Por las que me quieren patear en repetidas ovaciones aquí estoy... Mis más sinceros disculpas, ya se, digo que actualizare en menos de una semana y lo hago casi hasta el siguiente mes, pero U.U
No quiero poner ya más pretextos porque ni esos agilizaran mis publicaciones. A las chicas que aún me siguen, muchas gracias, graciiiiass, porque la verdad yo no seguiría con esto si no fuera por ustedes. Son las que hacen que me despierte en plena madrugada, correr a la compu y escribir y escribir hasta que alguna idea está completa, Gracias!
Ya no quiero ponerme, ni ponerlas sentimentales. Este capítulo es... un milagro que mi heeeeermiiixiiiisima beta no me halla pateado (Por cierto Gracias Kiki) y espero que ustedes se contengan tantito y no lo hagan :) Así que ahí está su capítulo, disfrútenlo.
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"Solo somos tu y yo
pero en realidad estas dispuesta...
a afrontar esta tormenta por nuestro amor."
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Arranques II. Tormenta
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Después de tanto tiempo y aun suspiro por lo que no pude tener… y en realidad han sido meses difíciles, lo peor de todo es la negación de Edward a tocarme después de aquel pequeño altercado, me cuesta "sangre, sudor y lágrimas" como dicen, que por lo menos me bese. Ocupo todas mis armas para seducirlo, pero ese hombre sí que tiene una voluntad férrea, dice no y no era, no. Simple y sencillo. La escuela es todo un conflicto no logro concentrarme todo me confunde, mis hormonas revolucionadas; su cuerpo, sus manos, su calor, todo él me distrae, todo se presenta ante mis ojos y me hace sentir ansiosa. Es como ser un adicto al alcohol, estar en plena recuperación cuando vives en una cantina, un calvario en vida. Verlo, sentirlo, besarlo y que él lograra detenerse en el momento preciso para salir huyendo dejándome con el calor hasta el tope. Es frustrante. No podía pensar en nada más que en ingeniármelas para hacerlo caer. Me da miedo no serlo suficiente mujer, ser demasiado joven y no atraerlo; y miro ahí su negación a estar conmigo. Todo me confunde ahora.
— Me voy…— baje corriendo las escaleras, con mi celular en la mano y una chamarra en la otra, necesitaba escapar… por ahora a la tortura que él representaba.
— ¿A dónde cree que va señorita? – dejos su taza de café sobre la mesita de centro de la sala, de un moviente limpio y estético se puso de pie, camino lentamente hasta mí, con su mirada oscura y sensual. Ese era el plan, siempre lo era. Entretenerme lo suficiente para que olvidara salir y luego de dejarme prendida, abandonarme en la comodidad de mí recamara. Pero esta vez sí que no, hoy no.
— Con Ange – lo dije lo más natural que pude, tratando de evadir su mirada y buscando un punto muerto la pared detrás de él.
— ¿Con Ángela? ¿No deseas quedarte en casa conmigo? — acaricio con el dorso de su mano mi mejilla y luche para no cerrar los ojos y dejarme embrujar.
— He quedado, será otro día.
Me moví rápido, deposite un beso en su mejilla y salí de la casa prácticamente corriendo, me obligue a mi misma a no mirar a atrás porque si lo veía seria la perdición para mí y para mi plan de esta noche. Corrí hasta el garaje y la vi… mi sueño realidad. Quite la sabana que cubría mi moto, la prendí y salí disparada por el camino, no quería que a Edward le diera el suficiente tiempo de salir de la casa y detenerme para no irme en ella, mejor aún, para no ir a ningún sitio.
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— Jacob – deje la moto al final del camino que conducía a su caza, corrí con toda la velocidad y necesidad que mi cuerpo poseía, y me arroje a sus brazos. Me recibió con un cálido abrazo, me levanto y comenzó a dar vueltas, reía como una niña tonta, sentí desvanecer toda la carga que tenía sobre mis hombros estos últimos días.
— Hermosa – repartió varios besos sobre mi cabello, mi frente, se acercó peligrosamente a mis labios y opte únicamente por pegar mi cara a su pecho. - ¿Qué es lo que tienes?
— Nada... nada que yo sepa – me soltó pero mantuvo mi mano junto a la suya, caminamos el pequeño sendero restante a la casa de su padre.
La cabaña era muy pequeña, pero albergaba tanta paz, tanto silencio, que me hacía sentirme muy cómoda. Entre detrás de él, pude oír el ruido del televisor, proveniente de una de las habitaciones, siguió caminando por un estrecho pasillito hasta que llegamos a su habitación. Abrió la puerta y me dejo entrar primero, muchas veces habíamos estado aquí, tengo memorias de este lugares desde que lo conocí, su madre, solía prepararnos galletitas de chocolate, eran deliciosas, jugábamos a cualquier cosa, siempre me hacía sonreír. Me senté junto en una silla que estaba junto a su cama, él se dejó caer sobre ella, manteniendo su cabeza muy cerca de mis piernas, sus ojos negros e insistentes me escrutaban con mucha premura, un sentimiento de incomodidad se apodero de mí cuerpo, pasee mi vista por su diminuta habitación, solo había una pequeña cama individual, un escritorio, una silla de madera y un taburete, una mesa muy cerda de la puerta donde había una vieja televisión, nunca la prendió, de hecho nunca sirvió, solo era meramente decorativa.
— ¿Y, bien?
— ¿Y bien, que? – regrese mi mirada hacia su rostro moreno, sus sonrisa afloro delicadamente entre sus labios.
— Nada, ven aquí. – se hizo a un lado, me levante y muy despacio me recose a su lado, mire al techo. Su cálido cuerpo pegado al mío me hacia sentir extraña. Sé que lo quiero, lo quiero de una manera diferente, no tanto como a Edward y nada parecida a la que él se imagina. Gire y me acurruque en su pecho, cerré los ojos y respire la esencia de su cuerpo,
— Te quiero mucho, Jake. Mucho.
Paso un brazo por debajo de mi cuello, dándome soporte y la otra la deslizo por mi cintura pegándome más. Todo era relajado y en algún punto de todo esto, me quede dormida. Soñaba con todo y con nada, con Edward y su amor, con Jacob y lo que decía profesar por mí y que yo estúpidamente alimente.
— Eres tan hermosa... tan pura e inocente. Te amo. – susurro en mi oído, me removí y él se apartó ligeramente. Lo mire con duda, miedo... ¿Porque decía eso? ¿Porque ahora?
— No lo digas, no. – quise levantarme pero él se aferró más a mí, golpee su pecho para me soltara pero no se inmuto en ningún momento por mis golpes – Déjame.
Sus brazos me ciñeron aún más a su cuerpo, me quede quieta y él también lo hizo, su mirada, el calor de su cuerpo, esos ojos... tan negros y a la vez tan centellantes, sus grandes manos en mi espalda, su tacto.
No sé qué fue lo que paso
¿Qué paso conmigo? – no lo sé en realidad.
Es inaceptable... me doy asco.
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Tenerla tan cerca y a la vez más lejos es un suplicio. Después de haber probado su cuerpo me cuesta mucho mantenerme alejado. Por mi maldito deseo estuve a punto de destruir su vida. Bueno, un bebé no es una destrucción, más bien es la más grande bendición. De acuerdo a nuestra situación, eso no era una buena idea y mucho menos podría aplicar para nosotros dos. Todas las mañana que me despertaba con sus cuerpo desnudo a mi lado, me hacia sonreír... pero esa sonrisa se eclipsaba por el pensamiento de que ella un día podría decir que ha conocido a alguien más, que a él lo ama, que lo único que tuvo conmigo fue un error. Y si algún día llegara a ocurrir, no hubiera nada que la retuviera a mi lado. El altercado que tuvimos ya hace unas semanas con el retraso de su periodo, fue la gota que derramo el vaso. Decidí que debía de estar lejos de ella, por lo menos en el ámbito sexual, darle un respiro, dejar que se acostumbrara a lo que tenemos, también para que pudiera hacerme a una idea de que ella... por ningún motivo podía quedar embarazada. Por ahora. Que tenía que controlar mis impulsos y comenzar a tomar precauciones.
Me fui distanciando de su cuerpo, pero cuando la tenía entre mis brazos, cuando la besaba, cuando sus manos rodeaban mi cabeza y tiraban de mi sensualmente para que siguiera besándola, hacía que fuera todo cuerpo, mi pensamiento desaparecía y mi única misión era enterrarme entre sus piernas, saciar mi pasión y hacerla inmensamente feliz. Pero justo en el límite, lograba recobrar la cordura y me detenía, sabía perfectamente que ella me odiaba por eso, pero no podía corresponderla, ni saciarla. Pero era hombre, y por lo tanto tremendamente celoso, creía que si yo no podía dárselo ella lo iría a buscar, muchas veces me quise golpear por ese estúpido pensamiento, yo la eduque, le inculque valores y no puedo estar dudando de ella y menos de esa manera, de cualquier otra mujer lo haría, pero ella no. Aun así trataba de mantener a raya mis sentimientos cuando acudía a la escuela, por todos los medios ávidos y por a ver, salía de la oficina a tiempo para poder ir a recogerla, llevarla algunas veces al despacho, o con sus abuelo, no la quería sola. Además de que trataba de que no saliera, sonara egoísta pero la quiero para mí, la quiero a mi lado, y ver como a cada día crece, se hace más hermosa y sé que muchos estarán, si no es que ya están detrás de ella. Me aterra.
Seguía sentado en la sala de la casa, esperando a que regresara, había ido con Ángela a sabrá Dios que lugar, y lo que más me preocupaba era que se había llevado la dichosa motocicleta que le habían regalado, aun no logro investigar quien fue el inconsciente y por más que me esfuerce en sabotearla, ella logra repararla; la desaparezco, ella la encuentra; le prohíbo que la conduzca y ella lo hace. Siempre llevándome la contraria, siempre.
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Era la quinta taza de café, las 10 de la noche y ella aun no regresaba, se que solo han pasado 3 horas pero me está comenzando a preocupar, y mucho, deje el periódico sobre la mesa de centro y me puse de pie, camine como un proceso por toda la habitación.
— Le harás un agujero al piso.
Gire un poco y vi a Tanya sentada en el 3re. Escalón. Su cabello estaba ya recogido y al traer un pantalón de franela y una chamarra de algodón, supuse que estaba a punto de irse a dormir.
— No ha llamado.
— Edward, es una chica muy inteligente y sabe cuidarse. Si no te ha llamado es porque está bien y se está divirtiendo. Tenle un poco de confianza.
— Se la tengo, pero a los demás no.
— Déjala crecer, ella necesita su espacio. No puedes tenerla siempre en un capullo, no siempre estarás ahí para protegerla de todos, se lo que sientes por ella y lo que crees que le puede pasar, te repito, es una buena chica, sabe cuidarse. Le enseñaste muy bien.
Sentí sus brazos sobre uno de mis hombros, apoyo su barbilla sobre ellas y suspiro, cruce los brazos y ladee mi cabeza para poder recargarla sobre la suya.
—Estará bien, ve a dormir.
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2 de la mañana
Llame repetidas veces a su celular después de que recibí la llamada de Ángela. Ella nunca había llegado a su casa, no me mintió; si quedaron de verse, pero ella jamás llego.
— Maldita sea, donde te metiste – trate de controlar las ansias de arrojar el celular, lo iba a necesitar si ella trataba de comunicarse
— Tranquilo... – mire su rostro, claramente en el podía ver una mueca de preocupación, sus ojos brillaban y unas pequeñas ojeras marcaban sus ojos, se mantuvo en vela a mi lado después de que llamaran. – A la jodida voy a buscarla.
— Voy...
— Tú te quedas por si aparece, y si lo hace antes de que regrese... no seas tan duro con ella. Por favor.
Tomo las llaves de su camioneta y salió por la puerta principal, después de unos minutos escuche el rechinar de las llantas sobre la grava del camino de salida.
Calvario, el segundo calvario que me hacía pasar.
3 de la mañana.
Escuche sobre el camino un repiqueo de grava, era más leve, las llantas... era ella. Me acerque a las escaleras, cruce mis brazos e intente controlar todo el torrente de emociones que invadían mi cuerpo.
La puerta principal se abrió, y hay estaba ella, completa. ¡Gracias Dios! ... traía la cabeza gacha, su hermosa mata castaña, estaba un poco alborotada y cubría aún más su rostro. Sus brazos rodeaban su cuerpo, se encorvo y espero de pie junto a la puerta.
— Lo lamento
— ...
— Di lo que quieras... dímelo, sé que lo sabes, dímelo.
—... – no entendía sus palabras ¿Qué debía de saber yo?
Levanto su rostro abruptamente, sus ojos y labios estaban hinchados, sus mejillas tenían un tono carmesí, varios surcos de lágrimas se percibían en su rostro, y por todo mi cuerpo recorrió unos escalofríos. Algo le paso.
— ¿Qué sucede? – acorte nuestra distancia y ella se estremeció, intente tomar uno de su brazos y ella se movió evitando mi contacto – Habla... ¿Qué paso?
— Lo lamento... perdón.
Intente tomar nuevamente su brazo, pero ella se removía impidiendo mi contacto. Me estaba cansando, sentía una gran frustración y además tenía miedo. Miedo de que alguien la haya lastimado.
— NO QUIERO QUE ME TOQUES... ¡ALEJATE, ALEJATE! — grito con todas sus fuerzas cuando había logrado acorralarla en mis brazos, se me hizo sentir llamas sobre su cuerpo y la solté me aleje lo mínimo, pero suficiente para que ella se quedara quieta. – No me toques... no lo hagas. Soy una mala persona, muy mala. No merezco que me toques, ni que me ames. – Las lágrimas que se deslizaban de sus ojos me estaban torturando, solo sentía miedo y dolor.
— ¿Pero qué dices? Habla... ¡Por Dios, habla!
—... perdóname. ¡Por favor!
— No tengo... – no sabía qué hacer para que se controlara, algo muy malo debió de pasar – te perdono.
— ¿En serio? – sus lágrimas cesaron momentáneamente se alejó un poco de la puerta y caminando despacio hacia mí.
— En serio. Te perdono, te perdono mi niña.
— Bésame, bésame. Por favor. Bésame. Tócame. Ámame. ¡Por favor!
Se arrojó a mis brazos, no pude evitar apretarla contra mí. Busco mis labios impaciente, y por el torrente de energía que recorría mis venas, le devolví lo devolví con el mismo sentimiento. Se estrujo contra mi cuerpo y no pude evitar... lo inevitable. La levante, acunándola con mis brazos, camine con hasta las escaleras y subí lo más sereno que mis deseos me permitían. Llegamos hasta nuestra habitación, abrió la puerta y la empujo un poco para que pudiéramos entrar. Al rebasar el umbral, sabía que estaba perdido, iba a ceder, lo sabía. Podía soportar cualquier cosa, cualquier tortura, pero verla así de triste y derrotada por algo que se negó a decirme, me partía en cientos de pedazos, y si la única forma de regresar la sonrisa a su bello rostro era, nuevamente resquebrajando mis ideales y pensamientos, lo haría con sumo gusto.
Patee con el talón la puerta, cerrándola tras de nosotros, recordando la dimensión de la habitación llegue hasta la orilla lateral izquierda de la cama, la deposite lentamente, se hizo a un lado dándome el espacio suficiente para que también pudiera recostarme. Y así lo hice
— Prométeme que esta vez no te detendrás
— ¿Y tú me prometes que me contras lo que sucedió?
Parpadee, tratando de estabilizar mi vista a la oscuridad, no lo logre en un grado mayor, pero podía percibir la silueta de su rostro, sentí como sus cálidas manos se posaban en mis mejillas y después sus labios moviéndose lentamente sobre los míos. Me apoye en un codo para poder posicionare encima de su cuerpo, ella abrió sus piernas inmediatamente dándome la cavidad necesaria. Mis manos viajan, tocaban y sentían a mi placer.
— Mi hermosa niña... ¿Qué es lo que te pasa?
— No hables. No preguntes... Solo, hazme el amor.
Decidí apaciguar mis dudas, por el momento. Quería amarla, unir mi cuerpo con el suyo, congregar nuestra pasión, pero aun así tenia miedo, miedo por lo que le habia pasado, por lo que pase después de esta noche. Si ella me lo pedía, si seguía mirándome así, sintiéndome y amándome con esa intensidad, ya no podía negarme. Estaba perdido, lo estoy.
Deslice mis manos por su cuerpo, consiguiendo callar mis labios y concentrarme en hacer lo que ella me pedía. Todo fue rápido, sus ropas combinada con las mías en la alfombra, sus manos en mi espalada arañándome, sus muslos aprisionándome, su boca sobre mi cuello y sus lágrimas bañando mi alma. Quería amarla, hacerla sentir mejor, pero en realidad esto parecía tan vacío, tan carnal, salvaje y animal, nada relacionado con lo que hace tiempo gozamos. Los besos, las caricias y palabras amorosas habían quedado descartados en este momento. Solo me adentraba en su cuerpo por "compromiso", por más que quisiera imprimirle el amor que le profesaba, me era imposible. Era ella, era yo... o éramos los dos, más bien, ninguno de los 2 estaba presente, solo eran don recipientes vacíos de alma.
— Detente... por favor, para.
Sus palabras agudas, punzaron en lo más hondo de mi pecho, intente retirarme pero sus entrañas protestaron cuando lo intente, me aprisionan... me retienen, un gemido salió instintivamente de mi garganta.
— Tengo miedo
— Yo también.
— No somos nosotros, esto no se siente como era... me duele, duele mucho. Soy una estúpida. Muy estúpida.
—Hice lo que me pediste... quiero palabras.
—... por eso no sabe a nada, esto no se relaciona a nuestro amor.
— Nada de esto tiene sentido.
Me tire a su costado y ella no hizo ningún esfuerzo por retenerme, su cuerpo desnudo yacía junto al mio, ambos estábamos inmóviles. En ningún momento nos ínmutamos por el frío o por sabernos exrpuestos uno junto al otro.
— Quiero irme ahora...
Se deslizó a mi costado. Camino gloriosamente y salio de la habitación. Mis ojos se mantuvieron durante unos minutos por el lugar en el que mi alma había escapado. Cerré los ojos durante un momento y en seguida los abrí, continúe mirando el techo. Quería salir detrás de ella, pero también sentía que debía darle su espacio, quería abrazarla, pero a su vez el corazón me dolía. Estaba confundido y eso me perturbaba mas de lo que debería. Me era completamente inconcebible, verme en esta situación. Ya era adulto y por ende tenia o debía de tener mas experiencia en manejar estas situaciones, pero la realidad era que a su lado, todo me parecía una primera vez, ella era una mujer muy delicada y sensible, lo sabía ya que estuve a su lado toda su vida... lo cual lo dificultaba aún más. Yo no debería de estar adentrándome en su cuerpo, besándola, teniéndola a mi lado más allá de lo que es. Se ha dado cuenta, lo ha hecho... esto jamás debió de pasar. Era un hombre y ella ya no podía ser mi mujer, siempre me guie por sus sentimientos y no por mi razón. Maldita sea.
Por primera vez en mucho tiempo, me sentí débil, todo esto se ha salido de control, ya nada depende de mí, esto... lo único que desde hace mucho me había importado y en grado sumo, se me había ido entre los dedos. Mierda.
— Cuídala mucho.
—Edward ¿Qué fue lo que paso?
— Tanya, todo está bien. Toda esta como debió de ser como desde un principio. Cuídala
— ¿A dónde vas?
— Tengo algunos asuntos.
— ¿Cuánto tiempo te iras?
— No lo sé, Tanya. Solo mantenla segura. Que sonría, por favor.
— Adiós
— Adiós
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Me dejo, el me dejo...
Duele, duele mucho, no hablo conmigo... no se despidió, no dijo ninguna palabra. Él lo sabe. ¿A dónde fue? ¿Me odia?
Cerré los ojos e intente retener el gemido de dolor. Se dio cuenta, ya sabe que lo nuestro es un error, que yo no soy buena para él, que siempre estaré pasos atrás, sé que no estoy su altura... pero me ama. O eso es lo que tú creías. Yo creí en su amor, el me ama... lo sé.
Me deje caer sobre las rocas del risco al que siempre solía ir cuando me sentí mal, cuando deseaba estar sola. Sola. Las lágrimas salieron a brotes, estoy sola, el me dejo.
—Renacuajo, él va a regresar. —. tío Emmett. Escuche su voz a mis espaldas, me incorpore deprisa mientras limpiaba mis lágrimas e intentaba mantearlas a raya. – Solo fue inesperado.
Se sentó alado de mí, las aguas de la bahía se meneaban pacíficamente, algo muy raro, las olas que comúnmente aparecían, ahora lucían por su ausencia, el cielo teñido de colores grises y blancos se imponía, el sol, como siempre estaba oculto tras las espesas nubes.
Es que él no sabe, no sabe lo que paso antes de que desapareciera... él no sabe lo que hice. Paso un brazo por mis hombros y me pego a su cuerpo. Las lágrimas salieron nuevamente. Justo ahora lo había perdido todo. Edward, Jacob... los dos me habían dejado.
No tenía el valor para llamarlo, y él no lo había hecho, después de aquella noche, de mi estúpido error, el cual me orillo a perderlos. Al amor de mi vida y a mi mejor amigo. Tampoco podía ir a la reserva a visitar a mis demás amigos por temor a encontrarlo. ¿Qué decirle? ¿Cómo comportarme?
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— Eres tan hermosa... tan pura e inocente. Te amo. – susurro en mi oído, me removí y él se apartó ligeramente. Lo mire con duda, miedo... ¿Porque decía eso? ¿Porque ahora?
— No lo digas, no. – quise levantarme pero él se aferró más a mí, golpee su pecho para me soltara pero no se inmuto en ningún momento por mis golpes – Déjame.
Sus brazos me ciñeron aún más a su cuerpo, me quede quieta y él también lo hizo, su mirada, el calor de su cuerpo, esos ojos... tan negros y a la vez tan centellantes, sus grandes manos en mi espalda, su tacto.
Nuestras ropas fueron desapareciendo, muy pronto quedamos piel con piel, sus ojos me tenían hipnotizada, sus manos me distraían más de lo que deseaba... sus labios recorrieron mi garganta, descendieron de entre en medio de mis pechos desnudos, sus manos los acariciaron cariñosamente, con devoción para luego descender acariciando mis caderas, besos mi estómago... y me dio asco.
- No, no me toques. – tenía entre sus dedos, mi vello púbico. Golpee su pecho y él se separó de mí, cayendo de la cama, me incorpore. Tome una de sus almohadas y cubrí mi cuerpo, me fui encogiendo mientras asimilaba lo que estaba pasando, lo que hice y lo que podía haber hecho.
No era su piel blanca la que se ceñía sobre mi cuerpo, sus largos y suaves dedos no eran los que me tocaban, sus dulces labios no me embriagan de amor, no eran sus hermosas esmeraldas las que me estrujaban el corazón... no es lo mismo.
Jugué, me puse a jugar con su cuerpo, con su alma y su corazón. Me doy asco, confundí todo, lo estoy lastimando y me estoy destrozando. Me miro boquiabierto, cerré los ojos mientras las lágrimas caían por mi rostro. Sentí sus manos sobre las mías, trate de que me soltara pero aun así aferro más mis muñecas. Me jalo y la almohada dejo al descubierto mi desnudes, me jalo aún más y me puse de pie, no podía levantar el rostro ni mucho menos abrir los ojos. Me soltó una mano, y levanto mi rabilla, deposito un beso en mi frente y respiro muy acelerado.
- Eres tan hermosa, inteligente... valiosa, pero no eres mía. Tu bondadoso y bello corazón está con él, lamento haberte orillado a esto, no te desprecies. No lo hagas – sus brazos me sostuvieron mientras sentí que el alma dejaba mi cuerpo.
Ok!
Aquíesta mi trastorno cerebral... si quieren pegarme, lo aceptare U.U
Y del otro capítulo, en el mismo momento que estoy subiendo este, estoy terminando el otro, ya que tuve que mover algunas cosas de este y por lo tanto quedaron algunos huecos en el otro. Y bueno, no tengo fecha segura ya que luego mi queridisima Beta esta un poquitin ocupada y bueno, todavía que me está ayudando no la puedo presionar. Así que, espero que no sea mucho.
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** Reviews Si Los Merezco**
((JHG))
