Gui: Gracias mil a Miky y Pabaji por no abandonarme... Y espero que os guste... POr cierto, no estoy para disclaimers, nada de esto es mío.
Un mar de confianzas
Draco Malfoy estaba a diez centímetros de ella. No recordaba cómo había llegado a esa situación. Había decidido que tanto Draco cómo todos los miembros de la Orden del Fénix querían ayudarla. Confiando en que su mente fuese tan inteligente como sus profesores habían dicho... Y había decidido hablar con Hugo y con Draco. Había encontrado al segundo en el callejón Diagon y le había ayudado a llevar cosas a su casa. Y ahora estaban en algún lugar de Londres que no reconocía junto con el rubio de ojos grises.
Estaba claramente nerviosa. No se iba a engañar a sí misma como siempre. No iba a decir que hacía calor, porque llovía, y tampoco es que estuviese haciendo demasiado ejercicio. Sólo andaban. Draco estaba preguntándole cómo era posible que conociese tan bien Londres si no lo pisaba desde sus diez años. Y mientras que ella fingía tranquilidad, su corazón latía a cien por segundo. O bueno, quizá eso es exagerar...
-Es que... tengo buena memoria. Llevo aquí un mes y me había estudiado el mapa...
-Ajá.
Llevaban media hora andando salpicada por silencios incómodos que no sabían rellenar. Mientras se instalaba el quinto, según había contado Hermione, seguían andando... No hacían nada más que andar y admirar el lugar, o al rubio que una tiene en frente. Llevaba todos esos silencios intentando decirle a Draco lo de la Orden. Y no lo conseguía.
-Draco...
-¿Sí?
-Sobre los magos HG...
-Sí...
-¿Cómo... cómo descubristeis que nos habían separado de la magia?
-Sabes... La verdad es que nosotros fuimos algunos de los que os separaron de la magia. Bueno, yo no. Tenía diez años también. Pero, mi padre... y mi madre... Ellos fueron los que se ocuparon de Hilary Greenmoltz.
-¿Y cuando decidisteis ayudarla?
-Cuando cayó el Señor Tenebroso, mi padre se arrepintió y nos dijo que había que proteger a Hilary.
-¿Y cómo llegasteis a la conclusión de que era la Orden del Fénix la que nos buscaba en provecho propio? ¿No pueden tener el mismo objetivo que vosotros? ¿No podéis tener el mismo enemigo?
Draco la miraba de forma extraña. No sabía descifrar esa mirada. Habría querido tener un lector de mentes, o de expresiones, oir lo que estaba pensando Draco, el fondo de todo aquello, por qué hacía eso, qué le había hecho ser así y sobretodo, si le decía la verdad o fingía ante ella. La verdad era que en eso no podía ser muy imparcial. Confiaba en él naturalmente, por instinto, porque daba la sensación de tranquilidad a su lado que da muy poca gente. Una sensación que podía ser usada para otros fines...
-No... La grandeza no es buena. Ahora Harry Potter es conocido por todos los magos pero pronto le olvidarán. Quiere seguir siendo ese niño arrogante que se creía estupendo y el mejor, que salía en los periódicos...
-No creo que eso sea cierto. Harry ya es famoso. Ya no hay vuelta atrás. Según parece, es famoso desde que tiene un año. Y por perder a sus padres. No creo que le haga ninguna gracia. Yo no le deseo a nadie que sea el punto de mira de toda una sociedad. Se convierte en el ejemplo a seguir y todos saben todo de él. No tiene vida íntima, ni un secreto no compartido. Pienso que no tienes derecho a juzgarlo así.
-¡Tú no...! No lo conoces de nada.
-¿Y tú?
-Del colegio. Lo conozco desde que tenemos once años y le propuse ser mi amigo, cosa que rechazó, claro que luego acabó en Gryffindor. Y al año siguiente ya iba por ahí con aires... Pensando que era el heredero de Slytherin... Él sabía que no era verdad pero no desmentía ningún rumor. Y se carteaba con Sirius Black, un loco de Azkaban. Además defendía al medio gigante que era bruto y no sabía... Perdona, estoy recordando todas las cosas que odiaba en el colegio y me pongo nervioso.
Hermione lo miró. Draco no era un niño muy feliz. Había sufrido su infancia y el colegio. Y seguramente se escondía en su propio interior. Era muy interesante...
-¿Quieres tomar un café? ¿O un té? Vamos a algún sitio, si quieres a mi casa. No vamos a seguir andando con esta lluvia. Y ya me contarás lo que si te gustaba del colegio.
Desde que Draco asintió hasta que Hermione consiguió que se soltara y hablase pasaron dos horas, como poco. Era un chico testarudo, vaya. Y ahora estaba en un mar de remordimientos de conciencia, momentos felices y tristes y pensamientos profundos. Hermione tenía la capacidad de escuchar y aceptar lo que le decían. Además, no se le daba mal analizar toda esa ola de confesión. Draco le interesaba mucho, y ya estaba segura de conocerlo mejor que cualquiera de sus amigos entre comillas del colegio. Sabía que conocía a Crabbe y Goyle por sus padres, que los llevaba siempre para instaurar el miedo y respeto de los demás (eso lo había adivinado ella), porque además eran tontos y no tenían sentido común. Que esa chica, Pansy Parkinson, estuve detrás de él cuatro largos años pero Draco encontraba que tenía cara de Buldog. Además, un montón de chicas, guapas y feas le enviaban cartas en los San Valentin que no soportaba. No le gustaba la adoración pastelosa de esas chicas, tenía once años, y hasta los dieciséis no empezó a interesarse en sorprender a todos y más a las chicas con nuevas cosas.
Crabbe y Goyle no le servían y se hizo amigo de Zabini. Y Pansy mejoró en simpatía. Draco en aquel entonces empezaba a mirar más a las chicqas, a analizar si eran guapas, si le gustaban. Pero cada vez menos se interesaban por él (si menos significa la mitad de las 50 anteriores). Que además no sabía tratarlas y eso le ponía nervioso, además que en ese año había estado a merced del Señor Tenebroso y no tenía tiempo para idioteces. Se hizo algo amigo de Myrtle, el fantasma de los baños. Y cada vez odiaba más a Potter que le perseguía de alguna manera. Siempre intentaba encontrarlo... Y aquel día en los lavabos... Se había vaciado. Había sentido como la vida se le escapaba. Lo había sentido. Todas esas heridas no le dolían, sólo intentaba retener eso que le dejaba vivo, esa sangre que se escapaba por todas las heridas. Y cuando llegó Snape fue un alivio. Claro que después se preguntaba, en sueños, si no habría sido mejor morirse. Pero Draco le tenía miedo a la muerte. La muerte significaba perder. Y no quería eso. Quería ser el centro de las miradas de admiración de todos y de odio de Potter, Weasley y esa idiota de Ash-Garton. Quería conseguir sus objetivos. Los primeros cursos, sus juegos sucios eran de niño mimado, más adelante, quería demostrar que era alguien.
Draco era un chico complicado, infeliz y deseoso de ser quién no era. Si le hubiesen educado de otra forma, si no hubiesen esperado tanto de él, si no lo hubiesen mimado, decía, sería otra persona, más parecida a lo que siempre había querido ser. Lo repetía entre dientes: si me hubiesen educado mejor... Lo bueno, le decía Hermione, era que ahora se daba cuenta del error de sus padres. Que él lo podía remediar de alguna forma. Lo sé y estoy en ello...
Hablaron un rato. Tampoco mucho. Se limitaban a mirarse y beber té con pastas. Hermione sorbió un poco del agua con sabor de su taza y oyó un repiqueteo en la ventana, distinto al de la lluvia. Una lechuza esperaba a que le abriesen para entrar. Corrió a abrir la ventana y cogió la carta. Era la letra de Minerva McGonagall. Hermione sabía que tenía que echar a Draco. Empezó a leer la carta, simulando que era algo que no se esperaba y de lo que tenía que haberse acordado. Al final, soltó una exclamación.
-¡Oh, no!
-¿Qué pasa?
-Que he olvidado completamente... da igual. Lo siento mucho pero tengo que echarte. Anda levántate.
-¡Pero...! ¡Mi té!
-Te invito otro día, te mandaré una lechuza y te haré un té mejor y compraré pastas, que estas están duras. Venga, sal.
Hermione le ponía al aturdido Draco su chaqueta encima de los hombros, lo llevó hasta la puerta y la abrió.
-Anda, aquí tienes el paraguas. Venga, venga, que tengo prisa. Te enviaré esa lechuza-dijo levantándose sobre las puntas de los pies y besándolo en la mejilla, respondiendo a un instinto que no sabía de donde sacaba.-Hasta pronto.
Draco se quedó quieto delante de la puerta que Hermione acababa de cerrar. ¿Qué había sido eso? Primero, había soltado todo lo que siempre había pensado, y no había dicho a nadie. Segundo, se había sentido en casa de Hermione como en una burbuja fuera de la realidad, calmada y sin compromisos. Y entonces, la lechuza con la carta lo había revuelto a la realidad y el ritmo rápido de una forma tan bruca... Y Hermione había sido todo lo simpática que podía haber sido. Menos mal que no le había tenido miedo. Miedo a echarle de su casa o a las consecuencias, miedo a lo que pensaría de ella. A Draco cada vez le gustaba más. Tardó cinco minutos en reaccionar. Detrás de la otra puerta del rellano estaban dos miembros de la Orden del Fénix. Y era mejor que no le pillasen ahí. No eran tan confiados como Hermione. Ya les había hecho sus jugarretas y no le dejarían encandilarles. Mejor desaparecer de ahí.
En cuanto sonó el crac que indicaba que Draco ya no estaba en el rellano, Hermione soltó todo el aire que había contenido. Ya está. Dudaba que Draco conociese la letra de Minerva McGonagall pero había sido su profesora y no podía estar segura. Salió con un anorak en la mano y llamó a la puerta de en frente. Luna abrió.
-Hola Hermione.
-Hola Luna... ¿Puedo usar...?
-¿La chimenea? Sí claro. Ahora mismo salíamos así que nos has pillado en el momento justo. ¿A dónde vas?
-A... La Madriguera.
-Genial. Pasa, toma los polvos Flu. ¡Neville! Venga, nos tenemos que ir.
-¿Desde cuando le metes prisa a alguien?
-¡Es mi padre! ¡A lo mejor tiene un cuerno de snorkack...!
-Ya lo sé... Hola Hermione.
-Hola Neville.
-Hasta mañana Luna.
-¡Sí, a clase! Créeme, cuando todo esto haya acabado, Minerva te pondrá al cuidado de Hogwarts. Pero de momento mejor que nadie se entere de que estás aquí.
-Eh... ¿gracias?
-Sí, gracias.
-¡La Madriguera!
Hermione veía el interior de un montón de casas. La verdad, no le apetecía nada ir a esa reunión. Pero como no sabía de qué trataba, no podía asegurarlo. Si lo hubiese sabido, habría ido con algo más de entusiasmo.
-Señorita Granger, ya está aquí.
-Sí. Siento llegar...
-Tarde-acabó la señora McGonagall.
Hermione miró hacia otro lado... y descubrió una cara nueva. El chico de pelo castaño se acercó a la mesa dónde estaban sentados los demás. Hermione lo imitó.
-Señor Grand, sé que esto es nuevo para usted pero pronto entenderá...
-¡Perdón!
-No pasa nada, señor Gaistkill, siéntese. Como decía, señor Grand, le explicaremos la situación más a fondo en otro momento. Ahora sólo debe saber que tanto la señorita Gannett a la que acaba de conocer, como los dos jovenes que han llegado tarde, el señor Gaistkill y la señorita Granger, están en la misma situación que usted.
Hermione alzó las cejas. ¿Otro mago HG? ¿Conocía la señora McGonagall la existencia de Hilary Greenmoltz?
-No sé lo que le sorprende tanto, señorita Granger.
-No es nada, señora. Me preguntaba si, el señor... Grand era...
-Sí señorita Granger, Henry Grand es el cuarto HG que encontramos. Ya sólo queda uno.
-¿Cómo sabe que son cinco?
-Señorita Granger, no la veo en la situación de criticar...
-Sólo era una pregunta. Es que, siempre han dado por hecho que éramos cinco, señora, pero ¿no podríamos ser sólo cuatro o quizás seis?
-Se tiene el conocimiento de que tan sólo cinco magos fueron apartados de la magia en 1990.
-Ya pero, ¿cómo lo saben? Si ni siquiera saben por qué nos buscan, ¿cómo pueden asegurarnos que los que nos dice es verdad?
-Creo haber explicado claramente que todo un grupo de antiguos mortífagos, así como magos de otros países de Europa que apoyaron pasivamente a El-que-no-debe-ser-nombrado os tiene en su lista de mira.
-¿Cómo lo han averiguado?
-Hermione...-Hugo a su lado intentaba explicarle que lo que estaba haciendo no era bueno en ese momento.
-Nuestros aurores no son pasivos, señorita Granger. El Ministerio ha absuelto de todos los cargos a un pequeño número de magos no sin vigilancia temporal...
-¿Y los Malfoy?
-¿Los Malfoy?
-En la Mansión Malfoy no hay ningún auror.
-¿Cómo sabe eso, señorita Granger?
-He estado allí.
-¿Cuándo?
-El caso es que ellos no tienen vigilancia temporal o duradera, señora McGonagall.
-¿Cómo sabe que no hay nadie vigilando? ¿Conoce los aurores?
-No señora pero tengo claro que no son ni elfos domésticos, ni los componentes de la familia Malfoy, ni Jackie Krum.-Se saltó el hecho de que allí estaba también Hilary.
-¿Jackie Krum? La ha visto.
-Sí-contesto Hermione, aún sabiendo que no era una pregunta.- Y le aseguro que en la casa no había nadie más.
-¿Cómo ha llegado hasta esa Mansión? ¿Y cómo, si me lo permite, ha conseguido entrar, teniendo en cuenta que ningún auror ni mago puede entrar allí sin que lo permita el señor Malfoy? Ya sé que no está vigilado, señorita Granger. Los Malfoy no están fuera de sospecha pero el Ministerio considera que no son sospechosos de volver a las andadas, más por el dinero que han ganado que por que confíen en ellos, cosa que me apena bastante... Además no hay manera de entrar allí, como ya le he dicho. Ni por aparición, ni por chimenea ni traslador, así le ahorro el preguntarlo.
-Entré andando. Caminando por la verja y el paseo hasta la casa.
-¿Sola o acompañada?
-Acompañada. Si no, yo tampoco habría podido entrar.
-¿Y cómo es que llegó a estar acompañada por algún Malfoy? Conoce a Draco Malfoy de su viaje a París, lo sé, pero el hecho de que él se haya interesado por usted, nos demuestra que los Malfoy sí están implicados en el asunto. ¿Vio a algun otro mago HG allí?
-La verdad, no sé si puedo decirle nada. No puedo confiar en los Malfoy, al igual que no puedo confiar en ustedes, me perdone. Pero estamos en una situación en clara desventaja en comparación con ustedes o los Malfoy. Todos saben hacer magia desde que son niños y todos tienen sus métodos de engatusar. ¿En quién debo confiar?
-Me encantaría ayudarla, señorita Granger. Entiendo que no confíe en nosotros y espero que no confíe más en los Malfoy, porque sería una preferencia sin sentido ni pruebas. Sólo espero que se dé cuenta de que intento ayudarla.
-Me encantaría estar segura.
-¿Me permite continuar con la reunión? Espero que note que yo sí confío en usted, cosa que a lo mejor se hace replanteárselo todo. Espero que encuentre a sus ayudantes sin equivocarse fatalmente.
Hermioe se calló. No tenía pensado soltarle todo eso a McGonagall de golpe y sopetón sin pensarlo antes. Tenía que haber hablado con Hugo pero Draco había acaparado toda su atención esa mañana. Minerva McGonagall parecía más pálida de lo normal mientras hablaba con Henry Grand de lo mismo que había hablado con Hermione en la Madriguera. En mitad de la reunión apareció Ron Weasley, que la saludó con una sonrisa. Ella se la devolvió. No escuchaba a esa mujer. Le parecía que seguramente como profesora le encantaría, se veía. Pero con su severidad y el trato que le hacía, como si fuera una de sus alumnas en vez de una persona que pudiese no estar de acuerdo con ella, le frustraba, y mucho.
Cuando apareció Harry Potter lo miró con odio. Y entonces se asustó. Pensando en lo que le había dicho Draco, odiaba a todos los que le habían hecho sufrir. Tenía que hablar con Hugo. Cuando acabó la reunión lo cogió del brazo antes de que fuera hacia la chimenea, lo que le valió una mirada de odio de Helena. Parecía simpática pero había que romper capas para caerle bien y Hermione al mirarla se desesperó al pensar que no lo conseguiría. Luego recordó lo que hacía con el brazo de Hugo en la mano.
-Hugo, tenemos un problema.
-¿Le acabas de soltar a McGonagall lo que has estado investigando?
-No todo... He llegado a la conclusión de que , como se odian - los Malfoy y la Orden - lo hacen todo por separado... ¡Incluso pelearían contra la misma persona mirándose con odio! Yo creo que todos intentan ayudarnos.
-Como no eres capaz de pensar algo malo de Draco y es obvio lo que quiere la Orden, te autoconvences de eso, ¿no?
-¡Eso no es verdad!
-¿De qué demonios estáis hablando?
-Te lo explicará Hugo luego... quiero acabar esto, Helena, en serio, y además, aquí en medio...
-Hermione, no te ciegues por ese rubio, no tienen buenas intenciones.
-Confío en él.
-No deberías.
-¿No?
-Igual que no confías en McGonagall, no deberías confiar en Draco hasta estar segura al cien por cien...
-Estoy completamente sgeura de lo que me ha dicho Draco.
-Nunca puedes estarlo, es lo que te ha dicho él. Te puede engañar.
Hermione estaba a punto de gritarle a Hugo así que decidió soltarlo y volver a su casa. Luego se lo pensó mejor y chilló en la chimenea "Callejón Diagon". Llegó allí en dos minutos. Y luego se dio cuenta que no tenía nada que hacer. Ni siquiera tenía dinero para comprarse libros. Sólo unos cuantos knuts (lo del dinero mágico ya se le daba estupendamente). Se sentó en la Heladería Florean Fortescue que estaba un poco rota, por llamarlo aí y habló con la chica que le sirvió el helado de limón y pistacho. Ella le contó que su padre, Florean Fortescue, había llevado siempre esa heladería pero que tuvo que dejarla el último año a causa de Quién-tu-sabes.
-La verdad, no sé muy bien cómo fue, yo estaba en París con mi madre y cuando volví con mi hermano mellizo todo esto estaba devastado. Nosotros queríamos ver a papá pero no hubo manera de encontrarlo. Nos habían dicho que no viniesemos a Londres y más nos habría valido no hacerlo. Aunque, pensando en Lottie y Dan, nuestros hermanos pequeños, que están ahora en Hogwarts calmados de nuevo... Ellos tuvieron sus tercer y quinto curso bajo la dirección de Snape, que Harry Potter se empeña en coronar con la orden de Merlín, cosa que no entiendo, habiendo sido mortífago y no sé qué más. Además era un profesor horrible. Me tenía algo de manía. Y ahora dice que no,que él era bueno, que le ayudó a derrocar a Quién-tú-sabes... ¡Si estaba muerto! Lo mató el propio Quién-tú-sabes porque le incordiaba. Creo que lo mordió con su serpiente... Horrible, si me permites. Y bueno, Lottie y Dan, tenían que torturar a los castigados durante las clases de Defensa que se habían convertido en Artes Oscuras a secas... Claro que tú lo sabrás, ¿no? ¿Qué cursabas cuando pasó?
Hermione se quedó pálida. No había ido nunca a Hogwarts.
-La verdad, ese año no fui. Es que, no tengo la sangre tan "limpia" como pretendían.
-Ah, ya. Una amiga de Lottie, Nat, tuvo problemas con eso. Sus padres, los dos, eran hijos de muggles. Y tuvieron juicios y esas cosas. Dan me contó que un día le castigaron porque no se había inclinado a tiempo ante Alecto Carrow, y le habían encadenado junto con otro chico de septimo, Neville Longbottom, que también tiene la Orden de Merlín porque mató a la serpiente de Quién-tú-sabes, que al parecer contenía algo que mantenía a Quién-tú-sabes con vida... Y bueno, ese chico, Dan y unos cuantos más rebeldes transgresores de la ley de los mortífagos tenían que ser torturados en la clase de Artes Oscuras. Y seguro que no adivinas quién tenía que lanzar la maldición imperdonable a Dan... ¡Lottie! Ella no podía, se puso a llorar y a gritar y la encadenaron con los otros. Un dolor... Sólo tenía catorce años,piensa, que torturar a tu hermano mayor... Que horror. Hemos sufrido mucho. Y cuando ganamos la Batalla de Hogwarts (Dan no participó en ella porque no era mayor de edad, pero intentó colarse. Aunque al final le mandaron a cuidar de Lottie) fue estupendo. Los niños están mejor ahora, o bueno, eso creo... Y claro, Mike y yo nos vinimos a la heladería y le quitamos los maderos y todo y la hemos puesto en funcionamiento de nuevo, pero papá no aparece.
Mientras la hermana de Lottie, Dan y Mike seguía echando su perorata, Hermione miraba hacia el callejón. Miles de caras desconocidas que seguramente habían sufrido tanto como la camarera durante el año en el que mandó Voldemort. Cada vez le dolía más escuchar esas historias. Aunque era más difícil ponerse triste con lo que contaba esa chica porque parecía orgullosa de que le hubiese pasado eso. Miraba las caras de los magos que paseaba y ni siquiera se fijó en el rubio parado delante de ella. No le miraba. Pero él esperaba que Hermione se diese cuenta de que estaba ahí. Hermione encontró que pasaba algo cuando la chica (que se llamaba Jenny, lo había dicho en unos de sus " y me dijo: mira Jenny, tenemos que hacer los helados como papá, si no, no funcionará") se calló. En mitad de frase. Hermione la miró sorprendida. Pensaba que nunca se callaría. Jenny miraba hacia delante con la boca medio abierta. Hermione siguió su mirada y se encontró con los ojos grises.
-¿Quiere... quiere tomar algo, señor Malfoy?-reaccionó Jenny, levantándose.
-Un helado de vainilla, gracias.
-En seguida se lo traigo.- Y entró en la heladería.
-¿No te aburre Jenny Fortescue?
-Es simpática, y ha sufrido mucho. Al parecer, tu ultimo año en Hogwarts no fue divertido. No me lo habías contado.
-Esta mañana me echaste de tu casa. No pude.
-Da igual-rió Hermione-cuentamelo ahora.
-Ahora no puedo, quería decirte algo.
-¿Qué? ¿Es malo?
-Espero que no-dijo Draco. Y luego, simplemente la besó. En los labios.
Esto es todo por hoy. Me podéis tirar todos los tomates que queráis y echarme la bronca proque quizás nada viene a cuento. Mil historias y esas cosas que lo único que hacen son rellenar palabras. Os tengo que decir que Jenny es mi nuevo personaje favorito (y además es mío). :)
¿Reviews? Intentaré tardar poco.
Gui
SdlN
