CAPÍTULO 14.
Las fuertes rafagas de viento fueron las causantes de que el transporte en el jet privado de Terrence GrandChester fuera suspendido, y no habiendo otra manera que la vía terrestre, así pues Candy y Terry viajaron en el deportivo hacia Peekamoose Mountain.
Candy así lo prefería, aunque sabiendo la situación hubiera viajado agarrada de la mano de la fobia para subir al jet, con tal de llegar lo más pronto posible. Se mantuvieron conversando, bromeando todo el camino y llenaron los espacios de los temas que les faltaba por hablar.
—¿Tú crees que Robert pretende alguna clase de venganza contra ti ? —Candy le preguntó con cautela.
—¿Por qué motivo? —preguntó sintiéndose inquieto.
—¿Porque piensas retirarte?
—Eso sería llevar las cosas demasiado lejos —dijo Terry considerando que podía ser una posibilidad.—¿Cómo lo sabes—. Terry preguntó confundido.
—¿Olvidas que fui tú asistente?
—No, no lo olvidó — murmuró,
Candy se incómodo, por que dolía recordar que había finjido ser su asistente, para robar información para su articulo biográfico —. Terry la miró fijamente, sería posible que Robert Hatteway intentara retener mi estancia en la compañia Stanford pensó—. Supongo que tiene sentido lo que dices — dijo Terry tras unos instantes de reflexión—. Pero ¿por qué demonios está tan empeñado en joderme precisamente a mi?
—Sinceramente, no lo sé, pero tengo la impresión de que Robert tiene alguna carta escondida en la manga. Te lo garantizo. Parecía tan segura de lo que decía que lanzo una mirada a Terry interrogativa.
—¿Conoces a Jorge Jonhson?
—Sí, lo conocí. Robert estaba saliendo con una chica con la que yo había —Terry guardo silencio estaba a punto de decir que habia salido con la chica—, y me encontré casualmente con ellos en un bar de copas, y estuvimos hablando unos minutos los tres —dijo simple y sencillo.
—Cuando Jorge Johnson me infiltró en el artículo biográfico, me prometio que tras terminar mi trabajo sería mandada a Paris, siempre he querido publicar de la moda, pasarelas— guardo un silencio y Terry la vio cerrar sus ojos—. Pero no pudo ser así, —Terry la miró interrogante—. Me dijo que no cumplí con mi trabajo y que èl dinero que me pagaron me sería reducido, la verdad nunca consideré ese dinero mío. Pero mis esfuerzos para llegar a mi meta quedaron tirados, porque me despidieron. —Terry apreto el volante hasta que los nudillos quedaron blancos—, y... Me da un poco de miedo —siguió Candy—, que Robert trate de tomar réplicas hacia mi.
—Como se le ocurra aunque sólo la idea le cruze la cabeza hacia ti, juro que fregaré el suelo con su culo. No tienes de que preocuparte pequeña. Candy necesito que me contestes algo. —Candy empezó a sentir que todo se le movía en el estómago. era parecido a la ansiedad y miedo juntos. Asintió con un movimiento de cabeza. Terry tomó aire antes de decir.
—¿Te gustaría ser mi novia y empezar nuevamente? —Candy parpadeo nerviosa, ser su novia, ¿que no lo eran ya? ¿Que no se habían reconciliado hacía unas horas?
—¿Candy?—La voz de Terry la hizo dar un brinco.
—¿Tú novia? Preguntó tontamente.
—Si, mi novia, mi amiga, mi amante. Y mi esposa. —Ahora si estaba en shock. Ni siquiera podía pensar. Seguramente se había quedado dormida y aquello era un jodido sueño.
—Si —dijo, pensando en que le gustaría que fuera la realidad. Sin embargo cuando sintió los labios de Terry en sus labios, se dió cuenta de que si era real. Ni siquiera se dio cuenta que horas habían detenido el auto
—¿Y que pasará con tu trabajo?-- Preguntó cuando terminaron con el beso, siendo conscientes de que no debían perder mucho tiempo, y renovaron el viaje.
— Los planes se adelantaron.
—¿Y Emma? Preguntó por qué seguramente Emma ahora mismo la odiaba.
—Emma está complacida, le caes muy bien,
—¿Qué pasará con el artículo, y Robert Hatteway, y...?
—... y puedes estar segura de que lo dejaré muy claro antes de deje el escenario —la interrumpió.
—Creo qué le molestara reconocer que es ambicioso.
Terry la miró con perplejidad, como si fuera un comentario que nunca le habían hecho antes. Hubo una pausa, y luego dijo: —Enseguida —aprendes a guardár las apariencias dentro. La gente se ríe de ti si no lo haces.
—¿Por qué? —preguntó Terry un poco perdido.
—Es como los cangrejos en una caja. —Vio que él no entendía y se explicó—: Puedes meter un montón de cangrejos en un recipiente pequeño, y ninguno de ellos se escapará. Porque en cuanto uno de ellos intenta subir por las paredes para salir, los demás tiran de él hasta que vuelve a acabar dentro. Robert no dejará que simplemente te vayas,
—No le voy a pedir permiso.
—Voy a dar una entrevista y diré toda la verdad. —dijo Candy en un susurro pero simple y resuelta.
—Apuesto a que eso de encararte con la gente se te da muy bien —dijo Terry.
—Sí, hay momentos en los que no me queda más remedio que hacerlo. —le siguió el juego—,. Pero tampoco es que sea así por naturaleza.
—Claro —dijo sonriendo escépticamente.
La sonrisa seguía agazapada en las comisuras de los labios de Candy cuando levantó la vista y vio a Terry . No estaba segura si estaba frunciendo el ceño o haciendo una mueca, pero se lo veía contento.
—Tienes la sonrisa como una boba
—No me he reído como una boba--, contestó a la defensiva—. Yo nunca me río como una boba. Y antes de que digas una palabra más...
Se miraron a los ojos a Candy su presencia le resultaba demasiado próxima, demasiado intensa, como si alguna corriente hubiera empezado a fluir entre ellos. Candy aparto la mirada, cortando la conexión. Un destello burlón brilló en los ojos zafiros.
Sabía cogerla desprevenida. Podia sentir cómo se le aceleraba el pulso. No sabría decir qué tenía Terry que siempre conseguía atravesar sus defensas. Maldición, era astuto. Agresivo, avasallador, pero lo bastante inteligente para cubrirlo todo con una capa de don de gentes. Era diez veces más hombre que los dioses Adonis, y era simplemente demasiado, demasiado en todos los aspectos.
Tras un instante Candy se quedó dormida Si ni siquiera haberlo pensado, y cuando despertó fue porque escuchó que el carro se había detenido y la puerta abrirse, pero cuando abrió los ojos tenía unos Zafiros directamente puestos en ella.
—¡¿Por qué me miras así?! —saltó Candy. Terry la miraba con una sonrisa de medio lado que la estaba poniendo nerviosa.
—Me haces gracia.
—¿Y en qué sentido, si se puede saber?
—Tienes los ojos rojos y has dicho unas cuantas tonterías mientras dormías.
—Estás intentando sacarme de quicio. Jamás he hablado en sueños.
—¿Estás segura?
—¿No sabes decir otra cosa? —Candy puso los ojos en blanco.
—Sé decir muchas cosas, pero creo que las que has dicho tú son mucho más interesantes.
—No tienes pruebas.
—Soy Terrence GrandChester, ¿crees de verdad que no las tengo? Candy quiso decir algo, pero se tomó su bebida que habían comprado en la estación de la gasolinería.
—No bebas tan deprisa o te va a dar la tos —le advirtió Terry dando un sorbo.
—Aquí lo único importante es lo desconsiderado que eres, además de mentiroso.
—¿Mentiroso? —Terry soltó una risotada.
—Desde el minuto uno que nos conocimos en aquel tren lo supe.
—¿Y si lo sabías por qué fuiste a la cita?
—¿Y por qué piensas que sí fui?
—Tú me lo has dicho.
—¿Yo? —Candy fingió escandalizarse, agarrándose el pecho. Terry la observó divertido.
—Claro. ¿Cómo si no sabrías que no fui?
Candy lo miró, una sonrisa bobalicona desdibujó su bonito rostro.
—¿Crees que te estoy juzgando?
—Creo que me estás molestando, y estoy demasiado relajada como para que me afecte —respondió volviendo a coger la bebida para deleitarse con aquel refrescante liquido, iba a ser duro volver a la triste realidad y no seguir disfrutando de aquellos lujos. Terry sólo la observó divertido.
Pero su felicidad pronto sería substituida por la presencia de Susana.
Susana arrastró la maleta de Emma por el brillante suelo del pasillo en la parte superior de la cabaña, al bajar se fue directa a la puerta haciendo un breve cabeceo a las dos mujeres amarradas, que se encontraban en el interior de la pequeña sala semicircular de la entrada justo al lado del comedor. Pero Emma y la señora del servicio la ignoraron.
Después de abrir la puerta la mirada de Susana se centró en el coche que acercándose desfilaba lentamente por una abarrotada carretera y se planteó llamar a Terry para asegurarse de que era él.
Pero a hora estaba empezando a estar nerviosa, hubiera salido sin ningún contratiempo si Emma hubiera cooperado, pero antes de agarrar el teléfono decidió no hacerlo.
Al volver a cerrar la puerta, y mirar por la ventana y antes de a apartarse de la ventana, fue cuando se fijó el la persona que estaba apoyada en el cristal junto al conductor del deportivo de Terry. Era Candy
Candy miró que se abría la puerta y luego se cerraba y luego se abría. Entonces vio a una mujer ¿Era Susana Marlowe? Sorprendida y negándose a creerlo, pegó un poco más la cabeza al cristal y parpadeó alucinada al descubrir que si era Susana la que estaba allí, sólo había cambiado de lugar a un par de metros a la derecha.
—¿Qué demonios hace aquí esa loca? —dijo Terry que primero vio el carro y luego la vio en cuanto giró a la derecha en la entrada de la propiedad de Robert. Después de enterarse de lo que había hecho su socio queria sacar a su hija de ahí. Todavía le costaba entender por qué Robert le jugo así. Él que había sido su representante, además compañero de doce años de actuación juntos lo había puesto en semejante situación.
—¿Es Susana —preguntó Candy, había tratado de que la voz le saliera con aplomo, pero solo consiguió que sonara insegura.Terrence estaba de espaldas, inclinado sobre el deportivo, ya había apagado el motor del carro.
--Si, y no entiendo qué demonios hace aquí.
Terry se irguió en toda su estatura al salir del auto y a zancadas llegó a la puerta de la cabaña. Durante una décima de segundo pensó que estaba sufriendo algún tipo de alucinación. Debía de ser fruto del cansancio. ¿Era Susana Marlowe la que estaba en la cabaña ? Entornó los ojos.
Susana apenas pudo soportar su intensa y penetrante mirada azul zafiro.
— ¿Qué haces aquí?—le preguntó Terry en la entrada sin cruzar la puerta pues Susana le impedía pasar al interior.
Susana respiro tratando de no acobardarse y pelear por lo suyo. En cuanto vio a Candy bajar del auto el estómago empezó a llenarsele de rabia, coraje e impotencia.
De fondo, las notas de las hojas y los pájaros flotaban en el aire con una irritante melodía. «Era estridente », pensó Susana para sus adentros.
Había ensayado un centenar de veces ante el espejo lo que le iba a decir exactamente. Ahora solo tenía que repetirlo como un lorito. Debía estar tranquila, sin embargo, al final le salió todo de forma precipitada.
—Lamentó… no haberte dicho que vendría por Emma, para que no corrierá ningún peligro ahora que todo se ha descubierto.
—No tienes nada que hacer aquí--, afirmó Terry seco. No era la respuesta que Susana esperaba, ni el tono. De hecho, se sintió ligeramente dolida y decepcionada.
—Quería decirte que—. Susana guardó silencio unos instantes antes de decir—: Si te he dicho algo que te ofendiera, te pido disculpas. Ella es...
— Candy—le cortó Terrence—. La conoces muy bien.
Susana lo miró unos segundos. ¡Claro! ¿Cómo no iba a conocerla? Pensó llenándose de más rabia. —Es tu asistente, no debes de confiar en esa mujer, ella te traicionó. —dijo Susana con la respiración agitada—. Todo el mundo conoce tu pasado, gracias a Candy—agregó a media voz como si fuera un reproche.
—No es buena idea que hayas venido, Susana —dijo Terry tratando de que la situación no se saliera de las manos.
Susana sintió que se le descomponía el cuerpo cuando se encontró con el brillo metálico de sus ojos. La estaba invitando a que se fuera, y encima por esa mujer que tanto detestaba. Enderezó su cuerpo, notó como por un segundo se le paraba el corazón antes de que comenzara a palpitar aceleradamente, golpeando su pecho de manera salvaje.
Emma y la señora del servicio habían tenido que hacer un tremendo esfuerzo antes de poder levantarse y tratar de caminar cuando escucharon voces afuera. a medida coqmo avanzaban más y más Emma oyó a su papá y la voz de Candy.
—Emma—. Candy llamo a la chica sintiendo la mirada casi axficiante de Susana.
Emma, escucho a Candy decir con voz angustiada.
—No te acerques a mi hija, Candy... --le gritó Susana a Candy cuando la vio que se acercaba.
Candy miró a Susana como si se hubiese vuelto loca.
El odio y la furia con la que pronunció el nombre de Candy hicieron que Terry se convenciera de una cosa, y fue que el instinto le decía que Susana era capaz de todo incluso no soltaría a Emma por voluntad propia—.
Pero ante la mirada furiosa y cargada de fuego, Candy prefirio ir alrededor de la cabaña sin ninguna reticencia más. No había tenido ningún plan, solo había bajado concentrándose en llegar hasta donde estaba Emma, y cuando vio la imagen de Emma con la empleada del servicio atadas, se paralizó, soltó una exclamación de miedo cuando regreso toda su atención a Emma, en su garganta la sangre deslizándose por su labio inferior le hizo sentir el dolor que Emma recibio el golpe, sintió que nuevas fuerzas la recorrían y queriendo ir y matar a Susana, haciendo que tensara su cuerpo y que su pulso fuera igual de firme que en su mejor momento. Emma supo por la mirada de Candy que seria capas de ir y matar a Susana, si no decía algo que la calmaba. No quería más que ver con Susana.
—Estoy bien—. Aseguro Emma—. Pero estaríamos mejor si nos echaras una mano por aquí. —Dijo para tratar de apaciguar el momento, no quería que Susana fuera a hacer una tontería. Habia visto que esa mujer estaba loca y la creía capaz de todo contal de salir victoriosa.
—¿Emma fue Susana quien te abofeteo? Candy sabía que había sido Susana, pero quería qué Emma se lo confirmara.
—Si. Emma había recibido más de una bofetada por Susana en sus doce años de vida, pero no creía conveniente decirlo. Ya no tenía importancia. Sólo esperaba que Susana se fuera definitivamente de su vida y de la vida de su padre. Recordaba que Susana le pegaba cada que mensionaba que extrañaba a su mamá, o siempre que la mencionaba. Susana siempre había ido personalmente al colegio San Pablo para informarse y visitar a Emma pero no era una visita cordial, amable o porque le interesará su porvenir, sino porque siempre le recordaba que ella sería su mamá, o que su papá y ella se iban a casar y a tener más hijos, mientras ella seguiría internada para siempre.
Al principio Emma había creído todo lo que Susana le decía, pero la vez que su papá fue al colegio SanPablo, para decirle que se iba a casar con Susana. Ella se negó y gracias a Dios su papá la comprendió, le dijo que entonces sería como ella quisiera, que si ella no estaba a gusto con Susana él iba a respetar su decisión. Candy la abrazo de repente y Emma empezó a llorar, pero no fueron Lágrimas de tristeza, sino de una emoción nueva, algo bonito en su interior.
—Esperen un momento aquí. —dijo Candy—. hasta que yo les diga que todo está bien pueden salir—. Emma y la señora del servicio asintieron.
—Por favor, sólo necesito hablar un momento con tigo— Susana le suplicó a Terry —. No soy una acosadora, ni una novia despechada, ni tampoco tú enemiga.
—No creo que tengamos nada que decirnos. Terry se giró, molesto de que la proximidad de esa mujer siguiera resultándole tan insoportable y dio un par de pasos aproximándose a la entrada de la cabaña. Ahora más que antes necesitaba alejar a Emma de Susana.
—Lo siento.
Terry apreto los puños, estaba conteniendose por que despues de todo Susana era una mujer, cerró los ojos con fuerza y se detuvo, volviendo a abrirlos antes de girarse.
—¿Por qué lo sientes? —siseó furioso dando una zancada hasta ella. El brillo de los ojos zafiros se intensificó lleno de furia durante unos segundos algo que hizo a Susana primero sentiera miedo, pero en un segundo paso al deseo—Sabes que te amo—le soltó ella con algo que a Terry se le antojó a sucio, podrido.
Terry levantó una ceja divertido.
¿Cuánto le había contado a Robert, maldita hipócrita? Definitivamente la queria lejos bien lejos
—Eso dices siempre —acepto—, quería saber hasta donde llegaba vuestro juego —mintió haciendo que Susana abriera los ojos como platos —, pero respóndeme a una cosa —continuó expulsando todo el veneno que podía con sus palabras—, ¿Qué tipo de juego estabas representando con Robert?
Quería hacerle daño. Había pretendido herirla y realmente lo había conseguido. Terry leyó en sus ojos el dolor que trataba desesperadamente de ocultar y por un momento hizo que toda su conciencia de generosidad desapareciera y dejara paso a las cenizas de su rabia.
—Estás equivocado —murmuró ella mirando a Candy. Era evidente que esa le había llenado la cabeza de mentiras. —No estaba jugando. De ninguna manera.
—¿Ah, no? ¿Y a qué llamabas a lo que pasó? ¿Como le llamas a lo que me dijiste? ¿Quien te crees que eres para decirme que te llevaras a mi hija? No sabes cuanto me reprocho el haberte dejado entrar en mi vida, y dejarte tomar deciciones con la vida de Emma.
Susana contuvo la respiración ruidosamente y Terry percibió como apretaba los puños, manteniendo los brazos fuertemente pegados a los costados. Su autocontrol se iba a la mierda era envidiable.
—¿Qué es lo que quieres a cambio para que te alejes de Emma, y de Candy. Y de la gente que me rodea? ¿Qué es lo que quieres para Salir de mi vida Susana, y para que no vuelvas nunca?
—Vale —Susana murmuro, cerrando los ojos. Pero enseguida volvió abrirlos y antes de subió a su auto para marcharse se volvio a Terry y dijo.
—Te amo. Yo haría cualquier cosa, sería cualquier cosa, incluso moriría por ti.. Susana subio al auto le encendió y se marcho con lágrimas bañando sus mejillas.
Ya pasaba de medianoche pero por una extraña fuerza Terry tenía ganas de salir de ese lugar, así que sin vacilar les dijo a las tres mujeres que subieron al coche y cinco minutos después avanzaban por el camino contrario del que habían llegado.
Robert había tenido que suspender su propósito de secuestrar a Emma y pedir millones de Euros. Su vuelo no había sido permitido. Quizás no sería buena idea secuestrar a Emma GrandChester, eso pensó por un momento pero no descartó el plan todavía Tenía la duda si lo haría o no.
Continuará...
Buenas noches, queridos lectores. Qué creen. Sí ya casi terminamos esta historia. Ya tengo los primeros nueve capítulos de la historia que les mencioné. Eso si les quería decir que la historia A mi parecer, es realmente hermosa, y también es triste. Aunque el final es de Terry y Candy. No es como las historias que hemos leído. Pero bueno quizás un cambio no sera malo. ¿Verdad? Espero que que sea de su agrado, como les digo el final es Candy y Terry, pero tiene muchas lágrimas.
JillValentine.
