Hola... me tardé demasiado!!! Por eso acá les traigo otro capítulo...
o0o0o0o0o
Capítulo 14
Después de varias horas dándole vueltas al asunto de cómo despedirse de su abuelo y explicarle que se tenía que ir mañana por la tarde, sí o sí, sin alterarlo más y sin causarle daño, Sakura finalmente se puso el albornoz del
hotel y se dirigió a las habitaciones del anciano. Ya eran las diez de la noche, pero el día anterior Shaoran lo había llamado a la una de la mañana y aún había estado despierto.
La luz del saloncito estaba apagada, pero en vez de encenderla, Sakura dejó la puerta del pasillo abierta y entró un paso para ver si bajo la puerta del dormitorio se veía alguna luz. No iba a despertarlo, aunque tampoco pensaba desperdiciar la oportunidad si aún estaba despierto.
—Ya está dormido. —La sobresaltó una conocida voz desde la penumbra.
Sakura se giró intentando ubicarlo. Una lamparita se encendió revelando a Shaoran sentado en un sillón, con un vaso de coñac en la mano. Sakura se mordió los labios, apesadumbrada. Le habría gustado poder hablar con el abuelo a solas, no estaba segura de si tendría esa oportunidad mañana por la mañana y había decidido irse a las doce al aeropuerto para no correr riesgos con el tráfico de Nueva York. Era mejor comerse un
bocadillo esperando su avión a quedarse anclada en una ciudad desconocida sin un
duro.
—Yo… quería aclararle todo el malentendido de esta tarde. Tú no hiciste nada malo.
—¿Ah no? —espetó Shaoran con ironía—. Supongo que eso quiere decir que sigues con la intención de marcharte mañana.
—Tengo que irme. Mi vida está en España y, si me quedo aquí demasiado tiempo, lo único que conseguiría sería acabar dependiendo por completo de vuestra caridad.
—Al viejo le costará aceptarlo.
—Es mejor ahora que aún no nos ha dado tiempo de encariñarnos —intentó convencerse más a sí misma que a él—. Además, en cuanto me vaya se le pasará toda esa estupidez de la boda y recuperarás tu pleno derecho a la herencia.
—Es un viejo testarudo, una vez que toma una decisión difícilmente se echa para atrás.
—Pero si yo no estoy, tú no tienes la culpa de nada y toda la herencia pasará a ti.
—Si no me caso contigo esperará que sea con otra. Hacía ya tiempo que venía presionándome para que siente la cabeza. —Shaoran encogió los hombros con indiferencia—. Para él, esto solo es una forma de matar dos pájaros de un tiro. Sabe que, mientras exista ese testamento, me tiene cogido por los huevos.
—¿Has leído el testamento? —Ella lo contempló con ojos grandes.
Los labios masculinos se curvaron con sarcasmo.
—Quiso asegurarse de que supiera exactamente lo que estaba en juego. Si tú no me aceptas, la mayoría de las acciones de A. Z. Corporation serán vendidas y el dinero donado.
—¿Puede hacer eso?
—Está en su derecho —contestó Shaoran, estudiando el líquido dorado de su copa, en
tanto la movía con pequeños movimientos circulares.
—¿Qué significaría eso para ti? —indagó Sakura preocupada, acercándose unos pasos a él.
—Que dejaría de ser el presidente de la compañía y esta quedaría en manos de los
nuevos accionistas. —Encogió los hombros antes de tomar un trago—. Perdería todo por lo que he luchado durante los últimos diez años. No es una idea agradable precisamente.
Sakura se dejó caer con impotencia en un sillón y permaneció un rato en silencio, reflexionando abatida.
—Pero debe de haber alguna forma de evitar que lo haga, ¿no?
Shaoran movió la cabeza.
—La forma más efectiva y sencilla de evitarlo es cediendo a sus caprichos y casándome.
—Pero… —Los ojos de Sakura se abrieron espantada. ¿Cómo era posible que lo dijera con esa frialdad y sin buscar soluciones?
—Una acción legal puede llevar años y, queramos admitirlo o no, él ya tiene una edad. Si muere, antes de que pueda demostrar que buena parte de la bonanza económica de la cadena se debe a mi gestión todo habrá sido para nada.
—Pero a lo mejor podrías echar mano de algún recurso legal para recurrir ese testamento.
—El problema sigue siendo el mismo. Si se venden las cadenas hoteleras, el dinero será difícil, por no decir imposible, de recuperar, y si un juez pone la cadena hotelera en manos de un asesor externo hasta que salga un dictamen definitivo… ¿cómo crees que puede afectar a una empresa de este calibre? No podemos mantener la cadena en pausa durante tres o cuatro años, la competencia nos comería de postre.
—Vaya. —Sakura no supo lo que decir—. ¿Y si nos casamos y después de un tiempo prudencial nos divorciamos?
—¿Estarías dispuesta a ello? —Shaoran la observó con párpados entrecerrados.
Sakura tragó saliva.
—No lo sé. Tengo la sensación de que no sé dónde me estoy metiendo.
—¿Qué tal si lo consultas primero con tu abogada?
—¿Qué abogada? ¿Kaho? ¿La que parece estar más en contacto con mi tía, la traidora, que conmigo? ¿Esa con la que hoy casi te pesco en plena faena de intercambio de fluidos sobre la mesa del despacho? ¿Y debería esperar que ella fuera objetiva? — cuestionó Sakura con sequedad, evitando pensar en el documento que firmó, comprometiéndose a pagarle por un servicio que desconocía.
—¡Touché! Te equivocas en cuanto a mis intenciones con ella, pero tienes razón, no
me parece una profesional de la que te puedas fiar.
—¿Y cuáles eran entonces tus objetivos si no eran los de hacerla cantar una ópera prima privada?
Shaoran rio con un movimiento de cabeza.
—Tienes arte para dar golpes bajos, pero en este caso se trataba de averiguar lo que sabía sobre las tretas de tu tía y encontrar la forma de contrarrestar su chantaje sin armar un escándalo público.
—¿Usas el sexo para manipular a las mujeres y sacarles información? —Sakura intentó mantener la boca cerrada, pero su mandíbula parecía haberse descolgado.
Shaoran se cruzó de brazos.
—Imagino que podría negarlo, pero por una vez no me apetece hacerlo. Las mujeres habéis usado el sexo durante toda la historia de la humanidad. ¿Qué hay de malo en que yo haga lo mismo si es para una buena causa?
—¿Y cuál sería esa buena causa?
—Contrarrestar el mal y evitar que el trabajo de toda una vida se vea arrastrado por el fango. Hiciera lo que hiciera en su juventud, mi abuelo no se merece eso a estas alturas. Existen otras formas para tratar de compensar lo que hizo.
«Bien, al menos es sincero. Podría haber afirmado que lo hacía para protegerme a mí», admitió Sakura, pero aun así no pudo evitar sentir un deje amargo.
—¿Y conseguiste averiguar algo?
—Lo suficiente como para sospechar que Kaho Mitzuki sabía perfectamente lo que se hizo para traerte hasta aquí y que asesoró a tu tía en cómo incriminarte. Apostaría a que ella y tu tía van a medias.
—¿Entonces no conseguiste averiguar nada seguro? ¿Nada que me permita defenderme de las acusaciones?
—Soy bueno, pero no tanto. Apenas estuve con ella veinte minutos cuando llegaste —espetó Shaoran con sequedad—. Tendría que haberla invitado a cenar para poder sacarle algo más y, aun así, no es tan tonta como para incriminarse o para renunciar al trozo de pastel al que piensa hincarle el diente.
«Vaya, pues menos mal que no ha dicho que lo que le faltaba era echarle un buen polvo», añadió Sakura para sí.
—¿Y si te casas con ella?
—¡¿Qué?! —Shaoran escupió el trago que acababa de dar.
—¡Shhhh!, ¡vas a despertar al abuelo!
Shaoran la miró incrédulo, pero bajó la voz al hablar.
—¿Me acabas de proponer que me case con esa víbora?
—Bueno, no parecía que te importara mucho con quién casarte hace un momento. —«Ibas a casarte conmigo».
—Si no me importara con quién casarme ya estaría casado.
—Yo… eh… lo siento —balbuceó Sakura—. ¿Y qué pasa con esa tal Meiling de la que te oí hablar con el abuelo? —Se movió incómoda en su asiento cuando se dio cuenta de que acababa de admitir que había estado metiendo la oreja en la conversación que tuvo en el despacho con el viejo.
El rostro de Shaoran se endureció.
—No te he puesto un cuchillo en el cuello para que te cases conmigo. No necesitas buscar excusas si no quieres hacerlo.
—No, no es eso. Es que… —Sakura se mordió los labios.
—¿Es qué? —inquirió Shaoran cuando ella tardó en responder.
—Todo esto se siente muy raro. No es solo que en pleno siglo veintiuno los dos nos metamos en un matrimonio de conveniencia, sino encima tú…
—¿Yo qué? —Shaoran alzó una ceja.
—Seamos sinceros, y sin ánimos de ofenderte, pero… eres un mujeriego.
—No te puedes creer todo lo que ves en las revistas. Tú también has salido en ellas y eso debería darte una idea bastante buena de cómo funcionan.
—No es por lo que digan las revistas, pero, admitámoslo, desde que te conozco, y de eso no hace ni cuarenta y ocho horas, siempre estás rodeado por mujeres que tratan de meterte en su cama.
Shaoran resopló de forma sonora y se pasó una mano por los ojos.
—Tienes razón. Es ridículo que trate de negarlo, ni siquiera voy a negarte que me aprovecho de esa atracción que las mujeres sienten por un hombre bien situado, pero, como tú misma has dicho, son ellas las que tratan de meterme en su cama. Puedes considerar más o menos reprobable que yo acepte la invitación si me interesa y me agarra de camino, pero no me verás persiguiendo a ninguna mujer, ni que mi vida esté centrada en ligar con ellas.
Sakura estuvo por soltar pobre hombre rico, pero se reprimió justo a tiempo. En realidad, Shaoran decía la verdad, o al menos ella no lo había visto perseguir a ninguna mujer. Incluso a Terada se le iban más veces los ojos tras un buen trasero o un escote que a Shaoran. Ambos permanecieron en silencio durante un buen rato, perdidos en sus pensamientos.
—Ella no está preparada para frenar el ritmo de vida que tiene, ni sé si alguna vez lo estará.
—¿Perdona? —Sakura parpadeó.
—Meiling. Estaba hablando de Meiling. Me preguntaste el motivo por el que no me caso con ella y te acabo de contestar. No se trata de un mero trámite, sino que no creo que ella esté dispuesta nunca a anteponer una familia a su carrera.
—¿Se lo has preguntado? A si quiere casarse contigo, me refiero.
—Sí, varias veces, y todas y cada una de ellas se ha reído o me ha ignorado —confesó Shaoran con una mueca—. Cree que le estoy tomando el pelo.
—¡Vaya! ¿Y le has contado lo del testamento de tu abuelo también?
—Su reacción fue la misma. Para Meiling no existe la vida real, ni los problemas.
Ella vive en su mundo ideal, en el que ella es el centro del universo y las cosas ocurren cómo y cuándo ella quiere.
—¿Y ella aceptaría que te casaras con otra?
—Fue ella la que me lo sugirió. —Shaoran encogió los hombros cuando le vio la cara
—. A ella le resulta más práctico pagarle a una mujer para que actúe como mi esposa
en público y mantenerme para ella en privado que casarse conmigo.
—Vaya. —«Y esa esposa de pago y sin valor sería yo».
—En tu caso sería diferente —se apresuró a aclararle Shaoran, como si le hubiera leído los pensamientos—. Si no lo considerara así no te habría sido tan sincero.
—Y según tú, ¿en qué sería diferente?
—No te estoy ni comprando ni contratando. Es un acuerdo mutuo, que nos conviene a los dos y por el que ninguno le paga al otro. Nos estamos conociendo y por lo que he ido observando en ti, creo que podríamos llevarnos bien y sentar las bases de una amistad y una convivencia agradable, sin la necesidad de tener que fingir ningún paripé delante de mi familia, que ya de por sí es también la tuya.
—¿Y cuál sería entonces mi papel versus Meiling en todo esto? —Sakura se arrepintió de haberlo preguntado en el mismo momento en que lo había dicho.
—Tú serías mi esposa en todos los sentidos y todo el respeto que ello implica y Meiling… —Shaoran tomó aliento—. Meiling sería la única mujer con la que no te prometeré que vaya a serte fiel.
—¿La amas? —preguntó Sakura más por ganar tiempo y poder asimilar lo que acababa de contarle, que porque verdaderamente necesitara que se lo confirmara.
—Meiling fue la mujer con la que perdí mi virginidad, la que me conoce como nadie, la que me consiente mis perversiones más secretas, la que no me juzga ni recrimina y la única con la que me había planteado casarme y sentar la cabeza hasta ahora. Sí, Meiling ha sido la única mujer sin la que no podría imaginarme mi vida.
Sakura m asintió y se miró las manos. Shaoran dejó la copa de coñac sobre la mesita, se inclinó hasta ella y le levantó la barbilla con delicadeza, para estudiar sus ojos en profundidad.
—¿Qué ocurre?
—No lo sé. Incluso siendo solo un matrimonio de conveniencia, me resulta triste que sea con una persona que solo me considera una especie de segundo plato. Espera, eso no era exactamente lo que quería decir, pero… —Sakura alzó las manos, impotente.
—Entiendo a qué te refieres, pero estás equivocada.
—¿Ah, sí?
—Sí. Sin ánimo de resultar presumido. ¿Has considerado que soy uno de los hombres más cotizados de este país? Podría haber elegido a cientos de mujeres para poder casarme y, aun así, prefiero hacerlo contigo. Te he ofrecido convertirte en la mujer más importante de mi vida… exceptuando a Helen.
—Fui yo la que me ofrecí a casarme contigo —aclaró Sakura con un resoplido, haciéndolo reír—. Pero imagino que sí, que visto desde ese punto de vista le he ganado a cientos de mujeres la carrera.
Shaoran rio.
—No sé cómo lo consigues, pero siempre le encuentras el punto sardónico a todo.
Aunque te recuerdo que yo tampoco soy más que tu segundo plato. Ayer me dejaste muy claro que yo no tenía nada que hacer con respecto a tu novio bombero. Son únicamente las circunstancias las que te han llevado a aceptar este compromiso. Puede que seas tú quién me deje mañana para irte con el gran amor de tu vida —añadió con suavidad.
Sakura frunció el ceño. Su novio. Terada. No le había dedicado ni un solo pensamiento en toda la tarde. Solo pensar en él ya le dejaba mal sabor de boca, pero ¿cómo era posible que hubiera pasado página con tanta facilidad?
—Eso es cierto. Jamás lo habría dejado por ti. —«¿Verdad?».
—¿Ves? —Shaoran le dedicó una sonrisa ladeada.
—De acuerdo, ¿cómo lo hacemos entonces? No tengo ni idea de cómo se organiza una boda ni qué se requiere para arreglar los papeles que necesito.
—Una pregunta: ¿eres consciente de que tendrías que quedarte aquí en los Estados Unidos? —Los ojos de Shaoran eran serios al preguntar.
Ella asintió de forma automática. Debería haberse sentido preocupada, dolida o triste, sin embargo, comenzó a sentir un enorme alivio. ¿Y si esto no fuera más que una nueva forma de comenzar? ¿Una oportunidad única para empezar de cero? De momento, ya no tendría que preocuparse ni de cómo mantenerse ni de cómo enfrentarse a Terada o a su familia.
—Aun así me gustaría encontrar una forma de defenderme legalmente de las acusaciones y dejar mi nombre limpio.
—Creo que después de hoy, Kaho tratará de convencer a tu tía para que retire la denuncia, pero si no es así, contrataré a un detective que demuestre que no fuiste tú y, aunque mi madre ya le explicó la situación a nuestro abogado, me encargaré de hablar con él personalmente —prometió Shaoran.
Sakura asintió.
—¿Y ahora qué?
Los ojos de Shaoran cayeron sobre sus labios, haciendo que el corazón de Sakuta se acelerara bajo la intensidad de su mirada.
—Creo que ahora toca sellar nuestro compromiso.
Ella no tuvo que preguntar de qué forma pretendía sellarlo. Shaoran trazó con suavidad el contorno de su labio inferior, deslizó su palma hasta su mejilla y la acercó a él presionando sus labios con suavidad sobre los de ella. No intentó profundizar el beso, no hizo falta. Con apenas unos roces, unos suaves mordiscos y su lengua, Shaoran consiguió concentrar toda la atención y el placer de Sakura en sus labios.
Las manos de Shaoran viajaron hasta el cinturón del albornoz para abrirlo. Sakura estaba demasiado hipnotizada por la forma en que la lengua masculina acariciaba sus labios como para protestar cuando el frío aire le acarició los hombros.
No fue hasta el primer gemido de Sakura, que él se volvió más exigente e invadió su boca con la lengua. Ella no se conformó con sujetarse a él. Enredó sus dedos en la sedosa cabellera y lo atrajo a ella.
—¿Quién hay ahí?
«¡El abuelo!». Sakura dio un respingo hacia atrás y miró horrorizada a Shaoran, cubriéndose rápidamente con el albornoz.
—Soy yo, abuelo. Me he quedado para ayudarte a vaciar una de esas botellas que escondes en la parte baja de tu armario —contestó Shaoran en voz alta. Atrayendo a Sakura hacia él, le ató el cinturón del albornoz.
—Sonaba como si estuvieras con alguien más. ¿Y a qué esperas para traerme a mí otra copa? Me vendrá bien para dormir —gruñó el abuelo desde su dormitorio.
—Te veré mañana —susurró con un guiño antes de alzar la voz—. Si estuviera con alguien más, ya te habrías encargado de espantarla. Déjame ver qué medicina has tomado antes de darte algo. No tengo tiempo en mi agenda del fin de semana para ir al entierro de un viejo cascarrabias manipulador.
Shaoran le dio a Sakura un suave beso en los labios antes de dirigirse a la puerta del dormitorio mientras ella se escabullía de puntillas al pasillo.
o0o0o0o0o0o
¿Qué les pareció? Una buena manera de cerrar un pacto ¿no?... Aunque yo hubiera preferido que el abuelo no hiciera acto de precensia... jeje
Como bien dije, me tardé demasiado así que les quise compartir éste...
Nos estamos leyendo... ;)
