Derechos: No son míos.

Tu arrogancia y mi poca paciencia XIV

Regina se dejó embaucar por aquel beso solo unos segundos, pero el repentino recuerdo de Robin hizo que se apartara lentamente.

- Esto no está bien, Emma. - Dijo sin poder mirarla a los ojos e incorporándose para alejarse.

Emma bajó sus ojos. Luego se levantó, tomó el pijama y se metió en el baño sin decir nada. Regina se quedó a la espera de que saliera, sentada sobre la cama.

Cuando Emma finalmente salió, agradeció que Regina estuviera dormida, porque tenía los ojos hinchados de haber estado llorando. El hecho de sentirse por primera vez verdaderamente enamorada… total y patéticamente enamorada de la persona que menos habría imaginado, una mujer que ni siquiera sentía lo mismo por ella, era el motivo principal de sus lagrimas.

No era tonta, sabía que había rumores sobre ella y Regina, rumores que las relacionaba sentimentalmente y que se basaban en algunas escenas que ambas habían protagonizado, como aquella vez en la que Emma defendió a la alcaldesa de morir en manos de una turba encolerizada, o aquella otra en la que Emma salvó a Regina de caer junto con el devorador de almas, o la ocasión en la que Regina abrió el portal para ella y su madre, poniendo en peligro su vida. El primero en insinuarlo fue Leroy y gruñía entre dientes cada vez que algo así ocurría. Fue David, entre carcajadas, quien se lo contó en una ocasión. Por supuesto, su padre se lo tomó a broma. Emma recuerda que fue todo un trauma enterarse de aquellos rumores, porque fue la primera vez que por su mente pasó aquella remota idea. Incluso llegó a sentir cierta atracción física por Regina, pero Archie lo justificó con el hecho de que había confundido deseo con admiración.

Pero, a pesar de todas las escenas y los rumores protagonizados por ambas, lo que sentían no era mutuo. Agobiada por sus pensamientos, Emma subió a la cubierta. Se alegró al notar que la temperatura era agradable y corría una suave y ligera brisa que traía el olor del mar impregnado. Se apoyó en la borda y suspiró aliviada. Mirar a Regina mientras dormía, no habría sido bueno para ella, tenía que sacarla de su cabeza y centrarse en volver a Storybrook.

- ¿Cómo van las clases?.- La voz de Elisabeth, a su lado, hizo que Emma pegara un brinco asustada.

- ¿De dónde sales tú?.- Preguntó Emma indignada y molesta por la intromisión.

- He venido a traer esto.- Dijo levantando un pequeño cofre y sonriendo con picardía.- Me consta que pretendéis hacer un enlace mágico y ahí podréis encontrar todo lo necesario. - Aclaró la mujer pelirroja sonriendo con amabilidad.

- ¿Por qué nos ayudas?.- Inquirió Emma.

- Porque, como bien ha dicho mi querida Gina, quiero que tengáis éxito.- Aclaró con una repentina seriedad que sorprendió a Emma.

- ¿Pero qué es lo que quieres de nosotras? ¿Por qué tanto misterio? ¿A dónde vamos?.

- Esas son muchas preguntas, que responderé en su debido momento. De esta manera estarás más concentrada.- Explicó decidida la pelirroja. Emma torció el gesto disgustada. - Os dejaré un par de días más, así tendréis tiempo de acostumbraros al enlace mágico.

-¿Acostumbrarnos?.- El sonido de otros pasos subiendo escalones, la hizo apartar la vista por un momento. Momento que aprovechó Elisabeth para desaparecer dejándola con la palabra en la boca. - ¡Maldita seas!.- Gimió ofuscada.

- ¿Emma?. ¿Qué haces aquí? ¿Estabas hablando con alguien?.- Regina, parada en las escaleras del camarote, asomando su cabeza despeinada, la miraba confusa y adormilada.

-Tu amiguita nos ha traído algo. - Dijo levantando en sus manos el pequeño cofre.

-Para empezar no es mi "amiguita" y en segundo lugar, ¿qué demonios es eso?.- Una tenue luz salía por el cerrojo del cofre. Sorprendida, Regina lo abrió con demasiada rapidez, como si intuyese lo que brillaba.- Lo sabía, sangre de dragón, ¿cómo has conseguido que te la dé?.- Preguntó Regina mirando confundida a Emma.

- Yo… pensé que habías sido tú.- Respondió Emma igual de confundida.

- Yo no he hablado con ella aun.- Le aseguró Regina.

-Pues yo tampoco. - Emma se encogió de hombros.

-La muy cabrita nos ha estado espiando… - Gruñó Regina, obviamente de mal humor.

- Supongo que solo nos ve sobre la cubierta, ¿no?.- Interrogó Emma con aparente tranquilidad, pero una sonrisa insegura no dejaba lugar a dudas de que estaba algo nerviosa.

- Lo dudo.- Dijo Regina entornando los ojos.- Elisabeth es muy morbosa… arggg...- Regina se tapó el rostro con ambas manos, obviamente avergonzada. - Te juro que voy a sacarle los ojos y a usarlos como canicas.

Continuará…. (Siento haber tardado tanto en actualizar y que sea tan corto, pero me falla la inspiración, necesito OUAT intravenoso).