Capítulo 14: Thatch

La siguiente vez que Trafalgar Law despertó, lo hizo con la desagradable sensación del sol dándole en toda la cara. Tras los obligatorios improperios dirigidos al astro rey, lo primero que pasó por su cabeza fue:

¿Hoy no es viernes?

Se sentó de golpe en la cama y fue consciente de dos cosas al mismo tiempo. La primera era que, al contrario de lo que había creído por un momento en el estado entre sueño y vigilia, no estaba en su cama, sino en la cama de Kid. Solo. La segunda era el molesto dolor en una de sus zonas más íntimas.

Tal vez levantarme anoche no fue muy buena idea.

En su defensa diría que la pomada calmante había hecho que las cosas parecieran mucho más fáciles.

Entonces una tercera cosa se hizo notar. Su estómago, protestando estruendosamente para recordarle que no había comido nada desde el medio día anterior. Y una bolsa de patatas fritas no contaba mucho como comida.

-¿Otra vez olvidando alimentarte?

Kid, que al parecer había entrado mientras Law estaba distraído, lo miraba apoyado contra el marco de la puerta, su rostro una expresión de censura que ya le conocía mezclada con algo más.

-¿Hoy no había clase? –Preguntó Law a su vez, levantando una ceja.

-Es el último día, y no es como si nunca te la pelases. –Kid se encogió de hombros.

-Cierto –reconoció Law, su estómago volviendo a protestar.

Kid soltó un bufido que sonó sospechosamente similar a un "ya claro" y se apartó de la puerta.

-Espera ahí.

El pelirrojo salió de la habitación y en seguida Law pudo escuchar el ruido de cazos siendo movidos y puertas abiertas y cerradas. Pronto le comenzó a llegar un agradable aroma y estuvo a punto de levantarse. Al caer en que iba a ser la primera vez que le traían el desayuno a la cama sonrió, se dejó caer de espaldas en la cama y pensó, tratando de utilizar el menor sarcasmo posible, que nunca se habría imaginado a Kid capaz de un gesto tan romántico.

Unos minutos más tarde Kid volvía a entrar en la habitación, esta vez cargado con una bandeja en la que había más comida de la que Law podría comerse en un día entero.

-¿Vas a desayunar tú también?

-No, yo he comido antes.

Law se quedó mirando la bandeja mientras Kid la dejaba a su lado sobre la colcha y se sentaba en la cama. Dudaba que Luffy pudiera acabarse todo eso en una sentada. Lo del zumo de naranja y el vaso de leche, vale, pero lo demás era un poco excesivo: el montón de tostadas parecía sostenerse en un muy precario equilibrio, las salchichas parecían haber sido colocadas en el plato jugando al tetris y, hasta ese momento, Law no había sabido que los huevos fritos pudieran amontonarse de esa forma.

-Eres consciente de que soy solo una persona, ¿verdad?

-LO que no te comas, se guarda, pero cómete todo lo que te quepa.

-¿Todo lo que me quepa? –Preguntó, paseando la mirada por el cuerpo de Kid y dándose cuenta, por primera vez, de un detalle. Sonrió. –Vaya, Eustass-ya, no sabía que tuvieses por costumbre cocinar desnudo.

Law notó, y por dónde estaba mirando Kid supo que el otro hombre también, cómo su miembro comenzaba a reaccionar.

Oh, joder, me quedé con ganas, anoche.

-Deja de pensar con la polla y come –rezongo Kid, apartando la mirada. Por mucho que lo intentase, su brazo no podía tapar su propia reacción.

-¿Me das de comer? –Preguntó Law, sonriendo sugerentemente.

-¿Qué?

-Si me das de comer, prometo no quejarme.

-Déjate de gilipolleces.

Law se destapó y, poniéndose de rodillas sobre las mantas, acercó el rostro al de Kid.

-¿Al menos el zumo? –Insistió, acariciándole el pecho con una mano.

-¿Si lo hago te dejas de gilipolleces? –Accedió Kid, fulminándolo con la mirada.

-Lo prometo –sonrió Law.

Con la expresión de mayor hastío que era capaz de poner, Kid agarró el vaso, volcando parte de su contenido en el proceso, y le dio un trago, acercándose después a Law para darle un beso en los labios ya ligeramente abiertos.

Era la primera vez que Law hacía algo así, y por poco se atraganta cuando el líquido comenzó a entrar en su boca, pero una vez pasado ese momento comenzó a seguirle el ritmo a Kid, tragando y paseando la lengua por la boca del otro, que sabía por completo a naranja. Sus manos, ahora ambas sobre el pecho de Kid, comenzaron a moverse y a bajar en una caricia lenta pero con un rumbo definido.

Kid se separó y, de un segundo trago, terminó el vaso, tirándolo en la bandeja y volviendo a la boca de Law. Apenas hubo tragado, el moreno llevó bajó las manos a su destino y con una envolvió el familiar miembro de Kid, la otra rodeándolo y llegando acunando sus testículos. Kid jadeó y Law sonrió en el beso.

Al escuchar cómo se abría el cajón de la mesita de noche supo que había ganado. Por supuesto que iba a comer, pero antes quería terminar de arreglar las cosas.

Kid se separó un poco y le sonrió torcidamente. Entonces Law notó algo en su polla.

-¡Serás hijo de puta! –Prácticamente le gritó. No necesitaba mirar para saber que el muy capullo le había puesto un anillo.

-Has prometido que comerías –le recordó Kid, acariciando la extensión de su erección con dos dedos y sonriendo aún más al ver cómo se mordía el labio. –Deberías empezar antes de que se enfríe. –Y la apretó un poco.

-Esta me la pagas –dijo Law, apretando los dientes y fulminándolo con la mirada antes de coger el tenedor. El cubierto casi se le cayó cuando, a modo de respuesta, Kid movió los dedos.

Capullo.


Nada más salir del edificio Ace estiró los brazos, conteniéndose para no gritar de alegría e ignorando las miradas que le echaron algunas personas de alrededor.

-¿Ya has acabado?

Sonriendo, gratamente sorprendido, Ace se giró.

-¿Qué haces aquí? ¿No trabajabas hoy? –Le preguntó a Marco, parado a apenas un par de pasos.

Antes de que el rubio pudiera contestar, Ace se dio cuenta de que alguien se acercaba y en menos de un segundo se vio atrapado bajo el brazo de un hombre castaño de treinta y tantos.

-¿Así que este es Ace? –Le preguntó el hombre a Marco, sin soltarlo.

-¿Quién coño eres tú? –Preguntó a su vez Ace, tratando de soltarse sin éxito. Aquel tío era fuerte.

-Thatch, suéltalo –pidió Marco en tono cansado, lanzando una mirada resignada a los estudiantes de alrededor, muchos de los cuales los estaban mirando ahora.

-¿Thatch? ¿El amigo de Marco? –Ace dejó de pelear.

-Aaay, pero si te ha hablado de mí y todo, qué mono –arrulló Thatch, ignorando la mirada asesina de Marco.

Ace se sintió curiosamente ruborizado. Siempre había creído que no le importaba ser el centro de atención, pero aquello era un poco demasiado.

-El cabeza piña nos ha dicho que ibas a venir a noche buena y he pensado en pasarme a ayudarte, ya que este idiota quiere tenerte alejado de la diversión.

-Thatch –lo llamó Marco en tono de advertencia. El hombre lo ignoró.

-¿Diversión? –Preguntó Ace, curioso.

-¡¿No te lo ha dicho?! –Exclamó Thatch en tal tono de fingido ultraje que Ace no pudo más que reírse y negar con la cabeza. –Todos los años, la familia al completo nos reunimos en el orfanato por navidad, no solo para las comidas: los adultos acampamos en el comedor desde el día que empiezan las vacaciones hasta el día de año nuevo. Claro que como vosotros vais en fin de año con tu familia os iríais antes, pero bueno.

Ace lo miró, confuso, y trasladó esa misma mirada a Marco. El rubio se encogió de hombros.

-Han decidido por unanimidad que te vienes todas las fiestas –explicó el rubio.

-Marco ha intentado que no vinieras –dijo Thatch, y Ace sintió como si se hundiera, -entre tú y yo, creo que tiene miedo de que uno de los chicos más jóvenes lo deje sin novio –siguió en un fingido cuchicheo, sin darse cuenta del humor del chico al que seguía sosteniendo por los hombros.

-Lo que no quiero es que lo corrompáis, panda de degenerados –corrigió Marco, acercándose y quitándole a Thatch de encima. Le apoyó las manos en los hombros a Ace. –Claro que quiero que vengas, es solo que estos imbéciles pueden ser demasiado.

Ace lo miró, sintiéndose estúpido por un momento.

-Te recuerdo que mi hermano es Luffy –dijo, tratando de quitarle importancia al hecho de que, por un momento, había creído que Marco no iba tan en serio con él.

Marco sonrió, apretándole un momento los hombros antes de retirar las manos.

-Aunque no discutiré que está peor que todos mis hermanos, aquí estamos hablando de un centenar de adultos imbéciles, un grupo de críos y demasiado alcohol.

-Eso me ha ofendido –protestó Thatch.

Ace y Marco se rieron.

-Hablando de imbéciles y alcohol… se me olvidó decirte que te trajeras dinero para una fianza en fin de año.

Marco le dedicó una mirada estupefacta y, a sus espaldas, Thatch silbó.

-¿Fianza? Macho, quiero ir a esa fiesta –Se rio.

-¿Qué clase de fiestas dais en Nochevieja? –Preguntó Marco con cierta cautela.

-Oh, lo típico: nos colamos en un local vacío, preferentemente un restaurante, y nos apañamos con lo que encontramos, alguien pone música y al cabo de un rato Smoker y compañía se presentan a detenernos con cara de pocos amigos. O vamos de bares y Zoro o Sanji mandan a alguien al hospital y los detienen por agresión, o a Nami por carterista…

-Suena divertido –comentó Marco al mismo tiempo en que Thatch, por lo bajo, suspiraba con nostalgia:

-Oh, joder, qué recuerdos.

-Bueno –esta vez fue Marco el que le pasó el brazo por los hombros a Ace, -vayamos a por tus cosas.

-¿Ahora?

-Claro, ya es vacaciones –dijo Thatch, con un tono que daba a indicar lo obvio que le parecía.

Los tres comenzaron a andar hacia el piso de Ace, y el chico pensó llamar a su amigo para avisarlo de que no estaría en todas las fiestas, pero como no respondió le dejó un mensaje de voz. Prefiriendo no pensar en por qué Law no respondía, Ace decidió pasar a hacerle toda clase de preguntas a Thatch, y pronto estuvo riéndose cuando, para bochorno de Marco, comenzó a contarle historias de cuando eran jóvenes.

No sabía él que las tapas de váter sirvieran de trineo. Tendría que decírselo a Luffy.

Continuará