Disclaimer: Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi-sama.
SOUNDTRACK: Bombs on Monday (Melanie Martínez),
Realidades de Cristal.
Capítulo 14: Bestia.
Conocía perfectamente esos ojos rojos como la sangre.
¡Era La Bestia! Ese espíritu de dudosas intenciones que me salvó aquella vez, había pasado tanto tiempo que me parecía como si eso no hubiese sido más que un sueño. Recuerdo mucho más de lo que la gente cree sobre el accidente del tren, sólo que aprendí de muy chico que había ciertas cosas que no tenía que decir.
Al notar que yo le había encontrado con la mirada, sonrió con esa deformada boca suya que me recordaba a la de aquel payaso que se escondía en las alcantarillas en esa vieja película americana. Se deslizó con la elegancia de una bailarina por la habitación, creí que pararía al pie de mi cama, pero aquel engendro tenía otros planes. Acabó sentándose en un costado de mi cama a una distancia prudente de mí.
Tengo que admitirlo, me sentí vulnerable. Criaturas como esa no se presentaban dos veces como había dicho Ukyo cuando le explicamos a Akane ciertas cosas que no entendía aún. Me quedé rígido, tratando de no hacer ningún movimiento. Sabía que esa cosa podía hacerme daño físico si se lo proponía, ¿acaso no me había sacado del tren en aquel accidente?
Sentí húmedas la nuca y la frente, debido a que sudaba de los nervios pese al frío de la habitación.
—¿Q-qué-…? —me aclaré la garganta, demonios, aquello había sonado muy tembloroso. Me miró con diversión—. ¿Qué quieres? ¿A qué vienes?
—¿No es obvio? —contestó con voz melosa—. Vengo por ti, mi niño perfecto, es tiempo de que vuelvas a donde perteneces.
—Yo no me voy a ningún lado contigo —discutí tras los dientes apretados.
Una de sus increíblemente largas garras se elevó, para acariciar mi mejilla. Fue como si un metal oxidado que estuvo durante horas en la nieve me hubiese rozado la cara.
—Por supuesto que no —aclaró con dulzura, como si me regañase—. Aún no estás listo, mi Ranma, pero lo estarás más pronto de lo que crees. Estaremos juntos de nuevo, me aseguraré personalmente de ello.
Y, como si nada, desapareció. Me dejé caer contra el respaldo de la cama y solté todo el aire que ni siquiera noté que aguantaba. Cuando me hube calmado, me senté con la espalda recta estudié la habitación con desconfianza, ¿seguiría La Bestia allí? No pude hallar nada fuera de lo usual así que volví a recostarme contra el cabecero y me tallé los ojos, resoplando. Aquello no podía haber sido un sueño.
Eran como las cinco de la mañana, sin dejar que eso me importara, me levanté y busqué algo de ropa para bañarme. Sabía que a mis padres les parecería extrañísimo ese comportamiento, pero la verdad no soportaba sentir todo ese sudor, ya seco, sobre mi piel. Camino al furo, vi unos curiosos ojos azules, tan iguales a los míos, mirándome desde la puerta entreabierta más alejada del pasillo. Suspiré cansinamente, estaba junto frente a la habitación de mis padres, así que sólo sacudí la cabeza de manera negativa y gesticulé con los labios: «Hoy no».
Ranko puso una adorable carita de enojo y cerró silenciosamente la puerta.
Ya en la tina, me puse a pensar en qué quería decir La Bestia con todo aquello, ¿a dónde quería llevarme? Recosté mis brazos contra el borde de mármol liso y eché levemente la cabeza hacia atrás, mirando el techo. ¿Acaso La Bestia quería matarme? Cerré los ojos, suspirando.
Lo siguiente que supe fue que estaba sacando la cabeza del agua y con dificultad para respirar. Me sentí el jodido Rey de Los Pendejos cuando noté que me había quedado dormido y, al hacerlo, mi cuerpo se relajó, deslizándose hasta quedar bajo el agua. Tosí hasta que mi tráquea estuvo libre de agua. Era un imbécil.
Salí de la bañera, atándome una toalla a la cintura. Seguro no me había dormido por mucho tiempo, pero recuerdo haber tenido un sueño, más que nada me acuerdo porque fue muy extraño. Ahora sé que era un presagio.
En mi sueño, estaba en la escuela, sentado al pie del árbol bajo el que siempre almorzaba con mis amigos, con una lonchera vacía en mis manos. Entonces, Shampoo y Ukyo, aparecían junto a mí, con sus uniformes de trabajo de sus respectivos restaurantes, ofreciéndome comida deliciosa y peleando por quién me daba de comer primero. Akane también estaba allí, frente a nosotros con esa expresión y sosteniendo un mazo gigante en sus manos. Algo en su mirada me alerta que algo no está bien, pero no pude hacer nada, pues Ryoga me tomó del cuello y me alejó de las chicas, mostrando los colmillos, visiblemente molesto. Ahí es cuando llegaba Mousse, atacando –supongo que a mí- con unas armas ridículas como cadenas, ganchos, patos de juguete, a la par que me gritaba algo sobre "su Shampoo", eso es tan malditamente propio de él que ni siquiera me sorprendí.
Parecía un estrafalario universo paralelo, ya sabes, como en los cómics, dónde los protagonistas son los mismos pero las circunstancias son diferentes y sus relaciones no son las mismas. Sacudí la cabeza, ciertamente divertido con aquél pensamiento, ¡cómo si eso fuera a pasar! ¿Shampoo y Ukyo persiguiéndome con segundas intenciones? ¿Ryoga y Mousse atacándome tratando de hacerme un daño real? ¿Yo metiéndome con sus chicas en primer lugar? Se me escapó una sonrisa. ¡Ni que mi vida fuera un anime!
Ya vestido, salí del baño y decidí, viendo que en mi reloj de muñeca se marcaban las seis de la mañana, bajar a desayunar. Usualmente, mi mamá es quién me hace el desayuno, pero, cuando ella no puede, recurro a la vieja confiable: té y tostadas.
Iba como por mi cuarta tostada y apenas un poco de mi té cuando mi viejo bajó a la cocina.
—¿Qué haces levantado? —me cuestionó con sólo verme.
—No pude volver a dormirme —expliqué simplemente, encogiendo mis hombros.
—Bueno, esto lo hace más sencillo —suspiró, pasándose una mano por la bandana que siempre lleva en la cabeza bajo su gorra de policía—. Termina de desayunar y sube a la camioneta, Ranma.
—
Akane estaba en el hospital. Mi Akane estaba en el hospital. Me hallaba junto a la cama en la que la habían dejado los doctores luego de revisarla. Acaricié su mejilla con extremo cuidado, temiendo lastimarla más. No pude evitar echarle una mala mirada a la venda que envolvía sus sienes y dejaba ver una pequeña mancha sangrienta sobre su frente, producto de su caída. Kasumi la había encontrado al pie de las escaleras, inconsciente. Supusieron que, como aún estaba con el pijama, se encontraba medio dormida y se resbaló.
Personalmente, creí que tuvo un desmayo, con los reflejos que tiene no le hubiera sido muy difícil atajarse y tomar la barandilla o, al menos, haberse preparado mejor para la caída.
Recordé esa vez en que pasamos la noche juntos y, al despertar, pensé que lucía pacífica. Acostada allí, no se veía así, en absoluto. Su rostro carecía de cualquier emoción, las ojeras y el leve brillo de su piel bajo las brillantes luces de la habitación debido a una fina capa de sudor la hacían ver muy poco saludable. Le dejé un beso en la mejilla y salí.
El Tío Soun, Kasumi y Nabiki hablaban con un médico, por lo que yo me senté junto a mis padres. Ninguno de ellos sabía de lo mío con Akane, porque lo habíamos decidido así. Nuestras familias eran tan metiches que lo más probable era que comenzaran a presionarnos y era lo último que queríamos. Además de que mantenerlo en secreto era una apuesta segura si las cosas no funcionaban. No necesitaba ser Shampoo para saber que, al final y sin importar qué, lo harían.
No diré algo cliché como que antes de Akane no creía en el amor, porque sí lo hacía. Y, aunque mi nena tienda a decir que no hay un solo hueso romántico en todo mi cuerpo, estuve algo de tiempo esperando a que llegara Señorita Correcta y llegué a pensar que no la conocería hasta que estuviera viejo y hubiera perdido todo el atractivo físico.
Ucchan solía decir que era demasiado caprichoso con lo que quería y Mousse le dio la razón. ¡No era mi culpa! No quería un romance empalagoso como el que ella tenía con Ryoga o lleno de celos, aunque fuesen fingidos, como el que tenía Mousse con Shampoo. ¿Entonces qué carajo quería? Miré de reojo a mis padres, aún sentados junto a mí. Estaban tomados de las manos y el viejo le murmuraba palabras de consuelo. Ellos también querían a Akane.
Me di cuenta de que eso quería.
Por muy cursi que sonara, yo quería un amor como el que se tenían mis papás. Sutil, invisible, pero omnipresente y siempre perceptible. Han estado juntos contra viento y marea por más de veinte años. Miré la pared blanca frente a mí. Mamá ama al viejo con todas la idioteces que ha hecho y le quedan por hacer, él, por su parte, la ama pese a lo enojona que puede llegar a ser. Mordí mi labio para no soltar una sonrisa.
«—Te jodes, Akane —le regañé una vez que se quejó de una taradez que hice, no recuerdo cuál así que debió algo de todos los días—. Cuando aceptaste ser mi chica, me aceptaste con todo y pendejadas. ¡Ni que tuvieras la peor parte! A mí es al que le toca amar tu carácter de mierda…
—¡No tengo carácter de mierda! —me reclamó en respuesta, haciéndome rodar los ojos—. Además, para que lo sepas, no acepté eso cuando me pediste ser tu novia —bajó la mirada y se sonrojó de manera completamente adorable, yo arqueé la ceja donde tengo el piercing—. Lo tengo aceptado desde que me di cuenta de que me gustas…».
Al parecer, finalmente había conseguido lo que tanto quería.
Volví a mirar a todos, la familia de Akane se había vuelto a sentar y lucían cansados. Le murmuré a Mamá que si quería algo de la cafetería, porque iba para allá.
—Sólo algo de té, cariño —me respondió con la misma suavidad.
Me levanté y enfilé hacia las escaleras, pero no pude dar más de dos pasos cuando vi que, donde el pasillo se perdía, la bestia me observaba con atención. Nadie más le veía, sólo yo.
—¿Todo bien, Ranma? —me preguntó Nabiki suspicaz, ella siempre se daba cuenta de todo.
—Eh… sí —me recompuse—. Es que siento que me olvido de algo, no sé —inventé, revisándome los bolsillos.
—Cariño —me llamó Mamá, levantando mi celular, que había quedado en la silla—. Ten más cuidado, es costoso.
—Y si lo pierdes no te vamos a comprar otro —me amenazó Papá en un gruñido.
—Mala mía, lo siento —me apresuré a agregar.
Al bajar a la cafetería, que estaba en la planta baja y el cuarto de Akane en el segundo, llevé una bolsa de galletas de paquete de una máquina expendedora, supuse que a nadie le importaría comer eso mientras estábamos aquí. Mientras esperaba que preparasen los cafés y el té de Mamá -¡qué bueno que tengo memoria para recordar ese tipo de cosas!-, revisé mi teléfono. ¿Debería avisarles a los chicos del estado de Akane? Ellos, por supuesto, correrían aquí a verla. Supongo que le preguntaría primero al Tío o a Kasumi si eso estaba bien con ellos, nuestros amigos también tenían derecho a saberlo.
Me congelé. Tenía un mensaje nuevo, de un número que sólo figuraba como «Desconocido».
«Pronto estaremos juntos, mi niño perfecto».
Con un escalofrío que no pude reprimir, borré el mensaje y apagué el teléfono.
—
Empezaron a pasar los días y la condición de Akane no mejoraba. Se había despertado, sí, pero más débil cada vez. Escuché a mi viejo mencionar que Tío Soun había dicho que los síntomas eran muy similares a los que tuvo la mamá de Akane cuando se enfermó. Nadie quería pensar en ello, pues la madre de Akane tuvo una enfermedad terminal. Los chicos y yo la visitábamos diario.
Era yo quién más tiempo se quedaba.
A veces, durante mis visitas, me parecía ver a La Bestia por el rabillo del ojo, pero supuse que eran espíritus cualquiera, digo estábamos en un hospital, es en estos lugares dónde más fantasmas hay. No fue sino hasta que los demás lo notaron que entendí lo que estaba pasando realmente.
—¿Qué era eso? —siseó Ukyo, volteando cuando salíamos de ver a mi chica.
—¿Qué cosa, bizcochito? —quiso saber Ryoga, siguiendo la trayectoria de la mirada de mi amiga.
—Vi algo por allá.
—Sentir presencia —corroboró Shampoo preocupada.
Mousse no dijo nada, pero se frotó los brazos por encima de su chaqueta. Supongo que están familiarizados con el hecho de que los fantasmas hacen bajar la temperatura de una habitación cuando se manifiestan, Mousse lo siente más que cualquiera de nosotros. Y, de hecho, a veces también siente ciertos aromas que dejan los fantasmas al pasar. Recuerdo que, cuando fuimos a la Mansión Kuno él mencionó que olía a rosas podridas, ¡hasta se embarcó en una explicación de por qué dijo rosas en lugar de flores. Aparentemente, las rosas desprenden un olor muy particular tanto como cuando florecen como cuando se marchitan o algo así…
—No puedo oler nada —se quejó—. El olor a hospital me está quemando la nariz.
—Tal vez no sea realmente nada —dije encogiéndome de hombros—. Estamos en un hospital, ya saben —les recordé.
Lo pasamos por alto y seguimos nuestro camino. Ya en la entrada, les dije a los chicos que se adelantasen y volví al cuarto de Akane, resoplando con fastidio. Había olvidado las llaves de mi Harley. Maldije entre dientes, mejor dicho, ¡no me las había olvidado! Sólo que, desde que mi nena y yo somos novios, Shinnosuke se la pasa molestándome, me hace tropezar poniendo objetos en mi camino, me quita mis cosas y luego las esconde, ¡lo peor es que después no sabe dónde las puso porque no lo recuerda! Estúpido Shinnosuke.
Me congelé cuando faltaban un par de metros para llegar. Un escalofrío me recorrió la espalda al sentir una presencia detrás de mí que susurraba «¡Akane!» con urgencia y preocupación. Miré discretamente sobre mi hombro, causando que el fastidio se convirtiese en estupefacción.
Era Shinnosuke.
—¡Akane! —susurró de nuevo.
Era la primera vez que lo había escuchado hablar. Su rostro se había contorsionado en una mezcla de miedo y enojo. Volví la vista al frente y me apresuré, no corría claro, pero iba a un ritmo veloz. Me acerqué con cada vez más prisa, hasta que pude distinguir esa horrible escena que me va a perseguir hasta el día que me muera.
Estaban sacando a Akane de la habitación en camilla y con mucha prisa.
Kasumi, de quién me había despedido antes de partir con mis amigos, se hallaba allí con rostro compungido. Prácticamente volé a su lado y le pregunté qué sucedía. Me explicó como pudo, parecía que le costaba hablar, que una enfermera entró con ella cuando salimos y fue a ver a Akane. La mujer le hizo algunos chequeos de rutina y llamó a los doctores. Nadie le explicó por qué. Me dio mis llaves y decidí quedarme con ella hasta que llegaran tío Soun y Nabiki.
Jamás he visto a Kasumi llorar, pero la tristeza en sus ojos fue todo lo que necesite para que sintiese que se me formaba un nudo en la garganta. Recordé un detalle crucial. Akane y yo jamás nos dijimos «te amo» o «te quiero», siempre pensé que no era necesario. Sin embargo, si se la estaban llevando a dónde yo creía, entonces iba a arrepentirme mucho de no haberlo hecho.
En la puerta del cuarto que ocupaba Akane, La Bestia sonreía complacida.
—
Estacioné la Harley tras atravesar el cruce de tren. La dejé tras unos arbustos, no sea cosa que la fueran a robar o algo. Finalmente, me interné en el bosque. Iba apartando con más fuerza de la necesaria las ramas que se me cruzaban. Cuando me pareció que me había metido lo suficiente entre la vegetación, asentí para mí mismo y grité.
—¡BESTIA! ¡Ya sé lo que estás haciendo! ¡Aparece! —estaba que temblaba de la rabia, mis puños se abrían y se cerraban—. ¡VAMOS, MALNACIDO! ¡QUIERO VERTE!
La figura negra se deslizó con gracia en aquel claro del bosque, sonriéndome de una manera tan tranquila y complacida que quise ser capaz de hacerle daño. Sin embargo, a los espíritus no se los puede tocar, no a menos que ellos así lo quieran.
—Hola, mi niño… ¿qué dices que sabes?
Apreté los dientes, ¡lo decía con una tranquilidad! Le recriminé a los gritos que sabía que era él quién enfermaba a mi Akane, que él la hizo caer por esas jodidas escaleras –ella estuvo consciente por unas escasas horas cuando los chicos y yo la visitamos y nos dijo que le pareció que algo la empujó-. Le exigí que me explicara que tenía contra ella, que por qué lastimarla si el problema era conmigo.
—¡…y me vas a explicar cómo putas arreglo lo que le hiciste! —demandé, pisando con fuerza para poner énfasis—. ¡Tú me devolverás a mi Akane, ¿te quedó claro?!
No pareció inmutarse ante mis gritos, cosa que me enfureció todavía más, así que seguí gritando, una y otra vez, empecé a patear lo que se hallase en el suelo, a darle puñetazos a los árboles cercanos, a recriminarle cosas que no tenían un carajo que ver, lo acusé de haber arruinado a mi familia, porque por su culpa mi hermana murió, mi viejo empezó a beber y Mamá… mi pobre madre, ¡ella sufrió muchísimo cuando Ranko falleció!
Cuando quise saberlo, me encontraba de rodillas en el suelo, con las manos severamente lastimadas y las palmas apoyadas en la tierra, húmeda por una lluvia pasajera que azotó Nerima por la mañana. Respiraba pesado, sintiendo que el cabello se me pegaba a la nuca y a la frente por el sudor, sentí húmedo la espalda y debajo de los brazos. La fuerza me fallaba y se me estaba nublando la vista del ojo izquierdo.
Una gota de sudor resbaló por mi mejilla hasta impactar en el suelo.
O eso pensé, hasta que noté que era una lágrima. Estaba llorando. Es casi gracioso, no lloré cuando murió Kochan, mi dulce hermanita, o cuando vi a mi madre hacerlo tras su funeral. Así como tampoco lloré la primera vez que el viejo me dio una paliza mientras estaba ebrio.
Por Akane, sí. Por Akane lo que sea, por ella mi vida, mi alma. Lo que haga falta.
Casi no registré cuando las palabras salieron de mi boca.
—Por favor… por favor, ayúdame a sanarla… Haré lo que sea, sólo quiero que se ponga bien, por favor…
«Síndrome Saotome de la boca floja» lo llama Mamá, una vez que yo o mi viejo empezamos a hablar, no nos es posible parar. Yo apenas si decía por favor, y ahí estaba. Rogándole a un ente sobrenatural que me ayudase a salvar a mi muñeca.
—Levántate, Ranma —me ordenó.
Obedecí cual manso corderito. La Bestia estaba justo frente a mí, recién ahí me di cuenta que debía de medir fijo poco más de dos metros y medio, se inclinaba para que estuviéramos cara a cara. Literalmente.
—Haré lo que sea —repetí, haciendo que ladease la cabeza.
—¿Lo que sea?
Asentí frenéticamente, lo que fuera para ver a mi muñeca bien y saludable, otra vez.
—Muy bien, Ranma, has tomado la decisión correcta —me sonrió—. Akane se pondrá bien por la mañana, luego harás algo por mí, ¿de acuerdo?
—Haré lo que sea —dije una vez más—. Lo que sea por Akane…
—
Respuestas a reviews:
LunaSaotome Tendo: Concuerdo contigo, eso es algo que no me gusta ver en los fanfics, que los separen por un tercero, o sea, ¿qué carajos? Perdona mi vocabulario, jeje. ¡Mousse también es mi tercer personaje favorito! Aunque en mi caso, él viene después de Ryoga y Ukyo xD. El pato necesita más amor :'v. ¡Gracias por leer y dejar review, tesoro!
Naggy: Me gusta que se lleven bien, es divertido escribir ese tipo de dinámica entre ellos x3. ¡Gracias por comentar y leer, corazón!
Maat Sejmet: ¡No, no te mueras! –la revive- ¡Aún queda historia por leer! ¡Gracias por el review y la lectura, corazón!
PaulayJoaqui: Ahora lo sabes, ¿a qué no te lo esperabas? Y pues, estoy muy segura de que así sería la relación entre Ryoga y Ukyo tomando en cuenta lo apasionados que son los dos y me encanta eso xD. ¡Gracias por la lectura y el review, diosa!
Camiliny08: Haces bien cariño, nunca se sabe cuando puedo atacar con un giro de trama 7-7 (?) ¡Gracias por el review, divina!
Andy-Saotome-Tendo :Fue corto apropósito Bv. Pues creo que los nombre oficiales de las aprejas son RanKane (Ranma x Akane) y RyoKyo (Ryoga x Ukyo), no sé si Shampoo y Mousse tienen nombre, pero deberían, propongo solemnemente "el pato y la gatita" (?). ¡Gracias por leer y comentar, linda!
Dee-Dee Zednem
25/09/17
09:02 p.m.
