Capitulo XIV
Bob y Mary regresaron a casa tarde ese miércoles de noviembre para encontrarse placenteramente sorprendidos. Cuando abrieron la puerta y dieron un paso del recibidor a la sala, encontraron seis ojos somnolientos que voltearon a verlos. Joe, Jack y Lyn estaban sentados sobre Loki en el sofá, vestidos con sus ropas de cama.
Mientras ella saludaba a sus bebes, quienes no parecían tan entusiasmados de verla, Mary inspecciono la casa. La sala familiar estaba limpia, no había juguetes por todas partes. La cocina, o lo que podía ver de ella, estaba tan ordenada como siempre, con las ollas y sartenes en las alacenas y tan solo unos cuantos vasos en la barra y la mesa. Anna apareció un momento después, colgando peligrosamente del barandal de las escaleras, y saludo.
"¿Me compraron algo?" esa siempre era la primera pregunta de Anna, que fue contestada con una risa de Bob.
Mike salió del sótano diez minutos después y le dio un abrazo a su padre, mientras preguntaba como les había ido.
Bob esquivo la pregunta. Dándole vagas respuestas, prometiéndoles que les dejaría saber la situación tan pronto como fuera posible – lo que significaba que nadie diría nada hasta el domingo, cuando Mary llamara a todos sus hijos para cenar. Usando los regalos que compraron como una distracción. Anna recibió un bonito collar. Mike una camiseta de los Avengers que estaba diseñaba para aparentar que venia de una universidad. Para Jack, un libro de historia acerca de New York, y para Lyn, otro animal de felpa. Joe recibió un poster del Capitán América que no solo estaba firmado por el Capitán, también tenia la firma de Stark y Hawkeye. Parecía que el pequeño niño iba a morir de alegría.
Cuando Mary finalmente llevo a Lyn a su habitación, tomo un libro del estante y se sentó para leerlo.
Lyn hizo un gesto. "No, ya no hacemos eso, Mami," le dijo la niña, cerrando el libro.
Mary le siguió la corriente, porque era visible que las dos estaban cansadas. "¿Entonces, que es lo que hacemos ahora?" pregunto, acomodando las cobijas alrededor de Lyn.
"Me cuentas una historia." Lyn dijo con grandes gestos, arrugando las sabanas que Mary acababa de arreglar. "Sobre las mujeres con escudos y sus aventuras con sus ponis voladores."
Le tomo un momento procesar y asimilar el pedido de Lyn, y después sonrió. "¿Loki te ha contado historias antes de dormir?"
Lyn asintió. "No es bueno para leer." Mary sinceramente lo dudaba. "Y me cuenta historias. La última era de las manzanas doradas. ¿Conoces esa historia?"
Mary se preguntaba si debía o no fingir. "No," contesto después de dudar un poco. "¿Quieres contármela?"
Eso entusiasmo a su hija, quien se sentó inmediatamente. Con mucho cuidado, Lyn acomodo de nuevo las cobijas sobre su regazo hasta que no tuvieron arrugas, y Mary quiso saber si eso era parte del ritual que Loki había iniciado con ella. Cuando Lyn hablaba, era con toda la seriedad que un niño podía poseer, su voz era baja y su expresión formal.
La historia era simple, la versión infantil de algo que Mary sospechaba era infinitamente mas complicado. Lyn le conto acerca de Iddun, una bella diosa, que al parecer, era idéntica a la niña. Lyn le había comentado que sabia que Loki había inventado esa parte de la historia, pero le gustaba, así decidió dejarlo. Iddun, que era exactamente como Lyn solo que mayor, tenía unas hermosas manzanas grandes y jugosas. Y todos querían comer de esas manzanas porque eran muy sabrosas y sucedía que cualquiera que las comiera seria siempre joven y fuerte.
Mientras la historia avanzaba, los ojos de Lyn se cerraban y empezaba a cabecear. En varias ocasiones, permaneció en silencio y Mary tenia que pedirle que continuara. Comenzó a recostarse cada vez mas en su cama, hasta que al fin, abrazo uno de sus animales de felpa y su respiración se hizo regular.
Moviéndose con cuidado, Mary la cubrió con los cobertores y se levanto de la cama. Con el menor ruido posible, cerró la puerta de la habitación de Lyn, y al darse la vuelta, no se sorprendió al ver a Loki de pie a la puerta de su habitación. "Gracias," dijo ella, "por cuidarlos."
El le dio una sonrisa enigmática, una que la dejo pensando si el estaba feliz por su agradecimiento o simplemente estaba siguiendo la corriente. "Nos alegra tenerlos de regreso," contesto, y entro a su habitación, cerrando la puerta tras el.
Cuando estaba recostada en su cama junto a Bob dos horas después, observando la obscuridad del techo, Mary dejo escapar un sonoro suspiro. "¿Bob? ¿Estas despierto?"
El gruño. "Ahora lo estoy."
Dando la vuelta hacia el, toco su hombro, solo para percibir la línea de su cuerpo. "¿Bob aun buscas a la familia de Loki?" la pregunta fue hecha con urgencia. Por que se le ocurría hacerla después de la media noche eso no lo sabia, pero saber que ella no había llamado a la policía en casi dos semanas la golpeo como una gran ola. La arrastraba a un mar de desesperación, y le aturdía pensar que alguien pudiera olvidarse a Loki.
Otro suspiro vino del lado de Bob. "Llame a la embajada de Noruega." Su voz era profunda por el sueño, distante y pesada. "Dijeron que llamarían de nuevo."
"¿Cuándo?" Mary pregunto.
Las sabanas se movieron y también el colchón, y Mary vio como su esposo le daba la espalda. "Hace un tiempo," fue la respuesta, y ella supo que no obtendría mas de el.
Se recostó sobre su espalda y volvió a ver el techo. Era extraño, como pensaba en la familia de Loki solo en contadas ocasiones, y cuando lo hacia, toda la situación se venia encima. En la obscuridad de la noche, cuando dejaba a su mente vagar, de repente recordaba que en algún lugar alguien debía de extrañarlo. Muchas veces, Loki parecía parte de su familia, un residente permanente, alguien que había estado ahí por años y no solo meses.
Pero parecía que nadie lo buscaba. Su última conversación con la policía, una memoria casi olvidada, había sido infructuosa. Le habían dicho que no existían reportes de personas extraviadas bajo el nombre de Loki. En realidad no había ningún reporte. "Vives en los suburbios," el oficial le dijo fríamente. "Nadie se pierde ahí."
Un dolor punzante comenzó a formarse en la base de su cráneo, y ella gruño. Su mano masajeo los tensos músculos de su cuello, y salió de la cama para ir por un vaso de agua y dos pastillas para el dolor. No necesitaba despertar con una jaqueca por el estrés.
Cuando volvió a la cama unos minutos después, el dolor de cabeza ya había aminorado, Mary intento regresar a sus pensamientos melancólicos. Pero mientras lo hacia, se dio cuenta de que no podía recordar que era lo que pensaba cuando la ataco la jaqueca. Al fin se resigno pensando en que no debía de ser nada importante, y al despertar la mañana siguiente, todas las ideas acerca de Loki y de quien debería de estarlo buscando estaban tan lejos de su mente como las galaxias están una de otra.
El domingo llego con lentitud, manteniéndose a raya por una reunión de padres y maestros con los profesores de Jack y Joe, un partido de football, y las muchas actividades extracurriculares de los niños. Pero al fin llego, el tiempo apremiaba, y Mary reunió a sus hijos en la sala para anunciarles que Bob comenzaba un nuevo trabajo el siguiente lunes.
"¡Pero acabamos de mudarnos!" Mike dijo desde la orilla del sofá gritando, aferrado a los cojines, su cuerpo con visible tensión nerviosa. Parecía como si acabara de comer algo en mal estado y estuviera esforzándose por no vomitarlo. Anna estaba igual de perturbada, quizás aun mas, pero hacia un mejor trabajo escondiéndolo.
Los más jóvenes parecían no preocuparse en lo absoluto, sin molestarse por la idea de hacer nuevos amigos. Mary pensó que el hecho de que Loki no tuviera ninguna reacción era algo extraño.
"No nos mudaremos," Bob les aseguro. "Solo iré a trabajar al centro, así que no estaré tanto tiempo en casa." Jack levanto la mano, "¿Si, Jack?"
"¿Trabajaras para S.H.I.E.L.D.?"
El peculiar gesto que paso por el rostro de Loki no paso desapercibido. Mary vio como los labios de Loki se curvaban ligeramente, como su cuerpo se tensaba un poco antes de volver a relajarse. El volvió tranquilizarse, casi recostándose en su lado del sofá, Lyn sentada sobre su regazo mordiendo la oreja de uno de sus conejos.
Pero Mary continuo observándolo, tan sutilmente como le fuera posible, y se dio cuenta de que el no estaba feliz con las noticias. Mientras Joe explotaba en una dicha inimaginable - ¿Conocerían a los Avengers? ¿Papá lo llevaría al trabajo? ¿Podrían invitar a comer al Capitán América? – Loki se aislaba. El cambio era apenas perceptible, pero cada segundo agregaba un ladrillo en la pared que se estaba creando entre el y todos los demás a su alrededor. Mirar a Lyn en sus piernas mientras el parecía tan distante la hacia sentir nauseas, y el dolor en su cabeza regreso.
Bob despidió al grupo para que ayudaran con la cena poco después, y mientras Lyn bajaba del regazo de Loki y el se ponía de pie, Mary toco su brazo con suavidad. "¿Loki?"
Había algo acerca de su nombre. Ella debía de saber algo acerca de ese nombre, pero tratar de alcanzar ese conocimiento era como luchar contra una pared invisible. Podía empujarla, pero no podía sentirla, tampoco podía verla. Solo había una vaga presión que se resistía a ella, en su visión periférica apareció un brillo dorado.
"¿Estas bien?"
El tenía una expresión tan falta de emoción que la asustaba. "Bastante."
Sabia que no debía de creerle cuando el contestaba de esa manera. "¿Estas seguro?" ella presiono, su tono era suave. No quería parecer insistente. En realidad no era así. "Sabes que no te pediremos que te vayas a ninguna parte."
"No, por supuesto que no," dijo, su voz era distante, su expresión distraída.
"Eres parte de esta familia, Loki." Mary presiono la palma de su mano contra el rostro de Loki, y la caricia pareció asustarlo tanto que centro toda la intensidad de su sorpresa en ella.
Su mirada, cuando era el objeto de su indiscutible escrutinio, le alarmaba. Algo había en las profundidades de sus ojos verdes – un color verde imposible, inhumano, como esmeraldas o las hojas de los robles después de la lluvia veraniega – algo obscuro y terrorífico. Recibir toda su atención era tan incomodo como estar en una tienda departamental mientras Lyn tenia una rabieta.
"¿Lo soy?"
Había algo acerca de el que necesitaba recordar, algo que había olvidado. Sus cejas se encontraron, y sus dedos se movieron sobre la suave piel de su rostro. Parecía tan joven, pero sus ojos eran tan antiguos. Pertenecían a un hombre que había pasado por muchas guerras.
Un halo de luz entrelazaba destellos dorados en su cabello mientras el sol se ocultaba tras los arboles del patio trasero. La luz dorada capto su atención, y su incomodidad ceso. El rostro de Mary se suavizó y ella sonrió, mientras se ponía de puntillas para besar su mejilla. "Por supuesto que lo eres, no seas ridículo," dijo ella, como si fuera un regaño. "Ahora, estaba pensando en Stroganoff para la cena. Ayúdame a cortar la carne."
