¡Dolía! Y, sin embargo, no podía dejar de mirar a los ojos de ese chico que sostenía su otra mano y le obsequiaba con dulces caricias que le provocaban unas placenteras cosquillas. Al final había conseguido que él también se hiciera un tatuaje en la muñeca y eso le hacía sonreír pese al dolor. Itachi, en cambio, pese a mantener sus ojos fijos en Minato, no le importaban tanto las agujas, el dolor o el ruido que escuchaba.
- ¿Estás bien? – preguntó Itachi al ver lo blanco que estaba Minato.
- Más o menos – intentó sacar fuerzas de donde no las tenía.
- Ya está terminando. Aguanta un poco más.
- Vale.
- Oye… sólo por curiosidad pero… ¿Por qué has decidido escribirte las siete virtudes samuráis? Creí que no te gustaba todo eso.
- Quizá porque tú eres samurái y porque estoy haciendo esta locura por tu culpa. Al menos siempre recordaré que tú fuiste el causante de esto.
- Qué bonito – dijo Itachi con ironía.
- No sé, Itachi – intentó hablar con seriedad Minato – quizá hay algo en tu filosofía de vida que me gusta.
- ¿Sólo de mi filosofía de vida? ¿No te gusto yo un poquito? – preguntó con una sonrisilla.
- Bueno… puede que me atraigas un poco, pero sólo un poco, no te lo creas mucho.
- Con eso me basta. Por ahora – remarcó Itachi, consiguiendo que Minato sonriera sutilmente.
Durante el tiempo que tardaron en hacer los tatuajes, ninguno de los dos apartó su mirada del otro. Minato deseando acabar de una maldita vez con aquel sufrimiento mientras Itachi prefería que el tiempo se detuviera para poder estar más tiempo a su lado, acariciando la palma de su mano y calmándole.
Al salir de la tienda, Itachi se estiró, observando el papel que cubría el tatuaje que se había hecho y bajando la manga para evitar que nadie lo viera. Minato le imitó antes de escuchar cómo Itachi resoplaba algo pensativo.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Minato.
- Estoy pensando dónde iremos a cenar.
- Al hotel. Puedo encargar algo en la habitación.
- Qué aburrido – sonrió Itachi – venga… te invito a un restaurante. Puedes elegir el que quieras.
- Entonces prefiero un japonés – sonrió Minato.
- De acuerdo. Busquemos uno.
Itachi sacó su teléfono móvil y revisó su ubicación para encontrar el restaurante japonés más cercano a su posición. Saber que Itachi manejaba también la tecnología era algo que le resultaba curioso a Minato. Cuando le hablaban de un samurái, él pensaba en los antiguos samuráis, con espadas y vestidos con hakamas, pero Itachi vestía muy normal y no llevaba una katana a todos lados.
- ¿Por qué te ríes? – preguntó Itachi al ver esa sonrisa inocente.
- Es que… no pareces un samurái.
- Los tiempos cambian. Si salgo con una katana, seguramente me detendrían. Aun así, la instrucción es la misma, salvo que ahora nos enseñan también las nuevas tecnologías. Hay que estar preparados para cualquier cosa que pueda ocurrir. Supongo que me gusta la tecnología, empecé a estudiar también por mi cuenta y a hackear algunas cosillas. Nada importante realmente.
- Me alegra que sepas hacer todo eso. Yo suelo ir más perdido que otra cosa.
- Puedo enseñarte algunas cosas de tecnología si es lo que quieres.
- Empecemos por ir a cenar, me muero de hambre – sonrió Minato.
La camarera quiso sentarles cerca de la ventana, sin embargo, Itachi intervino con rapidez pidiendo una mesa alejada de ella. No se fiaba de las ventanas por la seguridad de su cliente. Eran fáciles de romper, incluso una bala podía atravesarlas y herir a Minato, no iba a arriesgarse en absoluto. Finalmente, tras la insistencia de Itachi, la camarera les sentó junto a una pared del fondo, con vistas a la fuente y el pequeño jardín del centro del restaurante que daba un toque japonés y relajado al lugar.
Mientras Minato pedía sabrosa carne con diferentes salsas y condimentos, Itachi miraba en el menú hasta encontrar algo que le apetecía comer. Por alguna extraña razón, seguramente por la tardanza para decidirse, Minato supo que ocurría algo y cuando pidió un plato lleno de verdura, le quedó claro el motivo.
- ¿Eres vegetariano?
- Sí – sonrió Itachi – pero tranquilo, no me importa ver a la gente comer carne, pide lo que más te guste.
- ¿Es que debería importarte lo que comen los demás? – sonrió Minato.
- La verdad es que no, pero me he cruzado con algunas personas que parecen exigir que no coman carne frente a ellos o intentan convencerles de que dejen la carne, por mí no hay ningún problema, es una decisión mía y nadie debe molestarse por ello. Sólo quería dejarlo claro por si acaso.
- Nunca había conocido a un vegetariano. Tampoco es que en la calle decidiéramos mucho el menú – sonrió Minato.
La comida ya se acercaba. Sus ojos se desviaron por primera vez del moreno frente a él para mirar a la camarera que traía los platos, sin embargo, su mirada se desvió justo detrás de la mujer, observando a ese chico que ya había captado una vez su atención en el casino. No podía creerse que en tan poco tiempo lo hubiera visto ya dos veces.
Itachi, al ver cómo se había quedado paralizado, se giró para mirar a ese hombre tras él. Sin duda alguna era el mismo que habían visto en el casino, el que había engañado y utilizado a Minato, el que lo había dejado en la calle a merced de unos delincuentes de poca monta.
- Olvídale – sugirió Itachi.
- Me da miedo que me descubra.
- No lo hará.
- ¿Cómo estás tan seguro?
- Si te ve y te reconoce… sólo finge ser Minato Namikaze.
- Podría reconocerme. Ni siquiera me sale bien ser Minato – susurró.
- De acuerdo, te contaré cómo era el auténtico Minato. Finge ser un niño rico de papá, un poco consentido y acostumbrado a salirte con la tuya, siempre. Sé elegante y cortés, pero no dejes que te tomen el pelo, aparta a todo el mundo de tu lado, tú eres el que eliges con quién hablar, no los demás.
- ¿Quieres que sea un niño mimado?
- Un poco, sí – sonrió Itachi – Minato tenía dinero e influencia, no necesitaba a tipos como él acechándole, a ese tío de ahí lo habría despachado muy rápido.
- Está viniendo – dijo alarmado Minato, colocando su mano sobre su frente para cubrir sus ojos como si eso le escondiera de ese tipo.
- No te ocultes – le susurró Itachi – mantente firme y suena con autoridad. Recuerda que soy tu guardaespaldas, nada más. Trátame como tal.
Itachi se quedó en completo silencio al sentir cómo ese hombre se acercaba por su espalda, observando los movimientos de Minato que empezaba a cortar la carne como si no ocurriera nada, casi como si no se hubiera percatado de lo que ocurría a su alrededor. Una parte de lo que sucedía, hizo que Itachi sonriera ligeramente, Minato era bueno fingiendo, le gustase o no… sabía meterse en el papel con pocos consejos. Era un chico inteligente y que sabía cómo sobrevivir. No podía estar más enamorado de él y cada segundo que pasaba a su lado, parecía extrañamente… enamorarse más si es que eso era posible.
- Perdonad, no he podido evitar fijarme en ustedes y… ¡Dios, no has cambiado nada, Raiko! – comentó el chico hacia Minato, quien apenas se inmutó, continuando centrado en terminar de cortar el filete de carne antes de girarse hacia el hombre.
- ¿Raiko? – preguntó Minato mostrando sorpresa en sus ojos.
- Creo que se confunde, señor – intervino Itachi con seriedad – su nombre es Minato Namikaze, primogénito de la familia Namikaze.
- No puede ser, estáis bromeando – sonrió el hombre, pero ambos se mantuvieron en silencio antes de que Minato regresase a su trozo de carne y empezara a comer de nuevo, ignorando a ese hombre - vamos… es Raiko, mejor vestido y con más educación pero… Raiko. El físico es indudable.
- ¿Puedes ocuparte de él, por favor? – preguntó Minato hacia Itachi – he llevado un día agotador y lo que menos me apetece es mantener una conversación con una persona a la que no he visto en la vida. Quiero disfrutar de mi bistec a solas.
- Me ocuparé de todo, señor – comentó Itachi – acompáñeme.
Itachi se levantó y tomó del brazo al hombre para alejarlo de la mesa, conduciéndole de nuevo hacia la suya. Confuso como estaba por el físico de aquel rubio, el hombre no se quedó nada tranquilo, tratando de sonsacarle información a Itachi.
- ¿Está seguro que es Minato Namikaze? – preguntó el hombre.
- Por supuesto, mi familia ha trabajado siempre para la suya. Le conozco desde hace años. No sé quién es ese tal Raiko, pero le puedo asegurar que frente a usted tiene a Minato Namikaze y cualquiera podría verificárselo.
- Lamento la confusión, es que… son idénticos – dijo confuso, porque así estaba ahora él, confuso al ver a ese rubio que comía su trozo de carne con tranquilidad.
- Que pase una buena velada – le dijo Itachi de forma cortés pese a que le hubiera gustado romperle la cara allí mismo. Sin embargo, volvió a su mesa y se sentó frente a Minato para continuar con su plato.
La puerta se abrió después de ese pitido tras pasar la tarjeta. ¡Una locura! Eso es lo que era, ¡una maldita locura! Pero por una vez en todos esos años… no quería estar solo. Besarle en el ascensor había sido un impulso, llevarle a su habitación… había sido un deseo. No podía evitar sentir esa apasionada atracción por él, era un hombre hecho y derecho, atractivo, inteligente y seductor, pero sobre todo… era protector y no quería dejarlo escapar. Tenía la oportunidad de estar con él y no quería desaprovecharla.
La puerta se cerró tras ellos, dejándoles en la oscuridad de la amplia habitación. Tan sólo la luz que entraba por las ventanas conseguía que no tropezaran con los muebles del lugar, sin embargo, fue Minato el primero en arrinconar a Itachi contra la puerta de la habitación. Aquel golpe en su espalda pareció sacar al moreno de su ensimismamiento y de esa atracción que no podía evitar.
- Minato, soy tu guardaespaldas – le comentó.
- Lo sé, pero desde que me conoces has deseado esto – dijo mientras sus labios buscaban el seductor cuello del moreno para besarlo.
- Sí, sé lo que quiero y eres tú pero… ahora mismo soy tu guadaespaldas y creo que no debería mezclar el placer con el trabajo. Podría empezar a tener fallos.
- Dijiste que me protegerías pese a esos sentimientos.
- Claro que sí. Siempre voy a protegerte, pero creo que estás así porque has visto a tu ex novio y no quiero ser tu segunda opción, ni que por la mañana puedas arrepentirte de esto.
- No lo haré. Es cierto que ver a mi ex novio ha sido duro, pero también me hace darme cuenta de las personas que valen la pena a mí alrededor. Tú eres el único con el que quiero estar.
- Kakashi va a matarme por esto – sonrió Itachi, uniendo una vez más sus labios a los de ese rubio que ya intentaba desabrochar la camisa del moreno.
- Nos matará a ambos.
- No… tú eres su protegido – sonrió el moreno – pero no me importa mucho si puedo estar contigo. Sabes que tendré que renunciar al trabajo para estar a tu lado, ¿verdad?
- Sí y lo siento.
- Yo no lo siento. Prefiero estar en el paro y tenerte, a tener que trabajar contigo todos los días y no poder tocarte – sonrió.
Itachi sabía que después de aquella noche, tendrían que hablar muchas cosas, pero no sabía cómo explicarle a ese chico que en realidad, él era el hijo legítimo de Jiraiya Namikaze. Claro que le llamaban Minato y no sabía si alguna vez harían pública la información de que tuvo dos hijos gemelos, pero… él siempre sería Minato Namikaze, el heredero de la gran fortuna y las exitosas empresas Namikaze. Quizá si lo supiera… Minato creería que él iba en busca de su dinero y no era cierto, le quería a él, había amado a su hermano y por rarezas del destino… ahora estaba aún más enamorado del nuevo Minato de lo que estuvo por el antiguo.
