Chicos les debo (de nuevo) respuestas, pero tengo problemas de grado mil, en la universidad. Algo que podría significar, repetir año. Saludos y besos.
Aquella noche, Hermione daba vueltas en la cama, intentando dormir. Imaginaba a Severus Snape, detenido sobre una enorme colina y sosteniendo su varita, frente a su madre. Se movió hacia un lado, solo podía ver su perfil. La apuntaba y por su ganchuda nariz, brotaba una pequeña lágrima. Resbaló tan rápido como el hechizo golpeó con ella.
Hermione despertó de golpe, sus manos temblaban y el sudor frío, recorrió su espalda. Soltó un gemido y se cubrió el rostro con las manos.
Eileen la miró con sorpresa, cuando había encendido las luces y trataba de comprender qué había sucedido.
— Eileen— dijo, su boca estaba seca y sus palabras estaban fuera de orden. No podía pensar con clarida y lentamente, se llevó una mano al pecho. Sentía el latir de su corazón, como si una bala hubiese atravesado un enorme cristal. Solo quedaban los pedazos.— Severus...él...
La mujer pronto se preocupó. Hermione mantenía los labios abiertos, pero no decía nada. Respiraba pesadamente y sus ojos desenfocados, no miraban algo en particular.
— Hermione, ¿qué sucede? Dímelo por favor.
— Soñé que Severus, iba a matarte. Él jamás, estoy segura de que jamás ha herido a un ser humano. Yo...
Eileen ladeó la cabeza por unos segundos y una sonrisa suave, se mostró en su semblante. Hermione tembló al imaginarse la respuesta. Aquella mujer de mediana edad, sostuvo su rostro con sus manos.
— Pasó exactamente lo mismo, Hermione. Él estuvo dispuesto a matarme una vez. Pero en sus ojos vi, que jamás iba a ser capaz de terminar con una labor como esa. Me miró a los ojos por unos momentos y luego, se apuntó la varita en la mano. El hechizo rebotó contra su mano. Sangraba, yo estaba aterrada y Quien tú sabes, creía que yo había muerto. Alzó uno de sus dedos ensangrentados y me pidió silencio, mientras se limpiaba con la túnica. Desde ese entonces, viví oculta. Dumbledore cuidaba de mí. Severus venía un par de veces al mes.
Hermione sollozó suavemente y Eileen continuó sonriendo, con sus manos sobre el rostro de ella, acariciándolo con mucho cuidado.
— Fue solo un sueño, deberías dormir un poco. No es algo fácil de ver. Y estoy segura; de que Severus tampoco ha podido dormir.
Eileen se levantó de la cama y caminó hasta la puerta. Colocó la mano sobre el interruptor de la luz y antes de apagarla, Hermione ya estaba hablando nuevamente.
— Creo que lo que amo a su hijo y no sé por qué. Quiero decir: no es que esté lista para un compromiso. Sin embargo, he empezado a sentir que lo necesito. Es indiscutible, el bienestar que siento en su cocina. Que siento en la habitación. El bienestar que me provee alguien; que cuida de mis necesidades.
Los pensamientos solo flotaron en su cabeza y ella los había dejado escapar. Para fortuna de Eileen, su trabajo iba a ser más sencillo de lo que creía.
— Mi hijo también te ama. ¿Sabes? A veces siento envidia. Me hubiese encantado, que me amara tanto como te ama a ti. O como amó a su antiguo amor de juventud.
Hermione apretó las sábanas con las manos. Esa había y sería, la noche más extraña que jamás había vivido.
Y Severus tampoco tenía tanta suerte. Tratar de dormir era una pesadilla. Inspiró suavemente y se acomodó entre las cobijas, ladeando la cabeza hacia el lado de la cama, donde Hermione solía dormir y acariciándolo con un par de dedos.
Trataba de llenar los espacios "entre". De su vida, de sus pensamientos. Pero ninguno concordaba. Ninguno le daba la respuesta que quería escuchar.
¿Podría acaso, ser un buen hombre cuando se tratase de Hermione? ¿Cuándo se tratase de sus hijos?
Se llevó las manos al rostro y se preguntó si aquella parte "negativa" de él, surgiría en cuanto tuviesen que atravesar por todo aquello. Era muy temprano para saber si ella estaba embarazada y ya estaba esperando que el tiempo avanzara y se detuviera en su rostro de felicidad, al saberlo. En su rostro de felicidad al saber, que lo conservarían y que esa estúpida premisa, era solo un juego.
Pero otra vez se estaba engañando.
Esa mañana fría y nublada, Hermione despertó con la misma sensación de desconcierto. Tenía miedo de saber que el alma "despiadada" que radicaba en Snape cuando estaba en aprietos, terminara absorbiéndola. Terminara en su contra.
No podía ser sensato siempre. ¿O sí?
Eileen sirvió el desayuno, pero parecía que no había apetito entre ninguno de sus estómagos. Ambas se miraron en la mesa y en silencio, le dieron cabida a sus pensamientos más profundos.
— Hermione. Mi hijo no sería capaz de lastimarte. Él no...
— Pero prácticamente la mató a ella. ¿Cómo podría? ¿Y si él se lo pidiera?
— Estoy segura de que él moriría por ti.
Severus estaba sentado en la mesa, leyendo aquel viejo mensaje de aquella vieja cena. Se suponía debía comérsela, pero tampoco podía pensar en algo más, que en todo lo que su cabeza había decidido determinar como conclusión a su vida. Fuera errática o no.
Podía matarla, podía hacerle daño. La idea, la ilusión, de tenerla entre sus brazos, ya se estaba haciendo banal y un poco insólita.
A mitad de su "cena-desayuno" la puerta se abría lentamente. Hermione había colocado su valija junto al sofá y a tiempo, ya que Severus emergía de la cocina y ella no sabía si devolverse, si nunca más volver.
Pero si él huía con su madre, como un pequeño niño, entonces ella tenía que enfrentarlo.
— ¿Qué sucede?— dijo, ante su silencio prolongado. Hermione respiró y ladeó la cabeza para mirarlo.
— Profesor, Severus...¿serías capaz de asesinar a alguien? ¿Has asesinado a alguien antes?
Snape parpadeó ante la calidad de la pregunta y caminó hasta el sofá, sentándose allí. Sorprendido. Hermione no dijo nada más y se sentó a su lado, sin dejar de mirarlo.
— Mi madre...ella...
— No. Es solo una simple pregunta, complicada en cierta forma, que quiero hacerte.
Se lo había predicho su cabeza. Ella se desencantaría muy pronto.
— Sí. He hecho todas esas cosas horribles, que su cabeza debe estarse imaginando. Pero jamás busqué...nunca quise.
Hermione no le había permitido terminar. Se había levantado y estando de pie, había caminado en paso militar, hacia las escaleras tras el librero.
— No soy el hombre que usted creía, era. También tuve debilidades que no pude combatir. ¿Cree que asesinaba por placer?
Antes de llegar al último escalón, Hermione contestó con voz fría.
— Está lejos de ser aquel hombre que creía era. Profesor Snape.
Se quedó helado, ante esas palabras. ¿Cómo podría resarcir treinta años o menos, de estupidez? Meditó violentamente. Iba a perderla. El sentido de pérdida ya era tan tangible, que creía que comenzaría a caer nuevamente.
Subió las escaleras a trote y la miró en su habitación, sentada al borde de la cama y mirando el suelo.
— No puede juzgarme por no haber estado consciente de lo que estaba haciendo.
— Pero usted se unió voluntariamente. No puede negármelo.
— No lo niego, no lo negaré. Simplemente lo hice porque fui un tonto. Muy débil. Perdí a la mujer que amaba y creí que tras lo que estaba a punto de hacer, encontraría una razón para subsistir, para ser "feliz".
— Nadie es feliz matando a otros. Solo él...solo alguien como él. ¡Y usted no es alguien como él! Usted es...¡usted es diferente!
— Sí, lo soy— admitió Snape sin alzar la voz ni inmutarse. Hermione en cambio, parecía que se echaría a llorar— por eso, me atrevo a decirle esto. Me atrevo a decirle que la razón por la cuál la escogí, simplemente fue esa. Fue porque usted es esa parte de mi vida que faltaba. Porque considero que solo podría sentir esta misión como grata, como importante, si usted participara.
Estaba tratando de decir mil veces, que la amaba. Intento fallido en boca de Snape.
— Porque yo soy la mujer que ama. ¿No es así? Entonces nunca levantaría su varita en mi contra. Entonces usted no amaba a su madre y estuvo a punto de matarla.
Severus alzó su mano, mirando la vieja cicatriz.
— Se equivoca señorita Granger. Porque si hubiese lanzado un avada kedavra y como hice, apuntaba hacia mi mano, habría muerto irremediablemente. Y estuve a punto de hacerlo. Solo que... él la habría matado después de mí.
Hermione despegó los labios, pero Snape ya se había ido y el frufrú de su toga, le dejaba un amargo sabor en esos mismos labios donde se escurrían lágrimas.
les recomiendo esta cancioncita y dedico este cap a XiomaraKuwae ^^:
Why Does It Always Rain On Me?
