Nota de autor: Perdón por haber demorado tanto, pero tuve un verano difícil, lleno de perdidas. Mi abuelo murió en febrero y después de eso fue un tanto difícil encontrar palabras, encontrar coherencias para poder seguir la historia, necesitaba puentes que me ayudaran a conectar las ideas, pero no los encontraba por ninguna parte.

No es el mejor capitulo, por lo que les dije anterior mente, pero espero que lo disfruten, la próxima vez me esforzaré un poco más.

.

Lección 14

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

.

-Pensé… que Hiragizawa… -Tetsuya mordió sus labios y cerró sus ojos. Estaba frustrado.

-Tranquilo, tranquilo… son solo magulladuras yo…

La frente de Tetsuya chocó con la suya. Él no abrió los ojos y ella sintió deseos de cerrar los suyos por el contacto.

La cercanía del rostro de Inokuma no le molestaba… la respiración de Tetsuya en su cara no la asustaba, estar así con él era tranquilo.

-Tuve mucho miedo Sakura… por favor, no vuelvas a hacerlo.

-Estoy bien –murmuro ella.

-Bien, entonces te llevaré a casa –Le dijo sin mirarla mientras la tomaba de la mano.

-Está bien.

No protestó por el arranque autoritario de Inokuma, no quitó su mano de la de él. Porque desde el primer contacto Inokuma no paraba de temblar. Él realmente había tenido miedo y ella era incapaz de dejarlo sólo.

-Mataré a ese maldito -Había murmurado mientras caminaban.

Seguramente no tenía intenciones de que ella lo escuchará, pero había escuchado de todas formas y sintió temor por como decía esas cosas, con tanto odio.

Por primera vez se sentía intranquila estando con Tetsuya, por primera vez sentía miedo de sus acciones… ¿Tan malo había sido? Era un golpe menor y no le había pasado absolutamente nada.

Poco a poco, mientras caminaban los temblores de Inokuma se detuvieron.

Vio como agarraba su cabeza con frustración.

-Lo siento… debo… debo haberte asustado

Ella no dijo nada, la verdad es que no tenía nada que decir.

-Realmente, me desesperé al saber que habías peleado con Hiragizawa, que te había golpeado otra vez…

Inokuma no hilaba bien las ideas, parecía ansioso. Vio su rostro desde donde estaba, aún ahora era la desesperación la que inundaba todas sus facciones. Se conmovió con él y se agarró a su brazo.

-Estoy bien –Le dijo mientras sonreía -fuerte como un roble.

El rio desganado.

Seguramente, el asunto de Hanako lo tenía nervioso y esto había sido una escusa perfecta para explotar.

-Cuando estés en casa, deberás llevarte la motocicleta, a mi hermano casi le da un infarto cuando supo que había montado una el día de ayer.

La risa de los dos llenó el espacio, al menos por fin las cosas se habían calmado. Y el cuerpo de Tetsuya estaba menos tenso.

Así era como Inokuma debía estar, así era como ella le quería ver.

-.-.-.-

Seguía ahí, debajo de la regadera después de aproximadamente 10 minutos.

No quería salir de ese lugar, no quería sentir el deseo de salvarla, de retenerla… de cuidarla.

Se quedaría ahí, en ese lugar oscuro, donde el agua golpeaba su cabeza y comenzaba a sentir el frio en su espalda.

Nadie había ido a recoger sus cosas, aún cuando seguramente las clases ya habían terminado. Le tenían miedo, temían encontrarse con él y eso no era algo que le molestase completamente, de hecho, así podía estar solo.

-Eriol –Escuchó murmurar tras su espalda.

Era Mamoru, seguramente pensaba cumplir su buena acción del día "rescatándolo" de la maldita situación en la que estaba y en la que todos lo habían visto llegar. Lo que Mamoru no sabía, era que él no quería salir de ahí, no quería ser rescatado.

No le respondió.

-Creo que lo mejor es que salgamos de aquí, la gente comenzará a hablar y eso no es bueno para tu reputación, tu padre…

-Cállate –dijo con voz ronca mientras apoyaba la palma de su mano en una de las baldosas. El sonido de sus manos al chocar se escuchó como una amenaza.

La voz de Mamoru era molesta. No le interesaba su maldita reputación en esos momentos, mucho menos su maldito padre, autoritario y egoísta.

-Vete de aquí Mamoru –Le dijo disminuyendo su tono de voz. Ya no quería pelear sólo quería que se fuera.

Quizás su respuesta blanda y sin energía impulso el coraje de Mamoru y le dio la confianza para hablar más de la cuenta, o tal vez la posición patética en la se encontraba le había despojado de el aura amenazante y agresiva que mantenía a raya la estúpida boca de Mamoru, como sea que fuese las palabras que salieron de la boca de Mamoru no hubiesen sido dichas en ninguna otra situación.

-¿Que ha pasado Eriol? tú no eres así, Kinomoto… ella parece que…

Se volteo con rapidez. El agua escurría por los mechones de su cabello.

La mención de ella definitivamente alteraba su cuerpo.

Después de eso, no supo muy bien como miró a Mamoru, pero la expresión de arrepentimiento, desesperación y miedo que reflejaba el rostro de él le hizo entender que su cara no debía ser para nada amistosa. Eso era algo bueno. Ahora Mamoru se iría de ahí.

Volvió su cabeza hacia las baldosas… sólo quería estar sólo. Sintió los pasos de Mamoru alejarse, no tenía derecho a cuestionarle, mucho menos a insinuar algo acerca de Kinomoto.

Apagó el agua que caía de la regadera y sintió el frio abrasar su cuerpo.

Quería intentar mantener su mente en blanco, cuando pensaba en algo, ella inundaba toda su cabeza.

Secó su cuerpo y cambio sus ropas.

La cabeza le dolía, quizás había estado demasiado tiempo metido en las regaderas.

Recogió sus cosas y salió de ahí lo más pronto posible. No quería recordar el incidente, el rostro de Kinomoto, su descontrol, las palabras del maldito de Li, todo eso generaba únicamente desconcierto, una enmarañada masa de sentimientos inestables, que lo llevaban de la desesperación a la culpa.

Fuera del colegio el coche de su padre lo esperaba con Kakurosu dentro, puntual como siempre. No recordaba una vez si quiera en la que Kakurosu hubiese llegado tarde.

Abrió la puerta del coche y tiró su bolso tras de él. Hacía mucho tiempo que no había abierto la puerta por sí mismo cuando estaba el chofer dentro del auto, pero hoy no tenía deseos de esperar.

-Buenos días señorito Hiragizawa.

El respondió con un murmullo de sus labios.

-Llévame a casa Kakurosu.

-No desea ir a ningún otro lugar, señor

-Sólo, sácame de aquí rápido.

-La señora Margareth está en casa.

No sabía porque era que se lo había dicho, pero para él había sonado como un aviso de alerta.

Margareth era su madre y como a su padre, la odiaba desde la profundidad de su corazón.

-Entonces llévame a casa de Maho.

La compañía de su madre era cruda. Cada vez que había pensado acercarse a ella el narcisismo de Margareth tiraba por el suelo el amor de madre y lo tomaba a él como extensión de su propio cuerpo, para jactarse de sus triunfos.

Cuando él era listo, cuando él era poderoso ella se vanagloriaba y le absorbía, sin quererlo a él, sin apreciarlo realmente, simplemente exhibiéndole, como se exhibe un objeto valioso, uno que ha costado mucho conseguir.

Estar con ella era la chispa que hacía arder la pólvora de su humor. Y hoy no tenía ánimos de pelea. Es por eso que no podía llegar a su casa. Por eso, pasar tiempo en la casa de Maho parecía ser la mejor idea, ella jamás rechazaría su visita.

-Kakurosu si mi madre pregunta, dile que no sabes dónde estoy, que hoy te he pedido que no fueras al colegio por mi.

-Está bien señorito Hiragizawa.

Bajo del auto. La tarde estaba helada, su cabello aún no secaba por completo.

Antes de que pudiese tocar el timbre del portón, vio como Maho abría la puerta de su casa. Casi como si le hubiese estado esperando desde la ventana.

Ella presionó el botón que abría la restricción que le quedaba y el portón se abrió delante de sus ojos. Casi al mismo tiempo ella comenzó a acercársele con astucia. No le hablo, su cuerpo parecía hablar por ella y sus ojos le invitaron a entrar.

Maho sentía por él una necesidad enfermiza que lo hacía sentir poderoso.

Entraron a su casa, al parecer estaba vacía, lo notó en el instante en que las manos de ella lo dirigieron al salón. Cuando estaba en casa de Maho y sus padres estaban presentes, las manos de Maho siempre lo llevaban hasta su habitación.

-¿Y tus padres?

-No lo sé –Dijo mientras se acercaba a su cuerpo y lo envolvía con sus finos brazos embelesadoramente. -Por qué no habías venido Eriol –Le susurró cerca de su oreja.

-No hagas preguntas estúpidas Maho ¿Estoy aquí ahora o no? Eso es lo que importa.

Dijo él mientras tomaba el control de la situación y ponía su mano entre sus cabellos para poder aprisionar su nuca y atraer su cuello hasta sus labios. La fuerza de sus pies la obligó a descender hasta el sofá.

El cuerpo de Maho era atrayente, su olor era dulce… deseable.

Pese a que siempre usaba sus atributos para parecer segura y poderosa en el colegio, su cuerpo se desasía entre sus brazos, sumisa y obediente…

Sintió un agujero en su pecho tan pronto como los labios de ella encontraron los suyos en una búsqueda desesperada y hambrienta. Intentó calmar esa sensación, que antes se llenaba con el cuerpo de Maho, con impaciencia y desesperación, deseo impregnarse en ella tanto como fuese posible para que ese agujero que nacía entre sus costillas fuese llenado, sin embargo parecía crecer con las caricias, crecer con los besos de esa mujer… con su aroma…

La soltó tan pronto como pudo, sin sutileza alguna.

Ella le miró desconcertada.

Lo bueno con Maho era que cualquier cosa servía cuando él quería dar una escusa.

-Tengo hambre. No he ido a casa. –soltó sin más.

Ella sonrió otra vez. Había funcionado perfectamente.

-Espera aquí ordenaré que te traigan algo.

Tiró su espalda en el sillón. La angustia no venía bien con él, jamás había aprendido a controlarla. Se escapaba por los agujeros resquebrajados de su conciencia y surgía como cosas brutales, agresivas.

-¿Qué prefieres comer?

-Lo que sea Maho, solo hazlo rápido.

-Está bien –Dijo ella con una sonrisa y salió del lugar.

En cuanto ella dejó la habitación, su celular vibró en el bolsillo de su pantalón.

Era Margareth.

Sus dedos dudaron entre aceptar el llamado o rechazarla antes de que vibrase una vez más.

Sus deseos de no aceptar el llamado eran desbordantes sin embargo eso significaría una hora de discusión y lloriqueos de la descontrolada Margareth y como había dicho anteriormente, hoy no era un buen día para entablar una discusión.

Tan pronto contestó el teléfono la voz chillona de esa mujer que era su madre se escapó de los auriculares y taladró sus oídos.

-¡Eriol! Te hemos estado esperando, tía Natja quiere verte, le he comentado que has estado yendo a las reuniones de tu padre, esta asombrada...

Dejo de escuchar desde ahí, su madre lo hastiaba, lo molestaba a niveles catastróficos, pero había aprendido a mentir tan bien gracias a ella.

Volvió a colocar el teléfono en su oído.

-Lo siento, madre. No sabía que estabas en casa. Creí que regresarías de Inglaterra en unos meses más.

-Entiendo, pero ya es hora de que vuelvas Eriol, mamá y tía Nadya quieren ver lo apuesto que te has puesto en estos meses.

-No te preocupes, iré enseguida.

Maldita sea. Su madre era como una cría.

Cerró el teléfono. Tendría que volver a la mansión. Cómo es que había conseguido su nuevo teléfono, ni siquiera su padre lo tenía.

Le dolía la cabeza, detestaba que su madre estuviera en el mismo país que él.

Agarró su chaqueta y su bolso. Cuando esa mujer quería algo, negárselo era como hacer llorar a un bebe.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Estaba ahí, frente a la casa de Kinomoto. Eran las 4:58 de la tarde, había llegado dos minutos antes.

Acomodó el bolso en el que llevaba los papeles para el ensayo.

Estaba nervioso, no había llamado a Kinomoto para avisarle que iría por que no había podido marcar su número.

Después de salir del colegio el camino a casa con Tomoyo había sido tortuoso, el recuerdo de lo brazos de Inokuma en Kinomoto lo mortificaban y no cesaban.

Demonios. Se había convertido en un muy mal amigo.

Por qué demonios pensaba en eso cuando ella… cuando ella podía estar herida por su soberana terquedad.

Kinomoto era astuta, pero cuando ella mostraba su lado obstinado, podía llegar a ser muy estúpida.

Sus pensamientos sobre Kinomoto eran casi siempre demasiado dispersos, demasiado desordenados, demasiado tormentosos. Como ella.

Pese a eso una cosa era innegable, él aún, estaba preocupado por Kinomoto.

Tocó la puerta de entrada. El hermano de Kinomoto salió raudo, notó como su ceño se frunció en cuanto lo tuvo en la mira. Él era temible, sin embargo y pese a que en ningún momento tuvo una actitud demasiado cercana hacia él, sentía un poco su cercanía, casi como si fuesen de alguna manera, parecidos.

Le dejo entrar con fría cortesía.

-Sakura, llegó alguien a verte. –Le escuchó decir.

Después de unos segundos Kinomoto bajo con calcetines de lana, un short que seguramente era su pijama, un chaleco que adivinaba era de su hermano, su cabello revuelto y el pómulo derecho marcado de rojo porque seguramente se había quedado dormida sobre la cama.

Sonrió cuando ella abrió los ojos de la impresión al verlo ahí bajo la escalera. Si conocía a Kinomoto, y creía hacerlo, seguramente se había quedado dormida y había olvidado por completo la reunión.

-¡Li! –Dijo ella asombrada y entonces no pudo parar de reír. Porque sus mejillas se habían sonrosado y ella había corrido hacia arriba a cambiarse seguramente.

Con Kinomoto, la risa salía fácil era espontanea algo que ni se planeaba ni deseaba ser planeado.

Caminó hacia el sofá, sabía sin que ella lo dijese que tendría que esperarla y pese a que siempre le habían molestado los imprevistos como este se sentía extrañamente divertido. Quizás por la reacción de Kinomoto, quizás porque había descubierto que estaba bien, que no había ni pisca de dolor al caminar, que podía subir la escalera impecablemente rápido.

Ella bajo sin el pijama, con unos jeans y una polera, bastante corriente pero se veía bien, Kinomoto pese al desorden en su cabeza y la poca prolijidad, siempre se veía bien.

-Lo siento –Le dijo ella con los ojos fuertemente cerrados –Se me ha olvidado por completo.

-Sí, no es como que tengas una mente demasiado espaciosa.

-Eres un…

-Como estás –Le dijo de pronto, antes de que ella arremetiera a su ataque.

-¿Con respecto a qué? –Preguntó ella aún un poco molesta.

-¿Tu cintura, cómo está? Tomoyo me dijo que los golpes no fueron severos pero…

-Está bien, no ha sido nada. Los remedios me han dado un poco de sueño, pero no ha sido nada.

-No debiste haberte enfrentado a Eriol.

-¡Otra vez! –Le gritó ella enrabiada –No puedo temer acercarme a Eriol toda la vida, eso sólo le hace pensar que es una especie de persona superior imposible de tocar.

-Pero es estúpido darle una oportunidad tan buena Kinomoto.

Ella lo miró por el rabillo del ojo, no quería dar su brazo a torcer, pero sabía que tenía razón

-Está bien, lo entiendo, estuvo mal. Pero puedes entender que no quiero que ese enfermo retorcido piense que es superior a mí en ningún aspecto.

-Pero él fue superior, te dejo en el suelo. Entiende, no siempre es bueno ir de frente.

-Y no siempre es bueno ser tan calculador ¡déjame ya! Sólo porque tú pienses detenidamente en todas y cada una de las consecuencias antes de hacer las cosas, no quiere decir que yo tenga que hacer lo mismo, no quiero ser tan aburrida.

Y ahí estaban, peleando otra vez. Él no dijo nada y ante el silencio sintió la mirada verde sobre su rostro, la vio, tenía las mejillas rojizas por la vergüenza.

-Lo siento… no quería.

-Está bien Kinomoto ¿No es esto lo que nos decimos siempre?

-Si

La verdad es que siempre peleaban, siempre se desacreditaban, al principio era divertido pero las ironías estaban siendo un poco dolorosas ahora.

-Quizás deberíamos cambiar eso, después de todo creo que ya somos amigos, no puedo explicar de otra manera el hecho de que me importe verte casi muerta por la espada de Hiragizawa –le dijo con una media sonrisa.

El rostro de ella pareció ser fluorescente. Se volteó inmediatamente y caminó hasta la escalera.

Ver a Kinomoto avergonzaba, era extraño pero lindo.

-Aunque seas un tempano, también eres mi amigo. –Sólo podía ver su pequeña espalda desde donde estaba, pero avanzó para acercarse. –Ahora deja de hablar estupideces y vallamos arriba.

De alguna manera, ser su amigo se sentía bien, era como una luz a la libertad, la personalidad de Kinomoto, las cosas que pasaban alrededor de ella, absolutamente todo era embelesador y de alguna forma extraña, Kinomoto parecía encandilarlo.

-.-.-.-.-.

¡Oh dios! ¡Oh dios! ¡Oh dios!

Li estaba subiendo las escaleras junto con ella justo ahora.

Demonios como podía haber olvidado algo tan importante. Todo había sido por esas malditas pastillas.

Estaba nerviosa, demasiado nerviosa como para mirarlo.

Cuando peleaban, cuando no se decían la verdad y ella se permitía ser sarcástica, todo era tranquilo, pero cuando tenía que hablar sin esa defensa de por medio los nervios la consumían y el sentimiento de culpabilidad dentro de su pecho se expandía por su cuerpo como la viruela.

Abrió la puerta de su habitación. Su estomago daba vueltas, si tuviese ese maldito computador en cualquier otro lugar hubiese sido mucho menos incomodo.

-Creí que sería más desordenado.

-La verdad es que tampoco he ordenado demasiado.

-Pero pensé que sería más… no lo sé caótica.

La verdad es que había ordenado un poco cuando se había subido a cambiar.

-Y bien ¿Qué es lo que tienes?

-No demasiado, he leído lo que me has enviado, pero creo que aún… no lo sé falta un poco más, quizás algo más complicado no me vendría mal, juro que no me enredare ni malinterpretaré la lectura.

Li sonrió. La sonrisa de Li era tenue, casi imperceptible, sólo cuando su sonrisa se convertía en risa o burla podía ser notada claramente pero ella había aprendido a reconocerla, poco a poco estaba aprendiendo cosas de Li que le gustaban… que le eran agradables.

-¿Que pasa Kinomoto?

-Nada –Se apresuró a responder mientras recogía los resúmenes que había hecho el día anterior. Debía controlarse, ver a Shaoran casi con adoración no era la mejor manera de alejarse completa y rotundamente de él.

-Valla… has leído bastante

Bien, valió la pena haberse sacrificado leyendo todos esos malditos libros, no le gustaba parecer estúpida y de ninguna manera parecería menos que Li. Cuando su espíritu competitivo salía a flote era más sencillo hablar con él.

Pasó más de una hora antes de que él decidiera que podían tomar un descanso, eran las seis y media de la noche.

-Eres un tirano.

-Y tú eres demasiado lenta.

Ella infló sus cachetes. No era lenta en absoluto.

-Al final ¿En qué equipo te quedarás?

-A que te refieres –Dijo mientras dejaba los papeles que habían desordenado a un lado. Necesitaba un respiro. Tiró su cabeza sobre la mesa.

-A la clase de Gimnasia.

-La verdad no he decidido aún, tengo los máximos puntajes en tres de las competiciones, me gusta el atletismo pero tiro con arco no esta tan mal.

-Yo tengo la posición en artes marciales, los cupos estaban llenos por eso no los hicieron competir.

-Valla, no pensé que fueras de esas personas.

-Hay muchas cosas de mí que no sabes

Sí… había tantas cosas que le gustaría saber, pero en las que no debía entrometerse. Lo miró desde el otro lado de la mesa. Ciertamente no debía.

Entrometerse sería hundirse más en el entuerto que se convertían los sentimientos que tenía por Li, tanto que seguramente le sería imposible salir de ahí y terminaría con más dolor del que podía aguantar.

Shaoran bostezo y fue la primera vez que lo vio cansado. Él seguramente tenía que cargar con mucha presión, con muchas responsabilidades tantas que había olvidado divertirse, pero jamás lo había visto cansado.

-Estás bien, quieres que traiga un café, luces agotado. –dijo mientras se incorporaba preocupada.

-Gra… gracias –respondió -pero solo estoy un poco cansado, ha sido un día agitado.

-Creí que irían con Tomoyo al centro comercial, a ella le hacía mucha ilusión.

Calló inmediatamente, hablar de eso era casi un suicidio a todos sus nervios. Era una estúpida, su boca hablaba por si sola algunas veces, cosa que había heredado de su madre según su papá.

El silenció de él la incitó a inspeccionarlo. Se percató de sus ojos pensativos… profundos, como si contuviesen un mar de preocupaciones en ellos.

-Tuve algunas reuniones, no pude ir y… ella ¿En verdad quería ir?

Sabía que no tenía que haber dicho nada. Su preocupación era dolorosa. Ella se lo merecía, se merecía la preocupación y el cariño de Li, pero a veces era egoísta otra vez, muy egoísta.

-A mi me lo pareció al menos.

Vio sus ojos descender al suelo. Pudo percibir su corazón latir de manera acelerada. Su pecho dolía.

Deseó que le dijera acerca de su relación con Tomoyo.

Deseó que se lo gritase en el rostro a todo pulmón, que se lo vociferará, tal vez si escuchaba eso que sabía por qué sus propios ojos habían sido testigos de tantos gestos y tantas miradas de complicidad, si su boca hablaba y a sus oídos llegaba la voz de Li afirmando que quería a Tomoyo, que estaba con ella y que daría cualquier cosa por hacerla feliz su estúpido corazón dejaría de palpitar tan descontroladamente por él, y sus ojos se cegarían a eso que estaba prohibido.

- ¿Tú… estás con Tomoyo verdad? –Tapó su boca tan pronto esas palabras salieron.

Pese a la vergüenza y al temor pudo ver las mejillas encendidas de él y sus ojos contrariados, debatientes. ¿Cómo demonios esperaba que no se hubiese dado cuenta? No eran demasiado discretos.

-Yo…

Demonios ya no quería escuchar.

Se levantó de ahí, verlo… ver su rostro dudoso, sonrojado y nervioso era molesto, era doloroso. Fingiría buscar algún libro pero no diría una palabra porque pese a que no quería escuchar, pese a que era doloroso y molesto estaba haciendo lo correcto, él estaba con Tomoyo… no quería ser una molestia, quería ser fuerte, quería castigarse por eso… ¿esa era su verdadera intención?

-Yo…

¿Por qué demonios le costaba tanto decir la verdad? ¿Tan difícil era decir cualquier cosa? Tan vergonzoso era para él tener novia.

-Siempre admire a Tomoyo… estamos juntos en la misma clase desde que ella tenía cinco años, la vi crecer, la vi convertirse en esa mujer hermosa… sofisticada… no pude evitar…

Dios… ya no quería escuchar todo eso, se paró de la mesa para ordenar lo que había dejado hace un momento.

-Desear esta con ella… era casi natural pero…

-Creo que lo he entendido todo, eres un romántico –Le dijo sin mirar hacia él porque la verdad es que se le hacía imposible justo en esos momentos sonreír de manera natural… aún cuando había practicado más de la mitad de su vida esas falsas sonrisas, todas se habían quebrado… todo el arsenal que le enseñaba como actuar se destruía con las palabras de Li, con las palabras de alabanza… que la hacían estúpida, que la hacían celosa y culpable.

Agarró fortaleza de donde le quedaba e imitó una voz tranquila una voz que no había sido perturbada, para decirle de manera agradable, lo menos sentimental posible que era tarde y que quizás era hora de que se fuese.

-sí… -Lo escuchó asentir después de un rato -es verdad.

Estaba nervioso, podía intuirlo.

Sólo cuando sintió que se volteaba ella se giró.

Li no se dio vuelta para mirarla y pese a que aquello era extraño, en esos momentos no le tomó importancia, porque lo agradecía, lo agradecía encarecidamente, si él veía su rostro y sus ojos llorosos no habría forma en la que no se diese cuenta de su tristeza.

Dejó a Shaoran en la puerta. El la despidió rápidamente y siguió sin subir la mirada, sin descubrirla…

Pronto todo lo que hubo en ese lugar, fue el sonido de la puerta.

El corazón se le oprimía dolorosamente.

Necesitaba tomar un poco de agua.

Subió por las escaleras hasta el baño.

Se sentía como una estúpida, se sentía realmente defraudada de lo estúpida que podía ser.

Acunó sus manos para tomar agua, pero antes de que llevase a cavó la acción, el espejo, revelador y problemático le mostro que sus ojos estaban repletos de lagrimas, que lloraban tristezas…

Porque tenía que ser así la primera vez que le gustaba alguien.

Inokuma había tenido razón, el amor… era doloroso.

Volvió a su habitación con el cuerpo más pesado que nunca.

Intentó ordenar las cosas que habían desordenado pero más pronto que tarde se dio cuenta del pequeño bultito que descansaba sobre la mesa de centro.

Se acercó a él y ahí estaba, pulcro y solitario… el i-Phone de Li.

Tal vez lo había molestado con su estúpida actitud, seguramente por eso se había ido demasiado rápido.

Su mano se deslizo sobre el teléfono, de pronto se encontró deseando leer sus secretos… de ver el interior de Li.

Quizás tendría fotografías de Tomoyo… de la risa de ella… de momentos juntos ¿Seguramente habría más de esa admiración que él sentía por ella, en ese lugar? ¿Su personalidad compulsivamente ordenada se reflejaría en ese pequeño aparato también? ¿Habría parte de él vertida en esa pequeña pantalla? ¿Guardaría esa memoria cibernética su sarcástica manera de ser… su sonrisa imperceptible… el movimiento rebelde de sus cabellos…?

Alejó su mano del teléfono como si este fuese agua hirviendo.

Parecía una de esas chiquillas estúpidas, a las que la única neurona funcional les hablaba del amor romántico por un chico hermoso.

Respiró hondo y se tiró sobre su cama… era tan difícil no pensar en él. No sabía cómo desterrarlo desde dentro.

Le gustaba, le gustaba de una manera extraña, de una manera magnética.

-Sakura, te buscan. –Era Toya que la llamaba con ese tono característico de cuando algo lo cabreaba completamente.

Su corazón se aceleró rápidamente. Sería que Li había ido a recoger su i-Phone.

Se levantó de un salto de la cama, ordeno su cabello rápidamente y bajó a toda velocidad. La esperanza de verlo nuevamente, sin que sus ojos estuviesen a punto de volverse líquidos, la hacía sentir la ansiedad a flor de piel.

Sus hombros descendieron cuando llegó a los pies de la escalera.

Había sido estúpida, por qué demonios esperaba que fuera Li.

-¿Qué sucede Saku? ¿No te alegras de verme?

Claro que se alegraba, era sólo que no ver a Li ahí, la había decepcionado.

-No digas estupideces Tetsuya. Es sólo que me has sorprendido.

-Pasaba por aquí y… quería saber si querías acompañarme a comprar una de esas sopas que me diste el otro día. No sé dónde encontrarlas y papá las quiere probar.

Tetsuya estaba mintiendo, el podría haber mandado a cualquiera de sus empleados, el estaba ahí por ella y sus hermosos ojos azules lo delataban completamente. Sonrió por una esquina de los labios y se acercó a él.

-Que sucede Saku, estás… estás

Demonios porque se sentía tan vulnerable.

-Yo… sólo espérame un segundo, buscaré mi abrigo y estoy contigo inmediatamente.

Afuera estaba helado. Hacia frio. Se dio vuelta la bufanda que traía en el cuello y abotonó completamente su abrigo.

-Creo que nevará pronto… -el cielo estaba oscuro… el olor del invierno se inmiscuía en el aire… frio… triste

-¿Por qué lloras de nuevo Sakura? –Preguntó Inokuma mientras caminaban, mientras la observaba y vigilaba por el rabillo del ojo.

Tocó sus ojos… estaban secos. Inokuma estaba mintiendo.

Lo miró con burla, por qué decía algo como eso ahora.

Sin embargo los ojos azules y sinceros de Tetsuya parecían no mentir, eran completamente serios. Lo volvió a mirar. Él no estaba bromeando.

-¿Qué cosas dices Inokuma?

No volvieron a decir nada en unos cuantos minutos. Inokuma parecía meditabundo, reflexivo… y ella no tenía nada en su repertorio para sacarlo de ese estado.

Cuatro cuadras más allá él paró su andar, estaban cerca del parque en el que Touya la llevaba cuando tenía seis años…

La nieve había comenzado a caer y en el cabello de Tetsuya se veía más brillante… su aliento se hacía corpóreo con la helada tarde y la luz de los faroles iluminaban las calles haciéndolas destellar con tenuidad.

Poco a poco, casi tan lentamente como descendían los copos de nieve al cemento, la mano de Inokuma se dirigió hasta su rostro… temeroso, cauto.

-No lloras lagrimas… lloras tristezas en tu expresión Sakura… que ha pasado, ¿Es que Hiragizawa te ha hecho algo?

-Yo no… -su corazón se le oprimió con dolor. –No estoy llorando… yo… -las lagrimas comenzaron a caer despacio por sus mejillas –yo no quiero llorar, no quiero estar triste yo… -escuchaba sus propios sollozos y estos la hacía sentir más débil, más vulnerable… más estúpida.

Quería levantar la cabeza, quería secarse las lagrimas con la manga de su abrigo… quería dejar de parecer tan débil…

Pero antes de que pudiese hacer cualquiera de las cosas que estaba pensando, antes de encerrar las lágrimas en su cuerpo, de enterrarlas y luego verlas germinar en tristezas y dolores, los brazos de Inokuma la rodearon.

Tardó unos segundos antes de darse cuenta, que los brazos de Tetsuya hacían que su pecho ardiera con una sensación extraña, que se agitará por las lagrimas que ya no podía contener, porque había decidido no soltarse de él, porque había preferido rodear su espalda a limpiar sus acuosos ojos.

-Tranquila… estoy aquí Sakura, todo estará bien.

Esas palabras… simples palabras.

Pero estar, no era tan fácil como se pensaba, estar requería de esfuerzo, de dedicación y Tetsuya siempre estaba para ella, siempre…

Más y más lagrimas cayeron de sus ojos… era difícil controlar la corriente de emociones que se había desbocado con ese gesto tan sencillo.

-Yo… soy estúpida, una amiga perversa, detestable.

Era la primera vez, que su boca decía las cosas que tantas veces había pensado.

-No lo eres

Por qué tenía que ser tan bueno con ella, por qué cuando él sabía que no merecía eso, no merecía ninguna de sus palabras ella… era realmente retorcida.

-Yo no quiero quererle, no quiero.

Pero era tan difícil…

-No podías evitarlo

-Quiero que salga de mi cabeza –sollozó apoyando su cabeza sobre el pecho de Inokuma. –Quiero dejar de pensar en él, de desear su presencia, quiero…

-Lo sé, lo entiendo –Tetsuya la estrujó entre sus brazos, con dulzura, con firmeza, una firmeza dulce, protectora, arrolladora.

Tetsuya, había pasado por tanto, tanto que seguro era imposible intentar siquiera imaginar la sensación que tuvo que vivir, porque lo habían engañado, porque creía haber sido amado y se habían burlado de él y destrozado su corazón.

Era tan egoísta, tan egoísta al aceptar que Tetsuya cargará con su dolor también… y ella no quería ser así, ya no quería… no quería ser como antes, como cuando su voluntad se había quebrado por un montón de halagos, por promesas de perfección.

-Perdóname, yo no quiero… lo siento mucho Tetsuya esto debe ser muy malo para ti y yo… -Se froto los ojos con las manos y el rostro de Inokuma, serio y atractivo, pareció pedirle que dejase de hablar.

Ella obedeció, porque no confiar en Tetsuya parecía ser algo incorrecto.

-Eres realmente hermosa –Miró los ojos de él, perdidos en su rostro. Realmente hubiese deseado enamorarse de Tetsuya.

Su mano en su rostro otra vez… firme, cálida.

Puso sus manos sobre la de él. Era realmente grato sentir su apoyo. Cerró los ojos pero pronto sintió la respiración de Tetsuya tan cerca que tuvo la intención de abrir los ojos nuevamente, sin embargo, antes de que pudiera hacerlo los labios tibios de Inokuma se encontraron con los suyos, en un movimiento lento, suave, casi como si fuera rítmico.

Su cabeza se nublo inmediatamente… La sensación de los labios de Tetsuya sobre los suyos no era desagradable, no era asquerosa como había sido con Hiragizawa, era cálida, era segura.

Y entonces por fin la soltó y el frio se filtro entre sus bocas para alojarse en su pecho. No podía decir una palabra. Porque su interior estaba revuelto.

¿Por qué la estaba besando Tetsuya? Él era… su mejor amigo, y por alguna razón no le parecía tan malo.

-Yo… no –Vio como Tetsuya se agarraba su rubia cabellera con frustración y luego como se acercaba para tomarla de sus hombros. Lo escucho gruñir –Lo siento… yo no quise… bueno al menos no sin tu consentimiento, de verdad, yo no…

Y entonces se dio cuenta, él estaba desesperado… absolutamente y completamente desesperado, tanto, que era imposible creer que la persona parada frente a ella era Tetsuya.

Rió, rio con gracia y entusiasmo. Estaba nerviosa, tanto como él y no quería hablar… hablar podía echar algo a perder y eso era algo que en esos momentos no podría soportar.

Y entonces, la risa de él la salvo por un segundo, la rescato del entuerto de emociones, de emociones nuevas y enmarañadas que se creaban tan rápido y fácilmente después de lo que él había hecho.

Pero el alivio pareció durar demasiado poco, porque cuando las risas acabaron, cuando el silencio los venció, las palabras de Inokuma atravesaron su cuerpo con una nueva conmoción.

-Úsame, si quieres olvidarte de él se mi novia, utilízame.

-.-.-.-.-.-.-

La nieve seguía acumulándose a su alrededor.

El aire helado traspasaba sus ropas, no traía ropa de invierno, jamás pensó que comenzaría a nevar ese día.

Apretó sus manos. El frío taladraba sus huesos, se colaba a través de su piel y hacía crujir sus nudillos.

Siguió caminando entre la gente. Quería salir de ahí rápidamente, si no se alejaba lo suficiente sentiría el deseo irracional de volver a ese lugar, de hacerse visible y reclamarle a ella alguna cosa, cualquier cosa… sólo reclamarle.

Antes de que pudiera evitarlo, los recuerdos llegaron a su cabeza nuevamente, y el estomago se le apretó, su pecho cosquilleo con una sensación dolorosa, ilógica.

Se dejó caer sobre una de las bancas que estaba en el camino. Había sido una muy mala idea volver a la casa a Kinomoto.

Mucho peor había sido, haber vuelto caminando, si tan sólo hubiese tomado un taxi… o llamado a su chofer…

Intentó ordenar sus ideas, ordenar su cabeza, pero las sensaciones eran extrañas, eran dolorosas… confusas. La sensación desgarradora de su cuerpo, expandiendo dolorosamente para enterrarse entre sus costillas y apretujar su estomago, lo mantenían con la mente ocupada… con en esa idea tortuosa.

-Demonios.

El había echado a correr después de eso… había comenzado a andar en sentido contrario arrancando… huyendo. Pero el dolor, el enfado y la rabia le habían perseguido y alcanzado y ya no sabía cómo dejarlos atrás. Correr no había funcionado.

Y ahora estaba ahí, sentado en esa banca que había encontrado durante su huida, sintiéndose un estúpido y un engreído, con la cabeza entre sus manos.

Su reunión empezaría en media hora… pero ya no tenía deseos de ir. En realidad el deseo de cualquier cosa se le había quitado en ese mismo momento…

Flash back

Después de casi escapar de casa de Kinomoto, había tomado un taxi para llegar lo antes posible a las oficinas en las que tenía que reunirse con accionistas prototipo, mientras más rápido estuviera en las oficinas para preparar la reunión era mejor.

Estaba cansado, la visita a la casa de Kinomoto no había sido demasiado productiva, había tenido que salir de ahí porque las preguntas de ella estaban yendo a lugares en los que él no quería ahondar.

Pero… por qué no quería hacerlo, el estar con Tomoyo debería ser algo que lo hiciese sentir orgulloso. Ella era hermosa y encantadora, no había nada malo en estar con ella… ¿Verdad?

Era complicado, realmente complicado. Todo lo que se refería a Kinomoto era igual.

Sin embargo… porque tendría que referirse ese asunto a Kinomoto, eso era asunto de Tomoyo y él, de nadie más… pese a eso… cuando intentó contar un poco más, cuando intentó verter toda la verdad un nudo se hizo en su estomago e incluso había comenzado a retractarse…

Por qué… habría hecho eso.

Buscó su i-Phone en el bolsillo de su chaqueta, necesitaba llamar a su chofer para que le recogiese después de la reunión. Estaba cansado, quería volver pronto a casa.

Siguió buscando durante un rato en su bolso y los bolsillos de su pantalón pero no lo encontró por ninguna parte.

-Maldición –murmuro.

Lo había dejado en la casa de Kinomoto, había estado tan nervioso, con tantos deseos de salir de ahí, de evitar esas preguntas, de no verla, que había olvidado su maldito teléfono.

A él nunca le pasaban estás cosas. Todo tenía que ser culpa de Kinomoto, que lo contagiaba con su estupidez.

-Disculpe, puede dejarme en este paradero.

-Aún no ha cancelado.

Demonios

-Tome –dijo fastidiado, necesitaba que parará rápido ese taxi. Toda la presentación para la reunión de ese día, descansaba en la memoria de ese i-Phone. Paso todo lo que tenía en su bolsillo derecho, lo suficiente como para pagar unas tres carreras. –Ahora por favor, sólo déjeme en este paradero.

-Sí, no hay problema –Dijo el taxista con tono de júbilo. Al menos él estaba feliz.

Debía pensar rápido, de ese maldito i-Phone dependía su presentación y la aprobación de los accionistas prototipo.

La casa de Kinomoto no estaba muy lejos de ahí, quizás si corría rápidamente llegaba antes que si tomaba un taxi. Estaba justo en la hora en la que todos regresaban a sus casas.

Comenzó a correr.

El frio golpeaba su rostro con fuerza, Kinomoto seguramente se había vuelto a recostar, era una verdadera perezosa. Rio. La idea de despertarla le producía cierto placer, placer que lograba desplazar rápidamente todos esos sentimientos incómodos que lo habían embargado antes.

Después de todo molestar a Kinomoto siempre había sido algo muy divertido.

Sus pasos se sucedieron uno tras otro sin parar. Agradecía en esos momentos su entrenamiento en artes marciales, le permitía tener una excelente condición física para poder correr como en estos momentos.

Y pese a que iba a toda velocidad, con los pensamientos de su reunión en la cabeza la silueta femenina que pudo divisar a lo lejos por el rabillo del ojo lo obligo a ralentizar su carrera.

Por alguna razón no pudo avanzar hasta ella en esos momentos y se quedo ahí, lejos de la vista de ella, donde no podía ser descubierto.

Por qué estaba fuera, por qué no estaba en su casa donde se había quedado.

La observó bajo las luces de la calle, bajo la nieve sin viento. Usaba un abrigo, se había puesto unas botas sobre los jeans que usaba en la tarde y dejó su cabello suelto sobre su espalda.

Cuando veía a Kinomoto sentía ganas de reír, porque la recordaba fresca, divertida. Pero a veces, como ese día la veía hermosa, deslumbrante sin quererlo y seguramente sin saberlo siquiera…

Pronto se dio cuenta de que ella hablaba con alguien y se petrifico cuando lo identifico

Esos cabellos dorados, esa postura fanfarrona…

Era Inokuma. Caminó y se quedo tras unos juegos del parque.

Se golpeó mentalmente, por qué demonios tenía que esconderse.

Y entonces volvió a mirarlos, porque no podía dejar de hacerlo, quería saber que hacía ella ahí, que hacía con él y descubrir por qué le importaba tanto.

Pero entonces, su estomago se oprimió ante lo que veían sus ojos. Inokuma había estirado su mano hasta el rostro de Kinomoto, y por alguna razón ella no se aparto, ni se resistió, de hecho no sintió que tuviese intención de moverse un centímetro de ahí.

¿Era acaso, que ese contacto tan intimo no le molestaba?

¿No era eso extraño entre dos amigos? Qué pensaría ella si alguna vez él… tocase su rostro por la curiosidad de descubrir su textura ¿Le permitiría esa osadía como se la había permitido a Tetsuya?

Antes de que pudiese pensar en algo más las manos de Kinomoto se posaron sobre las de Inokuma y el dolor de su pecho aumento, ver todo eso era… realmente doloroso.

¿Pero… por qué?

¡Demonios! Quería… realmente deseaba que ella se sintiese ofendida con ese contacto ¡Que lo repudiara!

Se sintió molesto de pronto y sin razón aparente, que importaba si Inokuma la tocaba de esa manera, él no sería capaz de hacerle daño a Kinomoto, no era algo por lo que un amigo debía preocuparse.

Estuvo a punto de irse, estuvo a punto de salir de ese lugar con una pequeña molestia en el cuerpo, con pensamientos tormentosos en su cabeza y ese dolor en el pecho que no entendía realmente pero no… él había tenido que quedarse en ese lugar, había tenido que saciar sus deseos de respuestas, de observarla…

Hubiese sido mejor haber hecho caso a sus primeros instintos.

Pero se había quedado y había visto como de la nada el rostro de Kinomoto se había vuelto extraño, ya no era terco ni tan firme como siempre era dulce… triste.

Ella nunca… ¿Es que acaso esas miradas estaban reservadas para Inokuma? Que era lo que la hacía sentir… tan triste.

Su corazón se estrujó, por lo que vio a continuación fue mucho peor que todo lo anterior.

Inokuma… la estaba besando ¡Besando a Kinomoto! ¡A la chica que supuestamente debían cuidar! ¡Que debía ser su amiga! Como demonios…

La rabia se apoderó de su cuerpo. Y entonces sus pies dieron dos pasos hacia el frente antes de que su cabeza pudiese reaccionar. Salió de ahí al instante y la angustia comenzó a inundarlo, a envergarlo por todos lados dolorosa y cansinamente.

Pese a la angustia, no podía quitarse de encima ese malestar, esa incomodes.

Kinomoto no podía, ella… era demasiado.

Repentinamente sintió deseos de golpear a Tetsuya, de dar vuelta y caminar los pasos que hacían falta para voltearle el rostro de una patada pero… eso no era algo que hiciesen los amigos…

¡Maldición!

Y ahí estaba ahora, cinco o seis cuadras lejos de ella, de él y de lo que pudiesen estar haciendo, sólo entre la nieve, cinco minutos tarde para su reunión y lo único en lo que podía pensar era en los labios de Kinomoto besando a Inokuma…

Tal vez había resultado ser un amigo demasiado celoso.

¿Porque era por eso por lo que estaba celoso verdad? Kinomoto se había convertido en una buena amiga y él… no quería que Tetsuya le hiciese daño porque…

Volvió a apretar su cabeza entre sus manos.

¡De qué demonios hablaba! Inokuma… estaba enamorado de ella, jamás…

¡Demonios!

Dio una vuelta más a su bufanda antes de levantarse de esa banca y volver a caminar hacia algún lugar.

La gente pasaba a su lado con rapidez, el piso brillaba por las luces de las vitrinas que estaban prontas a cerrar.

¿Kinomoto habría decidido ser una chica y estar con Tetsuya? Si fuese así, debería alegrarse. Tetsuya la había querido en el mismo instante en que habían cruzado miradas pero…

Era demasiado perturbarte. Se sentía incomodo por haberlo presenciado, avergonzado por su actitud y angustiado… sobre todo angustiado.

La idea era tan molesta, pensarlo era tan retorcidamente doloroso.

Pero él…. ¿Por qué debería sentir dolor con algo como eso? ¿Por qué una sensación tan extraña… tan inapropiada para la situación?

Kinomoto… Kinomoto seguramente merecía a alguien como Tetsuya.

Llevó su mano al pecho. Esa afirmación había sido demasiado complicada. Su corazón latía demasiado rápido para ser normal… Latía de manera vertiginosa, agitada, casi como si quisiese ser escuchado.

Y entonces entendió un poco más, aunque sólo un poco…

La idea era molesta, era punzante y repudiable porque él… él no quería que Tetsuya la besará, él no quería que tocará su rostro… que Kinomoto abrazará la espalda de Tetsuya cuando fuera a su casa…

Se sorprendió a el mismo en medio de las húmedas calles repletas de gente pensando en Kinomoto, sintiéndose territorial con ella… amenazado… vulnerable.

Levantó su cabeza a la nieve. ¿Qué estaba haciendo?

El tacto frio de ella en su nariz, en su boca…

¿Por qué nunca había sentido esto por Tomoyo? ¿Qué es lo que era diferente?

Decidió seguir adelante ¿A dónde iba? Realmente parecía no importarle en ese momento. No conocía demasiado bien esas calles… usualmente andaba con su chofer.

La sensación de malestar, de incomodidad y vergüenza no desaparecían de su cuerpo, de sus dedos de su pecho…

Con Tomoyo siempre había sido todo diferente, ella era hermosa, elegante… cada movimiento tenía cierto atractivo al que era imposible resistirse.

Pero Kinomoto se colaba en su mente, en sus asuntos, en sus respuestas y en todo lo demás a la fuerza, como una infección… lo invadía todo y estaba completamente contaminado… absolutamente… ya no debía de haber remedio.

Esto no era como lo de Tomoyo, jamás sería como lo de Tomoyo porque él…

Sus ojos se abrieron desmesuradamente ante el descubrimiento, dejó de caminar.

Se estaba enamorando de Kinomoto.