra. Al segundo día por la noche, aprovechando que el menor se encontraba encerrado en su despecho escribiendo, el moreno se bajó los pantalones lo justo para poder ver aquella herida que prácticamente ya había sanado, lo cual significaba el adiós. Se dejó caer pesadamente sobre el sofá tras volver a colocarse bien los pantalones. Cierto, no quería regresar ni siquiera cuando la herida curara, ¿pero dónde iba a quedarse si el único apoyo hasta el momento se negaba a tenerle bajo el mismo techo?
—¿Acaso lo hiciste para que me callara? – murmuró para sí mismo.
Tomó el control remoto buscando entre los diferentes canales algo que pudiera llamar su atención, algo con lo que pasar el rato hasta que el sueño llamara a la puerta. Miró la hora en el reloj que colgaba de la pared; madrugada. La última vez que había estado mirando la tele a esas horas únicamente eran concursos absurdos o largos anuncios que intentaban convencerte de lo sencillo que era perder peso mientras estabas tan ricamente sentado en el sofá, lo que Lovino llamaba telebasura. Bufó exasperado, volvía a llorar por lo que no podía salir siquiera al patio.
—¿Qué es lo que hacen los humanos para distraerse? – se cuestionó a sí mismo mientras seguía cambiando de canal.
Harto de tanto cambiar, dejó uno de los concursos, quizá aprendía algo de aquello. Los minutos pasaban y no entendía nada, se entretenía más leyendo mensajes que aparecían al azar en el borde de la pantalla que con el programa en sí.
—¡Me aburro! – exclamó dejándose caer a un lado, cubriéndose la cabeza con uno de los cojines.
Mala idea. Aquella tela desprendía un olor a colonia conocido para el tritón, un olor que parecía ser más fuerte que cualquier otra aroma que la fábrica hubiera absorbido. El olor de Lovino. Frunció el entrecejo apretando los labios en una mueca, un intento por mostrar molestia y pena al mismo tiempo. Al amanecer iba a hablar con el menor sí o sí, no importaba cuanto el otro trata de huir, le ignorara o fuera cual fuera la rabieta que le mostrara. Quería saber el porqué, hacerse a la idea pronto al rechazo o lo que fuera, había que hacerle frente al asunto pronto. Tan sumido en sus pensamientos se encontraba que ni se percató en qué momento había terminado el concurso ni en qué momento habían empezado a aparecer mujeres vestidas de forma insinuante. Apartó el cojín vagamente, sorprendiéndose enormemente cuando una de las mujeres se deshacía de la parte superior de aquel traje y mostraba sus senos sin el más mínimo pudor, sino por lo contrario, parecía que quisiera llamar más la atención. Dejó escapar un pequeño grito al ver como aquella mujer deslizaba lentamente sus manos hasta los pantaloncillos que le cubrían, moviendo la cintura de forma sugerente para el público.
—¡No, no, no!
Pese a que por un momento trató de cambiar de canal, la curiosidad pudo más. No era la primera vez que veía unos senos pues muchas sirenas ni siquiera cubrían sus atributos, era algo casi normal mostrar en el mundo marino, algo que le había quedado claro no lo era en tierra firme. Inclinó la cabeza hacia un costado observando como aquella mujer poco a poco se desnudaba, quedando únicamente en aquel par de botas blancas.
—Pues no es para tanto – pensó, ignorando cierto calor en su cintura baja.
Y es que uno no era de piedra. Cambió el canal al perder el interés en aquella escena, simplemente para dar con otra igual de sugerente, sin embargo siendo esta vez un hombre bien bronceado y musculoso. Antonio se miró ambos brazos sintiendo cierta envidia, músculos bien marcados sin rozar lo exagerado. Iba a cambiar de canal sintiendo que en cualquier momento iba a deprimirse si seguía viendo aquel hombre. Un momento, ¿qué estaba haciendo? Entrecerró la mirada como si intentara ver mejor.
—¡Por Dios, que dolor! – exclamó llevándose ambas manos a la cintura.
Aquel hombre parecía penetrarse a sí mismo con algo, sin embargo en el agujero 'incorrecto'. Bien sabía que entre humanos las cosas iban diferentes por lo que aquello podía ser algo normal, aunque eso no dejaba de verse doloroso desde su asiento. Tras sentarse apropiadamente se inclinó hacia adelante sin apartar las manos de su cintura, viendo con sumo detalle lo que aquel hombre de la tele hacía. Joder, si es que por más que intentara buscarle la lógica, ¡le dolía el trasero con sólo verlo! El carraspear de alguien no muy lejos de él le paralizó, fue de bien poco que no cayó de bruces al suelo debido a la incómoda posición.
—¿Es interesante el porno? – espetó Lovino apoyado en la pared con los brazos cruzados, pese a su intento por mantener su rostro serio podía verse a leguas aquel sonrojo en su rostro.
—¿Porno? ¡Eso se ve do- Un momento. ¡Por fin me hablas! ¿Por qué me has estado evitando? – Se había arrodillado en el sofá, ignorando completamente los sonidos del televisor.
—Sólo he venido a ver qué coño pasaba ya que te he oído gritar, pero te he visto muy entretenido viéndole las tetas a la tía esa.
Sí, se había molestado al haber visto al otro mirando pornografía en el televisor con todo el descaro. Él sabía que era algo normal, incluso a él le gustaba de ver cuando no tenía más remedio que hacer uso de su mano para desahogar tensiones, pero, entonces, ¿por qué se había molestado tanto? Arrugó la nariz al momento de escuchar un gemido proveniente del televisor, observando al otro que hablaba pese a que el menor había dejado de prestarle atención. Es más, ni siquiera sabía de lo que el otro estaba hablando, lo más seguro que alguna excusa barata por estar viendo eso.
Pese a que las primeras imágenes de aquel hombre le habían provocado repelús, su mente divagó; mientras su mirada seguía fija en el tritón, poco a poco su mente jugó en su contra imaginándose al otro penetrándose a sí mismo con un consolador, retorciéndose de placer hasta gemir.
—Puta madre… - susurró llevándose una mano a la cabeza para tratar de deshacerse de aquellas imágenes.
—¿Te encuentras bien, Lovi?
No, no se encontraba bien. Nada bien. Todavía no había aclarado su mente sobre lo que había ocurrido entre ellos, lo que su impulso le había llevado a hacer, y su mente ya divagaba. Cualquiera que pudiera leer su mente le acusaría de pervertido, ¿pero cómo no reaccionar cuando ese par de esmeraldas estaban puestas en uno mismo, brindándole preocupación y cariño al mismo tiempo, mientras alguien gemía de fondo? Las palabras ajenas eran como ecos para él, había dejado de escuchar por completo para poder pensar con claridad qué estaba pasando.
—¡Escúchame, Lovino! – exclamó llamando la atención del italiano. Antonio mostraba cierta seriedad en su rostro, estaba cansado de ser ignorado. Carraspeó al ver que nuevamente tenía toda la atención del menor. - ¿Por qué me esquivas desde que me besaste? A ver, no es que quiera presionarte o algo pero… no sé, ¿no te gustó? ¡¿Tan malo fue?!
El ítalo enarcó una ceja ante aquella pregunta. No había sido malo para nada, sino todo lo contrario, y era por ello que le había estado esquivando. Debía hacerse a la idea de que aquello no iba a durar para siempre, que tarde o temprano el moreno desaparecería de su vida pero… al mismo tiempo, pese a saber que sufriría al final, quería arriesgarse y disfrutar el tiempo que aquello durara. Tan sólo quería aclarar su mente antes de dar un paso hacia adelante o darlo hacia atrás, sin embargo en ese momento estaba entre la espada y la pared; no había tiempo. Debía responder y fuera cual fuere su respuesta sería lo que marcaría el resto de los días en los que el tritón estuviera alrededor. Sólo había un modo de esquivar la pregunta y tener, aunque fueran únicamente cinco minutos, un poco más de tiempo para pensar.
—¡Eres un hombre! – dicho eso salió corriendo hacia su habitación, lo que no esperó es que el tritón corriera tras él. Joder, había aprendido demasiado rápido.
—¡No! – exclamó Antonio alcanzándole antes de que corriera a encerrarse en la habitación, sujetándole del brazo para impedirle que siguiera corriendo. – No quiero seguir con esto. Sólo… Digo, a menos que dijeras que te dio asco no me rendiría porque sé que hay una mínima posibilidad.
—¿Por qué? – preguntó Lovino, girándose lo justo para verle. - ¿Por qué quieres saberlo?
Aquel pequeño contacto había despertado algo en él, sabía que no era lo que muchos llamaban amor a primera vista y que horas antes de lo sucedido pensaba en cómo mantener una amistad con él. Era algo confuso todo aquello, pero quería resolver aquel puzle de emociones y sentimientos con la persona que había dejado caer las piezas. Lentamente, y manteniendo una tierna sonrisa entre labios, se acercó aquel paso que les separaba y apoyó la frente sobre la ajena.
—Porque quiero saber que no fui el único en disfrutar el beso, que no soy el único con el corazón acelerado estando al lado del otro.
Ambos mantuvieron la mirada fija en la contraria, Lovino la apartaba escasos segundos ante la vergüenza pero rápidamente volvía a fijarla en el otro. El silencio únicamente era roto por las gotas al golpear contra las ventanas, aun así no era un silencio incómodo, las palabras sobraban. Antonio, al ver aquella tranquilidad ajena pese a la cercanía decidió arriesgarse, no había afirmado que no le hubiera gustado o similar, si el otro no iba a responder con palabras podría hacerlo con gestos. Se movió lo justo para poder rozar sus labios con los ajenos, tanteando por una reacción negativa, mas al no recibir respuesta alguna a aquel gesto besó sus labios rápidamente, un piquito que más bien parecía un gesto tímido.
El italiano abrió sus ojos lo más posible ante la sorpresa. El tiempo para pensar se había agotado, era hora de responder. Se maldijo a sí mismo por su propia decisión, sabía que se iba a arrepentir. Mordió el labio inferior del mayor provocando que éste abriera la boca por inercia, aprovechando para atacar sus labios de forma hambrienta, empujándole lentamente y sin romper aquel contacto hasta la pared más cercana, arrinconándole entre ésta y su propio cuerpo. Había decidido disfrutar el momento. Debía admitir que aquel mero beso le volvía loco, sentía como si su cuerpo se derritiera poco a poco al tiempo que aquel beso se volvía más feroz, más asfixiante. Se apartó lo justo para retomar aire mas fue atacado nuevamente por el mayor quien parecía no tener suficiente con sólo un beso.
No iba a dejar que el otro tuviera el control, su orgullo le impedía rebajarse por lo que luchó por recuperar el control del momento, provocando una lucha infinita entre ambos. O eso parecía hasta que al presionar ligeramente la pierna entre las piernas del tritón, el mayor bajó la guardia siendo dominado.
Lovino podía escuchar aquella molesta vocecilla que le ordenaba detenerse, que aquello estaba mal y él lo sabía, pero al mismo tiempo escuchaba que ignorara lo que estaba mal y lo que estaba bien, que si aquello le hacía feliz siguiera adelante, que a los demás les importaba poco o nada lo que él hiciera con su vida. Su mente mantenía una batalla mientras que su cuerpo reaccionaba por sí mismo, ignorando toda orden que su mente enviara.
—Tomaré eso como que el primero no fue tan malo – espetó el tritón entrecortado al cortar el contacto. – Pero que había que mejorarlo un poquito. – Sonrió rodeándole por la cintura para atraerle, apegándole contra su propio cuerpo. – Éste ha sido mucho mejor.
—Cállate, imbécil.
Mandó al infierno aquella vocecilla que le ordenaba detenerse, siendo al fin dueño tanto de su mente como de sus acciones. De un rápido movimiento se deshizo de la camiseta ajena y la tiró al suelo como si la tela quemara. Quizá no quemara, pero estorbaba demasiado. Se apegó nuevamente al cuerpo del moreno, retomando aquel feroz beso, rodeando un brazo alrededor de su cuello para obligarle a moverse, guiándole lentamente hasta la cama, donde lo empujó para que se tumbara.
—No tendré un par de tetas, – empezó a hablar mientras se posicionaba sobre él a ahorcajadas – pero seguro puedo hacerlo mejor que esa.
¿Hacerlo mejor? Aquellas palabras confundieron al mayor, sin embargo no dijo nada. No se atrevió siquiera a intentar preguntar cuando vio que el otro se inclinaba para besarle de nuevo. Las manos del menor se deslizaban sobre su piel dedicándole suaves caricias, provocándole escalofríos cuando aquellas manos expertas rozaban ciertas zonas. Aquellas eran sensaciones nuevas para Antonio, sensaciones que quería transmitirle de igual modo a Lovino pero éste le apartaba las manos con cuidado.
El castaño rompió el contacto con sus labios para poder deslizarse lentamente hasta su cuello, marcando una línea entre besos, besos que siguieron deslizándose hasta el pecho del mayor. Podía sentir su corazón palpitar a tal velocidad que parecía que fuera a salirse del pecho en cualquier momento, además aquel subir y bajar del pecho tan rápido…
—¿Estás nervioso? – cuestionó Lovino, ascendiendo para quedar frente a frente con el mayor.
—¿Tanto se nota? – Rio nervioso.
—Te va a gustar. – En sus labios se había formado una sonrisa lasciva que erizó la piel del moreno. – Además, - se inclinó un poco más para poder susurrar cerca de su oído – querías aprender más sobre los humanos, ¿no?
Mordió de forma juguetona su oreja, provocando un suspiro del mayor. ¿Cómo había acabado de aquella forma? No lo sabía, pero no se arrepentía. Quién le iba a decir a él que acabaría teniendo un hombre bajo sí mismo suspirando ante cada roce. Mordió su cuello antes de succionar la piel, deslizando lentamente una mano bajo la ropa interior del mayor, acariciando descaradamente su miembro semi despierto.
—¡A-ah! – Se sonrojó cuanto la sangre le permitió, aquel gesto le había tomado desprevenido.
—¿No te gusta? – preguntó observando victorioso la marca que había dejado en su cuello.
—No es eso…
Manteniendo sus acciones lentas, tomó el falo y acarició en un lento vaivén provocando que el mayor se paralizara al principio, incluso que dejara de respirar por unos segundos, pero acorde aquellas caricias iban y venían relajó el cuerpo, dejándose hacer por el ítalo. Dejó de masturbarle para incorporarse, ignorando el gruñido al dejar de prestar atención a aquella parte del cuerpo. La tela le era molesta por lo que no dudó en retirarla de un rápido tirón.
—¡Wow! ¡Creía que no te gustaba verme desnudo! – exclamó Antonio al verse expuesto ante el otro.
—… ¿En serio me vas a venir con esas? – Le había cortado un poco el rollo la forma en la que había dicho aquello, pero prefirió mejor ignorarlo.
Al momento en el que iba a atacar de nuevo el cuello del mayor, éste le empujó suavemente para cambiar posiciones, siendo Lovino el que estaba ahora abajo. Era cautivo, había sido apresado por su propia presa sin haberlo visto venir. Aquella nueva posición no le agradaba en lo más mínimo por lo que volvió a cambiarlas cuando el mayor bajó la guardia al inclinarse para imitarle.
—Ni te lo creas. – Sonrió ladino. – Me gusta más estar arriba.
Su mano se deslizó nuevamente hasta el miembro despierto del mayor, bombeándolo de forma lenta al principio, poco a poco acelerando el ritmo hasta conseguir que el hombre bajo el dejara escapar leves gemidos retorciéndose. Ver al mayor con aquel sonrojo debido al placer, con la boca abierta dejando escapar cualquier sonido, tembloroso y con una mirada de súplica era más que suficiente para que su propio cuerpo despertara. Se movió hasta quedar encarado al miembro viril del mayor, dudaba en lo que iba a hacer pues era la primera vez, sin embargo dejó el pudor y la duda a un lado para lamer la punta sin detener aquella masturbación. Cada reacción por parte del mayor era música para sus oídos y una obra de arte para sus ojos. Decidido, engulló su pene hasta sentir las nauseas que limitaban su boca, empezando un movimiento lento con la cabeza, deteniéndose al sentir un sabor extraño en su boca cuando del mayor escapó presemen.
—¡¿Po-por qué te paras?! – se quejó el mayor entrecortado ante la excitación.
—Pff… ¿En serio creías que ibas a ser el único en disfrutar? – Frunció el entrecejo pese a que internamente sonriera victorioso al dejarle con ganas de más.
Ante aquella pregunta, Antonio se sentó lentamente para tratar de quitarle la ropa y hacer lo mismo para ofrecerle las mismas sensaciones pero las manos de Lovino le detuvieron, volviéndolo a tumbar.
—¿N-no quieres?
Lovino se levantó para deshacerse él mismo de la ropa, acercándose a la mesilla de noche donde guardaba el bote casi vacía de lubricante que usaba las noches de autoplacer. No había mucho, pero esperaba que eso fuera suficiente. Volvió a posicionarse sobre un curioso y excitado tritón, tirando a un lado el bote.
—No quiero que me la chupes ahora – dijo haciéndose hueco entre sus piernas.
Antonio por inercia rodeó su cintura con ambas piernas atrayéndole para poder besar sus labios. Si bien el ítalo respondió gustoso al beso, apartó una de sus piernas con cuidado para poder acariciar con un dedo la entrada ajena, provocando que el mayor rompiera todo contacto y replicara. Al ver aquella reacción se arrodilló y tras tomar el frasco del lubricante untó un par de dedos, asegurándose de dejarlos bien lubricados antes de volver a su posición anterior.
—Err… creo que va a doler un poco al principio…
—¡¿Qué?! ¡Has dicho que me iba a gustar!
—¡Joder, y lo hará! Sólo relájate, coño.
No estaba muy seguro de aquello, pero trató de relajarse ante aquellas palabras. Al sentir que el cuerpo bajo él dejaba de estar tan tenso, acarició en círculos la entrada con uno de los dedos lubricados, besándole para distraer su mente. No obstante pese a la distracción, pudo sentir el cuerpo tensarse nuevamente ante la intrusión del dedo.
—Relájate – susurró cerca de su oído.
Costó un poco, pero pronto el dedo se hizo paso en su interior sin ser forzado. Movió el dedo en círculos para dilatar la entrada, entrando y saliendo lentamente hasta que finalmente introdujo un segundo dedo, dándole el tiempo suficiente al mayor para acostumbrarse a la invasión y así mover los dedos con mejor facilidad. Gracias al lubricante podía mover los dedos a su antojo, manteniendo su mirada en la expresión ajena; tenía los ojos cerrados con fuerza al igual que los labios, como si no quisiera dejar escapar sonido alguno.
—Esto no me gusta… - al fin habló cuando las terribles punzadas ante la invasión desaparecieron. Aquello no era placer en absoluto, sentía como si le taladraran el ano aunque agradecía que el otro tomará pausas antes de ir a más. - ¿Para qué es esto?
—Ya lo verás. – Besó su frente sin dejar de mover los dedos en su interior, esperando alguna reacción positiva antes de pasar al siguiente nivel. – El dolor debería pasar pronto.
No bien pronunció aquellas palabras el mayor dejó escapar un suspiro, moviendo la cadera ayudando aquel vaivén con sus dedos. O bien no le dolía, o quería que el dolor desapareciera lo más rápido posible. Movió los dedos más rápido, penetrando una y otra vez con los dedos hasta alcanzar un ritmo casi desenfrenado con la mano cuando el mayor empezó a gemir nuevamente. No podía soportarlo más, su propia erección empezaba a ser dolorosa pese a ser libre de cualquier tela. Se arrodilló y ayudó al mayor a que se diera la vuelta para quedar en cuatro frente a él.
—De-de nuevo te has detenido – se quejó el mayor, dejando caer la cabeza contra la almohada.
Ignoró la queja por completo, esa sería la última vez que se detendría hasta alcanzar el límite a menos que algo saliera mal. Tomó de nuevo el frasco para esta vez lubricar su propio miembro; toda lubricación era poca ante la estrechez del mayor.
—¿Acaso no es divertido?
Sin aguardar por una respuesta posicionó su miembro contra la entrada de Antonio, quien se tensó al momento de sentir algo más grande que los dedos rozar aquella zona. Quiso mirar qué estaba haciendo el otro, sin embargo al momento en el que el otro penetró su cuerpo sintió como si un millón de agujas se clavaran en su cintura baja, un dolor que no podía compararse al que había sentido antes.
—¡W-wah! ¡Quítalo! ¡Quítalo! – Trató de empujar al menor lejos para aliviar aquella tortuosa sensación, mas el otro le tomó ambas manos y besó su cuello desde atrás. – N-no me gusta-
—No seas nenaza. Tan sólo es la punta.
Lovino repartió varios besos desde el cuello hasta la espalda y hombros, acariciando su miembro para relajarle lo más posible y distraer su mente de aquel dolor. No quería detenerse ahora que había llegado hasta ahí, pero tampoco quería lastimar demasiado al otro. Poco a poco sintió como su propio miembro se hacía paso entre las estrechas paredes del tritón. Aquella opresión alrededor de su hombría era tan placentera como dolorosa, sentía la necesidad de moverse pero temía a romperlo por moverse demasiado pronto.
—D-dime cuando puedo moverme – susurró debido a la cercanía.
El tritón trató de ver sobre su hombro, quería ver al causante de aquellas sensaciones pero se sorprendió al ver que lo que le estaba rompiendo era el miembro erecto de Lovino. Volvió la mirada al frente, dejando caer la cabeza nuevamente contra la almohada antes de moverse él mismo, indicándole al otro que podía moverse. El castaño sonrió lascivo ante aquel gesto, iniciando un suave vaivén contra el mayor. Poco a poco podía moverse con más ligereza en su interior, provocándole deliciosas descargas eléctricas con las que creía perder la noción. Los gemidos de Antonio le hacían perder la cabeza, el calor se volvía sofocante ante cada estocada. Cada vez que el mayor gemía su nombre le otorgaba una estocada con más fuerza.
—¿Te gusta? – preguntó prácticamente falto de aire, inclinándose para morderle el hombro.
—¡Jo-joder! – gimió el mayor, aferrándose con fuerza a las sábanas. - ¡M-me muero!
Se sentía en el límite, la forma en la que Antonio estrechaba sus paredes de vez en cuando únicamente le otorgaban mayor placer, no ayudándole en lo mínimo en tratar de hacer aquel momento durara. No queriendo ser el primero en alcanzar el clímax, tomó su erección y bombeó al mismo ritmo que las estocadas para darle mayor placer, sintiéndose más que satisfecho cuando el mayor parecía gritar de placer.
—¡N-ngh-… L-Lovi… no – no pudo acabar aquella frase sin sentido cuando alcanzó el clímax, corriéndose con un gemido ahogado.
El menor continuó con las estocadas por un poco más, dedicándose únicamente al placer propio para poder acabar pronto. Se apartó rápidamente con una sacudida el sentirse al borde del clímax, quedándose sentado mientras bombeaba su propia erección hasta eyacular entre gruñidos en su propia mano. Observó con la respiración agitada como el otro se dejaba caer a un lado como un peso muerto, batallando al igual que él por recobrar el aliento antes de decir o hacer nada.
—N-no me has… no me has respondido – espetó Lovino, limpiando la semilla de Antonio que había dejado en la cama con uno de los calzoncillos, limpiándose la mano también.
—¿Eh…? – Antonio se encontraba más en el Limbo que en el planeta tierra. - ¡Oh! Joder, me ha encantado. – Sonrió, acurrucándose.
—¡Tse! ¡Obvio! – Hinchó el pecho con orgullo antes de dejarse caer desplomado a un lado del tritón.
Cerró los ojos aunque seguía sintiendo su pulso rápido, la adrenalina del cuerpo le impediría descansar por el momento. Se dejó abrazar cuando el mayor se acercó a él.
—¡Ah! Esto significa que deberé cuidar a Lovi de lo mejorcito. – Sonrió de oreja a oreja.
—¡¿Q-qué?! ¡Oye, vamos poco a poco! – se exaltó el menor.
—No creo que este sea el modo de empezar poco a poco – bromeó el mayor, besando su mejilla.
—Cállate, mierda.
No pasó mucho rato hasta que ambos cayeron dormidos, Antonio abrazando a Lovino contra sí.
Abrió los ojos tan solo un segundo mas los volvió a cerrar ante la molesta claridad. Odiaba esa sensación al despertar, si por él fuera dormiría todo el día. Bostezó pesadamente con la intención de darse media vuelta y seguir durmiendo, pero un mordisco en el brazo lo hizo despertar de golpe.
—¡¿Qué cojones pasa?! – cuestionó alarmado, acariciando la zona mordida.
—¡Me duele! – se quejó el mayor, hecho un ovillo bajo la sábana.
—¿El qué te duele? – preguntó un poco más calmado, cubriéndose los ojos con el antebrazo.
—¡El culo! Siento mil agujas en él cuando me siento. Hazte cargo, tú eres el responsable.
—Sí, sí… - trató de darle palmaditas en la cabeza, sin embargo terminó dándoselas a la almohada. – Duérmete un rato más.
Antonio replicó sin embargo el otro volvió a caer dormido. Lejos de allí, en una cueva bajo el mar, cierto tritón observaba un caldero como si fuera el fin del mundo.
—Eso no es bueno… - murmuró Heracles con calma antes de bostezar. – Debería… decírselo… - Cayó dormido. No debería haber estado preparando pociones para dormir desde tan temprana hora.
Como bien dije en un capítulo anterior la historia ya la tenía escrita por completo (y la sigo teniendo, por eso subo rápido también), sin embargo al leer este capítulo antes de subirlo me di cuenta de que la escena subida de tono era demasiado forzada así que lo escribí de nuevo. Lo siento si no quedó de lo mejor, pero llevo meses sin escribir una escena como ésta así que... u.u pero, ¡TADA! :D ¿les gustó?
Cada vez veo más cerca el final y me da pena. Omfg-
natalia: Bueh, Lovi igual se encerró :'D Pobre Toni que me lo dejó ilusionado y confuso a la vez u.u Oh, poder puedo! Así en un fail and short summary: Romano es enviado al pasado viéndose preso en el barco de España, quien no le reconoce por obvias razones, al borde del delirio por el hambre e intentando averiguar cómo regresa a su tiempo actual. Como advertencia diría que dicho España, pese a ser su época de conquista, sigue siendo igual de lerdo en varios aspectos. Se me ocurrió al volver a leer un 'comic' de himeno1999, hermoso si te gusta lo triste y un Antonio tratando de verse varonil pero terminando siendo una colegiala enamorada - fail -. Y... otra, que esa si no puedo decirlo D: ¡SORPRESA!
Guest: Semos unas cuantas que le llamamos así 8D ¡Gracias! Me alegro que te guste :D
No más por ahora, arrivederci!
